Noches de insomnio | Capítulo 23: Noche XXIII
Capítulo 23 | NOCHE XXIII
Sisa
— ¡Bellota! — exclamaron Etel y Loi
cuando aparecí en la puerta del salón. Las saludé con la mano, y cuando estaba
por ingresar uno de mis compañeros se puso de pie como si lo hubieran picado
con una aguja.
— ¡ACABAN DE FILTRAR UN VIDEO DE JOBEY EN
INTERNET! — gritó con su celular en mano, y tuve que encogerme porque todos los
chicos que estaban detrás de mí entraron como si fueran una manada de elefantes
sin control—. ¡Dicen que un hacker lo robó de la base de datos de la
productora!
— ¡¿Quéééée?! — exclamó Tomas que también
estaba atrás y me empujó por la mochila rumbo a la carpeta de Loi que con mucha
eficiencia ya había encendido su laptop.
— ¡Pásame la dirección! — gritó ella
desesperada.
— ¡¿Qué creen que sea?! ¡¿Un nuevo MV?!
— Pero si se ha “filtrado” significa que
su equipo no ha aprobado que suban el video, ¿verdad? — puntualizó Etel.
— ¿No será algún video con su novia
pintora? — Elevé una ceja ante las palabras de Tomas; Loi hizo un gesto de
dolor—. En la revista que salió la semana pasada decían que salía con alguien
que pintab…
— ¡Cállate, Tomas! ¡Nadie merece a JOBEY!
— ¡NO CARGAAAAA!
Loi golpeó la carpeta con furia ante el
ícono de cargando.
Me dio algo de gracia toda la escena. A
veces olvido lo famoso que es Samin: me pregunto cuántas personas en el mundo
estarán igual.
— ¡Se demora en cargar! ¡No puedo ver
nada!
— ¡Desconéctense todos para que la línea
de Internet de la escuela no esté saturada! — bramó Tomas con voz de mando.
Varios asintieron y se acercaron para ver el video desde la laptop de Loi.
El círculo de bolitas que indicaba el
avance estuvo casi lleno.
— ¿Preparados? — preguntó Loi con voz
solemne; pero antes de que pudiera decir algo más, Etel apretó el botón de
play—. ¡Oye, estaba asimilándolo!
— ¡Shhh, ya empezó!
Me acomodé entre Etel y Tomas: la pantalla
seguía completamente negra, pero de repente una pista con cortes de electrónica
inició. Era una canción nueva.
Oí algunos chillidos ahogados.
En medio de la pantalla oscura
aparecieron algunas luces de colores que formaban figuras geométricas; y
después varias palabras y números en diferentes sentidos y direcciones
aparecían y desaparecían acompañando el sonido.
— ¿Qué dice? — preguntó Etel—. Vida,
recuerdos, ¿nueve?
Todos cuchicheaban diciendo lo genial
que sonaba la pista. Entre las palabras que logré identificar vi olvido,
muerte, sello, dos, nueve, recolección, tres y vida, que se repetía
constantemente.
»—
Por cierto, si
mañana recibieras algún tipo de noticia con respecto a mí, trata de
transmitírsela a Alen.
Recordé bruscamente las palabras de
Samin en medio de la pista musical. Las palabras que brotaban de todos lados
ahora circulaban formando algo que parecía ser un par de alas batiéndose.
Es un mensaje: ¡un mensaje para Alen!
Loi soltó un grito porque en ese
momento Samin apareció de espaldas, animando un concierto con una postura
majestuosa. La música subió de intensidad solo para llegar a un punto en el que
todo se detuvo, la imagen se iluminó por completo hasta convertirse en un fondo
blanco y el paso de un solitario violín llenó todo.
Era un solo de violín eléctrico y
sonaba perfecto.
¿Qué
es, Samin? ¿Qué estás tratando de decir?
— ¿Va a volver a usar música clásica? —
preguntó alguien.
— ¡Cállenseee! — ordenó Loi.
La pantalla volvió a oscurecerse y una
frase apareció:
Nadie
reta a la muerte
De
hacerlo, recolectaré tus recuerdos
Las letras se desvanecieron, solo para
que un título apareciera en medio:
REDENCIÓN
El solo de violín reapareció para
finalizar la melodía. El video acabó y todos soltaron gritos emocionados.
¿Qué ha sido eso? ¿Era el mensaje del
que me habló ayer?
— Loi, ¿puedes descargar el video? — le pedí
algo desconcertada: tal vez debía mostrárselo a Alen.
— ¡Sí, ahora lo hago! Está estupendo,
¿verdad? ¡Me encanta que JOBEY use conceptos tan extraños para su música!
Me senté junto a ella, pero de repente
alguien gritó al costado:
— ¡Acaban de borrarlo!
— ¡¿Qué cosa?! — profirieron Loi y Tomas.
La vi actualizar la página y tratar de abrir el video, pero salía como “no
encontrado” —. ¡Ay, no!
— Era obvio — acotó Etel —. Si habían
“filtrado” el video la productora tenía que poner manos a la obra.
No, no era eso.
Probablemente ese “algo” que siempre
había impedido que los mensajes de Samin se transmitieran había intervenido
ante mi intención de mostrárselo a Alen.
Saqué mi cuaderno y apunté velozmente
todo lo que había visto. Las palabras sueltas y después el mensaje de “nadie
reta a la muerte; de hacerlo, recolectaré tus recuerdos”.
¿Qué significaba eso?
— Sí, ya lo borraron. Una página web ha hablado
al respecto —resopló Loi fastidiada.
Me acerqué a la pantalla y seguí con la
vista su lectura en voz alta para todo el salón:
Un usuario anónimo colgó desde una
cuenta recién creada en una famosa página de videos, lo que parecería ser el
tráiler promocional que el equipo del DJ Samin Nerses, más conocido como JOBEY,
habría estado planeando lanzar en fechas posteriores. El video evidentemente
anuncia el nuevo álbum del artista que probablemente llevaría el nombre de
REDENCIÓN y que, parece, contará con un concepto definido que relacione todas
sus canciones como en sus anteriores trabajos. La fecha de lanzamiento estaría
programada para el próximo año, y los números que se han podido apreciar en él
sugerirían que sería en Febrero, Marzo o Setiembre (2, 3, 9).
Se cree que el video fue obtenido
por un hacker o lanzado a posta para crear expectativa en la fanaticada a pesar
de que la fecha de lanzamiento sería todavía en varios meses.
De ser así, nadie podría negar que
el equipo de marketing con el que cuenta el artista sabe cómo emplear sus
estrategias.
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musical de Charlie”
Tomas se dejó caer con desgano sobre su
carpeta:
— Qué crueles. ¡Falta tanto para tener
ese álbum! — se lamentó —. Es obvio que hackearon el video.
— Yo también creo que lo robaron — aprobó
Loi.
— Yo creo que es estrategia publicitaria
— dijo uno atrás y se ganó la mejor mirada de desprecio de todos—. Digo, ahora
todo el mundo va a estar esperando ese álbum a pesar de que falten meses y
meses para lanzarlo.
— Bueno, sea ese el caso o no igual el
álbum parece bueno — apuntó Etel y varios asintieron.
La señorita Queta apareció por la
puerta y se sorprendió al encontrarnos a todos dialogando con tranquilidad.
Cuando oyó que era un debate sobre JOBEY, dijo que mejor no le hubiéramos dicho
nada.
Observé los trazos en mi cuaderno y
mientras los chicos seguían charlando sobre lo genial que se veía el nuevo
álbum, aproveché para repasar las palabras con mi marcador; temiendo que
pudieran ser borradas.
Redención…
— ¿Ahora sí puedo preguntar qué es eso de
la “despedida”? — lancé cuando la campana de salida sonó estridentemente en
toda la escuela. La mañana se había pasado volando.
El director acababa de salir del aula
después de entregarnos unas citaciones que debíamos traer firmadas por nuestros
padres o tutores para mañana, si es que íbamos a asistir a la famosa
“Despedida” de la que yo solo sabía que se llevaría a cabo este viernes.
