Noches de insomnio | Capítulo 19: Noche XIX

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Capítulo 19 | NOCHE XIX

  

Sisa

 

»— ¡¿Qué demonios es esto?! ¡No me gustan las sorpresas! ¡No pueden darme una sorpresa en mi propia fiesta de cumpleaños organizada por mí misma!

Sí, esas fueron exactamente las palabras que Loi dijo cuando la metimos al auto de Iago con los ojos vendados.

¡AMO LAS SORPRESAAAAAAAAS!

Y estas son exactamente sus palabras después de que la “entrada sorpresa” acabara, y la dejara con varios vasos repletos de alcohol invadiendo sus venas.

Salimos exactamente a las diez y cuarenta de casa de Loi, rumbo al salón de recepciones del hotel en el que se llevaría a cabo la fiesta. Llegamos quince minutos más tarde solo para abrir la puerta del coche, y encontrarnos con miles de arlequines con sonrisas enormes que prácticamente se abalanzaron sobre ella para cargarla como si fuera una especie de ofrenda.

»— ¿Sisa? ¿Etel? ¡¿Tarek?! ¡¿Iago?! ¡¿QUÉ DEMONIOS ES ESTO?! ¡AHHHH!

Iba a preguntarle a Etel si la sorpresa no había sido algo aterradora (porque Loi se quitó la venda de los ojos y nos miró con expresión de pavor), pero no pude hacerlo porque salieron más payasos en llamativos trajes y ahora nos atacaron a nosotras.

»— ¡¿Eh?! ¡¿Qué es esto, Etel?! — grité mientras éramos conducidas por algo parecido a un túnel con miles de luces de colores.

»— ¡No lo sé! ¡Iago dijo que la sorpresa era solo para Loi! ¡Y A MÍ ME DAN MIEDO LOS PAYASOOOOS!

El enjambre de coloridos arlequines nos condujo hasta uno de los salones previos al principal, que parecía el interior de una perfecta carpa de circo. Por ahí vi a algunos con trompetas y otros con acordeones; y por un momento realmente me sentí como Alicia cayendo dentro del pozo rumbo al País de las maravillas.

Sin embargo, creo poco probable que en el pozo le dieran de beber a Alicia como lo estaban haciendo con nosotros. Lo digo porque para cuando lo comprendí, ya me habían puesto en el piso otra vez y me daban de beber de una enorme copa de cristal, mientras todos gritaban “fondo, fondo, fondo”.

Etel, a mi lado, se olvidó por completo de su temor a los payasos y aceptó feliz todo lo que le dieron.

Un hombre de bigote y sombrero de copa se presentó con voz solemne como Maestro Abdón; y le pidió a Loi que bebiera dieciocho vasitos de “elixir de la felicidad y la juventud eterna” (que para ser más exactas nunca supe de qué licor se trataba). Además, le ofreció cinco comodines para aligerar el camino rumbo a la meta (que era llegar al salón principal, en donde estaban todos los invitados).

Las cinco cartas nos incluyeron a Tarek, a Etel, a Tomas, a Marcus (que tenía cara de no entender absolutamente nada) y a mí, para ayudarla a beberse los vasos, pero cumpliendo varios retos algo estrambóticos en el proceso. Cuando tuve que cantar el Himno nacional después de beberme dos vasos y ser agitada frenéticamente, comprendí que realmente quería muchísimo a Loi como para hacer todo eso.

Tarek disfrutó muchísimo haciendo el sexy dance que le ordenaron; Etel se bebió sin chistar (aparte de los dos vasitos que le correspondían) una copa entera de un trago llamado “Sueño de una noche de verano” con ayuda de Marcus. Y Tomas se llevó el premio al hacer una imitación de Loi bailando ballet.

Y después de otros retos incluso peores que los anteriores, el maestro Abdón sacó el último comodín que resultó ser las palabras del papá de Loi con las que le deseaba un muy Feliz cumpleaños y la absolvía de los vasos restantes (que solo eran dos).

Entonces las puertas principales se abrieron y un enorme salón perfectamente decorado con motivos circenses nos recibió. Todos los invitados de Loi, que incluían a mis compañeros de escuela, de su anterior escuela, primos y compañeros del ballet y el taller de Danza, estaban ataviados en disfraces espectaculares y gritaban a toda voz “Feliz cumpleaños”.

¡No puedo creer que Godzilla esté bailando una canción de este siglo! ¡Detesta bailar este tipo de música! — exclamó emocionada, ya que algunos de sus compañeros del ballet, encabezados por la profesora Inés, le habían preparado una coreografía a modo de obsequio.

Toda la gente rompió en silbidos y gritos llenos de euforia cuando el espectacular baile culminó. Entonces los reflectores se apagaron por completo, las luces de colores invadieron el lugar, y la voz del maestro Abdón resonó diciendo que la pasáramos genial esta noche.

En ese momento el local prácticamente se transformó en una especie de universo de cuento mágico, porque volteabas hacia un lado y veías a odaliscas bailando con zombies, y por el otro a súper héroes que bailaban con villanos.

La música empezó a sonar, la gente empezó a animarse aún más. Como estaban saludando a Loi, me acerqué a Tarek y le pregunté discretamente si había notado algo raro. Le comenté sobre el trueno que escuché y la luz que iluminó toda la ciudad, pero me respondió que él no había sentido nada.

A lo mejor lo has imaginado, Bellota — me dijo al oído porque la música no dejaba pase a ningún otro sonido que no fuera bailable—. Y por si acaso…acabo de charlar con Alen hace un momento. Tranquila, se encuentra bien: lo dejé en nuestro departamento.

Iba a decirle que no lo decía por Alen, pero sentí que alguien me tomó por la muñeca.

Giré y me encontré a Marcus ya con las orejas puestas y su mejor sonrisa.

 Dime, Conejo blanco, ¿no vas a pedirle a Alicia que te regale un baile? — insinuó Loi con picardía.

Eso es lo que justamente he venido a pedir — corroboró de buen humor.

Una canción que me gustaba mucho inició así que acepté bailar más que contenta con él, mientras Loi agradecía por milésima vez los buenos comentarios que estaba recibiendo por la fiesta, y se tomaba millones de fotos con todos sus invitados.

Y cuando le pidieron una de ella con Tarek, ambos pusieron su mejor pose, metiéndose en los personajes, y el flash los iluminó, solo para después verlos caer en un beso lleno de tanto amor que por un momento sentí una ligera punzada de envidia.

» Y solo por si lo has olvidado, los que están saliendo son Loi y Tarek; no tú y yo, Bellota. No funcionaría…jamás funcionaría.

¿En qué piensas? — escuché y Marcus me tomó por la cintura para pegarme a su cuerpo y bailar una especie de vals demasiado rápido. Rompí a reír cuando me dijo que estaba teniendo el placer de bailar con uno de los conejos más sexys de la historia.

¡Te has convertido en un completo presumido! — le grité.

Esta noche no pienses en nadie más que en ti, Bellota. Mira, ¡la fiesta de Loi está increíble! Y si hay espacio para alguien…entonces piensa en mí.

Sentí un ligero cosquilleo en la columna, pero antes de que pudiera responderle me obligó a girar con mucha destreza y volví a reír animada.

Sí, tiene razón. Esta noche solo voy a pensar en lo estupenda que está la fiesta y lo genial que es pasar tiempo al lado de mis amigos. Nada de ángeles, ni demonios, ni visiones que ni yo misma comprendo.

Esta noche voy a ser completamente humana, sin ningún tipo de pensamientos que incluyan a calehims con ojos de sol.

¡LOI, ESTA ES LA MEJOR FIESTA DE MI VIDA ENTERA! — gritó uno de nuestros compañeros que cayó como del cielo, vestido de abeja, solo para lanzarse sobre nuestro grupo y llenarnos de besos. Incluido Marcus al que ni conocía, pero bueno.

No tenía idea de cuánto tiempo había pasado ya, pero la fiesta estaba en su punto cumbre y Loi llevaba gritando un buen rato que todo estaba saliendo mejor de lo planeado.

Dejé a Tomas para bailar con Tarek, y después de que casi me ahogara de la risa porque a pesar de que no mueve un brazo bailar con él es arriesgarse a que intente todas las piruetas habidas y por haber, volví a Marcus que seguía con las orejas de conejo pero ya se había quitado la corbata y ahora traía los primeros botones de la camisa desabrochados.

Una fuente con varias bebidas apareció de manos de Tomas y de repente me encontré brindando con todos los chicos, en medio de risas y palabras atropelladas porque todos estaban algo entusiasmados/ebrios.

¡No quiero que se vayan a Libiak y me dejen sola en Lirau!

Oh, vamos, Etel, no te pongas así. Ni siquiera damos el examen de ingreso.

¡Pero lo harán! ¡Y las aceptarán! ¡Y yo me quedaré sola aquí! ¡Con…con…! ¡Con Tomas!

¡Gracias por lo que me toca, eh! — gritó él ofendido.

¡ESA ES DE JOBEY! — bramó alguien y todos chillaron, enloquecidos.

Estaba bailando muy animada porque por algún misterioso motivo todo me parecía risueñamente genial, y Marcus tenía la amabilidad de ponerme en el sitio correcto cada vez que estaba por dar un paso en falso. Se inclinó a mi oído y no pude evitar reír cuando me dijo que era genial sentirse más alto que yo.

