Noches de insomnio | Capítulo 16: Noche XVI

 noche-I-fransuh-noches-de-insomnio


Capítulo 16 | NOCHE XVI


 




 

Alen

 

Cuando los odiosos “tic-tac” de los relojes resuenan en mis oídos, comprendo que ya estamos en un lugar seguro.

  ¡Por todos los cielos! ¡¿Qué rayos ha sucedido?! — oigo a Hethos.

Me desplomo sin fuerzas sobre el suelo porque ya no puedo ni mantenerme en pie.

  ¡Tarek! ¡Tarek!

  Tra-tranquilas, estoy…estoy bien.

La voz débil me alerta. Giro y me encuentro a Loi abrazando desesperada el cuerpo de mi amigo. Sisa intenta detener la hemorragia del brazo que empleó para el cántico presionándolo con ambas manos.

No, me equivoco. Tarek no solo está sangrando por las heridas de los azotes sobre su cuerpo: también está sangrando por los ojos.

No...

  ¡Rápido, Alen! ¡Ayúdame a llevarlo al segundo piso! ¡Agua! ¡Necesito agua! — exclama Hethos.

Tomo a Tarek con toda la fuerza que me queda y lo traslado al segundo piso. Escucho los sollozos de Loi; me parece también estar oyendo la voz de Etel.

Lo deposito con cuidado sobre el camastro que hay en la habitación. Hethos aparece rápidamente y abre las ventanas con fuerza. Sisa trae una tina mediana de porcelana con el agua requerida.

La sangre de Tarek ha teñido sus manos y tiene los ojos llorosos, pero está intentando mostrarse serena.

  El cielo está completamente nublado, no se distingue ni una condenada estrella — murmura Hethos.

  ¿Estrella? — pregunta ella con voz temblorosa.

  El elemento regente de Seir eran las estrellas; se alimentaba observándolas cuando era un demonio completo. El proceso de curación sería más sencillo si tomo algo de energía de ellas.

Hethos deposita el recipiente con agua junto a la ventana y empieza a murmurar un salmo que no he escuchado jamás. Sisa está a mi lado, apretando los labios con fuerza. Tiene rasguños por todo el rostro, los brazos y parte de las piernas que no cubre aquel vestido.

  Amigo, ¿estoy…? ¿Estoy muy maltrecho? — me pregunta Tarek con voz débil, pero en tono bromista. Le respondo que está tan feo como siempre, y suelta una ligera carcajada.

Sin embargo, tengo que pedirle que se detenga cuando empieza a botar sangre por la boca.

Sisa palidece y empieza a balbucear disculpas infinitas, llena de remordimiento.

  ¿Bellota? Oh, vamos, no te preocupes…de todas… — Tose de nuevo; le grito a Hethos que se apresure porque está botando más sangre —…de todas maneras iba a hacerlo; Berith ya me había amenazado antes con lastimarla.

  Pe-pero si yo no hubiera acudido a ese lugar… ¡Si yo no te hubiera llamado…!

  Sisa… ¡Sisa, relájate! — le pido. Desde hace un buen rato la noto algo exasperada: su esencia se siente completamente diferente, y ya de por sí estaba nerviosa por todo lo ocurrido —. Te desmayarás si no te calmas.

El agua en el recipiente empieza a emitir un destello violeta que poco a poco se va haciendo escarlata. Hethos toma un paño y lo hunde en ella, para después acercarse a Tarek y cubrir sus ojos con él.

El grito desgarrador que suelta coincide con la barrera que Hethos invoca alrededor para que así no se escuche nada fuera de la tienda. Me siento tremendamente inquieto por lo doloroso que parece ser para Tarek, y pensando en el pago aleatorio de aquel sello de protección.

Un par de pasos veloces resuenan en las escaleras.

  ¿Qué…? ¿Qué le sucede? — pregunta Loi muy asustada.

Tarek se mueve inquieto sobre la estrecha cama:

  Alen, ¿es…es la prin-princesa?

  Tranquila, niña, va a estar bien — le responde Hethos y siento algo de alivio. Ahora se concentra en cerrar las heridas más profundas—. Por lo que percibo, me parece que ha invocado un sello protector, ¿verdad? — Asiento ante la mirada inquisidora; Tarek se remueve, incómodo—. Ambos saben que ese cántico pide un pago a cambio y que es aleatorio, ¿verdad?

  ¿Aleatorio, señor Hethos? — pregunta Etel que acaba de aparecer por la puerta y con suma timidez.

  Significa que no se sabe con exactitud qué se entregará para pagar el precio — respondo yo. Hethos concentra una pequeña bola de energía sobre la palma de sus manos y la posiciona sobre el paño que cubre los ojos de mi amigo. Loi se encoge junto a Etel porque otro alarido llena la habitación.

El cuerpo de Tarek empieza a moverse con bruscos espasmos; los alaridos se multiplican. Loi suelta otro sollozo, pero no es hasta que veo de reojo que compruebo que Sisa está llorando en silencio, con los ojos completamente abiertos, mientras se clava con rabia contenida las uñas en los brazos. Los rasguños que tenía se habían convertido en franjas abiertas.

La detuve por las muñecas:

  No, ¿qué haces?

  Es mi culpa, Alen… — Trato de decirle que no es así, pero otro grito llena el lugar y esta vez Hethos parpadea, inseguro.

  Alen, quédate conmigo. Niñas, abajo.

  ¿Qué? ¡Pero Tarek…! — repara Loi.

  ¡Abajo! — repite Hethos, su mirada seria me asusta. Sisa me observa, preguntándome en silencio qué sucede, y no me queda más que esquivar sus ojos y pedirle que baje junto a Loi y a Etel.

  ¡Alen! — me reclama —. ¡Alen!

Les pido con calma que por favor bajen y finalmente obedecen. Hethos hace más estrecha la barrera: no podrán pasar ni escuchar nada.

  Seir, has solicitado un sello de protección para toda una familia y allegados.

  Sí, ya lo sé — responde en voz baja.

  ¿Puedes explicarme qué clase de imprudencia…?

  Nada de sermones; al grano, Hethos — suelto intranquilo. Tarek me sonríe con los ojos cubiertos y eleva débilmente un pulgar en signo de aprobación.

  El pago más visible hasta ahora me parece que es el de los ojos. — Todo se detiene abruptamente, una horrible sensación se aloja en mi abdomen: ¿los ojos? —. No sabremos si ha comprometido los dos hasta que termine el proceso de curación.

  ¿Qué estás diciendo? — pregunto consternado, rogando haber escuchado mal.

Tarek sonríe otra vez, pero su sonrisa me traspasa.

  Lo que oyes… — Hethos suelta un suspiro—. Está ciego.

 

 

»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«

 

Sisa

 

No ha pasado ni una hora. Lo sé porque cada reloj que adorna la trastienda tiene las manecillas en el mismo lugar: 1:30 a.m.

He resumido de manera muy breve todo lo que ha pasado en mi vida hasta ahora. Etel y Loi han escuchado cada parte de mi narración cada vez más sorprendidas, y también más convencidas de que por muy raro que parezca, todo es verdad.

  El señor Hethos ya me había comentado algo — indicó Etel —. Dijo que no podría borrar nuestros recuerdos porque involucraban a demonios, y ese campo ya estaba fuera de su alcance. 

Recordé bruscamente la vez que Alen me rescató de aquel callejón y claro, había empezado a tener ciertos pasajes borrosos, pero las partes en las que salía Gabriel estaban casi intactas.

  Si no hubiera vivido lo de hace un rato, te juro que no lo creería — me dijo Loi envuelta en los cobertores que Hethos le había pasado a Etel cuando despertó, después de que Alen la dejara con él.

La admiro muchísimo: hace unos momentos estaba desesperada y no paraba de llorar por Tarek; después se quedó en silencio, observando la nada, y soltó un suspiro.

  Llorando no voy a ganar nada — murmuró para sí misma y adoptó una postura serena.

Dios, nunca había pensado que esperar sin saber qué sucede es una de las sensaciones más horribles en el mundo. No debí buscar a Zamai, ¡no debí hacerlo! ¡Y ahora por mi irresponsabilidad Tarek estaba sufriendo las consecuencias!

¡Estúpida, estúpida, estúpida!

  Sisa… ¡Sisa! — Reaccioné: Loi me sostenía por las muñecas —. Te estás haciendo daño, ¡mira tus brazos!

Bajo la mirada, como me indica, y compruebo que me he clavado las uñas con tanta fuerza que por algunas zonas estoy sangrando otra vez.

  Vaya, no... No me había dado cuenta.

  Debemos hacer algo con tus heridas. ¿No te duele la mano? — Observé a Loi, sin comprender—. Lo digo porque esa cosa…esa burbuja era extremadamente dura y entonces la rompiste solo dándole un golpe y…

¿Qué?

  ¿De qué hablas, Loi? — le pregunté inquieta.

  ¿No lo recuerdas? Estábamos dentro de esa bola que nos protegía; entonces Alen y Tarek fueron atacados por esas cosas horribles, intentamos romper la burbuja, pero era muy dura y…

  ¿No estalló por sí sola?

Loi me miró con incredulidad:

  ¿Es en serio? ¿No lo recuerdas? — Sentí que el cuerpo se me puso rígido. ¿Sensación de olvido? ¿Otra vez? —. Te pusiste de pie y dijiste que esa barrera no era nada para ti. Le lanzaste un golpe con la palma de la mano y literalmente explotó. No pensé que tuvieras tanta fuerza.

Intenté ordenar mis ideas porque yo juraba que la burbuja había estallado por sí sola.

  ¿Y…? ¿Y qué pasó después? — pregunté con algo de temor.

Loi frunció los labios, recordando:

  Bueno, te quedaste mirando a la turba de…bueno, de esas cosas feas y delgadas, y yo empecé a llamarte. Me parece que entraste en shock o algo porque rompiste a reír, y de ahí todo es complicado. Tarek y Alen aparecieron ensangrentados, los demonios empezaron a gritar y bueno, llegamos aquí.

  No… ¿no viste al sujeto vestido de negro? — Loi entrecerró la mirada, confundida.

  ¿De negro? No, es que todo sucedió tan rápido.

  ¿Eh? ¿Qué es esto, Loi? ¿Un tatuaje? — Volteamos al oír a Etel y me sorprendí al ver varias líneas ondulantes, entrecruzándose unas con otras, sobre el pecho de Loi, al lado izquierdo, casi a la altura del corazón.

No sé con exactitud si la pequeña figura era una flor con varios pétalos, o una estrella de varias puntas. Las líneas eran sutiles, ni siquiera se notaban mucho a menos que se entornara la mirada.

  ¿Qué es esto? No lo tenía antes — indicó desconcertada.

  Es el Sello de Protección — oímos por detrás. Hethos bajaba del segundo piso, claramente agotado.

Nos pusimos de pie inmediatamente.

  ¿De protección? — preguntó Loi. Hethos asintió—. Entonces… ¿es cierto que él hizo una especie de conjuro para protegerme del idiota de…? ¿Cómo se llama? ¿Berand?

  Durand — la corregí.

  ¿Y…? ¿Y también es cierto que tenía que dar algo a cambio? Lo…lo escuché de Alen. — Hethos lo confirmó.

La mano de Loi se aferró con fuerza a la mía. Sentí toda la preocupación que emanaba por la forma en la que me apretó los dedos.

  El pago…no entiendo de eso, pero sonaba peligroso — insistió. Alen apareció por las escaleras; su cuerpo ya no tenía ningún rasguño, pero su mirada meditabunda me inquietó —. ¿Qué tuvo que dar a cambio?

  ¡No mucho, en realidad! — gritaron desde arriba. Y después una carcajada amable estalló.

Era Tarek.

Loi me miró, inquieta, y después volteó a ver a Alen y a Hethos.

  Sube, niña, te va a dar un infarto si no lo ves — lanzó Hethos comprendiendo sus gestos e indicándole con un cabeceo los escalones de madera. Sus dedos me soltaron, y su cabello flotó por la rapidez con la que se lanzó hacia el segundo piso.

  Bueno, va siendo hora de que hagamos algo con tus heridas, niña. — Me senté sobre uno de los sofás mientras Hethos sanaba mis brazos y las cortadas en mi rostro y mis piernas—. Lamento decir esto, pero ha sido imprudente…

  Hethos, basta — advirtió Alen—. No es momento para…

  No. Ustedes parecen una pandilla de adolescentes que no saben lo que es el peligro —. Sentí algo cálido brindándole alivio a mis raspones, pero la incómoda culpa que sentía en el pecho se hizo más profunda —. Y lo comprendo en ellas porque son pequeñas, pero Seir y tú deberían empezar a comportarse con más sensatez.

  Hethos, ya — insistió Alen.

  Lo siento mucho — murmuré. No era culpa de Alen y mucho menos de Tarek. Ellos en realidad habían aparecido en aquel lugar porque yo los llamé buscando ayuda.

Etel me sonrió como para darme apoyo.

  ¿Puedo saber en qué cabeza entra la idea de ir a un lugar al que te ha citado un demonio, niña?

  Hethos — advirtió Alen.

  Lo mismo va para ti: si ella es irresponsable es porque tu ejemplo no es el mejor. ¿Crees que no recuerdo lo del niño asesinado?

Alen volteó la mirada, disgustado.

  Además de todo esto, ¿acaso nadie se ha puesto a pensar que Gabriel podría venir por ti ya que hay más personas que saben de tu situación como calehim?

Me puse de pie, con el corazón latiéndome con violencia. Alen parpadeó pasmado, como comprendiendo recién aquello.

  Por lo que veo tampoco habías pensado en eso. En fin, si ya ha pasado tanto tiempo supongo que no estamos infringiendo ninguna regla. Pero escucha, Alen, estamos así, así de “cerca” para que inicies una nueva vida — recalcó severo —. Has detenido el tiempo como se te ha venido en gana, y gracias a quién sabe Kohn no ha dicho nada al respecto; y la verdad me parece muy extraño que ni siquiera se haya presentado para una advertencia, pero esos son otros temas — reflexionó para sí mismo—. Y ahora hay dos humanas más involucradas y podríamos tomar sus recuerdos, pero las partes importantes tienen a demonios en ellos así que sería en vano; no podemos manipular los de ese tipo. Tienes que empezar a ser más prudente; ¡esto no es un juego!

Alen asintió temeroso. Me reprendí mentalmente porque no era su culpa, era mía.

  Y tú, niña, que sea la última vez que haces algo parecido — dijo enfocándose en mí —. Berith no tiene nada qué ofrecer que nosotros no podamos obtener con algo más de esfuerzo. ¿Puedo preguntar qué te dijo para que aceptaras ir a ese lugar?

  Durand… Durand me propuso… — Me quedé en silencio por unos segundos, porque sería demasiado embarazoso mencionar la última propuesta que me había hecho.

  ¿Sisa? — me llamó Etel ante el silencio.

  En realidad, quería ver a Zamai porque Gabriel me dijo…

  Espera, ¿qué?

Alen y Hethos me interrumpieron; me observaron detenidamente.

Por el gesto en sus rostros, pensé que había dicho algo muy malo.

  Niña, ¿dijiste Zamai? — me preguntó Hethos adustamente. Asentí —. ¿Estás segura de eso?

  Me…me dijo que era un Aliter.

Les di una descripción de cómo lo recordaba físicamente y el lugar en el que me había recibido: acolchado, muy luminoso y casi sin sonidos que pudieran perturbarlo.

Alen caminó de aquí para allá, exacerbado. Hethos frunció los labios:

  Está un paso más adelante — murmuró contrariado—. Sabía que intentaríamos buscarlo.

  ¡¿Y por qué demonios Berith tiene tanto interés en devolverme mi nombre?!— explotó Alen airado; tomó uno de los relojes de uno de los estantes y lo aventó contra la pared del costado sin contemplaciones.

¡CRASH!

Etel y yo dimos un respingo ante el estruendo de las piezas quebrándose.

  Cálmate. No puedes perder el control de esa manera — le reprochó Hethos—. Y mis relojes no tienen la culpa así que compórtate.

Alen cerró los ojos y tomó una gran bocanada de aire, buscando serenarse. Se mantuvo en silencio por unos segundos, pero claramente parecía tener una especie de batalla interna consigo mismo.

  Lo siento mucho, Etel, Sisa. — Se sentó sobre el sofá de enfrente y soltó un suspiro —. Nosotros también lo estábamos buscando. Hethos creyó que podía ser una buena idea encontrarlo, y preguntarle directamente mi nombre.

  En fin, ya no se puede hacer nada — indicó Hethos—. Si Berith lo tiene significa que ya le está brindando morada. Intentar hablar con él será una pérdida de tiempo; en esta vida le guardará fidelidad y dudo mucho que podamos hacer algo para que charles con él.

Alen asintió, resignado.

  Espera…estoy viendo algo alrededor… — La mirada de Hethos se clavó sobre mí. Me estremecí —. Niña, ¿llegaste a preguntarle algo? Porque ellos no hablan si no les das algo a cambio.

  ¿Eso es cierto, Sisa? — Alen se puso de pie inmediatamente y se acercó a mí, preocupado.

  Bu-bueno, me dijo que el pago ya estaba hecho cuando empezamos a hablar — respondí torpemente—. Que con verme bastaba. Le pregunté por qué y mencionó algo de La Rebelión de los 500 caídos.

Alen bajó la mirada, pensativo. Hethos, por otro lado, se quitó los lentes y sus ojos violeta fulguraron con intensidad. Etel soltó un bajo “woww”.

