Noches de insomnio | Capítulo 18: Noche XVIII

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Capítulo 18 | NOCHE XVIII


 

 

 

 

Marcus

 

» ¡JAJAJAJAJAJAJA! ¡¿Quién quiere sus gafitas porque es un pobre ratón ciego?! ¡Eh! ¡Eh!

» ¡Ya! ¡No es divertido! ¡Devuélvemelas!

Recuerdo mis enormes esfuerzos por alcanzar la altura del mastodonte de Boris, pero era tan pequeño que todo era en vano.

» Ay, Libélula, ¿vas a ponerte a chillar? ¿Debemos llamar a tu mami? Si prometes no llorar, las quebraré tan rápido que ni lo notarás.

» ¡No, Boris!

» ¡YA BASTA! Evoco la voz aguda sonando estridentemente en el aula; y después visualizo a la única persona que se atrevió a ponerle un alto a toda esta ridícula escena.

Sabía que llegar como nuevo a mitad de año iba a ser difícil, pero apenas había pasado una semana y ya me había ganado el apodo de Libélula y el puesto de “pelotita desestresante” de Boris Vitoldo y todo su grupo.

» Ahh, Sisa, qué aguafiestas. Solo estoy jugando con mi nuevo amigo.

» ¿Jugando? ¡Pero si lo estás molestando! — La niña de los ojos bonitos se pone de puntillas y, para mi sorpresa, llega a quitarle mis gafas.

Así que una niña era más intimidante que yo. No supe cómo tomar eso.

» Aquí tienes, ¿estás bien? Tiene los ojos verdes…no, parecen pardos, tal vez grises, como los míos y los de mamá. Mmm, no, me parece que no: son mucho más bonitos —. ¿Por qué no hablas?

» Gra-gracias.

» Te llamas Marcus, ¿verdad? Asentí y me sentí tan conmovido por su amabilidad que podría haberme echado a llorar ahí mismo. Qué bueno que no lo hice o el apodo hubiera cambiado a “libélula llorona”—. Disculpa a Boris y a sus amigos, creo que han nacido sin neuronas.

La tutora de aula ingresó, y pidió que nos formáramos de a dos para salir rumbo al bus que nos llevaría al Museo de Historia. Asentí para mí mismo, muy convencido y dispuesto a preguntar si había asientos individuales.

» ¿No tienes con quien ir? Oh, la niña de ojos bonitos ha vuelto a hablarme. Niego con la cabeza, con algo de torpeza, y entonces su sonrisa me provoca temblores—.  Yo tampoco, si quieres podemos ir juntos.

¿Juntos?

Siento que me toma de la mano, me comenta lo emocionada que está porque le gustan mucho los museos y después estamos en el autobús, en un asiento de a dos. Exactamente a las tres volvimos a casa.

» ¡MAMÁÁÁÁ, HAY UNA NIÑA EN EL SALÓN QUE ME CAE MUY BIEN!

Fue el mejor día que había tenido en toda mi vida.


 

ɛ~ɜ

 

¡Pero qué sorpresa! ¿Qué…? ¿Qué estás haciendo aquí, Marcus? ¡Creí que estabas en Libiak!

Los locos de mis abuelos paternos van a renovar sus votos de matrimonio, y toda la familia se ha reunido aquí para organizar y asistir a la “boda”.

La chica que está sentada en frente de mí se acomoda distraídamente un mechón de cabello, mientras escucha atentamente el motivo de mi estadía temporal en Lirau. Y quiero decirle que no lo haga, porque ver su cabello desordenándose con el viento es una de las cosas que más extrañaba de ella.

Casi dos años y medio; ya para tres, Sisa Daquel…

Dos años y sigues así, con esa bonita sonrisa llena de amabilidad y esos hermosos ojos. La única diferencia es que el brillo está un poco difuso. Estás triste, tal vez algo lastimada; no pasa mucho para que comprenda mejor las cosas. Agradezco infinitamente que a tu amiga Etel se le haya escapado el nombre de “Alen Forgeso” cuando mencioné que te sentía un poco apagada. Tu amiga, Loi, le ha propinado un codazo en las costillas que hasta yo he sentido.

Y tú ríes…ríes y niegas con la cabeza, y te ves tan bonita como te recordaba. Pero ya he aprendido a distinguir las sonrisas falsas de las sinceras, y sé que esta que estás regalándome es una de ellas.

El nombre que acaba de mencionarse parece ser el culpable.

Alen Forgeso

¿Qué pudo haberte hecho ese sujeto?

 

 

ɛ~ɜ

 

» ¡Me desmayo! ¡ME DESMAYO! ¡Jamás debí aceptar hacerlo! ¡Me da pánico cantar en público!

» ¡Cálmate! ¡Profesor, creo que Aylin necesita agua! Ahí estaba uno de nuestros compañeros, tratando de calmar a la niña que cantaría con él a modo de dueto por el día del padre.

Los demás estábamos ayudando a terminar la escenografía que usarían, y a mi lado estaba ella con un simpático vestido color verde y zapatos con correa.

» ¿Es-estás nerviosa? le pregunto mientras retoco el “cielo estrellado” que traje hecho desde casa, y esparzo algo de polvillo brillante encima. 

» Mmm, un poquito. El abuelo me hizo practicar la canción; sería terrible que se me vaya alguna nota. — Se acomoda las trenzas que le cuelgan de cada lado y siento que mi corazón se dispara cuando la escucho reír animada—. Cuando me pongo nerviosa todo me da risa me explica algo apenada.

Ojalá siempre estuviera nerviosa porque se le ve más bonita que nunca.

» ¡Hey, Libélula! ¿Coqueteando con Bellota?  Dios, ¿Boris nunca va a dejarme en paz? ¿Le he hecho algo malo en alguna vida anterior? Porque ya ha pasado un año, y aún sigue molestando.

» No le prestes atención me dice ella, y basta con oír su voz para que lo demás se apague sin demora. Le sonrío con algo de timidez, y después le digo que va a estar genial. Tartamudeando de los nervios que a veces me da solo por hablarle.

» ¡Chicos, al auditorio! ¡Ya casi nos toca!

» ¡PROFESOR, ME AHOGO!

» ¡AYLIN, BASTA!

Todos corremos al auditorio. Algunos prefieren quedarse en la parte final, pero yo hago hasta lo imposible por encontrar una butaca que me permita verla bien. Me acomodo en mi sitio, y a lo lejos veo al señor Alcides sentado en una de las butacas más cercanas al escenario: es el abuelo de Sisa y tiene una apariencia algo intimidante.

Anuncian nuestro número y las luces se apagan violentamente. Dos reflectores son lo único que iluminan el escenario: uno está sobre Marlon y Aylin (que ya no tiene cara de desmayarse en cualquier momento, y ahora mira al público como si fuera una estrella de rock); y el otro sobre los que acompañarán con melodía.

El chico con la guitarra inicia la canción, y de fondo se escucha el suave canto del violín de Sisa.

El número salió perfecto, pero mis ojos se quedaron prendados de la chica del violín.

Ella… mis ojos solo la veían a ella. Siempre a ella…  Cuánto me gustaba…

Cuánto la quería.

 

ɛ~ɜ

 

 

Libiak es una ciudad de locos. La enfermedad más común allá no es gripe, ¡es estrés! Demasiado ruido, demasiado movimiento. Ah, y a veces hasta puedes encontrarte con uno que otro personaje conocido. Hace un tiempo vi a este DJ, ¿JOBEY? — Sus dos amigas sueltan un gritito, emocionadas—. Estaba desayunando en un restaurante porque daría un concierto en un par de días en la ciudad; Abby casi se lanza sobre él de la emoción. A veces extraño muchísimo la tranquilidad de Asiri.

Ustedes dos salieron en una época, ¿verdad? —pregunta de una de sus amigas. Suelto una risita, divertido, y ambos asentimos—. Marcus, vimos una foto tuya de hace tiempo y disculpa que sea así de directa, pero ¡qué-tal-cambio!

Mi hermana, mis padres, mis abuelos, tíos, primos y prácticamente todo el mundo me ha repetido exactamente lo mismo, Loi — respondo de buen humor—. En esa época incluso era más pequeño que Bellota, ¿verdad? — Ella asiente, diciendo que era como un pequeño llaverito—. Y estaba en tratamiento por la miopía que sufría. Lo bueno fue que después de tanto tiempo la vista se me corrigió, y si ahora se acercan cuidadosamente, verán que llevo lentes de contacto. Solo para evitar complicaciones.

Pero ese es el color de tus ojos, ¿verdad? — pregunta la más pequeña, Etel.

¡Marcus tiene los ojos muy bonitos! Los heredó de la señora Emma, su mamá. Por cierto, ¿sigues escribiendo?

En mis tiempos libres aún lo hago.

Marcus escribe cuentos muy bonitos — comenta casi con orgullo—. ¡Y también toca el piano!

Oye, vas a hacer que me ruborice.

Me regala una sonrisa llena de alegría, y entonces vuelvo a sentir exactamente lo mismo.

Mis ojos solo pueden verla a ella.

Siempre sería ella


 

ɛ~ɜ

 

 

» ¡Yo…yo no sabía cómo decírtelo! — Veo al chico flacucho, ligeramente encorvado, con las gafas cubriendo casi todo su rostro y entrelazando los dedos con nerviosismo mientras se pregunta cómo tuvo el valor de pensar siquiera en proponérselo. Pero ya es demasiado tarde, y si no sigue hablando nunca habrá una segunda oportunidad porque todo el valor que ha reunido hoy ha agotado todas sus reservas.

» ¿Marcus? ¿Qué sucede? — La chica de la sonrisa amable lo observa…me observa. Me observa con tanta curiosidad y desconcierto en la mirada que me atrevo a pensar que ni siquiera se ha dado cuenta de todo lo que provoca en mí.

» ¡Me…! ¡Me-me…! ¡M-me gu-gustas, Sisa! ¡Me gustas mucho! ¡Me gustas tanto que a veces siento como si escucharte reír es toda la felicidad que necesito para vivir!

» ¿Qu-qué?

Recuerdos claramente los ojos abiertos de par en par; la sorpresa cubriendo su rostro.

» ¡¿Sa-saldrías conmigo?!  — Si tuviera la oportunidad de repetir ese momento, creo que le quitaría algo del volumen que le puse a mi voz. Porque recuerdo que no quería sonar desesperado, pero casi se lo había gritado y evidentemente la había asustado.

» ¡No-lo-puedo-creer! — Genial, la primera confesión que hice en toda mi vida fue casi televisada a nivel de todo el plantel y no solo porque cometí la estupidez de gritarlo, sino porque mi “gran amigo”, Boris Vitoldo, se encargó de esparcir la noticia de manera muy veloz—. ¡OIGAN ESTO: LIBÉLULA SE LE ACABA DE DECLARAR A BELLOTAAAAAAAAAAAAAA! ¡JAJAJAJAJAJAJAJA!

Quise irme…quise correr y simplemente llegar a casa y pedirles a mis padres que hicieran los trámites necesarios para cambiarme de escuela si no querían que terminara suicidándome (aunque en realidad ya lo había hecho: “socialmente” acababa de dispararme sin compasión alguna). Pero antes de que lo hiciera, sentí una mano suave y pequeña detenerme por la muñeca. Elevé la mirada, y me encontré con los ojos tranquilos de Sisa.