Entonces giré al ritmo de la música, con Loi terminándose de golpe un vaso enorme de algo que no supe identificar y Tarek riendo, completamente asombrado por su osadía. Etel y Tomas saltaban eufóricos, y un destello violeta me atacó a lo lejos. Quedé aturdida y completamente estática, oyendo cómo la música se hacía cada vez más difusa a mis oídos.

Alen, Alen, Alen…

No funcionaría…jamás funcionaría.

Vuelve, Alicia — susurraron a mi oído. Elevé la mirada y me encontré con los ojos grises de Marcus —. Ya te dije que no pienses en nadie más que en ti esta noche.

La gente seguía bailando alrededor. Comprendí que probablemente el destello que vi se trataba de las luces de colores que salían despedidas en toda dirección.

Soy humana…esta noche quiero sentirme más humana que nunca. No pensar en ojos violeta, ni en paseos por el cielo, ni en ángeles con preciosas alas de humo.

No, no, no. Esta noche soy Sisa Daquel, tengo 17 años y estoy en una fiesta espectacular. Eso es todo.

Soy humana — murmuré para mí misma y después lo grité—: ¡Soy humana!

Varios chillaron conmigo, animados por el grito y tal vez con demasiado licor en la sangre como para ponerse a analizar mis palabras. Marcus elevó una ceja, divertido.

Tarek anunció que iría por una botella de agua porque alguien empezaba a ponerse excesivamente risueña. Pensé que lo decía por mí, pero de ahí comprendí que hablaba de Etel que se había quitado el velo y la peluca del disfraz y se mecía de aquí para allá desenfrenadamente; y de Loi que prácticamente estaba golpeando a todo el mundo con el mazo de hule de su disfraz.

¡Y en cuanto regrese, quiero pedir un baile contigo, Bellota! — gritó antes de irse. Asentí y solté una risita, pensando en todas las futuras piruetas. Marcus me preguntó si quería algo y en ese momento Tarek le ofreció que fueran juntos a la barra para traer botellas para todos.

Nos quedamos las tres, junto a Tomas y a la cantidad de gente que bailaba alrededor, y todo estaba bien hasta que un grupo de chicas se acercó lanzando chillidos, emocionadas.

¡Loi, ¿quién es?! ¿Va a tu escuela? Porque no es del ballet.

¿Qué? — preguntó Loi desconcertada. Le quité el mazo de hule por si empezaba a atacar nuevamente—. ¿De qué hablan?

¡Del chico del antifaz negro! ¡Estaba por la barra! ¡¿De dónde lo conoces?! — exclamó otra. Etel me miró con curiosidad; yo simplemente me encogí de hombros.

¿Antifaz negro? No, no lo he visto. ¿De quién hablan?

¡Una chica rubia, vestida de ángel, lo llamó Alen! ¡Parece guapísimo!

¿Qué…?

Sentí las miradas de Etel y Loi sobre mí; un nudo se alojó en mi garganta.

Esta noche soy humana, soy más humana que nunca…  

Tal vez ese es el motivo por el que igual quiero verlo, y enamorarme de sus ojos una vez más.

Humana…

Patéticamente humana.

 

»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«

 

Alen

 

La lluvia ha empezado a golpetear la ventana. Nunca he sido muy devoto de ningún clima en particular, pero últimamente estoy agarrándole antipatía al frío y al invierno.

¿En serio no irás, hermano?

Volteo ante la voz de Tarek y me sobresalto ligeramente. El atuendo morado y el maquillaje de payaso desquiciado se ven bastante reales.

Quedó estupendo, ¿verdad? ¡Y este corte en la boca se ve tan genial! ¡Mira, mira! Cuando Janna terminó de hacerlo por un momento pensé que realmente me había delineado la boca con un cuchillo.

Deja de sonreír así: te ves macabro — indico y me hace una mueca aún más perturbadora que la anterior.

La princesa aceptó que fueras a la fiesta. — De acuerdo, eso me ha sorprendido muchísimo porque hasta donde sabía, Loi estaba muy enfadada conmigo—. Aunque en realidad tuvo mucho que ver que ella y la simpática Etel te imaginaran a ti y a Marcus Leda en una especie de duelo de espadas para ver quién se queda con el corazón de Bellota. Aposté por ti, hermano, así que no me defraudes. Si quieres puedo ser tu segundo al mando.

Ahora fui yo el que terminó riendo.

A lo mejor más tarde paso a verificar los sueños de Zara Lagares; así que no creo que vaya para allá.

¿Ni siquiera a marcar territorio, hermano? — De acuerdo, no sé si reírme o no —. Porque cuando te digo que Marcus Leda está a la cabeza de la carrera, no estoy bromeando.

Yo tampoco bromeo al decirte que no iré.

Tarek me observa con resignación bajo esa extraña sonrisa de payaso, y después se encoge de hombros.

Bueno, si no quieres no puedo insistir.

Gracias.

¡Peeero...! — Había olvidado lo insistente que se pone cuando quiere que vaya a algún lado —. Debo advertirte que si al final te entran ganas ni se te ocurra venir así, sin más, porque la fiesta es de disfraces y arruinarías la temática.

Dejó un antifaz negro sobre el sofá. Lo miro, sin comprender.

Aunque sea ponte esto, ¿sí? La chaqueta negra se ve muy sobria y los jeans también así que por ese lado te doy mil puntos.

¿De cuándo aquí te has puesto tan quisquilloso con todo el asunto de la ropa? — pregunto divertido.

Oye, es la fiesta por el cumpleaños número 18 de mi novia, ¡no vas a venir como cualquier cosa! Además, si no fueras tan imbécil, en este momento estarías poniéndote un disfraz de conejo.

¿Qué? — lancé pero no obtuve respuesta: el idiota ya se había ido.

No sé ni por qué me extraña: a veces habla más porque tiene boca que por otra cosa.

Me recosté sobre el respaldar del sofá y me quedé observando el cielo nocturno por la ventana. ¿Qué voy a hacer? He hablado con Hethos hace unos minutos y me ha pedido que empiece a pensar con la cabeza porque que los Phaxsi me hayan fichado hace que el asunto pinte algo feo.

No supe cómo decirle que ni yo mismo sé qué significa pensar con la cabeza.

Me pongo de pie, dispuesto a pasar por la casa de Zara Lagares y quitarme el nombre de Marcus Leda de la mente, y entonces la habitación empieza a girar con violencia.

No…otra vez no…

» ¿Ves esto? ¡Es precioso, ¿verdad?!

Cierro los ojos con fuerza ante la voz, y después me encuentro con la habitación amoblada que tanto temo ver. Ha aparecido incontables veces en alucinaciones, visiones, recuerdos, ya no sé ni qué demonios son. Oigo la risa musical, y después veo las ondas flotar con suavidad.

» Pedí que lo confeccionaran y no guardaran el diseño. La tela es única, y está hecho a mi medida.

No, no otra vez…

» El bordado ha sido a mano… ¡El vestido está precioso! ¿No es verdad?

No, no es precioso. ¡Lo detesto!

¡Lo detesto, Albania! ¡LO DETESTO! — Los ojos se me abren con brusquedad ante el grito que yo mismo he soltado. La habitación sigue sumida en un silencio profundo, y la única diferencia es que todo lo veo de costado porque estoy sobre la alfombra, respirando agitado.

¿Qué voy a hacer?

La frustración, la impotencia… Estoy harto de tanta estupidez, harto de ver tantas cosas que ya no quiero ver.

El antifaz negro reposa con tranquilidad sobre el sofá.

Marcus Leda.

Ese chico que acababa de regresar a la vida de Sisa tiene todas las de ganar. Sí, ya lo sé. Tarek me lo ha restregado en la cara incontables veces.

La maldita lluvia sigue golpeteando las ventanas.

» ¡Te odio, Alen Forgeso! ¡Te odio, te odio!

La chica del violín acaba de irse, dejándome en medio de la nada, dejándome atrapado en las redes del pánico que le tengo al olvido y al amor. Dejándome en medio de recuerdos que contienen risas musicales, ondas al viento y vestidos blancos que aborrezco. Y es mejor así, porque prefiero que me odie a que me ame, y yo no sea lo suficientemente valiente como para arriesgarlo todo y quedarme con ella.

Prefiero que el tal Marcus se quede con todo lo que pudo ser mío, porque tal vez él lo cuide mejor que yo. Y por eso, aunque me apene admitirlo, lo desprecio sin siquiera conocerlo.

¿Qué vas a hacer contigo mismo, Alen? — murmuro, pero ni siquiera sé si estoy hablándome a mí, porque en este mundo ese es mi nombre…pero no es el verdadero.

No sé ni quién rayos soy.

Berith tenía razón: debí detener esto antes, mucho antes. Así no estaría en este estado de caos que ni yo mismo puedo arreglar, porque he llegado a un punto en el que la identidad dejó de tener sentido. No sé si pueda retornar a mi lugar de origen sin tener siempre los ojos preciosos grabados en la memoria…pero tampoco confío en quedarme aquí, tranquilamente, buscando vivir un amor que, por lo efímero de su naturaleza, tal vez termine lastimándome otra vez.

Forgeso, ¿eres alguna especie de representación de la miseria y la desolación? Porque si es así, ¡déjame aplaudirte! ¡Lo haces de manera tan prodigiosa que me has conmovido!

