Noches de insomnio | Capítulo 19: Noche XIX
Capítulo 19 | NOCHE XIX
Sisa
»— ¡¿Qué demonios es esto?! ¡No me
gustan las sorpresas! ¡No pueden darme una sorpresa en mi propia fiesta de
cumpleaños organizada por mí misma!
Sí, esas fueron exactamente las
palabras que Loi dijo cuando la metimos al auto de Iago con los ojos vendados.
— ¡AMO LAS SORPRESAAAAAAAAS!
Y estas son exactamente sus palabras
después de que la “entrada sorpresa” acabara, y la dejara con varios vasos
repletos de alcohol invadiendo sus venas.
Salimos exactamente a las diez y
cuarenta de casa de Loi, rumbo al salón de recepciones del hotel en el que se
llevaría a cabo la fiesta. Llegamos quince minutos más tarde solo para abrir la
puerta del coche, y encontrarnos con miles de arlequines con sonrisas enormes
que prácticamente se abalanzaron sobre ella para cargarla como si fuera una
especie de ofrenda.
»— ¿Sisa? ¿Etel? ¡¿Tarek?! ¡¿Iago?!
¡¿QUÉ DEMONIOS ES ESTO?! ¡AHHHH!
Iba a preguntarle a Etel si la sorpresa
no había sido algo aterradora (porque Loi se quitó la venda de los ojos y nos
miró con expresión de pavor), pero no pude hacerlo porque salieron más payasos
en llamativos trajes y ahora nos atacaron a nosotras.
»— ¡¿Eh?! ¡¿Qué es esto, Etel?! — grité
mientras éramos conducidas por algo parecido a un túnel con miles de luces de
colores.
»— ¡No lo sé! ¡Iago dijo que la
sorpresa era solo para Loi! ¡Y A MÍ ME DAN MIEDO LOS PAYASOOOOS!
El enjambre de coloridos arlequines nos
condujo hasta uno de los salones previos al principal, que parecía el interior
de una perfecta carpa de circo. Por ahí vi a algunos con trompetas y otros con
acordeones; y por un momento realmente me sentí como Alicia cayendo dentro del
pozo rumbo al País de las maravillas.
Sin embargo, creo poco probable que en
el pozo le dieran de beber a Alicia como lo estaban haciendo con nosotros. Lo
digo porque para cuando lo comprendí, ya me habían puesto en el piso otra vez y
me daban de beber de una enorme copa de cristal, mientras todos gritaban
“fondo, fondo, fondo”.
Etel, a mi lado, se olvidó por completo
de su temor a los payasos y aceptó feliz todo lo que le dieron.
Un hombre de bigote y sombrero de copa
se presentó con voz solemne como Maestro Abdón; y le pidió a Loi que bebiera
dieciocho vasitos de “elixir de la felicidad y la juventud eterna” (que para
ser más exactas nunca supe de qué licor se trataba). Además, le ofreció cinco
comodines para aligerar el camino rumbo a la meta (que era llegar al salón
principal, en donde estaban todos los invitados).
Las cinco cartas nos incluyeron a
Tarek, a Etel, a Tomas, a Marcus (que tenía cara de no entender absolutamente
nada) y a mí, para ayudarla a beberse los vasos, pero cumpliendo varios retos
algo estrambóticos en el proceso. Cuando tuve que cantar el Himno nacional
después de beberme dos vasos y ser agitada frenéticamente, comprendí que
realmente quería muchísimo a Loi como para hacer todo eso.
Tarek disfrutó muchísimo haciendo el
sexy dance que le ordenaron; Etel se bebió sin chistar (aparte de los dos
vasitos que le correspondían) una copa entera de un trago llamado “Sueño de una
noche de verano” con ayuda de Marcus. Y Tomas se llevó el premio al hacer una
imitación de Loi bailando ballet.
Y después de otros retos incluso peores
que los anteriores, el maestro Abdón sacó el último comodín que resultó ser las
palabras del papá de Loi con las que le deseaba un muy Feliz cumpleaños y la
absolvía de los vasos restantes (que solo eran dos).
Entonces las puertas principales se
abrieron y un enorme salón perfectamente decorado con motivos circenses nos
recibió. Todos los invitados de Loi, que incluían a mis compañeros de escuela,
de su anterior escuela, primos y compañeros del ballet y el taller de Danza,
estaban ataviados en disfraces espectaculares y gritaban a toda voz “Feliz
cumpleaños”.
— ¡No puedo creer que Godzilla esté
bailando una canción de este siglo! ¡Detesta bailar este
tipo de música! — exclamó emocionada, ya que algunos de sus compañeros del
ballet, encabezados por la profesora Inés, le habían preparado una coreografía
a modo de obsequio.
Toda la gente rompió en silbidos y
gritos llenos de euforia cuando el espectacular baile culminó. Entonces los
reflectores se apagaron por completo, las luces de colores invadieron el lugar,
y la voz del maestro Abdón resonó diciendo que la pasáramos genial esta noche.
En ese momento el local prácticamente
se transformó en una especie de universo de cuento mágico, porque volteabas
hacia un lado y veías a odaliscas bailando con zombies, y por el otro a súper
héroes que bailaban con villanos.
La música empezó a sonar, la gente
empezó a animarse aún más. Como estaban saludando a Loi, me acerqué a Tarek y le
pregunté discretamente si había notado algo raro. Le comenté sobre el trueno
que escuché y la luz que iluminó toda la ciudad, pero me respondió que él no
había sentido nada.
— A lo mejor lo has imaginado, Bellota —
me dijo al oído porque la música no dejaba pase a ningún otro sonido que no
fuera bailable—. Y por si acaso…acabo de charlar con Alen hace un momento.
Tranquila, se encuentra bien: lo dejé en nuestro departamento.
Iba a decirle que no lo decía por Alen,
pero sentí que alguien me tomó por la muñeca.
Giré y me encontré a Marcus ya con las
orejas puestas y su mejor sonrisa.
— Dime, Conejo blanco, ¿no vas a pedirle a
Alicia que te regale un baile? — insinuó Loi con picardía.
— Eso es lo que justamente he venido a
pedir — corroboró de buen humor.
Una canción que me gustaba mucho inició
así que acepté bailar más que contenta con él, mientras Loi agradecía por
milésima vez los buenos comentarios que estaba recibiendo por la fiesta, y se
tomaba millones de fotos con todos sus invitados.
Y cuando le pidieron una de ella con
Tarek, ambos pusieron su mejor pose, metiéndose en los personajes, y el flash los
iluminó, solo para después verlos caer en un beso lleno de tanto amor que por
un momento sentí una ligera punzada de envidia.
»
Y solo por si lo has olvidado, los que están saliendo son Loi y
Tarek; no tú y yo, Bellota. No funcionaría…jamás funcionaría.
— ¿En qué piensas? — escuché y Marcus me
tomó por la cintura para pegarme a su cuerpo y bailar una especie de vals
demasiado rápido. Rompí a reír cuando me dijo que estaba teniendo el placer de
bailar con uno de los conejos más sexys de la historia.
— ¡Te has convertido en un completo
presumido! — le grité.
— Esta noche no pienses en nadie más que
en ti, Bellota. Mira, ¡la fiesta de Loi está increíble! Y si hay espacio para
alguien…entonces piensa en mí.
Sentí un ligero cosquilleo en la
columna, pero antes de que pudiera responderle me obligó a girar con mucha
destreza y volví a reír animada.
Sí, tiene razón. Esta noche solo voy a
pensar en lo estupenda que está la fiesta y lo genial que es pasar tiempo al
lado de mis amigos. Nada de ángeles, ni demonios, ni visiones que ni yo misma
comprendo.
Esta noche voy a ser completamente
humana, sin ningún tipo de pensamientos que incluyan a calehims con ojos de sol.
— ¡LOI, ESTA ES LA MEJOR FIESTA DE MI
VIDA ENTERA! — gritó uno de nuestros compañeros que cayó como del cielo,
vestido de abeja, solo para lanzarse sobre nuestro grupo y llenarnos de besos.
Incluido Marcus al que ni conocía, pero bueno.
No tenía idea de cuánto tiempo había
pasado ya, pero la fiesta estaba en su punto cumbre y Loi llevaba gritando un
buen rato que todo estaba saliendo mejor de lo planeado.
Dejé a Tomas para bailar con Tarek, y
después de que casi me ahogara de la risa porque a pesar de que no mueve un
brazo bailar con él es arriesgarse a que intente todas las piruetas habidas y
por haber, volví a Marcus que seguía con las orejas de conejo pero ya se había
quitado la corbata y ahora traía los primeros botones de la camisa
desabrochados.
Una fuente con varias bebidas apareció de
manos de Tomas y de repente me encontré brindando con todos los chicos, en
medio de risas y palabras atropelladas porque todos estaban algo
entusiasmados/ebrios.
— ¡No quiero que se vayan a Libiak y me
dejen sola en Lirau!
— Oh, vamos, Etel, no te pongas así. Ni
siquiera damos el examen de ingreso.
— ¡Pero lo harán! ¡Y las aceptarán! ¡Y yo
me quedaré sola aquí! ¡Con…con…! ¡Con Tomas!
— ¡Gracias por lo que me toca, eh! —
gritó él ofendido.
— ¡ESA ES DE JOBEY! — bramó alguien y
todos chillaron, enloquecidos.
Estaba bailando muy animada porque por
algún misterioso motivo todo me parecía risueñamente genial, y Marcus tenía la
amabilidad de ponerme en el sitio correcto cada vez que estaba por dar un paso
en falso. Se inclinó a mi oído y no pude evitar reír cuando me dijo que era
genial sentirse más alto que yo.