  ¿Te dijo eso? ¿La Rebelión de los 500 caídos? — Asentí —. Qué extraño; es parte de nuestra historia, pero es un suceso muy antiguo. Y por órdenes de altas jerarquías, son pocos los que recuerdan lo sucedido. No tendría por qué estar relacionado contigo. — Si ellos no estaban seguros de lo que significaba aquello, yo menos —. Lo añadiré a la lista de cosas que tenemos que averiguar.

  Dis-disculpe, señor Hethos, pero ¿qué sucedió en esa rebelión? — preguntó Etel.

Estaba segura de que se moría de ganas por preguntar más cosas porque es muy aficionada a todo lo sobrenatural, y en este momento estaba siendo testigo de muchas de esas cosas.

  Mmm, no puedo comentar mucho al respecto porque es un tema que no se toca con humanos, y tampoco tengo los datos necesarios para dar una explicación detallada; pero por lo que sé, como suele suceder, en cierta época un grupo de los nuestros quisieron derrocar el sistema. Le llaman La Rebelión de los 500 caídos porque fueron 500 los ángeles, de muy alta jerarquía, los que iniciaron las revueltas. Se aliaron con un fuerte séquito de demonios para su cometido, pero finalmente fueron vencidos y todo volvió a estar en su lugar. Es muy sencillo decirlo así, pero la verdad es que duró muchísimo tiempo. Varios universos humanos y de otros seres se vieron afectados.

  ¿Qué buscaban con la rebelión? — preguntó Etel con interés.

  Ah, es complicado; dejémoslo en que querían cambiar la manera en la que se custodia la vida de los humanos. De solo observar, se buscaba tener mayor control sobre ustedes. Siempre ha existido esta lucha entre ellos y nosotros, con ustedes de por medio por el tiempo de creación. Ángeles y demonios fuimos creados segundos después de que los humanos nacieran espontáneamente del Todo, ambos para supuestamente custodiarlos. Ahora, nadie comprende bien el momento en el que las perspectivas cambiaron tanto.

  Ustedes nacieron al mismo tiempo — comenté. Hethos asintió:

  Otros seres suelen describirnos diciendo que nosotros somos el gemelo bueno, y ellos…

  El gemelo malvado — agregó Alen, irónico.

  ¿Y ustedes se reproducen? — preguntó Etel de la nada y rompió el tema bruscamente.

Alen elevó una ceja, divertido.

  Esto sucede cuando das cabida para preguntas. Los humanos son muy curiosos — comentó Hethos con aburrimiento —. Somos un número limitado, niña. Tanto ángeles y demonios; pero no somos mil o diez mil, te sorprendería la cantidad. Ni siquiera puedo decírtelo porque demoraría siglos en terminar de pronunciar la cifra.

  Ohhh, entonces no se reproducen — dijo como para cerciorarse.

  No, niña, no nos reproducimos — confirmó Hethos fastidiado—. Aunque hay ciertos mitos…

  ¿Sobre qué? — preguntó ansiosa. Alen soltó una leve risita.

  Ya fue suficiente, no soy un abuelo cuentacuentos. — Etel resopló, decepcionada —. Bien; tú, niña, ya que hablaste con Zamai, dime, ¿recuerdas que te haya dicho algo importante?

Narré de manera muy concisa todo lo que recordaba sin omitir ninguna parte. Aunque tuve que esforzarme un tanto porque en realidad, por todo lo último, los recuerdos de la conversación me venían por fragmentos.

  Tranquila, es normal. Si quieres respuestas de un Aliter la conversación siempre debe ser personal — me dijo Hethos sin inmutarse.

  ¿Personal? — pregunté sin comprender.

  Para obtener respuestas de un Aliter, el interlocutor debe estar involucrado en la respuesta. De lo contrario, la información se olvida. Cuando se intenta transmitir respuestas a terceros, el mensaje se va perdiendo. Es algo muy extraño.

  Eso significa que si yo hubiera hablado con él y le preguntaba cosas sobre Sisa, ¿no las recordaría al momento de contárselas a ella? — preguntó Etel y Hethos asintió.

Mmm, entonces… ¿por qué Durand decidió dispararle? Si me decía el nombre de Alen, probablemente lo hubiera olvidado al momento de transmitírselo. A menos…

A menos que no lo olvidara porque tuviera que ver conmigo.

  Tal vez el disparo fue solo para asustarte — declaró Hethos cuando se los comenté.

  No, no lo creo — dijo Alen con seriedad—. Sisa es importante en todo esto: sus visiones sobre Albania, su capacidad para llamarme en dónde sea. — Comprendí que se refería al hecho de haber podido oírme aun estando en Oráculo, que tenía muchísimas barreras recubriéndolo —. El hecho de ser mi verdad es importante.

Su verdad…

  En fin, no debemos tomar al pie de la letra las palabras de Zamai porque no todo lo que dicen los suyos es absolutamente cierto — acotó Hethos —. Después de todo, nacieron de la somnolencia del Todo. — “Y cuando se está por caer dormido, se mezcla realidad con fantasía”, recuerdo que me advirtió también Zamai —. Por cierto, niña, ¿en qué momento las otras niñas aparecieron en la escena?

Le respondí que charlaba con Durand después de que le disparara a Zamai (omití por completo la parte en la que me besó), y cuando estaba pensando en qué agregar para explicar por qué las dos aparecieron para ayudarme, Etel lanzó la bomba sin previo aviso:

  ¡Ese sujeto estaba acosando a Sisa! — Me ericé ante la declaración —. Estábamos buscándola y cuando llegamos la encontramos acorralada contra la pared. No te besó a la fuerza, ¿verdad, Bellota?

Etel me observaba preocupada mientras yo esperaba que un agujero enorme se abriera y me permitiera esconderme en él por los próximos veinte años.

  N-no, cla-claro que no.

Elevé la mirada discretamente: Alen me observaba de reojo, suspicaz.

No me cree.

  Sisa, que sea la última vez que te arriesgas así, ¿entendido? Berith no es precisamente el más pasivo de los demonios: su historial te pondría los pelos de punta — indicó seriamente. Me hubiera encantado protestar, pero realmente me merecía todas las reprimendas del mundo.

  Ah, también…también le pregunté por Nanael, y me dijo que era un ángel de alta jerarquía — lancé para desviar un tanto el tema sobre Durand.

  ¿Nanael? — preguntó Alen desconcertado —. ¿No es el mismo nombre que escuchamos antes de ser rescatados? — Hethos lo miró, sin comprender, y Alen narró brevemente que mientras las tropas de algunos demonios los atacaban, alguien apareció y los ayudó a escapar. Dijo que estaba completamente vestido de negro, así que me convenció de que no fue una alucinación.

  Nanael — murmuró Hethos—. Recuerdo haberlo escuchado. ¿Por qué le preguntaste sobre él?

Les comenté acerca de las voces que había escuchado en la casa de Etel que involucraban a Albania y a la mujer llamada Nuna que suelo oír en varias oportunidades, y después el ingreso de ese chico al que no lograba reconocer aún.

Hethos y Alen empezaron a lanzar conjeturas al respecto, con más desconcierto ante el hecho de que el tal Nanael supiera mi nombre, y en esos minutos intenté recordar que más me había dicho Zamai.

Me dijo que me alejara de todo… ¿Pero por qué? ¿Bendición, castigo? Cielos, ¿qué más me di…?

  ¡ERES UN IDIOTA! — oímos desde arriba y después pasos veloces—. ¡Me voy a casa!

  ¿Esa no es…? — me preguntó Etel con curiosidad, y sí, sí era.

Loi bajó echa una furia del segundo piso.

  Princesa, ¡princesa! — Tarek apareció por el umbral con el brazo derecho inmovilizado por una especie de cabestrillo de modelo algo inusual, e intentó bajar por las escaleras de madera, pero con muchísima dificultad —. ¿Por qué te pones así?

  ¿Por qué? — exclamó Loi en medio de la habitación—. ¡¿Te parece poco que me salgas con una estupidez como esa?!

  ¿Qué pasa? — me preguntó Etel en un murmullo. Negué con la cabeza, igual de perdida que ella y que todos en la habitación, a decir verdad.

  Pero es la verdad, ¡no puedo mentir, ya te lo dije! — se defendió Tarek.

  ¡¿Y cómo crees que me siento ante algo así?!

  ¡Cuidado! — Alen se puso de pie velozmente y sostuvo a Tarek que por poco y cae por los últimos dos escalones.

Loi quiso acercarse, pero apretó los labios con fuerza y se mantuvo distante.

  ¿Por qué dices eso? — insistió Tarek confundido.

  ¡Porque lo que acabas de decirme es la estupidez más grande que he escuchado en toda mi vida! ¡Y créeme que sé de lo que hablo porque ya ha habido un imbécil insuperable en ella!

  No puedo mentir, es parte de mi naturaleza — repitió Tarek en voz baja.

  Ok, eres sincero, ¡pero también eres un perfecto idiota! — lanzó Loi y sus ojos se humedecieron; la voz se le entrecortó—. ¡Decir que dejarás de intentarlo, que ya no vale la pena…! ¿Crees que tu ojo derecho era lo único que me gustaba de ti? ¡¿Que las cicatrices en tu cuerpo, que la inmovilidad de tu brazo, te transformarán en una persona diferente?!

Hethos elevó una ceja al comprender, igual que todos, que la charla era de a dos y los demás simplemente cumplíamos el rol de muebles de decoración

  ¡Es que lo soy! ¡Soy una persona diferente! ¡Mírame, soy un errante! ¡Y ahora medio ciego, y bastante maltrecho corporalmente!

¿Medio ciego...?

  ¡Y eso para mí es pura mierda! ¡¿Me crees tan malditamente superficial como para fijarme en esos detalles mínimos?!

Todos intercambiamos miradas, algo incómodos: era tan extraño que ese par estuviera discutiendo como si fuéramos invisibles.

  No lo hagas por lástima, princesa… soy un errante, pero aún conservo mucho orgullo de demonio.

  ¡¿Por lástima?! — chilló Loi sin creerlo.

  ¡Aún no me habías dicho que sí y ahora de la nada, ¿repentinamente te gusto mucho?! — exclamó exaltado.

Loi desvió la mirada, llena de frustración, y Etel y yo la comprendimos perfectamente.

Ambas sabíamos que ella planeaba decirle que sí desde antes del ataque; nos lo había confirmado en Oráculo, mientras bailábamos. Sin embargo, Tarek no sabía eso.

  Solo te dije lo que pensaba, princesa; que tal vez deba dejar de intentarlo porque dudo que quieras seguir con esto habiendo tantas cosas de por medio. Entonces me sales con que “sientes algo por mí” — replicó amargamente—, y me haces pensar que estoy condenando a una niña humana a amarme porque me debe el “haberla protegido de un demonio algo chiflado”.

Del tono juguetón que solía emplear no había ni rastro. Tarek sonaba tan diferente a como solía ser. Y ahí comprendí que realmente parecía querer a Loi de manera sincera. Se notaba lo difícil que resultaba para él todo esto.

Alen seguía sujetándolo por la cintura. Lo palmeó amablemente, como dándole apoyo.

Loi se pasó el dorso de la mano por los ojos, agotada:

  Escúchame, Tarek, si crees que sería lo bastante idiota como para decirle a “un semi demonio” que lo quiero por lástima, entonces no me conoces — declaró muy segura —. Si te he dicho algo semejante, es porque he decidido arriesgarme a pasar por alto todo lo “extraño” que hay alrededor de tu naturaleza. ¡Porque sencillamente siento que lo que hay entre ambos podría funcionar…!

  ¡¿Y cómo quieres que no piense que hay una especie de gratitud en medio?! — exclamó tenso; pero Loi negó con la cabeza, sin creerlo, y pasando por alto que Alen estaba muy cerca, tomó a Tarek por el rostro y lo besó.

Hethos elevó una ceja, bastante incómodo, y optó por girarse y tomar una lámpara que parecía estar en proceso de restauración.

Alen parpadeó, fingiendo prestarle atención a cualquier otra cosa menos a ellos, porque prácticamente estaba sujetando a Tarek mientras Loi lo besaba.

Etel, por otro lado, no dejaba de apretarme el brazo con fuerza, emocionada.

  Iago y papá suelen repetir que soy Lucifer hecha persona — añadió al romper el beso. Él abrió los ojos, completamente ensimismado —. Tal vez es por algo, ¿no crees?

En ese momento recién me enfoqué en el ojo derecho de Tarek. Se veía algo diferente a como solía recordarlo: estaba como adormilado, un poco más cerrado que el izquierdo.

Observé a Alen y asintió, comprendiendo mi pregunta: Tarek había perdido la vista del ojo derecho.

  Pero princesa…

  Tarek, por una vez en tu vida deja de ser tan idiota y cierra la boca — concluyó Alen burlonamente —. Ahí tienes a una chica que te quiere tal y como eres. No lo arruines, por favor. Has sido el ser más odioso del planeta hablando y hablando de cuánto te gustaba y ahora que la tienes, ¿planeas no aceptarla?

  Siempre supe que el inteligente en la relación eras tú, Alen — aprobó Loi con una sonrisa.

  ¡Oyee! — protestó Tarek.

  Prefiero llamarlo “practicidad”, porque si hoy no aclaran esto, voy a tenerlo deprimido y será el doble de odioso — añadió Alen erizándose al pensarlo.

Tarek torció las cejas, fingiendo indignación, pero después deslizó la mano izquierda con algo de torpeza hasta atrapar la de Loi y aferrarse a ella con cariño.

  Cuando te vi supe que no sería sencillo acercarme a ti. Tenías la misma chispa en los ojos que ahora: la mirada altiva de una auténtica princesa. — Loi sonrió con satisfacción y después le acarició los cabellos con ternura.

  Vaya, demasiadas emociones por hoy — comentó Hethos, aburrido—. No tengo idea de lo que acaba de suceder aquí, pero quédense si quieren, váyanse o lo que sea. Yo sí me voy, tengo algo que atender. Y agradece que esa niña ya tenga una reserva de protección, Seir, o sino el precio no hubiera sido solo un ojo y la movilidad del brazo derecho.

Etel y Loi dieron un brinco cuando vieron a Hethos desaparecer en un parpadeo.

  ¿Eh? ¿A qué se refiere? — preguntó Loi.

  Tu abuelo también fue médico, ¿verdad? — Ella asintió; Alen sonrió—: Tu abuelo, tu padre, y tu hermano han salvado muchas vidas humanas. Eso te da cierta protección en todas tus próximas vidas. Ustedes lo llaman Karma en algunas ocasiones. — Loi abrió la boca, sorprendida—. El sello que invocó Tarek fue costoso, pero cierta parte ya estaba pagada por las acciones de tu familia. Además, Hethos cree que hay una especie de protección previa alrededor de ti, aunque no ha podido identificarlo. Parece un vínculo, pero a la vez no.

  No sé a qué te refieres con vínculo…pero si ha sido de ayuda, ¡pues qué bueno!

Alen se encargó de los rasguños que Loi tenía en algunas partes del cuerpo y después nos llevó de vuelta a casa. Tarek tuvo que quedarse porque aún estaba débil. Al momento de despedirse se miraron, y cuando él le pidió un beso a modo de despedida, ella soltó una carcajada y se negó juguetonamente.

No obstante, antes de que Alen nos transportara giró, volvió hacia él y depositó uno suave sobre su ojo agraviado.

Tarek la miró sorprendido y después sonrió:

  Ese beso ha valido más que todas mis vidas juntas — declaró y Loi se sonrojó tan bruscamente que intentó disimularlo dándole un manotazo.

Lo último que vimos fue a Tarek despidiéndose amablemente, y después aparecimos en la casa de Etel. En el patio de entrada, para ser más exactas.

  ¡ESO HA SIDO DEMASIADO PARA MI CORAZÓN! — chilló mientras sacudía frenéticamente a Loi que, parecía, andaba en Plutón.

  Ay, Etel, ¡ya basta! — replicó al reaccionar.

Íbamos a entrar, pero Alen me tomó por la muñeca.

  Espera un momento, Sisa; quiero hablar contigo.

  Sí, cla-claro.

  ¿Sabes? Tal vez deberíamos ir entrando — soltó Loi con velocidad.

Etel asintió reiteradas veces:

  ¡Claro! ¡Vamos, vamos! ¡Demórense lo que quie…! ¡Ouch, ya, no diré nada!

  Por cierto, gracias, Alen. El día de hoy ha sido algo extraño, pero creo que ya estamos asimilando varias cosas — agregó Loi; nos lanzó una sonrisita de complicidad, intercambió una mirada nada discreta con Etel, y se fueron corriendo demasiado emocionadas rumbo a la casa.

La puerta principal se cerró. Giré de reojo y comprobé que las dos me hacían porras por la ventana del costado; Alen volteó y las cortinas cayeron rápidamente.

  Sisa, quiero ser muy claro con esto, ¿sí? — Loi y Etel nos habían dejado solos porque tal vez imaginaban que él iba a decirme algo muy importante, pero por el tono ya sabía que iba a ser una reprimenda —. No vas a volver a hacer algo parecido, ¿de acuerdo? Prométemelo.

  Lo siento mucho, sé que fue un acto imprudente, pero es que…

  Es que nada —me interrumpió con tranquilidad, pero muy serio —. Primero aceptas charlar con un demonio peligroso como Berith sin decirme nada al respecto; y después te encuentro en el club que él dirige casi a merced de toda su gente. Dime, ¿no pensaste que intentaría atacarte?