Me puse de pie, aburrido ante la voz.

¿Y ahora qué quieres, Berith? — resoplé, dejándome caer sobre el sofá.

Solo pasaba a alardear un poco por mi disfraz. ¡Mírame! ¿No te parece que voy demasiado apuesto para una reunión netamente de humanos?

¿De qué estás hablando? — declaro, seriamente—.  No vas a ir a la fiesta de Loi.

¿Ya descubriste mi personaje?

Berith, te lo advierto…

Como los vampiros están de moda… ¡Y mira lo que tengo aquí! — Sonrió ampliamente solo para dejarme ver el par de colmillos que llevaba en la boca—. Muy reales, ¿verdad? Pues sí, son reales. Creo que el día de hoy puedo probar el excitante papel de ser un chupasangre que se aprovecha de indefensas jovencitas.

Berith, no vas a ir a esa fiesta — advertí.

¿Ah no? ¡Pero si Nhyna y yo ya estamos listos! — me responde con fingida tristeza —. Ah, ¡ya sé! Lo que pasa es que tú no planeabas ir, ¿verdad? Pues me temo que tendrás que hacerlo…

No me jodas — le espeté con cansancio.

…o si no, a lo mejor me dan ganas de matar al errante en frente de todo el grupo de niños humanos.

Me puse de pie violentamente:

¿Qué diablos estás diciendo?

Solo quiero hacer más plena tu estadía en este mundo, Forgeso. ¿No te parece algo aburrido que te pierdas una fiesta tan prometedora como esa? Tengo planeado acudir para ver qué puedo añadir a mi Oráculo. Ya sabes, los negocios primero.

¡Berith, vas a dejar de…! — no pude continuar porque se movió velozmente, solo para tomarme por el cuello y estamparme contra la pared de la sala.

No, Forgeso, esta vez me vas a escuchar tú a mí. — Traté de zafarme pero estaba empleando demasiada fuerza —. Vas a ir a esa fiesta, o si no tal vez la adorable Sisa se convierta en mi cena de esta noche. ¿Te dije que una vez la besé? Wow, labios de niña.

¡Te mat…! — la presión aumentó; sentí sus dedos casi traspasando la piel de mi garganta.

¿Qué? ¿Vas a matarme? ¿Cómo? ¿Con tus tristes lamentos de calehim enamorado? No, Forgeso, escúchame, yo quería que fuéramos amigos. Quería darte el poder para recuperar tu nombre, pero si sigues así de inútil voy a terminar acelerando las cosas.

No…no puedes tocarla. Es humana… está prohibido — alcancé a decir cuando aflojé un tanto el agarre.

¿Por qué siempre me hacen repetir lo mismo? — declaró en tono cansino—. No puedo matarla, pero puedo hacer que terceros lo hagan. ¡Pero claro! Antes me daría el banquete del año con ella. Es virgen, ¿verdad?

¡Eso fue lo último! No pude aguantarlo más y me liberé de su agarre lleno de ira. Llegué a atraparlo por el cuello, pero su sonrisa burlona me enfureció más.

Sabes cuánto me gustan las vírgenes, ¿verdad?

¡Cállate!

Si tú no quieres, alguien va a tener que instruir a esa niña. Y hacerlo por la fuerza sería inclusive aún más placentero.

¡NO TE ATREVAS!

Intenté golpearlo, pero ya se encontraba en la otra esquina de la habitación, muy lejos de mi alcance.

Dejo una adivinanza al aire, Forgeso: ¿quién me divertirá esta noche? ¿El errante? Probablemente: ¡me debe tantas! — Tomó el antifaz del sofá. Su sonrisa se acentuó—. O a lo mejor la linda Bellota: la pobre está tan devastada que a lo mejor si tomo tu apariencia se entrega sin tanto problema.

¡Ni se te ocurra tocarla!

Hace tanto que no me divierto como corresponde. Esta noche es el momento oportuno: tantos humanos aglomerados en un mismo lugar, con música y alcohol en las venas. Mmm, demasiado tentador. Vamos a ver cuántos terminan perdiendo el control e iniciando un par de trifulcas. Tal vez un par de adorables jovencitas sean atacadas por chicos sin “conciencia” de sus actos y con instintos salvajes aflorando; tal vez otro par cae porque a alguno se le ocurrió llevar una navaja. No sé, es sábado y pueden pasar tantas cosas.

¡No vas a arruinar la fiesta de Loi, Berith!

¿Ah sí? Pues entonces impídelo.

¡Berith…! — Intenté detenerlo, pero su figura cayó por el balcón y desapareció en la inmensidad de la noche—. ¡BERITH!

Me lancé al vacío: lo ubiqué corriendo por las calles, sin que ningún humano pudiera verlo.

¡BERITH!

¡Forgeso! ¿Es esta una especie de persecución ángel/demonio? — Oí el eco de sus carcajadas. Dobló rápidamente por una esquina, como una bala, y tuve que cambiar de dirección abruptamente porque casi impacto con el cuerpo de otra persona.

Me recargué de costado sobre la pared de un callejón sin salida, respirando con dificultad y sin rastro alguno de él. ¡¿Y ahora dónde…?!

¡Forgeso! — Giré violentamente y me lo encontré sentado sobre uno de los muros —. Estás algo lento, ¿es que acaso la esencia de humano está superando a la de ángel?

Iba a arrojarme hacia adelante, dispuesto a atraparlo, pero no conté con su rapidez. Para cuando lo comprendí ya me tenía inmovilizado por el cuello. ¡Soy un inútil en este cuerpo!

Hasta ahora solo has visto mi parte amable, Forgeso. Y créeme, no quieres conocer la ruda. Soy uno de los peores entre los míos, y tú estás empezando a fastidiarme.

¿Por qué quieres que acuda a esa fiesta, Berith? ¡No tiene sentido! Tus acciones no tienen relación alguna; ¡ya déjame en paz! ¡No soy una maldita ficha en un puto juego de mesa!

¡Estoy harto de vagar por la vida como si una venda me cubriera los ojos! Todos alrededor actúan como si supieran tantas cosas sobre mí, y es irritante, ¡es verdaderamente irritante porque siento que no me pertenezco!

Y si no soy dueño de mí mismo…entonces ¿quién lo es?

Eres mi ficha, Forgeso. Nuestra ficha…

¡¿Y eso qué mierda significa?! — Traté de liberarme, lleno de rabia, pero no lo conseguí.

Significa que esta noche te quiero ahí. Compláceme, Forgeso…o sino quédate a observar cómo convierto esa fiesta en una completa carnicería. Yo enciendo la mecha: ellos ya escogen a dónde va dirigida la bomba. No lo olvides.

Dejó el antifaz en mis manos y me quedé solo en el callejón, respirando con dificultad.

Mierda, estoy harto de todo esto. Si no es Albania es Nhyna, y si no es Nhyna es Berith: ¡¿por qué carajos no puedo vivir tranquilo?!

¿Como qué? ¿Como humano?

Ya no sé ni lo que pienso.

Cerré los ojos violentamente. No pasó mucho tiempo para encontrarme rodeado de miles de humanos disfrazados de cuanta cosa hubiera, y animados por la estridente música que sonaba por todos lados.

Intenté ubicar a Tarek para advertirle sobre el movimiento de Berith, pero comprendí que alguien había invocado un martirio de anulación que impedía cualquier otro tipo de salmo dentro del lugar.

Genial, no podré hacerme invisible. Qué fiasco.

Me puse el maldito antifaz y traté de ubicar el atuendo lila de Tarek, pero había demasiada gente y no podía moverme con más rapidez. Negué con cortesía cuando me ofrecieron una bebida y seguí avanzando entre los cuerpos que bailaban alegremente. Planeé buscar un lugar alto en donde poder ubicarme para ver con mayor facilidad, pero cualquier tipo de pensamiento perdió sentido cuando mis ojos fueron atrapados y automáticamente mi cerebro le dijo adiós a la parte racional.

Ahí estaba ella, a unos metros lejos, riendo llena de alegría mientras abrazaba a Loi y después su muñeca era atrapada por un chico de sonrisa amable.

¿Es el famoso Marcus?

Me quedé paralizado, observando sus movimientos y comprendí las palabras de Tarek con respecto a los disfraces: el vestido celeste claro y la blusa de mangas cortas, el enorme nudo en forma de lazo por detrás; la bonita cinta adornando las ondas avellana.

Alicia se acaba de escapar del libro…

Y está más hermosa que nunca.

El chico anterior, el que supuse era Marcus, la atrajo hacia su pecho y ambos rompieron a reír como una perfecta pareja de humanos en el esplendor del verdadero amor.

Estupendo, se ven tan bien juntos... Tan bien que en este momento lo único que quiero es que vengan por mí y me maten de una vez por todas.

Vaya, vaya, no demoraste casi nada, Alen. — Volteo ante la voz y me encuentro a Nhyna, su cabello plateado y un par de alas complementando el corto vestido blanco que lleva puesto—. ¿Cómo me veo con alas? Mucho mejor que cualquiera de los tuyos, me parece.

¿Por qué demonios es tan importante para ustedes que apruebe sus disfraces? — indico con tedio, y me pierdo entre los humanos que bailan para evitar el suplicio de ver al tal Marcus al lado de ella.