Entonces giré al ritmo de la música,
con Loi terminándose de golpe un vaso enorme de algo que no supe identificar y
Tarek riendo, completamente asombrado por su osadía. Etel y Tomas saltaban
eufóricos, y un destello violeta me atacó a lo lejos. Quedé aturdida y
completamente estática, oyendo cómo la música se hacía cada vez más difusa a
mis oídos.
Alen,
Alen, Alen…
No funcionaría…jamás funcionaría.
— Vuelve, Alicia — susurraron a mi oído.
Elevé la mirada y me encontré con los ojos grises de Marcus —. Ya te dije que
no pienses en nadie más que en ti esta noche.
La gente seguía bailando alrededor. Comprendí
que probablemente el destello que vi se trataba de las luces de colores que
salían despedidas en toda dirección.
Soy
humana…esta
noche quiero sentirme más humana que nunca. No pensar en ojos violeta, ni en
paseos por el cielo, ni en ángeles con preciosas alas de humo.
No, no, no. Esta noche soy Sisa Daquel,
tengo 17 años y estoy en una fiesta espectacular. Eso es todo.
— Soy humana — murmuré para mí misma y
después lo grité—: ¡Soy humana!
Varios chillaron conmigo, animados por
el grito y tal vez con demasiado licor en la sangre como para ponerse a
analizar mis palabras. Marcus elevó una ceja, divertido.
Tarek anunció que iría por una botella
de agua porque alguien empezaba a ponerse excesivamente risueña. Pensé que lo
decía por mí, pero de ahí comprendí que hablaba de Etel que se había quitado el
velo y la peluca del disfraz y se mecía de aquí para allá desenfrenadamente; y
de Loi que prácticamente estaba golpeando a todo el mundo con el mazo de hule
de su disfraz.
— ¡Y en cuanto regrese, quiero pedir un
baile contigo, Bellota! — gritó antes de irse. Asentí y solté una risita,
pensando en todas las futuras piruetas. Marcus me preguntó si quería algo y en
ese momento Tarek le ofreció que fueran juntos a la barra para traer botellas
para todos.
Nos quedamos las tres, junto a Tomas y
a la cantidad de gente que bailaba alrededor, y todo estaba bien hasta que un
grupo de chicas se acercó lanzando chillidos, emocionadas.
— ¡Loi, ¿quién es?! ¿Va a tu escuela? Porque no es del
ballet.
— ¿Qué? — preguntó Loi desconcertada. Le
quité el mazo de hule por si empezaba a atacar nuevamente—. ¿De qué hablan?
— ¡Del chico del antifaz negro! ¡Estaba
por la barra! ¡¿De dónde lo conoces?! — exclamó otra. Etel me miró con
curiosidad; yo simplemente me encogí de hombros.
— ¿Antifaz negro? No, no lo he visto. ¿De
quién hablan?
— ¡Una chica rubia, vestida de ángel, lo
llamó Alen! ¡Parece guapísimo!
¿Qué…?
Sentí las miradas de Etel y Loi sobre
mí; un nudo se alojó en mi garganta.
Esta noche soy humana, soy más humana
que nunca…
Tal vez ese es el motivo por el que igual
quiero verlo, y enamorarme de sus ojos una vez más.
Humana…
Patéticamente
humana.
»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«
Alen
La lluvia ha empezado a golpetear la
ventana. Nunca he sido muy devoto de ningún clima en particular, pero
últimamente estoy agarrándole antipatía al frío y al invierno.
— ¿En serio no irás, hermano?
Volteo ante la voz de Tarek y me
sobresalto ligeramente. El atuendo morado y el maquillaje de payaso desquiciado
se ven bastante reales.
— Quedó estupendo, ¿verdad? ¡Y este corte
en la boca se ve tan genial! ¡Mira, mira! Cuando Janna terminó de hacerlo por
un momento pensé que realmente me había delineado la boca con un cuchillo.
— Deja de sonreír así: te ves macabro — indico
y me hace una mueca aún más perturbadora que la anterior.
— La princesa aceptó que fueras a la
fiesta. — De acuerdo, eso me ha sorprendido muchísimo porque hasta donde sabía,
Loi estaba muy enfadada conmigo—. Aunque en realidad tuvo mucho que ver que
ella y la simpática Etel te imaginaran a ti y a Marcus Leda en una especie de
duelo de espadas para ver quién se queda con el corazón de Bellota. Aposté por
ti, hermano, así que no me defraudes. Si quieres puedo ser tu segundo al mando.
Ahora fui yo el que terminó riendo.
— A lo mejor más tarde paso a verificar
los sueños de Zara Lagares; así que no creo que vaya para allá.
— ¿Ni siquiera a marcar territorio,
hermano? — De acuerdo, no sé si reírme o no —. Porque cuando te digo que Marcus
Leda está a la cabeza de la carrera, no estoy bromeando.
— Yo tampoco bromeo al decirte que no
iré.
Tarek me observa con resignación bajo
esa extraña sonrisa de payaso, y después se encoge de hombros.
— Bueno, si no quieres no puedo insistir.
— Gracias.
— ¡Peeero...! — Había olvidado lo
insistente que se pone cuando quiere que vaya a algún lado —. Debo advertirte que
si al final te entran ganas ni se te ocurra venir así, sin más, porque la
fiesta es de disfraces y arruinarías la temática.
Dejó un antifaz negro sobre el sofá. Lo
miro, sin comprender.
— Aunque sea ponte esto, ¿sí? La chaqueta
negra se ve muy sobria y los jeans también así que por ese lado te doy mil
puntos.
— ¿De cuándo aquí te has puesto tan
quisquilloso con todo el asunto de la ropa? — pregunto divertido.
— Oye, es la fiesta por el cumpleaños
número 18 de mi novia, ¡no vas a venir como cualquier cosa! Además, si no
fueras tan imbécil, en este momento estarías poniéndote un disfraz de conejo.
— ¿Qué? — lancé pero no obtuve respuesta:
el idiota ya se había ido.
No sé ni por qué me extraña: a veces
habla más porque tiene boca que por otra cosa.
Me recosté sobre el respaldar del sofá
y me quedé observando el cielo nocturno por la ventana. ¿Qué voy a hacer? He
hablado con Hethos hace unos minutos y me ha pedido que empiece a pensar con la
cabeza porque que los Phaxsi me hayan
fichado hace que el asunto pinte algo feo.
No supe cómo decirle que ni yo mismo sé
qué significa pensar con la cabeza.
Me pongo de pie, dispuesto a pasar por
la casa de Zara Lagares y quitarme el nombre de Marcus Leda de la mente, y
entonces la habitación empieza a girar con violencia.
No…otra vez no…
»
¿Ves esto? ¡Es precioso, ¿verdad?!
Cierro los ojos con fuerza ante la voz,
y después me encuentro con la habitación amoblada que tanto temo ver. Ha
aparecido incontables veces en alucinaciones, visiones, recuerdos, ya no sé ni
qué demonios son. Oigo la risa musical, y después veo las ondas flotar con
suavidad.
»
Pedí que lo confeccionaran y no guardaran el diseño. La tela es única, y está
hecho a mi medida.
No, no otra vez…
» El
bordado ha sido a mano… ¡El vestido está precioso! ¿No es verdad?
No, no es precioso. ¡Lo detesto!
— ¡Lo detesto, Albania! ¡LO DETESTO! — Los
ojos se me abren con brusquedad ante el grito que yo mismo he soltado. La
habitación sigue sumida en un silencio profundo, y la única diferencia es que
todo lo veo de costado porque estoy sobre la alfombra, respirando agitado.
¿Qué
voy a hacer?
La frustración, la impotencia… Estoy
harto de tanta estupidez, harto de ver tantas cosas que ya no quiero ver.
El antifaz negro reposa con
tranquilidad sobre el sofá.
Marcus
Leda.
Ese chico que acababa de regresar a la
vida de Sisa tiene todas las de ganar. Sí, ya lo sé. Tarek me lo ha restregado
en la cara incontables veces.
La maldita lluvia sigue golpeteando las
ventanas.
»
¡Te odio, Alen Forgeso! ¡Te odio, te odio!
La chica del violín acaba de irse,
dejándome en medio de la nada, dejándome atrapado en las redes del pánico que
le tengo al olvido y al amor. Dejándome en medio de recuerdos que contienen
risas musicales, ondas al viento y vestidos blancos que aborrezco. Y es mejor
así, porque prefiero que me odie a que me ame, y yo no sea lo suficientemente
valiente como para arriesgarlo todo y quedarme con ella.
Prefiero que el tal Marcus se quede con
todo lo que pudo ser mío, porque tal vez él lo cuide mejor que yo. Y por eso,
aunque me apene admitirlo, lo desprecio sin siquiera conocerlo.
— ¿Qué vas a hacer contigo mismo, Alen? —
murmuro, pero ni siquiera sé si estoy hablándome a mí, porque en este mundo ese
es mi nombre…pero no es el verdadero.
No sé ni quién rayos soy.
Berith tenía razón: debí detener esto
antes, mucho antes. Así no estaría en este estado de caos que ni yo mismo puedo
arreglar, porque he llegado a un punto en el que la identidad dejó de tener
sentido. No sé si pueda retornar a mi lugar de origen sin tener siempre los
ojos preciosos grabados en la memoria…pero tampoco confío en quedarme aquí,
tranquilamente, buscando vivir un amor que, por lo efímero de su naturaleza,
tal vez termine lastimándome otra vez.
— Forgeso, ¿eres alguna especie de
representación de la miseria y la desolación? Porque si es así, ¡déjame
aplaudirte! ¡Lo haces de manera tan prodigiosa que me has conmovido!