» ¡Uy, Bellota! No sabíamos que te gustaban los flacuchos con gafas lanzó Boris con mofa. Tragué despacio, porque por un instante la imaginé soltando una carcajada y uniéndose a las burlas de todos los que nos rodeaban…

pero no. Ella no lo haría…nunca lo haría.

» ¡Cállate ya, Boris! ¡Y si vuelves a molestarlo te juro que yo misma te daré una patada en la cara! — Varios soltaron un “uuuh” que sonó a “0 para Boris, 1 para Bellota”, y en ese momento creí que estaba soñando o algo, porque lo que escucharon mis oídos casi, casi y me transportaron a un bonito lugar lleno de flores, con violines y pianos de fondo—. ¡Y claro que me gustan los chicos con gafas! Sino no estaría saliendo con Marcus.

¡PAM!

Quise llamar a papá, a mamá o a Abby en caso de que ninguno estuviera disponible. Tenían que venir por el cuerpo de su hijo menor: acababan de dispararle ahí, directo al corazón y la perpetradora del crimen había sido una chica de catorce años, ojos risueños y cabello avellana.

Acababan de matarme…de matarme de amor.

No me extrañen, soy feliz estando muerto.


 

ɛ~ɜ

 

 

Bellota, siempre fui muy bueno en la escuela. Podían burlarse de mis enormes gafas y mi cuerpo de aguja. —Etel, Loi y ella misma estallan en carcajadas—. Pero nadie podía negar que era muy inteligente. Mucho más que cualquiera del salón, inclusive mucho más que tú.

Recuerdo que se ponía furiosa cuando sus respuestas no coincidían con las mías, y se negaba rotundamente a que le mostrara el procedimiento correcto.

Solo aceptaba después de cinco intentos fallidos.

¡¿Pero un mes?! ¿Seguro que no van a decirte nada en la escuela por muy buen estudiante que seas?

Cuando mi padre solicitó el permiso, el director hasta pidió que me divirtiera en su honor.

¡Vaya! Pues qué comprensivos — comentó sorprendida.

Soy tan buen estudiante que mis profesores me adoran, Bellota. Un mes de descanso para el alumno más destacado es casi un premio merecido.

¡Te has convertido en un completo presumido! — exclama sin creerlo.

Oye, de algo tengo que sentirme orgulloso, ¿no? — rebato con burla y me pregunta en qué clase de monstruo me he transformado.

Si me pides mi opinión, en un monstruo muy guapo — tercia Loi y Etel aplaude, aprobando el comentario. Les agradezco el piropo.

¿Entonces sí? ¿Ambas irán a Gaib Art? — comento.

Loi a la Facultad de Danza y yo a la de Música, si es que apruebo el examen, claro.

Es una escuela muy prestigiosa; los estudiantes allá son casi como de la élite. Promete que si ingresas seguirás siendo mi amiga — le pido en son de broma, y me gano un manotazo—. Por cierto, tu pastel de fresa se ve bastante bueno, déjame probar un poco.

Le robo un pedazo, protesta en mi contra, y le digo que si se porta bien le compraré otro.

Marcus, ¡es como hablar con otra persona! — me dice y noto cierta nota de orgullo en su voz—. ¡Y no hablo del lado físico!— reclama con mala cara cuando Loi añade que, parece, he hecho ejercicio—. Sino del emocional, ¡eres tan…! ¡Tan…!

¿Tan qué? — le pregunto divertido.

¡No lo sé! — responde haciendo esa adorable mueca de frustración, y después me sonríe —. Pero me alegra notarte tan feliz.

Sisa, hay algo que quise decirte siempre pero nunca lo hice… — inicio con sinceridad. Noto que Etel y Loi aguardan expectantes; pero prefiero obviar ese asunto llamado “vergüenza” y me lanzo con todo, como suelo hacer ahora—: Si tú no me hubieras ofrecido tu amistad, no habría podido soportar todas las malditas bromas que solían jugarme Boris y su grupo. Y tal vez suene extraño, pero salir con una de las chicas más lindas del curso elevó enormemente mi autoestima. Todos en casa notaron el enorme cambio emocional desde que empezamos — comenté con humor.

Soy el mismo chico que se despidió de ella hace dos años y medio, pero al mismo tiempo soy alguien diferente. Ser el objeto de burlas de un salón de clases por casi tres años te convierte en un ser introvertido, inseguro, y muchas veces demasiado empeñado en pasar desapercibido para no seguir siendo lastimado. Pero fue gracias a ella que aprendí a defenderme; a ver las cosas valiosas que tenía dentro de mí mismo. Y quise explotar cada una de ellas porque quería ser cada día mejor para la chica de los ojos bonitos. Para que, si nos reencontráramos, tuviera la mínima oportunidad de intentarlo de nuevo con ella.

Así que gracias por todo, amable Bellota.

Veo que se encoje, un tanto tocada por mis palabras, y baja la mirada. No sé por qué, pero me da la ligera impresión de que ha recordado algo no muy alegre. No creo que se deba a mí, así que la única explicación que encuentro es que el tal Alen Forgeso ha tenido la osadía de introducirse en sus pensamientos.

Promete que vas a esforzarte e ingresarás a Gaib Art— le pido cambiando de tema—. Lo más probable es que yo también asista a una de las universidades de por allá, y tener la posibilidad de verte más seguido sería casi un sueño.

Asiente, con plena confianza, y mi pecho es invadido por una cómoda sensación.

Ha sido genial verte después de tanto tiempo, Marcus — me dice a unas cuadras de su casa. Ya me puso al tanto de Gisell y Corín, así que no batallaré para llevarla hasta la puerta porque quiero evitar cualquier tipo de momento incómodo para ella.

Bellota, ¿quieres hacerme un favor?

Sí, dime, ¿qué pas…?

Mañana vamos al cine. Solos tú y yo.

¿Ah?

Para recordar viejos tiempos.

Bu-bueno.

 

ɛ~ɜ

                                         

» “Los zombies quieren carne, parte III”, ¡me han dicho que hay litros de sangre y a la gente le da taquicardia! le digo emocionado, y ambos corremos a comprar las entradas ni bien salimos de la escuela.

Ya en la fila, ella abraza el cubo de rosetas de maíz porque es enorme y yo tengo las bebidas.

» ¡YA CÁLLENSE, CHIQUILLOS! grita un hombre desde adelante cuando una de las protagonistas está por ser devorada, y a nosotros no se nos ocurrió mejor momento para gritar “corre, corre, corre que te comen”, con carcajadas incluidas.

Bellota exclama un “lo sentimos, señor” y prometemos no hacerlo de nuevo, pero cuando el cuarto chico va a ser asesinado y de la manera más estúpida, no lo aguantamos y volvemos a reír con fuerza. Entonces siento que algo cae sobre mi cabeza: elevamos la mirada y al instante nos encontramos con miles de proyectiles en forma de rosetas de maíz y silbidos indignados que exigen nuestra retirada.

» ¡Al final mueren todos! ¡¿Que no es obvio?! exclamo antes de cerrar la puerta de la sala y oigo una sarta de insultos.

Salimos del cine y en el recorrido encontramos a un compañero de clase y a su novia compartiendo un beso un tanto perturbador. Volteo a verla y ella se encoje de hombros, como diciéndome que mejor pasemos y no digamos nada.

Fue algo extraño ver a un compañero besando a la chica con la que salía.

Porque repentinamente yo también quise besarla a ella.


 

ɛ~ɜ

 

Pasé por ella a la escuela y me entretuve un par de minutos solo viéndola caminar en silencio, con la mirada perdida.

¡Bellota!  

Suelta un grito, espantada y casi, casi está por agarrarme a golpes con el estuche de su violín, si no lo detengo con las manos.

¡Marcus, eres tú! ¡Cómo se te ocurre venir así! ¡Podría haberte golpeado!

Sí, ya me di cuenta. Es que el estuche de tu violín es el arma máááás letal en el mundo.

Te burlas de mí solo porque has dado tu estirón y eres más alto, ¿verdad? — me dice con el ceño fruncido.

Me burlo de ti porque me encanta verte disgustada, guapa Bellota. — Noto que abre los ojos, ligeramente sorprendida, y después baja la mirada.

¿Él también la llamaría así?

¿Cuáles son los ejercicios de Física que tanto te atormentan? — pregunto rápidamente, para evitar darle ventaja al tal Alen en su mente. Ayer que salimos al cine me comentó que el curso estaba dándole dolores de cabeza, así que no tuve que esforzarme demasiado en encontrar una excusa para verla hoy.

El profesor Nelson es un ser venido de otro planeta. ¡Apenas hemos empezado Dinámica y ya quiere que resolvamos ejercicios de nivel universitario!

Le sugiero que pasemos por una muy buena pastelería que encontramos con Abby hace dos días y nos sentemos a revisar esos “horribles” ejercicios. Acepta mi oferta y nos ponemos en marcha mientras le comento que su amiga Loi me ha pedido que asista a su fiesta de cumpleaños este sábado, y que me reúna con todos porque mañana irían por los disfraces.

¿Ya te dijo lo de los disfraces en pareja? — me pregunta agotada.

Sí, me dijo que Etel y tu amigo Tomas irán de… ¿matrimonio cadáver?

¡Sí! En realidad, Etel planeaba que fueran de Lennon y McCartney, pero Loi dijo que nadie sabría de quiénes se trataban. Por cierto, me disculpo desde ya porque tendrás que aceptarme como tu pareja de disfraz si no queremos que Loi me asesine ese día.

¿Se disculpa? ¡Pero si yo lo estoy celebrando!

Pues podríamos ir de ardilla y bellota, ¿no? — Me puso mala cara—. ¿Por qué te enfadas? Tal vez el que quiere ir de bellota soy yo.

Sí, como no. — Le quito el violín y lo acomodo en mi brazo—. Por cierto, Abby me llamó ayer y me pidió que asistiera a la renovación de votos de tus abuelos.

¡¿Qué cosa?!

¡Pero qué clase de monstruo tengo por hermana mayor!

Intento excusar el comportamiento de la loca de Abigail, y le digo que no es necesario que cumpla sus caprichos, pero me empuja de costado y protesta:

¿De cuándo aquí soy persona no grata?

¿Sabes cuándo va a realizarse la ceremonia? Es el domingo 05 de octubre, Sisa. Dime, ¿en qué cabeza está el pasar un cumpleaños en la boda de un par de abuelitos locos?

Es mi cumpleaños — murmura sorprendida—. Vaya, no sé cómo he podido olvidar algo así. No sé dónde tengo la cabeza.

Mi hermana tiene el instinto devorador de una anaconda cuando se trata de meterse en asuntos que no le corresponden, y este era uno de esos casos: quiere a como dé lugar que haga algo porque siempre dijo que Sisa era la novia ideal, y ahora que la he vuelto a ver repite que es una oportunidad que no debería desaprovechar. Estudia Psicología, pero a veces creo su vocación se debe a que su subconsciente le está pidiendo a gritos un psicólogo y no estudiar la carrera en sí.

No le digas nada. ¡Claro que iré!

¿Qué? Pero Sisa, digo…la ceremonia no va a ser nada del otro mundo y…

Abby me dijo que todos tus primos van a tocar una canción a modo de obsequio para tus abuelitos, y comentó que sería lindo que alguien acompañara con violín. Ya acepté ir a tu casa todas las tardes, desde el lunes, para practicar.