— Es una tradición de la escuela, Bellota
— me respondió Loi—. Yo tampoco supe de ella hasta que nos tocó organizarla el
año pasado.
— ¿Mmm?
— La Despedida es una fiesta organizada
por todas las secciones de quinto año para todas las secciones de bachillerato
— me explicó Etel emocionada—. La fiesta la hacen aquí, en el gimnasio de la
escuela. El año pasado hicimos una fiesta increíble y como el señor Amira
colaboró con la zona de bar, todos terminaron algo pasados de copas. Es por eso
que siempre se envían citaciones pidiendo las autorizaciones firmadas por los
padres de los estudiantes que sean menores de edad y asistan. Mis padres ya
están al tanto así que la firmarán sin problemas. Todos van a ir, ¿verdad?
— Me hubiera gustado llevar a Tarek —
comentó Loi. El director y la señorita Queta habían sido muy explícitos con lo
de que el ingreso sería exclusivamente para estudiantes de la escuela, así que
cualquier intento de traer a algún amigo sería en vano—. Pero igual voy, ¡nunca
más tendremos una despedida de bachillerato!
— Yo tendré que hablar con mis padres —
resopló Tomas decaído—. Cuando le hicieron la despedida a mi hermano volvió a
casa hecho un asco. Aún recuerdo a mi madre diciendo “¡pero cuando Tommy esté
en bachillerato, no lo dejaremos ir!” — añadió con voz aguda.
— Bueno, yo soy mayor de edad, pero igual
tendré que avisarle a Gisell a dónde voy ese día. Ojalá me dé permiso.
Cuando todos empezaron a despejar el
aula, Loi gritó:
— ¡Chicos, no olviden que toda esta
semana hay promoción en la Abuela Bona! ¡Los mejores pasteles y postres los
encuentran allá!
Salimos de la escuela y Tomas se
despidió porque tenía clases de reforzamiento todas las tardes desde la semana
pasada. Su examen de acceso a la Universidad Principal de Lirau sería a finales
de diciembre así que se había tomado muy en serio lo de obtener una de las
vacantes para la modalidad de Deportistas destacados, en la que había sido
inscrito por la misma escuela.
Etel detuvo un taxi porque le habíamos
prometido a Copo de nieve que ayudaríamos en la pastelería desde las tres en
punto, y nos habíamos demorado en salir por todo el jolgorio a causa de la
Despedida del sábado.
La semana pasada estuvimos acompañando
a Tarek y a Alen en sus turnos usuales en la Abuela Bona; y nos enteramos por
Copo de nieve y todo el escuadrón que esta semana se cumplirían cinco años de
la inauguración de la pastelería y estaban pensando cómo celebrarlo. Cuando Loi
sugirió lo de la semana de descuentos en todos los productos de la pastelería,
más algo de música en vivo (o sea el violín y yo), Copo de nieve se vio tan
contenta que no pude negarme.
Era por eso que las tres nos habíamos
comprometido toda esta semana a ayudar en todo lo que se pudiera.
— Por Dios, ¿qué está pasando allá
adentro? — exclamó Etel observando por la ventana. Me incliné junto a ella y
entonces comprobé que la pastelería estaba tan llena que hasta había cola para
ingresar.
¡Madre mía, hay demasiadas personas! Pensé tocar para un grupo
pequeño, ¡no para tantos!
— Ya, Bellota. Tienes que aprender a
controlar el pánico escénico porque para el examen hay quince jurados —
puntualizó Loi.
Tragué despacio: ya había tocado frente
a cierto grupo de personas en la renovación de votos de los abuelos de Marcus,
pero esa vez tenía la secreta seguridad que te proporciona hacerlo frente a
personas con las que ya has ensayado y conoces un poco. Pero ahora…
Bajamos del taxi y cuando nos acercamos
a la puerta, vi el letrero que Etel había diseñado: “Tarde de pasteles y
violines por el aniversario de La abuela Bona, toda la semana” (habíamos pegado
algunos en los murales de la escuela). Pasamos junto a un grupo de chicas de
secundaria que cuchicheaban sobre los bonitos diseños de los pasteles del
mostrador, y lo guapos que se veían los que entregaban los pedidos.
— ¿Has visto al del cabestrillo? ¡Se ve
tan simpático que me dan ganas de preguntarle si él también está en venta!
Loi elevó una ceja; Etel y yo soltamos
una risita.
— ¡Y el de cabello marrón se ve muy
amable! ¡Mira, mira! ¡Está sonriendo! ¡Qué guapo se ve!
— ¡Ay, no! Se está yendo para la cocina.
Ojalá vuelva y nos atienda cuando nos toque.
— ¡Sí, sí!
— Jajajaja, no sabía que tenías una
mirada de criminal escondida bajo esa apariencia de amable Bellota — me lanzó
Etel soltando varias carcajadas que ahora Loi también acompañó.
Fruncí el ceño: malévolo alter ego
posesivo que sale sin mi consentimiento.
Cruzamos el umbral: algunas personas
charlaban y degustaban sus pasteles en las mesas y en la pequeña barrita
empotrada en una de las paredes; otras esperaban sus pedidos para llevar. El
ambiente resultaba muy acogedor en medio de todo el aroma a pasteles recién
salidos y chocolate caliente.
— ¡Mis niñas preciosas! — nos recibió
Copo de nieve con emoción y con un beso para cada una—. ¡Loi querida, tenías
razón! Con los descuentos y los carteles de promoción que pusieron en la
entrada conseguimos toda esta cantidad de clientes. Ojalá los próximos días
siga igual.
— Y cuando Sisa empiece a tocar el
violín, verá que el ambiente va a ponerse mucho mejor.
— Ojalá que no me equivoque con las
canciones.
— ¡Actitud, Bellota! No dudes de tu
capacidad — me reprochó empujándome de lado.
— ¡Princesa! — oímos al lado. Tarek
estaba pasando a dejar el pedido de una de las mesas y aprovechó para
saludarnos. Copo de nieve nos dijo que podíamos dejar nuestras cosas en la
parte de adentro, por la cocina, y cuando ingresamos lo vi.
Estaba ayudando a rebanar algunos
pasteles. Me quedé unos minutos observando cómo realizaba la tarea cuidadosamente
y a la vez charlaba amenamente con las señoras del escuadrón. Y cuando lo vi
reír animado, sentí que las mariposas empezaron a dispersarse sin control en mi
estómago.
— Cierra la boca, preciosa o va a darse
cuenta de lo mucho que te gusta — me dijo Copo de nieve en tono afectuoso.
Solté una risa, algo apenada, y en ese momento Alen elevó la mirada y me sonrió
tan alegremente que, si me hubieran pedido que volara, a lo mejor me salían un
par de alas y lo hacía.
Loi y Etel pasaron junto a mí y lo
saludaron animadas, para después pasar a cambiarse
— ¿Aún quieres tocar el violín? — me
preguntó Copo de nieve con amabilidad.
— ¿Eh? ¡Sí, claro que sí! Es solo que
estoy algo nerviosa y…espero no arruinarlo.
— Tu violín es incapaz de arruinar algo,
Sisa — me dijo él acercándose.
La sonrisa de boba apareció
automáticamente en mi rostro: ojalá no hubiera tanta gente, así podría besarlo.
— Ya, ustedes dos: ¿dejan las escenas de
tórtolos y nos dan una mano? — lanzó Loi burlonamente y con el uniforme de la
pastelería ya puesto. Etel apareció en las mismas condiciones.
— Y cuando dice “una mano”, habla en
serio. O por lo menos sí en mi caso— añadió Tarek corriendo la cortina que
separaba el mostrador con el interior de la cocina.
Pasé a cambiarme a la pequeña
habitación de la esquina, y minutos más tarde estaba ya afuera, tomando una
gran bocanada de aire para iniciar con la “práctica intensiva para eliminar el
pánico escénico” propuesta por Loi.
Alen salió a ayudar a Tarek mientras
Loi y Etel apoyaban en la cocina. Me sonrió como para darme confianza y pasé el
arco con suavidad.