Me puse de pie, aburrido ante la voz.
— ¿Y ahora qué quieres, Berith? — resoplé,
dejándome caer sobre el sofá.
— Solo pasaba a alardear un poco por mi
disfraz. ¡Mírame! ¿No te parece que voy demasiado apuesto para una reunión
netamente de humanos?
— ¿De qué estás hablando? — declaro,
seriamente—. No vas a ir a la fiesta de
Loi.
— ¿Ya descubriste mi personaje?
— Berith, te lo advierto…
— Como los vampiros están de moda… ¡Y
mira lo que tengo aquí! — Sonrió ampliamente solo para dejarme ver el par de
colmillos que llevaba en la boca—. Muy reales, ¿verdad? Pues sí, son reales.
Creo que el día de hoy puedo probar el excitante papel de ser un chupasangre
que se aprovecha de indefensas jovencitas.
— Berith, no vas a ir a esa fiesta — advertí.
— ¿Ah no? ¡Pero si Nhyna y yo ya estamos
listos! — me responde con fingida
tristeza —. Ah, ¡ya sé! Lo que pasa es que tú no planeabas ir, ¿verdad?
Pues me temo que tendrás que hacerlo…
— No me jodas — le espeté con cansancio.
— …o si no, a lo mejor me dan ganas de
matar al errante en frente de todo el grupo de niños humanos.
Me puse de pie violentamente:
— ¿Qué diablos estás diciendo?
— Solo quiero hacer más plena tu estadía
en este mundo, Forgeso. ¿No te parece algo aburrido que te pierdas una fiesta
tan prometedora como esa? Tengo planeado acudir para ver qué puedo añadir a mi
Oráculo. Ya sabes, los negocios primero.
— ¡Berith, vas a dejar de…! — no pude
continuar porque se movió velozmente, solo para tomarme por el cuello y estamparme
contra la pared de la sala.
— No, Forgeso, esta vez me vas a escuchar
tú a mí. — Traté de zafarme pero estaba empleando demasiada fuerza —. Vas a ir
a esa fiesta, o si no tal vez la adorable Sisa se convierta en mi cena de esta
noche. ¿Te dije que una vez la besé? Wow, labios de niña.
— ¡Te mat…! — la presión aumentó; sentí
sus dedos casi traspasando la piel de mi garganta.
— ¿Qué? ¿Vas a matarme? ¿Cómo? ¿Con tus
tristes lamentos de calehim enamorado?
No, Forgeso, escúchame, yo quería que fuéramos amigos. Quería darte el poder
para recuperar tu nombre, pero si sigues así de inútil voy a terminar
acelerando las cosas.
— No…no puedes tocarla. Es humana… está
prohibido — alcancé a decir cuando aflojé un tanto el agarre.
— ¿Por qué siempre me hacen repetir lo
mismo? — declaró en tono cansino—. No puedo matarla, pero puedo hacer que
terceros lo hagan. ¡Pero claro! Antes me daría el banquete del año con ella. Es
virgen, ¿verdad?
¡Eso fue lo último! No pude aguantarlo
más y me liberé de su agarre lleno de ira. Llegué a atraparlo por el cuello,
pero su sonrisa burlona me enfureció más.
— Sabes cuánto me gustan las vírgenes,
¿verdad?
— ¡Cállate!
— Si tú no quieres, alguien va a tener
que instruir a esa niña. Y hacerlo por la fuerza sería inclusive aún más
placentero.
— ¡NO TE ATREVAS!
Intenté golpearlo, pero ya se
encontraba en la otra esquina de la habitación, muy lejos de mi alcance.
— Dejo una adivinanza al aire, Forgeso:
¿quién me divertirá esta noche? ¿El errante? Probablemente: ¡me debe tantas! —
Tomó el antifaz del sofá. Su sonrisa se acentuó—. O a lo mejor la linda
Bellota: la pobre está tan devastada que a lo mejor si tomo tu apariencia se
entrega sin tanto problema.
— ¡Ni se te ocurra tocarla!
— Hace tanto que no me divierto como
corresponde. Esta noche es el momento oportuno: tantos humanos aglomerados en
un mismo lugar, con música y alcohol en las venas. Mmm, demasiado tentador.
Vamos a ver cuántos terminan perdiendo el control e iniciando un par de
trifulcas. Tal vez un par de adorables jovencitas sean atacadas por chicos sin
“conciencia” de sus actos y con instintos salvajes aflorando; tal vez otro par
cae porque a alguno se le ocurrió llevar una navaja. No sé, es sábado y pueden
pasar tantas cosas.
— ¡No vas a arruinar la fiesta de Loi,
Berith!
— ¿Ah sí? Pues entonces impídelo.
— ¡Berith…! — Intenté detenerlo, pero su
figura cayó por el balcón y desapareció en la inmensidad de la noche—. ¡BERITH!
Me lancé al vacío: lo ubiqué corriendo
por las calles, sin que ningún humano pudiera verlo.
— ¡BERITH!
— ¡Forgeso! ¿Es esta una especie de
persecución ángel/demonio? — Oí el eco de sus carcajadas. Dobló rápidamente por
una esquina, como una bala, y tuve que cambiar de dirección abruptamente porque
casi impacto con el cuerpo de otra persona.
Me recargué de costado sobre la pared
de un callejón sin salida, respirando con dificultad y sin rastro alguno de él.
¡¿Y ahora dónde…?!
— ¡Forgeso! — Giré violentamente y me lo
encontré sentado sobre uno de los muros —. Estás algo lento, ¿es que acaso la
esencia de humano está superando a la de ángel?
Iba a arrojarme hacia adelante,
dispuesto a atraparlo, pero no conté con su rapidez. Para cuando lo comprendí
ya me tenía inmovilizado por el cuello. ¡Soy un inútil en este cuerpo!
— Hasta ahora solo has visto mi parte
amable, Forgeso. Y créeme, no quieres conocer la ruda. Soy uno de los peores
entre los míos, y tú estás empezando a fastidiarme.
— ¿Por qué quieres que acuda a esa fiesta,
Berith? ¡No tiene sentido! Tus acciones no tienen relación alguna; ¡ya déjame
en paz! ¡No soy una maldita ficha en un puto juego de mesa!
¡Estoy harto de vagar por la vida como
si una venda me cubriera los ojos! Todos alrededor actúan como si supieran
tantas cosas sobre mí, y es irritante, ¡es verdaderamente irritante porque
siento que no me pertenezco!
Y si no soy dueño de mí mismo…entonces ¿quién lo es?
— Eres mi ficha, Forgeso. Nuestra ficha…
— ¡¿Y eso qué mierda significa?! — Traté
de liberarme, lleno de rabia, pero no lo conseguí.
— Significa que esta noche te quiero ahí.
Compláceme, Forgeso…o sino quédate a observar cómo convierto esa fiesta en una
completa carnicería. Yo enciendo la mecha: ellos ya escogen a dónde va dirigida
la bomba. No lo olvides.
Dejó el antifaz en mis manos y me quedé
solo en el callejón, respirando con dificultad.
Mierda, estoy harto de todo esto. Si no
es Albania es Nhyna, y si no es Nhyna es Berith: ¡¿por qué carajos no puedo
vivir tranquilo?!
¿Como
qué? ¿Como humano?
Ya no sé ni lo que pienso.
Cerré los ojos violentamente. No pasó
mucho tiempo para encontrarme rodeado de miles de humanos disfrazados de cuanta
cosa hubiera, y animados por la estridente música que sonaba por todos lados.
Intenté ubicar a Tarek para advertirle
sobre el movimiento de Berith, pero comprendí que alguien había invocado un
martirio de anulación que impedía cualquier otro tipo de salmo dentro del
lugar.
Genial, no podré hacerme invisible. Qué
fiasco.
Me puse el maldito antifaz y traté de
ubicar el atuendo lila de Tarek, pero había demasiada gente y no podía moverme
con más rapidez. Negué con cortesía cuando me ofrecieron una bebida y seguí
avanzando entre los cuerpos que bailaban alegremente. Planeé buscar un lugar
alto en donde poder ubicarme para ver con mayor facilidad, pero cualquier tipo
de pensamiento perdió sentido cuando mis ojos fueron atrapados y
automáticamente mi cerebro le dijo adiós a la parte racional.
Ahí estaba ella, a unos metros lejos, riendo llena de alegría mientras
abrazaba a Loi y después su muñeca era atrapada por un chico de sonrisa amable.
¿Es
el famoso Marcus?
Me quedé paralizado, observando sus
movimientos y comprendí las palabras de Tarek con respecto a los disfraces: el
vestido celeste claro y la blusa de mangas cortas, el enorme nudo en forma de
lazo por detrás; la bonita cinta adornando las ondas avellana.
Alicia se acaba de escapar del libro…
Y está más hermosa que nunca.
El chico anterior, el que supuse era
Marcus, la atrajo hacia su pecho y ambos rompieron a reír como una perfecta
pareja de humanos en el esplendor del verdadero amor.
Estupendo, se ven tan bien juntos...
Tan bien que en este momento lo único que quiero es que vengan por mí y me
maten de una vez por todas.
— Vaya, vaya, no demoraste casi nada,
Alen. — Volteo ante la voz y me encuentro a Nhyna, su cabello plateado y un par
de alas complementando el corto vestido blanco que lleva puesto—. ¿Cómo me veo
con alas? Mucho mejor que cualquiera de los tuyos, me parece.
— ¿Por qué demonios es tan importante
para ustedes que apruebe sus disfraces? — indico con tedio, y me pierdo entre
los humanos que bailan para evitar el suplicio de ver al tal Marcus al lado de ella.
