Noches de insomnio | Capítulo 17: Noche XVII
Capítulo 17 | NOCHE XVII
Sisa
Introduje la llave en el picaporte después de que Loi y Etel se
despidieran de mí desde el auto de Iago, y la giré con toda la suavidad del
mundo para evitar despertar a Gisell, y obligarla a preguntarme algo con
respecto a la supuesta "fiesta" de Etel por su cumpleaños.
La fecha real caía en febrero, pero esa
había sido la única excusa que pude encontrar para salir de casa y no tener que
mencionar el concierto. Tener a Corín por los próximos cinco meses (mínimo) con
el ceño fruncido y reprochándome el haber acudido a un concierto al que ella no
había ido era demasiado estrés para mi cuerpo.
— ¡Shhh, Petardo! — murmuré
cuando lo oí ladrar desde el patio trasero. Me quité las zapatillas y subí
descalza hasta mi habitación.
Cerré la puerta y me apoyé sobre ella
sin fuerzas.
Es en este tipo de momentos en los que
siento que hay alguien por allá arriba que se divierte de lo lindo metiéndome
en cosas que cada vez entiendo menos. Pensé que ya estaba preparada para todo
después de comprender la situación de Alen como mitad ángel mitad humano en la
tierra, pero jamás se me pasó por la cabeza que ese famoso DJ del que todos
hablaban y que ahora se encontraba en la cima musical fuese un calehim.
Y que acabara de tener una charla
sumamente desconcertante conmigo.
»— Marion, chicos... cálmen...
»— ¡WAAAAAAA! — Loi, Etel y Tomas iban
en el asiento posterior del auto gritando como posesos.
Iago me lanzó una mirada curiosa y
después rompió a reír:
»— Del grupo eres la más tranquila,
¿verdad, Sisa?
»— ¿Eh? Bu-bueno, tal vez. — Me encogí
en el asiento y traté de despejar la mente porque aún seguía algo enajenada.
Pensé que alguno de los tres me preguntaría por qué yo no estuve presente en la
charla que tuvieron con JOBEY, pero después de oírlos hablar emocionados me di
cuenta de que para ellos yo sí había estado presente, y hasta había hecho
preguntas muy interesantes con respecto a su carrera musical. Ahí comprendí que,
así como Samin había podido estar presente tanto con ellos como conmigo, en
habitaciones separadas, a lo mejor había hecho algo para que no se notara mi
ausencia.
»— ¿Un...? ¿Un calehim?
No recuerdo haber estado más
sorprendida que en ese momento; después de descubrir lo de Alen, por supuesto.
JOBEY...no, Samin Nerses me sonrió y me indicó con amabilidad que lo siguiera
hasta otro de los camerinos. Intenté reaccionar en el camino, pero me desconcertaba
aún más verlo avanzando con pasos solemnes, y a todo el equipo de producción
pasándolo por alto al completo. Es más, cuando le preguntaban a la chica de
mechones rosados y anaranjados sobre él, ella respondía que se encontraba
reunido con cuatro chicos del público que parecían ser asiduos seguidores.
Samin, sus ojos verdes, cabello azul
eléctrico, tatuajes y piercings pasaba en frente de ellos, casi rozándolos, y aun
así todos se creían lo de que estaba en su camerino charlando con algunos fans.
No podían verlo. Ni a él, ni a mí.
»— Listo, aquí nadie nos molestará. — Ingresamos
a una pequeña habitación sencilla que contenía una mesa, dos sillas y un largo
sofá. Me sobresalté cuando sus ojos me escudriñaron muy de cerca al sentarnos
uno frente al otro—. Y como he sido yo el que ha irrumpido de manera brusca,
voy a dejar que inicies con las preguntas.
»— ¿Qui-quién eres? ¿Y por qué sabes mi
nombre y conoces a...a Alen? — intenté decir, pero la voz me salió tan aguda
que ni yo misma me escuché claramente.
Él sonrió nuevamente y puso una mano
sobre mi cabeza.
»— Ok, vamos a despejar esa cabecita
para que podamos entendernos de manera adecuada. — Sentí que algo cálido se
dispersó por mi cuerpo, como si vertieran agua tibia sobre mí, y el horrible
nudo que se alojaba en mi garganta se destensó. La sensación de temor se perdió
en alguna parte.
Había hecho lo mismo que Alen hizo cuando
lo vi caer en Izhi.
»— ¿Mejor?
Lo contemplé, cada vez más confundida,
y comprobé algo peculiar al observarlo fijamente: el matiz ingenuo que los ojos
de Alen poseían no era compartido por los ojos verdes. En un momento pensé que
la mirada de niño probablemente era un sello característico de los calehims, pero ahora compruebo que en
realidad no era así. Este chico, Samin Nerses, tenía un matiz algo diferente.
Sus ojos se veían muy seguros, muy firmes; pero a la vez transmitían una
especie de tristeza compungida, una aún más profunda que la que había notado en
los ojos de Alen.
Y me miraba...
Tal vez suene raro, pero sentía que me
miraba como si fuese algo muy importante para él.
»— Creo saber lo que estás pensando:
Alen y yo somos muy parecidos, dada nuestra condición como calehims, pero a la vez nos percibimos completamente diferentes. —
Me sorprendió muchísimo su facilidad para explicar mis silencios —. ¿Sabes?
Estamos conectados por un hilo que nos corresponde a ambos. Él y yo somos
"únicos" entre los nuestros. Uno era la severidad y el otro… — Sus
labios se cerraron violentamente, como si no tuviera control sobre ellos, y
después murmuró con el ceño fruncido—: Maldita sea, no puedo ni decir eso.
»— ¿Qu-qué? — balbuceé sin comprender
lo último.
»— ¡Mierda, estúpido Lion131290! ¡Acaba
de ganarme otra vez! — exclamó la chica anterior que se había instalado
cómodamente sobre el sofá y jugaba con una tablet. Se puso de pie y suspiró—:
Bueno, supongo que puedo ayudar con la descripción gráfica en lo que el idiota
ese va quitándole más puntos a los otros jugadores. No convendría que te dé
algún ataque de silencio en este momento, Samin, así que puedo ofrecerme de
carnada.
¿Ataque de silencio?
»— ¿Quieres hacerlo? — se cercioró.
Ella asintió y su melena rosa y anaranjada se bamboleó con gracia ante el
movimiento—. De acuerdo, si así lo quieres…
La chica apoyó las manos sobre mis hombros.
La miré, algo insegura.
»— Hola, Sisa, puedes llamarme Amber — me
anunció con una sonrisa que noté genuina—. Y voy a decirte lo que Samin
probablemente quiere gritarte, pero no puede. Así que escucha atentamente mis
palabras.
»— ¿No-no puede? — repetí. Los ojos
marrones me miraron con afecto:
»— Voy a narrarte la historia de un calehim que prácticamente ha vivido
muriendo por encontrarte. Que ha contado las vidas que lleva en este mundo
esperando llegar a la décimo sexta, porque sabía que en esta te encontraría a
ti y al famoso Alen Forgeso.
¿Qué…? ¿Dieciséis
vidas?
»— Que se ha autoimpuesto como misión
estar a tu lado, que su situación actual se debe a que en su existencia
original se saltó por completo las normas, igual que sucedió con Alen Forgeso,
y que ahora está aquí porque es parte de su sentencia. — La sonrisa se le
acentuó—. Y tú, Sisa Daquel, eres importante en todo esto porque fuiste el
punto central de...
Contuve la respiración cuando de la
nada se quedó en silencio; y después los ojos se le pusieron completamente
blancos.
»— ¡No!
Solté un grito cuando el cuerpo de
Amber se desvaneció sin fuerzas, como una muñeca de trapo, y reaccioné tan
lentamente que solo alcancé a ponerme de pie, completamente espantada.
Samin la atrapó antes de que se diera
un buen golpe contra el piso alfombrado, y la depositó sobre el sofá con
muchísima delicadeza.
»— ¿Qué…? ¿Qué le pasó? — pregunté
pasmada. Él negó con la cabeza y después pegó su frente a la de ella mientras
murmuraba algo incomprensible.
No pasaron más de diez minutos para que
Amber abriera los ojos con pesadez.
»— Gracias por la "descripción
gráfica" — le dijo él con amabilidad.
Ella sonrió y después rodó los ojos:
»—Los tuyos son una patada en el culo,
definitivamente.
»— ¿Qué...? ¿Qué pasó? — pregunté sin
comprender absolutamente nada.
La chica se reincorporó solo para tomar
nuevamente la tablet y recostarse a seguir jugando.
»— Siempre que intento explicar a
profundidad mi situación o lo hace Amber, que también está enterada de algunas
cosas, algo lo impide. Y cuando digo "algo" hablo de mi sentencia.
»— ¿Tu sentencia? — Recordé bruscamente
la narración al inicio del concierto—. ¿Hablas de lo del "silencio" y
el "observar"?
»— ¡Vaya, lo recuerda! — comentó Amber desde
el sofá.
»— Así es. — Samin volvió a sentarse en
frente de mí. Sus ojos verdes me llenaron de algo que no sabía explicar: era
como si ya nos hubiéramos visto antes —. Así como Alen está sentenciado a
buscar las letras de su nombre y pasar por vidas sin crear ningún tipo de
vínculo profundo con su familia de acogida; yo estoy sentenciado a
"observar”. A ser un testigo que sabe con exactitud los motivos
principales de nuestra estadía en el Mundo terrenal, ciertos sucesos que
ocurrirán más adelante, pero condenado a no poder hablar.
»— ¿Por...? ¿Por qué?
»— Algunos creen que cuando tuve la
oportunidad de expresar mi opinión, no lo hice; así que ante mi “silencio” mi
castigo es no poder compartir la información que ahora poseo.
»— ¿Y por qué ella sí está enterada al
respecto? Digo, si tienes prohibido hablar cómo es posible que ell... ¡Amber! —
me apresuré a decir cuando me pidió sonriente que la llamara por su nombre—,
esté al tanto.
»— Amber conoce cierta parte de mi
situación...
»—...porque nos conocemos desde hace
mucho— añadió ella con amabilidad—. Samin no me contó nada porque yo fui
testigo en persona de lo que sucedió en su existencia original. Conozco de
primera fuente el motivo de su castigo. O bueno, lo que recuerdo porque me han
dejado sin algunas memorias de mi vida previa.
»— ¿Eh? ¿Entonces tú también eres un calehim? — pregunté asombrada.
Amber soltó una risita:
»— ¡No, no, no! ¡Gracias al cielo no!
Pertenecer a los suyos habría hecho de mi existencia un aburrimiento completo.
— Samin elevó una ceja, divertido—. Soy una errante, y si estoy en lo correcto
me parece que tú ya conoces a uno así que debes saber a qué me refiero.
Príncipe regente que se alimentaba de la luz de las estrellas y poseedor de la
cura para cualquier enfermedad: Seir. ¡Me pregunto si se acordará de mí! Era un
completo fiasco como demonio.
»— ¿Seir? ¿Conoces a Tarek? — Amber
asintió —. Vaya... — Iba a lanzar un par de preguntas con respecto a eso, pero
recién caí en la cuenta de las palabras anteriores de Samin—. Ehh...disculpa,
si estás relacionado de alguna manera con Alen, y tienes información valiosa
con respecto al futuro, ¿eso significa que sabes...?
»— ¿Qué sucederá con él? ¿Si recuperará
su nombre o no? — Asentí; me sonrió—: Lo sé perfectamente; como ya te dije,
ambos estamos conectados por un punto en particular, y te juro que desearía
compartirle toda la información que poseo porque realmente es valiosa, pero no
puedo ni presentarme ni hablar con él. Lo intenté en reiteradas oportunidades,
pero todas fueron intentos fallidos. Siempre terminaban llevándome a nuevas
vidas cuando lo encontraba e intentaba hablar con él sobre nuestra situación.
»— ¿Su situación? — repetí con cuidado.
Tomó la manga corta de su camiseta y la
elevó hasta el inicio del hombro. Los ojos se me abrieron bruscamente cuando
distinguí el mismo entramado de líneas dentro del círculo que había visto sobre
el antebrazo de Alen. Solo que este estaba en el otro, en el derecho.
»— Sabes lo que dice aquí, ¿verdad? "Albania"
en nuestra antigua lengua.
»— Tú también tienes su nombre tatuado
— murmuré desencajada.
»— Alen y yo caímos al Mundo Terrenal
al mismo tiempo, Sisa. Pero él no me recuerda, como sucede con la mayor parte
de sus vivencias como ángel. Fuimos sentenciados al mismo tiempo, porque ambos
fallamos en la misión que se nos había encomendado.
»— Entonces, ¿tú sabes quién es…?
»— ¿Albania? Claro que sí; ella es
importante para ambos. Era nuestra prioridad, pero…— Y apretó los labios con
fuerza, como resistiéndose a hablar. Me dio la ligera impresión de que le
provocaba cierto dolor—. Es... No sabes la emoción que me ha dado el por fin
haberme encontrado contigo — dijo cambiando bruscamente de tema.
Se puso de pie y se quitó con agilidad
la camiseta negra.
»— ¿Ves esto? —Su torso pálido bajo la
luz del foco de la habitación, estaba casi repleto de figuras cubriéndolo por
completo. Eran tatuajes: por el pecho, por la espalda, los brazos. Tantos que
parecían una segunda piel.
Me puse de pie y me acerqué a él,
desconcertada. Samin me señaló una de las figuras tatuadas justo cerca al
corazón, y otra por la parte baja de la espalda. Entorné la mirada, intentando
encontrarle sentido a la imagen: la primera parecía ser la silueta de un hombre
con flechas saliendo de la parte posterior, y la otra se asemejaba al rostro de
un anciano.
No podía saber con exactitud de qué se
trataban porque...
»— ¿Ya te diste cuenta?
»— Están… están incompletos — susurré.
»— He intentado plasmar en mi cuerpo
todo lo que tengo en la mente, con ayuda de Amber, pero ni así hemos logrado
nada. Ni siquiera mi piel puede retener la información.
Volteé a ver a la chica anterior que asintió
agotada.
Recordé la exposición de Tomas: eso de
los más de diez tatuajes “inacabados” que tenía JOBEY en todo el cuerpo.
No estaban inacabados: habían sido
borrados.
»— Mira esto, si intento escribirlo… —
Sacó un bolígrafo del bolsillo de sus jeans y tomó un papel del cajón frontal
de la mesa. Claramente vi que escribió algo, pero cuando intentó pasarme la
nota, esta se encendió de la nada.
Me eché hacia atrás ante el fuego color
violeta, y después no quedó rastro alguno. Ni siquiera cenizas.
»— El “observar” es una de las peores
sentencias en nuestro mundo. No me han quitado demasiados recuerdos de mi
existencia original y eso cuenta como información valiosa, pero no puedo
compartirla. Intenté escribir con sangre, plasmarla en letras de canciones, en
pinturas, en tatuajes, pero mis esfuerzos nunca son lo suficientemente
inteligentes como para burlar la vigilancia de mi sentencia.
Recordé bruscamente la portada de su
álbum: mitad ámbar, mitad violeta; con una flor cubriendo sus labios.
»— JOB… Digo, Samin — volvió a sentarse
en frente de mí y asintió, como invitándome a continuar—, ¿y el precio para que
retornes también es buscar tu nombre original?
»— Los calehims somos ángeles vagando en el Mundo terrenal. Infringimos
algunas reglas, pero por ciertas circunstancias se nos ha otorgado el beneficio
del perdón futuro, a diferencia de los Caídos. Cada calehim tiene una sentencia diferente para obtener la absolución,
que suele guardar relación e ir en proporción con las acciones que provocaron
su destierro.
Se puso la camiseta nuevamente y me
ofreció algo de té de una tetera que no sé cómo había aparecido en la mesa,
igual que las tacitas, las cucharas de plata y la azucarera de porcelana:
»—Mi situación es diferente a la de
Alen. Por ejemplo, ni bien recupere las letras de su nombre podrá retornar;
ahora, ya depende de él si su estadía aquí dura más o menos vidas: tiene el
control de su tiempo. Yo, por mi lado, no tengo ese bono “extra”; estoy
sentenciado a observar, y a hacer lo que se me venga en gana con la información
que tengo, pero de por sí no es muy útil ya que no puedo compartirla. Y cuando
“todo” acabe, sencillamente retornaré. — Soltó una risa baja, después suspiró—.
Pero si lo que he visto se cumple… no soportaré vivir con la culpa. Podría
decirse que mi castigo es más rígido por ciertas…cosas…
Más rígido…
¿No será que…?
»— ¿Entonces tú si recuerdas tu nombre
real?
»— Así es, pero no puedo revelarlo. — Y
me miró fijamente, como tratando de decirme algo más sin palabras.
El aroma del té llenó la habitación al
ser vertido en las tazas. Su cabello azul me trajo recuerdos, su voz…
Castigo más “rígido”.
»— ¿Tienes alguna especie de conjetura,
Sisa? — me preguntó de la nada —. Porque si es así, adelante. Mi sentencia me
impide hablar...pero si lo descubres por ti misma no estoy trasgrediendo
ninguna regla.