Me desencajé: ¿todas las tardes? Dios, ¿es que el mundo va a acabarse y decidiste que Abigail ya tuviera buenas ideas?

Vas a tocar el piano, ¿verdad?

Estefan, mi primo, es el encargado de la voz. Qué bueno que yo solo acompañaré porque todos han jurado matarlo si se equivoca.

Charlamos más sobre el obsequio para mis abuelos y más tarde le dije que solo nos faltaba una cuadra más para llegar.

Pero se detuvo abruptamente:

Marcus, espera. Estamos… ¿estamos yendo a La abuela Bona?

¿Ya conoces el lugar? — le pregunto con curiosidad. Asiente, pero no me dice nada más.

Ingresamos al local; ella da un vistazo rápido, como buscando a alguien, e inmediatamente la simpática señora que nos había atendido a Abby y a mí nos recibe con una gran sonrisa. Entonces compruebo que Sisa no solo conoce el lugar, sino también a la dueña a la que saluda con cariño y llama Copo de nieve.

Aquí están, ¡mira lo horribles que son! — se queja llena de angustia cuando ocupamos una de las mesitas y le pido que saque su cuaderno y me enseñe los benditos ejercicios —. ¡Esa cosa de coeficiente de rozamiento es mi peor pesadilla!

Bellota, estos no son ejercicios de nivel universitario.

Oh, cállate, Marcus-soy-muy-bueno-en-todo-Leda.

Aprovecho para acercarme a ella con la excusa de ver más de cerca los números, y entonces tengo mayor alcance de sus facciones. Sigue hablando de lo terrible que están resultando los últimos temas en Física, y sus ojos se abren llenos de indignación cada vez que se pregunta a sí misma por qué este curso se pone tan pesado si a ella le gustan las Matemáticas. Niega con la cabeza, mueve los labios de una manera que me desconcentra un poco, y después la oigo reír cuando de la nada recuerda a su abuelo.

Sisa es demasiado perfecta: como amiga, como novia... ¿Por qué demonios sus amigas dicen que tiene el corazón roto? No me cabe en la cabeza qué clase de criminal es el tal Alen Forgeso para haber jugado con ella.

¿Marcus? ¡Ves! ¡Tú tampoco entiendes los ejercicios! — exclama ante mi silencio. Y ha elevado la mirada de manera tan resuelta que puedo observar cada detalle de sus ojos.

Fuimos novios cinco meses, pero me atreví a besarla solo cuatro veces. ¿Qué clase de idiota soy?

¿Marcus? ¿Te sientes bien?

Tal vez sea hora de ser más avezado porque ella nunca va a darse cuenta.

No le respondo y simplemente me quedo observándola en silencio. Me inclino con suavidad y entonces da un leve respingo, algo nerviosa.

Quiero decirle tantas cosas…

¡Bellota! Copo de nieve me dijo que pediste el pie de maracuyá, ¡qué buena elección!

…y se las hubiera dicho si el chico rubio, con el uniforme de la pastelería y cabestrillo extraño en el brazo, no hubiera aparecido gritando.

¡Estas perfectas y sacrosantas manos ayudaron a prepararlo! Bueno, una ayudó y la otra “observó” — agregó divertido.

Un segundo: si no me equivoco se trata de...

¡Tarek! ¿Qué estás haciendo aquí? — exclama animada.

Tarek: sí, es el novio de su amiga Loi.

El chico sonríe mientras deja nuestros pedidos en la mesa.

Hoy me toca turno, ya sabes que el imbécil de Alen y yo venimos una vez por semana. — ¿Alen? —. Aunque Copo de nieve cree que estamos peleados porque últimamente no nos ha visto juntos; en fin…

Sisa ha vuelto a ponerse tensa, y el recién llegado parece estar al tanto de lo sucedido. Me decido de una vez y aprovecho el momento:

¿Alen? — pregunto en una perfecta muestra de curiosidad.

Oh, es un amigo mío — me responde el rubio restándole importancia.

Y también amigo tuyo — indico, y ella asiente levemente:

Algo…algo así.

Quiero preguntar más cosas, pero el chico, Tarek, jala un banco y se sienta junto a nosotros.

Bueno, mientras no hay pedidos puedo quedarme a ayudar — anuncia muy suelto de huesos y con una enorme sonrisa.

No sé si es porque no quiere que Sisa y yo nos quedemos a solas, o porque sencillamente quiere estar acompañado.

Y bueno, Marcus Leda, ¿es cierto que eres el ex novio de mi linda Bellota? — me pregunta directamente.

Su tono es amable pero noto cierto desafío en sus ojos.

Así que el amigo de Alen Forgeso…

 

 

ɛ~ɜ

 

¡POM!

» ¡Ouch! ¡Mi cabeza!

» ¡Mi frente!

Nos miramos por breves segundos y rompimos a reír con fuerza porque el obtener un cabezazo cuando uno intenta besar al otro solo puede pasarnos a nosotros.

» Soy un completo fracaso para estas cosas me disculpé apenado.

» Únete al club, soy la presidenta me dijo riendo, entre avergonzada y divertida.

Mi ataque de risa se disipó más rápido que el de ella, y en esos segundos que la observé reír, la vocecita que suele ayudarme en momentos de presión apareció con firmeza: « ¡Bésala! ¡Bésala ya!»

Mi corazón latía con tanta fuerza que, si no hacía algo pronto, terminaría dándome un infarto; así que aprovechando que ella estaba observando distraídamente la ventana, la tomé por el mentón con delicadeza y pegué sus labios a los míos. Y después no fue necesario preguntarme cómo se continúa un beso que acabas de iniciar, porque como por un conocimiento innato supe que debía mover los labios con suavidad. Nos separamos después de unos segundos, y el observarnos el uno al otro completamente sonrojados fue un poco incómodo, la verdad.

Quise decirle todo lo que significaba para mí, pero de repente la puerta se abrió como si la hubieran derribado y el señor Maleri ingresó con su enorme presencia de padre león, dispuesto a proteger a su “Cachorra”.

» Bueno jovencitos, ya es muy tarde y parece que lloverá. No queremos que el viento se lleve al flacucho chico de gafas, ¿verdad?

» ¡Sí, señor, ya me voy! — exclamé poniéndome de pie con rigidez.

» ¡Abuelo! ¡No le digas así!

Quise decirle que no importaba, ¡su abuelo podía llamarme como quisiera!

» ¡Pero si está tan flaco que parece un…!

» ¡Abuelo!

» ¡Nos vemos mañana, Sisa!

» ¿Eh? ¡Marcus!

« Corre, corre», era lo único que pensaba. Porque si Alcides Maleri descubría que acababa de besar a su nieta, lo próximo que besaría sería el cañón de Petra, su escopeta.

 

ɛ~ɜ

 

¡Bellota, no vas a ir con eso!

¡Pero Wendy es uno de mis personajes favoritos!

¡Es un camisón, maldita sea! — grita Loi perdiendo la paciencia. Etel suelta varias carcajadas cuando sale del probador, con un ensangrentado vestido de novia —. Además, a Marcus no le queda el traje de Peter Pan.

Sí, así fue. El famoso Peter tenía el cuerpo que tenía hace dos años; luché todo lo que pude con los pantalones con hojas, pero no logré ponérmelos.

El traje de Peter es del tamaño de Sisa — agrega el chico que acabo de conocer, Tomas Gerdau—. ¡Ya sé! ¡Qué tal si ella se va de Peter Pan, y nos olvidamos de toda esta ridiculez de disfraces en pareja y…!

¡Cállate, Tomas! — exclaman Loi y Etel.

¡Pero tiene razón! ¡A mí sí me entraría el traje de Peter! Lo malo es que la parte de arriba es casi todo descubierto.

Y que si vas de Peter Pan, eso dejaría a Marcus con las únicas opciones de Wendy o Campanita — comenta Etel al aire; y todos rompemos a reír con fuerza ante la imagen.

Excepto Tomas, sí. No sé por qué le he caído tan mal.

Si tanto quieres ir de Peter Pan, puedo hacer el sacrificio de ir de Campanita — acepto divertido —. Creo que podría ir de aquí para allá, atacando con polvo de hadas.

Etel y Loi sueltan más carcajadas, pero ella se queda muda. La noto algo acongojada, pero antes de que alguien se dé cuenta vuelve a sonreír:

Sí, tienen razón. Mejor otro disfraz.

¡Eso! — aprueba Loi.

Las tres vuelven a sumergirse, con el catálogo en mano, en las cinco enormes filas de disfraces colgados. Prefiero quedarme aquí, aunque Tomas me mire con algo de recelo, porque escojan el disfraz que escojan yo estaré más que encantado de llevarlo.

Aunque tal vez el de Campanita no tanto.

¡Este! — Etel y Loi traen dos disfraces mientras gritan, llenas de emoción, que si Sisa quería ir de Wendy y Peter Pan, esta pareja también iba a gustarle.

¡El asunto va a ser ver a las parejas más disparejas de la noche! — exclamó Etel después de que Sisa y yo saliéramos con los disfraces ya puestos —. Mientras Loi y Tarek se van de payasos asesinos, veremos a Sisa y a Marcus como de cuento. Y claro, Tomas y yo de una muy simpática pareja llegando al altar. Aunque el dúo Lennon/McCartney hubiera acaparado toda la atención, pero bueno, no puedo luchar con sus mentes incultamente musicales. ¡La cosa es que esa noche será más que estupenda!

Sí, estupenda.

¡Ay, Tomas, cambia esa cara de rata, por favor!

Por cierto, guarden las billeteras, señoras y señores — exclama Loi; volteamos a verla sin comprender—. Es uno de los negocios de un amigo de papá. Ya hablé con él.

Todos protestan, sobre todo yo porque a mí acaban de conocerme, pero compruebo que la amiga de Sisa tiene mucho poder de convencimiento. Nadie ha dicho algo más después de los gritos sobre que “era su cumpleaños, ella hacía lo que quería, y si alguien más hablaba terminaría lastimado”.

Mañana tendríamos que recoger los disfraces; y el sábado…a ver qué pasa.

 

»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«

Alen

 

Ay, olvidé mi abrigo. En unos minutos nos vamos, amor. Las entradas son para las ocho así que tenemos tiempo.

Sí, mamá.

La mujer, Gisell, sube presurosa los escalones rumbo al segundo piso. Me acerco un tanto más al cristal de la ventana de la sala porque la chica, Corín, ha sonreído sutilmente:

¿Puedo hacerte una pregunta? — le dice. Ella frunce los labios y noto que todo su cuerpo se tensa por completo. Intenta relajarse acariciando las orejas de Petardo y concentrándose en su tarea de la escuela.

Si digo que no, igual vas a hacerla — le responde desganada.

Hace unos minutos ha empezado a llover y no me importa mucho que digamos seguir aquí, observándola a través de la ventana de su sala, completamente invisible a ojos humanos.

Has terminado con tu novio, ¿verdad? — El pecho se me contrae al ver cómo sus emociones se dispersan y la dejan en un estado de completa vulnerabilidad —. Por eso llevas triste tantas semanas.

No tengo novio, Corín.

¿Y el chico de la vez pasada? — lanza con demasiado deleite para mi gusto—. ¿Te dejó por otra? Fue eso, ¿no?

No era mi novio — responde incómoda.

Era de esperarse. Digo, era muy guapo para ti. Ya sabes que los guapos suelen buscar a chicas despampanantes para…

¡No era mi novio, ¿de acuerdo?! — exclama, completamente alterada.