— ¿Ya viste a la humana? ¿Y a su humano? —
Mierda, no va a dejarme en paz—. No vas a negar que hacen una linda pareja;
casi, casi y hasta parecen ser el Par absoluto del otro.
— Nhyna, ¿no estabas enfadada conmigo?
Porque si mal no recuerdo, la última vez solo querías asesinarme lanzándome
contra muros y espejos.
— Oh, Forgeso, tengo muy mala memoria; ya
hasta había olvidado que me rechazaste, maldito imbécil. — Solté una risa agria
con lo último—. Pero no voy a insistir, creo que tú mismo ya estás dándote
cuenta de las cosas. ¡Ya viste! Así como parecía que la humana iba a morirse de
la tristeza por ti, de esa misma manera ahora se encuentra bailando feliz de la
vida junto a su exnovio. Ya sabías que es su exnovio, ¿verdad?
— Nhyna, solo estoy aquí porque el
trastornado de Berith amenazó con tocar a Tarek o a Sisa, así que si planeas
enviarme a alguna especie de batalla “cegado por los celos”, te voy advirtiendo
que no lo haré.
— ¡Oh, ya veo! Estás en ese tipo de
elevación de sentimientos que te grita que es mejor verla feliz al lado de
otro, a que siga sufriendo mientras guarda lo que siente por ti, ¿verdad? Ay,
Forgeso, qué ternura. Bueno, yo respeto eso: tu amor definitivamente es más puro.
Lo triste es que están por verte la cara nuevamente. Mírala: ella lloraba hasta
hace unos días y ahora está ahí, tan resplandeciente como una novia el día de
su boda.
— Nhyna, ya basta — declaré con pesadez y
me di vuelta, buscando un buen lugar en el que pudiera sentarme a esperar que
todo acabara y lejos, muy lejos, del
espectáculo que tanto dolor me provocaba.
No funcionó. Quise alejarme, pero era
como si caminara en círculos porque siempre llegaba a verla. Riendo con sus
amigos, bailando con el tal Marcus; saltando y haciendo que las ondas de su
cabello flotaran. Casi como las de ella.
Albania.
Hermosa
pero mortífera.
— No…
La enorme estancia empezó a girar
descontroladamente; me clavé las uñas en las palmas. Aproveché que una charola
con bebidas pasó junto a mí y me tomé una intentando pedirme a mí mismo no ver
nada…
…pero otra vez no soy dueño de mí mismo;
no soy dueño de nada en realidad. La figura de Albania me atraviesa los
sentidos. La veo corriendo, sus ondas jugueteando con el viento, y después
cayendo en los brazos de un sujeto con traje. Aprieto los puños con tanta rabia
que escucho un crujir y cuando bajo la mirada me encuentro con el vaso de
cristal que tenía sujeto, completamente agrietado.
No quiero saber más de Albania, no
quiero saber más de mí. Si esto continúa, voy a terminar volviéndome loco.
— ¿Forgeso?
— Déjame en paz, Nhyna. — Me escabullo
entre el gentío y ubico una luz amarillenta por una esquina. Ingreso a un pasillo
y la música disminuye; al final deben estar los sanitarios.
Sí, aquí es.
Me quito el antifaz y trato de regular
mi respiración frente a los lavabos.
— ¿Albania otra vez? — Nhyna se acerca a
mi rostro, pero cuando estoy por pedirle que me deje en paz, observa por sobre
mi hombro y su sonrisa se hace inmensa—: ¡Pero miren a quién tenemos aquí! ¡La
niña humana!
Es lo último que podría pasarme, pero
sí, tiene razón. Giro y me encuentro con los ojos preciosos abiertos de par en
par. Está sosteniendo por la cintura a Etel, que llevaba un extraño vestido de
novia y parpadeaba varias veces, como intentando ubicarse.
Esta noche no planeaba verla cara a
cara, iba a conformarme con contemplarla de lejos disfrutando la noche con el
tal Marcus Leda, mientras yo me consumía lentamente y me guardaba las ganas
tremendas que tenía de alejarlo de ella.
Como era evidente, no reaccioné.
Nhyna comentó que su acompañante se
veía algo indispuesta. Afuera la gente empezó a gritar llena de emoción por una
canción que estaba iniciando.
Etel soltó un gruñido y casi se le
escurre de los brazos.
— ¿Qué le pasó? — le pregunté.
— Nada — me responde Sisa con sequedad. Me
acerco para ayudarla, pero ella la sostiene con más fuerza y retrocede —.
Estamos bien, Alen. Solo sigue haciendo lo tuyo y…y déjame en paz.
Y eso fue todo. La aspereza de su voz fue
casi como un golpe directo.
— Esto no parece nada — rebato en una
perfecta muestra de tranquilidad—. Déjame ayudarte: si la sueltas, puede
golpearse la cabeza. — Lo piensa un tanto, y finalmente accede, aún con gesto
de desconfianza.
Llevamos a Etel al lavamanos. La
sostengo mientras Sisa abre el grifo rápidamente y le humedece la nuca con
suavidad.
— ¿Qué pasó? — repito, pero ella vuelve a
fruncir los labios.
De acuerdo: hasta le resulta incómodo hablar
conmigo.
— Bebió algo de más y después se puso a
saltar como loca. Etel, ¿Etel me escuchas? Dios, no quiero ni pensar cómo está
Tomas. No lo encuentro — murmuró más para sí misma que para mí.
Iba a decirle que se tranquilizara, que
la ayudaría a buscar a su amigo, pero en ese momento tuve que bajar a Etel que
acababa de reaccionar y pataleaba, protestando en mi contra.
— ¡¿Y él qué hassscee aquí?! — gritó
indignada.
— Etel, Etel tranquilízate.
— ¡No, no, Bellota! Voy a aprovessshar
que está aquí y dessscirle un par de cosssas! —Intenté atraparla por el brazo
porque parecía que iba a caerse, pero me gritó que no la tocara. Sisa la atrapó
por la cintura—. ¡Loi y yo queríamos con todaass las fuerzasss del universso
entregarste a nuestra Besssllota! ¡¿Y qué hicissste?! ¡Vamos, dímelo! ¡¿Qué
hiciste?!
— Etel, Etel basta — le pidió Sisa incómoda.
— ¡No, no! ¡Nossotraz creíamos en él!
¡¿Pero sssabes qué?! ¡Ahora apuesto todo por el lindo Marcuss! ¡¿Me has oído?!
¡No te acersques a Sisssa! ¡No la miresss! ¡Ella no es para ti!
— Etel, Etel, ya.
Quise ayudarlas a pesar de las
protestas y el odio infinito de Etel, pero su amigo Tomas apareció por la
puerta y después de lanzarme una mirada nada amistosa tomó a Etel por la
cintura y la ayudó a reincorporarse.
— Sisa, hay que buscar a Loi si no
queremos que termine igual.
Salió del sanitario con Etel que me
mandó a un lugar poco agradable antes de perderse por el umbral, y ella giró,
también dispuesta a retirarse, pero en un impulso inconsciente la atrapé por la
muñeca.
En realidad, fue un movimiento estúpido
ya que no tenía nada que decirle. Cada uno de los “te quiero” que llevaba
dentro podían luchar todo lo que quisieran porque jamás se escaparían de mi
boca.
Sus ojos pasaron de observar mi rostro
a la mano con la que la sujetaba; noté que se agitó, también la montaña rusa de
emociones que se desató en su interior.
— Su-suéltame — me pidió con los ojos clavados
sobre el piso—. Suéltame, Alen…
Perdóname…
— Lo siento…Sisa — murmuré retirando mis
dedos. Tal vez disculpándome por haberla tomado por la muñeca; tal vez
disculpándome por todo.
— ¿Y nosotros en qué estábamos, Forgeso? —
lanzó Nhyna de la nada—. Tal vez deberíamos buscar un lugar más “privado”, sin
tantos niños de por medio. — Y se atrevió a intentar besarme.
Retrocedí bruscamente, pero ella ya traía aquel matiz de decepción
en la mirada.
— Yo ya me voy. Sigan con lo suyo. — Y lo
último que vi fue el lazo del delantal blanco.
Mierda.
Intenté salir tras ella, pero Nhyna me
obstruyó el paso:
— Cuidado con lo que haces, Forgeso.
Me dio igual y salí tras ella. Crucé
velozmente el pasillo y la música estridente volvió a apoderarse de todo.
Intenté ubicarla, y cuando estaba por sumergirme en la enorme marea humana,
comprendí que no era necesario explicarle nada.
Uno porque no tendría sentido, y dos
porque ella ya estaba muy bien acompañada.
A un par de metros, rodeados por
parejas que bailaban muy animadas, estaban ella
y él. Supuse que cuando salió, el tal Marcus Leda la detuvo por la muñeca,
tal y como yo hice. Solo que él no retrocedió lleno de dudas, sino que se
inclinó junto a su oído para murmurarle algo. Ella soltó una risa, como
agradeciéndole el gesto, y él nuevamente la tomó por la muñeca y la jaló hacia
su cuerpo.
Y se vio tan segura en sus brazos, tan
confiada…que no me quedó duda alguna que ni siquiera tenía que preocuparme por
perder la batalla: ya estaba fuera de ella, y por una enorme diferencia.
¿Qué
estoy haciendo aquí? Si ya decidí dejar a la chica del violín, realmente
debería alejarme por completo.
— ¿Quieres que hagamos una apuesta,
Forgeso? Apuesto miles de vidas a que el humano es el Par absoluto de tu niña —
oí pero no volteé. Solo me quedé ahí, observando a Marcus Leda llevársela de la
mano entre la multitud.