»— Una vez terminamos en una cámara
exclusiva para demonios. — Los ojos verdes me observaron con interés—. Y en ese
momento alguien vino a rescatarnos…y solo tengo como recuerdo sus ojos violeta
y algo azul difuso…
Acepté la taza y después lo vi sonreír
a través del humo que despedía el agua caliente.
»— Continúa.
»— Tengo la ligera sospecha de que lo
azul que vi fue tu cabello, y se veía difuso por la rapidez con la que te
movilizabas. — Su sonrisa se hizo más amplia, bebió algo de té—. Tu nombre real
es Nanael, ¿verdad?
Los ojos se le pusieron violeta
eléctrico:
»— ¡Eureka!
— exclamó eufórico, soltando la taza que traía en la mano. La porcelana se hizo
añicos después del estrepitoso encontrón que se dio con el piso.
No sé qué sucedió porque un fuerte
mareo me atacó, pero se desvaneció tal y como llegó.
Nanael… claro, ¡Zamai lo había
mencionado! Ángel severo, de alta jerarquía, con el castigo y la disciplina
como especialidad. Me pregunto qué pudo haber hecho alguien con semejantes
características para ser castigado. Digo, es como si el castigo ¿hubiese sido
castigado? Sonaba tan extraño.
También lo recordaba por algunas de las
visiones con respecto a Albania; ¡era el que siempre la regañaba! ¡Claro! ¡Alen
va a ponerse muy contento cuando se lo diga!
»— No te tomó demasiado tiempo — me
dijo Amber sonriéndome desde el sofá.
»— ¿Por qué viniste aquella vez?
¿Sabías que nos atacarían?
»— Fue una de las cosas futuras que se
me revelaron — me respondió con sencillez y aproveché para agradecerle
enormemente que nos haya sacado de ese horrible lugar —. No te preocupes; fue
un placer.
»— Nan…
Me callé porque repentinamente toda la
habitación giró con extremada violencia.
»— No digas mi nombre real, Sisa. Ahora
que ya sabes que me pertenece, resulta demasiado pesado para tus labios.
Asentí, tomándome la cabeza con una
incómoda punzada en la sien.
»— Si me dices que tienes información
importante, ¿significa que también conoces la manera más eficaz para que Alen
recupere su nombre completo?
»— Como te digo, tengo la mayor parte
de nuestro pasado y ciertos eventos del futuro aquí mismo. — Se dio un par de
golpecitos en la frente y después de un chasquido de dedos, los restos de la
taza que había roto se unieron entre sí —. El asunto es descubrir cómo poder
transmitir todo lo que tengo metido aquí dentro.
»— Entonces…la solución sería encontrar
alguien que pudiera leer mentes o algo así, ¿verdad?
»— Hasta ahora Amber y yo creemos que ese
sería el mejor movimiento, ya que yo no estaría haciendo nada para transmitir
lo que tengo. El lector simplemente vería en mi cabeza, y bueno, en ese caso yo
no estaría directamente involucrado en la transmisión de información.
»— Los ángeles no pueden leer
pensamientos, solo emociones — puntualicé, recordando lo que Alen había
mencionado—, y creo que los demonios tampoco pueden hacerlo. ¿Entonces…?
»— Efectivamente: ni ángeles ni
demonios podrían ayudarme con eso. — Solté un bufido, desanimada —. Pero…un Aliter sí.
¿Un Aliter?
»— ¡¿Qué?! — chillé.
Samin asintió satisfecho:
»— Ellos son los únicos seres que
pueden leer la mente de cualquier otra creación, y sin ningún tipo de
restricciones.
¡Un
Aliter! Zamai... ¡por eso era que sabía con exactitud para qué fui a verlo!
Pero… ¡ay, no! Durand ya le estaba dando morada, y según Hethos solo le será
fiel a él en esta vida.
Me dejé caer sobre el asiento, derrotada.
Samin elevó una ceja y rompió a reír.
»— Zamai está con Durand — comenté
desalentada.
Dudaba que fuera fácil el lograr hablar
con él otra vez.
»— Sí, pero Amber y yo ya tenemos el
nombre de otro que también se encuentra en esta vida. Tal vez no estés al
tanto, pero si no sabes el nombre del Aliter
al que te presentas, no aceptará hablar contigo. Son algo exigentes, muy
parecidos a los ángeles Custodios cuando se trata de revelarse ante otros. En
fin, fue complicado hallar el nombre de otro, pero lo hicimos. Es por eso que
ahora andamos buscando a Zihin.
»— ¿Zihin? ¿Así se llama?
»— Así es, y nuestra prioridad es
encontrarlo — comentó Amber—. Y después de hacerlo, le pediremos que
simplemente lea todo lo que hay en la mente de Samin, conmigo o alguien más
presente para escucharlo. No podrá negarse porque no pediremos respuestas, solo
una lectura; y después, con la información que tenemos, todo podría ir por un
curso diferente al que él ha vislumbrado.
Sentí que el corazón me saltó, algo
entusiasmado, porque era como tener un libro con todas las respuestas; el
asunto era encontrar la manera de abrirl…
¡Un momento!
»— Ehh, disculpa, solo para
cerciorarme: ¿por qué quieres ayudar a Alen?
Digo, no es novedad que quieran
ayudarlo (Durand, por ejemplo); así que la cosa era saber si la ayuda venía de
buena mano o no.
Y yo ya no puedo confiar en cualquier
persona, por muy genuina que me parezca.
»— Escucha, Sisa. Sé que es difícil
confiar en alguien que de la nada aparece diciéndote todas estas cosas: ¿qué te
garantiza que no soy un servidor de Berith, de Nhyna…? — Asentí porque eso era
justamente lo que pensaba—. Yo simplemente podría sentarme a esperar que las
cosas pasen, y retornar sin mover ni un solo dedo, porque en ese sentido mi
sentencia no me pide nada a cambio para obtener el perdón.
» Pero como ya te dije: Alen y yo
fuimos un equipo si quieres términos humanos; y yo le prometí algo muy
importante antes de ser exiliados, y voy a mantener mi palabra.
Aguardé cuando se quedó en silencio.
Jugueteó un tanto paseando el dedo índice por el borde de la taza, y después me
observó con amabilidad:
»— He visto cosas terribles en el
futuro, Sisa…y no hacer nada sería resignarme a “contemplar”. Sería resignarme
a existir pensando que no hice nada para evitarlo. Y ya pasé por eso; no quiero
repetirlo.
El tono sombrío me aturdió:
»—
¿De…?
¿De qué estás hablando?
»— Explicártelo me resulta imposible.
Solo quiero que sepas que he recorrido vidas esperando llegar a esta porque
sabía que los encontraría a ambos: a él y a
ti.
Toda la emoción que me había provocado
el pensar que podría ayudarnos empezaba a extinguirse: sonaba tan preocupado.
»— Debo mantenerla protegida, darle la
fuerza necesaria en caso de que suceda. —
Bajó la mirada; por un momento sentí como si no hablara conmigo, sino consigo
mismo—. No puedo permitir que se corrompa por los sucesos futuros si es que no
llego a evitarlos, porque sino todo habría sido en vano. Y la destruirían…la
aniquilarían… y no tiene la culpa de nada. Una lucha de poderes que incluye a
seres inocentes es el insulto más agravante al poder de creación del Todo.
»— ¿Mantenerla protegida? ¿A quién?
Los ojos verdes se elevaron; se
clavaron fijamente en los míos.
»—
A mi “esperanza”.
Una horrible sensación de angustia me asaltó.
Había algo…había algo en Samin Nerses
que me gritaba que tenerlo cerca era de vital importancia. De por sí, en un
inicio ya había sentido una especie de familiaridad cuando se presentó ante mí;
además había venido a rescatarnos aquella vez que casi matan a Tarek. Creo que
realmente podría confiar en él sin ninguna duda de por medio.
Ahora el asunto es que no sé si vuelvo
a pecar de ingenua o a lo mejor de estúpida.
»— Es preferible que nadie sepa de mí,
Sisa. Me refiero a que nos conocemos y todo esto. Sé que tus amigas, Loi y
Etel, ya están al tanto de las cosas "extrañas" que están pasando a
tu alrededor, pero sería mejor mantener en secreto nuestra conexión. JOBEY es
algo llamativo, ¿no crees? — Soltó una risita ante mi rostro incrédulo. ¿Loi, Etel? —. Lo sé todo sobre ti,
estoy casi especializado en todo lo que se refiere a tus años de vida, por si
quieres saberlo.
»— ¿Todo?
»— Sé del amor que tienes por Alcides y
Joan Maleri; de las constantes peleas con Gisell, de lo fastidiosa que puede
llegar a ser la pequeña Corín. — ¡En serio estaba al tanto de todo! —. Y claro, de ese don divino que
tienen tus manos para tocar el violín.
Intenté no mostrarme demasiado
ruborizada por el último comentario.
»— Y no puedo contárselo a Alen
tampoco, ¿verdad? ¿O a Hethos, o a Tarek?
»—Si intentas contarles sobre mí, algo
impedirá que lo hagas. Los labios no te responderán, perderás el hilo de la
conversación por momentos, o hasta podrías perder el conocimiento, como hace
rato le sucedió a Amber.
Charlamos un poco más (aunque en
realidad yo solo escuchaba), me pidió que lo llamara Samin y no Nanael porque
podría dejarme débil por semanas; y después de un largo rato, Amber dijo que ya
debía volver con mis amigos porque la charla ya estaba por culminar.
Para mí habían pasado horas, pero
cuando retorné Loi, Etel y Tomas insistían en que habían sido los mejores
treinta minutos de sus vidas. Todo estaba tan perfectamente calculado que, por
obra de quién sabe quién, yo también tenía en las manos un disco sellado del
último álbum, autografiado y con el set de fotos que venía en la edición deluxe.
Iago vino por nosotros, por lo visto
Loi le había pedido que aguardara, y después me encontré ya en el asiento del
copiloto, en medio de los gritos eufóricos de los chicos.
— En algún momento voy a terminar loca —
murmuré. Saqué la mano de los cobertores para buscar a tientas mi celular.
Ni una llamada perdida.
Supongo que eso significa que todo está
en orden, ¿verdad? Tarek prometió llamarme si algo salía mal. Mmm, me pregunto
si Alen habrá logrado ver algo importante bajo el Li-kay. Ojalá esté bien.
Giré de costado y divisé el estuche de
mi violín apoyado contra la pared.
»— Por cierto, Sisa, ¿qué tal vas con
la práctica para tu prueba en enero? — me preguntó Samin mientras retornábamos
al camerino en el que estaban los demás.
Lo miré sorprendida. Ah, sí: ya me
había advertido que sabía todo sobre mí—. Pu-pues voy por buen camino... creo.
»— No olvides practicar, es muy
importante.
Asentí con algo de timidez. Su
presencia aún me parecía algo solemne.
»— Y si necesitas mi ayuda, puedes
llamarme cuando quieras. Solo pronuncia mi nombre humano, y estaré en menos
tiempo de lo que esperas.
»— Gra-gracias, Sa-Samin.
Llegamos a la puerta de antes. Iba a empujarla,
pero su mano me detuvo:
»— Y no olvides permanecer tranquila.
Alen... a lo mejor va a necesitar algo de tiempo a solas.
»— ¿A solas?
Me refugié en los cobertores y hundí mi
rostro en la almohada, recordando que no me dio más explicaciones al respecto.
— Alen... — murmuré sobre la funda.
Quedé boca arriba y extrañamente un
horrible nudo se formó en mi pecho.
Sé que Alen ha estado algo ocupado
estas últimas semanas, pero no sé por qué me ha atacado el horrible pensamiento
de que a lo mejor no volveré a verlo nunca más.
— Ya, duérmete, Bellota tonta — me ordené
a mí misma.
Las cortinas de mi ventana ondearon con
suavidad...
...pero la silueta que tanto esperaba nunca
apareció.
»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«
Alen
Abro los ojos con pesadez: ya volvió a
oscurecer. Escucho las gotas de lluvia chocar contra la burbuja en la que me
encuentro reclutado.
No necesito dormir, ni siquiera
considero importante eso llamado "sueño", pero puedo hacerlo si me
concentro lo suficiente. Ojalá pudiera caer dormido sin tanta preparación;
contar con esa facultad que tienen los humanos para sumergirse en esa especie
de "nada" sin demasiado esfuerzo. No se piensa, no se siente... y de hacerlo, todo es falso. Son ilusiones, no son
reales: un mundo imaginario en el que si el dolor te ataca, sencillamente se
cura despertando.
Desearía dormir eternamente, o por lo
menos un intervalo de tiempo lo suficientemente prolongado, que permita que los
recuerdos que acabo de recuperar se pierdan en algún lugar del universo. Ojalá
una mano inmensa pudiera simplemente tomar las letras y esparcirlas por el
firmamento, haciendo que desaparezcan por completo, quitándoles sentido...dejándome
tranquilo.
Albania...
Me acurruco, intentando olvidar ese
maldito nombre. Hethos olvidó mencionar (o a lo mejor nunca lo supo) que el
recordar implica "revivir"; y eso es lo que justamente había pasado
conmigo.
Recordé cierta parte de mi existencia
original pero también algo renació. No sé bien si es odio o decepción, pena por
mí mismo...o esa maldita cosa llamada amor.
Aunque dudo un poco que se trate de eso, porque si en un momento creí haber
aprendido sobre él, todo se lo debí a ella.
Y no hay garantías de que alguien así pudiera haber sido la mejor guía con
respecto a ese tema.
Albania...
Albania... Amor
posesivo, amor egoísta.
No, me equivoco. A lo mejor sí aprendí
lo que era el amor, lo único malo fue que me lo enseñaron de la manera ruda. La amaba... realmente sentí que la amaba...
Pero ella nunca me amó, y si lo hizo, tal vez el amor no es tan puro como se
piensa.
Recuerdo fugazmente las nueve vidas que
vengo pasando en este mundo como humano. Algunos rostros pasan volando, uno
tras otro, al igual que mis vidas, al igual que mis constantes esfuerzos por
recuperar mi nombre. Castigado...castigado por amar a una humana que no lo
merecía. "Siento" que la amé, pero no logro comprender el porqué. Es
como si llevara dentro un frasco que contiene todos los sentimientos que creé
por ella; está por ahí, reposando sobre algún mueble que mi corazón acondicionó
para él y que no era captado por mis ojos hasta ahora. Lo malo es que el frasco
no tiene nombre, y no hay manera de descubrir su naturaleza. Lo veo a lo lejos,
como un adorno valiosísimo; veo el color, la forma que cada sensación toma
dentro de él, pero no le encuentro explicación lógica alguna.
Nadie puede amar tanto a alguien que
solo te lastima. Nadie, excepto un imbécil.
Nadie, excepto yo.
Humano, eso suena tan típicamente
humano: resentimiento, dolor, tristeza, decepción, anhelo...amor. Todo eso que me lastima en este momento es humano.
Demasiado humano para mis sentidos, demasiado
humano para mi comprensión.
Demasiado humano para soportarlo.
Cierro los ojos, pero su imagen me
ataca con violencia. Las ondas marrones, la risa angelical… Aún no he visto su rostro,
pero su recuerdo me aturde, me abruma de sobremanera. Y algo que me horroriza y
que es el principal motivo por el que hui lejos para poner las cosas en orden,
es el hecho de pensar que si volviera a verla a lo mejor termino explotando por
todo el odio que siento por dentro.
O en realidad...
…termine
cayendo nuevamente por ella.
— Estúpido.
Hundo los dedos en mi pecho, repleto de
frustración. Ojalá pudiera arrancar este peso que siento; ojalá pudiera
extirparlo y simplemente de un suspiro enviarlo lejos.
Qué imbécil, ¿qué clase de idiota se
puede llegar a ser? Conservar algo de amor por alguien como ella.
No,
no…
Los humanos suelen ser egoístas,
manipuladores, chantajistas, pero no todos son así. Entonces ¿por qué terminé
enamorándome de alguien como ella?
En
cambio Sisa...
— ¿Sabes que llevas una semana metido en
esa absurda esfera? — Intento prestar oídos sordos a la reciente voz—. Te he
estado viendo día a día martirizarte aquí, observando las olas del mar como si
con eso pudieras redimir todas tus faltas. — Oigo la risa de niña y me recuerda
a la de Albania. La única diferencia es que la última no necesitaba poner
demasiado empeño en sonar fascinante, porque toda su esencia era extrañamente de
esa naturaleza: fascinante, cautivadora, casi hipnótica.
Albania no tenía que fingir una risa de
niña porque de por sí lo era: caprichosa, egoísta, siempre demandando que se
cumplieran al pie de la letra sus deseos. Caminando por la vida como una reina,
una pequeña y hermosa reina que solo necesitaba sonreír para que todo el mundo
se arrojara a sus pies, completamente deslumbrado.
— Tu "nec mátia nec sensus" no funciona a mis ojos. ¿Quieres seguir
preocupando al pobre errante? Hasta estaba pensando en acudir a Berith para
preguntarle sobre tu paradero.
— Déjame en paz, ¿de cuándo aquí te
importa Tarek?
— ¿Y tu humana? — Siento una ligera
incomodidad en el pecho: Sisa…—. La
pobre ha estado llamándote devastada. La vez pasada la vi llorar mientras
tocaba su horrible violín; si la hubieras visto... ¡Tan patética!