Las emociones de la chica, Corín, adquieren tonalidades que me desconciertan. No comprendo por qué se siente tan satisfecha al verla tan devastada.

¿Por qué alzas la voz, jovencita? — se oye desde los escalones.

La mujer, Gisell, ha retornado y ya está regañándola otra vez.

Todos y cada uno de los días que he estado aquí, he visto cómo ambas, tanto madre como hija, se encargan de hacerle la vida imposible. Y si bien no es un caso extremo en el que el maltrato llegue a niveles sorprendentes, aun así puedo sentir lo complicado que resulta para Sisa el convivir con ellas cuando parece que ninguna la aprecia en lo más mínimo.

La vida es tan extraña: las personas que viven con ella no disfrutan de su compañía, pero Marissa y Naina se volverían locas de felicidad teniéndola en casa.

Ojalá pudiera llevármela de aquí…

Sí, claro. Llevártela a dónde, imbécil — murmuro. Actualmente estoy casi muerto para ella: no quiere saber de mí y estoy más que satisfecho con la respuesta.

Es mejor así, porque prefiero que la chica del violín y los ojos preciosos me odie a que me ame, y yo no sea lo suficientemente valiente como para arriesgarlo todo y quedarme con ella.

» ¡Te odio, Alen Forgeso!

De aquel día solo tengo tres recuerdos concisos: su rostro lleno de lágrimas, sus ojos cargados de decepción y la resolución de que realmente nunca debí llegar a su vida. Arranqué la flor de su cómodo y tranquilo prado; la llevé a volar por el cielo y quedé encantado por el sonido de su violín.  ¿Y después qué hice? La maté; la flor se marchitó y por mi culpa. El mundo se murió en sus ojos.

Mi mundo se murió en sus ojos.

Y después el cabello avellana flotó y se perdió por la puerta de aquel club nocturno. Y cuando comprendí que estaba solo, también cayó sobre mí la estrepitosa realidad de que acababa de perderla: yo mismo la había enviado lejos.

Vuelvo en mí cuando la puerta principal se cierra y segundos después un sollozo que nadie puede escuchar mejor que yo se hace presente. Apoyo una mano sobre el cristal, con el corazón partiéndoseme cuando la veo abrazar a Petardo con fuerza y llorar sobre su lomo.

Deberían matarme. Es lo que alguien que provoca el llanto en una persona como ella se merece.

Aprovecho que la estancia está desolada porque ha subido a la segunda plata, para cerrar los ojos con fuerza y concentrar toda la energía necesaria para traspasar el muro de la casa. Ya estoy aquí, en su sala, y con Petardo que sí puede verme porque su mecanismo de percepción es diferente al de los humanos.

Se acerca con la lengua afuera y cuando se abalanza sobre mí se da con la sorpresa de que soy incorpóreo. Ladea la cabeza, intentando explicarse el curioso acontecimiento, y no encuentra mejor manera de exigir una respuesta que empezando a ladrar como loco.

¡WARF! ¡WARF! ¡WARF!

¿Gordo?— grita ella desde arriba.

Escucho los reclamos de Petardo que insiste en saber por qué no puede tocarme:

¡Nunca supe de esto! ¿Estás muerto? ¡No puede ser, ustedes no mueren!

No estoy muerto, y ladra más bajo, por favor — le pido.

Mi voz no iba a ser percibida por ella, ya que el salmo de camuflaje cubre absolutamente todo lo que me delataría frente a los humanos, pero él estaba ladrando con muchísima fuerza.

¡Nunca me llegó la notificación anticipatoria y no pude prepararla! ¡Santas chuletas cocidas, ella va a morirse de la tristeza cuando se entere!

¡Que no estoy muerto!

Petardo, ¿estás bien? — preguntan desde arriba ante los ladridos insistentes.

¡Me siento muy ofendido! ¡Quiero presentar una queja porque no se me avisó con anticipación de esta pérdida y…!

¡He venido a verla pero de incógnito, ¿sí?! ¡No podía simplemente tocar la puerta! — respondo perdiendo la paciencia.

Ohhhh.

La sala vuelve a quedarse en silencio absoluto. Ella aparece al final de las escaleras, y como Petardo se limita a sentarse y observarla con gesto de chico bueno, vuelve a su habitación sin decir más.

¿De incógnito?

Así es.

Eso lo explica todo acepta, meneando la cola. Le doy una caricia que no siente a profundidad por mi condición actual, y después paso rumbo a las escaleras—. Calehim, espera.

Mmm, ¿qué sucede?

Si vas a hacer que llore más, tan solo vete y déjala en paz. — El pedido me agarra desprevenido —. Sabes que mi mundo es ella; y no es divertido ver cómo llueve todos los días en mi mundo.

No podrá verme; te prometo que no empeoraré las cosas.

Qué bueno. Ahora iré por un par de croquetas porque han dejado la alacena abierta.

No hagas ningún desastre porque la reprimenda será para ella — advierto; abre el hocico, como para defenderse, pero después suelta un aullido bajo y decide volver a la sala, a reposar en silencio.

Subo lentamente, casi contando cada escalón, y cruzo el pasillo hasta la puerta de su habitación. Toco la manija con suavidad, pero me gana la cobardía. Me quedo observándola, repleto de impotencia, hasta que un sollozo me abofetea brutalmente.

No…

Atravieso la madera, intranquilo, solo para verla y odiarme más.

Ella está ahí, acurrucada sobre su cama mientras abraza su almohada con fuerza y se muerde los labios con tanta rabia que me dan ganas de acercarme y rogarle que no lo haga. Su boca está diseñada para recibir besos, no para ser lastimada.

Un sonido agudo invade la habitación. La veo tomar el celular y limpiarse las lágrimas con rapidez: es Etel al teléfono. La escucho soltar una carcajada animada que no coincide en lo absoluto con la tonalidad de sus emociones, y después decir cuán horribles están los ejercicios de la tarea. Menciona a un tal Marcus y una película extraña sobre zombies, y después ríe al decir que los disfraces para la fiesta están demasiado estupendos.

Cuelga más tarde y después suelta un suspiro, llena de cansancio:

¿Hasta cuándo, Sisa? — se pregunta llena de frustración—. Esto es estúpido. No había nada, ¿por qué te duele tanto?

“¿Sabes por qué duele, amor?”, me dan ganas de decirle, “duele porque, aunque no definimos lo que tuvimos, en realidad lo era todo”.

Y si ambos fuéramos humanos, habría sido lo más maravilloso.

Se reincorpora para abrir uno de los cajoncitos de su velador y me sorprendo enormemente cuando saca tres barras de chocolate.

Son…son las que le obsequié la primera vez que tocó el violín para mí.

Los inspecciona con cuidado para después apretarlos con tanta fuerza que se quebrarían si sus manos hubieran sido diseñadas para destruir. Pero no, son manos que acarician un violín y nada de lo que tocan se rompe.

Quise materializarme para arrebatárselos y lanzarlos lejos de ella, porque tener esos chocolates era como tenerme a mí ahí, en un cómodo y bonito lugar en su habitación: como un valioso tesoro. Un recuerdo atrapado en un velador; un sentimiento protegido del olvido: casi como el frasco que yo tenía con los recuerdos borrosos de Albania Formerio.

Vuelve a recostarse sobre la cama y se queda de costado, con la cabeza reposando sobre uno de los almohadones y su cabello esparciéndose. No puedo evitarlo y abuso de los poderes que conservo conmigo: me inclino con cuidado y termino recostado junto a ella, añorándola con la mirada. Sabiendo que no puede verme y menos tocarme.

Sus pestañas están húmedas y su rostro tiene algunos surcos de lágrimas grabados en él. Elevo una mano y la poso con cuidado sobre su mejilla. Sus ojos se abren ligeramente sorprendidos, y en ese momento cierro los míos con fuerza para ordenarles, suplicarles, a las ventanas de su habitación que cedan a mi pedido y se abran con brusquedad; para que dejen que la corriente ingrese, yo pueda seguir tocándola y ella crea que solo es el viento.

Un soplido intenso llena la habitación y provoca que ella se encoja, buscando calor; pero no se pone de pie a cerrar las ventanas. Las deja abiertas, y como tampoco quiero que se resfríe, le susurro al oído que una cobija sería una buena idea.

Ella parpadea, algo desconcertada, porque mi voz le ha sonado como un pensamiento fugaz. Y en esta condición tan lejana de lo que es ser humano, me pregunto si cuando vuelva a mi lugar de origen podré pasar a verla así, aunque sea de lejos.

Y si llegan a concederme el permiso siempre será así: insonoro para sus oídos, invisible para sus ojos, incorpóreo para sus manos. En forma de viento, en forma de lluvia.

A lo mejor en forma de rayo de sol…en forma de rayo de luna.

No llores — murmura ella, y abro los ojos, sorprendido.

¿Puede verme? No, claro que no.

La observo con cautela y cuando eleva una mano hasta cubrirse los ojos, comprendo que se lo ha dicho a sí misma, y justamente ha coincidido conmigo porque una condenada lágrima se me ha escapado.

Quiero quedarme contigo. — Ella entrecierra la mirada, confundida por los extraños silbidos del viento —. Quiero quedarme aquí, Bellota…porque te quiero tanto.

Sí quiero…quiero quedarme aquí, con ella, y besarla día a día y verla sonreír y ser alguien que pueda ayudarla a seguir adelante, a cumplir sus sueños, sus anhelos, y decirle que todo estará bien cuando las cosas se pongan algo feas. Pero sé que no merezco ese puesto porque ya dudé una vez, y ya me puse el firme propósito de olvidarla y hacer que me olvide.

Y porque con todas las lágrimas que ha derramado por mí, soy la última persona que merecería quedarse con ella.

Debería odiarlo por ser tan idiota y engreído…y guapo — murmura disgustada. Suelto una risa y le acaricio una mejilla, fascinado por esa manera que tiene de sorprenderme y hacer que la quiera más —. Pero no puedo.

Y después los ojos preciosos vuelven a humedecerse.

Quiero decir algo, pero el sonido agudo de antes vuelve a llenar la habitación. Se seca las lágrimas con el dorso de la mano y casi la veo atravesarme cuando se reincorpora para tomar el celular de su velador.

¿Bueno? Mmm, ¡Marcus!

Otra vez escucho el nombre anterior. La observo y sus facciones van adquiriendo otra tonalidad. Las lágrimas se pierden, varias risitas las suplantan. Me enfoco en sus emociones y distingo alegría, cariño, algo de gratitud.

¿Quién es Marcus? Nunca he oído de él.

Escucho que empiezan a charlar sobre un pianista famoso, sobre ensayos de una canción para una boda, y no me queda más remedio que salir de su habitación porque siento que estoy invadiendo su privacidad y no me gusta cómo suena eso.

Abajo, Petardo ha hecho caso omiso a mi pedido y se ha lanzado a atacar una bolsa enorme de croquetas. Ha roto el empaque y varios restos han ensuciado el pulcro piso de la cocina.

¡No quería hacerlo, te lo juro! ¡Ellas me obligaron! ¡Me dijeron que si no las comía, me atacarían!

Sí, como no, perro gordo — le respondo mientras me encargo del desastre en todo el silencio posible.

¿Ya te vas?

Sisa está al teléfono, no quería seguir esculcando en su vida privada.