  Yo…yo solo quería hablar con Zamai sobre mis dibujos — murmuré.

Me sentía como cuando el abuelo me regañaba por irme a practicar con el violín hasta lo más profundo del bosque, o como esa vez, cuando Joan me gritó por no avisar que llegaría muy tarde a casa cuando tenía trece años.

  No es solo eso, no me mientas. — Tragué despacio—. ¿Crees que no sé que todo esto no es más que para ayudarme?

  N-no es así.

  Sisa…

Trate de pensar en alguna otra excusa, pero los ojos miel me atacaron bruscamente.

  Es que… ¡es que realmente quiero ser de ayuda! — respondí con demasiada honestidad. Si las respuestas para sus preguntas estaban en mí, ¿por qué no tratar de aligerar su carga?

  No vamos a discutir eso.

  ¡Alen!

  No, no es necesario. No quiero que vuelvas a arriesgarte así.

  ¡Puedo ser de ayuda! Zamai me ha dicho tantas cosas que no logro recordar, ¡pero creo que con una sesión de Li-kay…!

  ¡Basta, Sisa! — profirió adustamente y me observó muy serio—. ¡Nada, no harás nada! ¡Y no voy a dejar de repetírtelo hasta que lo comprendas!

  ¡Entonces vas a tener que repetírmelo más porque no voy a terminar de comprenderlo! — le espeté más furiosa de lo que esperaba.

¿Qué…? ¿Qué me sucede? ¿Por qué siento nuevamente esta sensación de ardor en el pecho? Es casi como si algo dentro de mí quisiera explotar, pero no a conciencia, sino de manera instintiva.

Los perros de algunos vecinos ladraron con fuerza, supongo que ante el estruendo de nuestras voces. Las luces de la casa de en frente se encendieron, solo para que Alen me tomara por la muñeca con velocidad.

Abrí los ojos, sorprendida, porque después de un parpadeo ya nos encontrábamos en el departamento que compartía con Tarek.

  Sisa, ¿es tan difícil pedirte que te mantengas alejada de todo lo que pueda ser peligroso? ¡Mira, sí, tal vez ha sido mi culpa por involucrarte en todo esto y…!

  Alen, hay muchas cosas que también me están confundiendo: mis dibujos, las visiones... Si realmente tengo un papel importante en esto déjame ayudarte. ¡Si quieres yo por mi lado y tú por el…!

  ¡¿Y qué quieres?! ¡¿Que me siente a ver cómo te metes en la boca de un demonio sin protección alguna?! — me interrumpió bruscamente —. ¡¿Que me pase el día rompiéndome la cabeza al pensar si estás bien o no porque tal vez se te ocurrió alguna “extraña” idea para ayudarme?! — Lo miré un tanto asustada por su voz llena de enfado —: Esta noche estaba en casa, con Naina, y de repente tu voz suena como una alarma ensordecedora. ¿Sabes, si quiera, lo que sentí cuando te oí gritar desesperada y percibí la presencia de Berith junto a la tuya?

Me apenó muchísimo verlo tan disgustado:

  Ya, sí, fue un error. No debí haber ido, pero es que…

  Solo quédate tranquila, Sisa. Disfruta de tu vida en la escuela, con tus amigos…

  ¡Pero Alen…!

  No, Sisa; no es necesario. Estoy bien así, Hethos y yo…

  ¡Hethos y tú lo están haciendo mal porque no hay progresos! — proferí exaltada, haciendo eco a las palabras de Durand; y los ojos miel me observaron incrédulos, llenos de sorpresa.

Aquí vamos, otra vez alzando la voz. No sé por qué estoy tan a la defensiva desde que retornamos de la cámara esa de evocaciones.

  Han pasado nueve vidas, Alen…y aún sigues aquí — susurré y la verdad no entiendo por qué, ya que si por mí fuera le pediría que se quedara como humano en esta.

Pero eso sería tan egoísta…

  Lo sé, han pasado nueve vidas — me respondió —. A veces yo mismo pienso que estoy metido en un maldito laberinto sin salida…pero no puedo hacer nada más.

Reconocí en sus ojos el dolor que implicaba estar lejos del lugar al que pertenecía, el anhelo por retornar, y recién comprendí el impacto de mis palabras.

Era un tema delicado para él: yo no soy nadie para tocarlo con esa simpleza.

  Si en serio quieres ayudarme — añadió con amabilidad, a pesar de mi horrible ataque verbal—, voy a pedirte que solo lo hagas transmitiéndome las visiones que tienes sobre Albania, ¿de acuerdo? Solo eso. Solo necesito saber más sobre ella, nada más, Bellota.

Algo me oprimió el pecho con violencia y no llegué a comprender de qué se trataba.

Albania…Albania…Albania…

Estoy harta de oír ese nombre porque por algo inexplicable siento que ella no fue la mejor persona en el mundo. Estoy harta de que siempre lo repita porque ese oscuro sentimiento llamado “envidia” me invade por completo. Estoy harta de que en su voz suene tan bonito, y estoy aún más harta porque en el fondo deseo, egoístamente, que todos esos “Albania” tan insistentes sean cambiados por eternos “Sisa”.

No sé quién es ella, ni siquiera tengo la más remota idea de por qué suelo tener pasajes de su vida a modo de visiones; pero en el fondo, en lo más profundo de mí, algo me grita que ella hizo algo que lo marcó de sobremanera, que lo lastimó; y quisiera tener las palabras adecuadas para poder decirle con certeza: “olvídate de ella”.

  ¿Solo eso?

  Solo eso, Sisa, solo necesito saber de ella. Albania es una parte importante en mi sentencia. Solo necesito que me ayudes diciéndome lo que sepas de ella.

Claro, la parte importante es ella… Ella…  

No yo.

¿Y por qué me afecta tanto?

Albania hasta ahora no era más que una palabra, el nombre de una chica que parecía ser alabada por muchos y con plena conciencia del efecto que tenía sobre los demás; pero…pero no sé cómo describir esto. No sé cómo poner en palabras, para que él comprenda, que el recordarla no vale la pena: no va a ayudar en nada, solo traerá dolor, y es tan extraño porque ni siquiera sé bien a qué me refiero.

  No te reprocho que quieras ayudarme; es algo muy tuyo eso de querer ayudar a todo el mundo, pero la confrontación no sería justa. Hay seres implicados que no son humanos y no quiero que salgas lastimada. No seas tan buena conmigo, amable Bellota.

Me quedé observándolo en silencio, intentando grabar el detalle de sus ojos y de repente comprendí que no era necesario intentarlo, me los sabía de memoria: la forma, el color... Cuando está feliz un brillo travieso se expande a través de ellos, en medio de una mirada inconscientemente juguetona; y cuando está afligido, pero intenta verse animado, como sucede ahora, el brillo se transforma en uno que evoca recuerdos. Recuerdos escritos en un idioma que ni él mismo puede traducir.

Elevé mis manos hasta su rostro, encandilada por los ojos miel y la pureza que despedían. Nunca he visto ojos así de limpios, y aunque cuando fulguran de color violeta son preciosos, admito que los prefiero con el color del sol.

Olor a sol…olor a estrellas…

  Sisa… — su voz me llama, pero no exigiendo atención, sino simplemente verificando si sigo aquí, con él, o me he perdido en ese mundo de visiones que aún no comprendo. Me entretengo observando su rostro, y entonces me viene de pronto la imagen de Loi y Tarek cogidos de la mano, sonriéndose, entendiéndose sin necesidad de palabras.

»— Es evidente, preciosa, que lo que sientes por él no es solo un simple cariño de amigos.

Miles de imágenes empiezan a atacarme. De brillantes colores mezcladas con una agradable sensación de flote. En todas y cada una de ellas él está presente; elevo una mano y acaricio con suavidad el borde de sus ojos, la comisura de sus labios…

No quiero que esta boca adopte gestos de tristeza, ni que estos ojos permanezcan anclados en el recuerdo. Quiero verlo feliz, riendo burlonamente como a veces sucede, o sonriendo con esa ingenuidad que, podría jurar, ni él mismo sabe que posee. Con los ojos brillándole de alegría, y el viento jugueteando con su cabello porque a él también le gusta sentirlo.

Entonces las imágenes explotan, como frágiles burbujas de jabón, y lo comprendo. Por fin lo comprendo…

Cielos, después de tantas alertas, después de tantos rotundos “no”, finalmente había pasado. Y no era reciente, era hace mucho, solo que había tratado de ocultarlo de mí misma.

Me gusta…

El chico de ojos de sol y sonrisa de niño me gusta, me gusta mucho…y yo… Yo siento que lo quiero tanto.

Lo quiero tanto, y es por eso que reconozco que manifestarlo sería concretar el deseo más intenso y egoísta que jamás he creado. Me lastima el admitirlo, me parece tan injusto sentirlo, porque sé que lo quiero, lo quiero para mí…

Y por eso mismo no quiero que se vaya.

Me encantaría gritarle todo lo que implica eso. Que olvide a Albania, que olvide su nombre, su existencia original, su castigo, su lucha por volver. Que olvide todo eso y se quede aquí…conmigo.

Pero eso es tan egoísta…

  Bellota, ¿estás llorando?

No consigo responderle; solo siento que mis ojos pierden la batalla porque no hay forma de que le pida algo semejante.

  ¿Qué pasó? ¿Soné muy rudo? Cielos, lo siento. Tarek tiene razón, a veces soy un completo idiota cuando…

Oigo sus tontas disculpas mientras trata de secar mi rostro, completamente abatido. Por un segundo quiero reírme al verlo tan angustiado por pensar que es el culpable de mi llanto, cuando en realidad no lo es. O a lo mejor sí…pero no a conciencia.

Lo quiero…realmente lo quiero. Y si pongo tanto empeño en ayudarlo es porque no soporto verlo decaído. No soporto el siquiera pensar que puede perder el control en medio de este mundo que tan poco le gusta, y ser exterminado.

Porque si hay alguien que merece existir es él.

  Ya no llores, Bellota. Me siento como un monstruo — comenta divertido y me atrae hacia él para acariciarme el cabello con suavidad. Rodeo su cintura con mis brazos, hundo mi rostro en su pecho y dejo que mi imaginación vuele lo que quiera, divague lo que quiera, porque de eso no pasará. Tal vez tuvimos una pelea y él se está disculpando de esa manera tan gentil que tiene de decir “lo siento”. A lo mejor mañana vendrá a recogerme a la escuela, o yo iré por él a la universidad. Tal vez después pasemos a ver a Marissa y a Santiago, y recogeremos a Naina del salón de ensayos. Lo invitaría a tomar un vaso de jugo en la casa mientras me escucha practicar con el violín y después nos disponemos a hacer nuestros deberes de la escuela, pero seguramente Gisell lo echaría a patadas.

También haríamos planes para viajar a Asiri, ¡para que conozca al abuelo y a Joan…!

Y después me acompañara a rendir mi examen en Gaib Art.

  ¿Bellota?

Siento su sonrisa a través de mi pelo…y despierto. Fue una mala idea, todo ha sido una mala idea.

No, ¿en qué acabo de meterme?

Me aferro con fuerza a su cuerpo y ya no aguanto más. ¿Qué he hecho? De todas las personas, de todos los chicos que pudieron haber aparecido, precisamente tuvo que ser él.

Él que jamás se va a quedar.

Se irá, en algún momento él se irá, y cuando eso suceda no sé bien qué pasará conmigo.

»— Nunca va a corresponderte…

  Shhh, tranquila. Probablemente es la impresión después de todo lo que ha sucedido. — Sus manos frotan mi espalda con gentileza, buscando apaciguarme —. Ya todo está bien, amable Bellota.

No, nada está bien…nada.

Me separo de él porque es hora de pensar con la cabeza fría. Me seco las lágrimas; Alen me observa con cuidado y después se inclina un tanto. A pesar de que llevo tacones sigue siendo más alto que yo.

  ¿Qué sucedió, Bellota boba? — insiste, ahora juguetonamente, y vuelve a derrotarme.

Dios, me gusta demasiado.

Ya, basta. No es justo para él que le salga con una escena que no va a comprender.

  Na-nada, lo siento mucho.

  ¿Sabes? Tal vez no sea el mejor comentario, pero olvidé decirte cuán bonita estás con ese vestido.

No me digas esas cosas…

  Llévame a casa, por favor — le pido con voz compungida.

Me mira algo sorprendido, pero no pregunta más.

  Está bien, vamos.

Llegamos a casa de Etel. Doña Bárbara ronronea con suavidad desde el sofá, y de un salto se acerca y trepa con agilidad hasta su hombro.

  ¿Lo adoptaron? —me pregunta animado. Asiento, tratando de verme más tranquila—. No hay emoción más feliz y gratitud más pura que la que siente un animalito que consigue hogar después de estar solo tanto tiempo.

Doña Bárbara ronronea complacida cuando él acaricia su barbilla. Siento miles de estocadas cada vez que lo veo sonreír.

  Creo que iré a dormir — suelto en voz baja.

  Y yo iré a ver a Tarek. No es prudente dejarlo solo con tanta emoción por dentro. Adiós, Bellota. Adiós, Etel, Loi; duerman bien. — Giro y las veo bajar ansiosas por las escaleras con los pijamas ya puestos.

Oigo que se despiden y un soplido casi imperceptible me anuncia que acaba de irse.

  ¡Bellota! ¡Tienes que contárnoslo todo! — grita Etel. Las siento tomarme por los brazos, sus sonrisas eufóricas...

Y ya no puedo contenerme.

  ¿Sisa? Oh, ¿qué pasó, Bellota?

Hundo mi rostro en el hombro de Loi; lamento tanto empapar su camiseta. Ambas me consuelan con cariño, y me preguntan qué sucedió con tanto cuidado que me siento aún peor por preocuparlas tanto.

  Me gusta… me gusta mucho — admito.

Oigo la risa de Loi y me suena tan maternal.

  ¡Y eso por qué te pone tan triste, Bellota tonta! ¡Vamos, ya no llores! Etel, preparemos algo de jugo, ¿te parece?

  ¡Sí, sí! ¡Y te escucharemos todo lo que quieras, Bellota! Y si quieres dibujar corazones y escribir adentro “Alen y Sisa”, te pasaremos miles de colores y marcadores.

Río, más calmada, y en la cocina se verbaliza todo lo que he venido guardando dentro. Hay besos, sonrisas burlonas, ojos color miel, viajes por el cielo y ángeles encantados por el sabor del chocolate.

Loi sonríe y me palmea la cabeza:

  Bueno, tienes dos opciones, Bellota: decírselo o amarlo en silencio, cosa que no me parece taaan genial como profesan las novelas que Etel lee.

  Eso de amar a lo lejos es para los libros, Bellota — me dice Etel que está comiendo helado directamente de un bote enorme—. Déjalos ahí, ¡lo que tienes que hacer es atacar!

  ¿Atacar? — Elevo una ceja y rompo a reír ante los innumerables planes de seducción que me sugiere.

Más tarde, ya rumbo al segundo piso, Loi me abrazó con fuerza y después me desordenó el cabello juguetonamente.

  A veces pensamos que tenemos la desgracia de enamorarnos de las personas incorrectas; pero quién sabe, Bellota: aún no sabemos qué pasa por la mente de Alen.

  Loi...

  Pero recuerda que nadie muere por amor. Nadie, Sisa; eso es solo ficción.

Es verdad: nadie.

Ni siquiera yo.

 

 

»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«

 

Alen

 

Estaba tan ensimismado pensando en el repentino decaimiento de Sisa, que aparecí a unas calles de la tienda de Hethos y no adentro por distraído.

Cerré los ojos y volví a transportarme; todo para encontrarme...

  ¡Hermano! ¡Dime qué es la felicidad porque me parece que acabo de atraparla!

…a Tarek de pie, sosteniendo con el brazo sano una botella de no sé qué, y con una de las radios antiguas de Hethos encendida a todo volumen.

Como me temía, ya se había quitado el cabestrillo improvisado que Hethos había hecho para él.

  Oye, ¿quieres hacerme el favor de relajarte? Aún no estás completamente curad...

  ¡AAAHHHH! ¡MIERDA, SOLO QUIERO GRITAR Y CORRER Y...!

Bien, esta va a ser una noche complicada.

  No entiendo de dónde consigues estas — murmuré al tomar la botella después de que volviera a colocarle el brazo inerte dentro del cabestrillo.

Me la quitó y bebió un enorme bocado directamente de ella.

  Hermano, ¿alguna vez has sentido que tienes un globo inmenso alojado en el pecho? “Cómo”, ni idea, porque eso de tragarse un globo e inflarlo por dentro suena jodidamente extraño, ¡¿pero creerías que siento eso?! — Soltó una carcajada y jugueteó con su brazo inmóvil, lleno de emoción. Bueno, no lo ha tomado tan mal—. ¿Alguna vez has sentido que ya nada más importa? ¿Que no puedes quitarte la sonrisa de idiota del rostro porque tienes muchos motivos para sonreír? ¡Porque eso es exactamente lo que está sucediendo conmigo en este preciso momento!

  Tarek, la sonrisa de idiota la tienes desde que te conozco. Y deja de moverte así o las heridas de tu espalda volverán a abrirse.

  ¿Sabes qué? ¡Berith, Nhyna, hasta el mismo Belial, pueden intentar matarme todas las veces que quieran porque no me importa nada! La princesa me quiere y con eso me basta para vivir por lo menos tres mil existencias más.