— Nhyna, lárgate — le espeté. Elevó una
ceja mientras permanecía de pie, flotando junto a mi burbuja a metros de las
copas de los árboles de Izhi, y con el cabello plateado cayéndole por los
hombros.
No parecía tener planes de irse.
En fin, no tenía por qué seguir
escuchándola: toqué con suavidad la superficie de mi escondite y se quebró. Caí
a velocidad, dispuesto a sumergirme en el agua, pero sentí sus dedos aferrarse
a mi muñeca, su sonrisa se acentuó…
¡FUUM!
…e Izhi despareció por completo. Fue
suplantado por alguna especie de habitación inmensa, repleta de ventanales con
cortinas color marfil, columnas clásicas en ciertos puntos; una que otra
escultura de cuerpos humanos retorciéndose en formas sinuosas, e iluminación
tenue gracias a los candelabros de las paredes.
En frente hay una piscina cubierta de azulejos, llena de agua
humeante con olores demasiado penetrantes. Percibo hierbas aromáticas, una
mezcla de ingredientes dulzones y cítricos relajantes.
Parecía una inmensa olla empotrada
contra el suelo.
— ¿Planeas cocinarme o algo por el
estilo?
Nhyna eleva una ceja y después suelta
una carcajada:
— Quisiera comerte, Forgeso, pero para
eso solo te necesito desnudo.
En medio del techo que cubre la enorme
piscina hay un agujero mediano que forma parte de la estructura arquitectónica
y que permite la vista del cielo estrellado. Es una morada con detalles
suntuosos, un poco excesivos. La decoración indica soberbia, tal vez hasta algo
de presunción.
El perfecto hábitat de un demonio.
— Bienvenido a mi hogar. ¿Qué opinas?
— Algo ostentoso para mi gusto.
— Tus gustos son poco ambiciosos,
¿verdad? Basta con ver a la niña humana para saberlo. — Su risa retumba en todo
el lugar. Ruedo los ojos y estoy dispuesto a retirarme cuanto antes pero
aparece en frente de mí, muy cerca a mi rostro—. ¿Te molestó que me riera de tu
humana? ¡Oh, vamos! Seamos sinceros, Forgeso: sabes que no es la gran cosa.
— Nhyna, vives prácticamente riéndote a
mi costa así que eso ya no me importa — sentencio y me sonríe seductora —. Y
con respecto a Sisa... Créeme, nunca llegarías a comprender lo valiosa que es.
Hay tesoros que tus ojos no sabrían apreciar.
Ella es demasiado para sus ojos de
demonio. Demasiado brillante para ojos que creen que lo más deslumbrante en el
universo es el oro.
Giro, dispuesto a irme, pero su risa me
detiene:
— Tú no aprendes, ¿verdad? Ya hubo una
humana que jugó contigo, ¿y aun así quieres probar con otra más?
¿Qué
ha dicho?
Súbitamente la habitación se ve más
grande, casi gigantesca. O quizás yo me he encogido. Me he hecho tan pequeño
que siento como si al menor movimiento pudieran aplastarme.
La risa de Nhyna estalla con fuerza,
provocando que me zumben los oídos. Sus palabras me han caído como un puñetazo
directo al rostro; siento un pasmo horrible invadiéndome por completo.
— “¡Albania, mi amor! ¿Por qué casarte
con él si tienes a un ángel que te ama como ningún humano jamás ha amado a una
mujer?” — Retrocedo consternado; los ojos se le tornan escarlata, la burla en
su voz me golpea inesperadamente —. “¿Por qué no puedes ser feliz a mi lado?
¿Es porque no soy humano?”
— Basta…
— Debo reconocer que el masoquismo es
excitante cuando se trata de sexo, Forgeso; pero cuando se trata de
"amor"... Bah, es ridículo, patético, hasta penoso diría yo.
No van a afectarme… Sus palabras no
tienen por qué afectarme.
— Forgeso, Forgeso, Forgeso... Burlado
por una humana que solo se amaba a sí misma; vagando con el corazón roto porque
la muy perversa quería casarse con el hombre "perfecto" en el mundo
humano, pero conservando a un ángel de "amante”. Qué malévola nos resultó Albania
Formerio, ¿no crees? — La respiración se me dispara violentamente, porque
aunque me apene reconocerlo hablar de ella aún me lastima. Nhyna se acerca a
mí, sus ojos escarlata me observan llenos de diversión —. O tal vez la palabra
correcta es "admirable".
Sus dedos se posan sobre mi pecho; sus
ojos brillan, casi deslumbrados.
— Porque solo una humana con la mente de
un demonio podría haber logrado doblegar a un pobre ángel, al extremo de
tenerlo comiendo de su mano.
Comiendo
de su mano…
¿Por qué me sorprendo? Ella tiene
razón: Albania podía haber hecho conmigo lo que se le viniera en gana y yo no
hubiera protestado. Es más, eso fue exactamente lo que sucedió: terminé
castigado por amar a una humana llena de egoísmo y perversión. Por una humana
que una vez intentó suicidarse para evitar que me alejara de ella. Para evitar
que la dejara sola a pesar de que eso significara el lastimarme a mí mismo.
Sí, eso es lo que era Albania: un demonio. Y aún no comprendo por qué
terminé tan encandilado por ella.
Nhyna empuja y yo retrocedo tan
aturdido que no me percato de la distancia ni de que estoy a unos centímetros
del borde de la enorme piscina. Su sonrisa es lo último que veo, porque termino
cayendo y sumergiéndome en el agua tibia.
Cayendo...cayendo...
¿Por
qué parece que siempre estoy cayendo?
Veo los azulejos difusos de alrededor.
No batallo por salir, simplemente me dejo llevar hasta que llego al fondo de la
enorme estancia.
La veo pero no la recuerdo…
Albania,
Albania, Albania
…o a lo mejor no quiero recordar.
Quisiera quedarme aquí, en el fondo,
porque cuando me siento más apartado del mundo no duele tanto. Pero mi cuerpo
se desliza por sí solo a la superficie, como jalado por una fuerza externa. A
lo mejor es una medida para evitar que los calehims
que ya no le encuentran sentido a sus existencias terminen suicidándose.
Morir sería el camino más fácil... no creo que a los de arriba les guste que mi
castigo termine de manera tan sencilla.
El aire ingresa a mis pulmones cuando
rompo la barrera. Me quedo flotando en medio de toda la concentración de agua
vaporosa y aromática porque no tengo ganas de pensar.
— Es algo un poco estúpido, ¿verdad? — Giro
entre las cortinas de humo que el agua despide, pero antes de que diga algo
Nhyna aparece junto a mí, sumamente divertida—. Ya viste cómo terminó una vez,
¿quieres hacerlo de nuevo?
— ¿Por qué sabes esto? — le pregunto.
Intento salir, pero recién comprendo que está demasiado cerca. Sus brazos me
rodean el cuello; siento su cuerpo pegarse aún más al mío, completamente
desnuda.
Pero en este momento eso ni me importa.
— “¿Por qué?” Esa es una pregunta muy
sencilla de responder, Forgeso. Yo fui testigo, en primera fila, de todo lo que
hizo contigo la perra de Albania.
Sus dedos acarician mi rostro. Veo el
vapor impactar contra las paredes adyacentes y descender como lágrimas silenciosas.
Solo
quisiera cerrar los ojos y olvidarme de todo. Estoy cansado de buscar mi nombre,
estoy cansado de buscar pistas. Y estoy aún más cansado de haber albergado el
recuerdo de una chica a la que, de estar viva, probablemente yo no le
importaría.
— Quédate, Alen… — Reacciono cuando
siento sus labios junto a mi oído. Una de sus manos captura una de las mías y
la lleva hacia su cuerpo—. Quédate, pero quédate
conmigo. Eres hermoso, yo lo soy; lo tendríamos todo en el maldito mundo
humano: dinero, reconocimiento, belleza, y si me lo permites — mis dedos fueron
guiados hacia abajo; su mano cubrió la mía, presionando hacia el interior — también
te puedo dar amor.
¿Realmente
necesito amor?
El cabello plateado me roza parte del
cuello; sus ojos me observan ansiosos.
— Ese amor que tanto te negaron, puedo
dártelo. No bromeo. ¡No hay nadie en el universo que pueda enseñártelo mejor
que yo! Después de todo, es mi especialidad. Para los humanos yo soy el amor mismo.
— ¿Vas a ofrecerme lo mismo que Berith? ¿Revelarme
mi nombre a cambio de que acepte un contrato engañoso? Ustedes no pueden hacer
las cosas por nada, Nhyna, y que Berith me haya propuesto romper mi Sello de
olvido sin pedirme nada a cambio es demasiado bueno como para ser cierto.
— Yo no soy Berith — refutó —. Es que tú
no comprendes de qué lado estoy… nunca lo has hecho. Desde antes, desde siempre, nunca has podido ver lo que yo... ¡lo
que yo podría haber…! — ¿Haber qué? No
lo supe, solo la contemplé exaltada, casi furiosa consigo misma—. Porque tú
siempre has sido tan ingenuo, tan puro… Siempre tan fuera de este mundo…
Iba a soltar una risa agria pero sus
labios me callaron. El beso me tomó con la guardia baja hasta que yo mismo me
encontré respondiendo con fuerza, como solía hacer antaño; cuando no me
importaba besar a un demonio para conseguir energía. Cuando terminaba tan
frustrado por los pocos avances en mi búsqueda que solo quería mandarlo todo al
infierno.
— A la mierda tu nombre — murmuró en mi
oído. Las uñas se clavaron en mi espalda, treparon hasta mi nuca y después sus
labios volvieron a los míos —. A la mierda Albania, a la mierda Berith, a la
mierda todo. Quédate conmigo, Alen.
La observo en silencio, porque aunque
me avergüence admitirlo…hay momentos en los que he pensado lo mismo: ¿para qué
seguir con esto? ¿Es realmente lo que quiero? A lo mejor toda esta travesía no
es una redención, sino una maldita forma de autocastigarme.
Nhyna acomoda mi cabello con suavidad,
y entonces percibo mejor parte de los aromas que hay alrededor. El dulzón es
miel y también hay flores. Diversas flores, con olores que me entorpecen los
sentidos.
Huele
a flores…a miel…
La imagen de Sisa me golpea
inesperadamente. Recuerdo sus ojos, su sonrisa, y esa insistencia que tiene por
ayudarme. Sus deseos por colaborar con mi búsqueda, por dar todo de sí para
apoyarme. Debe estar preocupada por mí, igual que Hethos, igual que Tarek.
¿Qué diablos sucede conmigo? ¿Qué estoy
haciendo aquí?
Nhyna sigue observándome, pero no digo
nada; solo retrocedo, rompiendo la cercanía entre nosotros.
— ¿A dónde vas?
— Debí irme ni bien llegué.
Subo por la escalinata de piedra,
dispuesto a salir.
— ¿No me digas que irás a ver a la
humana? —Salgo con la ropa chorreando de agua: tal vez deba pasar a ver a
Hethos; no, primero a Tarek —. Es igual a Albania, Forgeso: ¡es humana! No
sabes en qué momento te traicionará, en qué momento cambiará, ¿y sabes por qué?
Porque así como el Todo los hizo llenos de egoísmo, ¡también los ha hecho
volubles, superficiales! Con sentimientos tan cambiantes como el mismo universo.
— No le presto atención y sigo mi camino: no tenía ganas de ponerme a filosofar
con ella —. Tal vez no lo sepas, pero a lo mejor la niña humana resulta igual
de maldita que Albania. ¡O quién sabe!, tal vez es peor. ¡Las que se ven más
ingenuas son aún más perras que las que no!
— ¡Vas a dejar de hablar de ella como si…!
— ¿Hablar de ella “cómo”, Forgeso? —
repite mientras sale con cuidado del agua, frente a mi repentino mutismo.
Veo las gotas de agua deslizarse por la
piel, como perlas brillantes en un lienzo aún más perfecto. Me quedo
completamente pasmado, idiotizado, sin nada que decir...
...frente a la chica de cabello
avellana y ojos preciosos que me mira con curiosidad, completamente desnuda.
— ¿Alen? — pregunta y la voz le suena
exactamente como a ella.
— Nhyna, ¿qué crees que estás haciendo?
Desvío la mirada, tratando de borrar
aquella imagen, pero escucho los pies descalzos, y antes de que planee escapar
sus dedos me toman por la barbilla.
Demonios…
Sus ojos brillan cuando se enfocan en
los míos. Todo lo que traigo dentro se revuelve sin control: Albania, Sisa, Sisa,
Albania. Ambas humanas, ambas tan diferentes...
Trato de enfocarme en cualquier otra
cosa, pero los ojos preciosos me observan insistentemente.
— ¿Alen?
Los brazos rodean mi cuello y entonces su
boca cubre la mía. Mi espalda impacta contra una de las columnas y termino
cayendo en la estúpida farsa. Mis dedos se aferran a su cintura; siento las
formas de su cuerpo chocando contra mi pecho. Recuerdo bruscamente la escena
que tuvimos en la tienda de Hethos. Sus ojos, su boca, su pelo…
»— Me estás diciendo que así como te gusta el arte y los chocolates…
¿calificas el besar algo así como un “hobby” que te entretiene?
Se ve como ella, suena como ella…
…pero no es ella.
Bellota tiene la mirada pura y no
tolera que jueguen con los sentimientos de los demás.
Bellota toca el violín y grita,
completamente fuera de sí, cuando se siente amenazada y no sabe cómo
defenderse.
Y es tan sensible cuando se trata de
dolor ajeno…
…que a lo mejor en este momento está
desesperada, buscando saber de mí.
¿Por
qué estoy besando a otra?
— N-no...
— ¿Y ahora qué? — Me alejo lo más que
puedo de ella: debo salir de aquí—. ¡¿Qué mierda pasa contigo?! ¡Me veo
exactamente igual a la asquerosa humana!
— Lo siento, debo irme.
— ¡ERES UN IMBÉCIL, ALEN FORGESO! — No
tengo fuerzas ni para transportarme. Tendré que salir a pie por...bueno, por
donde se salga—. ¡Me humillé adoptando su horrible figura de niña!, ¡¿y ni aun
así planeas aceptarme?!
La salida...por aquí debe haber alguna
puerta que me permita salir de este lugar.
— LA MALDITA DE ALBANIA YA TE LASTIMÓ UNA
VEZ, ¡¿Y AÚN ASÍ QUIERES INTENTARLO DE NUEVO?!
— ¡NO VOY A INTENTAR NADA! — grité,
perdiendo la paciencia.
— ¿Es que no te has dado cuenta?
¡¿Puedes, acaso, ser tan idiota?!
Me pierdo por el pasillo de en frente:
salida, salida...
Y nuevamente la oigo llamarme,
enfurecida:
— ¡Alen! ¡ALEN! — Doblo por una de las
esquinas —. ¡FORGESO!
Tarek debe estar preocupado, Hethos
igual. Y Sisa…
Cielos, seguramente su insomnio ha empeorado.
¿Cuánto dijo Nhyna que llevo desaparecido? ¿Una semana?
— ¡No te has dado cuenta, ¿verdad?!
¡Pedazo de imbécil!
Nhyna aparece frente a mí; ni me tomo
la molestia de confirmar si ya está vestida o no y paso de largo junto a ella.
Me parece que está aguantando las lágrimas, pero eso es imposible: los demonios
no lloran.
No doy ni dos pasos cuando su voz me
congela por completo:
— ¡ESTÁS ENAMORADO DE LA MALDITA HUMANA!
¿Qué…?
— ¿Qué estás diciendo…?
Sus ojos vuelven a tornarse escarlata,
y estoy tan impresionado por lo que acabo de escuchar que no calculo su
movimiento.
Me ha tomado por el brazo para después arrojarme
con una fuerza descomunal contra uno de los muros del pasillo.
¡BROM!
Me he llevado un inmenso espejo en
medio de mi estrepitosa caída.
— ¡ERES LA EXISTENCIA MÁS ESTÚPIDA,
IDIOTA Y MASOQUISTA DE TODOS LOS UNIVERSOS! ¡Una humana ya hizo que te
castigaran expulsándote de tu lugar de origen, y ahora...! ¡AHORA…!
¿Enamorado
de Sisa? No, no hay forma…
Está loca, sí. ¡Loca! Nhyna ha perdido
la razón y está diciendo incoherencias.
Se acerca a mí, completamente furiosa.
Cierro los ojos e intento transportarme, pero solo logro aparecer a un par de
metros lejos.
— ¡Es una niña estúpida! ¡¿Cómo puedes
amarla?!
— ¡¿Pero qué estás diciendo?! ¡¿Acaso has
perdido la razón?!
— ¡No tiene nada qué ofrecerte! — chilla
fuera de sí—. Comprendo que hayas caído en los brazos de Albania porque era una
jodida manipuladora, ¡¿pero esa niña?! ¡Esa niña idiota no tiene nada de
especial!
No,
¿qué está diciendo? Está mal, ¡todo está mal!
— ¡Ni siquiera comprendo que sea deseo
porque podrías tener a mujeres más hermosas, maldito imbécil!
— ¡No sé de qué mierda estás hablando!
¡No estoy enamorado de Sisa! La quiero y le tengo un profundo cariño, ¡pero no
es lo que sugieres…!