¡Oh, seguro es nuestro abuelo!

No, es un tal Marcus — indiqué cerrando la alacena para evitar otro “ataque” de las croquetas.

¿Marcus? ¡Owwuu!

¿“Ohhh” qué? — pregunté sin comprender el ladrido emocionado.

¡Si es el Marcus que creo, es el primer novio de mi mundo! ¡Y uno de sus mejores amigos!

¿Qué?

Intenté no verme muy sorprendido: fallé. Petardo quiso seguir poniéndome al día, pero preferí despedirme, materializándome por breves segundos para acariciarle la cabeza y después perdiéndome por la puerta.

¿Ex novio? Sisa nunca lo mencionó

« Tú tampoco mencionaste lo que pasó con Albania»

Mierda, ¿así que ahora tengo una voz interior encargada de las reprimendas?

Chasqueé la lengua y caminé por el vecindario en completa soledad. Quise no tomarme muy a fondo el tema del tal Marcus, pero la sensación de incomodidad empezaba a agobiarme.

Doblé por la casa de Marissa y Santiago, tratando de disipar el nombre nuevo que acababa de almacenar, y de repente sentí que me tomaron con una fuerza insólita por el cuello de la camiseta.

Y después todo se transformó en una mancha borrosa: estoy transportándome, pero no a voluntad.

¿Berith? ¿Nhyna?

¿Pero qué…? — intento decir y automáticamente siento un golpe en el rostro que me deja algo atontado.

El lugar gira: estoy en mi habitación, con las flores que he juntado y que empiezan a marchitarse. En el departamento que comparto con…

Tarek — musito cuando siento que vuelve a tomarme por el cuello de la camiseta, lleno de rabia, de ira, y como no hay manera de golpearme con un brazo inmóvil, me lanza un cabezazo que me deja sobre el piso, ligeramente aturdido.

¡¿Qué carajos pasa contigo?! ¡Eres un completo imbécil! ¡¿Quieres que te maten?!

Intento responder, pero todo me resulta demasiado extraño. Siento que algo húmedo me resbala por la frente: estoy sangrando.

¿Por qué se ve tan enfadado?

Tarek… ¿qué…? ¿Matarme?

Toma el cuello de mi camiseta y la jala con violencia hacia abajo.

¡Sabes lo que significa este símbolo, ¿verdad?! — Observo las dos flechas entrecruzadas que han aparecidos tatuadas sobre mi pecho, y entonces lo comprendo.

¿Cuándo…?

 ¡Camael acaba de irse hace unos segundos! ¡Sabes quién es, ¿verdad?! ¡¿Lo sabes, imbécil?! — Un frío horrible pasa a través de mis venas: miedo. Pero tal y como llega, se va —. Los Phaxsi, idiota, ¡los Phaxsi acaban de ficharte para iniciar con la evaluación!

No sé por qué me veo tan sorprendido…

…si yo mismo siento que empiezo a perder la razón.

 

 

»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«

Tarek

 

El clima está hecho una mierda; odio el frío porque de por sí mi cuerpo tiene la temperatura baja y ya empezó el invierno. Acabo de dejar a la princesa en su casa: fui a recogerla al edificio de ensayos y la noté muy agotada, con unas ganas tremendas de solo echarse a descansar. Además, me dijo que planeaba llamar a Bellota, así que creí que merecían algo de espacio para charlar entre chicas.

Y hablando de Bellota…

La verdad me siento tan disgustado por lo que ha sucedido, que a veces solo quiero llegar a casa y matar a golpes al imbécil que tengo por amigo. Pero se ha refugiado en su habitación desde aquella noche, y yo he estado tan enfadado que ni siquiera me he tomado la molestia de llamar a su puerta para cruzar palabra alguna con él.

Hethos me ha preguntado incontables veces si está bien y me he visto forzado a responderle con un “supongo”. No tengo ni la menor jodida idea de cómo se encuentra porque ha puesto una barrera en su habitación y yo no estoy de humor para disolverla; no sé si está adentro o anda dando vueltas por Izhi. No tengo planeado hablar con él hasta que decida dar el primer paso. ¡En qué cabeza entra el hacer llorar a una chica como Sisa! No sé si a Alen le ha afectado estar tanto tiempo entre humanos, o es que los calehim en realidad son una panda de idiotas para este tipo de asuntos.

Llegué a casa después de los treinta minutos que me pasé deambulando por las calles. Subí escalón por escalón porque no tenía ganas de llegar pronto, y cuando estuve frente a nuestra puerta giré la manija e ingresé con parquedad.

Genial, el imbécil sigue ahí metido. Lo sé porque siento su presencia y veo ese resplandor violeta escapándose por la parte inferior de la puerta de su habitación. La verdad es que entender a Alen empieza a ser sumamente complicado: llevo días viendo esa luz filtrarse por los bordes, y si no es que está creando algo extraño, no entiendo qué cosa hace que despliegue tanta energía.

Me dejo caer sobre el sofá de la sala. Suelto un bufido cuando los ventanales se abren violentamente, empujados por una brusca ráfaga de viento. Y cuando elevo una mano, dispuesto a ordenarles que se cierren…

…siento que la piel se me eriza ante la imagen que captan mis ojos: ahí, en frente…flotando.

Cabello largo, armadura brillante, pendientes colgando, espada envainada y alas de acero. Siento que sus ojos violeta me muestran toda mi existencia en un solo parpadeo.

¿Qué está haciendo aquí?

Toda la habitación se sume en oscuridad, como si hubiéramos caído en un enorme agujero y solo él y yo tuviésemos luz propia. Me postro de rodillas sin pensarlo porque la presencia es extremadamente poderosa; ni siquiera puedo sostener la mirada por más de diez segundos.

Antes podía hacerlo, pero mi nueva naturaleza me lo impide.

Seir, antiguo Príncipe regente, ladrón de la energía de la luz de las estrellas, poseedor de la cura para cualquier enfermedad, con miles de legiones de demonios a su mando y una cantidad exorbitante tropas. Actualmente declarado errante tras la anunciación de la que salió victorioso.

Camael — declaro sin poder elevar la cabeza y con un frío horrible expandiéndose por mi cuerpo —. ¿Qué…? ¿Puedo preguntar qué he hecho para que el teniente general de los Phaxsi venga a visitarme?

No vengo por ti, errante. Traigo un mensaje de mis superiores. — Intento controlar mi respiración, cuando caigo en la cuenta de que un ángel no podría tocarme.

No ha venido por mí. ¡Claro que no ha venido por mí! Ha venido por Alen.

Y seguramente a dar una advertencia, porque los Phaxsi solo permiten que el sentenciado los vea una vez: la vez de la ejecución.

¿Qué es lo que quieres? — exijo, y trato de reincorporarme, pero su sola presencia me tiene postrado contra el suelo. El solo pensar en su nombre me hiela la sangre.

El calehim no ha hecho más que permanecer en un estado de reposo dudoso. No está buscando pistas para encontrar su nombre, no está pensando en quedarse como humano. Se encuentra en una posición neutral, negándose como humano, negándose como ángel: lleno de remordimientos, dudas y temores. Las emociones humanas empiezan a jugarle en contra y está perdiéndose el control sobre ellas. Si sigue así terminará tomándosele por sujeto despojado de cordura, y procederemos a la aniquilación.

¡¿Qué?! — exclamo, poniéndome de pie violentamente; pero una fuerza increíble me obliga a postrarme de nuevo.

Tus ojos no tienen por qué adquirir el tono escarlata de tu naturaleza original, errante. No he venido a desafiarte, es solo un mensaje para el calehim. De parte del señor de los ejércitos, Rumilat, cabeza de la jerarquía de los Phaxsi, comandante en jefe de los trece ángeles de la destrucción y portador actual de la severidad y el castigo: “la evaluación ha iniciado”. Comunícale eso.

Alen no ha perdido la razón.

Pero empieza a ser inútil para el sistema. — La frialdad de la declaración me deja pasmado—. No dejes que tu parte humana me malentienda. Nuestro código es muy estricto, tú lo sabes mejor que ninguno.

Supuestamente ustedes son los buenos de la historia — murmuré sin creerlo.

La maldad y la bondad son términos exclusivamente humanos, errante. Es mejor que le des el recado al calehim. De no ponerse en actividad, nos veremos en la obligación de cumplir con nuestro deber. Es la primera advertencia, la segunda vez que me presente será la consumación del acto.

La sensación de alerta se disipa con brusquedad cuando desaparece, e inmediatamente intento llegar a la habitación de Alen. Corro desesperadamente hasta la puerta, quiebro el salmo de aislamiento y la abro bruscamente.

¡Al…!

¿Pero qué…?

Observo alrededor, completamente estupefacto, porque toda la habitación está repleta de flores. ¡Toda! Pétalos por aquí, pétalos por allá, y todos completamente vivos porque están alimentándose de la bola de energía color violeta que flota en medio de la habitación.

¿Pero qué es esto…? ¡Alen! ¡ALEN! — grito y comprendo que no está aquí.

Mierda.

Me concentro y ubico su localización. Por la casa de Marissa y Santiago…por la casa de Bellota.

¡Idiota!

Me transporto y lo encuentro ahí, vagando como un alma en pena y gastando energía en hacerse invisible a ojos humanos. No puedo con toda la rabia que llevo dentro al verlo así, tan decaído y solitario cuando pudo tenerlo todo.

Su expresión se llena de desconcierto cuando lo tomo por el cuello con brusquedad. Lo llevo conmigo de vuelta a casa, dispuesto a hacerlo reaccionar porque ya basta de comportarse como un imbécil que no sabe qué hacer con su vida. Y es tanta la frustración que llevo dentro, que termino lanzándole el golpe que he querido lanzarle desde hace un buen rato sin importarme romperme la cabeza en el acto.

Su cuerpo cae al piso pero no hace más por defenderse. Las flores empiezan a secarse: la bola de energía está desvaneciéndose porque la fuente principal se está debilitando.

Lo tomo nuevamente por el cuello, a punto de explotar, y sin importarme que haya empezado a sangrar por la frente:

¡¿Qué carajos pasa contigo?! — le increpo. Despilfarrando energía en flores secas, paseando por el vecindario de la chica a la que lastimó, viéndose tan afligido cuando el culpable de todo es él mismo—. ¡Eres un completo imbécil! ¡¿Quieres que te maten?!

Tarek… ¿qué…? ¿Matarme?

Jalo la extensión del cuello de su camiseta y entonces lo compruebo. Sí, ahí está, la marca de fichaje: dos flechas negras formando un aspa.

¡Sabes lo que significa este símbolo, ¿verdad?!  — grito fuera de mí—. ¡Camael acaba de irse hace unos segundos! ¡Sabes quién es, ¿verdad?! ¡¿Lo sabes, imbécil?! Los Phaxsi, idiota, ¡los Phaxsi acaban de ficharte para iniciar con la evaluación!

Sus ojos me observan, ligeramente sorprendidos:

Eso significa…que estoy empezando a perder la razón — murmura, como explicándose la situación, mientras verifica con los dedos si su frente sigue sangrando —. Vaya, no me había dado cuenta de que andaban siguiéndome los pasos. Qué poco cuidadoso de mi parte.

La calma me desquicia tanto que no aguanto y vuelvo a lanzarle un puñetazo.

¡PAM!

¡¿Es que acaso estás loco?! — bramo lleno de furia.