  Sé que los errantes no son muy bien vistos por los demonios, pero tú pareces ser “algo” impopular — le comenté al recibirle la botella. Le di un trago porque no iba a dejar de joder hasta que lo hiciera—. Por un momento pensé que ya no la contábamos.

  No hay peor ofensa que la traición para los de mi especie, hermano. Ustedes no toleran la indisciplina; los míos, en cambio, pueden aceptar cualquier tipo de trasgresión de reglas, pero renegar de tu naturaleza es como apuñalarlos por la espalda. — Bueno, eso explicaría por qué él parecía ser tan repudiado —: Pero ha valido la pena porque gracias a esa decisión pude conocer a la princesa.

  Tarek, tu especialidad no era la predicción así que no sabías que ibas a conocer a Loi.  — Me sonrió y me dijo que había sido una hermosa casualidad—. Entonces, ¿qué te impulsó a tomar esa decisión? Me dijiste que te gustaba muchísimo vivir entre ellos, como humano, pero… ¿en serio fue por eso?

Renunciar a todo e iniciar de nuevo: lejos de tu comunidad de origen, lejos de las normas que solían regir tu conducta. Escoger todo eso es un enorme cambio.

Y no es que lo critique por ello, al contrario; porque a mi criterio un errante es una de las pruebas más grandes de conversión en el universo. La naturaleza de los demonios suele ser juguetona, y a veces perversa; renunciar a todo ello era una de las manifestaciones más grandes de lo real que podían ser los cambios si se hacían con voluntad absoluta.

  ¿Hablas de mi conversión a errante? — Asentí—. ¿Es que nunca te lo conté, hermano?

  Pues si hablamos de la primera vez que nos vimos, solo te recuerdo gritando que querías ser mi amigo.

Lo oí reír con fuerza:

  Claro, y yo te recuerdo con ese gesto de abuelito gruñón mientras repetías “estoy solo en esto, déjame, déjame”. — Le puso demasiado drama a la imitación de mi voz así que se ganó un bonito golpe sobre la cabeza.

  ¿Por qué escogiste esta vida, Tarek? ¿Por qué en el mundo humano?

  Pues…

Se quedó viendo un punto indefinido en el techo, tal vez tratando de ordenar ideas. Aguardé en silencio: sus emociones empezaban a mezclarse unas con otras. De la inminente alegría pasamos a nostalgia, tristeza, culpa.

A veces Tarek me parece tan humano.

  No lo sé con exactitud; a lo mejor fue porque no soportaba el asunto de los pactos.

  ¿Los pactos? ¿Hablas del pago por ayudar a algún humano?

Asintió levemente y después entrecerró la mirada, buscando por dónde empezar.

Ahora que me pongo a pensar, nuestros temas de conversación siempre han girado en torno a mi estadía en el mundo humano, pero nunca he puesto mayor empeño en conocer su situación. En parte tengo culpa porque siempre pensé que sería poco considerado preguntarle cosas que él no mencionara.

Entonces inició:

  Sé que ninguna criatura debería cuestionar las creaciones del Todo, pero a veces... A veces sentía que había sido un tanto injusto al moldear nuestra naturaleza: la de los demonios. Estamos obligados a ayudar a los humanos si nos invocan y piden un pacto; si se me solicitaba por mi nombre real tenía que acudir para llevarlo a cabo sin peros de por medio. Así no quisiera recibir el pago o no quisiera ayudarlo.

  Entonces… ¿no te gustaba recibir órdenes de los humanos? ¿Querías ser más “independiente” por decirlo de algún modo?

Soltó una risa y suspiró:

  Ese es otro de los motivos por el que soy tan repudiado. — Bebió algo más de la botella y se encogió de hombros—. Cuando expresé los motivos para mi conversión, todos pensaron lo mismo. Pero no, no fue por eso; la causa fue un tanto menos “impactante”.

Fruncí el ceño, sin comprender, y después noté algo en su mapa emocional:

Compasión…piedad…

   Alen, créeme: es horrible el sentir que alguien te suplique ayuda por una buena causa, ¡y tú puedas ayudarlo, sí! Pero solo condenando su alma a un tormento eterno al convertirlo en parte de tus tropas.

La declaración me sorprendió de sobremanera. Todos los míos siempre han pensado que la mayoría de demonios celebraban el tener un mayor número de tropas…

Pero claro, Tarek ya no es un demonio. A lo mejor nunca lo fue.

Sonrió sin ganas y continuó:

  Sabes que mi especialidad era curar todo tipo de enfermedades y dolencias. Tal vez ahí radicaba el motivo por el que me sentía tan afligido cuando los humanos me invocaban. Nhyna es de las que son invocadas para otorgar amor forzado, Berith de los que responden preguntas con respecto al tiempo; y hay infinidad de especialidades igual de superfluas, pero de todas justamente yo era de aquellos que podían sanar a los que no tenían salvación en manos humanas.

  Tarek…

  Sabes que parte de mi conversión era pagar con mis memorias, así que no tengo muy claro mis vidas como demonio; pero si recuerdo, vagamente, que la vez en la que una mujer me pidió que salvara a su nieta de una enfermedad terminal lo supe… supe que no podría seguir con esto. La niña viviría, pero su abuela, siendo una humana tan bondadosa, sentiría dolor eternamente, dejaría de renacer en sus próximas vidas y no se reencontraría con ella nunca más. Solo estaría ahí, como parte de mis tropas, pudriéndose y supuestamente otorgándome mayor ventaja en alguna lucha. ¡Pero qué ironía! Ni siquiera me gustaba luchar.

Soltó una risa apagada:

Las tropas eran inservibles para mí, los pactos me creaban remordimientos. Entonces decidí buscar alguna manera para no recibir los pagos, o cambiarlos en todo caso. No quería almas humanas, con un “gracias” bastaba. Pero era imposible, no se podía. Mi existencia estaba diseñada para ayudar, pero recibiendo almas a cambio, así que decidí dejarlo, decidí no hacerlo más: decidí entregarme a una nueva existencia.

»Sabía que sería difícil porque son pocos los errantes que salen con vida después de hacer su anuncio, pero era preferible dejar de existir a mantenerme viviendo con las voces de todas esas almas gritando en mi cabeza. Berith fue el magistrado en mi anunciación; el encargado de preguntar por qué quería abandonarlos. Desde esa vez solo quiere matarme, pero eso ya lo sabías.

Asentí.

  Como errante ya no tengo tropas ni todos los poderes que tenía cuando era demonio, y ya no tengo la necesidad de esperar pagos a cambio. Así que por ese lado estoy más que satisfecho. Prefiero vagar junto a un calehim que no lastima a los humanos, que quedarme con millones de almas humanas que gritan día y noche en mi cabeza — concluyó con una leve sonrisa.

Lo recuerdo iniciando una conversación, preguntándome qué hacía en el mundo, y después las primeras palabras que me dejaron un tanto desconcertado.

»— ¿Sabes que dos vagando por el mundo es mejor que uno?

»— ¿Qué?

»— Se llama “amistad”, calehim. Los humanos tienen muchos amigos; a lo mejor podríamos intentarlo.

Solté una risa al recordar mi rostro desencajado.

  Gracias…— se me escapó.

  ¿Eh? ¿Y eso por qué?

  No sé… por ser mi amigo.

Me observó, lleno de incredulidad, y después sonrió:

  Alen, te veías tan solo…tan triste, y no sé si fue por pena o algo, pero sentí que debía ayudarte. — Solté una carcajada ante sus palabras—. Además, éramos dos seres alejados de nuestra comunidad original. Yo por voluntad propia, tú por castigo. Sabía que podíamos intentar adaptarnos a esta nueva vida, juntos. No sé, sonaba demasiado perfecto como para dejarlo ir.

  ¿El calehim y el errante? — repliqué elevando una ceja, divertido.

  Hasta tiene nombre de libro. A lo mejor me animo a escribir uno algún día.

Rompí a reír y después le lancé un puñetazo amistoso sobre el hombro.

Se quejó adolorido porque aún estaba lastimado:

  Por cierto, sigo preguntándome cómo mierda salimos de esa. Yo estaba al borde de la inconsciencia y por lo que vi parte de las tropas de Voso y Nhyna querían darse el festín del siglo contigo, hermano.

  Hethos ya me dijo que averiguaría lo de Nanael; pero sí, también me parece extraño que supiera el nombre de Sisa, y que hubiese venido en nuestra ayuda. Después de todo, los ángeles tienen prohibida la entrada a la Cámara de evocaciones.

  Eso puede explicarse de dos maneras. — Observé a Tarek con atención—. El tal Nanael podría pertenecer a una muy alta jerarquía como para violar los tratados entre ángeles y demonios, o… — Se quedó en silencio, le pregunté “¿o qué?” —. O sino se trata de un caído.

  Un caído — repetí. Eso tenía sentido: un ángel caído técnicamente ya era un demonio—. Cada vez hay mayor información sin una ilación fija. Y Berith teniendo a Zamai en esta vida se ha encargado de quitarme uno de los indicios clave — solté cansado. Esto de las pistas empezaba a hacerse tedioso.

  ¿No sabes de algún otro Aliter? — Negué con la cabeza; Hethos y yo demoramos vidas en encontrar el nombre de uno. Todo para absolutamente nada —. Mmm, bueno, solo nos queda seguir indagando. Por cierto, mientras charlaba con la princesa en el segundo piso, me pareció escuchar algo de La Rebelión de los 500 caídos. ¿Escuché bien o estaba mezclando palabras? — Asentí y le comenté sobre la curiosa respuesta que le dio Zamai a Sisa. Tarek frunció el ceño—: Qué extraño; ese suceso no tendría por qué involucrar a Bellota. A menos, claro, que ella haya sido una de las almas humanas que perecieron en los disturbios.

  ¿Qué? ¿Sabes algo acerca de eso? — exclamé sorprendido.

  Alen, creo que a veces olvidas que curar enfermedades solo pueden hacerlo demonios de alto rango. Mi antiguo título de Príncipe regente no lo tiene cualquiera — puntualizó divertido.

  Tarek, ¿qué puedes decirme acerca de esa rebelión?

Me tenía algo inquieto que Zamai hubiese relacionado algo semejante con el pago recíproco de Sisa.

  Bueno, lo poco que recuerdo es que 500 ángeles, de las cúpulas más altas, se unieron con una cantidad exorbitante de demonios para derrocar el sistema y esclavizar a los humanos.

  ¿Qué?

  Sí, no sé si esté en lo correcto porque es un pasaje que se eliminó de los recuerdos de muchos para recuperar el equilibrio perdido, y a parte yo no recuerdo casi nada por mi condición de errante, pero creo que había una conspiración para ejercer un control más rígido.

  ¿De qué hablas?

  Los humanos siempre han desatado envidia, incluso entre los tuyos, hermano. — Lo miré, desconcertado—. Si bien demonios y ángeles son más poderosos y no son tan frágiles como los humanos, hay algo que ninguno de los dos bandos poseen y ellos sí.

  ¿A qué te refieres?

  Creo que la amiga de la princesa, Etel, lo mencionó. — Entrecerré la mirada, intentando recordar; Tarek sonrió—: Alen, ni lo tuyos ni los míos pueden reproducirse con libertad; a diferencia de los humanos que sí. Nosotros somos un número colosal, sí, pero limitado. Y si bien las almas humanas suelen rotar en diversos universos, tú sabes que igual el Todo sigue creando almas nuevas, que son insertadas en cuerpos humanos que nacen de los mismos humanos, y eso permite que existan nuevos. Podría decirse que tienen mayor albedrío que nosotros en cuanto a “perpetuación de la especie”.

  ¿Entonces qué buscaban con esa rebelión?

  Pues lo evidente, ¿no? Controlar a los humanos y buscar alguna manera de “crear” algo que permitiera el nacimiento de más demonios y ángeles. Por lo que recuerdo, los 500 ángeles que se unieron a la trifulca no consideraban a los humanos merecedores de un poder tan grande como el de reproducirse por sí solos. Nosotros, los tuyos y los míos, podemos ser todo lo poderosos que queramos, pero al final fuimos creados para custodiar y contemplar a la raza humana. Simplemente somos entidades que viven por ellos y para ellos. Supongo que se sintieron algo “ofendidos”.

  Tarek, ¿cuando dijiste que Sisa podía ser el alma de un humano que pereció en la rebelión…?

  Las batallas fueron a tal magnitud que varios universos se vieron involucrados. Humanos y otras especies caían muertos sin explicación alguna. El equilibrio entre los mundos se perdió ante los enfrentamientos.

  ¿Crees que Sisa pudo haber sido uno de ellos?

Tarek se encogió de hombros:

  Es la única relación que encuentro entre ella y la rebelión.

Nos quedamos en silencio. Noté que hizo una mueca de dolor cuando se tocó parte del pecho. Decidí cambiar de tema porque me pareció que estaba haciendo demasiados esfuerzos por recordar.

  Me alegra que Loi y tú estén saliendo.

  ¿En serio? Creí que te opondrías por todo ese asunto de demonio/humano — agregó divertido.

  Yo no soy nadie para juzgar tus acciones, Tarek. Además, creo que, de todas las chicas, Loi Amira es la indicada para ti.

  ¿Sabes qué es lo mejor de todo esto? — Lo miré divertido cuando me ofreció la botella casi vacía—. Que aún me queda un ojo para seguir viendo lo bonita que es, y un brazo para acogerla cuando se sienta triste.

Lanzó un suspiro y en ese momento lo noté: estaba distinguiendo algo...algo diferente en Tarek. Algo que ya había visto con anterioridad, pero ahora el matiz era excesivamente intenso.

Me observó con gracia y después lanzó una carcajada:

  Sí, hermano, es eso; tengo el placer de presentártelo — me dijo resplandeciente—. Porque realmente siento que me muero por esa chica.

Su incapacidad para mentir solo confirmaba mis sospechas. Sí, aquí lo tengo, puedo verlo de cerca... Amor.

Acabo de conocer al amor en los ojos de Tarek.

 

»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«

 

Sisa

 

  ¡GIRO! ¡Eso Marion, así me gusta!

  ¡Pensé que no habría manera de superar la otra coreografía! — murmuró Tomas asombrado.

La profesora Inés daba las órdenes con voz firme, mientras Loi prácticamente hacía que su cuerpo flotara con cada paso, para la nueva rutina de estilo libre que estaba practicando.

Love is a battlefield resonaba en medio de todo el salón.

  ¡Que te duela! ¡Quiero ver que te duela! — enfatizaba y Loi aumentaba la velocidad —. ¡El amor es un campo de batalla! ¡No has escogido esa canción por nada, Marion!

  Bellota, ¿estás viendo cómo la mira?

Comprendí el susurro emocionado de Etel al comprobar que Tarek traía la mirada clavada sobre Loi, completamente deslumbrado y con el brazo derecho reposando inmóvil sobre su pecho. Solía llevarlo enfundado en algo semejante a un cabestrillo que Hethos había diseñado para él, para evitar tenerlo colgando ya que la extremidad había perdido todo tipo de movimiento. Loi se encargaba de decorar la funda con broches o cualquier cosa que le gustara (a diario), y él aceptaba encantado lo que le pusiera.

La profesora Inés frunció el ceño ante el gritito de Etel. Había aceptado a regañadientes la presencia de Tarek porque decía que, entre amigos y novio, un novio es mucha más distracción en un ensayo. Y para ahora, ya todo el mundo sabía que Loi y Tarek estaban saliendo.

  ¡Al suelo! ¡No promesas, no peticiones! Eso, Marion, ¡sentimiento! Giro, y ahora… ¡Salto!

La piel se me erizó ante la mezcla de danza clásica y danza moderna. Loi se inclinó con delicadeza, muy al estilo de ballet, pero después dio un giro rudo que coincidió con una nota increíble en la melodía.

  ¡Dios, está estupenda! — chilló Etel con emoción y en voz bajita, como leyéndome el pensamiento.

¡Estaba perfecta!

  ¡Listo! Suficiente por hoy — sentenció la profesora Inés y apagó el equipo. La música se detuvo—. Van a admitirla, estoy segura— la oí murmurar, muy satisfecha.

  ¿Terminamos? — preguntó Loi agotada.

  Sí. Por cierto, empezamos el ensayo con el vestuario la próxima semana. Ve escogiendo el color para lo que usarás.

  Ok, gracias.

  Por cierto, el muchacho… — Le dio una mirada seria a Tarek que le plantó su mejor sonrisa—. Ya le dije a Gustav que, espero, no sea una distracción. Me comentó que ya llevan semanas saliendo, pero preferiría que no acuda a los ensayos.

  No se preocupe, quiero tanto como usted que ella ingrese a Gaib Art. Si noto que soy una mala influencia, yo mismo reduciré las horas que la veo en el día.

  ¡Tarek! — exclamó Loi sin creerlo.

La profesora Inés sonrió:

  Mmm me gustas, muchacho. Aprende, Marion. Listo, ¡nos vemos la próxima semana!

Salió con el equipo en mano y después rompimos a reír con fuerza.

  Eres un maldito consentido que quiere caerle bien a todo el mundo — protestó Loi profiriéndole un codazo—. ¡Hasta parece que papá te quiere más que a mí, y eso que ni lleva un mes de conocerte!