— ¿Acaso no has visto al sucio errante
mirar a su humana? ¡Sus ojos, cómo brillan! ¡El tono de sus emociones! — Trago despacio, sin saber qué esperar: la
voz de Nhyna se hace más fuerte, tan fuerte que me taladra los tímpanos—.
¡MIRAS A ESA ESTÚPIDA DE LA MISMA MANERA! ¡MI ESPECIALIDAD ES EL AMOR, IMBÉCIL!
— ¡NO ES CIERTO! ¡NO ES ASÍ!
— Cuidando a la humana, velando por su
bienestar… ¡¿Eres feliz cuando sonríe, eh?! ¡¿Quieres estrecharla entre tus
brazos?! ¡¿No estás completo si no la has visto aunque sea de lejos?! — Las
palabras me marean, una tras otra; de repente miles de pasajes se disparan en
mi contra y entonces las palabras de Nhyna cobran sentido.
Sisa... Sisa Daquel...
La chica de diecisiete años que vive
cerca a la casa de Marissa y Santiago, la chica que se preocupa por un niño y
por una paloma con la misma intensidad; la chica que puede hacer que un violín
tenga vida propia y llore con ella cuando está triste. Esa chica... esa misma chica es la causante de que yo no pueda
estar tranquilo si no tengo la plena certeza de que se encuentra a salvo. Es el
principal motivo por el que mis labios han comprendido que el placer que te
produce un beso no es por el “cómo”, sino por el “con quién”; y sus ojos son el
eje central de mi constante vacilación.
»—Nunca te he visto
más humano, Alen... y es por eso mismo que también veo demasiadas dudas en tu
mirada.
Mi reflejo me observa a través del
espejo quebrado, el pasmo va desbordándose ante la comprensión. No puede ser: a
esa chica, a la de las sonrisas y los ojos preciosos...
...la
quiero.
— ¿Qué pasa aquí? ¿Por qué tanto
escándalo? — Berith aparece en frente pero su tono insinuante no me interesa en
lo absoluto—. ¿Por qué están mojados? ¿Acaso interrumpo algún tipo de momento
íntimo?
Los escucho hablar, pero en realidad no
los entiendo. Camino algo tambaleante por el golpe anterior, y me pierdo por el
siguiente pasillo que, si tengo suerte, será la salida.
El violín, la sonrisa, los ojos… los besos…
¿Qué
he hecho? ¿Por qué permití que esto pasara?
— No, no…
Nhyna tiene razón: solo un idiota puede
querer cometer el mismo error dos veces. Albania y Sisa son completamente
diferentes, lo sé; pero ambas son humanas. Y la "felicidad humana" es
algo que, por lo visto, no se alcanza a mi lado.
Mi nombre, mi existencia… ¿Qué demonios
estoy pensando? ¡¿Es que acaso, tal y como dijo, no he aprendido de mis errores
pasados?!
No, no. Hay que detenerlo, ¡hay que
ponerle un pare a todo esto! Ahora sí, frenar el avance antes de que se vuelva
inmanejable.
— ¿Forgeso? ¿Enamorado de la preciosa
Sisa? — No me detengo a pesar de que la voz de Berith retumba provocando eco
por el inmenso pasillo. Oigo sus carcajadas y simplemente me alejo.
A lo mejor tengo suerte y decide
matarme de una vez por todas.
— ¿En serio vas a renunciar a todo por
una simple humana, Forgeso?
¿Qué voy a hacer? ¿Qué estoy haciendo?
¿En qué momento pasó esto? Ella solo era la amable chica que, quién sabe por
qué motivo, parecía ser “mi verdad”. Y ahora… ahora…
Caí una vez y nuevamente estaba
sucediendo lo mismo.
— Forgeso, te mereces algo mejor que
simplemente andar por la vida "enamorándote" de humanas.
Quiero irme, pero no logro ubicar la
maldita salida.
— ¿Renunciar a toda una existencia
suprema, solo por quedarte aquí, en este mundo lleno de atrocidades?
Huye…huye…escapa
lejos…
¿Pero a dónde? Ella está en todas partes.
«
Mira lo que has hecho.
Lastimándome
de esta manera
cuando
juraste protegerme»
«
¡Tarek se preocupa por ti!
¡Yo
me preocupo por ti!
¡¿Por
qué no puedes entender que podemos ayudarte?! »
Albania, Sisa… tan diferentes, tan similares. Ya fui castigado por
amar a una humana, porque el amor está prohibido para nosotros. Las sentencias
son para “aprender”, para reconocer los errores y jurar no cometerlos jamás.
¿Ángel o humano?
Ángel.
Ángel…
— Ninguna humana lo vale — oigo nuevamente a Berith—. Son una increíble fuente de diversión,
no voy a negarte eso, ¡¿pero entregarlo todo por una?! No, no. Solo el idiota
de Seir pudo haber escogido una vida en este miserable mundo de mierda.
— Nunca dije que me quedaría.
Humano jamás. Antes muerto que humano…
Ángel…siempre ángel.
Berith soltó una risotada. No me
molesté en voltear.
— Pues celebro esa decisión. Nueve vidas
trabajando en tu retorno para que llegue una simple humana a arruinarlo todo
sería demasiado estúpido, ¿no te parece? Si estás aquí es por algo, Forgeso. No
eres cualquier ángel de rango inferior vagando por el mundo; debes tener alguna
misión importante; no defraudes a tus superio...
— No necesito que me recuerdes eso,
Berith. No es tu asunto.
Diviso una puerta enorme al final del
pasillo por el que acabo de doblar. Siento algo de viento alrededor: debe ser
la salida.
— Yo solo quería darte un par de
consejos.
— Pues guárdatelos para quien quiera
escucharlos. — Avancé más y escuché las bocinas de algunos autos.
Sí, definitivamente es la salida.
— Ah, y uno más: si en verdad no la
quieres, Forgeso, entonces deja de ilusionarla. Llevándola a pasear por el
cielo, ¡diciéndole cuánto amas el sonido de su violín!, robándole besos…— El tono burlón me sofocó—. Recuerda que ella es
un caso especial: como tu “verdad”, a lo mejor sus recuerdos no son tomados y
te mantiene en su memoria eternamente. Imagina lo terrible que sería el
condenarla a recordar por el resto de su vida lo que pudo ser pero no fue...
¡Oh, espera! ¡Es casi lo mismo que Albania hizo contigo! — Oigo su risa estridente,
solo quiero largarme —. Sería tan triste que le rompas el corazón al “irte”,
¿no te parece?
— El único que va a tener algo roto serás
tú si sigues dándome consejos que no he solicitado.
— Tienes ese “geniecito” tan lleno de arrogancia
que me fascina, Forgeso. — Rodé los ojos cuando apareció junto a la puerta, con
una sonrisa plena —. Serías un caído excelso, digno de pertenecer a los
nuestros.
— No estoy interesado.
— No desperdicies tu existencia
entregándote a una humana, por favor. No lo valen. Y si crees que el
"amarla" es suficiente, Nhyna muy bien puede darte una cátedra de lo
que ellos consideran "amor". — Sus ojos se clavaron en los míos:
recordé todo lo que había visto bajo el Li-kay—.
El amor es intenso, apabullante, casi divino sí, no voy a negar eso; pero no es eterno. Su amor es voluble, egoísta.
Probablemente Albania sí te amó, pero como dicen ellos: su amor por ti "se
acabó".
Tomé la manija: ya era suficiente.
— ¿Y cuántos años tiene la preciosa Sisa
Daquel? ¡Es apenas una niña! Y si…bueno, no sé, ella también decidiera amarte,
¿cuánto duraría su amor? ¿Dos años? ¿Tres hasta que conozca a otro cuando vaya
a la universidad? ¿Cuatro hasta que encuentre a su Par absoluto y te desplace?
El amor humano es así de frágil y efímero, Forgeso. No vale la pena renunciar a
todo por algo tan insignificante.
— Vete a la mierda, Berith — le espeté.
— Y para darte una mano, ordenemos las
ideas, ¿sí? Si te quedas…corres con el riesgo de que en algún momento la dulce
Sisa te deje, tal y como hizo la caprichosa Albania. — Tragué despacio, con las
horribles ganas de golpearlo más apabullantes que nunca —. Y si te vas…tal vez
seas el culpable de que no vuelva a amar porque vivirá siempre con tu recuerdo.
Pero escucha, si consideraras mi oferta para recuperar tu nombre, yo podría…
— Berith, entiende, ¡no me interesa en lo
absoluto nada de lo que puedas ofrecerme! —Giré la manija: cedió sin
problemas—. Y a lo otro: parece que todos saben muy bien lo que pasó en mi
existencia original menos yo. De acuerdo, soy el bufón de la obra, lo acepto.
Pero no quiero que vuelvas a mencionar, ni tú ni Nhyna ni nadie, que puedo “dejarlo
todo” por una humana.
— ¿Y puedo preguntar qué significa eso?
— Lo que oyes: mi misión es encontrar las
letras de mi nombre; es el único motivo por el que sigo en este maldito mundo.
— Me complace oír eso, Forgeso. — El
viento del exterior me golpeó el rostro. Los ojos de Berith se entrecerraron—.
Ahora repítelo para que te lo creas tú mismo.
Ni bien solté la manija, el portal
inmenso y la estructura desaparecieron. Me encontraba solo, al filo de una
carretera inmensa en las afueras de la ciudad.
Un auto pasó a velocidad; las luces que
traía consigo destellaron: un pequeño momento de contemplación que, por su
misma condición de belleza, no duró más que pocos segundos.
No dura…nunca dura…
Tal vez ya era hora de tomar más en
serio el consejo de Hethos: alejarme de Sisa y todo lo que tuviera que ver con
ella por completo.
»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«
Tarek
— Pero ya le dijiste a Bellota, ¿verdad?
Qué bueno, estaba muy preocupada. Temía que no disfrutara de las dos semanas
que tenemos de vacaciones por pensar en el paradero de Alen.
— Sí, pierde cuidado. Ya le dije que ya
lo encontramos
— ¿Y me dices que lo has sentido extraño?
Asentí ante la pregunta de la princesa,
que me miraba con sus enormes ojos marrones llenos de consternación.
Demonios, algo extraño está ocurriendo
y no me gusta absolutamente nada.
Ha pasado exactamente una semana desde que Alen desapareció.
Hethos y yo lo habíamos buscado por todas partes sin éxito alguno porque antes
de dejar la tienda recitó un salmo de camuflaje, y prácticamente desapareció de
la faz de la Tierra.
Pero misteriosamente apareció como si nada en el departamento hace
una hora, y la única respuesta que obtuve cuando le pregunté acerca de su
paradero y su huida fueron un par de disculpas.
»—Hermano, ¿estás bien? — Me preocupaba su expresión taciturna.
»— ¿Te importa si solo me voy a mi habitación, Tarek?
Quiero…quiero descansar un poco.
Lo vi alejarse débilmente por el pasillo, después de decirme que
mañana pasaría a ver a Hethos. Estaba pálido y se veía tan o más triste que
cuando me lo encontré por primera vez.
»— Espera — lo llamé. Se detuvo, pero no volteó—. ¿No quieres
pasar a ver a Bellota aunque sea un par de minutos? Ha estado muy preocup…
»— Mañana pasaré a ver a Hethos — me respondió.
Parpadeé, aturdido:
»— Ya me dijiste eso, pero, ¿qué hay de Bellot…?
»— Si quieres puedes decírselo; no creo tener tiempo para darle
una visita personalmente.
El tono seco me descolocó: ¿qué había sucedido?
»— Alen, ¿acaso pasó algo con ella?
»— ¿Algo? — repitió irónico—: Tarek, lo único que ha pasado es que
me he dado cuenta del valioso tiempo que he perdido jugando a los detectives,
cuando debí tomarme más en serio mi situación en este mundo.
»— ¿Qué? ¿Y ahora por qué dices eso?
»— Porque es la verdad; he olvidado a Naina por completo y las
letras que me faltan. Zara…la chica llamada Zara es importante y no me he
enfocado en averiguar algo más acerca de ella. ¿Te das cuenta? Todo lo he
estado haciendo mal.
»— Pero Bellota…
»— Sisa es mi “verdad”, Tarek, pero mientras yo mismo no comprenda
qué demonios significa eso, es en vano estar pendiente de lo que haga o no.
Tendría que ponerle más atención a Naina, y no sé qué demonios ha sucedido que
la he olvidado por completo.
»— Pero ha estado muy preocupada…
»—Y aprecio enormemente eso; pero ya es hora de que empiece a
tomarme en serio mi estadía en este mundo. No soy humano, y en ciertas
ocasiones lo he estado olvidando a causa de ella.
Lo miré, sin comprender ese repentino cambio. Recordé las últimas
indicaciones de Hethos, y cómo Alen se había sentido tan consternado ante la
idea de darse algo de espacio con Bellota para evitar corromper aún más su
esencia.
Pero ahora… Ahora era como si él mismo estuviera poniéndose un
límite por iniciativa propia. Como si la sola idea de estar cerca de ella fuera
inconcebible.
—
Tarek, tal vez la pregunta
no va a ser la mejor, pero… — Oí la voz de la princesa y volví al presente.
Frunció los labios y después me observó fijamente—: Es que soy solo yo, ¿o tú
también crees que Alen siente algo por Sisa?
Sopesé posibilidades, y después reubiqué todas las veces en las
que los había encontrado a solas. Alen no ha comentado esto conmigo, pero casi
puedo jurar que en todas esas oportunidades ambos han compartido besos.
—
¿Tarek?
La última vez fue en la tienda de antigüedades: ambos estaban a
solas e inexplicablemente lo encontré desnudo de la cintura para arriba. Hethos
hervía de la furia, la misma Bellota se mostraba algo tímida y él estaba algo
atolondrado.
Era demasiado evidente.
—
No sé si esté equivocada,
pero yo siento que algo está pasando entre ellos. Y no sé si alegrarme o no
porque Alen… bueno, por lo que nos contaron, él está aquí solo para buscar las
letras de su nombre, no para quedarse.
Alen... Alen no es como yo. Debo admitir que antes de conocer a la
princesa, tenía una inclinación casi obsesiva por el placer carnal. El sexo y
las chicas humanas podrían haber sido mi eterno alimento, pero Alen… Alen
inclusive se resistía a dar besos. La única con la que solía compartir ese tipo
de contacto era Nhyna, y porque en fin, ella un día apareció diciéndole que
podía darle energía y ambos saldrían ganando ya que solo quería entretenerse
besando a un calehim.
Pero con Bellota… No, no creo que Alen la bese solo en búsqueda de
energía.
No puedo mentir, solo repito lo que percibo. Y yo realmente
percibo que mi amigo siente algo por muy fuerte por ella.
—
¿Entonces…?
—
Pues yo creo que sí
Alen suele ser algo indiferente con los humanos, pero desde que
conoció a Bellota algo había cambiado en él. Sonreía, bromeaba, e incluso lo
había notado un tanto más relajado. Y siempre que la menciona hay una especie
de afecto palpable en su voz: ya había notado esto desde la primera vez que me
habló de ella.
Todas las veces que me pedía que la llevara a casa, que la cuidara
porque él tenía que estar con Hethos…
¡Es obvio! Y a lo mejor es por eso que anda tan decaído y
confundido; porque casi puedo jurar que de todos los seres, Alen es uno de los
más complicados cuando se trata de sentimientos. Debe estar asustado, tal vez y
hasta algo resentido consigo mismo por estar quebrantando las reglas cuando
debería estar pensando en redimir las culpas de su existencia original.
La princesa me observó con detenimiento, y después descubrí una
pequeña sonrisita anunciándosele en los labios.
—
¿Qué estás pensando? —
lancé cuando se recostó con felicidad sobre la cama.
—
¡Es obvio que Sisa también
siente algo por él! Y la verdad es que a mí nadie me quita de la cabeza que se
verían muy bien juntos.
Bueno, sí, yo también lo he pensado. Digo, ni siquiera me mira a
mí con un cuarto del brillo en la mirada con el que mira a Bellota. ¡Y eso que
yo llevo vidas con él!
Creo que voy a presentar una queja.
—
Tarek, ¿crees que hay
posibilidades de que Alen decida quedarse como humano? Digo, ¡lo tiene todo!
Una familia, amigos, una hermanita de lo más linda, y si pasa algo con Bellota,
pues va a tener una novia estupenda que estudiará en Gaib Art… ¡y mira! Ya se
ahorró el horrible examen de admisión a la universidad. — Solté una risa y me
recosté junto a ella. Le acaricié el cabello cuando se estiró un poco y terminó
sobre mí para depositar un suave beso sobre mi ojo derecho.
Así como lo pinta suena bastante bien. Alen tendría una vida
humana casi perfecta; y yo desearía una felicidad de esa magnitud para ese
idiota al que quiero tanto.
Pero no estamos hablando de algún errante; estamos hablando de un calehim. Y si hay algo que nos diferencia
a profundidad de los ángeles, es que ellos piensan muchísimo antes de actuar.
Si bien suelen tener la esencia más pura…también son los más racionales.
No sé si Alen esté dispuesto a renunciar a su naturaleza original.
No sé tampoco con exactitud si llegue a adaptarse a este mundo que, si bien
adoro, en realidad suele ser un tanto abrumador para los suyos.