Toqué varias canciones seguidas: no
podía dejar de sonreír cuando lo veía mover la cabeza siguiendo la melodía
mientras entregaba los pedidos junto a Tarek. De tanto en tanto Loi y Etel
salían a hacerme gestos de apoyo desde la cocina.
Bajé el violín cuando sentí que
necesitaba algo de descanso para los brazos, y en ese momento oí varias
palmadas que poco a poco se transformaron en aplausos.
— ¡Qué bien tocas, hija! — me dijo un
señor de edad desde una de las mesas de atrás y algo inmenso me llenó el pecho.
Tragué despacio cuando vi las enormes
sonrisas que me regalaron cada uno de los clientes, incluidos algunos de los
que esperaban ingresar. Y cuando oí a una mujer preguntarle a Copo de nieve si
mañana también habría violín en vivo, solo para decir que entonces vendría toda
la semana, lo comprendí por completo:
Realmente quiero ingresar a Gaib Art;
pero de no hacerlo, tendré que encontrar maneras de continuar con esto porque
ya sé lo que quiero hacer durante toda mi vida.
Música…
Lo que yo realmente quiero hacer es
música.
— ¿Siempre? — me preguntó Alen más tarde,
cuando salimos de lo de Copo de nieve y dejamos a Etel en su casa—. ¿Quieres
hacer música por siempre?
— Por todo lo que dure mi vida.
Sentí sus dedos entrelazándose con los
míos y después sus labios tocando mi frente:
— Vas a ingresar, Bellota. De eso no
tengo duda.
Llegamos hasta la casa en la que
solíamos despedirnos para que Gisell o Corín no nos vieran llegar juntos. Me
pasó el estuche del violín y después me besó con suavidad. Estaba por irse
rumbo a la casa de Marissa y Santiago, no sin antes prometer que trataría de
venir a mi habitación más tarde si aún había forma de transportarse, cuando
recordé que tenía algo importante que decirle:
— Hoy por la mañana se filtró un video
nuevo de JOBEY — dije sacando el cuaderno en el que había apuntado todo.
— ¿JOBEY? ¿El DJ que tanto le gusta a Loi
y a tu amigo Tomas?
— Síp, y quería que vieras algo que
apunté aquí porque…bu-bueno, porque me pareció interesante y…
Me observó con curiosidad, pero gracias
a dios no hizo más preguntas al respecto. Le pasé mi cuaderno y lo inspeccionó
con atención.
— ¿Mmm? ¿Quieres que…?
— Ehhh, no sé… ¿Qué opinas? — Ok, debe
pensar que estoy loca.
— ¿Qué opino? — Asentí. Frunció el ceño,
pensándolo un tanto—. Bueno, no sé exactamente qué decir solo viendo esto:
¿redención?
— ¿Eh? — Me acerqué y efectivamente
comprobé que de todas las palabras que había redactado solo había quedado
“Redención”.
¡Ay, no, ¿por qué me pasa esto?! Traté
de recordar las palabras que había visto: tuve destellos fugaces, pero nada
concret…
¡Ah, claro!
— Nadie reta a la muerte, de hacerlo
recolectaré tus recuerdos — pronuncié.
Solo yo podré tocarlos,
resonó
desde alguna parte de mi cabeza.
No me dio tiempo para analizar nada…
— ¡Sisa!
…porque el mundo giró con violencia.
Cuando el ataque se detuvo, comprendí que Alen me tenía sostenida por la
cintura.
¿Qué…? ¿Qué pasó? Sentí como si toda la
Tierra hubiera dado una vuelta de 180° de porrazo.
— ¿Qué fue eso? ¿Te sientes bien? — me
preguntó con preocupación.
— Yo…yo no…— Traté de sostenerme por mí misma,
pero sentía que mis piernas habían perdido consistencia.
— ¿Qué fue lo que dijiste?
— Nadie reta a la muerte, de hacerlo
recolectaré tus recuerdos — le respondí con algo de torpeza.
La cabeza me pesaba a horrores.
— No sonó así — repuso con seriedad. Lo
miré sin comprender su tono—. Lo dijiste en otra lengua, Sisa. Y fue tan de
prisa que…
— Espera, eso fue lo que dije: Nadie reta
a la muerte, de hacerlo recolectaré tus recuerdos. — Negó con la cabeza—. Alen, claro que dije
eso.
Esperé encontrar algún atisbo de broma
en su rostro, pero solo seguía así, mirándome intranquilo.
— Alen, ¿qué…? ¿Qué pasa?
— Sisa, ¿has hablado con Berith o Nhyna?
— ¿Qué? No, claro que no — respondí
inmediatamente: ¿por qué me preguntaba eso?
Noté que frunció los labios y después
me tomó por las mejillas.
— ¿Alen?
— Tal vez ha sido mi imaginación — me
dijo restándole importancia.
— Alen, ¿qué sucede…?
— Nada, no te preocupes.
— ¡Alen!
Soltó un suspiro y después torció el
gesto:
— He tenido la ligera impresión de haber
oído un grupo de palabras que formarían algo completamente absurdo. — ¿Absurdo? Lo miré con más insistencia;
él se encogió de hombros—. Me pareció escuchar que mezclabas gozos y martirios.
— ¿Qué? —. Y eso es completamente
ilógico porque ambos están en la lengua original empleada por ángeles y
demonios; no hay forma de que la conozcas.
¿Cómo? ¿Que había dicho algo en otra
lengua? ¿Samin tendría algo que ver?
No sé qué cara habré puesto que él rodó
los ojos y me acarició la cabeza:
— A lo mejor he sido yo; ya sabes que el
“súper oído” empieza a dejarme y estoy en proceso de adaptación y todo eso.
¿Habría sido eso?
Sí, ¿verdad? Digo, yo no sé hablar
ninguna lengua exclusiva de demonios o ángeles.
— No te asustes, seguramente he sido yo.
— Traté de calmarme, pero un miedo inexplicable me asaltó. Creo que Alen lo
notó porque se inclinó para tomarme en brazos.
No pude evitarlo y me acurruqué en su
pecho.
— No pasa nada — me susurró emprendiendo
la marcha. Me aferré a su cuello, sin importarme si Gisell o Corín me veían.
Hay momentos en los que la mente te
lanza palabras o recuerdos que no quieres traer a colación.
En este momento me está sucediendo…
…porque todo lo que escucho por dentro
es “Albania”.
»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«
Alen
Niemand defioj do smrti, yesli vy ego
congregabo súas vinamra
Nadie reta a la muerte, de hacerlo
recolectaré tus recuerdos
No puedo dejar de pensar en las
palabras que creí oír de labios de Sisa. Han pasado ya varios días, pero sigo
con la duda de si escuché bien o en realidad fue parte de una mala jugada del
proceso de adaptación de mi sentido auditivo.
Tal vez deba comentárselo a Heth… Ah,
sí, está enfadado y se niega a hablar conmigo desde la vez que reiteré mi
decisión de quedarme en este mundo.
— ¿Te parece justo que nos hayan exiliado
de una fiesta? — Genial, Tarek acaba de retornar. Y yo que estaba tan tranquilo
aquí, en el departamento, con mi nuevo amigo Harry Potter.
— Es normal, Tarek. No se termina dos
veces el bachillerato— respondí a ver si así dejaba el modo “novio indignado”
para más tarde.
Hace un rato había pasado a recoger a
Naina al salón de ensayos y después me quedé charlando con Marissa. Le gustaba
mucho preguntar por Sisa y a mí no me molesta en lo absoluto tenerla de eje
central en todas mis charlas.
No había ido a recogerla a la escuela
porque hoy era la fiesta de despedida que se les organizaba a los de
bachillerato en su escuela. Y como era un día exclusivo para que lo pasara con
sus compañeros de clase, decidí darle algo de espacio. Tarek había dado el
grito el cielo cuando Loi anunció que no se podía llevar invitados; creo que se
ha molestado por nada.