  Toca eso, o sino ya no podré venir a verte. No debo ser una distracción, Ma-ri-on — le dijo con una sonrisita satisfecha y después se inclinó, rodeó su cintura con el brazo izquierdo y le robó un beso. Loi rodó los ojos cuando la soltó, fingiendo que no le había importado, pero salió rumbo a las duchas muy animada.

Iago tenía razón: nos encontramos con él la semana pasada cuando vino por Loi a la escuela, y nos dijo que nunca había visto tan feliz a su hermana como ahora. Y por lo que sé, parece que Tarek le ha caído bastante bien a toda la familia, incluida Janna.

Cuando estuvimos fuera del edificio de ensayos los chicos quisieron pasar por la cafetería en la que Joan solía trabajar porque Loi se moría de hambre. Me quedaría un rato con ellos y de ahí iría por las cuerdas que tenía que cambiarle a mi violín.

  No puedo creer que estemos a dos semanas del concierto de JOBEY— comentó Tomas fingiendo que lloraría—. ¡Aún no creo que esto sea real! — Y se apoyó sobre el hombro de Tarek que lo palmeó con afecto.

La primera vez que vino a recoger a Loi, Tomas puso un gesto de conmoción increíble. Decía que Tarek le parecía algo antipático y que de ninguna manera planeáramos incluirlo en nuestras salidas porque él se ausentaría de ser así. Pero para cuando nos dimos cuenta, ambos ya estaban charlando de manera muy animada. Tomas amaba hablar de cualquier cosa que tuviera de eje central tenis y series de moda. Me sorprendió que Tarek fuese tan diestro para escuchar con suma atención cada una de sus opiniones y seguirle el ritmo de las charlas.

Aprovechando la buena relación espontánea entre ellos, Etel mencionó que también podríamos presentarle a Alen. Sin embargo, el gesto en su rostro dejó en claro el rotundo “no”.

»— No, con él sí no. Sería como darle la mano a mi enemigo.

Intenté no prestarle atención a sus palabras, porque cualquier cosa que trajera a colación el hecho de que Alen me gustaba había empezado a ponerme nerviosa.

Los días que he estado viéndolo después de lo de Oráculo han sido demasiado complicados. Ha notado en varias oportunidades que me pongo nerviosa por nada, y que en ciertos momentos me quedo solo observándolo en silencio.

Me ha visto tan abstraída que hasta sugirió llevarme con Hethos:

»— Creo que algo le ha afectado le comentó cuando me llevó a la tienda hace un par de días: estaba sonrojadísima solo por estar a su lado y porque no dejaba de tocarme la frente, para verificar mi temperatura—. Desde que fue a encontrarse con Berith está extraña.

Agradecí que no pudieran leer mi mente: hubiera sido embarazoso que comprendieran que acababa de descubrir que me gustaba y su sola presencia me ponía nerviosa.

Etel había insistido en que me declarara (cosa que me horrorizó porque sentía que sería un paso demasiado serio); pero Loi, por otro lado, me había dicho que apoyaría mi decisión de permanecer en silencio si eso era lo que quería.

Y no volvió a tocarse el tema.

Sinceramente se los agradecí mucho porque después de tantas noches pensando y pensando qué estaba sucediendo conmigo, llegué a la conclusión de que decirle algo como “me gustas” implicaría muchas cosas implícitas; una de ellas, por ejemplo, el deseo de retenerlo aquí, a mi lado. Y no creo que Alen acceda de manera campante porque uno: no sé si sienta lo mismo, y aunque nos hemos besado varias veces en realidad ninguno ha definido con exactitud qué sucede entre nosotros. Y dos: sería demasiado egoísta pedirle algo así. Después de todo, renunciar a su nombre sería como renunciar a todo lo que lo convertía en él.

  Chicos, lo lamento, ya me voy — anuncié al terminar mi jugo de piña—. Tengo que aprovechar que Gisell y Corín no están en casa para ensayar y darle los últimos retoques a la canción para la pista de estilo libre.

  ¿Qué tal vas con esos cambios que estabas practicando? — me preguntó Loi.

  Aún me fastidia un poco el dedo meñique, pero ando trabajando en eso.

  Tranquila, Bellota — me dijo Tarek—, sé que vas a estar genial. No por nada Alen siempre repite que tu violín es lo más bonito que ha escuchado en todas sus vidas. — Loi me propinó un codazo y soltó un “uuuy” lleno de picardía.

Me ruboricé por completo.

  ¿En “todas” sus vidas? — preguntó Tomas con una ceja en alto.

  No me hagas caso — soltó Tarek de buen humor.

Ya llevo ensayando algo de dos semanas la canción que había decidido utilizar para mi prueba en Gaib Art. Una tarde nos reunimos en casa de Loi, escuchamos las pocas canciones que había compuesto, y finalmente todos aprobaron unánimemente que debía presentarme con la pista número cinco (soy mala para los nombres, así que no había bautizado ninguna). Yo también ya estaba pensando en escogerla; lo único malo era que justamente era esa la que me costaba más trabajo interpretar.

Esta canción la tengo grabada por partes, a diferencia de las otras que están de corrido. No había llegado a regrabarla con todo ya unido en una sola interpretación porque los movimientos resultaban algo complejos si eran seguidos. Descansando por cada cambio me salía, pero dudaba mucho que el jurado aceptara algo así.

Tendría que tocarla toda de largo y ya me estaba resultando algo difícil el solo ensayarla. Pero sabía que debía presentarme con esa. Tal vez suene ridículo, pero tenía una fuerte carga emocional que solo yo comprendía.

  ¿Te acompañamos hasta…?

  ¡Oh, no te preocupes, Tomas! Iré rápido porque también quiero comprar unas cuerdas para mi violín.

Salí de la cafetería y el viento cálido me rozó las mejillas. Últimamente estoy sintiendo demasiado calor y de la nada muchísimo frío. Prácticamente iba a clases solo en camiseta porque no soportaba cubrirme los brazos, pero tenía que llevar un suéter por si acaso ya que la temperatura se me bajaba de manera repentina por la tarde.

Pensé que iba a darme un resfriado, pero ya llevo varios días así y no siento ningún tipo de malestar. En fin…

Pagué las dos cuerdas que necesitaba y salí; sin embargo, cuando doblaba por la esquina el corazón me palpitó con fuerza al sentir que me jalaron por el estuche del violín.

Es él…

  Vaya, vaya, a alguien la sonrisa se le congeló.

Me quedé de una pieza: me había equivocado. No se trataba de él, sino de Gabriel que traía un evidente cambio de apariencia.

  ¿Qué tal, niña? ¿Has visto mi cabello? ¿Y mis ojos verdes? — me preguntó satisfecha consigo misma —. Me parece que el marrón me queda mejor a mí que a ti.

  Lo que digas… — murmuré y seguí caminando.

Sus tacones le hicieron eco a las pisadas de mis zapatillas.

  ¿Qué pasa? ¿Estás enfadada? — El tono de niña me fastidió. Seguí avanzando, aferrándome a la tira del estuche para enfocarme en otra cosa menos en su voz—. ¿No vas a hablar? ¿Cómo está el errante? Ya me enteré de que perdió un ojo y no puede usar un brazo; qué lástima. Ha sido casi nada.

Me detuve abruptamente: ¡no la soportaba!

  ¿Qué quieres?

  ¿Acaso no fui yo la que te envió a hablar con Zamai? Deberías ser un poco más amable, ¿no crees?

  ¡Ah, sí! La “invitación” a la famosa cámara esa de demonios la obtuvimos gracias a ti. ¡Olvidé agradecerte el lindo obsequio! — repuse —. ¡Ah, no! Me disculpo: en realidad la invitación la obtuve por mí misma, porque solo una estúpida podría haberte escuchado. ¡Ni siquiera entiendo qué ganabas enviándome a hablar con él!

  Esos son detalles que prefiero reservarme. — Intenté adelantarme, pero ella continuaba caminando a mi lado—. Por cierto, escuché algo realmente curioso de boca de Berith.

  No quiero saber nada de él ni de ti, así que puedes irte por donde viniste.

Esperé que el semáforo cambiara a verde; mentalmente empecé a contar hasta cien para evitar escucharla.

  ¿Entonces es cierto? — repitió.

Faltaban pocos segundos; fingí no escucharla. Ya iba por el número quince...

  ¿Estás enamorada del calehim?

Diecisé... ¿Qué?

El grupo de personas que aguardaban en frente cruzaron con tranquilidad; varios pasaron junto a mí, pero yo me quedé tiesa: el cuerpo no me respondía.

  ¡Esa reacción me confirma absolutamente todo! — Las carcajadas estallaron con fuerza a través de mis oídos —. Por todos los universos, ¡esto resulta tan cómico! Demonios enamorados de humanos, ahora humanos enamorados de ángeles, ¿qué sigue? ¿Ángeles enamorados de demonios? 

Intenté retomar mi cuenta numérica mental para no permitir que las mejillas se me enrojecieran, pero ya estaba sintiendo un calor incómodo en todo el pecho.

Di dos pasos y gracias a Dios los pies empezaron a responderme.

  Oh, ¿qué pasó? ¿Acaso te ofendí? — Crucé rápidamente e intenté llegar al paradero. Veintiuno, veintidós—. Nunca va a pasar nada entre ustedes, pero eso ya lo sabes, ¿verdad?

  ¡S-si no tienes nada más que decir ya vete!

Mi plan de sonar ruda falló por completo, porque la voz me salió débil y la tensión en mi cuerpo se había vuelto incómoda. ¿Qué pasa? El abuelo no toleraría esto.

“Nunca va a pasar nada entre ustedes…”

  Berith ya te lo propuso, ¿verdad? Bueno, yo vuelvo a poner las cartas sobre la mesa: puedo darte el amor de Forgeso, niña…

 

Que se calle

 

Otra vez, aquella voz...

No, no te desconcentres; no dejes de caminar. Treinta, treinta y uno...

  Porque, siendo honestas, dudo mucho que puedas conseguirlo por tus propios medios.

Cállate

 

Treinta y cinco, treinta y seis...

  Una triste humana, sin nada que ofrecerle. ¡Cielos! Daría lo que fuera por ver su rostro si se entera de esto. —  Me detuve bruscamente, asustada por sus palabras, y eso solo la incentivó. Los ojos de Gabriel me observaron ávidos; el corazón me palpitó con fuerza ante la sola idea de que pudiera decírselo.

Calma, calma... Treinta y siete, treinta y ocho...

  ¡Te imaginas! — la oí demasiado animada—. Obviamente lo tomaría desprevenido, y probablemente después intentaría ser amable: un rechazo sutil, para no romperle el corazón a la pobre niña humana.

  Basta — murmuré.

Algo estaba expandiéndose dentro de mí, y no era la tímida vergüenza que me había atacado hace unos segundos.

Quemaba…

  ¿Disculpa? ¡Oh, lo siento tanto! ¡No quería ser tan sincera! ¿O es que acaso se te cruzó por la mente, por una milésima de segundo, que Forgeso te correspondería?

Ya sé eso… Ya lo sé…

  Déjame sola — repetí.

Apreté la tira del estuche con tanta fuerza que los dedos me escocieron.

  Pero yo puedo ayudarte con eso. Te daré su amor: ¡pero claro!, sería comprado…

Que se calle…

 

Pues detenla

 

No puedo…

¿Y por qué?

Ordénaselo, ella no es nadie

 

Nadie…

Ella no es nada

 

Veía los labios rojos de Gabriel moviéndose a través de la sonrisa torcida que traía plasmada en el rostro. Dejé de escucharla a conciencia por el mareo intenso que me atacó. El cuerpo me pesaba, la rigidez en los músculos me indispuso por completo.

¿Voy a desmayarme? No sería lo más prudente si solo estoy con ella.

  …porque ya sabes — su voz sigue resonando en mis oídos. Treinta...treinta... ¿treinta y qué? Ya perdí la cuenta—, dudo mucho que a él se le haya pasado si quiera por un momento la idea de dejar de lado la búsqueda de su nombre…

Veo el cielo estrellado. La tensión de mi cuerpo era insoportable, la cabeza me giraba a horrores.

Cállate…

 

¡Que se calle!

 

    …y enamorarse de una pobre niña humana.

 

¡QUE SE CALLE!

 

  ¡YA CÁLLATE! — exploté bruscamente. Sus ojos se tornaron escarlata de manera violenta, completamente ofendida —. ¿Qué? ¿Vas a atacarme aquí, en frente de tanta gente? No me hagas reír; perderías más que yo.

  No me hables en ese tono, niña — advirtió con voz tensa.

  ¡Yo te hablo como se me dé la gana! — El estuche del violín empezó a incomodarme, pero lo extraño fue que, al cambiarlo a mi otro hombro, lo sentí mucho más ligero. Y los ojos… cómo me ardían los ojos. Pero era un detalle irrelevante; el rostro desencajado de ella me bastaba—. ¿Qué crees? ¿Que no sé que en realidad estás describiéndome tu triste situación con él, Nhyna?

  ¿Qué estás dicien…?

Los ojos se le abrieron, vulnerados: no pude con el ataque de carcajadas.

¡Había dado en el clavo!

  Ay, por Dios, ¡esto es demasiado! Te apuesto mi existencia completa a que lo espías en secreto, ¡desde siempre, desde que lo conociste! Suspiras observándolo de lejos, rogando miserablemente que algún día se dé cuenta de todo el "amor" que tienes para ofrecerle. Pero si somos racionales, entre ambas, es obvio que tú debes resultarle completamente repugnante.

  ¡¿Cómo te atreves…?!

  No, ¡cómo te atreves tú a hablarme de esa manera! — Conseguí atraparla por el brazo; la muy estúpida empezó a respirar agitadamente.

Tiene miedo.

La sonrisa se me amplió.

  Él solo ha amado a una persona y va a quedarse así. Le pertenece, es suyo, nada de eso cambiará, ¿me has entendido? — Me observó atemorizada: sentí la euforia desatándose en mi cuerpo. No vuelvas a meterte conmigo, demonio estúpida —. Así que deshecha de una vez tus absurdas esperanzas.

  No puede ser. — Clavé mis uñas en su piel; sentí la sangre rozarme los dedos. Sus ojos se abrieron de par en par—: Albania.

¿Qué?

Vi las ondas marrones, el vestido flotando, las carcajadas musicales.

El aire…el sol…

Pero se hicieron borrosas.

  ¡Sisa!

Un par de brazos me tomaron por la cintura antes de que impactara contra el pavimento.

La cabeza…la cabeza me duele mucho.

  ¡¿Qué le hiciste?! — Reconocí la voz, el corazón me latió desbocado. Mis pies dejaron de sentir el suelo cuando Alen me tomó en brazos—. ¿Sisa? ¡Sisa!

Escondí mi rostro en su pecho, intentando recuperar el ritmo cardíaco normal. Los ojos me ardían y ahora sentía la piel helada. ¿Por qué soné así? ¿Quién era la que hablaba?

¿Por qué parecía tener a alguien atrapado aquí adentro?

  Forgeso…

  ¿Qué le hiciste, Nhyna? ¿Sisa? ¡Sisa! — Quiero responderle, pero la garganta se me ha cerrado.

El pecho…me duele mucho el pecho. Es como si miles de agujas lo traspasaran.

  Forgeso, ¡escúchame! No le hice nad...

  ¡No quiero verte cerca de ella, ¿entendido?! ¡Estoy harto de que la hostigues!

Su voz resuena con tanta rabia que tengo sentimientos encontrados. Por un lado quiero pedirle que se tranquilice, que no debe perder el control; pero por el otro…

"Le importo...le importo tanto que se enfurece ante la sola idea de verme en peligro".

  ¿Sisa? ¿Sisa, estás bien? — Me aferro a su camiseta. Siento el aroma de su cuerpo, e intento calmarme porque aún siento esas horribles agujas en el pecho.

Ahogué un grito cuando vi mis uñas machadas de sangre. ¿Qué…?

  Tener visiones tiene sus desventajas — oí de Gabriel. Todo aún giraba con fuerza y sentía tanto frío que empecé a temblar a pesar de que el cuerpo de Alen era sumamente cálido—. Si estás viendo recuerdos, corres con el riesgo de perder tu identidad. Borrar recuerdos propios para suplantarlos por ajenos.

  ¿De qué demonios estás hablando? — le espetó Alen.

  Vámonos…vámonos…— le supliqué.

Siento que nos transportamos. Cierro los ojos con fuerza y me concentro solo en la calidez de su pecho.

Olor a estrellas…a sol...

Es mío.                                                 

¿Quién eres? ¿Por qué siempre irrumpes de esa forma?

  ¿Sisa? ¿Sisa, me oyes? ¡Hethos! — Me deposita con suavidad sobre algo mullido, y cuando sus brazos están por soltarme...

  ¡No me dejes! — grito y me aferro a su cuello, porque si se va no sé qué haré: la voz va a comerme, ¡empieza a dominar todo! —. ¡No me dejes! ¡No me dejes!

Escucho vagamente sus excusas: no quiere dejarme, pero debe ir por Hethos. No, ¡es mentira! Él solo quiere irse y abandonarme. ¡No! ¡No lo haría!

No otra vez…

  Sisa, solo Hethos puede saber por qué…

Vuelvo a soltar un rotundo NO que me desgarra las cuerdas vocales. Sus brazos me rodean, intentando tranquilizarme. Trato de explicarle que no puede dejarme sola pero no encuentro las palabras: no lo aguantaría, ¡no otra vez! Si me deja moriré de la desesperación. Enloqueceré…

No sé qué sucede conmigo porque rompo a llorar al ver sus ojos: ¿qué pasa?  ¿Por qué siento como si no los hubiera visto desde hace mucho? Me soba la espalda y deposita pequeños besos sobre mi cabeza, pidiéndome…no, rogándome que me tranquilice; que le diga con exactitud qué siento, que precise si me duele algo.