—
Nunca he oído de ángeles
que opten por la vida humana, princesa.
—
Yo tampoco de demonios que
salgan con humanos, pero aquí te tenemos— rebatió con burla.
Elevé una ceja y me reincorporé para besarla con suavidad.
Humano…
—
Si hubiera una manera de
quedarme como humano, aquí, contigo… la tomaría sin dudar — comenté observando
el techo.
Alen tenía la opción de quedarse como humano, o bueno, como algo
más cercano a un humano que yo…
Ojalá yo también la tuviera.
—
Pues como errante, demonio
o lo que sea, igual me gustas,
“pequeño-idiota-que-se-ve-demasiado-guapo-como-para-poner-esa-carita-tan-triste”.
Rompí a reír y después la abracé con cariño.
—
Ya te lo dije una vez,
princesa. No sé si duremos para siempre; apenas tienes diecisiete años. A lo
mejor conoces a un buen tipo “humano” en algún momento.
Ok, se ha enfadado. Acaba de deshacerse de mi abrazo y se ha
sentado lejos de mí.
—
¿Ni llegamos a los cinco
meses y ya estás planeando dejarme, Tarek Rye? — me dice observándome por
encima del hombro.
—
Mi amor por ti será eterno,
princesa. ¿Cuántas veces voy a repetirte eso? — concedo, pero aún se niega a
mirarme.
Eterno, sí, así va a ser mi amor por ella. Tan eterno que si mi
princesa de piel canela, la luna de mis ojos, encuentra a su Par absoluto, yo
igual seguiré amándola. Viéndola de lejos…sufriendo en silencio.
Cuentan nuestros mitos que cuando el amor se aloja en un corazón
como el mío o como el de Alen, toma un matiz diferente al que suele adoptar
cuando invade un corazón humano. Si un ángel o un demonio conoce el amor, la
conexión dura para siempre, por el resto de nuestras eternas existencias. Y
aunque admito que el amor es una de las creaciones más dulces y sublimes del
Todo… no voy a negar que, si no tienes suerte, podría terminar destruyéndote de
la manera más sanguinaria.
A lo mejor Alen también está pensando en eso: que arriesgarlo todo
por amor es casi como aventarse por los precipicios del bosque Izhi. Tal vez el
agua te reciba con los brazos abiertos, y si no los peñascos más letales lo
harían.
—
Tarek, tienes más años que
yo, no me salgas con que eres el inseguro de la relación. — Me divierte su ceño
fruncido, y después se sienta sobre mi regazo, con sus brazos rodeando mi
cuello—. Ya quedamos en algo: “siempre juntos”, siempre “los dos”. ¿Por qué lo
haces tan difícil?
—
Los humanos que se enamoran
“de verdad” lo hacen de la misma persona en todas sus vidas, princesa. Es eso
que ustedes llaman “alma gemela”, aunque en términos más cercanos a mi lenguaje
es conocido como el Par absoluto.
—
¿Sí? Pues bueno, entonces
cuando muera tendré la seguridad de que nos encontraremos en la que viene, y la
que viene, y la que viene, y así por los siglos de los siglos, amén.
—
El problema va a ser si ya
encontraste a tu Par absoluto en una vida anterior, o lo encuentras en esta. — Rueda
los ojos con desgano, pero no puedo evitar seguir hablando—: Si ya te has
enamorado en una de tus vidas pasadas, y aparece… créeme que vas a dejarme por
ese alguien, porque es la pieza que te falta.
—
Tarek, no jodas. No voy a
dejarte.
—
El amor… Bueno, el
“verdadero amor” entre humanos, hace que cada uno busque a ese otro en todas
sus vidas. Y si tu Par absoluto aparece, vivirás para él y yo andaré en pos de ti,
observándote y envidiándolo. ¡En cada una de tus vidas!
Resultaba cómico solo pensarlo: yo, ¡un antiguo Príncipe regente!,
persiguiendo a una niña humana solo para verla aunque sea de lejos.
Diablos, en qué me he metido.
—
¿Y si fueras tú “mi alma
gemela”? — me dice con algo de fastidio en su voz.
Sé cuánto odia ella esos términos “cursis”.
—
El Par absoluto se aplica
solo entre humanos, princesa. Y solo para recordártelo, yo soy un errante. No
sé de casos en los que humanos se hayan enamorado de ángeles o demonios.
—
Ok, ¿entonces qué?
¿Terminamos?
Sus ojos me observan con disgusto. Elevo una ceja ante su tono
desafiante y después la beso con fuerza.
—
Mientras no llegue… todo
está bien.
—
Bueno, si llega te doy
permiso de matarlo. No lo quiero. — Y río porque caemos sobre su cama, ella
sobre mí. Su largo cabello se desliza como una cortina al lado derecho de su
rostro. Sonríe y se inclina para besarme.
Si hubiera alguna manera de quedarme como humano la tomaría sin pensarlo. Porque de serlo haría que me amara con
todas sus fuerzas, que solo pensara en mí; y de esa forma estaríamos destinados
a buscarnos en cada una de nuestras vidas. Casi predispuestos a encontrarnos en
cada una de nuestras futuras existencias, en todos los universos, sea donde
sea. Tal vez con otros nombres, con otras edades, otras apariencias, pero
siempre los dos: siempre ella y yo.
La atraigo hacia mí con fuerza cuando siento esa necesidad
abrumadora de tenerla cerca. Su respiración choca contra la mía cuando
desabrocha mi camisa. Tener un brazo inútil como que dificulta que pueda
tocarla tanto como quisiera.
—
Mírame… aquí estoy.
Recuerdo que me aterraba de sobremanera entregarme así a un chico, sin
pensarlo, porque temía salir lastimada; y ahora…
—
¿Y ahora? —pregunto
mientras la sostengo por la cintura y beso su cuello, teniéndola sentada sobre
mí. Cielos, me enloquece: el solo verla me quita el aliento. Si hubiera alguna
forma de mantenerla prisionera, aquí, en esta habitación y solo para mí, hace
tiempo que el mundo externo ya no tendría ni rastro de nosotros.
—
Ahora solo quiero besarte y
tocarte y hacer lo que se nos dé la gana — responde riendo mientras sus manos
me sueltan para posicionarse sobre su espalda.
La observo fascinado desabrochar por sí misma el seguro de su
sujetador, con los ojos brillándome intensamente. Sé que debo tenerlos de color
escarlata, porque por naturaleza se ponen de ese tono cuando algo penetrante me
abruma. La primera vez que la besé hasta dejarla semidesnuda sucedió, y ella
inexplicablemente no gritó, solo dijo que el rojo le parecía muy sexy.
Suelto una risa cuando me inclino para llegar a sus pechos
desnudos: me he enamorado de una humana loca, atrevida y vivaz. Y realmente
creo que voy a aceptar su oferta de asesinar a su Par absoluto si en algún
momento se atreve a aparecer.
La oigo soltar un gemido cuando me aferro más a su cintura y la
beso con más fuerza sobre la piel recién expuesta…
Hasta que de la nada la puerta es golpeada con insistencia:
—
¿Marion? ¡Marion!
Nos reincorporamos de un tiro, con los ojos abiertos de par en
par.
—
Janna, ¡¿qué quieres?!—
exclama embravecida y algo agitada.
Suelto una risa que ahogo en su cuello.
—
¡Iago está al teléfono!
—
¡Dile que hablaré con él
más tarde! — responde disgustada.
Suelto otra risa que solo provoca que me muerda el labio inferior
con fuerza.
—
¡Ouch! Eres una mujer
violenta — susurro y me hace una mueca burlona.
—
¡Es para lo de tu fiesta de
cumpleaños! ¡¿Y qué andas haciendo ahí metida?! ¡No me digas que invitaste a
Tarek…!
Ambos nos miramos, pasmados.
—
¡¿Está ahí?! ¡Marion!
—
A-a… ¡Aysh! ¡Claro que no,
Janna! — exclama poniéndose de pie bruscamente.
—
¡Más te vale! No hubiera
tolerado que lo invitaras ¡y no pasara por la cocina a comerse alguno de los
pastelitos que preparé esta tarde!
Casi me doy de bruces ante la frase. La princesa se acercó a mí y
me abrazó mientras reía con fuerza, ocultando su rostro en mi pecho.
—
¿Entonces qué? Le digo que
llame más tarde.
—
Sí, ¡Janna entrometida!
¡Vete! Estoy con Tarek por videochat.
—
Sí, sí, muchacha loca.
Escuchamos sus pasos alejándose, y después rompimos a reír. Yo en
modo mudo para no levantar sospechas.
—
No sé qué clase de hechizo
has lanzado sobre mi familia, pequeño idiota — me dice acariciando con suavidad
mis párpados—. Eres casi como el novio ideal, porque todos en casa te aman.
— Este concepto de “familia” que tienen ustedes, los humanos, es tan
peculiar si me permites opinar al respecto — comento con tranquilidad. Sus ojos
marrones me observan con curiosidad—. Hermanos que pelean pero en el fondo se
quieren mucho; padre, madre…a veces tan estrictos, pero también sacrificados y
cariñosos; amigos que a veces suplantan todo ese afecto fraternal. Tíos,
abuelos, primos…
Nunca fui solo yo el que se cuestionaba sobre esto: había visto incontables veces a Alen quedándose
fuera de casa, observando por la ventana como Naina, Marissa y Santiago charlaban
sobre el día; y añorando ese tipo de amor que resultaba tan reconfortante.
También recuerdo las veces en las que me hablaba de sus primeros padres, esos
ancianos que vivían en el campo. Trayéndolos a mención a veces con gratitud y
devoción, y otras con anhelo y nostalgia.
En el fondo creo que Alen y yo quisimos
formar nuestra propia familia, y aún más en el fondo, creo que ese es el
principal motivo por el que ese idiota mal amigo me importa tanto.
Es mi amigo, mi hermano…mi familia.
Volvemos a tocar el tema de “Bellota y
él como algo más que amigos”, y después de un análisis exhaustivo llegamos a la
conclusión de que a lo mejor necesitan un empujón.
— Pensamos casi lo mismo, ¿estás seguro
de que no puedes ser mi Par-cómo-se-llame?— me dice sorprendida. Le jalo con
delicadeza un mechón de cabello y me gano un beso con mordida incluida.
— ¿Entonces sugieres que lo lleve a ese
tributo de rock al que irán este miércoles? — Ella asiente—. Mmm, bueno, Alen
es de los aburridos que no asisten a discotecas ni a nada de esas cosas, pero
haré lo que pueda.
— Una fiesta siempre caldea el ambiente.
La música y en sí toda esa sensación de jolgorio… no sé, podrían pasar muchas
cosas, ¿no crees? — añade con picardía.
De pronto su celular resuena por toda
la habitación. Tuerce el gesto, aburrida, y me dice que contestará. La oigo
hablar desganada con Iago: él y su padre están de viaje, viendo asuntos de una
sucursal de la clínica de su familia en Libiak. Han salido hace cinco días,
pero siempre llaman para preguntar cómo está.
— ¡En fin! ¡El asunto queda así!— me dijo
cuando colgó, sonriendo de oreja a oreja.
— ¿Entonces al final será de disfraces? —
le pregunté después de haber oído toda la plática acerca de la fiesta para
setiembre por motivo de su cumpleaños.
— ¡Síp! Y creo que va a ser LA fiesta del
año, porque la temática de disfraces siempre resulta divertida. ¿Y sabes qué
más? ¡Creo que ya tengo una idea de lo que llevaremos!
Elevé una ceja cuando me mostró la
pantalla del celular, y no pude evitar romper a reír con fuerza.
— ¿No es una pareja algo desquiciada?
— Es estupenda para nosotros — me dijo
con seguridad y después se lanzó a mi boca.
Sí, a lo mejor sí: Harley Quinn se
enamoró de un completo trastornado: el Joker.
Loi Amira va por ahí, siguiendo ese
mismo rumbo: enamorada de un errante que terminará asesinando a su Par absoluto
si es que llega…
…por muy prohibido que esté el tocar a
los humanos.
»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«
Sisa
—
Sí, abuelo, tengo dos
semanas de vacaciones. Así que la siguiente estaré dándome una vuelta por Asiri.
Lo oí reír alborozado: estaba tan feliz como yo.
—
Le diré a tu hermano que vaya por ti, Cachorra.
—
¡Oh, no! Pierde cuidado.
Puedo llegar en tren, y de ahí me recogen en la estación. ¡Eso sí! Desde ya
pido una cena digna de una gran bienvenida — bromeé. Me respondió que por
supuesto y después le dije que ya debía colgar porque la batería del celular
estaba por acabárseme. No sé si lo dije muy fuerte o qué, porque oí la voz de
Joan gritándome que debía llevarla siempre cargada.
El clima el día de hoy está horrible tal y como dijeron en las
noticias: ya empezó la temporada de lluvias y de las fuertes. Aprovechando que
salimos de vacaciones el viernes, hoy salí para practicar con el violín desde
temprano. Corín recién empieza las suyas desde la próxima semana, pero para eso
yo ya estaré en Asiri con el abuelo, Joan y el estupendo sol de allá.
Ojalá no empiece a nevar porque estoy huyendo precisamente del
clima tan feo de aquí.
Guardé el violín: ya iban a dar las cuatro de la tarde y me había
dado hambre. Solo salí con el desayuno. Estaba aquí, en el parque junto al
malecón en el que solía practicar después de la escuela. No hay mucha gente, y
aunque me avergüence aceptarlo esperaba encontrarme a Alen. Después de todo,
Loi y Etel mencionaron en un principio que lo veían constantemente cerca al
muelle o al bosque Izhi. Pero no, no había tenido suerte.
No quiero sonar como una acosadora pero no puedo evitarlo. Tarek
ya me dijo que está bien, que apareció después de toda la semana que no tuvimos
noticia alguna de él, pero aun así yo todavía no lo he visto.
¿Por qué no habrá venido a
verme?
—
Ocupado, Bellota. Tal vez
sigue ocupado — me dije con convicción.
Debía enfocarme en el violín y solo en eso. Además, así vea a Alen
no podré decirle todo lo que quisiera. Lo que Samin me había revelado era
información valiosa, pero no servía de nada ya que ni siquiera podía comentarle
sobre él.
El cielo se estaba poniendo horriblemente gris. En cualquier
momento empezaría a llover, y si llegaba empapada Gisell tendría preparada una
reprimenda bastante larga con mi nombre.
Estaba por cruzar la pista cuando algo extraño llamó mi atención.
Sentí una especie de hormigueo en la columna, y cuando giré de reojo, sentí que
el corazón me saltó con algo de emoción.
Alen estaba cruzando la pista a varios metros lejos. Un grupo de
chicas se quedaron mirándolo mientras ahogaban grititos. Elevé una mano y la
moví con fuerza, para atraer su atención, pero se pasó de largo, sin voltear;
perdido por completo en sus pensamientos.
Esperé a que el semáforo cambiara para cruzar y seguirlo. Su
recorrido describía la misma ruta que Loi y Etel me enseñaron cuando llegué a
la escuela, y la misma que yo había tomado cuando quise bajar sola a ver el
mar.
Estaba yendo a Izhi.
Corrí presurosa y bajé con cuidado los escalones de piedra. Mis
zapatillas se hundieron en la tierra húmeda que daba inicio al bosque, y
después una gota helada me surcó una mejilla: el cielo estaba poniéndose cada
vez más feo, en cualquier momento empezaría a llover.
No lo distinguí cerca y me acobardé. Digo, yo no soy de las que
repiten las cosas después de haber metido la pata ya una vez. No había forma de
que olvidara que mi primer paseo solitario en Izhi casi termina conmigo cayendo
por los peñascos si no es por Zara Lagares que estuvo cerca.
—
Alen — repetí en voz baja.
Si era él, tal vez volvía.
Los minutos pasaron y no obtuve respuesta alguna. Avancé unos
cuantos pasos, con cuidado, y volví a repetir su nombre pero no sucedió nada.
—
Tal vez… tal vez no era él.
Bueno, supongo que no queda más que salir porque realmente me
aterra estar aquí.
Giré, dispuesta a retornar por la escalinata, pero me asombró
comprobar que estaba muy lejos de la entrada. Los árboles me rodeaban e impedían
que viera si quiera por donde había llegado.
¡Pero si no había dado más que unos pocos pasos!
—
Ya, tranquila. Los tajos,
solo busca los tajos. — Giré con cuidado, aferrándome a cualquier arbusto que
encontrara.
¡Genial! Aquí hay un
asterisco; y aquí hay otro…
Resucité…
Los vellos se me erizaron por completo. ¡Dios, no! ¡No hay nadie alrededor!
Amé, amé…
Otro tajo, ¡busca otro tajo!
Me aferré al tronco del siguiente árbol; si hubiera sido una
persona sentiría que lo estaba estrangulando.
Solo amé…
—
¡No es nada! — grité sin
despegarme del tronco. Intenté ubicar el siguiente árbol, repitiéndome a cada
segundo que ningún grito era real, que no estaban matando a nadie y que yo no
tenía por qué sentirme con la obligación de ir a verificar nada.