¿Ya viste a la humana? ¿Y a su humano? — Mierda, no va a dejarme en paz—. No vas a negar que hacen una linda pareja; casi, casi y hasta parecen ser el Par absoluto del otro.

Nhyna, ¿no estabas enfadada conmigo? Porque si mal no recuerdo, la última vez solo querías asesinarme lanzándome contra muros y espejos.

Oh, Forgeso, tengo muy mala memoria; ya hasta había olvidado que me rechazaste, maldito imbécil. — Solté una risa agria con lo último—. Pero no voy a insistir, creo que tú mismo ya estás dándote cuenta de las cosas. ¡Ya viste! Así como parecía que la humana iba a morirse de la tristeza por ti, de esa misma manera ahora se encuentra bailando feliz de la vida junto a su exnovio. Ya sabías que es su exnovio, ¿verdad?

Nhyna, solo estoy aquí porque el trastornado de Berith amenazó con tocar a Tarek o a Sisa, así que si planeas enviarme a alguna especie de batalla “cegado por los celos”, te voy advirtiendo que no lo haré.

¡Oh, ya veo! Estás en ese tipo de elevación de sentimientos que te grita que es mejor verla feliz al lado de otro, a que siga sufriendo mientras guarda lo que siente por ti, ¿verdad? Ay, Forgeso, qué ternura. Bueno, yo respeto eso: tu amor definitivamente es más puro. Lo triste es que están por verte la cara nuevamente. Mírala: ella lloraba hasta hace unos días y ahora está ahí, tan resplandeciente como una novia el día de su boda.

Nhyna, ya basta — declaré con pesadez y me di vuelta, buscando un buen lugar en el que pudiera sentarme a esperar que todo acabara y lejos, muy lejos, del espectáculo que tanto dolor me provocaba.

No funcionó. Quise alejarme, pero era como si caminara en círculos porque siempre llegaba a verla. Riendo con sus amigos, bailando con el tal Marcus; saltando y haciendo que las ondas de su cabello flotaran. Casi como las de ella.

Albania.

Hermosa pero mortífera.

No…

La enorme estancia empezó a girar descontroladamente; me clavé las uñas en las palmas. Aproveché que una charola con bebidas pasó junto a mí y me tomé una intentando pedirme a mí mismo no ver nada…

…pero otra vez no soy dueño de mí mismo; no soy dueño de nada en realidad. La figura de Albania me atraviesa los sentidos. La veo corriendo, sus ondas jugueteando con el viento, y después cayendo en los brazos de un sujeto con traje. Aprieto los puños con tanta rabia que escucho un crujir y cuando bajo la mirada me encuentro con el vaso de cristal que tenía sujeto, completamente agrietado.

No quiero saber más de Albania, no quiero saber más de mí. Si esto continúa, voy a terminar volviéndome loco.

¿Forgeso?

Déjame en paz, Nhyna. — Me escabullo entre el gentío y ubico una luz amarillenta por una esquina. Ingreso a un pasillo y la música disminuye; al final deben estar los sanitarios.

Sí, aquí es.

Me quito el antifaz y trato de regular mi respiración frente a los lavabos.

¿Albania otra vez? — Nhyna se acerca a mi rostro, pero cuando estoy por pedirle que me deje en paz, observa por sobre mi hombro y su sonrisa se hace inmensa—: ¡Pero miren a quién tenemos aquí! ¡La niña humana!

Es lo último que podría pasarme, pero sí, tiene razón. Giro y me encuentro con los ojos preciosos abiertos de par en par. Está sosteniendo por la cintura a Etel, que llevaba un extraño vestido de novia y parpadeaba varias veces, como intentando ubicarse.

Esta noche no planeaba verla cara a cara, iba a conformarme con contemplarla de lejos disfrutando la noche con el tal Marcus Leda, mientras yo me consumía lentamente y me guardaba las ganas tremendas que tenía de alejarlo de ella.

Como era evidente, no reaccioné.

Nhyna comentó que su acompañante se veía algo indispuesta. Afuera la gente empezó a gritar llena de emoción por una canción que estaba iniciando.

Etel soltó un gruñido y casi se le escurre de los brazos.

¿Qué le pasó? — le pregunté.

Nada — me responde Sisa con sequedad. Me acerco para ayudarla, pero ella la sostiene con más fuerza y retrocede —. Estamos bien, Alen. Solo sigue haciendo lo tuyo y…y déjame en paz.

Y eso fue todo. La aspereza de su voz fue casi como un golpe directo.

Esto no parece nada — rebato en una perfecta muestra de tranquilidad—. Déjame ayudarte: si la sueltas, puede golpearse la cabeza. — Lo piensa un tanto, y finalmente accede, aún con gesto de desconfianza.

Llevamos a Etel al lavamanos. La sostengo mientras Sisa abre el grifo rápidamente y le humedece la nuca con suavidad.

  ¿Qué pasó? — repito, pero ella vuelve a fruncir los labios.

De acuerdo: hasta le resulta incómodo hablar conmigo.

Bebió algo de más y después se puso a saltar como loca. Etel, ¿Etel me escuchas? Dios, no quiero ni pensar cómo está Tomas. No lo encuentro — murmuró más para sí misma que para mí.

Iba a decirle que se tranquilizara, que la ayudaría a buscar a su amigo, pero en ese momento tuve que bajar a Etel que acababa de reaccionar y pataleaba, protestando en mi contra.

¡¿Y él qué hassscee aquí?! — gritó indignada.

Etel, Etel tranquilízate.

¡No, no, Bellota! Voy a aprovessshar que está aquí y dessscirle un par de cosssas! —Intenté atraparla por el brazo porque parecía que iba a caerse, pero me gritó que no la tocara. Sisa la atrapó por la cintura—. ¡Loi y yo queríamos con todaass las fuerzasss del universso entregarste a nuestra Besssllota! ¡¿Y qué hicissste?! ¡Vamos, dímelo! ¡¿Qué hiciste?!

Etel, Etel basta — le pidió Sisa incómoda.

¡No, no! ¡Nossotraz creíamos en él! ¡¿Pero sssabes qué?! ¡Ahora apuesto todo por el lindo Marcuss! ¡¿Me has oído?! ¡No te acersques a Sisssa! ¡No la miresss! ¡Ella no es para ti!

Etel, Etel, ya.

Quise ayudarlas a pesar de las protestas y el odio infinito de Etel, pero su amigo Tomas apareció por la puerta y después de lanzarme una mirada nada amistosa tomó a Etel por la cintura y la ayudó a reincorporarse.

Sisa, hay que buscar a Loi si no queremos que termine igual.

Salió del sanitario con Etel que me mandó a un lugar poco agradable antes de perderse por el umbral, y ella giró, también dispuesta a retirarse, pero en un impulso inconsciente la atrapé por la muñeca.

En realidad, fue un movimiento estúpido ya que no tenía nada que decirle. Cada uno de los “te quiero” que llevaba dentro podían luchar todo lo que quisieran porque jamás se escaparían de mi boca.

Sus ojos pasaron de observar mi rostro a la mano con la que la sujetaba; noté que se agitó, también la montaña rusa de emociones que se desató en su interior.

Su-suéltame — me pidió con los ojos clavados sobre el piso—. Suéltame, Alen…

Perdóname…

Lo siento…Sisa — murmuré retirando mis dedos. Tal vez disculpándome por haberla tomado por la muñeca; tal vez disculpándome por todo.

¿Y nosotros en qué estábamos, Forgeso? — lanzó Nhyna de la nada—. Tal vez deberíamos buscar un lugar más “privado”, sin tantos niños de por medio. — Y se atrevió a intentar besarme.

Retrocedí bruscamente, pero ella ya traía aquel matiz de decepción en la mirada.

Yo ya me voy. Sigan con lo suyo. — Y lo último que vi fue el lazo del delantal blanco.

Mierda.

Intenté salir tras ella, pero Nhyna me obstruyó el paso:

Cuidado con lo que haces, Forgeso.

Me dio igual y salí tras ella. Crucé velozmente el pasillo y la música estridente volvió a apoderarse de todo. Intenté ubicarla, y cuando estaba por sumergirme en la enorme marea humana, comprendí que no era necesario explicarle nada.

Uno porque no tendría sentido, y dos porque ella ya estaba muy bien acompañada.

A un par de metros, rodeados por parejas que bailaban muy animadas, estaban ella y él. Supuse que cuando salió, el tal Marcus Leda la detuvo por la muñeca, tal y como yo hice. Solo que él no retrocedió lleno de dudas, sino que se inclinó junto a su oído para murmurarle algo. Ella soltó una risa, como agradeciéndole el gesto, y él nuevamente la tomó por la muñeca y la jaló hacia su cuerpo.

Y se vio tan segura en sus brazos, tan confiada…que no me quedó duda alguna que ni siquiera tenía que preocuparme por perder la batalla: ya estaba fuera de ella, y por una enorme diferencia.

¿Qué estoy haciendo aquí? Si ya decidí dejar a la chica del violín, realmente debería alejarme por completo.

¿Quieres que hagamos una apuesta, Forgeso? Apuesto miles de vidas a que el humano es el Par absoluto de tu niña — oí pero no volteé. Solo me quedé ahí, observando a Marcus Leda llevársela de la mano entre la multitud.