  ¿Qué te hizo? Vamos, Sisa, ¡dímelo!

Pero no sé cómo explicárselo, no sé cómo decírselo. Es complicado, es sumamente complejo, pero no puede culparme. Después de tanto, después de mucho… está aquí, de nuevo, con nosotras.

Conmigo.

¿Nhyna te hizo algo? Sisa, por favor, necesito que me digas exactamente qué sucedió. — Nuevamente el mareo; su voz alterada me llama, las agujas en mi pecho se hacen enormes, dolorosas. El frío y el calor queman, ambos queman, ambos están dispersándose a través de mi piel, de pies a cabeza.

Va a tomarme en brazos para depositarme sobre el lecho nuevamente, así que antes de que lo haga vuelvo a abrazarlo con tanta fuerza que se ve obligado a encogerse para que yo pueda llegar con facilidad hasta su cuello. Insiste con lo de Hethos, pero me aterroriza el solo hecho de pensar que se va.

Ya me dejaste una vez…

No sucederá de nuevo.

No...no te vayas... ¡no te vayas! — Sus dedos secan con delicadeza mis lágrimas y entonces algo extraño sucede dentro de mi cuerpo. Las agujas se esfuman y las suplantan lava hirviendo, recorriéndome por completo. Elevo la mirada y me topo con lo miel…

Hace tanto que no veía sus ojos…

Sisa, ¿qué pasó? — repite. Me pregunta si ya me encuentro mejor, pero no sé qué sucede conmigo, porque solo atino a acercarme más a su cuerpo a pesar de que ahora me mira lleno de incredulidad.

No quiero estar sola. Tengo miedo — confieso en voz baja.

La habitación parece querer volver a girar, el horrible mareo planea regresar.

Nada va a lastimarte, te lo juro. — Cerré los ojos con fuerza porque sentí una tensión inexplicable. Mi cuerpo había reaccionado solo con el sonido de su voz: algo poderoso tiraba de mí.

Aquellas palabras volvieron de golpe a mi cabeza...

»— Dime, ¿nunca se te ha pasado por la mente alguna imagen que los involucre a Forgeso y a ti en una situación semejante?

...solo que esta vez sí les encontré sentido.

Sisa...

Abrí los ojos con violencia ante la sensación poderosa. Era como si acabara de lanzarme en picado y apenas me invadiera la adrenalina. Me di con la sorpresa de que estábamos muy cerca, de que extrañamente la temperatura en la habitación se sentía algo elevada, y de que el solo verlo empezaba a aturdirme los sentidos.

¿Qué te han hecho? — susurró.

No lo sé…

Mi mano derecha se hundió en su cabello, mi pecho se pegó por completo al suyo. Miles de sensaciones se esparcieron por mi cuerpo y me abrumaron, porque nunca había tenido esta necesidad casi insana de besarlo.

Mírame, ojos de sol…

Y mi boca se precipitó sobre la suya.

Si-Sis... — intentó detenerme, pero cuando una de sus manos me oprimió la cintura para alejarme, inconsciente solté un jadeo y sus ojos se encendieron bruscamente. Profundicé el beso casi suplicándole que no me alejara, y al segundo siguiente me encontré atrapada entre su respiración, su cuerpo, y mis ganas de no soltarlo nunca más.

El viento nocturno ingresa por las ventanas abiertas pero lo último que siento es frío. Mis manos se enredan en su cabello, las suyas me estrechan con fuerza contra su cuerpo y una voz lejana parece preguntarme con qué valor me atreví a hacer esto.

Otra, más cercana, sencillamente responde “al diablo”.

Hay algo diferente en todo, y no sé si es por culpa de las palabras de Gabriel que me han hecho pensar en algo que jamás se me había cruzado por la mente: quiero besarlo, tocarlo, y que él haga lo que se le venga en gana con mi cuerpo. Siento que me incendio, que por dentro empiezo a consumirme, y no me importaría quemarme en el mismísimo infierno si es él el que está obligándome a perderme.

Mi espalda chocó contra uno de los muros, tal y como sucedió la vez que Durand me besó; sin embargo, ahora no temía, no tenía deseos de escapar. Había algo mucho más intenso y también muchísimo más peligroso: porque desde un inicio todo lo que quise siempre fue él.

Entonces algo cambia bruscamente, y la sensación de alerta se dispara en toda dirección: los besos, las caricias, todo empezaba a tornarse violento, frenético, casi desesperado. Mis manos se aferran a su camiseta con fuerza; tiro de ella hacia arriba y él no opone resistencia.

La dejo caer y me encuentro con el torso, la boca, los ojos, y pierdo el control de mí misma y me rindo ante las exigencias de mi cuerpo: busco los labios, los pozos repletos de miel, y siento las juguetonas cosquillas que me provoca su cabello cuando se inclina a besar mi cuello.

El sol…cómo me digo a mí misma que por mucho que lo desee, no se puede capturar al sol.

Me aferro a sus hombros con fuerza, casi clavándole las uñas en el proceso. No escucho más que nuestras respiraciones agitadas, hasta que un grito huye de mis labios cuando lo siento elevarme; mi espalda apoyándose sobre alguno de los muros. Mis piernas rodean su cintura, sus brazos me sostienen y algo se siente mágicamente perfecto cuando la distancia entre ambos se hace casi inexistente. Siento su pecho contra el mío, y la visión se me nubla ante el espectáculo: el sol se ha retirado y ha sido opacado por los faros violeta. Y siento el avance, el encuentro entre cuerpos, y estallo, frenética, porque solo observándome está consiguiendo que vuele. Sus labios vuelven mientras me estrecha a cada segundo, y comprendo que algo acababa de desatarse y ni él ni yo somos capaces de detenerlo. Me maravillo al tocar sus hombros desnudos, su pecho, y después cierro los ojos con fuerza cuando su boca baja por mi pecho.

¿Qué esto? ¿Por qué siento que partes de mi cuerpo están palpitando tanto que lastiman?

¿Qué estamos haciendo…? — murmura junto a mi oído y después sus labios retornan a los míos.

No…no lo sé.

No sé qué está sucediendo entre nosotros porque estar así, compartiendo este tipo de contacto, hace que me pregunte qué demonios somos.

Sí, ¿qué somos?

¿Quién es él?

Una de sus manos trepa por mi cadera con suavidad, hasta llegar a la cima y cerrarse en torno a uno de mis pechos. Se me escapó un gemido que no pude contener cuando sus dedos me tocaron…

¿Quién es él?

No…la pregunta es ¿quién soy yo?

 

 

»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«

 

Alen

 

Volvía a casa sabiendo que no habría nadie en ella porque Tarek estaría con Loi por algún lado, cuando de repente sentí la presencia de Sisa muy cerca, y junto a la de ella distinguí la de Nhyna y una más que me resultaba conocida pero no sabía de quién se trataba.

Me transporté con rapidez y llegué para atraparla en medio del desvanecimiento. No sé qué le habrá hecho Nhyna pero cuando la tomé en brazos la sentí temblar desesperada y con una temperatura corporal que asustaba. Estaba completamente helada.

La traje a la tienda de Hethos para que la viera, pero no estaba. Y eso solo acababa de confirmarme que yo no podía estar a solas con ella.

Había algo entre nosotros que se disparaba de manera alocada, y después ninguno tenía fuerzas para dirigirlo de manera adecuada.

¿Qué estoy haciendo? No debería estar besándola como lo hago, ni mucho menos tocarla de esta manera. Su cuerpo se arquea bajo el mío cuando mis labios bajan por su clavícula, rozando parte de su pecho. Ambos estábamos aquí, sobre el piso de madera del segundo piso de la tienda de Hethos, y juro que estoy poniendo todo de mí para volver a tener el control sobre mi cuerpo, pero cada vez que ella me atrae hacia su boca la mente se me pone completamente en blanco.

Nos separamos por unos segundos y me quedé absorto contemplando su rostro: las pupilas dilatadas y los labios enrojecidos. De acuerdo, no me importa nada. Ella, solo ella... ella es el centro de mi universo, ella lo es todo... todo...

Me inclino nuevamente para llegar a sus labios. Capturo una de sus manos y casi de manera inconsciente nuestros dedos se entrelazan con fuerza, hasta el punto de hacernos daño. Trazo un camino pasando por su cuello, su hombro y por la curva que me lleva hasta su pecho. Pierdo el sentido de las cosas al escucharla susurrar mi nombre, en medio del beso que compartimos.

Nuestros dedos aligeran la presión solo para que ella pueda aferrarse a mi cuello con facilidad, y pegue su cuerpo al mío. Estamos cruzando una barrera extremadamente delicada y si no nos detenemos, siento que no habrá vuelta atrás.

Pero no puedo: me pierdo en el sabor de su boca y en la forma de su cuerpo, su cintura, las piernas apenas cubiertas por los shorts color melocotón. Sus ojos me observan y percibo en ellos un brillo diferente, y no sé qué demonios pasa conmigo porque todo mi cuerpo reacciona violentamente ante todo esto. Mi corazón late desbocado, y la respiración se me ha disparado. Los músculos se me tensan, y el particular deseo de arrancar toda la ropa que cubre su piel empieza a desquiciarme.

Me inclino, deslizando una mano por debajo de la camiseta blanca, y la veo arquearse ante el roce.

Alen...

No lo aguanto más y dejo caer mis labios sobre su pecho, por encima de la tela; sus uñas se hunden con fuerza en mi espalda y entonces toda la habitación empieza a girar con descontrol, porque nunca he sentido esto que estoy sintiendo con ella.

Y lo sé, claro que sé lo que es. Es esa sensación poderosa que los humanos llaman deseo.

Siento sus dedos recorrerme las mejillas con suavidad. Oigo su respiración entrecortada, su pecho subiendo y bajando. Observo sus ojos, su cabello avellana.

Hermosa…mortífera…

Quiero besarla, quiero tocarla, pero un nombre me ataca sin piedad, y resuena como campanadas en una iglesia desolada: Albania

¿Qué...?

  ¡NO!

Abro los ojos violentamente, porque en ese preciso momento Sisa suelta un grito lleno de dolor que se multiplica en varios.

  ¡NO! ¡NO!

  ¡Sisa! ¡SISA!

  ¡NO VUELVAS A TOCARLO! — le increpa a la nada, y su cuerpo se retuerce, incómodo.

No lo pienso dos veces y la atraigo hacia mí, esperando calmarla. La temperatura de su cuerpo cae bruscamente y sus gritos se hacen tan desgarradores que no me queda duda de que algo realmente la está lastimando.

  ¡Hethos! ¡HETHOS! — Sisa suelta más gritos, el pecho se me contrae—. ¡SEIR!

  ¿Alen? — Tarek aparece, mirándome lleno de desconcierto. Tomo a Sisa en brazos que se aferra a mi cuello con fuerza, y siento las lágrimas cayendo sobre mi hombro —. ¿Bellota? ¡¿Qué le sucede?! ¡¿Y tú por qué estás sin camiset...?!

  Busca a Hethos, ¡rápido!

  ¿Qué?

  ¡Solo búscalo!

No pasa mucho para que Tarek retorne con Hethos. Se quita los lentes, perturbado:

  ¿Qué le han hecho a esta niña? — Un grito desgarrador llena la habitación; le ruego que la ayude porque no soporto verla en ese estado—. Ambos ¡abajo!, me quedaré con ella.

La deposito con cuidado sobre la cama, pero ella me exige que no la abandone:

  ¡No, no me dejes! ¡No me dejes!

  Tranquila, vas a estar bien...

  Alen — me advierte Hethos con voz tensa. Sisa vuelve a pedirme que no la deje y entonces asiento, dispuesto a quedarme, pero de la nada me toman por el hombro y me lanzan con tanta precisión hacia atrás que no tengo tiempo ni para esquivar el movimiento.

  Hethos, ¡¿qué demonios sucede contigo?! — exclamo enfurecido.

Si no hubiera sido por Tarek que me atrapó, habría terminado impactando contra la pared.

  ¡Dije que "abajo" así que todos ABAJO! — ordenó.

¡No quiero, no puedo dejarla!

  Pero...

  ¡ABAJO, ALEN! — Y en un parpadeo aparecemos en el primer piso. Quiero volver a subir, pero compruebo que Hethos ha activado una barrera: nos ha expulsado de la habitación, así que no habrá manera de que ingrese.

Espero impaciente; Tarek se quita la chaqueta y me la pasa, supongo que para que me cubra porque no tengo nada en la parte de arriba.

  ¿Qué sucedió? — me pregunta con seriedad. Cierro los ojos, frustrado, cuando la oigo soltar otro alarido en el piso de arriba.

Resumo de manera veloz que la encontré junto a Nhyna, que la traje conmigo aquí para que Hethos la viera... y de ahí me quedo en silencio, en un profundo silencio porque no puedo decir más.

¿Qué está sucediendo conmigo? ¿Por qué termino tan confundido siempre que la beso? ¿Y si todo hubiera seguido adelante? ¿Ambos habríamos terminado...?

No... Cielos, ¿qué estoy haciendo?

  Alen, ¿qué sucede? — oigo la voz preocupada de Tarek—. Estás ocultándome algo, ¿verdad?

Opto por quedarme en silencio. Solo se oyen los tic-tac de los relojes y el suave susurro con el que Hethos pronuncia algunos salmos allá arriba. Los minutos pasan, y para cuando lo comprendo, ya estoy sentado junto a ella que reposa en la cama. Su respiración ha vuelto a estar en calma, y ya dejó de gritar.

Acomodo con suavidad un mechón de su cabello mientras algo incómodo me oprime la garganta.

Tarek está sentado en otro taburete, y agradezco que no preguntara nada más porque no tenía ganas de hablar.

  Sí, no me queda duda. — Giramos ante la voz de Hethos. Acaba de volver porque dijo que quería constatar algo—. He tomado algo de su esencia para intentar ver qué sucede con ella y ya tengo una respuesta. Las visiones deben estar agotándola y como dijo Nhyna, debemos tener cuidado porque la mente del ser humano es muy frágil. Oír voces, tener visiones… si habláramos de manera convencional, estaríamos frente a un caso de demencia. Tenemos que ayudarla a separar las visiones de la realidad o podría…bueno, perder la razón.

¿Qué acaba de decir…?

  Ahora, su esencia también ha cambiado; mucho a decir verdad.  Me parece que fue en la Cámara de evocaciones, además de la presencia de Berith y Nhyna que han estado rondándola. Para un humano no es normal tener contacto tan directo con demonios.

Así que era todo eso. No puedo creer que no me haya puesto a pensar en las consecuencias que acarrearía toda la situación por la que ella estaba pasando debido a mí.

Le digo a Hethos que estaré más pendiente de quiénes se acerquen a ella, pero me interrumpe con brusquedad:

  No, Alen, no me estás comprendiendo. Tampoco es común que permanezca cerca de ángeles o calehims. Eres igual de nocivo para ella.

¿Cómo…?

  ¿Eso significa que la presencia de Alen también le afecta? — pregunta Tarek.

Nocivo…para ella.

  No es normal para ningún humano convivir con tantas cosas ajenas a su mundo convencional. Ella ha estado con nosotros desde hace meses. Ustedes, Berith, Nhyna, y lo último: con casi una decena de demonios alrededor, eso sin contar a las tropas.

  Hethos…

  La corrupción de su esencia también es en parte nuestra culpa.

  Entonces… ¿me estás diciendo que…?

  Deberías alejarte un poco. Le pediría lo mismo a Seir, pero como él vive aquí por voluntad propia no resulta tan perjudicial; en cambio tú y yo… No sé, tal vez debamos pedirle que solo venga cuando tenga alguna visión.

  ¡Pero Naina…! — La voz me suena demasiada ansiosa. Siento la mirada de Tarek escudriñarme por completo—. ¡Llevo mucho tiempo al lado de Naina y ella no…!

  Pero Naina no ha pasado por todo lo que esta niña sí. No te digo que te alejes por completo, simplemente te estoy pidiendo que se den algo de espacio.

  Hethos…

  Alen, esto no debería significar problema alguno — repuso con seriedad. Yo mismo sentí el reproche —. Recuerda que estamos aquí por un objetivo en particular. No estás aquí para vivir pendiente de esa niña.

  Ya…ya lo sé…

  Escucha, comprendo que es imposible que no te vincules después de pasar tanto tiempo junto a alguien; pero por favor, mantén un límite. Si realmente quieres encontrar tu nombre, sé prudente. — Asentí, tratando de verme más apaciguado de lo que realmente me sentía—. De un momento a otro esta búsqueda se transformó en una especie de excusa para reunirte con ella. Y sí, estoy seguro de que la niña es una pieza importante; después de todo parece ser tu “verdad”, pero esto no es un juego. Tómatelo en serio, y te lo digo porque de todas las vidas que hemos pasado juntos, es la primera vez que siento que no estás poniendo demasiado empeño.

Me quedé en silencio, sin saber qué decir.

  ¿Eso significa que no podrá estar cerca de Bellota nunca más? — soltó Tarek en voz baja.

¿Qué te pasa, corazón? ¿Por qué estás latiendo con tanta fuerza?