¡No le importa absolutamente nada!

Eso…eso es exactamente por lo que acaban de ficharme, Tarek — me responde burlonamente. Y mi puño vuelve a atacarlo, pero él no hace nada por defenderse.

¡Eres un maldito imbécil, maldita sea!

Uno por Sisa, otro por la princesa que sufre por ella. Otro por mí, otro más por Hethos…

¡…y miles más por él mismo!

Cuatro vidas junto a este idiota… ¡Cuatro vidas para que me salga con un simple “vaya”, y se vea tan derrotado!

Tarek…Tarek… — Escucho su voz, y me doy cuenta de que he dejado de golpearlo hace mucho, y solo estoy ahí, manteniéndolo aprisionado por el cuello de la camiseta y con unas ganas tremendas de recuperar fuerzas para seguir cobrándole toda la preocupación —. Tarek, aún no me han eliminado; no tienes por qué ponerte así.

Maldita sonrisa falsa en el rostro: ¿por qué a algunos les gusta sufrir tanto cuando no es necesario?

¿Ya te cansaste de partirme la cara? — me dice amablemente—. Esta vez lo voy a pasar por alto. Me lo merecía.

Mereces cosas peores. Y, por cierto, vete a la mierda.

A pesar de la absurda idea de mantener flores vivas en su habitación con su propia energía, y esa manía que había adquirido de parecer más un fantasma que una persona, él no había perdido la razón. ¡Quiénes se creían los Phaxsi para tomar decisiones sobre las existencias de otros! ¡No eran el Todo! ¡No eran nada!

Probablemente empiezo a ser inútil para el sistema — me dice después del profundo silencio en el que nos sumimos, y sentándose sobre el piso cuando lo libero de mi agarre.

¿Por qué demonios ustedes lo miden todo con “utilidad o inutilidad”? ¡Eso no es perder la razón!

Entre los míos perder el sentido de la existencia es equivalente a perder la “razón”, Tarek; tú lo sabes mejor que nadie. Los tuyos te odian porque renegaste de tu naturaleza, renegaste de ti mismo: para ellos eres un completo “desquiciado” — añadió de buen humor—. Supongo que los Phaxsi deben haber notado algo parecido en mí.

Sí, es verdad. Así se manejan nuestros mundos; no puedo negar eso.

Lo tomo por la muñeca para pasarle algo de mi energía y me siento junto a él. Creo que me he excedido un poco: no solo está sin energía, sino también algo magullado por todos mis golpes. Y también se siente tan triste que, aunque yo no lea emociones, puedo percibir el enorme malestar.

¿Es que acaso has asaltado una florería o algo por el estilo? — le pregunto más calmado, cuando el viento ingresa con fuerza por la ventana y provoca que los pétalos vuelen formando espirales.

Suelta una risa y me golpea en la cabeza.

Idiota.

No sé quién es más idiota, porque yo no fui el imbécil que lastimó a una chica tan buena como Sisa. No sé qué demonios le habrás dicho, pero fue demasiado.

¿Estás al tanto? — me pregunta calmado.

No del todo, pero ese día vi a Bellota llorar como nunca la había visto hacerlo y repetir que no quería volver a verte.

Sisa se merece a alguien mejor, Tarek —me dijo, lleno de culpa.

Después de la sarta de idioteces que seguro le soltaste, no voy a rebatir eso — lanzo mordazmente; él asiente ligeramente, perdido en sus pensamientos—. Vas a comportarte, ¿verdad, hermano? El mensaje lo envió Rumilat; nunca lo he visto pero he oído cosas atroces sobre sus métodos de intervención. Camael dijo que la segunda vez…

¿Será la perpetración del acto? — Su tono divertido me entristece—. ¿No te parece algo estúpida esa regla de que los Phaxsi solo puedan ver al condenado la vez que van a eliminarlo? — Estalla en carcajadas que van menguando poco a poco, y entonces lo noto…yo también lo noto—. Estoy tan cansado de mí mismo, Tarek, que ya ni siento miedo — me confiesa, y con toda la angustia del mundo confirmo mis sospechas:

Alen realmente ha perdido la brújula de su vida; no sabe a dónde va, no se siente ni ángel ni humano. Y eso es muy peligroso, porque prácticamente se está negando a sí mismo.

Maldita sea, ¡no van a matarlo! ¡No si puedo evitarlo!

¿Cansado de ti? Bueno, ahora sientes lo que yo he sentido por vidas al tenerte cerca — bromeo, tratando de disipar la horrible sensación de derrota. Él vuelve a soltar una risa y entonces me decido—: Alen, ¿has visto el estado en el que estás? Estás tan triste por lo de Bellota… Y todo es sumamente estúpido porque no hay nada que se interponga entre ustedes. Digo, ¡es obvio que sientes algo por…!

Tarek, no soy humano; nunca podré estar con ella — me interrumpe.

Disculpa, conoces mi situación, ¿verdad? Porque hasta donde yo sé, la princesa es humana y yo solía ser un demonio.

Lo de ustedes es diferente. Tú llegaste aquí por voluntad propia, sin dudas. Yo vengo con una misión designada y…con demasiadas fallas.

¿Con fallas? ¿Que ustedes no eran el “gemelo bueno y perfecto”?

Vuelve a reír, pero después un enorme suspiro me advierte que se viene algo de cuidado.

Estoy siendo castigado porque me enamoré de una humana, Tarek. — Ok, intenté no mostrarme sorprendido pero lo último acababa de caerme como un baldazo de agua helada —. La vez que Hethos empleó el Li-kay en mi mente lo vi.

Sigo brindándole algo de energía en lo que va poniéndome al corriente: escucho atentamente el relato, las visiones, y entonces el nombre de Albania cobra sentido; y también todos esos miedos e inseguridades que lo abruman. Y mis ojos lo observan, llenos de sorpresa, porque Alen en este momento es inclusive más humano que yo. Con errores, con temores y dudas sobre sí mismo.

Hermano, solo por si no lo has notado— inicio cuando se queda en silencio—: Sisa no es Albania; y si me permites una observación más, tú tampoco eres él mismo de aquella vez. No sé cuál habrá sido tu nombre original, pero ahora eres Alen, Alen Forgeso, y tienes la oportunidad de quedarte como humano, aquí, ¡junto a una chica estupenda! Y si te da miedo esa estupidez del Par absoluto, créeme que tú tienes más oportunidad de desplazarlo con algo de humano, que yo como errante.

Quedarme como humano... 

Sé lo que está pasando por su cabeza, claro que lo sé. El idiota tiene miedo y no se lo reprocho: este mundo es abrumador para los suyos.

Tal vez deberíamos pasar a ver a Hethos; no me lo ha dicho directamente, pero ha estado muy preocupado por ti.

Nos ponemos de pie y después juntamos todas las hojas secas. Sería más rápido ordenarles que lo hagan por ellas mismas, pero creo que él está disfrutando recogerlas una por una.

Has estado viéndola, ¿verdad? — le pregunto cuando retorno de la cocina con una bolsa inmensa para echarlas dentro —. Sin que note tu presencia.

No me responde, pero el gesto en su rostro lo delata.

Estaba muy triste; aunque estos días ya la hemos visto más animada.

No quería lastimarla, Tarek, pero vi tanto amor en sus ojos que me aterré y preferí decirle que se detuviera. Ella y yo…no, no funcionaría… — Iba a darle otro golpe por imbécil, pero me detuve al verlo tan decaído—. El amor que vi en sus ojos era casi tan grande como el que yo siento por ella. Pero justamente por eso no podía dejar que continuara

¿Qué-ha-dicho?

Traté de no verme demasiado pasmado porque era la primera vez que me confesaba algo de esa magnitud. Sonaba tan agobiado solo por estar sincerándose de esa manera.

¡Santo cielo! ¡El mundo se acaba! ¡Acaba de confirmarme que quiere a Bellota!

Prefiero que me odie a que siga esperando que el calehim “idiota y engreído” se decida de una vez por todas a entregarle todo lo que tiene. Si yo no fuera tan cobarde...lo arriesgaría todo y me quedaría con ella — me dijo mientras observaba quedadamente las hojas secas que albergaban sus manos—; pero vengo con grietas. Con muchas grietas que llevan el nombre de Albania.

Alen, voy a hablarte con sinceridad. El ex novio de Bellota ha aparecido como por obra y gracia del Espíritu Santo, y no es por ser aguafiestas, pero tiene todas las de ganar si tú no te decides.

¿Hablas de Marcus?

¿Lo conoces? — exclamo sorprendido.

Maldita sea, creí que la jugada iba a resultar como un incentivo  

Ya he escuchado un poco sobre él.

¡¿Y?! — lanzo ansioso.

¿Y qué?

¡¿Cómo que “y qué?! Oye, hermano, ¿simplemente vas a dejarle el camino libre así porque sí?

Tarek, prefiero que Sisa salga con un chico que la quiera, y se olvide por completo de mí.

Junta las últimas hojas y las echa dentro de la bolsa. Está muy tranquilo, no agrega más.

Sí, como no — murmuro ante la mueca de congoja que acaban de hacer sus labios y que mis ojos no han ignorado.

No sé cómo decirle que, si no se arriesga, entonces tiene razón…

…Bellota merece quedarse con alguien que sí valga la pena.


 

»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«

 

Sisa

 

…así que, creo, penan en la casa. Aunque es extraño porque nunca había sentido algo semejante — le comenté a Amber mientras terminaba de hacerme los rizos en el cabello.

Mmm, qué raro. No pueden empezar a penar en una casa de la nada; digo, no sé muy bien todo ese rollo de las almas humanas condenadas a vivir sin cuerpo, pero de lo que sí estoy segura es que es imposible que de la nada escuches ruidos en tu casa.

Una vez estaba echada sobre la cama, las ventanas se abrieron, y después sentí como si el viento hablara — añadí desconcertada.

Como si el viento… — murmuró y detuvo su trabajo con la rizadora. La miré con curiosidad—. Pequeña Cachorra, ¿no has pensando que puede ser el calehim que anda espiándote en secreto?

¿Alen?

¿Qué? — pregunté desencajada.

Amber me sonrió a través del espejo que había en frente de ambas.

Tal vez está observándote y tú no te has percatado. Hay salmos de camuflaje que son muy eficaces en ese tipo de ocasiones.

N-no…no creo que sea eso, Amber.

¿Por qué no?

Bueno…

No sería nada lógico que después de lo que pasó aquella vez, Alen estuviera viniendo a verme. O a lo mejor sí…pero en búsqueda de pistas sobre Albania. Y me temo que no podría ayudarlo con eso ya que desde hace mucho que no tengo ninguna visión.

No pongas esa carita, ¡se supone que hoy va a ser una noche espectacular! ¡Ningún hombre, por muy calehim que sea, lo merece! — Asiento y le prometo que me divertiré muchísimo—. Y mira, por si quieres comprobarlo, te voy a dar un pequeño truco que solían usar los humanos que aprendieron a dominar a ángeles y demonios.

¿Qué? — pregunté asombrada—. ¿Acaso es eso posible?