Tuve una visión que se fue tan rápido como llegó, como un suspiro perdido en algún lugar del tiempo: Albania vestida de blanco, besando a su esposo humano frente al altar.

Las carcajadas de Nhyna no me importaron en lo absoluto. Lo extraño fue que se puso delante de mí y el gesto de diversión en su rostro se desvaneció.

A lo mejor me veo tan patético que ni ganas de reírse dan.

No sufras — susurró. Me sorprendió un tanto el tono amargo. Su mano subió hasta mi mejilla y después los ojos celestes se entrecerraron con consternación—. No lo valen, Alen: ni Albania Formerio ni Sisa Daquel. ¡Y es tan frustrante ver que aún no hayas aprendido...! Es como repetir el mismo error; porque sufrir por una de ellas es casi como sufrir por la otra.

¿Qué? — pregunté débilmente.

¡Eh, eh, eh! ¡Cuida esa boquita, primor! — Berith apareció junto a nosotros y la tomó violentamente por la garganta—. No quieres ser la primera víctima de estos colmillos, ¿verdad? — Nhyna se deshizo del agarre con enfado, lo miró con odio y se perdió entre la multitud—. ¡Hembras! ¡En todas las especies igual de complicadas!  En fin, te dejo disfrutar de la fiesta, Forgeso. Por cierto, yo que tú ando pendiente de la niña humana porque hay un intruso llamado “exnovio” rondando el lugar.

Volví a ponerme el antifaz cuando Berith se alejó y después me escabullí, rumbo a las puertas de cristal que vi al final del salón. Crucé por una parte repleta de espejos y finalmente escapé del lugar.

Tomé una gran bocanada de aire cuando salí al enorme jardín posterior. Me acerqué hasta la parte en la que había varios árboles y me dejé caer a los pies de uno.

Ya lo comprendí.

Marcus Leda

Estoy oficialmente fuera.

 

»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«

 

Sisa

 

No pensé que Alen vendría a la fiesta de Loi. Era muy extraño.

Etel se terminó la segunda botella de agua que Tomas había traído para ella, y dijo que ya se encontraba mucho mejor. Marcus, a unos metros, bailaba a pedido mío con una de las amigas de Loi, del taller de Danza. Quería seguir bailando con él, pero sentía que necesitaba sentarme a despejar un poco la mente.

Tengo que hacer algo conmigo porque no es justo que solo por escuchar su nombre o verlo, toda mi atención se enfoque en él. Estúpido calehim engreído: solo vete de mi mente, saca tus hermosas alas de humo y aléjate de mis pensamientos. Después de todo, ahora debes estar muy bien acompañado.

Seguramente “alimentándote” de besos.

Frustración y decepción, eso es lo que siento por mí misma; porque Alen Forgeso estaba muerto para mí y por lo tanto podía estar con Gabriel o con las chicas que se le antojara, y eso no tenía por qué angustiarme. Total, no tenemos nada; él lo dijo: jamás funcionaría.

Pero verlo aún me afectaba tanto…

Marcus se acercó a mí. Esta vez accedí y me puse de pie dispuesta a seguir divirtiéndome, pero Loi apareció y vi tanta preocupación en su rostro que me acerqué a preguntarle qué sucedía.

No veo a Tarek por ningún lado — me respondió exaltada —. Estábamos juntos pero unos amigos vinieron a saludar, nos separamos, y ahora no lo encuentro.

Marcus dijo que a lo mejor estaba por ahí, también buscándola. Loi asintió, pero noté que seguía inquieta.

Sisa, incluso lo llamé por su nombre real pero no apareció — me dijo al oído cuando le pedí que se calmara—. Y hace un rato vi a ese demonio que intentó matarlo: estaba bailando por ahí, no sé cómo supo lo de la fiesta, ni como entró. ¡Ayúdame a buscarlo, por favor! Sé que es algo paranoico, pero me da miedo que esté solo con un brazo inmóvil y un ojo ciego y…

Sí, no te preocupes.

Le pedí a Marcus que también nos ayudara en la búsqueda, y después cada uno tomó una ruta diferente.

¿Qué hacían Gabriel y Durand en la fiesta de Loi? ¿Sería por eso que Alen también había venido? El pecho se me oprimió del temor: no creo que hayan venido por Tarek, ¿verdad? Sería muy siniestro atacarlo en una fiesta que debía ser motivo de alegría para Loi.

¡Seir! — lo llamé varias veces, gritando con todas mis fuerzas porque la música estaba muy alta, pero solo veía a gente bailando, fuera de sí, y ni rastro alguno de él.

Dios, no... Estoy empezando a asustarme.

Llegué nuevamente a los sanitarios, pero no encontré a nadie más que a un par de compañeros conversando de lo genial que estaba la fiesta. Pasé por la barra, por la zona decorada con miles de espejos, y de repente vi las puertas de cristal.

El jardín posterior. A lo mejor…

Iba a dirigirme hacia allá, pero tuve una fugaz vista del atuendo lila de Tarek: iba en sentido contrario. Traté de ubicarlo nuevamente, pasando entre las parejas que bailaban y encontrándome cara a cara con zombies, vampiros, piratas y odaliscas. Y cuando estaba por retomar la idea del jardín posterior…

…vi claramente a Durand sosteniéndolo por el cuello y llevándoselo por las enormes escaleras del fondo.

¡No! ¡No! ¡Tarek! — grité, pero la música impidió que alguien me tomara atención.

Me lancé rápidamente hacia allá, empujando todo cuanto encontrara en el camino. Oí un par de protestas por mi falta de cuidado, y cuando pude atravesar a toda la masa de invitados subí la larga escalinata alfombrada por la que los vi perderse. Llegué al final y por un lado estaba el DJ que animaba el evento manipulando un enorme equipo de sonido, y por el otro se abría un pasillo completamente oscuro, con un cordón rojo que impedía el paso.

¡Alen, Alen! — exclamé sin pensarlo demasiado: era el único que podía ayudarnos en este momento. Pero la música siguió sonando y nadie apareció. No me quedó más que esperar impaciente a que el DJ se girara hacia el lado contrario para escabullirme velozmente por debajo del cordón, y buscar a Tarek porque no había tiempo para llamar a alguien más.

Me adentré en el pasillo y quise correr, pero la oscuridad empezó a bloquearme. La música seguía resonando con fuerza, pero mis ojos estaban completamente vencidos: no veía absolutamente nada. Quise sacar el celular para iluminar aunque sea un poco el camino, pero recordé que se lo había dado a guardar a Marcus; y la pulsera fosforescente que teníamos todos los invitados no era precisamente la mejor fuente de luz.

Seguí avanzando, palpando los muros del costado con ayuda de mis manos, y de repente me encontré con un vacío absoluto. Retrocedí con cuidado y volví a toparme con la pared: supuse que se trataba de un nuevo pasillo que se abría a la izquierda. Había algo de iluminación al fondo, como un agujero menos denso.

Parecía ser una gran ventana.

Estaba caminando hacia el frente, cuando por el lado derecho vi una luz filtrándose por lo que parecía ser el umbral de una puerta en un nuevo pasillo.

Entonces una carcajada resonó estrepitosamente, y me puso los vellos de punta.

Durand.

Corrí desesperada hasta que llegué a la puerta y entonces escuché su voz:

Expandí un martirio de anulación alrededor de todo el perímetro, errante. Así llames al calehim no podrá oírte, y tampoco podrás usar ninguno de los pocos poderes que te quedan: eres como un mugroso humano en este momento.

¿Vas a matarme? — escuché que preguntó Tarek: los ojos se me abrieron violentamente—. ¿Así? ¿De manera sigilosa y sin tanta pompa de por medio? No es tu estilo, Berith.

No, Seir, no. En realidad tengo otros planes para ti esta noche.

No me dio tiempo ni para pensar, porque lo que oí a continuación fue a Tarek lanzando un alarido de dolor.

¡No lo toques!— grité, pasando por alto todo. Empujé la puerta casi a modo de reflejo y una pequeña sala de estar me recibió. Di un rápido vistazo a todo, y me encontré a Tarek con el único brazo que podía mover en una postura poco natural mientras Durand lo tenía inmovilizado por cuello.

¡Sisa, vete!

¡Oh, preciosa Sisa! ¡Justo a quien andaba esperando! — Tarek soltó otro grito porque Durand torció su brazo sin piedad. Le grité que lo soltara—. Oh, ¡vamos, pequeña! El errante ya se acostumbró a vivir sin un brazo. Vivir sin los dos va a ser pan comido.

Llamé a Alen porque no sabía que más hacer, y como solo había conseguido que Durand riera con más ganas, también llamé a Samin.

Nanael no va a entrar aquí, preciosa. No soy el único que ha invocado martirios en este lugar. Hay tantos sellos que ni con un séquito de ángeles custodios podría pasar.

¿Qu-qué estás haciendo aquí?

Voy a darte un regalo de cumpleaños por adelantado, cariño. No me lo agradezcas, ya sé que soy la cortesía hecha demonio. — Lo miré aturdida, sin seguir el hilo de sus palabras —. Y como esta parece una fiesta mágica vamos a darte el obsequio por partes, como si se tratase de un cuento de hadas, para que unas cabos y valores el precio de mi gesto, ¡o que nos corten la cabeza! — añadió en clara alusión a mi disfraz.

¡¿De qué estás habland…?!