  Simplemente estoy pidiendo que reduzcan las horas que pasan juntos. Mi sugerencia es que solo te llame cuando tenga alguna visión, y acudas estrictamente solo para eso. De esa manera su esencia volverá a ser la misma de antes y tú no tendrás distracciones. Será bueno para ambos.

Asentí levemente.

Oí los pasos de Hethos alejándose. Me quedé en silencio, observándola dormitar apaciblemente.

Quién iba a decir que mi sola presencia podía ser nociva para ella.

Todo porque no soy humano.

¿Qué?

¿Por qué la idea había venido con algo que parecía ser tristeza? No, no soy humano, y tampoco es algo que desearía. No, jamás…

Vi un destello cerca de su cuello: era el dije en forma de pluma que, una vez me contó, le había obsequiado su abuela. No pude evitar pensar que las personas que la estiman siempre intentaban protegerla: su abuelo, su hermano, sus amigos.

Yo también debería hacer lo mismo, después de todo... bueno, somos amigos, ¿verdad?

Bajé la mirada cuando se removió un tanto sobre el lecho. Aún estaba pálida.

  A lo mejor solo está cansada, o Nhyna le lanzó alguna especie de maldición — me comentó Tarek —. No creo que el alejarse sea lo mejor, hermano. Digo...ustedes parecen tan cercanos y que de la nada decidas...

  Hethos tiene razón — lo interrumpí. El ojo no lastimado de Tarek se abrió un tanto, sin creerlo—. Si quiero que esté tranquila debo mantener algo de distancia.

Y no solo por ella, también por mí. Todas las semanas que estuve fuera de la ciudad purificando mi esencia, también me las pasé pensando en ella. Había creado una especie de dependencia porque a veces sentía que necesitaba verla, aunque sea de lejos, para mantenerme tranquilo en todo el día.

Y las veces en las que la había besado…

No. Él tiene razón: me estoy distrayendo, no estoy poniendo el empeño necesario. Y probablemente todo el contacto físico que hemos compartido durante este tiempo y sin prudencia alguna también le ha afectado.

  ¿Alen? ¿Tarek? — oí en bajito, solo para encontrarme con los ojos preciosos abriéndose con pesadez —. ¿Dónde estamos?

  En el segundo piso de la tienda de Hethos, Bellota — respondió Tarek adquiriendo su usual tono relajado. Ella frunció el ceño y se tomó la cabeza con fuerza. Sus ojos se cruzaron con los míos por un segundo, pero se desviaron al instante, cargados de vergüenza

Lo último...está recordando lo último…

Observó a todos lados, y después se reincorporó bruscamente:

  ¡¿Qué hora es?! — exclamó pasmada.

Me alivió el verla con su energía acostumbrada.

  Van a ser apenas las diez — le respondió Tarek.

  ¡¿Las diez?! ¡Madre santa, Gisell va a matarme!

  Tranquila, Bellota — le digo con todo el valor posible para hablarle con normalidad. Ella baja la mirada, incómoda —. Tarek te llevará ahora mismo.

Sus ojos me miran con sorpresa, Tarek también lo hace.

  Vamos juntos, hermano.

  Voy…voy a charlar con Hethos sobre algo importante así que…

  Ay, siento como si me hubiera dado la fiesta de mi vida — comenta ella mientras se pone de pie con ayuda de Tarek—. La cabeza aún me da vueltas.

  Sisa, ¿recuerdas qué pasó? — Un leve rubor se asoma en su rostro ante la pregunta de Tarek. Giro, tratando de enfocarme en cualquier otra cosa—. Alen me comentó que te encontró hablando con Nhyna.

  Tal vez suene raro, pero…ni siquiera recuerdo bien de qué estaba hablando con ella. — Buscó con la mirada sus cosas (que habían terminado regadas por toda la habitación cuando llegamos, y bueno…) y frunció los labios, desconcertada—. Dejé a los chicos en la cafetería, pasé por las cuerdas para mi violín, después ella apareció y en esa parte todo se pone blanco. Después apareció Alen y…y…

Desvió la mirada, sumamente incómoda. Tuve que hacer un enorme esfuerzo para concentrarme en las paredes de la habitación.

Tarek tomó la mochila que reposaba sobre el piso, y me lanzó una última mirada, como para confirmar si yo no iba. Negué discretamente y él soltó un suspiro desganado.

  ¿Hethos sabe por qué me estoy sintiendo algo...extraña?

  Cree que las visiones te están agotando un poco — expliqué rápidamente—. Solo debes descansar, y.… tal vez concentrarte más en...mmm... tu audición para Gaib Art.

  ¿Nos vamos, Bellota?

  Sí, Tarek.

Me observó de reojo así que no me quedó más remedio que darme vuelta:

  Adiós, Sisa — dije escuetamente y me perdí por el umbral, rumbo al primer piso. Llegué al último escalón y dejé de sentir la presencia de ambos.

Mierda.

Me dejé caer sobre el sofá de al lado. No entiendo nada de lo que está sucediendo conmigo, con ella, con ambos. El tipo de relación que estamos creando es un error al completo porque ni siquiera está definida, y lo que es aún peor...

...es casi prohibida.

  ¿Qué estoy...?

  ¿Qué estás haciendo? — Elevé la mirada: Hethos.

Me puse de pie bruscamente cuando lanzó mi camiseta a los pies del sofá con severidad.

  Hethos...

  ¿Crees que no sé lo que está pasando con esa niña, Alen? ¿Placer carnal? ¡¿Es que tan bajo has caíd...?!

  ¡No es eso! — replico con fuerza, avergonzado. Me encojo ante la mirada hosca, repleto de remordimientos, porque por un lado tiene razón: no es justo para mí, porque ese tipo de placer es uno con el que no debería ni soñar. Y tampoco es justo para Sisa, porque involucrarla en algo semejante implicaría el estar tomándola como un simple objeto.

Y ella es demasiado valiosa…su existencia es demasiado hermosa...

No, no es placer carnal, pero... pero no sé cómo definirlo.

Oigo las olas del mar chocando despiadadamente contra las faldas del risco, y comprendo que Hethos me ha traído con él hasta Izhi, que es el lugar en donde solía “reflexionar”. Algo que también no hago hace mucho porque ahora mi mente se encuentra muy pendiente de ella.

  Nunca te he visto más humano, Alen, y es por eso mismo que también veo demasiadas dudas en tu mirada.

¿Qué ha dicho?

Lo miro aterrado. El viento gélido de Izhi me roza el cabello.

  Escucha, yo soy una especie de mentor en la búsqueda de tu nombre; pero si se trata de tomar decisiones, me temo que es una tarea que te concierne solo a ti. Hallar la respuesta para el camino que quieras seguir por lo que te resta de existencia es algo que tú debes aclarar.

De pronto aquella temible sensación llamada "duda" se hizo real. Pensé que eran ideas mías, pero si Hethos también lo había notado el asunto ya era grave.

  En este momento la pregunta que necesita ser respondida no implica solo tu nombre, Alen.

  Hethos…

  La verdadera pregunta es por qué te está afectando tanto todo lo que le pase a esa niña.

Las ramas de los árboles se mueven con violencia. Elevo la mirada solo para encontrarme con un manto negro repleto de estrellas: la luna, mi agujero de escape, no está.

¿Qué está pasando conmigo? ¿Por qué me siento tan decaído? Sisa cumple un rol importante en la búsqueda de mi nombre, sí, pero ¿por qué me cuesta trabajo pensar que debo alejarme de ella? He tenido ocho vidas a modo de práctica para aprender a no vincularme demasiado con los humanos, entonces... ¿por qué resulta tan difícil? Me duele no poder ser tan cercano como quisiera a Marissa y Santiago, pero con ella es diferente. Hasta me atrevería a decir que resulta casi insoportable.

Pero en algún momento voy a dejarla para siempre…

...cuando recuerde mi nombre o sea trasladado a otra vida.

Las olas estallan con fuerza por allá abajo. Siento que la garganta se me cierra, que empiezo a sentir eso llamado "pánico".

No. ¿Qué está sucediendo conmigo? No...¡no...!

Mi principal objetivo es recuperar mi nombre para retornar a mi lugar de origen: ¿de cuándo acá me asalta la horrible idea de no querer moverme de una vida con tanta insistencia?

«Estás dudando»

¡NO!

Hethos me da la espalda y se pierde entre los árboles con lentitud. Veo su largo abrigo ondear con el viento y después corro en sentido contrario, agobiado, rumbo al abismo, tal y como me siento. Me abruma esa especie de placer en la caída, y después el agua me golpea con rudeza. Todo mi cuerpo se hunde en medio de la bruma, en medio de la confusión, de la tristeza…en medio de la vacilación.

El agua me arrastra hacia sus profundidades, y miles de imágenes me atacan sin control. Ojos preciosos, cabello avellana, violines, sonrisas… Y aquel nombre resuena como un trueno en medio del aguacero: Albania, pero bruscamente se transforma en los golpeteos de las gotas de lluvia: Sisa, Sisa, Sisa, dice cada una, y voy alejándome cada vez más de la superficie y misteriosamente no me importa hundirme más; ni siquiera lucho por salir.

A cada segundo hay menos probabilidad de retornar al lugar de donde caí.

De donde caí…

 

¿Ángel o humano?

 

Ángel. Ángel...siempre…ángel.

Un terror horrible se apodera de mi cuerpo. ¿Por qué mi respuesta no suena tan segura como antes?

¿Qué me está sucediendo?


 

ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«

 

 

Sisa

 

  ¡AAAAAAAAAAAHHHH! — Loi y Tomas acaban de dar el concierto de chillidos número veinte (si no me equivoco) y la gente que está alrededor los ha vuelto a tomar por cabecillas y acompañan la sinfonía de gritos con más gritos. Etel me mira, divertida, y dice que no tenemos la culpa de tener amigos tan extraños.

Son las diez y algo de la noche, y detrás de la hilera horizontal en la que estamos, por lo menos debe haber algo de diez mil personas. Joan me llamó hace una hora para decirme que ya había salido de su examen, y que ahora se iría a llorar a los brazos de Cloe porque ni teniendo una alfombra mágica llegaría a Lirau para el concierto.

Tarek debe estar con Alen en la tienda de Hethos. Hoy, por primera vez, iban a intentar llevar a cabo una sesión de Li-kay en un calehim. Esto estaba planeado hace mucho; Tarek nos lo comentó cuando Loi le preguntó si vendría con nosotros al concierto. Dijo que no podría porque justamente habían escogido este día para llevarlo a cabo.

»— Va a haber un montón de personas en el concierto de ese DJ — nos explicó sonriente—. Es en este tipo de eventos masivos que fuertes cantidades de ángeles se reúnen para alimentarse. Hethos va a aprovechar la enorme cantidad de energía concentrada para entrar en la mente de Alen con mayor facilidad.

Hubiera querido que el mismo Alen me lo contara, pero últimamente solía verlo poco. Intentaba preguntarle qué estaba haciendo, pero siempre se despedía con una sonrisa y de manera rápida, después de verificar que estuviera bien.

»— Tienes que practicar para la prueba de enero, no quiero distraerte — llegó a responderme una vez.

Creo que todo se debe a la escena que tuvimos en la tienda de Hethos.

Y hablando de eso, la verdad es que lo que sucedió me tiene sumamente desconcertada porque...bueno...recuerdo con exactitud cada parte de aquello, pero no comprendo bien el momento en el que nos detuvimos.

Sentí que me dolía mucho el pecho, que esa horrible voz que escuchaba empezó a gritar llena de furia, y después ya no recuerdo nada. Y la verdad sería de mucha ayuda el conversar con alguien acerca de esto, pero el único que estuvo presente fue Alen, y el rostro se me encendía tan solo al recordar todo lo que pasó entre ambos, así que ni para intentar preguntar nada.

Era la primera vez que sentía algo así de dominante. Es decir, siempre que lo besaba algo estallaba frenético dentro de mí, pero esta vez las cosas habían pasado a otro nivel. Mi propio cuerpo parecía pedirme algo que no me atrevía a poner en palabras porque me ruborizaba de solo pensarlo.

Lo bueno de todo este tiempo es que el fuerte dolor de cabeza que me atacó aquella vez no ha vuelto a repetirse. Y las visiones con respecto a Albania también se han detenido.

Lo malo es que Alen parece estar tan ocupado que ya no puedo verlo tan seguido.

  ¡MIERDA, YA SALE! ¡SE ENCENDIÓ UNA LUZ!

  ¡WAAAAAAAAAAAAAA!

Miles de gritos retumbaron con fuerza en el inmenso campo deportivo en el que se llevaría a cabo el concierto. La gente empezó a gritar “¡JOBEY, JOBEY!” entre palmadas coordinadas; yo misma sentí una subida de adrenalina increíble cuando las luces del escenario se encendieron: estaba dividido en tres paneles inmensos. Las luces de colores en las pantallas de los costados formaban figuras ondulantes: eran plumas, plumas brillantes y de diversos colores.

En el panel de en medio apareció el rostro de un chico con cabello azul y una flor cubriendo sus labios. La parte izquierda era de color ámbar y la derecha de color violeta. Era la misma foto de la portada del álbum, solo que en esta aparecía con los ojos cerrados.

Una voz majestuosa llenó todo, como la de los típicos narradores de cuento, con el sonido de un piano suave de fondo:

  Un hombre apareció en una tierra desconocida, lejos de los suyos, lejos de todo lo que consideraba familiar.

  ¡MIERDA! ¡YA EMPEZÓ! ¡YA EMPEZÓ! — exclamó Tomas eufórico.

  ¡JOBEEEEEEEEEEY! — alguien gritó, desfalleciendo por allá atrás.

  Condenado a vagar por el mundo: el “silencio” fue su falta, y su sentencia el “observar”.

  ¡LOI, TE AMO! — gritó Etel abrazándola con fuerza.

La emoción que asaltó a todo el estadio se sentía a un nivel increíble.

A lo mejor en este momento Alen ya estaba entrando en su propia mente.

  Esta noche el mundo será testigo de la mejor experiencia……

Las luces del escenario empezaron a destellar. La gente gritaba con más fuerza; elevé la mirada por un segundo: el cielo abierto estaba más estrellado que nunca.

Me pregunto cuántos ángeles estarán rondando por aquí.

  …jamás contada por un mitad humano.

Algo muy extraño sucedió cuando escuché la última parte. El corazón se me aceleró, la imagen de JOBEY abrió los ojos, y dos piedras, verde fulgurante, destellaron con fuerza.

  ¡LIRAU, AQUÍ ME TIENEN!

  ¡WAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!

La euforia que se desató fue atroz. El tablero de mezclas resonó con potencia, las luces se dispararon en toda dirección, y la gente enloqueció cuando en las pantallas salió el famoso JOBEY dando inicio al concierto con una de las canciones más intensas del disco.

 

 

»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«

 

Alen

 

  ¡Listo! El cielo está despejado y ya estoy sintiendo las grandes cantidades de energía en la ciudad — indica Hethos—. El concierto ese ya debe haber iniciado

Apaga las luces de la trastienda y deja encendida solo la suave luz de una lámpara de aceite.

  Vaya, el tal JOBEY debe de ser muy bueno — me comenta Tarek sorprendido —. ¿Lo sientes?

Sí, claro que lo sentía. Era tanta que abrumaba.

De por sí muchas personas reunidas compartiendo emociones ya era una fuente de energía inmensa, pero la que se sentía alrededor de todo Lirau era algo impresionante.

Casi hasta me atrevería a asegurar que el famoso JOBEY no es un humano convencional, como para provocar tanta emoción palpable.

  Alen, no perdamos tiempo. Vamos a hacerlo.

  Sí.

Me recuesto sobre el sofá como Hethos me pide. Se me frunce el ceño ante el reloj de bolsillo que deja colgando frente a mis ojos.

  Hermano, a veces me da la impresión de que estás algo mal de la cabeza. ¡No he visto a nadie odiar tanto un simple objeto como tú! — me dijo Tarek divertido.

  No sé, no los soporto. — Hethos reclama mi atención—. Sí, sí.

  Bien, escúchame, Alen; quiero que observes el movimiento de este reloj, ¿de acuerdo? Siente el bamboleo, el ritmo al que se mueve y acóplalo a los latidos de tu corazón.

Sigo de manera aburrida el movimiento pendular. Oigo las indicaciones de Hethos y después veo el rostro de Tarek que mueve los labios, pero no emite sonido alguno.

  ¿Qué dices? — le pregunto. Voltea a ver a Hethos que también mueve los labios, pero no escucho nada —. ¡Tarek! — grito pero me observa con curiosidad y se sienta sobre el mueble de en frente, sin responder.

Intento ponerme de pie para pedir que hagamos todo otra vez porque no está funcionando, pero no logro conseguirlo. Bajo la mirada y entonces…

  ¿Pero qué…? — Mis piernas se están desvaneciendo a velocidad. Pongo las manos sobre mi abdomen para detener el avance, pero ellas también empiezan a desvanecerse—. ¡Hethos! — le grito, pero la habitación se hace aún más oscura—. ¡HETHOS!

Veo mi cuerpo desaparecer, pero al instante reaparezco en una habitación completamente iluminada. Solo hay una puerta en frente, todo lo demás es de color blanco. Avanzo sin comprender si ya estoy bajo el Li-kay o si algo ha salido mal; y tomo la manija para cruzar.