Solté una risa: no puedo creer que
hasta hace unas semanas mis problemas eran inmensos y en este momento todo parezca
muy sencillo. Ahora que ya no tengo en mente el asunto de buscar las letras de
mi nombre tengo mayor espacio en la cabeza para enfocarme en más cosas:
observar el mundo terrenal con otros ojos, leer (que es algo que me gustaba
desde hace mucho), y comprender el estilo de vida que han adquirido los
humanos. Evidentemente no era necesario que asistiera a la universidad, pero
para mantener la máscara de hijo “humano” frente a Marissa y Santiago, decidí
que era preferible invertir algunas horas en ella (así Tarek diga que pierdo
tiempo escuchando a humanos hablando de otros humanos).
Además, realmente disfrutaba muchísimo
conociendo cada espacio que frecuentaban los terrenales. Y de alguna manera u
otra tengo que aprender a desenvolverme con mayor soltura entre ellos, ahora
que mi estadía por aquí será permanente.
— ¡Pero cómo es posible que la princesa
haya decidido ir sola! ¡Soy el alma de las fiestas, y ¿he sido relegado al
lugar de los “no invitados”?! ¡Dime, ¿acaso eso es posible?!
— Tarek, ¿puedes decirme por qué siempre
eres tan dramático?
— Pero ya que ambos hemos sido objeto de
rechazo…
Cerré el libro con fastidio: bien, mi
hora de lectura acaba de irse al demonio.
— …he decidido poner manos a la obra,
bueno, “una mano” a la obra— volvemos con los chistes sobre manos—, ¡y he
traído todo lo necesario para una noche estupenda solo para hombres! O bueno,
ángel/demonio, o desertor/errante para ser más precisos.
Desertor: sí, esa era la denominación
para los ángeles o calehims que, como
yo, abandonaban su naturaleza original para vivir entre los humanos por
iniciativa propia. Hethos ya se encargó de decirme que los desertores son una
cantidad casi inexistente, así que prácticamente cuando acabe mi período de
evaluación, seré parte del minúsculo grupo de las ovejas negras de la familia.
Iba a preguntarle de qué rayos hablaba
con lo de “noche estupenda”, pero no tuve que hacerlo al reparar en las bolsas
que había traído consigo quién sabe de dónde.
— Sigo sin comprender de dónde consigues
estas — expuse al ver las botellas de licor que iba poniendo en la mesa de en
frente.
— Así que mientras las chicas están en su
despedida de Bachillerato, hoy tú y yo también tendremos nuestra propia
celebrac…
— Paso — repuse al verlo menear la
botella con mirada risueña.
— ¡¿Quééé?! ¡Pero Alen…!
— No.
— ¡¿No te das cuenta de que se están
divirtiendo sin nosotros?!
— Tarek, deja la manipulación para otros
porque no vas a conseguir nada.
— ¡Pero…!
— No.
— ¡Alen!
— No.
— ¡¿Por qué no?!
— ¿Por qué es necesario que me incluyas?
Bebe tú solo.
— ¡Sería la primera vez que beberíamos
como dos completos rechazados! ¡¿No comprendes la intensidad del momento?!
¡Únete por la causa! — Elevé una ceja, sin saber si reírme o no—.
¡Aleeeeeeeeeeeen! ¡¿Eres mi amigo o no?!
Es en estos momentos en los que extraño
tener la fuerza que tenía antes: así podría quitármelo de encima porque si
sigue sacudiéndome en plan de niño berrinchudo, va a terminar dejándome sin
brazo a mí también.
— Ya, no pido que acabemos todo. ¡Solo
unas cuantas copas! Además, las chicas también deben estar divirtiéndose.
No va a dejarlo, y eso es aún peor
porque es de los insistentes.
— ¿Solo unas cuantas? — me aseguré.
— ¡Solo unas cuantas! — Me miró con
solemnidad y con una mano en el pecho—: Palabra de demonio.
Pasaron algo de dos horas y ¡joder,
palabra de demonio y un carajo! ¿Cómo he podido ser tan imbécil para creer que
Tarek aceptaría campante “unas cuantas copas”, ¡si él prácticamente es un
idólatra de la bebida?!
Bueno, ya es demasiado tarde para
reclamos. El adormecimiento en las yemas de mis dedos y que la habitación se
vea un poco inclinada me lo están confirmando.
— ¡Mira lo que encontré en el
departamento del costadooooo!
— ¡Mierda, Tarek: robar está mal! —
repuse al observar el equipo de música que acababa de transportar desde quién
sabe qué casa.
— No lo he robado, solo lo tomé prestado.
La casa está vacía, creo que están de viaje… ¡y también traje discos! — Lo
conectó velozmente y una canción estridente me taladró los tímpanos. Me acerqué
a apagar ese aparato infernal mientras lo oía leer los títulos de los discos en
voz alta—: ¡Este de aquí es del tal JOBEY que tanto le gusta a la princesa!
Me lo lanzó para que lo pusiera en
marcha. Apreté el bendito botón de play
y solo conseguí que se pusiera a bailar, eufórico.
De acuerdo, esa no suena tan mal.
— ¡Y la mejor parte de todo esto es que
no tendremos resaca! — añadió riendo—. Aunque a lo mejor, tal vez tú un poco,
sí.
Leyó más títulos en medio de su extraña
rutina de baile, y por fin pude reconocer alguno:
— Ese es el grupo que tanto le gusta a
Sisa. Ponlo — pedí.
— ¡Uuuuuyyy!
— Cállate, idiota.
— ¡JAJAJAJAJAJA!
Bien, ¿qué hora es? Porque no tengo ni
la menor idea de cuánto ha pasado. Lo peor de todo es que no comprendo en qué
momento terminé bailando de manera tan ridícula como él.
— ¿Qué tal, hermano? ¡Te dije que sería
divertido! ¿O no? — exclamó Tarek que abrió una botella más, bebió directamente
de ella y me la lanzó sin contemplaciones.
Tuve que encogerme o me arriesgaba a
perder la cabeza.
¡CRASH!
Se estrelló estrepitosamente contra la
pared de atrás.
— ¡La idea era que la atraparas, idiota! —
especificó riendo a carcajadas.
— ¡Cómo te explico que ya no tengo los
mismos reflejos, imbécil!
¿Qué hora es? Ah, sí, iba a fijarme.
Mmm, las ocho y hemos empezado a eso de las seis: no sé si sentirme bien o mal
por nuestra condición actual.
— ¿Crees que los famosos pares absolutos en
algún momento se atrevan a aparecer, hermano?
— Cállate, Tarek— reclamé fastidiado.
— ¿Deberíamos hacer un plan para asesinarlos?
Porque… ¡no te atrevas a venir, bastardo! — le reclamó a la nada.
— Cambia esa canción tan deprimente y
deja de pensar en eso, ¿quieres?
¡La hora! ¿Qué hora era? ¿Me fijé?
Ah, sí, son las nueve.
— Alen, deja ese reloj en su lugar — oí
de Tarek fingiendo la voz de Hethos. Dejé el condenado reloj sobre la mesa de
la sala sin evitar fruncir el ceño.
Está bien, relojes: haremos las pases.
Cómo ya no me importa el tiempo, tampoco deben importarme ustedes.
Bien, parece un satisfactorio acuerdo
de paz.
— ¿Has notado lo extraño que es que
puedas mover los brazos sin necesidad de pedirle a tu cabeza que se los ordene?
— soltó Tarek de repente.
— Suenas tan jodidamente sorprendido…que
yo también lo estoy pensando — acepté asombrado. Ambos elevamos los brazos
(bueno, él uno), y observamos el movimiento de olas que hicimos, casi
deslumbrados…
— ¡JAJAJAJAJAJAJA!
¿Por qué todo se mueve tanto? ¡Y el
piso! ¡Jamás me había puesto a pensar que el piso parece acolchonado!
Analicé las palabras que acababa de
emplear y no me quedó duda alguna:
— Te odio, Tarek. ¡No se debe beber hasta
este extremo! — le reclamé irritado. El piso definitivamente no era
acolchonado; lo acolchonado salía de tanto licor que había ingresado a mi
organismo.