¡Ah-ah-ah! No grites, primor. No es correcto en una dama. — Intenté dar un paso, pero Durand amenazó con arrancarle el brazo a Tarek y me obligó a quedarme quieta—. Así está mejor. Y ahora vamos a iniciar con el juego que he bautizado como “pregúntale al errante”.

¿De qué mierda estás hablan…? — Durand torció aún más el brazo que tenía sujeto, y Tarek soltó otro alarido.

¡Dios, no! ¡Realmente podría asesinarlo si no hago algo pronto!

¡Qué feo vocabulario, Seir! ¿A dónde fueron tus modales de Príncipe regente, poseedor de la cura para cualquier enfermedad y ladrón de la energía de las estrellas? —Empecé a temblar porque Durand estaba sonando demasiado animado con el asunto —. Bien, mi estimada Sisa. Dime, ¿aceptas mi regalo de cumpleaños por adelantado y jugamos?

¡No, Sisa! — me exigió Tarek.

¡Silencio, Seir!

¿Y…y si no acepto? — pregunté con cautela.

La sonrisa maliciosa se acentuó:

¡Entonces el brazo del errante se va a quebrar! — anunció en un tono espantosamente risueño.

Tarek soltó otro grito.

¡No, no! ¡Jugaremos! ¡Jugaremos! — supliqué desesperada. Me observó suspicaz, como esperando una confirmación—. ¡Te lo juro! Pero ya no le hagas daño.

Así me gusta, encanto. Una dama complaciente vale por mil. — Tarek intentó escapar pero Durand lo sujetó con más fuerza por el cuello. Le pedí con la mirada que dejara de luchar porque no teníamos nada a favor—. Las reglas son muy sencillas, pequeña: si me sigues el juego y haces las preguntas que te digo, no mataré al errante…— Lo pensó un tanto y después resopló—: Bueno, solo por esta noche, ¿de acuerdo?

Asentí levemente; Tarek maldijo por lo bajo.

Y solo para refrescar la memoria, este juego está completamente libre de mentiras, ¿por qué…?

El tono cantarín me crispó de los nervios. No supe qué responder.          

Oh, vamos cariño, es muy sencillo. Este juego está libre de mentiras porque los errantes…

Samin…

Los errantes solo dicen la verdad. No pueden mentir — respondí atropelladamente, recordando sus palabras.

¡Exacto! ¡Y ahora empecemos con la primera ronda!

Eres un maldito engendro, Berith — bufó Tarek con rabia.

Nada de cumplidos, Seir. Bien, empecemos; quiero que hagas la primera pregunta, encantadora Sisa: ya sabes, todo es muy sencillo, simplemente repite mis palabras. — Intenté aplacar los temblores de mi cuerpo pero era imposible: estaba sola y un mal paso de mi parte podría significar el asesinato de Tarek.

Durand inició:

¿Los Phaxsi son reales y matan a los calehims y ángeles que pierden la razón?

¿Los… los Phaxsi son reales y matan a los calehims y ángeles que pierden la razón? — repetí mecánicamente.

Responde, errante — ordenó. Tarek se negó, pero cuando su brazo volvió a ser torcido soltó un grito tan fuerte que le rogué que siguiera el juego—. ¡Eso! La pequeña Sisa es mucho más lista.

S-sí — respondió Tarek respirando con dificultad.

¿Perder la razón equivale a ser inútil para el sistema? — lanzó con interés.

¿Per-perder la razón equivale a ser inútil para el sistema? — volví a repetir, angustiada.

Sí.

Durand soltó una risotada que no entendí y después me miró con firmeza:

¿La marca de los Phaxsi indica que se ha iniciado con la evaluación? — Repetí la pregunta y Tarek volvió a decir que sí—. ¿La marca son dos flechas entrecruzadas e indica que la próxima vez el portador será eliminado?

Hice la pregunta y entonces Tarek explotó:

¡¿Qué estás buscando con todo esto, Berith?!

Se movió frenéticamente, buscando soltarse, pero Durand volvió a torcerle el brazo.

¡Tarek, no! — pedí.

¡Responde la pregunta, errante!

¡Con un carajo, esos no son tus asuntos, Berith!

¡QUE RESPONDAS LA PUTA PREGUNTA! — bramó con ira.

¡TAREK, RESPONDE! — supliqué desesperada.

Sí, maldita sea, ¡sí!

Esta pregunta va a gustarme tanto. — Dios, que alguien venga por nosotros… —. ¿Forgeso acaba de recibir esa marca en su pecho hace un par de días?

¿Fogeso acaba…?

Ni siquiera completé la pregunta. Me quedé ahí, simplemente observando la mueca de satisfacción en el rostro de Durand.

Entonces Tarek cerró los ojos con frustración, y no necesité que me respondiera.

¿Qué ha dicho? ¿Alen…? ¡Pero…!

No… ¡no!

¡Oh, por ese dios en el que creen los humanos! ¡Han fichado a Forgeso! — anunció Durand teatralmente. Quise calmarme, pero el corazón me había empezado a latir con fuerza, casi escuchaba sus bombeos en los oídos—. Y ahora empezamos con la segunda ronda de preguntas que tiene información mucho más interesante. Dime, preciosa, ¿estás disfrutando de mi obsequio?

Intenté responderle, pero toda la mente empezó a nublárseme. Tarek ahí, a punto de ser asesinado, y Alen…

No, ¡no! ¡Debe tratarse de un truco!

Empecemos. — Tuve que poner mucha atención porque sentía que los oídos me zumbaban—. El día que Abdiel practicó el Li-kay en Forgeso, ¿este vio que su castigo fue en parte por amar a Albania Formerio?

¿Qué? — solté sin fuerzas.

¿Así que había sido eso? ¿Ese era el motivo por el que…?

¡Ese tema no te incumbe, Berith! — protestó Tarek, furioso.

¡Calladito, imbécil! Repite la pregunta, preciosa. — Me costó más trabajo que las anteriores, pero hice lo que me pidió. Tarek luchó algo, pero finalmente obtuve su respuesta.

Sí.

Recordé bruscamente que había oído a Amber y a Samin soltar palabras al aire con respecto a ese tema.

La amó… Alen amó a la chica de ondas marrones que suelo ver en visiones. Albania, la de las risas musicales, la chica que tan caprichosa, vanidosa y egoísta me parecía, había logrado conseguir lo que yo tanto quería.

La quiso… A mí no.

Vuelve con nosotros, cariño. El juego aún no ha terminado y viene una de las buenas. — Traté de no verme muy devastada, pero creo que no lo conseguí porque Tarek me observaba, profundamente consternado —: En esa visión, ¿Forgeso vio que todo el amor que le entregó a Albania Formerio no fue suficiente porque aun así ella prefirió casarse con un humano?

Me enfoqué en Tarek, y me miró con tanta tristeza que, supuse, mi rostro estaba delatando mi conmoción interior.

Eres la escoria más despreciable del universo, Berith. ¡Hasta como antiguo demonio me da vergüenza saber que existen seres como tú! — replicó enfadado —. Todas estas estupideces que vienes preguntando son asuntos que solo le corresponden a Alen. ¡Ni tú ni nadie tiene derecho a ventilarlas!

¿Por qué no, Seir? ¿Porque tu amigo aún no supera a Albania y teme que vuelvan a jugar con él? — Intenté regular la respiración, pero estaba recibiendo demasiada información y Tarek tenía razón: eran secretos de Alen y solo él podía revelarlos—. ¿No te parece triste la situación del calehim? Tú, como su mejor amigo, deberías hacer algo al respecto. El pobre Forgeso tiene tanto miedo de cometer el mismo error y salir lastimado, que se está negando a ver lo evidente.

¡¿Y ahora por qué eso te importa tanto?!

¡El juego es “Pregúntale al errante”, no “Pregúntale al demonio”, imbécil!

Los ojos oscuros de Durand se tornaron escarlata; se clavaron fijamente en los míos.

Última ronda… — No, ya no más—. ¿Los Phaxsi han marcado a Forgeso porque no se siente ni ángel ni humano?

Quise repetir la pregunta, pero las cuerdas vocales me fallaron; el aire ingresaba ásperamente. Durand me sonrió y obligó a Tarek a responder la pregunta sin necesidad de que la repitiera.

¡Sí, maldición, sí! ¡¿Que acaso no es evidente?! — bramó perdiendo la paciencia.

¿Y esa confusión es a causa de la chica del violín con “ojos preciosos” que no puede quitarse de la cabeza?

¿Qué…?

Abajo la gente empezó a gritar con muchísima fuerza, una canción conocida empezó. Lo áspero del aire pasó a hacerse helado; el cuerpo no me respondía, y el corazón me latía tan fuerte que me lastimaba. Observé a Tarek, esperando que me diera alguna señal sobre la tremenda mentira que Durand estaba lanzando a posta; pero solo apretó los labios con fuerza…y después asintió.

Sí.

No…

Pero él… ¡él dijo…!

¿Qué tienes que decir al respecto, preciosa? — oí lejanamente a Durand—. ¿Te gustó mi obsequio?

Sisa — me llamó Tarek, ya liberado, pero yo seguía intentando asimilar lo que había escuchado: ¿era verdad, era mentira? ¡¿Qué demonios es todo esto?! ¡No entiendo absolutamente nada!