Me encuentro en medio de un bosque iluminado por el sol. Las hojas de los árboles son de un verde intenso; percibo el olor a tierra húmeda, el crujir de las ramas. Todo parece tan familiar, pero a la vez no sé en dónde estoy.

Avanzo con cuidado y percibo el murmullo de las olas. Volteo, pensando encontrar el mar, pero ya no estoy en aquel bosque. Ahora me encuentro en un jardín inmenso: hay una fuente enorme que tiene en medio la estatua blanca de una mujer que derrama agua de un cántaro que lleva en brazos. Observo en todas las direcciones, preguntándome en dónde demonios estoy, cuando veo al frente y me encuentro con una enorme mansión de estilo clásico.

¿Qué es esto?

Avanzo por el sendero que me lleva hasta las escalinatas de piedra que conducen hasta la puerta principal. De repente el sol ya no brilla, una luz gris envuelve todo; veo al cielo y me encuentro con densas nubes anunciando una próxima tormenta.

» ¡Niña Albania! ¡¿A dónde va?! Giro bruscamente para ver pasar junto a mí a una chica que se va como el viento. No logro ver el rostro de la mujer que la ha llamado.

Albania corre, su cabello marrón se pierde entre los árboles, y entonces sin pensarlo voy en pos de ella.

» ¡No, no! ¡No puedes haber muerto!  — escucho que repite a pesar de que voy detrás de ella—. ¡Cielos, es mi castigo! ¡Es mi castigo por haber codiciado algo que no era mío!

  ¡ALBANIA! — grito pero ella se aleja con más rapidez.

No, miento: soy yo el que está yendo más lento.

Mis piernas han terminado hundidas en fango y cada vez se hacen más pesadas.

  ¡ALBANIA! ¡ALBANIA! — insisto, pero no puede escucharme.

» Te dije que solo iba a lastimarte. Te dije que estaba prohibido, y mira cómo hemos terminado…— distingo una voz grave y sé que lo conozco, ¡claro que lo conozco! ¡Pero no recuerdo el nombre!

    ¡¿Quién eres?! — demando, pero no obtengo respuesta.

Logro escapar del fango y me arrastro como puedo lejos de él. Me pongo de pie y entonces la lluvia me empapa con fuerza. Los truenos estallan furiosos; las hojas de los árboles lloran…

…y siento un profundo dolor en el pecho.

Veo a lo lejos la inmensidad del cielo, me parece que es el mar lo que me esperaba en frente. Pero doy un paso y automáticamente el bosque se transforma en una habitación amoblada. Mi ropa está seca y hay un olor dulzón en el ambiente.

Chocolate…chocolate caliente…

» ¿Qué es él para ti, Albania? — Volteo cuando veo una figura moverse con suavidad.

Me froto los ojos porque no logro ver bien.

» ¿Él? Él es la felicidad. Puede llenar toda una habitación de completa vitalidad con su sola presencia, o sumirla en un completo caos si se encuentra ausente. Es ella, ¡la que habla es Albania!

Ahí está ella y yo aún sin poder distinguirla.

» ¿Y yo? ¿Y yo qué soy?

» Tú eres la vida. Tú eres el aire que necesito para vivir.

» No puedes tenernos a ambos.

» ¿Quién lo dice?

» Lo digo yo, porque lo tuyo no es amor ¡es egoísmo!

» ¿Egoísmo? ¿Egoísmo es pedir la felicidad y el aire para vivir? 

» ¿Y eso qué significa?

» Que él es mi felicidad, pero tú el aire que respiro…

Una luz invade todo y me enceguece. Me cubro los ojos con las manos y cuando siento que ya no serán lastimados los abro para comprobar que estoy en otra habitación; es una más grande. La lluvia golpea con fuerza las puertas de cristal que conducen al balcón.

Oigo la puerta principal abrirse y después cerrarse con brusquedad.

» ¡No vas a dejarme…! No vas a dejarme porque soy lo que más amas en la vida.

» ¡Si sabes eso, ¿entonces por qué vas a casarte?!

» ¡Porque lo amo!

» ¡¿Y a mí?!

» ¡A ti te amo más! Pero a él también lo amo. ¿Qué es una boda sino un mero ritual de compromiso entre humanos? Lo que tú y yo tenemos va más allá de todo lo terrenal. Lo que ambos sentimos está en otra escala, en otro nivel. Él y yo compartiremos una vida humana… pero tú y yo estamos tan conectados que lo demás resulta superficial y hasta carente de sentido. Soy humana, y mi felicidad humana solo la alcanzaré con él.

» ¡Estás loca! ¡¿Dices amarme, pero también amarlo a él?! ¿Que tu felicidad "humana" solo la alcanzarás con él? ¡¿Y yo?! ¡¿Yo qué demonios soy?! ¡¿Un juguete?! ¡¿Un maldito juguete que tomabas cuando se te daba la gana?! ¡Eres egoísta, vanidosa, obstinada, como todos solían repetir! ¡El único cegado era yo, que no veía más allá! ¡Que no reconocía tu verdadera naturaleza!

¿Qué? Es mi voz…. Soy yo gritando, lleno de ira, de rabia, de frustración. Y sé perfectamente lo que sentí en ese momento, ¡claro que lo sé! ¡Lo recuerdo, por fin lo recuerdo!

Y me duele en el alma hacerlo, porque la chica que tanto amaba…

…me pedía aceptar verla con otro.

» ¡No digas eso! ¡No es cierto! ¡Te amo! ¡Te amo y lo sabes!

» ¡Mentira! Tú no sabes lo que es amar, y tal vez yo tampoco llegué a aprenderlo porque me lo enseñaste tú. Ya no te amo. ¡Ya no te amo! Parpadeo consternado porque por fin puedo distinguirme. Traigo miles de hilos alrededor de la vestimenta que cubre mi cuerpo (son las ropas que suelen usar los Custodios), y una expresión en el rostro que denota dolor.

» ¡No te atrevas a decir eso! ¡No vuelvas a decir eso!

» ¡Ya no te amo, Albania Formerio! ¡Ya no te amo! ¡Cásate con él, o con otro o con todo el mundo si deseas! ¡No me interesa! No volverás a verme, no volveré a materializarme; Nanael tuvo razón desde un principio: no debí sucumbir a tus caprichos, no debí dejarme llevar. Pude ponerle un pare a todo esto, pero ya era demasiado tarde.

» ¡No vuelvas a decir eso! ¡No reniegues de tu amor por mí!

» ¡Reniego! ¡Claro que reniego! ¡Y maldito sea el día en el que empecé a sentir lo que siento por ti! Mi yo desaparece de la escena en un parpadeo. Albania grita desesperada, llamándome por un nombre que no puedo distinguir en medio de un sonido brumoso y su rostro imposible de reconocer.

Pero en realidad nunca me fui. Simplemente me quedé ahí, ocultando mi presencia de sus ojos. Siento tanta pena por mí mismo porque sé que aunque quise despegarme de ella no pude conseguirlo.

Ella ya formaba parte de mí, era como llevarla tatuada en el cuerpo.

» ¿Dónde estás? ¿Vas a dejarme? ¿En serio vas a hacerlo? ¡Prometiste que siempre estarías conmigo!

» ¿Qué haces? — Vuelvo la mirada y compruebo que Albania sostiene un abrecartas con tanta fuerza que, parece, va a partirse en dos. Ambos la observamos con temor… mi yo actual, y el yo de mi existencia original.

Él murmura que se detenga mientras ella sigue gritando desesperada.

» ¿Dónde estás? ¡¿En dónde estás?!

» Albania, no… Ella exige verme; mi yo original sigue sus movimientos con pánico. Observando cómo el abrecartas brilla bajo la luz de la habitación—. Albania, suelta eso susurra.

» ¡¿Entonces es en serio?! ¿Simplemente vas a dejarme? ¿Te he lastimado porque quiero ser feliz y ahora me lastimas dejándome sola?

Eleva el abrecartas y entonces…

» ¡ALBANIA, NO! gritamos ambos cuando la punta pasa con fuerza por la pálida muñeca y entonces él, mi yo de aquella época, aparece velozmente y le quita el objeto, iracundo.

Abro los ojos, completamente aturdido, porque lo que veo no pude ser verdad: ahí estoy, tomándola por la cintura, aferrándome a su cuerpo como si viviera solo por ella, y después la beso en los cabellos, en el cuello, el pecho.

Su sangre mancha mis manos, mis labios también porque besé su muñeca herida. Su vestido blanco está completamente teñido de rojo.

» Mira lo que has hecho me dice ella llorando desconsolada —. Lastimándome de esta manera, cuando juraste protegerme.

» Estás loca, ¡cómo se te ocurre hacer algo semejante! Una de mis manos se cierra entorno a su muñeca y resplandor violeta destella. Estoy curando el corte.

» Sin ti ya no quiero vivir. ¡Mátame ahora mismo si quieres dejarme!

» Deja de decir tonterías.

» ¡Mátame! ¡Mátame o yo misma lo haré si vuelves a amenazar con irte de mi lado! ¡Mátame!

» ¡Me quedaré! ¡Me quedaré por todos los cielos, pero no vuelvas a hacer algo parecido!

  No… — Los ojos se me abren desmesuradamente, cuando me veo a mí mismo caer en los brazos de esta chica que dice amarme, pero en realidad no lo hace. Su amor es egoísta, su amor es posesivo, y estúpidamente yo caigo. Me veo besándola con fuerza, grabando cada detalle de su cuerpo mientras mis dedos se encargan de desnudarla, y entonces retrocedo, consternado, aturdido, con el corazón latiéndome frenéticamente, porque nada de esto tiene sentido. Mi naturaleza de ángel me impedía enamorarme de un humano, y ella era humana. ¡Humana!

Y era la peor.

  ¡HETHOS, SE AHOGA! ¡SE AHOGA!

  ¡Ah! — Abro los ojos bruscamente; Tarek me tiene sujeto por las muñecas.

  ¿Hermano?

Oigo los llamados de Hethos y de Tarek, pero me deshago del agarre con violencia, completamente perturbado por lo que acabo de ver.

  ¡Alen! ¡Alen!

Choco contra algo, no sé qué, solo oigo el estrepitoso sonido de cosas impactando contra el piso y haciéndose añicos. Giro, intentando ubicarme, pero solo siento deseos de arrancarme los ojos, la boca, todo, ¡todo!

  ¡Hethos, está como loco! ¡ALEN, REACCIONA!

»…él es mi felicidad, pero tú el aire que respiro…

Ya no. Déjame ir, Albania. Déjame ir, por favor. No te pertenezco.

No sigas haciéndome daño.

  ¡Alen, ¿qué haces?!

  ¡DETÉNLO! ¡ESTÁ ALTERADO!

Cierro los ojos con fuerza y me retuerzo en medio de los brazos que me sujetan.

  ¡ALEN!

Solo…quiero estar solo, solo… ¡SOLO! ¡LEJOS DE TODO, DE TODOS!

  ¡ALEN, NO!

  ¡Nec mátia nec sensus! — murmuro tomando el primer salmo que se me cruza por la mente, y al segundo Hethos y Tarek desaparecen velozmente. Me refugio en esta barrera que me aísla de los demás, y siento cómo poco a poco la decepción va recorriéndome por completo.

Floto dentro de la burbuja que conseguí invocar, viendo Izhi desde arriba, y con un dolor intenso que me derrumba por completo.

Castigado por amar a una humana

Por amar a una humana que verdaderamente nunca me amó.


 

»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«

 

Sisa

 

  ¡Mátenme si quieren! ¡Puedo morir en paz! — gritó Tomas que estaba cayéndose de costado; me parece que debido al trago (de no sé qué licor) que uno de los colaboradores le dio. Varios pasaban con botellas en mano para dárselas de beber directamente del pico a todos los de la primera fila.

Ahora estábamos esperando que la gente avanzara para poder salir, porque cuando Iago dijo “adelante”, realmente hablaba de sitios casi pegados al escenario.

Algunas personas que ya iban saliendo empezaron a corear una de las canciones de JOBEY y la gente, a medida que avanzada, iba uniéndose al coro.

Loi empezó a aplaudir y a bailar junto a nosotros:

  ¡Nadie me va a decir que la ha pasado mal porque sería MEN-TI-RA! ¡Cielos! ¡Amo la música de este hombre! ¡Tarek debería haber estado aquí, ese pequeño idiota!

  ¡Gracias, Loi! ¡Nunca olvidaré este concierto por lo que me resta de vida! — exclamó Etel eufórica.

Loi tiene razón: estoy empapada de pies a cabeza por los chorros de agua que lanzaron desde el escenario, y si pudiera ver mi rostro creo que comprobaría que traigo una tremenda sonrisa.

Espero que a Alen le haya ido tan bien como a nosotros. Le pedí a Tarek que me llamara si pasaba algo, y mi celular no tenía ni una llamada perdida hasta ahora.

Ya quedaba menos gente, así que pudimos avanzar con mayor facilidad. Loi traía a Tomas por el brazo ya que por poco y se estrella contra el piso. Íbamos a cruzar las pequeñas rejas que separaban nuestra zona de las demás, cuando sentí que me tomaron por la muñeca.

  ¿Mmm?

  Hola, disculpen que los aborde así, de la nada. — Los cuatro miramos con curiosidad a la chica de enormes ojos marrones. Traía una gorra negra y las puntas del cabello de color naranja intenso por la derecha y rosado por la izquierda.

Junto a su mejilla derecha, algo parecido a un micro portátil se distinguía.

  Un amigo mío quiere hablar con ustedes, así que venía a preguntarles si podían darme unos minutos de su tiempo.

  ¿Cómo? — Volteé a ver a Loi, desconcertada, pero de repente su rostro adoptó un gesto de conmoción.

La chica acababa de elevar la tarjeta de identificación que traía colgando del cuello: Staff

  ¡No, no me digas…! — La chica asintió y Loi empezó a gritar emocionada. Tomas se demoró un par de segundos más para comprender que la chica venía de parte de JOBEY.

La borrachera se le pasó como por arte de magia.

  ¡¿Qué?! ¡No! ¡Loi! ¿QUÉ ES ESTO…?

  ¡NO LO SÉ! ¡NO LO SÉ! — le respondió ella, igual de alterada.

Caminamos siguiendo a la chica que volteaba de cada tanto en tanto mientras nos sonreía, y finalmente llegamos a la parte posterior del escenario. Nos llevó hasta la parte subterránea del campo de fútbol, e ingresamos por un pasillo.

Nos indicó una puerta que decía “camerinos”, y dijo que podíamos pasar. Nos miramos, esperando que alguno se animara a dar el primer paso; pero cuando la puerta se abrió y el chico de la pantalla, JOBEY, apareció sonriente y pidió que pasáramos, prácticamente los tres se lanzaron a la habitación.

Solté una leve risita y cuando estaba por avanzar detrás de ellos, la chica de antes me tomó por el brazo y me pidió que esperara.

  ¿Eh? — No comprendí.

Y los chicos estaban tan emocionados que ni se percataron de que me quede afuera, porque la puerta se cerró y ninguno dijo nada.

  Él quiere hablar contigo a solas — añadió la chica y volví a perderme.

  ¿Él? ¿Quién?

  Samin. — Me tomó por la mano, pero me solté de manera veloz.

  ¿Quién…? ¿Quién eres? ¿Y por qué querría hablar conmigo? — pregunté llena desconfianza.

Desde lo de Gabriel y Durand iba a tomarme con más recelo cualquier asunto extraño.

  Porque eres importante, Sisa — dijeron y me sobresalté ante la voz suave.

Giré y me encontré con el mismo chico que había visto dentro de la habitación. ¿Qué hacía viniendo por el pasillo si yo había visto que estaba en su camerino? ¿Y cómo sabía mi nombre?

  ¿Qué…? ¿Qué está pasando? — balbuceé—. Mis…mis amigos…

Llegó a estar en frente de mí: su cabello azul contrastaba con lo pálido de su rostro, sus ojos verdes me observaban con interés, y los piercings de su ceja y su labio destellaban por las luces que iluminaban el pasillo.

  Tus amigos están charlando con JOBEY — me dijo con una sonrisa—. Yo, por mi parte, prefiero que charles con Samin.

  ¿Qué?

  Tengo la capacidad de estar en más de un lugar al mismo tiempo, así que no hay problema. Ven, acompáñame, hay otro camerino para que charlemos a gusto.

  ¿Pero qué…? No, no entiendo na-nada.

Por un momento pensé en llamar a Alen, pero…

  No vendrá, está ocupado viendo recuerdos mediante el Li-kay. Me quedé de una pieza —. No, no leo pensamientos, pero puedo percibir emociones, y sé que en este momento estás muy asustada y solo confías en él.

Percibe emociones…

  No entiendo nada, ¿quién eres?

  Samin, la estás asustando — le dijo la chica de antes.

  Sí, tienes razón, Amber. Lo mejor será presentarme antes. — Me ofreció la mano; distinguí en su brazo varios tatuajes—. Mucho gusto, Sisa, mi nombre es Samin Nerses.

Lo miré aturdida porque eso no me decía nada.

Entonces cerró los ojos, y al abrirlos lo verde se había disipado.

  Y también soy un calehim.

Ahora los teñía un violeta eléctrico.



»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«

📖➡️SIGUIENTE NOCHE
O adquiere el libro completo.


fransuh firma

¿UNA CERVEZA?🍺
Si te  gustó el contenido
siempre puedes invitarme una cerveza aquí💜
donaciones-fransuh


Comentarios

Entradas Populares