Tuve una visión que se fue tan rápido
como llegó, como un suspiro perdido en algún lugar del tiempo: Albania vestida
de blanco, besando a su esposo humano frente al altar.
Las carcajadas de Nhyna no me
importaron en lo absoluto. Lo extraño fue que se puso delante de mí y el gesto
de diversión en su rostro se desvaneció.
A lo mejor me veo tan patético que ni ganas
de reírse dan.
— No sufras — susurró. Me sorprendió un
tanto el tono amargo. Su mano subió hasta mi mejilla y después los ojos
celestes se entrecerraron con consternación—. No lo valen, Alen: ni Albania
Formerio ni Sisa Daquel. ¡Y es tan frustrante ver que aún no hayas
aprendido...! Es como repetir el mismo error; porque sufrir por una de ellas es
casi como sufrir por la otra.
— ¿Qué? — pregunté débilmente.
— ¡Eh, eh, eh! ¡Cuida esa boquita, primor!
— Berith apareció junto a nosotros y la tomó violentamente por la garganta—. No
quieres ser la primera víctima de estos colmillos, ¿verdad? — Nhyna se deshizo
del agarre con enfado, lo miró con odio y se perdió entre la multitud—. ¡Hembras!
¡En todas las especies igual de complicadas!
En fin, te dejo disfrutar de la fiesta, Forgeso. Por cierto, yo que tú
ando pendiente de la niña humana porque hay un intruso llamado “exnovio”
rondando el lugar.
Volví a ponerme el antifaz cuando
Berith se alejó y después me escabullí, rumbo a las puertas de cristal que vi
al final del salón. Crucé por una parte repleta de espejos y finalmente escapé
del lugar.
Tomé una gran bocanada de aire cuando
salí al enorme jardín posterior. Me acerqué hasta la parte en la que había
varios árboles y me dejé caer a los pies de uno.
Ya lo comprendí.
Marcus
Leda
Estoy oficialmente fuera.
»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«
Sisa
No pensé que Alen vendría a la fiesta
de Loi. Era muy extraño.
Etel se terminó la segunda botella de agua que Tomas había traído
para ella, y dijo que ya se encontraba mucho mejor. Marcus, a unos metros,
bailaba a pedido mío con una de las amigas de Loi, del taller de Danza. Quería
seguir bailando con él, pero sentía que necesitaba sentarme a despejar un poco
la mente.
Tengo que hacer algo conmigo porque no
es justo que solo por escuchar su nombre o verlo, toda mi atención se enfoque
en él. Estúpido calehim engreído: solo vete de mi mente, saca tus hermosas alas de
humo y aléjate de mis pensamientos. Después de todo, ahora debes estar muy bien
acompañado.
Seguramente
“alimentándote” de besos.
Frustración y decepción, eso es lo que
siento por mí misma; porque Alen Forgeso estaba muerto para mí y por lo tanto
podía estar con Gabriel o con las chicas que se le antojara, y eso no tenía por
qué angustiarme. Total, no tenemos nada; él lo dijo: jamás funcionaría.
Pero verlo aún me afectaba tanto…
Marcus se acercó a mí. Esta vez accedí
y me puse de pie dispuesta a seguir divirtiéndome, pero Loi apareció y vi tanta
preocupación en su rostro que me acerqué a preguntarle qué sucedía.
— No veo a Tarek por ningún lado — me
respondió exaltada —. Estábamos juntos pero unos amigos vinieron a saludar, nos
separamos, y ahora no lo encuentro.
Marcus dijo que a lo mejor estaba por
ahí, también buscándola. Loi asintió, pero noté que seguía inquieta.
— Sisa, incluso lo llamé por su nombre
real pero no apareció — me dijo al oído cuando le pedí que se calmara—. Y hace
un rato vi a ese demonio que intentó matarlo: estaba bailando por ahí, no sé
cómo supo lo de la fiesta, ni como entró. ¡Ayúdame a buscarlo, por favor! Sé
que es algo paranoico, pero me da miedo que esté solo con un brazo inmóvil y un
ojo ciego y…
— Sí, no te preocupes.
Le pedí a Marcus que también nos
ayudara en la búsqueda, y después cada uno tomó una ruta diferente.
¿Qué hacían Gabriel y Durand en la
fiesta de Loi? ¿Sería por eso que Alen también había venido? El pecho se me
oprimió del temor: no creo que hayan venido por Tarek, ¿verdad? Sería muy siniestro
atacarlo en una fiesta que debía ser motivo de alegría para Loi.
— ¡Seir! — lo llamé varias veces,
gritando con todas mis fuerzas porque la música estaba muy alta, pero solo veía
a gente bailando, fuera de sí, y ni rastro alguno de él.
Dios, no... Estoy empezando a
asustarme.
Llegué nuevamente a los sanitarios,
pero no encontré a nadie más que a un par de compañeros conversando de lo
genial que estaba la fiesta. Pasé por la barra, por la zona decorada con miles
de espejos, y de repente vi las puertas de cristal.
El jardín posterior. A lo mejor…
Iba a dirigirme hacia allá, pero tuve
una fugaz vista del atuendo lila de Tarek: iba en sentido contrario. Traté de ubicarlo
nuevamente, pasando entre las parejas que bailaban y encontrándome cara a cara
con zombies, vampiros, piratas y odaliscas. Y cuando estaba por retomar la idea
del jardín posterior…
…vi claramente a Durand sosteniéndolo por
el cuello y llevándoselo por las enormes escaleras del fondo.
— ¡No! ¡No! ¡Tarek! — grité, pero la
música impidió que alguien me tomara atención.
Me lancé rápidamente hacia allá, empujando
todo cuanto encontrara en el camino. Oí un par de protestas por mi falta de
cuidado, y cuando pude atravesar a toda la masa de invitados subí la larga
escalinata alfombrada por la que los vi perderse. Llegué al final y por un lado
estaba el DJ que animaba el evento manipulando un enorme equipo de sonido, y
por el otro se abría un pasillo completamente oscuro, con un cordón rojo que
impedía el paso.
— ¡Alen, Alen! — exclamé sin pensarlo
demasiado: era el único que podía ayudarnos en este momento. Pero la música
siguió sonando y nadie apareció. No me quedó más que esperar impaciente a que
el DJ se girara hacia el lado contrario para escabullirme velozmente por debajo
del cordón, y buscar a Tarek porque no había tiempo para llamar a alguien más.
Me adentré en el pasillo y quise correr,
pero la oscuridad empezó a bloquearme. La música seguía resonando con fuerza,
pero mis ojos estaban completamente vencidos: no veía absolutamente nada. Quise
sacar el celular para iluminar aunque sea un poco el camino, pero recordé que
se lo había dado a guardar a Marcus; y la pulsera fosforescente que teníamos
todos los invitados no era precisamente la mejor fuente de luz.
Seguí avanzando, palpando los muros del
costado con ayuda de mis manos, y de repente me encontré con un vacío absoluto.
Retrocedí con cuidado y volví a toparme con la pared: supuse que se trataba de
un nuevo pasillo que se abría a la izquierda. Había algo de iluminación al
fondo, como un agujero menos denso.
Parecía ser una gran ventana.
Estaba caminando hacia el frente,
cuando por el lado derecho vi una luz filtrándose por lo que parecía ser el
umbral de una puerta en un nuevo pasillo.
Entonces una carcajada resonó
estrepitosamente, y me puso los vellos de punta.
Durand.
Corrí desesperada hasta que llegué a la
puerta y entonces escuché su voz:
— Expandí un martirio de anulación
alrededor de todo el perímetro, errante. Así llames al calehim no podrá oírte, y tampoco podrás usar ninguno de los pocos
poderes que te quedan: eres como un mugroso humano en este momento.
— ¿Vas a matarme? — escuché que preguntó
Tarek: los ojos se me abrieron violentamente—. ¿Así? ¿De manera sigilosa y sin
tanta pompa de por medio? No es tu estilo, Berith.
— No, Seir, no. En realidad tengo otros
planes para ti esta noche.
No me dio tiempo ni para pensar, porque
lo que oí a continuación fue a Tarek lanzando un alarido de dolor.
— ¡No lo toques!— grité, pasando por alto
todo. Empujé la puerta casi a modo de reflejo y una pequeña sala de estar me
recibió. Di un rápido vistazo a todo, y me encontré a Tarek con el único brazo
que podía mover en una postura poco natural mientras Durand lo tenía
inmovilizado por cuello.
— ¡Sisa, vete!
— ¡Oh, preciosa Sisa! ¡Justo a quien
andaba esperando! — Tarek soltó otro grito porque Durand torció su brazo sin
piedad. Le grité que lo soltara—. Oh, ¡vamos, pequeña! El errante ya se
acostumbró a vivir sin un brazo. Vivir sin los dos va a ser pan comido.
Llamé a Alen porque no sabía que más
hacer, y como solo había conseguido que Durand riera con más ganas, también
llamé a Samin.
— Nanael no va a entrar aquí, preciosa.
No soy el único que ha invocado martirios en este lugar. Hay tantos sellos que
ni con un séquito de ángeles custodios podría pasar.
— ¿Qu-qué estás haciendo aquí?
— Voy a darte un regalo de cumpleaños por adelantado, cariño. No me lo
agradezcas, ya sé que soy la cortesía hecha demonio. — Lo miré aturdida, sin
seguir el hilo de sus palabras —. Y como esta parece una fiesta mágica vamos a
darte el obsequio por partes, como si se tratase de un cuento de hadas, para
que unas cabos y valores el precio de mi gesto, ¡o que nos corten la cabeza! —
añadió en clara alusión a mi disfraz.
— ¡¿De qué estás habland…?!