— Alen, ¡no me salgas con consejos
morales a estas alturas del partido!
— ¿Qué partido? — solté estúpidamente.
Nos miramos fijamente…
…y volvimos a reír descontrolados.
— ¡JAJAJAJAJAJAJA!
Ah, cierto: iba a ver la hora. Mmm,
¡apenas son las diez y algo de la noche! ¡Qué rayos…!
¡WARF!
— ¿Eh? ¡¿Pero qué hace Petardo aquí?! — proferí
cuando se abalanzó sobre mí para darme de lengüetazos.
— Tú mismo lo trajiste — me explicó Tarek
muy suelto de huesos; lo miré horrorizado. ¡¿Cuándo sucedió eso?!—. Dijiste que
esta celebración ameritaba tener a un amigo tan importante como Petardo
presente.
— ¡Tarek, qué clase de licor adulterado
me has dado! — exclamé espantado.
Tal vez estaban buscándolo en su casa.
— ¡No culpes al licor de tu pobre
resistencia, hermano! ¡Lastimarás sus sentimientos!
Lo golpeé en la cabeza y tomé a Petardo
en brazos. Cerré los ojos y aparecí junto a la casa de Sisa. Justamente Corín
estaba silbando y llamándolo; aproveché para darle un par de palmadas sobre el
lomo y lo envié para allá.
— ¿Estás
algo ebrio, calehim ya casi desertor?
— Creo que un poco— acepté apenado.
Para mi buena suerte el aire frío
empezaba a hacerme reaccionar.
— Por
cierto, las croquetas que me diste estaban esplendidas. Eres un gran chico. — ¿Croquetas? Casi pude oírlo reír —. Cuando me sacaste de casa también te
trajiste la bolsa de la cocina.
Ah, bien, entonces le debo una bolsa de
comida para perro a la familia de Sisa.
— ¡Cierto!
He recibido una notificación y aprovechando que puedes entenderme quiero…
— ¿Petardo? — Corín venía hacia nosotros.
Me oculté rápidamente tras el árbol.
— Te
lo digo después. ¡Aquí estoy! ¡Aquí, aquí!
¡WARF! ¡WARF!
Cerré los ojos y gracias a quién sea
logré retornar sin inconvenientes al departamento. Ayer había hecho lo mismo
después de dejar a Sisa dormida, pero aparecí en el bosque Izhi (en el agua
para ser más exactos), y no fue nada agradable ahora que sentía frío.
— ¿Eh? ¿Tarek? — Recorrí el lugar por
completo hasta que encontré la nota junto al equipo de sonido que seguía
resonando ahora con el famoso My
Way de
esos Sex Pistols.
Terminé de leerla y la arrugué,
aburrido: ¿por qué demonios no puede quedarse tranquilo en un solo sitio?
Iba a apagar el equipo, pero sentí una
presencia sumamente conocida.
— Vaya, vaya, ¡así que este es el nuevo
Alen Forgeso! — oí. Giré para encontrarme con Nhyna que me observaba
divertida—. ¿Así que ahora te entregas al placer de la música desenfrenada y al
alcohol? Sabiendo que sería así hubiera exigido que aceptes quedarte como
humano desde hace tiempo.
— ¿Has venido para algo en particular? — curioseé.
Elevó una ceja:
— Momento: algo no cuadra aquí. ¿Dónde
está el tono de “jódete, Nhyna, no quiero hablar contigo”?
— ¿Mmm? Supongo que ahora ya no importa
mucho.
Ahora que iba a quedarme aquí, ya no
había forma de que me molestara con lo de “puedo romper tu Sello de olvido si
aceptas mi oferta y bla-bla-bla”. Que otros supieran mi nombre real o buscar
saberlo era algo que ya no me interesaba en lo absoluto.
Pasé a apagar el equipo bajo su mirada
escudriñadora.
— Qué asco me das, Forgeso. Suenas tan sereno,
esperando tu condición de desertor, que todo lo que me atraía de ti parece
haberse ido a la mierda.
— ¿En serio? — pregunté de buen humor—.
Bueno, eso es un alivio.
Cerré los ojos para intentar llegar a
la escuela de Sisa y Loi, y traer de vuelta a Tarek que había puesto en la nota
que quería pasar a ver cómo estaba el asunto; pero me tomó por la muñeca:
— ¿Eres feliz así? ¿Conviviendo con
humanos? — me preguntó.
— Soy feliz en cualquier lugar en el que
esté ella — confesé.
Me lanzó una profunda mirada de
inspección y después torció el gesto:
— No sabes cuánto te odio, idiota—
murmuró.
Recordé que tenía unos bombones en el
bolsillo de la chaqueta. Saqué uno y se lo lancé con suavidad.
— ¿Qué es esto? — me preguntó con
expresión de asco.
— Las pases — respondí y lo último que vi
fueron sus ojos llenos de sorpresa. Cerré los míos y gracias a quién sea
aparecí en el gimnasio abarrotado de gente y música estridente.
Y ahora dónde rayos está Tarek.
“ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«
Sisa
Hay muchas luces de colores en medio de
todo el gimnasio. Quise detener el ataque de risa, pero no lo conseguí.
— Esto es culpa del temido Maquiavelo — gritó
Loi en medio de la estridente música y ambas terminamos riendo sin parar.
Maquiavelo era el nombre de la bebida
sensación de la noche: los de quinto pusieron el reto de quiénes de Bachillerato
se atrevían a probarlo por primera vez en medio de toda la animación con la que
se inició la fiesta en el gimnasio. Como se ofrecieron varios, finalmente
decidieron hacerlo por sorteo, y para mi mala suerte mi nombre salió entre las
diez personas que tuvimos que tomarnos un vaso entero.
Y bueno, ahora estaba aquí, sintiendo
que caminaba sobre nubes y riéndome por cuanta cosa viera alrededor.
— ¡Ese chico se parece a Steven Tyler! —
chillé y Etel rompió a reír:
— Hace un rato dijiste que se parecía a
George Harrison.
— Bueno, tal vez lo estoy viendo desde
otro ángulo — expliqué con mucha convicción, y Loi estalló en carcajadas.
Ya, ok, acepto que el condenado
Maquiavelo me ha dejado algo “alegre”.
— ¡¿Se están divirtiendo?! — nos preguntó
un chico que apareció de algún lado que no supe identificar.
Había tanta gente bailando en el
gimnasio que sentía como si todos fuéramos parte de un enorme ser amorfo.
— ¡Por supuesto! — gritaron Loi y Tomas.
Hace un rato había salido la banda que estaba animando con algo de rock y ahora
la música era variada. Vi a varios de mis compañeros saltar efusivamente en un
baile que más que armonioso, resultó un todos contra todos.
— ¡Pero nada supera tu fiesta, Loi! —
exclamaron algunos y la levantaron en brazos. Loi empezó a reír y después a
patear, exigiendo que ya la bajaran o habría heridos.
¿Qué hora es?
Tomé la muñeca de Etel solo para
cerciorarme: las once de la noc... ¡¿Qué?! ¡¿Recién eran las once?! ¡Pero si me
sentía como si hubiera bailado por horas!
La famosa Despedida ya estaba en su
punto cumbre. Los de quinto habían organizado una pequeña presentación en el
auditorio con fotos de todos los alumnos de las secciones de Bachillerato, y
después nos habíamos trasladado al gimnasio en el que al más puro estilo de
“fiesta sorpresa”, terminamos rociados de espuma y con miles de globos cayendo
del techo.
Comprendí todo el asunto ese de
competencias por ver qué quinto organizaba la mejor fiesta de despedida porque
el año pasado mi salón actual había dejado la valla muy alta (por lo que oí), y
los de quinto de este año se habían esforzado mucho en hacer una fiesta
increíble.
Algunos maestros estaban haciéndola de
seguridad, cuidando los exteriores como la cancha de fútbol o los salones para
impedir que algunos se escabulleran a zonas “más oscuras” a hacer cosas malas.