Oh, sí; los primeros humanos nacidos del Todo. Y muchos de ellos aprendieron trucos de caídos y errantes. Actualmente no sé si aún existan, pero bueno... Escucha, es uno muy sencillo y no requiere de ningún tipo de energía. — Dejó las pinzas para el cabello a un lado y sacó un encendedor de uno de los cajoncitos de su habitación—. Cuando tengas esa sensación de que “el viento te está hablando” simplemente enciende una llama; con un encendedor, con un fósforo, una vela, con lo que sea. Después la pones frente a tus ojos, así, y simplemente dices: “muéstrate ante mí, impostor del viento”, ¡y listo! El ente que esté por ahí no podrá escapar hasta que se presente, porque la frase es muy poderosa.

¿En-en serio funciona?

Síp, pero tienes que hacerlo rápido, porque si se da cuenta del truco huirá antes de que pronuncies las coplas.

¿Es…? ¿Tengo que recitarla? — le pregunté con curiosidad porque copla me sonó a poema y poema a declamación; y Amber rompió a reír con fuerza.

¡Eres la cosita más linda del universo! No, pequeña Cachorra, cuando digo “coplas” hablo de las palabras que cobran poder en labios humanos. Cuando demonios o ángeles usan palabras para invocar algún tipo de poder se llama cántico o salmo. Y cuando las palabras solo pueden ser usadas por ángeles son “gozos”, y si son exclusivamente para demonios son “martirios”.

Wow…hay…muchas cosas que no sé sobre ustedes.

La palabra “muchas” queda corta, pequeña Cachorra — me dijo con una amable sonrisa, y después me vi atrapada entre sus brazos—. Ay, ¡me encanta que me hagas preguntas!

Ya, ya, basta, Amber. — La voz de Samin detuvo el ataque de besos del que estaba siendo víctima.

Elevé la mirada y me lo encontré vestido de manera muy casual, con el cabello ahora de verde intenso y las uñas de color azul.

La vez pasada me comentó que Amber era una fanática de todo lo que tuviera que ver con cosmetología y estética, y que le encantaba usarlo de muñeco para jugar al “salón de belleza”; así que le atribuí el cambio de look a ella.

 Por cierto, Sisa, aquí tienes el regalo que me pediste para tu amiga.

¡Muchísimas gracias! — exclamé, sumamente agradecida por el gesto—. ¿Eh? ¿Qué es esto? — pregunté cuando tomé la caja mediana.

Digo, le pedí algunas fotos autografiadas y esto es un poco grande para…

 Son mis dos primeros álbumes; como me comentaste que Loi no los llegó a conseguir… Debe ser porque fueron de mis trabajos iniciales y no sacaron muchas copias.

¡¿Qué?!

También los firmé, como me pediste, y añadí una foto con la dedicatoria por su cumpleañ…

¡Ay, Samin! ¡Gracias, gracias, gracias, gracias! — chillé emocionada y no pude evitar abrazarlo con fuerza y dar un par de brincos.

¡Loi va a morirse de la emoción!

¡Largo, Samin! Debo seguir preparándola; no tardan en ser las diez y sus amiguitos vendrán por ella.

Marcus se había ofrecido a recogernos a Etel, a Tomas y a mí porque teníamos que estar en la casa de Loi a las diez y media para la sorpresa que Janna, Iago y su novia, Helena, habían preparado para ella. Loi no sabía absolutamente nada, así que teníamos que llegar en plan de “solo vinimos a recogerte para irnos juntos a la fiesta”, y de ahí dejar que las cosas siguieran el itinerario planeado.

A eso de las ocho terminé de cenar y le dije a Gisell que subiría a mi habitación a cambiarme para la fiesta. Me respondió con un cabeceo vago, y ni bien cerré la puerta Amber ya estaba allí, muy sonriente, y dispuesta a llevarme con ella hasta Frantzon en menos de cinco segundos. Se había ofrecido a ayudarme ayer que la vi mientras ensayaba con Samin y le comenté lo de la fiesta de disfraces.

Se vio tan emocionada que no pude decirle que no; además me gustaba pasar tiempo con ella.

Berith está que echa humo — oí que comentó Samin. Intenté enfocarme en otra cosa porque ya había decidido que solo entraría en el asunto cuando se presentara alguna visión de Albania y tuviera que comentárselo a Tarek para que se lo transmitiera a Alen.

Además, después de todo lo que pasó dudo que las cosas puedan ser como antes. Nunca podrían ser como antes.

¿Ya se dio cuenta del bloqueo? — preguntó Amber mientras retocaba los rizos que me había hecho en la parte baja del cabello.

Así es. Pensó que podría ver mis movimientos futuros gracias a su especialidad, pero se dio con la sorpresa de que toda mi existencia en este mundo está bloqueada a cualquier tipo de ojos. No podrá ver nada de lo que haga así use todos los cánticos y martirios que conozca.

¡Y ahora algo de brillo labial y…! ¡Listo!

Le pregunté a Amber si ya podía ponerme de pie, y me sonrió emocionada:

¡Estás perfecta, pequeña Cachorra! ¡Espera, no te muevas, debo tomarte una foto!

Amber se ve demasiado joven y revolotea como una niña pequeña cuando está muy contenta. Pero cuando la escucho hablar así, la siento tan maternal que me dan ganas de darle un buen par de besos, y agradecerle por ser tan afectuosa conmigo a pesar de habernos conocido hace tan poco.

Déjame arreglar el lacito de tu cabello, ahora el nudo del delantal y… ¡listo! ¡No he visto a ninguna chica con ese simpático vestidito más bonita que tú!

Me puse de pie velozmente porque Samin dijo que en cualquier momento llamarían a la puerta de mi casa, así que ya debía regresar.

¿Tienes el obsequio? — me preguntó Amber.

Síp, ¡gracias otra vez!

¡Tómate muchas fotos!

Está bien.

Me despedí de ella con un abrazo y después Samin me tomó por la muñeca. Cuando volví a abrir los ojos ya estaba en mi habitación otra vez. Exactamente para que la voz de Gisell resonara desde abajo cuando el timbre principal retumbó en toda la casa:

¡La puerta!

¡Ya voy!

Tomé la mochila con todo lo que necesitaba porque después de la fiesta, Etel y yo nos quedaríamos a dormir en la casa de Loi.

¡Gracias por el regalo, Samin! — añadí. Me dijo que no había sido nada.

Por cierto, Seir no puede mentir. Ya sabes eso, ¿verdad? — lanzó de pronto.

¿Eh?

No lo olvides. — Lo miré sin comprender —. Diviértete, Sisa. Y haz que esta noche sea mágica y “sincera”. A veces es bueno dejar que la razón sea dominada por el impulso. A veces… solo a veces — me dijo con una amable sonrisa.

Quise pedirle que fuera más explícito pero la voz de Gisell retumbó con tanto estruendo que temí por Marcus. Le había pedido que cuando llegara solo tocara el timbre y me esperara para evitar cualquier tipo de malos tratos.

Samin desapareció y yo bajé las escaleras velozmente. Me despedí de Gisell y de Corín que me lanzó una mirada de pies a cabeza, y abrí la puerta.

Marcus me esperaba recostado sobre un auto azul oscuro, revisando su celular. Ni bien oyó que la puerta se cerró, elevó la mirada y sus ojos se tornaron amables.

Estaba muy guapo con la simpática chaqueta formal rojo vino, el chaleco, la camisa, la corbata en forma de lazo, y la cadena del reloj de bolsillo colgando de los pantalones.

¿Está bien que no haya esperado en la puerta? — me preguntó con algo de culpabilidad—. Corín me vio por la ventana de la sala y…

Oh, no te preocupes. Igual no iban a salir.

¿Siguen tan…? Ok, no es por ofender, pero Gisell y su hija eran algo molestosas en Asiri.

Las cosas siguen igual, querido Conejo — le respondí cuando ingresamos al auto y me topé con el último detalle del disfraz reposando sobre el asiento posterior: las dos enormes orejas afelpadas que debían ir sobre su cabeza.

Bueno, Alicia, ¡la fiesta de té ya va a empezar! Así que apresurémonos o nos cortarán la cabeza — agregó divertido.

Encendió el motor del coche y me preguntó si aún me gustaba Aerosmith. Le respondí que esa pregunta me ofendía y rompió a reír. Sacó su celular, lo conectó por Bluetooth al equipo de sonido del auto y después una canción inició.

¡Óyeme! ¡Esa no es de Aerosmith! — reclamé.

No, claro que no, es de los Guns — me respondió con tranquilidad.

Le puse mala cara:

¿Sigues pensando que…?

¿Los Guns N’ Roses tienen miles de canciones mejores que Aerosmith? Lo dije y lo reitero.

¡Ayy, Marcus!

Y solo para aclarar, aún pienso que Los Rolling son mejores que esos cuatro Beatles — añadió con una sonrisa socarrona.

¡¿Qué?! ¡Ohh, espera que Etel sepa de esto! — exclamé indignada—. ¡Nos encargaremos de esas orejas de conejo!

Tomé su celular y me puse a chequear la lista de canciones.

¿Eh? Por cierto, ¿cuándo aprendiste a conducir? — le pregunté cuando noté el detalle del auto en movimiento.

No sé dónde llevo la cabeza.

Oh, historia larga; te daré el resumen: papá le obsequió un auto a Abby hace un par de meses y ella necesitaba un piloto cada vez que salía de fiesta, porque conducir tan ebria como terminaba podría ser peligroso. Pero no, este no es el auto de Abigail, es el de Estefan. Me lo ofreció cuando dije que pasaría por la linda chica a la que quiero reconquistar, para llevarla a una fiesta.

Quise tomarme el comentario a broma, pero el rostro me ardió demasiado cuando me sonrió con tranquilidad. Bajé la ventana para que entrara algo de aire, y justamente le indiqué que girara para llegar a la casa de Etel en la que nos esperaría con Tomas.

Nos detuvimos junto a la acera de en frente. Me quité el cinturón de seguridad y me di con la sorpresa de que él había bajado con muchísima más rapidez que yo, y ya estaba ahí, abriéndome la puerta. Iba a decirle que estaba siendo tan rápido como el Conejo Blanco, pero noté algo diferente en el ambiente.

Me ofreció la mano para salir, me elevó con suavidad y se inclinó lo suficiente como para que pudiera ver cada detalle de su rostro. Me quedé completamente indefensa ante el movimiento, y cuando estaba por intentar romper el silencio gritando “¡Etel, ya llegamos!”, su mano voló y capturó uno de los rizos que me cubría parte de la mejilla, para devolverlo a su sitio inicial.

Iba a darle las gracias, pero…

¿Has visto lo bonita que estás, Alicia?  — me preguntó en voz baja y entonces sentí una brusca sacudida de nervios.

Marcus y yo somos muy buenos amigos y siempre hemos bromeado mucho. Es más, esta sería la oportunidad perfecta para que yo le siga el juego y le diga “Conejo Blanco, llegaremos tarde” o algo por el estilo. Pero su tono de voz no indica jugueteo, tampoco el brillo de sus ojos.

Alen…

No, otra vez no: ¿por qué siempre termino pensando en él cuando no debo?

¡Bellota! — gritaron desde algún lugar. Volteé, buscando al dueño de la voz, y me encontré a Tomas con medio cuerpo fuera de la ventana del cuarto de Etel—. ¡Ahora bajamos!

Está… ¡está bien! — respondí con algo de torpeza.

Sisa, no voy a matarte así que cambia esa cara de espanto, por favor — oí a Marcus.

Me sonreía de buen humor.