— ¡Ah-ah-ah! No grites, primor. No es
correcto en una dama. — Intenté dar un paso, pero Durand amenazó con arrancarle
el brazo a Tarek y me obligó a quedarme quieta—. Así está mejor. Y ahora vamos
a iniciar con el juego que he bautizado como “pregúntale al errante”.
— ¿De qué mierda estás hablan…? — Durand
torció aún más el brazo que tenía sujeto, y Tarek soltó otro alarido.
¡Dios, no! ¡Realmente podría asesinarlo
si no hago algo pronto!
— ¡Qué feo vocabulario, Seir! ¿A dónde
fueron tus modales de Príncipe regente, poseedor de la cura para cualquier
enfermedad y ladrón de la energía de las estrellas? —Empecé a temblar porque
Durand estaba sonando demasiado animado con el asunto —. Bien, mi estimada
Sisa. Dime, ¿aceptas mi regalo de cumpleaños por adelantado y jugamos?
— ¡No, Sisa! — me exigió Tarek.
— ¡Silencio, Seir!
— ¿Y…y si no acepto? — pregunté con
cautela.
La sonrisa maliciosa se acentuó:
— ¡Entonces el brazo del errante se va a
quebrar! — anunció en un tono espantosamente risueño.
Tarek soltó otro grito.
— ¡No, no! ¡Jugaremos! ¡Jugaremos! —
supliqué desesperada. Me observó suspicaz, como esperando una confirmación—.
¡Te lo juro! Pero ya no le hagas daño.
— Así me gusta, encanto. Una dama
complaciente vale por mil. — Tarek intentó escapar pero Durand lo sujetó con
más fuerza por el cuello. Le pedí con la mirada que dejara de luchar porque no
teníamos nada a favor—. Las reglas son muy sencillas, pequeña: si me sigues el
juego y haces las preguntas que te digo, no mataré al errante…— Lo pensó un
tanto y después resopló—: Bueno, solo por esta noche, ¿de acuerdo?
Asentí levemente; Tarek maldijo por lo
bajo.
— Y solo para refrescar la memoria, este
juego está completamente libre de mentiras, ¿por qué…?
El tono cantarín me crispó de los
nervios. No supe qué responder.
— Oh, vamos cariño, es muy sencillo. Este
juego está libre de mentiras porque los errantes…
Samin…
— Los errantes solo dicen la verdad. No
pueden mentir — respondí atropelladamente, recordando sus palabras.
— ¡Exacto! ¡Y ahora empecemos con la
primera ronda!
— Eres un maldito engendro, Berith — bufó
Tarek con rabia.
— Nada de cumplidos, Seir. Bien,
empecemos; quiero que hagas la primera pregunta, encantadora Sisa: ya sabes,
todo es muy sencillo, simplemente repite mis palabras. — Intenté aplacar los
temblores de mi cuerpo pero era imposible: estaba sola y un mal paso de mi
parte podría significar el asesinato de Tarek.
Durand inició:
— ¿Los Phaxsi son reales y matan a los calehims
y ángeles que pierden la razón?
— ¿Los… los Phaxsi son reales y matan a los calehims
y ángeles que pierden la razón? — repetí mecánicamente.
— Responde, errante — ordenó. Tarek se
negó, pero cuando su brazo volvió a ser torcido soltó un grito tan fuerte que
le rogué que siguiera el juego—. ¡Eso! La pequeña Sisa es mucho más lista.
— S-sí — respondió Tarek respirando con
dificultad.
— ¿Perder la razón equivale a ser inútil
para el sistema? — lanzó con interés.
— ¿Per-perder la razón equivale a ser
inútil para el sistema? — volví a repetir, angustiada.
— Sí.
Durand soltó una risotada que no
entendí y después me miró con firmeza:
— ¿La marca de los Phaxsi indica que se ha iniciado con la evaluación? — Repetí la
pregunta y Tarek volvió a decir que sí—. ¿La marca son dos flechas
entrecruzadas e indica que la próxima vez el portador será eliminado?
Hice la pregunta y entonces Tarek
explotó:
— ¡¿Qué estás buscando con todo esto,
Berith?!
Se movió frenéticamente, buscando
soltarse, pero Durand volvió a torcerle el brazo.
— ¡Tarek, no! — pedí.
— ¡Responde la pregunta, errante!
— ¡Con un carajo, esos no son tus asuntos,
Berith!
— ¡QUE RESPONDAS LA PUTA PREGUNTA! —
bramó con ira.
— ¡TAREK, RESPONDE! — supliqué
desesperada.
— Sí, maldita sea, ¡sí!
— Esta pregunta va a gustarme tanto. — Dios, que alguien venga por nosotros… —.
¿Forgeso acaba de recibir esa marca en su pecho hace un par de días?
— ¿Fogeso acaba…?
Ni siquiera completé la pregunta. Me
quedé ahí, simplemente observando la mueca de satisfacción en el rostro de
Durand.
Entonces Tarek cerró los ojos con
frustración, y no necesité que me respondiera.
¿Qué
ha dicho? ¿Alen…? ¡Pero…!
No… ¡no!
— ¡Oh, por ese dios en el que creen los
humanos! ¡Han fichado a Forgeso! — anunció Durand teatralmente. Quise calmarme,
pero el corazón me había empezado a latir con fuerza, casi escuchaba sus
bombeos en los oídos—. Y ahora
empezamos con la segunda ronda de preguntas que tiene información mucho más
interesante. Dime, preciosa, ¿estás disfrutando de mi obsequio?
Intenté responderle, pero toda la mente
empezó a nublárseme. Tarek ahí, a punto de ser asesinado, y Alen…
No,
¡no! ¡Debe tratarse de un truco!
— Empecemos. — Tuve que poner mucha
atención porque sentía que los oídos me zumbaban—. El día que Abdiel practicó
el Li-kay en Forgeso, ¿este vio que
su castigo fue en parte por amar a Albania Formerio?
— ¿Qué? — solté sin fuerzas.
¿Así que había sido eso? ¿Ese era el
motivo por el que…?
— ¡Ese tema no te incumbe, Berith! —
protestó Tarek, furioso.
— ¡Calladito, imbécil! Repite la
pregunta, preciosa. — Me costó más trabajo que las anteriores, pero hice lo que
me pidió. Tarek luchó algo, pero finalmente obtuve su respuesta.
— Sí.
Recordé bruscamente que había oído a
Amber y a Samin soltar palabras al aire con respecto a ese tema.
La
amó… Alen amó a la chica de ondas marrones
que suelo ver en visiones. Albania, la de las risas musicales, la chica que tan
caprichosa, vanidosa y egoísta me parecía, había logrado conseguir lo que yo
tanto quería.
La quiso… A mí no.
— Vuelve con nosotros, cariño. El juego
aún no ha terminado y viene una de las buenas. — Traté de no verme muy
devastada, pero creo que no lo conseguí porque Tarek me observaba,
profundamente consternado —: En esa visión, ¿Forgeso vio que todo el amor que
le entregó a Albania Formerio no fue suficiente porque aun así ella prefirió casarse
con un humano?
Me enfoqué
en Tarek, y me miró con
tanta tristeza que, supuse, mi rostro estaba delatando mi conmoción interior.
— Eres la escoria más despreciable del
universo, Berith. ¡Hasta como antiguo demonio me da vergüenza saber que existen
seres como tú! — replicó enfadado —. Todas estas estupideces que vienes
preguntando son asuntos que solo le corresponden a Alen. ¡Ni tú ni nadie tiene
derecho a ventilarlas!
— ¿Por qué no, Seir? ¿Porque tu amigo aún
no supera a Albania y teme que vuelvan a jugar con él? — Intenté regular la respiración,
pero estaba recibiendo demasiada información y Tarek tenía razón: eran secretos
de Alen y solo él podía revelarlos—. ¿No te parece triste la situación del calehim? Tú, como su mejor amigo,
deberías hacer algo al respecto. El pobre Forgeso tiene tanto miedo de cometer
el mismo error y salir lastimado, que se está negando a ver lo evidente.
— ¡¿Y ahora por qué eso te importa
tanto?!
— ¡El juego es “Pregúntale al errante”,
no “Pregúntale al demonio”, imbécil!
Los ojos oscuros de Durand se tornaron
escarlata; se clavaron fijamente en los míos.
— Última ronda… — No, ya no más—. ¿Los Phaxsi
han marcado a Forgeso porque no se siente ni ángel ni humano?
Quise repetir la pregunta, pero las
cuerdas vocales me fallaron; el aire ingresaba ásperamente. Durand me sonrió y
obligó a Tarek a responder la pregunta sin necesidad de que la repitiera.
— ¡Sí, maldición, sí! ¡¿Que acaso no es
evidente?! — bramó perdiendo la paciencia.
— ¿Y esa confusión es a causa de la chica
del violín con “ojos preciosos” que no puede quitarse de la cabeza?
¿Qué…?
Abajo la gente empezó a gritar con
muchísima fuerza, una canción conocida empezó. Lo áspero del aire pasó a
hacerse helado; el cuerpo no me respondía, y el corazón me latía tan fuerte que
me lastimaba. Observé a Tarek, esperando que me diera alguna señal sobre la
tremenda mentira que Durand estaba lanzando a posta; pero solo apretó los
labios con fuerza…y después asintió.
— Sí.
No…
Pero él… ¡él dijo…!
— ¿Qué tienes que decir al respecto,
preciosa? — oí lejanamente a Durand—. ¿Te gustó mi obsequio?
— Sisa — me llamó Tarek, ya liberado,
pero yo seguía intentando asimilar lo que había escuchado: ¿era verdad, era
mentira? ¡¿Qué demonios es todo esto?! ¡No entiendo absolutamente nada!