O bueno, eso fue lo que nos dijo el conserje mientras reía ante todo el
alboroto.
En medio de la música, distinguí a todos
los miembros del equipo de Tenis, Fútbol y Básquet agrupándose para entonar a
todo pulmón la barra con la que abrían cada partido. En medio de las luces de
colores vimos a Tomas abrazando con fuerza a varios de sus compañeros de juego,
y Etel a mi lado se limpió discretamente los ojos.
— Se acaba, chicas. La escuela se acaba —
nos dijo conmovida —. No puedo creer que solo haya pasado un año de escuela
contigo, Bellota. ¡¿Dónde carajos estabas?!
— En Asiri, tal vez esperando conocerlas.
Loi nos abrazó a ambas:
— No sé cuántas veces se los he repetido,
pero me da igual: son las mejores amigas de la historia. Han pasado tantas
cosas este año de locos… ¡pero recordar que sucedieron junto a ustedes las hace
tan geniales!
— Ya estás ebria, Loi— se burló Etel
cariñosamente—. Vengan a visitarme. ¡No se olviden de mí cuando estén en
Libiak!
— ¡Claro que no! — Y tuve que cerrar los
ojos porque todo empezó a girar de manera muy chistosa: maldito Maquiavelo, no he tomado nada más que eso y ya siento como si
trajera la cabeza separada del cuerpo —. ¡No vamos a olvidarnos de ti,
Etel! ¡Jamás! — añadí cuando el mareo se detuvo.
— ¡Además, tú también puedes pasar a
vernos allá! Te daré alojamiento y comida gratis: tendré un apartamento a mi
completa disposición así que las reuniones allá están aseguradas. — Etel
aplaudió entusiasmada—. Ya que Bellota rechazó la oferta de vivir conmigo…
— ¡Estarás con Tarek! ¡Iba a sentirme
como una intrusa! — repliqué riendo.
— ¡Esa…! ¡ESA ES…! — gritó Etel de la
nada y Tomas aulló desde el fondo, entusiasmado, porque el casi himno de la clase iniciaba.
El gimnasio entero estalló en un
alarido. La gente empezó a balancearse y a saltar de manera efusiva; cerré los
ojos cuando todos cantaron a toda voz el coro. La emoción, la euforia de
alrededor me descolocó un poco porque sentí como si una ola inmensa me
impactara.
Abrí los ojos de golpe y después algo
muy curioso sucedió:
La gente bailaba, gritaba, algunos se
abrazaban con cariño, otros más allá lloraban y reían al mismo tiempo. Tomas
apareció y nos abrazó con fuerza a Loi, a Etel y a mí, y cuando observé por
encima de su hombro me sorprendió ver miles de hilos de colores intensos
saliendo de cada ser humano presente.
¿Qué es eso?
«Son
sentimientos. Es un desenfreno de sentimientos»
Todo pareció ir en cámara lenta, y por unos
poquísimos segundos sentí como si hubiera abandonado mi cuerpo y observara todo
desde arriba. Los hilos subían torciéndose en ondas sinuosas y de repente seres
increíblemente hermosos aparecieron, flotando alrededor, para aspirar cada uno
de ellos.
No sé cómo, pero sabía con exactitud de
quiénes se trataban: ángeles…
Eran ángeles alimentándose de
emociones; y en ese momento algunos abrieron los ojos. Miles de ojos violeta
destellante se clavaron en mí, que no sé cómo he llegado a estar aquí, en lo
más alto del gimnasio.
Y de repente las hermosas figuras
agacharon la cabeza al mismo tiempo…
…y se postraron ante mí.
— Única
entre únicas —
oí.
— ¿Qué…?
— ¡Sisa! — Volví en mí con brusquedad:
Loi y Etel me observaban curiosas. Elevé una mano solo para comprobar que
estaba en mi cuerpo nuevamente —. ¿Qué te pasa?
— Yo…creo que necesito algo de aire —
respondí algo aturdida.
— ¡Te dije que no debían beber mucho! —
le espetó Tomas a Loi.
— ¡Aysh, es la última fiesta en la
escuela, Tomas! ¡No jodas!
— Estoy bien — aseguré restándole
importancia—, ahora regreso.
Pasé entre la multitud tratando de que
las luces de colores no me marearan demasiado. Algunos chicos de mi sección me
reconocieron y me tomaron en brazos, igual que a Loi hace un rato. No pude
evitar reír con ellos y después gritar cuando empezaron un vaivén de subida y
bajada que, si calculaban mal, terminaría conmigo en el piso.
Pude escabullirme cuando apareció otro
chico fichado como la siguiente víctima.
Pensé en ir a los sanitarios del
gimnasio porque los hilos de colores, las figuras hermosas, las voces, la
música, todo estaba entremezclándose en mi cabeza y tenía que poner un orden o
terminaría desplomada en algún lado.
Salí por el pasillo que conducía a los
salones y reconocí al profesor Ademar sentado en una banqueta y con un libro en
la mano (supuse que ya habían cambiado de turno porque hace un rato la que
estaba cuidando el pasillo era la señorita Queta).
Ojalá me deje pasar de frente o en el
mejor de los casos no me vea...
— ¿Mmm? — Me detuve ya para doblar por el
siguiente pasillo porque había pasado casi en frente del profesor y ni siquiera
había elevado la mirada. Lo miré confundida, esperando que dijera “Daquel, ¿a
dónde vas?”, pero siguió leyendo como si yo no estuviera allí.
Tal vez pasé en demasiado silencio… Bueno,
mejor así.
Me adentré en el siguiente pasillo, la
música empezaba a menguar y la única luz que iluminaba era la que despedían las
estrellas. Avancé unos cuantos pasos más y llegué a la cancha de fútbol, ya en
las afueras.
El viento pasó y me rozó los brazos
desnudos: en cierto modo fue un alivio porque me confirmó que esa especie de
desmaterialización que había sentido hace un rato ya no estaba. Probablemente
había sido por lo del horrible Maquiavelo y el vaso de ponche que me había
bebido.
Me senté sobre la acera, junto a los
casilleros para los del equipo de fútbol: el cielo está completamente despejado,
y parece que alguien le hubiera dado una gran mordida a la luna porque le falta
un buen pedazo.
¿Qué estará haciendo Alen? Diría que durmiendo,
pero ya sé que las veces en las que no se queda en mi habitación, aprovecha
para escabullirse a la biblioteca. Una vez me dijo que mientras no le quitaran
el poder para transportarse quería conocer todas las bibliotecas de la ciudad.
Parecía un niño hablando del nuevo juguete
que acababa de recibir.
»— ¿Por qué no lo habré hecho antes? — me
comentó reflexivamente—. Ustedes tienen cosas muy interesantes en sus tratados.
Ya sabía que le gustaba leer, pero como
ahora tiene más tiempo creo que el hobby ha pasado a transformarse en una
especie de obsesión crónica.
Sentía la sonrisa boba apareciendo en
mi rostro: ¿cómo es posible que solo pensando en una persona todo parezca
ponerse tan bonito?
Aproveché que no había nadie alrededor
y llegué a la entrada sin puertas del edificio de las aulas de secundaria: es
la primera vez que camino en medio de tanto silencio. Corrió algo de viento y
como no había puertas que lo detuvieran se me erizó la piel: ¿por qué hace
tanto frío?
»
Lo lamento; por esta noche trataré de no tocarla demasiado.
¿Qué?
Me detuve y giré en todas las
direcciones: no hay nadie alrededor. ¿De dónde vino el susurro?
— Ya, no pasa nada. Estás imaginando
cosas. — Como vi el destello de una luz encendida en el segundo piso, crucé el
enorme pasadizo y doblé para subir por las escaleras.
Aquí también todos los salones estaban
cerrados, excepto uno del que provenía la luz. Sonará extraño, pero deseé encontrarme
con algún maestro que me obligara a retornar con él al gimnasio porque no quería
volver sola.