¿Cariño, qué suced…?

¡Basta! ¡Estoy harta de todo esto! — proferí exaltada—. ¡Estoy harta de ser el maldito juguete al que atormentas tú, al que atormenta Gabriel! ¡Y Alen…! ¡Alen…!

Alen era un tema muy aparte porque ni yo misma sabía lo que sentía en este momento. No sabía si sentirme feliz, si sentirme traicionada porque a lo mejor todo era una jugarreta…

O a lo mejor sentirme abrumada, porque el chico con ojos de sol me dio a entender que jamás habría nada entre nosotros…

…y parecía que lo había hecho por temor a ser vulnerado una vez más.

Tenía miedo.

¿Quieres que lo ponga en palabras más explícitas? El calehim te quiere, cariño — No, no es así… — Te quiere tan humanamente que su propia naturaleza empieza a colapsar: está confundido, está aterrado. Y es por todo eso que Alen Forgeso jamás se ha visto más humano.

Tarek volvió a llamarme, pero su voz la sentí distante. Traté de darle sentido a toda esta absurda situación, pero ya era demasiado tarde: en algún punto del relato yo había empezado a llorar, y las lágrimas ahora solo caían, casi sin órdenes mías. El aire empezó a faltarme, la cabeza a girarme con violencia...

Van a eliminar a Forgeso porque está sobre la línea de quedarse contigo o dejarte y seguir con la búsqueda de su nombre, preciosa. Y lo más triste es que no le importa; es más, desearía que terminaran con su existencia lo más rápido posible…

No, él no lo haría.

…para que así no le duela tanto pensar en ti.

Y en ese momento recién comprendí las cosas: estaba fichado, podían matarlo. Matarlo…

Matar al sol…

¡No!

¡Sisa!

Escuché la voz de Tarek pero yo ya estaba corriendo, intentando localizarlo para pedirle… ¡para ordenarle que no permitiera que lo mataran!

Empujé el cordón de seguridad del pasillo por el que había ingresado; un hombre intentó detenerme, pero me zafé de su agarre con brusquedad y bajé corriendo por las escaleras.

Me quiere. Me quiere tan humanamente…humanamente

Pasé corriendo entre la gente, esquivando a personas y tratando de ordenar los pensamientos de mi mente.

«Lo mataran…»

¡No! ¡No lo harían! ¡Así tenga que mandarlo yo misma a otra vida! No me importa si se queda o si se va: como ángel, como humano, eso no importa…es lo de menos.

¡Bellota! — Me detuvieron por la muñeca, pero me retorcí bruscamente: ¡déjenme! —. ¿En dónde te metis…? Sisa, ¿qué pasó? ¿Por qué lloras? — Los ojos grises de Marcus se perdieron de vista, porque deshice el agarre y seguí corriendo entre la gente, sin que me importara en lo más mínimo. Buscando el antifaz negro que ocultaba los ojos de sol, buscando la mirada de niño, el cabello desordenado…

A lejos vi las puertas de cristal que conducían al jardín posterior: me lancé hacia el frente, sin pensarlo, porque era obvio que no estaría entre los humanos. Él era así, siempre solitario, siempre distante.... Oí las voces de algunos compañeros de clase que intentaron detenerme, pero continué sin mirar atrás, ya llegando a toda la zona decorada con espejos.

Me detuve por unos segundos para ubicar la mejor manera de llegar a las puertas de cristal, y en ese lapsus mi sistema nervioso colapsó.

Mi reflejo traía el nudo del delantal flojo, los ojos inconmensurablemente brillantes y los rizos del cabello tocándome los hombros.

Elevé una mano y tomé uno; lo estiré un tanto, para soltarlo y sentir un mareo intenso cuando el bucle rebotó graciosamente.

La música empezó a hacerse difusa, la gente que bailaba alrededor se hizo casi inexistente…

Esos ojos… esas ondas…

No…

La gente baila, grita; las luces destellan como en un carnaval de colores.

» ¡Miren lo alto que he llegado!

Ya no estoy en la fiesta de Loi. Me encuentro en un prado inmenso, todo es de un verde vivaz y hay flores por todos lados. Quiero dar un paso, pero escucho risas; elevo la mirada y reparo en la niña sentada sobre la rama de aquel árbol.

» ¿Puedo saber cómo ha llegado hasta allí, señorita? Esa voz…

Giro, exaltada, y me encuentro cara a cara con Alen. Está sonriendo, tiene los ojos violeta sumamente brillantes y trae los ropajes extraños, cargados de hilos, con los que ya lo había visto en una visión anterior.

La niña suelta varias risitas traviesas y después balancea los piecitos con gracia.

» Cuidado, Albania. Si te lastimas, van a reprender a Nuna escucho otra voz, y esta vez claro que sé de quién se trata: es Samin, con las mismas ropas que trae Alen, los ojos del mismo tono, pero el cabello rojizo. Está sentado bajo la sombra de otro árbol mientras escribe con una rama delgada sobre la tierra.

» ¿Más gozos? le pregunta Alen con burla, y él le pide que se calle con una mirada de advertencia —. Eres el compañero más aburrido de la historia.

» Ya estás hablando como humano. Adquiriendo términos y palabras que no son necesarias.

» ¿Por qué siempre eres tan estricto, Nanael?

» ¿Será porque mi especialidad es el castigo y la severidad? Alen suelta una carcajada ante el tono sarcástico. Samin lo mira con expresión fastidiada—. Para ser portador de la pureza excelsa, eres bastante simplón.

» ¿Y ahora quién está usando términos humanos?

Nunca lo he visto tan feliz como ahora, disfrutando tanto de la compañía de otros seres. Veo que está por sentarse junto a Samin, pero Albania suelta más risitas y después dice que no sabe cómo bajarse del árbol.

Samin sugiere que vayan por Nuna a susurrarle que la busque para que llegue hasta donde están y pueda ayudarla a bajar, pero ella se niega rotundamente:

» Nuna querida se va a molestar conmigo. ¡No, por favor!

» ¿Entonces a tu…?

» ¡No, no! ¡No podemos llamar a nadie porque se enfadarán! ¡Nuna me prohibió trepar a los árboles!

» Entonces será para que la próxima vez no subas la reprende Samin. Albania vuelve a suplicar con vocecita suave que la ayuden a bajar, y esta vez Alen se acerca hasta el árbol.

Cierra los ojos, pero Samin aparece velozmente ante él y lo toma por el hombro.

» ¿Qué crees que haces?

» No va a poder bajar, Nanael. Y aún es pequeña, no tenemos por qué ser tan severos.

» Nosotros no somos ninguna especie de nodriza… —Me da la impresión de que ha pronunciado su nombre, pero esa parte la he oído difusa —. Además, ¿no te has dado cuenta? Es solo un truco para que te materialices. Tanto que se le ha comentado que sí podemos hacernos palpables es evidente que quiere comprobarlo.

» ¿Qué? — suelta desconcertado y después eleva la mirada—: ¿Eso es cierto, Albania?

Ella aprieta los labios, con sus intenciones claramente descubiertas, y después frunce el ceño.

» ¡Eres malo! — le grita a Samin que vuelve a su posición anterior.

» Si quieres bajar llamaremos a Nuna, no hay opción a más.

» ¡Malo!

Albania se sostiene con fuerza de la rama en la que está sentada y observa a Alen con insistencia. Parece que está por aceptar ayudarla a bajar, pero Samin le advierte que no haga nada y finalmente asiente y decide sentarse junto a él.

» ¿No vas a ayudarme? — le pregunta. La ternura en la voz de niña suena irresistible.

» No, ninguno lo hará— responde Samin con parquedad.

» ¡No hablaba contigo! — explota ella y después hace enormes esfuerzos por no echarse a llorar—. ¿No vas a ayudarme? — repite, y sé que la pregunta va solo dirigida a Alen que la mira con algo de congoja—. ¿No lo harás?

» ¡Ya dije que no lo hará, Albania! Espera, llamaré a Nuna.

» ¡No quiero! ¡Bajaré sola!

» Te estoy diciendo que llamaré a Nu…

» ¡No, no, no! ¡Bajaré sola! ¡Sola! — Veo que se desliza con cuidado por la rama hasta llegar al tronco, y se pone de pie con vacilación.

» ¡Albania, no! — profiere Alen.

» Déjala, si se cae, será por su culpa.

» ¡Puede matarse!

» No será así, lo sabes bien.

» ¡Nanael! insiste Alen, impotente.

» Llamaré a Nuna.

Samin desaparece velozmente, pero el movimiento ha sido en vano porque Albania ya se ha aferrado al tronco, y cuando ha intentado posicionarse buscando la mejor manera de bajar, la botita marrón se ha deslizado sin encontrar una superficie sobre la que apoyarse.

Oigo el chillido agudo. Yo misma me muevo por impulso, pero mi reacción ha sido lenta a diferencia de la de Alen que casi ha viajado con el viento para atraparla entre sus brazos.

» ¡Ah!

Los árboles se mecen con suavidad, y el corazón se me llena de felicidad, aunque no entiendo muy bien por qué. Ella acaba de lanzar un gritito, llena de emoción, y exclama que ahora que puede tocarlo le dará todos los besos que tanto quería. Lo abraza con fuerza después de darle miles de besitos sobre las mejillas y esconde la cabeza entre su hombro y su cuello. La imagen casi se me hace de cuento, y comprendo que el aroma a estrellas y a sol fue percibido en ese momento. Alen la observa con ternura, le acaricia el cabello y le dice que siempre estará para ella pero que debe dejar de ser tan mandona y testaruda.