Ubiqué el siguiente tajo. Estaba muy cerca, casi a un metro más o
menos. Solté el tronco del árbol anterior y avancé jalando de tanto en tanto
cuanto arbusto encontrara, intentando mantener contacto con la realidad a pesar
de que los gritos se hicieran más fuertes.
Finalmente llegué al siguiente árbol, y por el otro camino, uno
estrecho, distinguí mayor iluminación: era la salida al mar.
¡Corre!
Aceleré el paso y me cubrí los oídos con fuerza. Y cuando mis
zapatillas se hundieron en la arena, abrí los ojos, aliviada.
Ahí estaba el mar, en todo su esplendor a pesar de que todo se
viera de un gris opaco.
Iba a acercarme a la roca que sobresalía de la arena de en frente
para sentarme a descansar un poco, pero algo al costado llamó mi atención:
salía a paso lento del agua, mientras observaba tristemente el cielo, como si
fuera a caerse en cualquier momento.
Sí era él…
Alen bajó la mirada y me observó fijamente: me encogí casi por
instinto. Por alguna misteriosa razón sentía como si toda esa fuerza de
repulsión que solía despedir en un inicio hubiera retornado: ¿estaría de mal
humor?
Los ojos miel me escudriñaron, silenciosos.
Iba a preguntarle cómo estaba, pero su voz salió antes de lo
planeado:
—
¿Qué estás haciendo aquí?
—
¿Eh…? — El tono brusco me tomó
por sorpresa—. No sé, tal vez suene tonto pero esperaba un saludo más… ¿afectuoso?
— bromeé nerviosa.
—
¿Has venido sola a Izhi? — me
increpó y los nervios se esfumaron. Me quedé solo con la confusión.
¿Por qué está hablándome de ese modo?
—
Bu-bueno yo…te vi y…
—
¿No fue aquí donde una vez
casi caes por los peñascos? — Me está reprendiendo, pero no como el abuelo, no como
Joan, como Loi o Etel cuando se preocupan por mí… No, es completamente
diferente, hasta suena fastidiado —. ¿Es que acaso no entiendes? ¿Tiene que
ocurrir una desgracia para que lo comprendas?
—
Yo… — Sé que soy buena
reaccionando intempestivamente, pero en esta ocasión no pude ni pensar bien las
cosas. ¿Qué estaba sucediendo?
¿Quién era él?
—
Alen…tú… ¿estás bien?
—
Yo estoy perfectamente,
Sisa, pero la que va a terminar teniendo un accidente y por imprudente vas a
ser tú. ¿Qué haces aquí, en Izhi y sola? ¿No deberías estar haciendo algo?
Tarek me comentó que los alumnos de tu escuela están de vacaciones, ¿y lo de
Gaib Art? ¿No deberías aprovechar este tiempo para practicar? ¿No tienes nada
más que hacer que perseguirme?
¿Qué…? ¿Perseguirlo?
Lo último me lastimó de sobremanera. Yo había estado practicando,
claro que sí, ¡no tenía por qué sermonearme por eso! ¡El asunto había sido que
yo, muy estúpidamente, había estado preocupada por saber de él y eso
sencillamente le importaba nada!
—
Deja de meterte en
problemas, por favor — me dijo pasando junto mí—. No voy a estar siempre aquí
para cuidarte.
¿Cuidarme?
¡Eso fue lo último!
—
¡Nunca pedí que me cuidaras,
Alen! ¿Y sabes qué más? Si estás de mal humor yo no tengo por qué sufrir ser el
desquite de tu ira. ¡Estaba preocupada por ti y por eso te seguí! ¡Pero acabo
de comprender que ha sido una pérdida de tiempo! — No planeaba gritar pero ya
lo estaba haciendo. Él seguía impávido ahí, sin reaccionar, provocándome unas
ganas inmensas de hacer algo tan idiota como llorar y golpearlo—. ¡Estúpido calehim engreído! ¡Te largas así, como
si nada, y después apareces con ese rostro apacible y encima reprochándome que
no dejo de meterme en problemas! ¡¿Que te persigo?!
—
No grites — demandó y me
hizo sentir aún peor—. Si quise darme algo de espacio para pensar no es tu
asunto, Sisa. Solo me concierne a mí.
—
¡¿Te estás escuchando?! — alcancé
a preguntar.
Los ojos no dejaban de acusarme, ¿qué le había sucedido?
—
Te he dicho que mis asuntos
solo me conciernen a mí. Si desaparezco una semana, un mes, años, ¡vidas!, no
tiene por qué ser de tu incumbencia, Sisa.
—
¡¿Y Tarek?! ¡¿Y Hethos?! — exigí, sin creerlo—. ¡Han estado tan preocupados y tú me sales con que tus asuntos son
solo tuyos y…!
—
Solo deja de meterte en mis
asuntos, Sisa. Y hazme el favor de dejarme en paz.
No sé muy bien qué sucedió en ese momento. No sé bien si él se
alejó y yo me quedé estática, con los ojos brillándome de la rabia, de la
frustración…también del dolor.
No, claro que lo sé: él no se fue. Fui yo la que terminó huyendo
del lugar, con el horrible nudo en la garganta amenazando con transformarse en
sollozos, y escuchando los miles de lamentos que ya no me importaban.
Subí como pude por la escalinata, con el cabello humedeciéndoseme
por la horrible lluvia que acababa de desatarse. Iba a dar la vuelta en la
siguiente esquina, pero la figura que menos quería ver apareció.
Ahora no.
—
Sisa, querida, ¿estás
llorando? — se atrevió a preguntarme burlonamente.
—
¡Vete al infierno, Durand!
—
Uy, ¿qué fue eso? ¿Me
envías a mi propio hogar? — Oí sus risas estridentes mientras intentaba
acelerar el paso —. Acabo de ver la poca caballerosidad con la que te trató el
arrogante de Forgeso; qué muchachito tan grosero, ¿no es verdad? — La parada de autobús, solo debo llegar allá.
Cálmate, cálmate—. ¿Quieres que vuelva a proponértelo, preciosa? Si
aceptaras mi oferta te aseguro que nunca oirías tales palabras de su boca, y
menos con ese tono tan poco apropiado para una dama. Sus labios solo soltarían:
“¡te amo, mi preciosa Bellota!”, “a ti, a ti, ¡solo a ti, querida mía!”
Me detuve casi de manera automática. No sé si era por lo último
pero sus palabras me afectaron demasiado: las carcajadas resonaban, su sonrisa
me devastó. Solo lo escuchaba repetir cosas relacionadas a entregarme “eso” que
tanto deseaba, lo sencillo que era darme ese tan falsamente “complicado” amor,
y ya no pude más. Odiaba verme tan vulnerable; llorando como si no fuera Durand
el que me observaba, en medio de palabras que ya no alcanzaba a escuchar.
«— No voy a estar siempre aquí para cuidarte…
—
Oh, ¡vamos, preciosa! Solo
acepta el trato, y verás como todo cambia para mejor…
Ya no pude más. Solo atiné a cubrirme el rostro porque no podía
dejar de llorar.
Ayúdame…
Ayúdame…
—
Sa-Samin… — supliqué. Perdóname, no sé a quién más recurrir…
Entonces el viento sopló suavemente. Un brazo rodeó mis hombros.
—
Nanael — oí de Durand, casi
pasmado.
—
Vas a dejarla en paz, o te
juro que me encargaré yo mismo de ti, Berith. Ni los Khari te darán el trato que yo te daré, estás advertido.
Elevé la mirada, y me topé con los lentes oscuros y la polera
negra con capucha a modo de camuflaje. Del cabello azul y los ojos verde agua
no se distinguía nada.
—
¿Desde cuándo tú estás
con…? — Pero una especie de ráfaga cálida nos rodeó, y dejamos de ver a Berith.
Cerré los ojos con fuerza ante el brusco barrido, casi como si hubiera pasado
la página de un libro a velocidad.
Volví a sentir la superficie bajo los pies, pero me asustaba un
poco abrir los ojos.
—
¿Sisa? — Me sentía
profundamente avergonzada porque no podía detener el ataque de llanto. Sin embargo,
de la nada escuché una risita suya, muy gentil—: Que no te dé pena, esta vez
Alen se ha pasado. Es normal que te haya afectado tanto.
Me lo encontré sonriente, ya sin los lentes y con los ojos verdes
observándome con amabilidad.
—
Ven, no tienes por qué
prestarle atención a sus palabras, y mucho menos a las de Berith. — Y sacó un
pañuelo del interior de sus jeans para secarme las lágrimas—. Uno se comporta
como un adolescente en su etapa de rebeldía, y el otro… bueno, el otro es un
imbécil del que prefiero no hablar.
Oírlo me sobrecogió por un instante. Era como si el abuelo o Joan me
estuvieran consolando.
—
¿Te preocupa que acepte la
oferta de Durand? — pregunto sin pensarlo.
—
Sé que no vas a aceptarla,
estoy muy seguro. Un amor comprado no va contigo, Sisa, porque tú si lo quieres
de verdad… a diferencia de ella.
—
¿Ella? — repito confundida—.
¿Quién es “ella”? ¿Nhyna? — Niega con la cabeza con esfuerzo; algo le impide
hablar —. ¿Albania?
—
Ella misma.
—
¿Albania quiso a Alen? —
insistí pero solo frunció los labios—. Samin, debes estar al tanto de las
visiones que solía tener sobre ella, así que dime, ¿el chico con el que ella
solía hablar es Alen? Porque ya confirmé que tú eras el otro, tú eres Nana…
¡Dios!
Fue como si el mundo hubiera girado con violencia por apenas unos
segundos. Cuando reaccioné, ya me encontraba reposando sobre un largo sofá de
cuero.
—
Ya te dije que no debes
pronunciar mi nombre, es demasiado pesado para tu cuerpo — me dijo con
amabilidad.
Asentí, jurando no volver a decirlo porque la sensación había sido
horrible.
—
¿Eh? ¿Y…en dónde estamos? —
pregunté después de observar alrededor. Era una enorme estancia, con las
paredes completamente blancas. Las formas de algunos muebles no eran nada
convencionales, y las pinturas y jarrones que la adornaban le daban un aspecto
muy lujoso y moderno.
Más allá distinguí una cocina abierta que se veía desde la sala, y
la habitación del otro lado parecía contener instrumentos musicales. Los
ventanales de en fondo daban para lo que parecía ser un enorme balcón con
divanes.
—
Es mi departamento; ya
sabes, JOBEY es algo “famoso”. Lo lamento, no sabía a dónde más llevarte — se
disculpó apenado. Le dije que no había problema.
—
¿Ya están aquí? ¡Hola, Cachorra!
— ¿Cachorra?
Amber apareció por la puerta de atrás; ahora traía el cabello
color violeta.
—
Ho-hola.
—
Oh, no me mires así. Es una
de las pocas cosas que Samin ha podido decirme de tu nueva existencia: tu
abuelo te dice así, ¿verdad?
—
Nueva… ¿nueva existencia?
¿Eso significa que esta no es mi primera vida? — Amber y él intercambiaron
miradas pero ninguno dijo nada. Me cambiaron el tema al preguntar si quería
algo para tomar mientras Samin iba por algo que no me quisieron decir—. Ehh,
bueno.
—
¿Qué pasó? ¿Te peleaste con
el calehim? — me preguntó Amber mientras vertía algunas frutas y hielo
dentro de una licuadora de aspecto extraño. Me senté sobre uno de los bancos
altos frente a la barra principal de la cocina y asentí levemente—. ¡Siempre se
ponen idiotas con estos temas: demonios, ángeles, errantes, calehims!
Mi jugo estuvo listo. Me lo sirvió en una bonita copa transparente
y le puso una cereza de lo más simpática en el borde. Le di una probada: estaba
muy rico.
—
¿Acaso es tan complicado
aceptar que amas a alguien?
Casi me atraganto con el jugo.
—
¿Qu-qué? — pregunté
intentando respirar para no lastimar más mi esófago.
—
¡Agua, agua! — Corrió
graciosamente hacia la nevera y después vertió algo de agua en un vaso que me
pasó de inmediato—. Vamos, niña, no te me puedes ahogar. ¡Serás como mi hija!
—
¿Qu-qué cosa? — pregunté
confundida, pero ella insistió en que me bebiera el agua y no hablara.
Cinco minutos después ya estaba mejor, con la garganta ardiéndome
un poco, pero nada de cuidado.
—
Disculpa, Amber, ¿de qué
hablabas cuando me dijiste que…?
—
¿Cuando dije no puede ser
tan complicado aceptar que amas a alguien? — Bueno, yo me refería a lo de
“hija” pero ya que está explicándomelo radiante…—: Es obvio que el calehim está enamorado de ti, mi
preciosa Cachorra.
—
¡¿QUÉ?! — grité, y tuve que
beber más agua, o jugo, o lo que estuviera a mi alcance para evitar el
bochornoso incidente de un futuro atragantamiento.
—
Y ahora se encuentra en un
estado de crisis, porque sabe que sus sentimientos por ti solo van a poner en
jaque la certeza que él tenía de querer retornar a su lugar de origen. Además,
deben estar embargándolo todas esas inseguridades que suelen rodear al amor:
“¿me querrá como yo a ella?”, “¿y si al final me deja?”, “¿y si doy todo por
nada?”.
—
Am-Amber, ¿qué…? ¿Qué estás
diciendo? — pregunté casi desfallecida. Empecé a entrar en pánico porque esa
otra cosa llamada “esperanza” estaba desatándose con fuerza.
¡Y no era momento para que se apareciera!
—
¡Harían una estupenda
pareja juntos! Ay, si tan solo no hubiera perdido mis poderes originales podría
ayudarte con eso.
—
¿Mmm? ¿Cuáles eran tus
poderes originales?
—
Berith y yo compartíamos la
misma especialidad: ver los sucesos de cualquier intervalo temporal. Si aún
pudiera ver el futuro te diría con seguridad lo que va a pasar, pero solo tengo
los retazos de la información que he podido descubrirle a Samin parte de mi
pasado como demonio, y algunos recuerdos que los involucraban a él y a Alen.
—
¿También conociste a Alen
en su existencia original? — pregunté con curiosidad.
—
Bueno, él era mucho más
accesible que el mismo Samin en su existencia original; era amable y solíamos
charlar. — Negó con la cabeza, riendo entre dientes—. Juntándose con demonios,
enamorando a demonios y humanos. Vaya…
—
¿Enamorando a demonios? —
repetí incrédula.
—
¿Nhyna sigue
persiguiéndolo? — Me sorprendió muchísimo la declaración—. Sí, lo persigue
desde tiempos remotos; pero él solo tenía ojos para una.
—
¿Qué? Amber, ¿Alen…? ¿Alen
ya amó a alguien? — Claramente vi que intentó responderme pero noté que su
cuerpo empezaba a flaquear así que cambié de tema rápidamente. No quería que se
desmayara—. Eh… ¡Eh!… ¡¿por qué está haciendo tanto calor?! Afuera no hacía
tanto.
Ok, ha sido el cambio de tema más brusco de la historia.
Amber elevó una ceja y rompió a reír. Me tomó por una mejilla y me
la apretó con cariño.
—
Eres una cosita de lo más
tierna. Ayy, me muero, hija. — Esteee…—. Por cierto, hace calor porque la
maldita temperatura está casi a los 30°. Tenemos el aire acondicionado
encendido pero como Samin está en el mismo lugar es casi como tener a un
calentador personal andante. Ya sabes que los ángeles despiden mucha calidez,
¿verdad? Y no en el sentido metafórico de la palabra.
—
¿Treinta grados? — repetí
confundida—. Pero ya iba a llover y últimamente está haciendo mucho frío.
—
¿Frío? ¡Pero si estamos en
verano!
—
¿Verano? No, no, en Lirau
acaba de iniciar el…
—
¿Lirau? — me interrumpió
divertida—. Pequeña Cachorra, ¡estamos en Khilari!
Ah, con razón.
Espera, ¿qué dijo?
Khilari… ¿Khilari?
Si sacamos el mapa mundial que llevo grabado en la cabeza por las
clases de Geografía: Khilari…país de Frantzon.
¡Oh por Dios! ¡Pero si estamos al otro lado del mundo!
—
JOBEY terminó la gira en
Libiak y bueno, ya regresamos a casa. Ahora descansará hasta…
Intenté prestarle atención pero estaba demasiada ocupada corriendo
hacia las puertas de cristal. Las empujé y cuando salí al balcón el aire tibio
me dio de lleno en el rostro. Los miles de edificios que llenaban esta moderna
ciudad le dieron la bienvenida a mis ojos.
Santo Dios…he llegado a un país lejano… ¡y en menos de cinco
minutos!
—
Ok, alguien está entrando
en shock— oí a mi lado. Samin me despeinó el cabello en medio de mi
aturdimiento con la misma sonrisa que solía usar Joan.
¿Por qué me transmite esa
sensación de familiaridad?
—
Ven conmigo, Sisa; quiero
pedirte un favor.
Asentí y me dejé guiar completamente muda porque recién estaba
asimilando tanta información.
—
Sisa, quiero pedirte que
toques aquí en frente de Amber y de mí, la canción que usarás para presentarte
a la prueba de ingreso a Gaib Art.
—
¿Ah? — Lo miré y recién
reaccioné—. ¿Mi canción? — Asintió—. Mmm, bueno.