Iba a dar un paso hacia allá, pero esa
luz también se apagó y me quedé ahí, en medio del pasadizo y solo con la luz de
las estrellas que se colaban por las ventanas. Y no fue el mejor momento, pero
sí…pensé en Durand y en Gabriel.
Estaba lista para llamar a Samin,
cuando de repente reconocí la figura que salió del salón gracias a la luz de
los exteriores. Gracias, dios; alguien
conocido.
Se sorprendió un poco al verme y
después frunció el ceño:
— ¿Tú apagaste la luz? — me espetó Zara
Lagares con fastidio. Negué con la cabeza—: ¿No deberías estar allá, en el
gimnasio, bailando con todos tus amigos y sintiéndote la chica más feliz del
mundo?
— Quería…algo de espacio.
— ¿Espacio? — No comprendí su tono irónico—.
¿Tantos chicos tratando de llamar tu atención te han agotado un poco?
— ¿Disculpa? — lancé disgustada.
Iba a exigirle una muy buena explicación,
pero parpadeó, como si reaccionara de sus propias palabras, y después sonó muy
avergonzada.
— Yo…no sé por qué dije eso. — Parecía
disgustada por tener que disculparse—. Estaba pensando en otras cosas y… en
fin.
Se acomodó un mechón de cabello,
incómoda, y pasó de largo rumbo a las escaleras: la observé perderse por ellas.
¿Pero
qué le pasa a esa chica?
Casi a modo de reflejo avancé hasta el
salón en el que ella había estado hace un momento. Todo estaba en completa
normalidad. Escuché un par de pasos; me acerqué a la ventana cerca a la última
columna de carpetas y cuando me asomé la vi caminando presurosa.
Loi y Etel tienen razón: Zara a veces
es un tanto extraña.
Me quedé ahí, apoyada sobre el alféizar
y observando lo enorme que se veía la cancha de fútbol desde aquí. Noté que, en
la parte posterior, sobre uno de los armarios en los que se guardaban los
materiales de clase, estaba la maceta con la plantita que se nos daba a todas
las secciones. La que teníamos en nuestro salón estaba tan bien cuidada que a
veces Tomas se encargaba de cortarle algunas ramitas porque crecía demasiado
rápido; la de aquí, en cambio, estaba tan seca que parecía que alguien hubiera
clavado a posta un palo en medio de la tierra.
Iba a tomarla para llevarla al
sanitario y ponerle algo de agua, cuando noté la hoja de papel que reposaba
sobre una de las carpetas finales.
Me acerqué y entonces el corazón empezó
a palpitarme con fuerza, porque ahí, escrito con lo que parecía ser tiza,
estaba el nombre:
Albania
Retrocedí tan bruscamente que impacté
contra una de las carpetas, perdí el equilibrio y terminé sentada sobre el
suelo. ¿Qué…? ¿Acaso Zara…?
Traté de regular mi respiración, pero
antes de que pudiera ponerme de pie para tranquilizarme y pensar con calma…
…el salón se iluminó como si el sol
hubiera salido repentinamente, y las carpetas se desvanecieron, una a una.
— ¡No! — supliqué; pero ya no estaba en
la escuela. Ahora estaba en medio de la misma habitación amoblada que solía ver
antes: la cama con doseles, los inmensos ventanales con cortinas vaporosas…
No,
ya no. ¡Ya no!
Oí risas, la puerta se abrió
bruscamente y una joven de largo cabello ondeado se recargó en ella después de
cerrarla con fuerza.
— Albania — murmuré a pesar de no poder verla
directamente.
Se quedó ahí, apoyada en la puerta y
sonriendo como si cada bocanada de aire fuera el manjar más exquisito. Se
mordió los labios en un gesto juguetón, y después giró solo para cerrar la
puerta con llave.
Traté de comprender la situación, pero
en ese momento él apareció a su lado.
— Alen. — Una sonrisa llena de sinceridad
surcó su rostro y en ese momento ella,
Albania, se acercó con tanto ímpetu a él que por un momento sentí como si sus
cuerpos se hubieran soldado por el impacto.
Traté de observar a otro lado, pero
girara a donde girara, todo lo que mis ojos veían era a ella acariciando su
rostro y después besándolo en medio de sonrisas y miradas llenas de algo tan
intenso que me sentí completamente vulnerada.
»
¿Hoy no era la fiesta de bienvenida para el nieto de los esposos…?
»
Pero será entrada la noche —
lo interrumpió atrapando su labio inferior. Sé que era estúpido sentir todo
esto que sentía, pero verla tan compenetrada con él, hablarle con tanta
cercanía, besarlo, tocarlo, me
provocaban…
Tristeza…aversión… Celos.
Noto la forma en la que ella se mueve,
cómo su cabello se tuerce en cada movimiento. La sonrisa encantadora que
emplea, la delicadeza de sus dedos, la suavidad de su voz y entonces comprendo
algo: Albania Formerio era una chica preciosa, y parte de su encanto recaía en
saber con exactitud lo hermosa que era y el efecto que producía en los demás.
Y no sé cómo, pero estoy casi segura de
que ella amaba ser así de alabada por muchos…pero sobre todo le fascinaba
desplegar toda su belleza en frente de
él.
»
Nuna vendrá a buscarte para que te prepares para la celebración. Y Nanael
podría…
»
Nanael nada — le
respondió aferrándose a sus hombros, pegando su pecho al de él… Cerré los ojos
con fuerza—. Neprobojan devor — susurró;
entonces contemplé sorprendida que algo semejante a enormes paredes
translúcidas recubrieron todo. Como una enorme caja de cristal.
Era una barrera. No sé cómo, pero sé
que había invocado una barrera.
Alen… No, no mi Alen; el Alen de aquel
tiempo abrió los ojos, sorprendido:
»
¿Esto es lo que siempre hacías? — Ella asintió. Noté cierta preocupación en él—. Albania, ¿de dónde aprendiste esto?
»
¿Aprender? — le
respondió en tono risueño—. Yo no
aprendo… yo “creo”.
— ¡Ah! — Abrí los ojos con fuerza y me
encontré nuevamente en el aula de clases, a oscuras. Me cubrí el rostro con las
manos, completamente consternada.
¡Ya basta! ¡No quiero saber nada de
Albania! ¡Ya no más! ¡Ya no más!
Eso es absurdo
¿Qué…?
Observé alrededor, esperando encontrar
a la dueña de la voz. Me puse de pie con dificultad; noté con algo de horror
que todas las carpetas estaban volcadas.
No puedes renegar de algo que viene de
adentro
— ¡Basta!
Es MI mente y solo YO la controlo.
…no puedes renegar de ti
—
¡No!
¡NO!
Basta ya de tantas visiones sin
sentido. ¡Albania no tiene nada que ver conmigo! ¡Yo no soy Albania! ¡YO NO SOY
ALBANIA!
—
¡Sisa!
— oí, y luché cuando sentí el par de brazos tratando de contenerme.
¡Nadie puede tocarme! ¡Nadie puede
intentar capturarme…!
Porque soy el viento
—
¡Suéltame!
¡No me toques!
—
¡Soy
yo! ¡Soy yo! — bramaron. Reconocí la calidez rodeándome por completo y al
segundo me aferré a la enorme paz y tranquilidad que hallé en él. Sentí sus
brazos estrecharme casi de manera protectora y después la suavidad de un beso
sobre mi cabello —. Tranquila, soy yo. Solo soy yo.
Alen…
Escondí el rostro en su pecho y después
cerré los ojos. Las imágenes iban y venían, una tras otra: ondas, sonrisas, besos…
Albania.
—
¿Qué
sucedió? — me preguntó y cuando elevé la mirada y me encontré con sus ojos
llenos de preocupación, algo se liberó.
Mírame.
Mírame
como la mirabas a ella.
—
¿Sisa?
Porque
ahora eres mío.
— ¿Qué suced…?
No escuché más porque lo besé con tanto
arrebato que casi pude sentir la enorme confusión en su interior. Quién sabe
por qué empecé a ver algo semejante a rutas de diversos colores, que me
trazaban con exactitud sus emociones y después, con algo de ligera dificultad,
escuché su voz, pero sonando lejana.