El paisaje desaparece y ahora estoy en algo parecido a un establo. Oigo el relinchar de algunos caballos porque la tormenta de afuera es atroz, y entre el pajar los veo nuevamente. Ambos completamente empapados, tal vez por la lluvia de afuera

Es Alen y ella nuevamente. Pero la diferencia está en que él se ve exactamente como antes, y ella ha perdido la figura de niña, ahora es casi una mujer. Y también percibo que el tono de la charla es diferente: la anterior era entre una niña y su protector, un amor tierno, lleno de pureza. No sé cómo, pero sé exactamente lo que ahora siente por él: Albania ya no es una niña y él ya no es solo una figura platónica para ella.

Ya no es más un cariño fraternal.

Albania se ha vuelto ambiciosa y quiere un afecto más profundo, uno más intenso…

…uno más humano.

» Bésame.

» Albania, no.

» Solo una vez más. Te lo suplico…

El ambiente se disuelve velozmente y después soy testigo de una charla que me deja pasmada, porque es absurdo que alguien exija tanto amor y no sea capaz de entregar la misma cantidad. Veo la tristeza en los ojos de Alen y después la fugaz imagen de una boda: él está ahí, parado en el enorme umbral de las puertas de roble de aquella iglesia.

El sacerdote pronuncia la bendición, los ojos miel se cierran con dolor y después el dueño se pierde como el viento. Quise atraparlo por la muñeca, pero ya se había ido.

¿Cómo pudo hacerle eso? No era justo que ella consiguiera obtener su corazón, y después le saliera con la barbaridad de que quería casarse con otro, pero no perderlo.

Y lo hizo. Albania se casó.

Vuelvo al presente de manera violenta; con el corazón latiéndome descontrolado. La gente sigue bailando, la música sigue sonando, la chica de las ondas marrones me sigue observando...

Si no salgo a tomar aire voy a desmayarme.

Avanzo en medio de trompicones. En mi carrera me sujeto de algunos invitados que me lanzan miradas llenas de desconcierto. Si no despejo la mente voy a terminar colapsando, porque por algún espantoso motivo…

…siento como si yo fuera Albania.

Mis dedos se aferran con fuerza a las empuñaduras metálicas y después empujo las puertas de cristal con toda la energía que me queda. Voy a desmayarme… Ni siquiera comprendo qué estoy haciendo aquí, ¿en dónde estoy? ¿Por qué todo se ve tan lejano?

Alcanzo a dar unos pasos más; la música empieza a disminuir, el aire me golpea el rostro. Intento apoyarme sobre una de las columnas, pero me desvanezco...

¡Sisa! — escucho y me doy con la sorpresa de que no he terminado impactando contra el piso. Elevo la mirada, y comprendo que el sol, cubierto por un antifaz, ha venido a ayudarme.

Siempre, aunque él diga que no…siempre ha estado ahí para ayudarme.

Alen…

¿Qué pasa? ¿Te sientes mal? — insiste preocupado.

La voz de Durand, las extrañas preguntas, las respuestas de Tarek…

No lo aguanto más y lo atrapo por el cuello de la camiseta. Me observa confuso, pero tiro de ella hacia abajo y…

No…

Sí, ahí estaban: dos flechas entrecruzadas, en color negro, a pocos centímetros de su clavícula; en medio del pecho.

¿Qué es esto? — le digo y me observa en silencio—. ¡¿Qué es esto?!

Sisa…

¡Alen, ¿qué significa esto?! — exploto, pero solo obtengo una mirada serena, una breve sonrisa.

Relájate, no sé lo que te habrán dicho, pero no es de cuidado. — Quise alejarme de su abrazo para lanzarle una buena bofetada por idiota, pero sentí sus dedos sobre mi rostro, cuidadoso, como siempre —. Loi y Etel deben estar buscándote. Ve adentro, Bellota: no hay fiestas como esta todos los días.

Quise decirle tantas cosas, pero tomó un rizo de mi cabello y comentó lo bonita que me veía con este vestido.

Vamos a arreglar ese nudo — me ofrece con gentileza, y me obliga a girar con cuidado para después anudar el delantal —. ¡Listo! Y ahora regresa al País de las maravillas, Alicia. Tu compañero, el Conejo Blanco, debe estar muy preocupado.

Veo los ojos bajo el antifaz negro. Me limpia las lágrimas suavemente, y no sé si es por todo lo que he escuchado que percibo la enorme tristeza de su voz.

¿Por qué…? ¿Por qué sufres en silencio? ¿Por qué te empeñas en afrontar las cosas solo?

Si yo te quiero tanto…

 

»…él es mi felicidad, pero tú el aire que respiro…

 

Es el miedo; el maldito miedo…

¡Yo no soy Albania, Alen! — estallo y el sol brilla con fuerza, lleno de conmoción; como viéndose descubierto, y me dan ganas de decirle que ya no importa nada, porque lo sé todo. Sé todo lo que lo está agobiando tan insanamente.

¿Qué…? — replica débilmente.

  No soy Albania — repito, y me tomo unos segundos para quitar el antifaz que oculta sus ojos…

  Sisa… — Y mi nombre muere en su boca, cubierta por la mía, en mi último intento por echar atrás el recuerdo de aquella que tanto lo marcó.

Yo no era Albania. ¡No era Albania! ¡Yo no sería como ella…!

Todo volvió de golpe: las palabras de Durand, las respuestas de Tarek; la chica de las risas musicales y la mirada de ensueño. Quise decirle tantas cosas, pero profundizó el beso y me perdí como solía sucederme con él. Era extraño, inexplicable, porque si estábamos juntos todo estaba bien, como siempre…

Como fue desde el principio.

Sisa… — oí maravillosamente. Abandonó mi boca con suavidad y los ojos miel me deslumbraron —. No…no sé qué ha pasado, pero…

Te quiero — casi suspiré, enviándolo todo al infierno.

Ya está; me rindo por completo. Soy un libro abierto, toma todo lo que desees.

Los ojos le brillaron.

No…

¡Sí! ¡Te quiero, Alen! ¡Te quier…! — Y su boca volvió a la mía y me entregué de lleno, dejando que avanzara todo lo que quisiera avanzar, y sujetándome de su chaqueta antes de irme volando.

Toma todo lo que quieras, Alen Forgeso, porque si hay algo que deseo hacer, es disipar todas las horribles sombras que andan persiguiéndote.

No digas eso… No me digas eso, por favor — me dijo en medio del beso, y deslicé mis manos sobre su cuello, pero una de ellas fue capturada a medio camino, igual que el primero que compartimos. Sus dedos se entrelazaron con fuerza a los míos, y después yo misma lo empujé con suavidad contra una de las columnas. Rogando, con todo mi ser, que él comprendiera lo diferentes que éramos ella y yo.

El viento sopló con fuerza alrededor y el sol me soltó. Intenté aferrarme a su cuerpo, pero sus ojos me observaron con tristeza:

Lamento mucho lo de la vez pasada — me dijo afligido—. Te juro que lo que menos quiero es lastimarte; y es por eso mismo que vuelvo a repetirlo: no funcionaría.

Alen, escucha. Yo…

Ojos como los tuyos no merecen verse tan tristes, Sisa, y menos por alguien como yo.

¡Alen, no…!

Traté de protestar, pero tomó uno de mis rizos y lo besó con tanta devoción que sentí como si el corazón se me partiera.

Y después se inclinó con cortesía, a modo de despedida y me obsequió una de esas sonrisas apagadas: “ya no más, Bellota. Hay que parar” casi pude escuchar, y al segundo me quedé sola, con los sonidos de adentro retumbando con fuerza, mientras él se perdía entre los árboles del fondo.

Desvié la mirada, llena de angustia, y oí algunos pasos. Después, una mirada gris cayó sobre la mía, con ese sosiego acostumbrado:

Cuando algo lastima demasiado…es mejor dejarlo ir, Bellota — me dijo Marcus. No pude contenerme más y rompí a llorar con fuerza.

Dejarlo ir…

Sus brazos me rodearon con cariño, y cuando apoyé mi mentón sobre su hombro, a lo lejos vi el par de ojos violeta destellando en medio de la oscuridad.

Entonces se apagaron

…y las lágrimas dolieron más.

 

 

»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«

 

Samin

 

¿Estás planeando dividir el alma?

Asentí.

Me temo que es todo lo que puedo decirte; darte mayor explicación me pone en una situación algo complicada y…

Lo sé, Nanael, estoy al tanto de todo.

¿Entonces…?

Entonces nada— respondió Abdiel con acritud. Amber soltó un siseo, claramente disgustada por el tono. Le pedí que se relajara—. Se me ha encomendado la misión de guiar a Alen en la búsqueda de su nombre, y si mis superiores ahora me piden eliminarlo en caso de que los Phaxsi no lo hagan…

Abdiel, por favor… — supliqué.

…me temo que no me queda más remedio que hacerlo. Y si las cosas se salen de control, también tendré que eliminar a la niña.

Amber se estremeció.

Se me ha informado que ella es aún más peligrosa.

Mierda...


»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«

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