¿Qué? ¡No estoy asustada! — reclamé más relajada—. Que seas un poco más alto no significa…

Sé que acabas de salir de una relación algo complicada. — ¿Qué? Relájate, relájate. ¿Cómo lo sabe? ¿Acaso…? —. No, no me lo ha dicho nadie, pero creo que te conozco lo suficiente como para saber que ha pasado algo con respecto a ese tema. Y si he unido cabos de la manera adecuada, me parece que el nombre de ese “algo” es Alen Forgeso.

Marcus…no... No me preguntes nada, por favor — pedí inmediatamente.

Sé que es estúpido, pero aún no estaba preparada para reírme de aquello o para contarlo. Tal vez en un tiempo…tal vez…

No voy a preguntarte nada sobre él, Sisa. Es más, para mí es mucho mejor que no quieras ni mencionarlo. — Elevé la mirada, abrumada—. La boda de mis abuelos será en dos semanas, así que ese es el tiempo que me queda aquí, en Lirau.

A lo lejos vi que la puerta de la casa de Etel se abrió; Tomas y ella salieron, ya listos.

Marcus, ¿qué...?

Bellota, ¿recuerdas lo que te dije cuando partiría a Libiak? ¿Lo te que dije cuando nos despedimos?

Retrocedí en el tiempo, capturando velozmente los recuerdos de aquel día: Marcus a punto de subir al auto de sus padres, Abby reclamándole que no me vería nunca más y la despedida debía ser mucho más emotiva. Marcus gritando que dejara de molestarlo…

…y después abrazándome y susurrándome lo mucho que me quería; que era lo mejor que le había pasado en la vida.

S-sí… — le respondí encogida.

Etel y Tomas venían hacia nosotros. Iba a pedirle que pospusiéramos la charla, pero en ese momento se inclinó hasta mi oído:

Todo está igual, Sisa — susurró y todo el cuerpo me tembló—. Te quiero, tal vez un tanto más que antes, y no sé qué hacer con todo esto porque tengo tan poco tiempo para una respuesta.

Marcus, no… — le supliqué en voz bajita. No era el momento, no estaba preparada, y aunque suene extraño, sentía que no estaría preparada por lo menos dentro de un par de años.

Si es que tengo suerte y en esa cantidad de tiempo me quito a Alen de la cabeza.

Mis sentimientos siguen ahí…

¡Bellota! — gritó Etel emocionada, a un par de pasos.

…esperando que vuelvas a decirme que sí — concluyó mirándome a los ojos.

Y me quedé sin ningún tipo de pensamiento coherente alrededor porque ni siquiera sabía si había escuchado bien sus palabras.

Etel y Tomas llegaron. Marcus los saludó animado y después volvimos al auto en el que la conversación de “¿desde cuándo conduces?” reapareció, y me permitió desconectarme por un momento de todo. Quise enfocarme en ellos, pero no podía despegar mi mirada de la ventana. Los oí bromear sobre los disfraces; a Tomas quejarse porque supuestamente debía verse pálido y no como si llevara kilos de tiza sobre la cara. Etel gritó que para la próxima se maquillara él solo, y ambos llegaron a la conclusión de que Lennon y McCartney hubieran sido una mejor opción.

Aunque no sé bien de quién estamos hablando — confesó, y Etel lo golpeó con el ramo de novia sobre la cabeza.

Cryin’ inició. Sentí que Marcus me miró de reojo y no pude evitar que el nombre de Alen retumbara en mi cabeza. Entrelacé los dedos con congoja porque su confesión había sido demasiado repentina y no estaba segura de cómo responderle: esta vez solo quería enfocarme en el violín y en aprender a controlar de manera más eficaz mis pensamientos, porque no era justo que de la nada su nombre me atacara con violencia.

Tomas preguntó si me sentía bien, pero antes de que pudiera responderle…

¡BROM!

…un estruendo llenó todo.

¡¿Pero qué…?! — exclamé alarmada, Marcus detuvo el auto rápidamente.

¿Sisa? ¿Qué pasó? — me preguntó Tomas preocupado. Etel me tomó por el hombro desde el asiento posterior.

Iba a decirles que acababa de escuchar algo semejante a un trueno estallando con fuerza, pero de la nada una luz blanquecina iluminó toda la ciudad en pocos segundos, como si el sol fuera un enorme foco y lo hubieran encendido para después volver a apagarlo.

¿Vieron eso? ¡La luz! ¿Por qué…? — Intenté buscarle una explicación al asunto, pero me quedé muda cuando comprobé que los tres me observaban, desconcertados.

¿De qué hablas, Bellota? No ha pasado nada — me dijo Etel.

¡Pero algo sonó como un trueno y entonces…! — Tomas y Marcus me observaron con una ceja en alto, y después dijeron que a lo mejor estaba quedándome dormida.

Volteé a ver a Etel, pidiéndole con la mirada que me lanzara alguna señal, pero sus ojos seguían llenos de curiosidad.

Volví a situarme en el asiento y el auto se puso en marcha.

¡Y ya empezó a llover otra vez! Qué horrible está el clima — dijo Tomas fastidiado.

Algo había iluminado el cielo, y un trueno increíblemente fuerte había estallado en alguna parte.

¿Por qué nadie más lo ha sentido?

 

 

»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«

 

Samin

 

¿Entonces irá?

No hay duda, Amber: irá; le conviene que se reconcilien. Supongo que Berith acaba de darse cuenta y ha decidido poner en marcha un plan B — respondo y vuelvo a enfocarme en todos los salmos que he escrito en la pared.

En mi existencia original podía crear salmos nuevos, ¡inclusive gozos! Era casi un pasatiempo. El asunto es que mi capacidad se encuentra limitada ahora que vivo en este cuerpo, y no sé cómo diantres encontrar uno que me ayude a viajar a través de vidas pasadas.

Deberíamos charlar con Seir — me dice Amber señalando el salmo de espacio y el de tiempo —. Él ha viajado por vidas siempre que trasladaban a Alen a una nueva. Tal vez sea de ayuda.

El problema radica ahí — indico agotado—. Seir viajaba a vidas que recién iban a vivirse, vidas “futuras”, igual que tú. Dudo que sepa cómo viajar a vidas pasadas porque eso implica romper con el Código de continuidad temporal, y probablemente cueste demasiado.

Kohn era demasiado rígido en cuanto a sus tratados. Tuve que pagarle por anticipado por las faltas que Alen cometió en esta vida al retroceder y detener el tiempo para salvar a Sisa. Le entregué mi capacidad para ver sueños, y la que me dejaba alimentarme a través de sonidos, imágenes o caricias. Y claro, por eso ahora tenía que lidiar con el engorroso asunto de comer para conseguir energía.

No soportaba comerme a ninguna creación del Todo por muy vegetal que fuera.

Has hecho tantas cosas que ellos desconocen. Pareces el hada madrina cuidando a su protegido bajo las sombras. — El comentario me resultó de lo más gracioso—. Adoptar la forma de un niño para explicarle la situación de los Custodios a la pequeña Cachorra, fue una de las cosas más graciosas que he hecho en todas mis vidas.

Gracias, Amber. Si estuviera solo en esto sería aún más complicado.

Te dije que iría contigo a donde fuera, Nanael. Que sería tu sombra; que no me importaría abandonar mi ducado y que Gremory se convirtiera, para los míos, en el nombre de una traidora.

Comprendí el tono de la charla, a dónde querían llegar sus palabras.

¿Cómo supiste que Berith acudiría a la fiesta de la amiga de Sisa? — pregunto, transcribiendo unos cuantos salmos más que se me vienen a la mente.

Si pudiera unir los emblemas de Espacio y Tiempo con los de Cero absoluto, Transporte y Aislamiento, a lo mejor…

Siempre vas a cambiar de tema, ¿verdad?

Amber… — advierto, intentando concentrarme en las letras que voy escribiendo.

No te sientas obligado a responderme. Cuando te conocí sabía a lo que me enfrentaba — comentó burlonamente. La observo de reojo: acaba de tomar la tablet y ha vuelto a sentarse sobre los cojines del piso a entretenerse con esos estúpidos juegos online. No entiendo qué de divertido hay en matar, así sea vía virtual.

A veces los humanos y sus inventos me desconciertan demasiado.

¿Ya has pensado cómo proteger los pedazos?

¿Qué? — Parpadeo, sin comprender—. ¿De qué estás hablando?

Samin, no puedes simplemente enviar los pedazos a diferentes escondites, y no pensar qué harás cuando Berith envíe a todas sus legiones y tropas a buscarlos — me dice como si fuera lo más obvio —. Eso sin contar a los demonios que estarán implicados en el rito.

Mierda.

¿No lo pensaste? ¡Dios! Ustedes no son tan inteligentes como dicen, eh.

Maldita sea, no pensé en eso. Así divida el alma, será muy sencillo que la encuentren y la destruyan.

A menos que le pongas alguna especie de contraseña a cada parte. — No comprendí —. Mira, en estos “jueguitos tontos” que tanto desprecias, hay un comando que permite que solo determinado jugador pueda usar ciertas armas. No sé, podrías tomarlo como ejemplo, ¿no?

Solo determinado jugador…

Podría hacer que las piezas solo puedan ser tocadas por el ser que yo designe — atrapé la idea.

Tomé rápidamente el marcador, dispuesto a apuntar un salmo de camuflaje, protección y exclusividad; cuando de repente sentí una fuerza desbordante aterrizando sobre algún lugar del mundo terrenal.

Ya llegó.

Suelto el marcador y me transporto inmediatamente a Lirau.

Amber aparece a mi lado un par de segundos después. Ella no consigue ser testigo debido a su condición de errante, pero yo sí distingo la luz blanquecina que ilumina todo el cielo y de la misma forma desaparece. Nadie más la ha visto: la presencia es tan solemne que solo ciertos ojos podrían saber de ella. Alen podría hacerlo, pero supongo que en este momento se encuentra tan fuera de sí mismo que también ha pasado desapercibido para él.

Sisa también debe haberlo visto...

Ubico el lugar del que proviene la mayor cantidad de energía, y asiento para mí mismo: ya está hecho, acaban de ponerlo al tanto.

¿Samin? ¿Qué pasó? ¿Por qué saliste así? — me preguntó Amber confundida.

Ya se lo dijeron.

Tengo que darme prisa y pensar cómo voy a explicarle las cosas

¡Samin! ¿De qué hablas? ¡No te vayas así, sin decirme nada!

Han enviado a Uriel para transmitirle un mensaje a Abdiel, Amber. — Giré por la siguiente esquina. Una pequeña se me quedó observando con curiosidad, y después empezó a reclamar la atención de su madre que hizo caso omiso.

Típico, muchos salmos de camuflaje no sirven a ojos de niño.

¿Qué? ¿Uriel? — repite desconcertada —. Samin, ¿por qué enviarían al ángel gobernador del futuro a ver a Hethos? Digo, es mentor de Alen, pero el importante no es él.

Acaba de cumplirse lo que vi, Amber, así que ya puedo decírtelo. — Doblo por la otra esquina; veo las luces encendidas de la tienda pero la puerta cerrada—. Uriel acaba de mostrarle a Hethos parte de lo que podría ser el futuro; le ha hablado sobre mí, sobre nuestra situación, y le ha encomendado la misión de matarlo si sucede y los Phaxsi no pueden hacerlo.

¿Matarlo? —pregunta llena de confusión—. ¿Pero matar a quién?

A Alen.

¡¿Qué?!

Las cosas se están acelerando.


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