— ¿Cariño, qué suced…?
— ¡Basta! ¡Estoy harta de todo esto! — proferí
exaltada—. ¡Estoy harta de ser el maldito juguete al que atormentas tú, al que
atormenta Gabriel! ¡Y Alen…! ¡Alen…!
Alen era un tema muy aparte porque ni
yo misma sabía lo que sentía en este momento. No sabía si sentirme feliz, si
sentirme traicionada porque a lo mejor todo era una jugarreta…
O a lo mejor sentirme abrumada, porque
el chico con ojos de sol me dio a entender que jamás habría nada entre
nosotros…
…y parecía que lo había hecho por temor
a ser vulnerado una vez más.
Tenía
miedo.
— ¿Quieres que lo ponga en palabras más
explícitas? El calehim te quiere,
cariño — No, no es así… — Te quiere tan humanamente que su
propia naturaleza empieza a colapsar: está confundido, está aterrado. Y es por
todo eso que Alen Forgeso jamás se ha visto más humano.
Tarek volvió a llamarme, pero su voz la
sentí distante. Traté de darle sentido a toda esta absurda situación, pero ya
era demasiado tarde: en algún punto del relato yo había empezado a llorar, y
las lágrimas ahora solo caían, casi sin órdenes mías. El aire empezó a faltarme,
la cabeza a girarme con violencia...
— Van a eliminar a Forgeso porque está
sobre la línea de quedarse contigo o dejarte y seguir con la búsqueda de su
nombre, preciosa. Y lo más triste es que no le importa; es más, desearía que
terminaran con su existencia lo más rápido posible…
No,
él no lo haría.
— …para que así no le duela tanto pensar
en ti.
Y en ese momento recién comprendí las
cosas: estaba fichado, podían matarlo. Matarlo…
Matar
al sol…
¡No!
— ¡Sisa!
Escuché la voz de Tarek pero yo ya
estaba corriendo, intentando localizarlo para pedirle… ¡para ordenarle que no
permitiera que lo mataran!
Empujé el cordón de seguridad del
pasillo por el que había ingresado; un hombre intentó detenerme, pero me zafé
de su agarre con brusquedad y bajé corriendo por las escaleras.
Me
quiere. Me quiere tan humanamente…humanamente
Pasé corriendo entre la gente,
esquivando a personas y tratando de ordenar los pensamientos de mi mente.
«Lo
mataran…»
¡No! ¡No lo harían! ¡Así tenga que
mandarlo yo misma a otra vida! No me importa si se queda o si se va: como
ángel, como humano, eso no importa…es lo
de menos.
— ¡Bellota! — Me detuvieron por la muñeca,
pero me retorcí bruscamente: ¡déjenme! —.
¿En dónde te metis…? Sisa, ¿qué pasó? ¿Por qué lloras? — Los ojos grises de
Marcus se perdieron de vista, porque deshice el agarre y seguí corriendo entre
la gente, sin que me importara en lo más mínimo. Buscando el antifaz negro que
ocultaba los ojos de sol, buscando la mirada de niño, el cabello desordenado…
A lejos vi las puertas de cristal que conducían al jardín posterior: me
lancé hacia el frente, sin pensarlo, porque era obvio que no estaría entre los
humanos. Él era así, siempre solitario, siempre distante.... Oí las voces de
algunos compañeros de clase que intentaron detenerme, pero continué sin mirar
atrás, ya llegando a toda la zona decorada con espejos.
Me detuve por unos segundos para ubicar
la mejor manera de llegar a las puertas de cristal, y en ese lapsus mi sistema
nervioso colapsó.
Mi reflejo traía el nudo del delantal
flojo, los ojos inconmensurablemente brillantes y los rizos del cabello tocándome
los hombros.
Elevé una mano y tomé uno; lo estiré un
tanto, para soltarlo y sentir un mareo intenso cuando el bucle rebotó
graciosamente.
La música empezó a hacerse difusa, la
gente que bailaba alrededor se hizo casi inexistente…
Esos
ojos… esas ondas…
— No…
La gente baila, grita; las luces destellan
como en un carnaval de colores.
»
¡Miren lo alto que he llegado!
Ya no estoy en la fiesta de Loi. Me
encuentro en un prado inmenso, todo es de un verde vivaz y hay flores por todos
lados. Quiero dar un paso, pero escucho risas; elevo la mirada y reparo en la
niña sentada sobre la rama de aquel árbol.
»
¿Puedo saber cómo ha llegado hasta allí, señorita? — Esa voz…
Giro, exaltada, y me encuentro cara a
cara con Alen. Está sonriendo, tiene los ojos violeta sumamente brillantes y
trae los ropajes extraños, cargados de hilos, con los que ya lo había visto en
una visión anterior.
La niña suelta varias risitas traviesas
y después balancea los piecitos con gracia.
»
Cuidado, Albania. Si te lastimas, van a reprender a Nuna —
escucho
otra voz, y esta vez claro que sé de quién se trata: es Samin, con las mismas
ropas que trae Alen, los ojos del mismo tono, pero el cabello rojizo. Está
sentado bajo la sombra de otro árbol mientras escribe con una rama delgada
sobre la tierra.
»
¿Más gozos? — le pregunta Alen con burla, y él le
pide que se calle con una mirada de advertencia —. Eres el compañero más aburrido de la historia.
»
Ya estás hablando como humano. Adquiriendo términos y palabras que no son
necesarias.
»
¿Por qué siempre eres tan estricto, Nanael?
»
¿Será porque mi especialidad es el castigo y la severidad? —
Alen
suelta una carcajada ante el tono sarcástico. Samin lo mira con expresión
fastidiada—. Para ser portador de la
pureza excelsa, eres bastante simplón.
»
¿Y ahora quién está usando términos humanos?
Nunca lo he visto tan feliz como ahora,
disfrutando tanto de la compañía de otros seres. Veo que está por sentarse
junto a Samin, pero Albania suelta más risitas y después dice que no sabe cómo
bajarse del árbol.
Samin sugiere que vayan por Nuna a
susurrarle que la busque para que llegue hasta donde están y pueda ayudarla a
bajar, pero ella se niega rotundamente:
»
Nuna querida se va a molestar conmigo. ¡No, por favor!
»
¿Entonces a tu…?
»
¡No, no! ¡No podemos llamar a nadie porque se enfadarán! ¡Nuna me prohibió
trepar a los árboles!
»
Entonces será para que la próxima vez no subas —
la
reprende Samin. Albania vuelve a suplicar con vocecita suave que la ayuden a
bajar, y esta vez Alen se acerca hasta el árbol.
Cierra los ojos, pero Samin aparece
velozmente ante él y lo toma por el hombro.
»
¿Qué crees que haces?
»
No va a poder bajar, Nanael. Y aún es pequeña, no tenemos por qué ser tan
severos.
»
Nosotros no somos ninguna especie de nodriza… —Me da la impresión de que ha
pronunciado su nombre, pero esa parte la he oído difusa —. Además, ¿no te has dado cuenta? Es solo un truco para que te
materialices. Tanto que se le ha comentado que sí podemos hacernos palpables es
evidente que quiere comprobarlo.
»
¿Qué? —
suelta desconcertado y después eleva la mirada—: ¿Eso es cierto, Albania?
Ella aprieta los labios, con sus
intenciones claramente descubiertas, y después frunce el ceño.
»
¡Eres malo! —
le grita a Samin que vuelve a su posición anterior.
»
Si quieres bajar llamaremos a Nuna, no hay opción a más.
»
¡Malo!
Albania se sostiene con fuerza de la
rama en la que está sentada y observa a Alen con insistencia. Parece que está
por aceptar ayudarla a bajar, pero Samin le advierte que no haga nada y
finalmente asiente y decide sentarse junto a él.
»
¿No vas a ayudarme?
— le pregunta. La ternura en la voz de niña suena irresistible.
»
No, ninguno lo hará—
responde Samin con parquedad.
»
¡No hablaba contigo!
— explota ella y después hace enormes esfuerzos por no echarse a llorar—. ¿No vas a ayudarme? — repite, y sé que
la pregunta va solo dirigida a Alen que la mira con algo de congoja—. ¿No lo harás?
»
¡Ya dije que no lo hará, Albania! Espera, llamaré a Nuna.
»
¡No quiero! ¡Bajaré sola!
»
Te estoy diciendo que llamaré a Nu…
»
¡No, no, no! ¡Bajaré sola! ¡Sola! — Veo que se desliza con cuidado por la rama hasta llegar
al tronco, y se pone de pie con vacilación.
»
¡Albania, no! —
profiere Alen.
»
Déjala, si se cae, será por su culpa.
»
¡Puede matarse!
»
No será así, lo sabes bien.
»
¡Nanael! — insiste Alen, impotente.
»
Llamaré a Nuna.
Samin desaparece velozmente, pero el
movimiento ha sido en vano porque Albania ya se ha aferrado al tronco, y cuando
ha intentado posicionarse buscando la mejor manera de bajar, la botita marrón
se ha deslizado sin encontrar una superficie sobre la que apoyarse.
Oigo el chillido agudo. Yo misma me
muevo por impulso, pero mi reacción ha sido lenta a diferencia de la de Alen
que casi ha viajado con el viento para atraparla entre sus brazos.
»
¡Ah!
Los árboles se mecen con suavidad, y el
corazón se me llena de felicidad, aunque no entiendo muy bien por qué. Ella
acaba de lanzar un gritito, llena de emoción, y exclama que ahora que puede
tocarlo le dará todos los besos que tanto quería. Lo abraza con fuerza después
de darle miles de besitos sobre las mejillas y esconde la cabeza entre su
hombro y su cuello. La imagen casi se me hace de cuento, y comprendo que el
aroma a estrellas y a sol fue percibido en ese momento. Alen la observa con
ternura, le acaricia el cabello y le dice que siempre estará para ella pero que
debe dejar de ser tan mandona y testaruda.