Corrí a buscar mi violín que reposaba sobre el sofá, junto a mi
mochila, pero su voz me detuvo.
—
Espera, quiero que lo hagas
con este. — Me mostró un estuche y me pidió que lo abriera. Le dije que ya
estaba acostumbrada al mío pero insistió en que lo usara.
Me encogí de hombros y acepté. Corrí el cierre y de repente un
hermoso violín color azul me saludó desde adentro.
Era uno eléctrico: un precioso violín eléctrico.
—
Ven, vamos a encender la
entrada inalámbrica del parlante y… ¡listo!
—
¿Por qué quieres que toque
con este? — le pregunté mientras iba posicionándolo sobre mi hombro con todo el
cuidado del mundo.
¡Era demasiado hermoso!
—
Porque me da la ligera
impresión de que tu canción podría funcionar aún mejor en uno eléctrico.
—
Sí, pero…bueno, yo planeaba usar el mío para ese día.
—
Mmm, bien, dejémoslo en que
solo estoy siendo precavido y quiero que ensayes con uno eléctrico. La prueba para
Gaib Art exige que la canción obligatoria sea tocada en un violín tradicional,
pero la de estilo libre no así que…
Le dije que igual no iba a poderse porque no tenía uno eléctrico
pero insistió. Y Amber empezó a aplaudir tan contenta que me resigné a tocarles
la melodía y protestar más tarde.
Me dio algo de nervios porque sería la primera vez que la tocaría
completa en frente de alguien más que no fuera Petardo o yo.
Elevé el arco y… Dios…
¡El sonido del violín fue demasiado para mis oídos! Nunca había
tocado con un eléctrico: ¡era demasiado perfecto!
—
Tócala completa, Sisa, por
favor— me pidió Samin con amabilidad.
Asentí, tomé una gran bocanada de aire e inicié. Y después de los
casi tres minutos que duró la canción bajé el violín, emocionada: ¡él tenía
razón! Mi canción sonaba mejor en uno eléctrico.
Amber se acercó a mí y me abrazó con fuerza mientras repetía que
se sentía orgullosa de ver cómo se iniciaba todo; le pregunté a qué se refería,
pero no me respondió.
Samin se puso de pie y asintió, como reflexionando consigo mismo.
—
Sabía que sonaría estupendo.
En fin, desde ahora vas a practicar aquí por lo menos una vez a la semana,
Sisa, y con ese violín.
—
¿Eh? Pero…
—
Y no sé si obtendré tu aprobación,
pero… — Lo miré con curiosidad—… ¿me dejarías hacerte una pista base para ese
día?
—
¿Pista base?
—
Mira, la canción es muy
buena…
—
¡Más que buena! ¡Es mi
nueva canción favorita! — exclamó Amber.
Quise voltear a darle miles de besos.
—
…pero he notado que se te
dificulta hacer algunos cambios en medio. — Sí, esa era justamente la razón
principal por la que practicaba como posesa siempre que Gisell salía o me iba
al parque a la salida de la escuela—. Esas notas que cambias con tanta rapidez
son la esencia de la canción, así que no puedes reducirles ni la velocidad ni mucho
menos quitarlas, pero lo que podemos hacer es darte algo de tiempo para que
relajes los dedos.
—
¡Eso es exactamente lo que
estaba pensando! — le comenté entusiasmada—. Lo malo es que no sé si a los
jueces les guste que me quede en silencio unos segundos, en los que recupero la
movilidad.
—
Por eso es que una pista
base sería perfecta — argumentó. Me emocioné ante la idea —. La pista de estilo
libre no es tan rígida como la obligatoria así que podemos hacerlo. Te haré una
melodía base, con acompañamientos de percusión y voces, para que en lo que
relajas los dedos no quede todo en silencio, ¿te parecería bien?
—
¡¿EN SERIO LO HARÍAS?!— grité
con demasiada efusividad. Intenté recuperar la compostura—. Digo… ¡¿EN SERIO LO
HARÍAS?! — Ok, mal intento.
Samin soltó una risa y asintió:
—
Y ahora un consejo más:
quiero que cuando vayas a ver a tu abuelo y le pidas que toque esta canción,
guardes con detalle la manera en la que él lo hace.
—
¿Eh? ¿Mi abuelo va a tocar
“mi” canción?
—
Vas a pedírselo. “Cuándo”
aún no puedo decírtelo, pero cuando suceda quiero que veas la fuerza que él le
pone a la melodía. La canción es perfecta, Sisa, y es una diferente a las que
sueles componer porque tiene una potencia que supera la dulzura con la que
manipulas el violín. Quiero que cuando tu abuelo lo haga, escuches al detalle
el sentimiento que le pone porque esta canción es casi una especie de fusión
entre ambos: la rudeza de Alcides Maleri, y la dulzura de Sisa Daquel. Intenta
verlo de ese modo.
Me sorprendió muchísimo que me dijera eso, porque aunque no se lo
había dicho a nadie esta canción la creé pensando en Asiri, y en toda esa
fuerza que el cariño del abuelo me trasmitía.
—
Tu examen tiene que ser
perfecto — prosiguió mientras Amber me abrazaba con fuerza—. Y como ya te dije,
vas a practicar aquí una vez a la semana o si puedes más, sin problemas llamados
Gisell, Corín o bocinas de autos, y con ese violín.
—
¿Pero no sería mejor
practicar con el mío?
—
Sisa, un violín eléctrico
va a acompañarte el día de tu examen. — Lo miré sin comprender—. Y no quiero
que me pongas gestos ni nada porque uno de los candidatos es ese.
—
¡¿QUÉ?!
Iba a protestar, pero Amber me estrechó con más fuerza.
—
Y realmente espero que sea
el azul… — me dijo en voz baja. Quise decir algo para negarme a recibirlo, pero
noté que su mirada decayó. Amber reía contenta junto a mí mejilla—. El blanco
solo significaría que todo lo hice mal.
¿Qué dijo?
»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«
Alen
Llevo aquí horas y lo único que he visto es que esta chica, Zara
Lagares, busca algo llamado “perfección”.
Ya van siendo cuatro los dibujos que ha rasgado después de
haberlos culminado; los eleva para verlos a contraluz y en seguida rasga la
cartulina con enfado.
Aproveché que su madre la llamó y dejó la habitación, para
ingresar con cuidado y ver que todos los papeles que ha desechado tienen la
figura de un violín.
Zara Lagares detesta los violines, pero le gusta dibujarlos. Sisa
toca el violín…
—
¿Qué demonios es esto? —
murmuro fastidiado, sin comprender la posible conexión. Oigo sus pasos
acercándose por el pasillo—: As thaya.
La observo ingresar, se queda unos segundos observando todo, como sospechando
de mi presencia, pero sé que sus ojos humanos no van a verme.
Zara Lagares suelta un suspiro, toma el pequeño artefacto que
reposa sobre su cómoda y después de ponerse los audífonos escucho la melodía un
armonioso piano. La veo sonreír mientras se desplaza hasta su cama. Va a
recostarse, tal vez a descansar los ojos porque ha estado dibujando por horas;
pero antes de hacerlo abre el cajón de su velador y saca un reloj de bolsillo
que observa casi con adoración.
Abre la cubierta apretando el pequeño seguro de encima, y los “tic
tac” resuenan como campanas en mis oídos.
Mierda, no: relojes.
Intento mantener la calma y no pasan más de diez minutos para que
caiga dormida, con el reloj junto a su mejilla. Cierro los ojos porque puedo
ver sueños, y en este momento ella está soñando.
Veo árboles, el mar, y a una joven pálida y delgada sentada en un
jardín, pero con el rostro borroso. Un hombre se acerca y toma su mano con devoción;
se arrodilla frente ella y desliza un anillo entre sus dedos. Este sueño no es
normal, porque se ve difuso y los matices son poco consistentes…
Es un recuerdo de alguna
vida pasada.
Intento concentrarme, pero el sueño de Zara Lagares se mezcla con
imágenes de su vida actual; por un momento veo a un chico, al amigo de Sisa,
sonriendo en varios pasajes, y después veo a un hombre y una mujer a los que
llama padres.
Entonces la imagen vuelve, la que está en tonos difusos, y el
hombre que le ha entregado el anillo a la joven ahora se pone de pie y la mira
con tristeza:
» Lo lamento, soy un mal
hombre. Mis actos me condenan; te amo, ya lo sabes, pero tengo que cumplir con
mi deber. Debo casarme con ella…
—
¡Ah! — Zara abre los ojos
después del grito que lanzó y su madre acude con prisa. Salgo de su habitación,
dejándola confundida porque ni ella misma entiende el sueño que acaba de tener.
Voy a tener que venir más seguido: las visiones de Sisa ayudan,
pero si puedo conectarlas con los sueños de Zara tal vez tenga mayor ventaja.
Sisa…Sisa…
—
Ya, basta.
Vuelvo a la tienda de Hethos pero descubro que no está. Camino
lentamente, pensando si voy a Izhi o si simplemente retorno al departamento a
descansar, pero el sonido de un violín a lo lejos me traspasa el cerebro.
Antes de que pueda evitarlo ya he terminado siguiendo la melodía:
es un chico que está tocando en la acera mientras sus amigos lo vitorean
entusiasmados. Elevo una ceja, indiferente, porque no suena ni la mitad de bien
de lo que suena el violín de ella.
Su violín canta mientras sus dedos lo acarician con dulzura.
Con esa misma dulzura que me transmitía todas las veces que la
besé.
—
No de nuevo…— me reprendo y
decido trasladarme al departamento que comparto con Tarek. Ha estado jodiendo
todo el día, repitiendo y repitiendo que quería que acuda con él a un club
nocturno, a un tributo de rock y no sé qué más.
Por lo visto después de mis tantos “no” decidió irse solo. A lo
mejor está con Loi, así que solo no va a estar.
Llego hasta el balcón y siento el viento frío de Lirau rozarme el
rostro. Los puños se me cierran, el pecho se me contrae… Mierda: estoy siendo presa de esa horrible cosa llamada ansiedad.
Necesito verla, necesito escuchar su violín, escuchar su voz…
Necesito besarla.
—
¿Qué sucede contigo? — Decido
salir en búsqueda de Tarek, porque cuando estoy solo la mente se me dispara en
medio de cabellos que flotan, ojos preciosos, labios entreabiertos...
…y empiezo a trazarme anhelos prohibidos.
La vi el lunes, en el bosque Izhi, y realmente me sentí como el
ser más despreciable del mundo cuando sus ojos empezaron a brillar, llenos de
furia y tristeza al mismo tiempo. Detesto verla llorar y más cuando es por mi
culpa; y ahí comprendí muy bien lo que Nhyna me había dicho: he creado una
especie de dependencia hacia ella; casi sometido…casi subordinado. No puedo
estar tranquilo si no la veo, no me siento cómodo si no estoy junto a ella, y
todo eso no hace más que confirmar que probablemente estoy sintiendo algo que
nunca debí permitirme crear.
Amor…
Mierda, la quiero… La quiero tanto que la detesto por estar haciéndome flaquear. Por
introducir estas dudas que me gritan que tal vez lo ideal sea quedarme aquí, como
humano…junto a ella.
»
Él es mi felicidad, pero tú el aire que respiro…
Nunca voy a poder quitarme a Albania de la cabeza; su recuerdo
siempre va a estar acechándome, asustándome,
porque una de las cosas que más temo, como dijo Berith, es entregarlo todo y
después encontrarme con la maldita realidad de no recibir nada.
Ya lo hice una vez… Me niego a caer de nuevo.
Entro, tomo la nota que Tarek dejó para mí sobre el sofá y abro
ese estúpido mueble del que lo he visto sacar botellas constantemente. No sé
qué demonios encuentra en el licor, pero si en este momento me ayuda a
separarme de mí mismo, pues bien, que bienvenido sea.
Destapo la botella y después de darle un largo trago me dejo caer
por el balcón, sin importarme si algún humano me ve porque muy bien puedo
borrar sus recuerdos. Y si estoy transgrediendo las reglas, ¡mejor aún!, porque
tal vez vengan por mí a trasladarme a una nueva vida. ¡Háganlo de una vez!
¡Hazlo, Gabriel! Porque estoy tan harto de esta vida y de tener todos estos
sentimientos confusos rompiéndome la cabeza, que me harías un favor si me
recogieras de una vez por todas.
Aterrizo con suavidad sobre el pavimento: genial, ni una jodida
alma.
Avanzo entre las calles desoladas: la gente no sale de sus casas porque
está haciendo mucho frío, o a lo mejor no distingo a nadie porque estoy
caminando en medio de humanos que no me interesan nada.
Bebo más de la botella: el sabor es espantoso, pero al quinto
trago ya ni lo siento. Incluso un curioso hormigueo en el cuerpo me hacer
querer más.
Para cuando lo comprendo ya me encuentro en un ambiente brumoso,
caldeado y lleno de humo de cigarrillos a medio terminar. La música resuena con
fuerza, los cuerpos se retuercen en figuras sinuosas y yo ni siquiera sé cómo
demonios he ingresado a este lugar.
¿Mi botella? Bien, ya no la tengo: debí dejarla caer en algún
lugar porque ya estaba vacía, o tal vez nunca la tuve conmigo, o me la quitaron
o quién sabe. Ni siquiera sé bien por qué estoy aquí, y por qué sigo bebiendo
de este vaso con tantas ganas cuando solía detestar el alcohol.
Oigo voces, veo sonrisas, miradas… de un momento a otro la
sensibilidad de mi cuerpo se ha hecho tan intensa, que cuando esta chica traza con
sus uñas una línea en mi pecho la sensación me golpea como multiplicada. Veo su
sonrisa, siento sus brazos enroscarse en mi cuello y después su boca buscar la
mía.
¿En este momento qué carajos soy? ¿Ángel? ¿Humano? No sé…no lo sé; simplemente le pido al de la
barra que me pase otra de sus botellas y acepta sin pedir nada a cambio porque
puedo ejercer cualquier tipo de control sobre los humanos. Está mal emplearlo
para estas cosas, pero me importa una reverenda mierda. Solo quiero que los
ojos preciosos que me atacan se detengan, que las ondas al viento desaparezcan.
Solo quiero arrancarme el corazón a ver si así el recuerdo de ambas se
dispersa.
Porque a las dos las amé…y a las dos las aborrezco por ello.
Vuelven a jalarme por el cuello: lo han hecho como que cuatro o
seis veces más; ya no opongo resistencia, es más, hasta me da risa. La chica de
ahora tiene los ojos verdes, pero no como los de ella, y el cabello marrón le cae por el rostro con delicadeza, pero
no tan coquetamente como a ella. Como
a Bellota… a Sisa…
A mi Sisa… A mi amor.
Siento su boca encontrarse con la mía, sus manos enredándose en mi
cabello, mi espalda chocando contra una superficie extremadamente dura. El
sonido estridente de la música ha menguado…
Alto, ¿en dónde estoy? Esta no es la barra.
Tarek…vine por Tarek, entonces ¿qué hago besando a un chica semi
desnuda en esto que…parecen ser los sanitarios?
Rompo el beso y me observa con curiosidad. Voy a decir algo como
que no estoy en mis cinco sentidos; algo como que lo siento mucho pero debo
irme. Sin embargo, en ese momento sucede algo muy extraño, porque el par de
ojos preciosos que tanto amo me observan llenos de consternación desde la
puerta.
¿Es ella? ¿O es que la mente me detesta tanto y sabe que solo con
su imagen me derrumba?
—
¡FUERA! ¡FUERA! — escucho
que grita fuera de control. No sé bien qué sucede, porque sigo sintiendo todo
como si yo fuera un agente externo y solo observara.
Entonces se acerca a mí con pasos firmes cuando mi acompañante se
pierde por la puerta…
¡PAAF!
…y me lanza una bofetada tan fuerte que desvío la mirada, lleno de
culpa. Lo que me lastimó más no fue el golpe, sino los ojos, llenos de
decepción y el matiz que iba distinguiendo en sus emociones. La tonalidad es
casi la misma que he reconocido en las mías, y yo no necesito que ella lo ponga
en palabras para entenderlo.
No me ames, Sisa Daquel, porque
no lo merezco.
No es justo que ella albergue algún tipo de esperanza de que
compartamos algo en un futuro porque voy a irme...en algún momento voy a irme.
Y tendré que dejarla.
«
Sería tan triste que le rompas el corazón al “irte”, ¿no te parece?»
Yo no voy a hacer lo mismo que Albania hizo conmigo. Obligándola a
vivir con un recuerdo que solo la lastimará; con un recuerdo que convertirá la
añoranza en el eje central de su existencia. Porque vamos, de añoranza es de lo
último que se vive. No se puede vivir anhelando, porque uno deja de ver el
presente para vivir en un eterno “¿y qué si hubiera…?”.
Vamos a acabar con esto de una vez…
…ella no es para mí, no es
para mí.
Porque a mi lado, aunque me duela admitirlo…
…nunca se encuentra la “felicidad humana”.