El paisaje desaparece y ahora estoy en
algo parecido a un establo. Oigo el relinchar de algunos caballos porque la
tormenta de afuera es atroz, y entre el pajar los veo nuevamente. Ambos
completamente empapados, tal vez por la lluvia de afuera
Es Alen y ella nuevamente. Pero la diferencia está en que él se ve
exactamente como antes, y ella ha perdido la figura de niña, ahora es casi una
mujer. Y también percibo que el tono de la charla es diferente: la anterior era
entre una niña y su protector, un amor tierno, lleno de pureza. No sé cómo,
pero sé exactamente lo que ahora siente por él: Albania ya no es una niña y él
ya no es solo una figura platónica para ella.
Ya no es más un cariño fraternal.
Albania se ha vuelto ambiciosa y quiere un afecto más profundo,
uno más intenso…
…uno más humano.
» Bésame.
» Albania, no.
» Solo una vez más. Te lo
suplico…
El ambiente se disuelve velozmente y después soy testigo de una
charla que me deja pasmada, porque es absurdo que alguien exija tanto amor y no
sea capaz de entregar la misma cantidad. Veo la tristeza en los ojos de Alen y
después la fugaz imagen de una boda: él está ahí, parado en el enorme umbral de
las puertas de roble de aquella iglesia.
El sacerdote pronuncia la bendición, los ojos miel se cierran con
dolor y después el dueño se pierde como el viento. Quise atraparlo por la muñeca,
pero ya se había ido.
¿Cómo pudo hacerle eso? No era justo que ella consiguiera obtener su corazón, y después le
saliera con la barbaridad de que quería casarse con otro, pero no perderlo.
Y lo hizo. Albania se casó.
Vuelvo al presente de manera violenta;
con el corazón latiéndome descontrolado. La gente sigue bailando, la música
sigue sonando, la chica de las ondas
marrones me sigue observando...
Si no salgo a tomar aire voy a
desmayarme.
Avanzo en medio de trompicones. En mi
carrera me sujeto de algunos invitados que me lanzan miradas llenas de
desconcierto. Si no despejo la mente voy a terminar colapsando, porque por
algún espantoso motivo…
…siento
como si yo fuera Albania.
Mis dedos se aferran con fuerza a las
empuñaduras metálicas y después empujo las puertas de cristal con toda la
energía que me queda. Voy a desmayarme… Ni siquiera comprendo qué estoy
haciendo aquí, ¿en dónde estoy? ¿Por qué todo se ve tan lejano?
Alcanzo a dar unos pasos más; la música
empieza a disminuir, el aire me golpea el rostro. Intento apoyarme sobre una de
las columnas, pero me desvanezco...
— ¡Sisa! — escucho y me doy con la
sorpresa de que no he terminado impactando contra el piso. Elevo la mirada, y
comprendo que el sol, cubierto por un antifaz, ha venido a ayudarme.
Siempre, aunque él diga que no…siempre ha estado ahí para ayudarme.
— Alen…
— ¿Qué pasa? ¿Te sientes mal? — insiste
preocupado.
La voz de Durand, las extrañas preguntas,
las respuestas de Tarek…
No lo aguanto más y lo atrapo por el
cuello de la camiseta. Me observa confuso, pero tiro de ella hacia abajo y…
No…
Sí, ahí estaban: dos flechas
entrecruzadas, en color negro, a pocos centímetros de su clavícula; en medio
del pecho.
— ¿Qué es esto? — le digo y me observa en
silencio—. ¡¿Qué es esto?!
— Sisa…
— ¡Alen, ¿qué significa esto?! — exploto,
pero solo obtengo una mirada serena, una breve sonrisa.
— Relájate, no sé lo que te habrán dicho,
pero no es de cuidado. — Quise alejarme de su abrazo para lanzarle una buena
bofetada por idiota, pero sentí sus dedos sobre mi rostro, cuidadoso, como
siempre —. Loi y Etel deben estar buscándote. Ve adentro, Bellota: no hay
fiestas como esta todos los días.
Quise decirle tantas cosas, pero tomó
un rizo de mi cabello y comentó lo bonita que me veía con este vestido.
— Vamos a arreglar ese nudo — me ofrece
con gentileza, y me obliga a girar con cuidado para después anudar el delantal —.
¡Listo! Y ahora regresa al País de las maravillas, Alicia. Tu compañero, el
Conejo Blanco, debe estar muy preocupado.
Veo los ojos bajo el antifaz negro. Me
limpia las lágrimas suavemente, y no sé si es por todo lo que he escuchado que
percibo la enorme tristeza de su voz.
¿Por qué…? ¿Por qué sufres en silencio?
¿Por qué te empeñas en afrontar las cosas solo?
Si
yo te quiero tanto…
»…él es mi felicidad, pero
tú el aire que respiro…
Es el miedo; el maldito miedo…
— ¡Yo no soy Albania, Alen! — estallo y
el sol brilla con fuerza, lleno de conmoción; como viéndose descubierto, y me
dan ganas de decirle que ya no importa nada, porque lo sé todo. Sé todo lo que
lo está agobiando tan insanamente.
— ¿Qué…? — replica débilmente.
— No soy Albania — repito, y me tomo unos
segundos para quitar el antifaz que oculta sus ojos…
— Sisa… — Y mi nombre muere en su boca,
cubierta por la mía, en mi último intento por echar atrás el recuerdo de
aquella que tanto lo marcó.
Yo no era Albania. ¡No era Albania! ¡Yo no sería como ella…!
Todo volvió de golpe: las palabras de Durand,
las respuestas de Tarek; la chica de las risas musicales y la mirada de
ensueño. Quise decirle tantas cosas, pero profundizó el beso y me perdí como
solía sucederme con él. Era extraño, inexplicable, porque si estábamos juntos
todo estaba bien, como siempre…
Como
fue desde el principio.
— Sisa… — oí maravillosamente. Abandonó
mi boca con suavidad y los ojos miel me deslumbraron —. No…no sé qué ha pasado,
pero…
— Te quiero — casi suspiré, enviándolo
todo al infierno.
Ya está; me rindo
por completo. Soy un libro abierto, toma todo lo que desees.
Los ojos le brillaron.
— No…
— ¡Sí! ¡Te quiero, Alen! ¡Te quier…! — Y
su boca volvió a la mía y me entregué de lleno, dejando que avanzara todo lo
que quisiera avanzar, y sujetándome de su chaqueta antes de irme volando.
Toma todo lo que quieras, Alen Forgeso,
porque si hay algo que deseo hacer, es disipar todas las horribles sombras que
andan persiguiéndote.
— No digas eso… No me digas eso, por
favor — me dijo en medio del beso, y deslicé mis manos sobre su cuello, pero
una de ellas fue capturada a medio camino, igual que el primero que compartimos.
Sus dedos se entrelazaron con fuerza a los míos, y después yo misma lo empujé
con suavidad contra una de las columnas. Rogando, con todo mi ser, que él
comprendiera lo diferentes que éramos ella
y yo.
El viento sopló con fuerza alrededor y el
sol me soltó. Intenté aferrarme a su cuerpo, pero sus ojos me observaron con
tristeza:
— Lamento mucho lo de la vez pasada — me
dijo afligido—. Te juro que lo que menos quiero es lastimarte; y es por eso
mismo que vuelvo a repetirlo: no funcionaría.
— Alen, escucha. Yo…
— Ojos como los tuyos no merecen verse
tan tristes, Sisa, y menos por alguien como yo.
— ¡Alen, no…!
Traté de protestar, pero tomó uno de
mis rizos y lo besó con tanta devoción que sentí como si el corazón se me
partiera.
Y después se inclinó con cortesía, a
modo de despedida y me obsequió una de esas sonrisas apagadas: “ya no más, Bellota. Hay que parar” casi
pude escuchar, y al segundo me quedé sola, con los sonidos de adentro
retumbando con fuerza, mientras él se perdía entre los árboles del fondo.
Desvié la mirada, llena de angustia, y
oí algunos pasos. Después, una mirada gris cayó sobre la mía, con ese sosiego
acostumbrado:
— Cuando algo lastima demasiado…es mejor
dejarlo ir, Bellota — me dijo Marcus. No pude contenerme más y rompí a llorar
con fuerza.
Dejarlo ir…
Sus brazos me rodearon con cariño, y
cuando apoyé mi mentón sobre su hombro, a lo lejos vi el par de ojos violeta
destellando en medio de la oscuridad.
Entonces se apagaron …
…y las lágrimas dolieron más.
»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«
Samin
— ¿Estás planeando dividir el alma?
Asentí.
— Me temo que es todo lo que puedo
decirte; darte mayor explicación me pone en una situación algo complicada y…
— Lo sé, Nanael, estoy al tanto de todo.
— ¿Entonces…?
— Entonces nada— respondió Abdiel con
acritud. Amber soltó un siseo, claramente disgustada por el tono. Le pedí que
se relajara—. Se me ha encomendado la misión de guiar a Alen en la búsqueda de
su nombre, y si mis superiores ahora me piden eliminarlo en caso de que los Phaxsi no lo hagan…
— Abdiel, por favor… — supliqué.
— …me temo que no me queda más remedio
que hacerlo. Y si las cosas se salen de control, también tendré que eliminar a
la niña.
Amber se estremeció.
— Se me ha informado que ella es aún más peligrosa.
Mierda...
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