Si me voy y todo ese amor que veo en sus ojos es tan sincero como
lo percibo, nada garantiza que me olvide y pueda seguir adelante. Y de quedarme
con ella, solo tendremos un futuro lleno de sucesos inciertos que podrían
destruirlo todo: corro con el riesgo de que el recuerdo de Albania me atormente
eternamente y yo no sea lo suficientemente sensato como para superarlo; corro
con el riesgo de que en algún momento el amor no sea suficiente y ella
sencillamente me deje atrás. O lo que es
peor…
…corro con el riego de que el famoso Par absoluto haga su acto de
presencia, y se gane mi repudio por arrebatármela y llevársela de mi lado.
Demasiados puntos en
contra.
Ya aprendí lo que es vivir con un recuerdo; detestaría que ella
sufriera lo mismo.
Ya me rompieron el corazón una vez; no resistiría que lo hicieran
de nuevo.
Y es por ese mismo dolor que me oprime el pecho…que lo mejor es
decirle adiós a la chica del violín con ojos preciosos y cabello avellana.
Adiós, mi Bellota. Te mereces a un buen sujeto, a uno que no
cuestione tanto el sentido de su existencia. A uno que no le tema ni al olvido
ni al amor.
Te mereces a alguien que sea humano.
Te mereces a alguien que no
sea yo.
»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«
Sisa
—
Oigan, ¡lárguense a un
hotel! — gritó Etel, divertida, cuando Loi y Tarek empezaron a comerse a besos
a unos pasos.
¡La música estaba estupenda! Joan ya nos había hecho prometer que
vendríamos al tributo de rock en el que participarían sus amigos (“Mamá, quiero
ser músico” tocaba más punk que rock pero bueno, igual dieron un buen
espectáculo), y por lo visto todos estaban divirtiéndose.
Cuando salió otra de las bandas e inició su presentación con un
cover de Cryin’, pegué un grito tan fuerte que después quedé sin voz para
cantarla. Y ahora, como mi hermano había previsto, habían puesto música variada
para el final. Llevo saltando algo de cinco horas porque estamos aquí desde las
nueve de la noche, y ya deben ser algo de las dos o tres de la mañana.
Mis piernas me exigen una tregua inmediata, así que detengo los
saltos eufóricos y le digo a Etel que iré por una botella de agua a la barra.
Tarek se ofrece amablemente a ir, pero le digo que de paso intentaré despejarme:
hemos bebido casi nada, pero creo que necesito movilizarme un poco para
recuperar algo de coordinación.
Tomas no pudo venir porque le ha dado un resfriado que asusta, y
para mi buena suerte Gisell me dio permiso para salir sin inconvenientes. Lo
único malo es que me dijo que volviera sin olor a cigarrillo o a esas cosas que
se consumen en los locales nocturnos, así que ni bien llegue a casa tendré que
lanzarme como pueda a la ducha y después meter la ropa a la lavadora antes de
que sienta mi presencia.
Y con respecto a Alen… no sé nada de él desde que nos vimos en
Izhi. Es más, creo que no sé nada de él desde hace más tiempo porque ese día no
fue como si intercambiáramos demasiadas palabras.
Otra vez pensando en él…
Me propongo dejar de pensar en él, pero por cualquier motivo viene
a mi mente sin mi consentimiento.
Sentí que alguien me tomó por la mano: era un chico que me preguntaba
si quería bailar con él. Me negué con gentileza y seguí mi rumbo. El lugar era
pequeño y provisto de muchísima gente; creo que pasaré por el baño un toque
para mojarme el ros…
¿Eh?
Parpadeé incontables veces, preguntándome si lo que veía en frente
no sería producto de mi imaginación. Me puse de puntillas, y después atravesé a
un grupo de chicos porque no lograba ver bien desde mi posición.
¿Alen? ¿Sería él? Porque juro que acabo de verlo sentado en la
barra.
Pasé entre la gente que bailaba eufóricamente y por fin logré
tener una mejor vista. Sí, era él, y estaba sentado en la barra con una botella
casi vacía al costado y con algunas chicas riéndose coquetamente a su lado.
Está completamente de negro, y el cabello desordenado le da una
apariencia algo juguetona, pero su lenguaje corporal dice otra cosa. Se le
percibe amenazante, muy seguro de sí mismo, y con esa sonrisa tan arrogante con
la que lo conocí.
Noto que una de las espectadoras se acerca a susurrarle algo al
oído. Él suelta una carcajada, bebe un poco más del vaso, y no sé si es porque
yo también tengo algo de licor en la sangre pero lo veo más hermoso que nunca.
La chica anterior vuelve a inclinarse, muy cerca de él, y un incómodo nudo se
aloja en mi garganta.
Una pareja se posiciona en frente de mí, impidiéndome la visión,
pero entre los huecos que dejan vislumbro que lo ha tomado por la muñeca y… ¡Si
tan solo toda esta gente no estuviera por aquí podría ver por qué demonios se
ha acercado tanto a él!
Me escabullo entre las personas con una molestosa sensación en la
garganta e intento llegar a la barra. Pero cuando ya estoy cerca observo
alrededor y no logro ubicarlo.
¿Qué? ¿Era él? ¿O solo lo he imaginado?
Me convenzo de que lo mejor es refrescarme un poco para ver si así
dejo de imaginar tantas tonterías: ¿qué
haría Alen aquí? A él no suelen
gustarle estas cosas. Me mojaré un
poco el rostro, la nuca y volveré como nueva a dejar de pensar tanto en él.
Cruzo entre la gente; a lo lejos Etel me hace señas con la mano y
le indico, de igual manera, que iré al sanitario.
Llegué al estrecho pasillo; resoplé, algo aliviada, porque aquí no
hacía tanto calor, e ingresé al sanitario más próximo que parecía ser el de
damas.
Entonces puse un pie sobre las baldosas…
¿Qué…?
…y en ese momento sentí que la vida se me acabó.
Tal vez la expresión suene demasiado ridícula y estúpida y
patética, pero la verdad era que en ese momento me sentía exactamente así:
ridícula, estúpida y patética.
Sí era él, claro que era él…
Y ahora estaba besando a la chica que vi antes, solo que esta ya
no trae la blusa blanca con la que la vi alejarse. La prenda está ahí, sobre
las losetas percudidas; tal vez arrugada por la fuerza con la que se la
quitaron.
Fue casi como un destello, pero recordé los baños de Oráculo: la
pareja semidesnuda, las risas de Gabriel, los gemidos de la chica, los “moteles
de paso”.
Rompen el beso justo cuando siento que mis ojos pierden una de las
batallas más horribles de toda mi vida, y empiezan a picarme con muchísima fuerza.
—
¿Eh? ¡Ah, qué pena!— dice
ella, percatándose de mi presencia, y en un mal intento por sonar avergonzada.
Recoge la prenda y se la pone velozmente.
—
Disculpa el momento
incómodo. Ya nos vam…
—
¡VETE! — grito perdiendo el
control. ¡Al diablo, no me importa!
Ella abre los ojos, pasmada. Él solo ha desviado la mirada, sin
decir nada.
—
Oye, ¿te encuentras bien? —
me pregunta y aprieto los labios con fuerza porque las lágrimas empiezan a
ahogarme; porque si no se larga, voy a terminar haciendo algo tan estúpido como
pelear por él—. Porque pareces algo alterad…
—
¡FUERA! ¡FUERA! — repito
llena de rabia, de cólera, de decepción, frustración, todo mezclado. La chica
me mira como si estuviera loca y a lo mejor sí, lo estoy…
…porque estoy a punto de delatarme.
—
Espera… ¡¿es tu novio?! — Los
ojos miel me observan con un gesto que no logro descifrar—. ¡Dios, lo siento
tanto! ¡Creí-creí que venía solo y…!
—
¡FUERA! ¡LÁRGATE! — grité completamente
fuera de mí. No tengo ningún derecho a hacerle ninguna escena a Alen Forgeso,
pero en este momento me siento tan mal que no me importará tirar lo que me
queda de dignidad a la basura.
Los tacones resuenan alejándose; me acerco y le lanzo una bofetada
que no tiene sentido absoluto. Alen y yo no salimos, no tenemos nada pero lo
odio, ¡lo odio porque en este momento me ha lastimado como nunca nadie lo ha
hecho!
—
¿Qué haces aquí? — Su voz
resuena, impávida —. Ya te he pedido que dejes de seguirme, ¿cuántas veces debo
repetirlo?
¿Qué…?
No lo aguanto más y le lanzo otra bofetada, con tanta rabia que yo
misma quedo sin respiración. Y espero…espero
que diga algo más, que diga que todo es una broma. Que está avergonzado por su
comportamiento y se disculpe por la escena. Que sonría y me diga que está algo
pasado de copas y no sabía lo que hacía. Porque a lo mejor le creería…sin muchas vueltas le creería.
Pero se queda ahí, con el rostro de lado, sin decirme
absolutamente nada.
—
¡¿Qué demonios pasa
contigo, Alen?!
No llores, ¡no llores!
—
¿Qué demonios pasa
“conmigo”? — El tono burlón me lastima—. Disculpa, pero yo no soy el que va
abofeteando a las personas por nada.
—
¡¿Por nada?! ¡Llamas “nada”
al…! ¡Al andar metiéndote a los baños con chicas que ni conoces!
—
Llamo “nada” a los asuntos
que me conciernen solo a mí, Bellota— añade con ironía—. ¿Por qué te ves tan
sorprendida? ¿No lo recuerdas, Sisa? Me alimentos de “besos”.
—
¡Eres un…!
—
¿Un qué? — me dice y mi
muñeca es capturada con rudeza. Me encojo ante el tono frío, ante la mirada
penetrante, porque la sonrisa burlona se acentúa y el aura indiferente
reaparece: ya no es el Alen que ama los chocolates y molesta a Tarek. Se ha
convertido nuevamente en “el chico que camina por las madrugas y detesta hablar
con la gente”—. ¿Qué pasó, Bellota? ¿No terminas con la charla de moralidad?
Su rostro estaba tan cerca del mío que podía visualizar cada
detalle.
El sol… Estoy viendo al sol de cerca, y está a punto de
calcinarme.
—
¿Quién eres? — se me escapó
débilmente, porque todo lo que creía saber empezaba a desmoronarse.
—
Es tan estúpido que yo me
haga la misma pregunta, y aún no haya tenido éxito consiguiendo una buena
respuesta—. Liberó mi muñeca, lleno de tranquilidad; el cuerpo me tembló,
amedrentado—. Y solo por si lo has olvidado: los que están saliendo son Loi y
Tarek; no tú y yo, Bellota. No funcionaría…jamás funcionaría.
Y con eso automáticamente cerró el asunto. Sentí que algo enorme
cayó sobre mí, ahogándome, dejándome tan minúscula que lo mejor que podría
pasar es que todo fuese un maldito sueño. Lo malo es que eso es completamente
imposible ya que yo no puedo soñar.
¿Por qué me sorprendo? Es decir, siempre lo creí así. Siempre lo
vi inalcanzable. En el fondo, muy en el fondo, yo siempre tuve esa sensación de
inseguridad.
No funcionaría
Quise preguntar “¿entonces qué significaron todos los besos que me
diste?”, pero creo que ya obtuve una respuesta.
Nada.
Si alguien me hubiera dicho que enamorarse duele mucho, hubiera
declinado con un cortés “no gracias”. Si alguien me hubiera dicho, por muy
idiota que suene, que el corazón realmente se te parte por dentro en miles de
pedazos que después no saben cómo encajar, hubiera dado un paso al costado y le
habría dicho al amor que no se atreviera a tocarme.
Y si alguien me hubiera dicho que Alen Forgeso en realidad era un
demonio disfrazado de ángel, hubiera levantado un muro de concreto para evitar
cualquier contacto entre sus ojos y los míos.
No sé qué más pasó esa noche. Creo que salí corriendo después de
gritarle que lo odiaba, que detestaba el día en el que tuve la desgracia de
conocerlo, y el gesto en su rostro fue tan nulo que solo lloré más, echando por
los suelos todo lo que me quedaba de dignidad. Creo que Loi y Etel vinieron
detrás de mí al verme tan devastada, y después recuerdo a Tarek abrazándome con
fuerza, diciéndome que ni él comprendía lo que acababa de suceder.
Esa noche lloré como para saldar toda mi cuota de llanto en esta
vida, en el regazo de Samin que tuvo la gentileza de acariciarme la cabeza
mientras oía mis tristes lamentos, y repetía que todo estaría bien…que yo
estaría bien.
Quiero creerle…
No, claro que le creo. Le creo porque yo misma sé con certeza que
nadie se muere por amor. Y menos por uno no correspondido.
No funcionaría…jamás funcionaría.
Hay algo muy extraño con el tiempo cuando sientes que tu corazón
está lastimado: he dejado de sentir los días y me parecen horas. Y me siento
tan estúpidamente mal, porque los días que pasé en Asiri, con Joan y el abuelo,
se deslizaron como arena entre mis dedos. Ya estoy en Lirau otra vez, en clases
otra vez, y no pude enseñarle al abuelo mi canción para grabar cada detalle de
su estilo con el violín, como me había pedido Samin.
La culpa la tiene él… ese
estúpido calehim engreído que me
marcó con cada uno de los besos que me dio.
No, miento: la culpa la tiene la humana tonta, que no supo ponerse
un freno y evitar enamorarse de algo tan lejano como un ángel. O tal vez el
sol.
—
Bellota, ¿estás bien? Has
estado callada durante toda la mañana — oigo la voz de Loi y le respondo que sí
con un cabeceo—. ¿Quieres que vayamos al parque que está al frente del museo en
el que ensayo? A las dos iba a comenzar un recital de piano y violín a campo
abierto. Apenas son las tres así que probablemente aún no termina.
Loi, Etel y el mismo Tarek se han comportado de manera tan
maravillosa conmigo, que si hubiera alguna manera de retribuírselos la tomaría.
Detesto estar así de decaída y he intentado por todos los medios mostrarme normal,
pero ninguno me cree. Es más, ni yo misma me creo; y es tan malditamente
contradictorio lo que me embarga por dentro, que a veces quisiera pegarme un
buen par de bofetadas a ver si así reacciono de una vez por todas: por un lado
sé que es una pérdida de tiempo seguir llorando por él, y por el otro
simplemente el corazón se me encoje, como si un par de dedos lo tuvieran
prisionero y lo apretaran sin piedad cada vez que lo recuerdo.
Ya van algo de tres semanas…casi un mes… No
deberías seguir llorando, Bellota tonta.
No sé por qué a veces nos empecinamos en llorar por cosas que
nunca tuvimos. Alen y yo nunca fuimos nada, así que mi tristeza no se debe a
que lo perdí; si no a la comprensión de que, en primer lugar, nunca fue mío.
Cruzo en silencio y camino por las calles junto a Loi y a Etel que
me traen cada una cogida por un brazo. Charlan sobre la fiesta de disfraces por
el cumpleaños de Loi que se llevará a cabo muy pronto, y después intentan
sacarme una sonrisa haciendo muecas raras. Termino riendo en voz bajita ante
sus esfuerzos y ambas aplauden, contentas.
Me siento tan mal preocupándolas tanto. Quisiera sacarme el
corazón para que vean que estoy bien: él
está bien, solo algo magullado, tal vez un poco pisoteado y ligeramente
avergonzado…pero aún late, así que no voy a morirme.
Llegamos a la enorme plazuela. Hay miles de personas sentadas alrededor
y las notas que viajan en el aire repentinamente me hacen sonreír sin
proponérmelo: mi corazón, tímido y golpeado, observa de reojo y sale de su
escondite para permitirse latir con algo más de emoción ante el precioso sonido
de ese piano en vivo.
La melodía es suave, y si me preguntaran qué siento, a lo mejor la
palabra correcta sería “tranquilidad”.
—
A que suena genial,
¿verdad? — susurra Loi a mi oído. Asiento y suelta un gritito —: ¡Por fin! ¡Ahí
está esa sonrisa bellotuda!
Elevo una ceja y rompo a reír cuando Etel dice que Loi debería
leer más para dejar de inventarse palabras; y es en ese lapsus que giro de
casualidad y mi cuerpo impacta con otro.
Me tambaleo un tanto por el choque y después elevo la mirada para
disculparme como se debe; entonces no sé qué sucede porque el par de ojos
grises del muchacho que tengo en frente me observan completamente estupefactos.
Cabello negro, ojos grises…
Momento.
Aquí falta algo: todo me es familiar, pero falta algo…
Parpadeo, algo confundida, hasta que oigo la voz del chico que me
mira ahora con una sonrisa.
—
¿Bellota? — pregunta tan
sorprendido como yo. Asiento lentamente. ¿Quién…?
Claro…la imagen no me resulta del todo familiar porque las gafas
redondas y la postura tímida ya no están. Y de esa aura de inseguridad que
antes lo rodeaba no queda nada; ¡es más, se siente como si nunca hubiera sido
parte de él!
—
¡Oh, por Dios! ¡Eres tú!
¡Sisa! — exclama resplandeciente, y después siento que me envuelve en sus
brazos, lleno de alegría. Es algo extraño porque el abrazo tímido que esperaba
en realidad fue uno seguro y consistente; muy lleno de confianza en sí mismo,
tal vez hasta algo protector.
El contacto había cambiado tanto…casi como él mismo.
Como Marcus…
Marcus Leda.
.png)


Comentarios
Publicar un comentario
Por cada comentario, nace un hada escritora.
No olvides comentar… ✨ 👀