« No. No podré
controlarme»
¿Es su mente? ¿Estoy escuchando a su
mente?
Me aferré a sus hombros e
instantáneamente sentí que sus labios empezaron a corresponderme. Sus dedos se
clavaron con fuerza en mi cintura, como tratando de quedarse ahí.
—
Es-espera,
¿qué…? ¿Qué pasó? — me preguntó rompiendo el beso y en medio de un ronco jadeo.
Traía las pupilas dilatadas y la respiración entrecortada. Me pegué todo lo que
pude a su pecho y solo conseguí que tragara despacio.
Sí,
mírame así….
—
Sisa,
¿qué está pasando?
…como
si fuera la vida misma.
—
Tócame
— susurré a su oído, de puntillas. No sé si la confesión fue demasiado
repentina, porque su cuerpo perdió fuerza y cayó hasta recargarse sobre el
armario.
Bajó la mirada y el sol se transformó
en violeta fulgurante.
—
Tócame,
Alen…
»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«
Alen
Supuestamente había venido por Tarek:
misión cumplida. Lo encontré muy feliz bailando con Loi frente a la mirada
llena de incredulidad de su amigo Tomas que se preguntaba cómo habíamos logrado
burlar la seguridad de sus maestros.
Segundos después salí a buscar a Sisa
porque me dijeron que había salido a tomar aire. Planeaba traerla de vuelta
porque al parecer había bebido algo extraño y estaba excesivamente risueña.
Misión
fallida.
La encontré en uno de los salones del
edificio más lejano porque su voz empezó a ser captada por mi sentido auditivo.
Nadie más podría haberla escuchado porque todos estaban bajo la música
estridente del gimnasio. Llegué al segundo piso de manera veloz y la vi, ahí,
gritando como si tuviera una pelea con alguien invisible. Las carpetas estaban
volcadas y cuando me acerqué noté que varios de los fierros estaban doblados.
¿Qué
pasó aquí?
Me acerqué rápidamente cuando vi que empujó
una carpeta con furia, y solo atiné a abrazarla con fuerza en medio de su
desesperación.
Todo estaba bien hasta ahí: le
preguntaría qué había sucedido, si Berith o Nhyna tenían algo que ver…pero no
sé bien en qué momento caímos bajo este beso que empezaba a tornarse peligroso.
No…si seguimos así no podré
controlarme…
—
Es-espera,
¿qué…? ¿Qué pasó? — pregunté alejándome y tratando de poner las cosas en orden.
Pero ella se pegó tanto a mi cuerpo que su pecho chocó contra el mío, y mi lado
más racional empezó a lanzar mensajes de alerta a diestra y siniestra.
Relájate, fue solo un beso…
Un jodido beso que me
ha alterado por completo.
Su cabello estaba completamente alborotado;
los labios ligeramente rojizos, tal vez por la fuerza con la que la había
besado.
¿Qué es esto? ¿Por qué la estoy viendo
más hermosa que nunca?
—
Sisa,
¿qué está pasando?
Me observó por unos segundos, con los
ojos preciosos repletos de serenidad, y después se puso de puntillas para
llegar a mi oído.
—
Tócame
— escuché en un susurro, y todo eso llamado control empezó a estropeárseme.
Cerré los puños con violencia y
retrocedí de manera involuntaria. Felizmente había un mueble atrás, capaz de
soportar mi peso, porque las fuerzas me dejaron.
La observé en silencio, tratando de
ocultar lo difícil que me resultaba respirar.
—
Tócame,
Alen…
Tarek dice que es normal sentir toda
esta avalancha de sensaciones, y creo que tiene razón…
Lo
extraño es que ella tenga tanto poder para doblegarme solo con su voz.
Para cuando quise poner un límite ya
era demasiado tarde, porque mi cuerpo fue más rápido que mi cabeza y no se
molestó en perder tiempo analizando situaciones. Derribó cualquier pensamiento
en contra, y me ordenó sin contemplaciones lanzarme sobre su boca.
La tomé por la cintura y la elevé; el
mueble que me sostuvo a mí tuvo la amabilidad de servirme de apoyo. La senté
sobre él y después de tantas jodidas noches luchando contra mí mismo, me
abalancé sobre su cuello y la piel que no cubría su camiseta. Explorando cada
detalle con los labios.
Estoy casi seguro de que mis ojos deben
haber cambiado de color, porque sentía tanta energía dentro de mí que podría haber
salido volando con ella en brazos.
Sus dedos ingresaron por debajo de mi
camisa, mis manos no resistieron por mucho tiempo, y también subieron con
suavidad, tocando directamente la piel de su cintura. La escuché susurrar mi
nombre, muy cerca a mi oído, y en ese momento miles de sensaciones me atacaron
con violencia. Subí un poco más, y cuando mis dedos se cerraron entorno a uno
de sus pechos, su cuerpo se arqueó en un movimiento tan perfecto que todo mi sistema
nervioso empezó a colapsar.
¿Qué es esto? ¿Está bien? ¿Está mal?
Porque lo único que quiero hacer en este momento es besarla y tocarla por
completo; y si le gusta tanto como me lo dicen sus suspiros, entonces podría
pasarme la vida entera solo haciendo eso.
Elevé la mirada, y me encontré con sus
ojos llenos de algo que nunca había visto con tanta fuerza en ellos:
Deseo… estoy viendo al deseo en
persona.
Estoy viendo a la vida misma…
—
Sisa…—
se inclinó lo suficiente como para besar mi cuello mientras mis manos se
paseaban por sus piernas, y en ese momento oímos miles de gritos proviniendo
del gimnasio. Después, el sonido de una ventana quebrándose. Nos separamos
abruptamente, solo para confirmar que todos los cristales de este salón estaban
intactos: a lo mejor había sido en otro cercano.
El distanciamiento tuvo sus
consecuencias: ella parpadeó, como ubicándose, y después me observó
extremadamente nerviosa. Si hubiera luz, probablemente la vería completamente
ruborizada.
Quiso decir algo, pero me limité a
acercarme y abrazarla con suavidad. Recargó el mentón sobre mi hombro, y
suspiró.
—
¿Qué
pasó? — le pregunté con todo el control que pude. Mi cuerpo aún estaba algo
sensible ante el menor roce posible, pero traté de mantenerme relajado porque
ella se veía sumamente avergonzada.
—
Yo….tuve
una visión…
—
¿Albania?
— tanteé y se encogió junto a mi hombro—. ¿Es eso?
No obtuve más que un largo silencio.
—
¿Qué
viste, Sisa? — pregunté con amabilidad.
—
Alen…tú
realmente estabas enamorado de Albania. — Posó su mejilla sobre la mía y
contemplé sus emociones llenas de temor, ansiedad, tal vez también algo de
envidia.
Otra vez, irrumpiendo sin mi permiso…
Si
hubiera alguna manera de borrarte por completo de mi vida, Albania.
— Entre ustedes había una especie de
conexión que…
— Ya no soy él, Bellota — confirmé con
seguridad.
El que vivió enamorado de Albania no
fui yo. Yo, Alen Forgeso, era otro completamente diferente. Albania era una
etapa superada, una herida cerrada. Sabía que estaba ahí, pero ya no dolía.
— Albania es parte de mi pasado. Ni
siquiera recuerdo bien su rostro ni parte de los momentos que pasamos juntos.
Lo único que tengo en claro, y que ahora es casi nada para mí, es que ella
solía afirmar que yo le pertenecía — agregué restándole importancia —. Nada
más.
— No es así — repuso con seriedad—. No le
perteneces a nadie; eres un ser libre, como cualquiera en el mundo.
Solté una risa ante el peculiar enfado
y después suspiré:
— ¿Ni siquiera tuyo?
El caos en sus emociones se apaciguó.
Sus brazos se entrelazaron con más fuerza alrededor de mi cuello: he notado que
es una costumbre que ha adquirido para confirmar mi presencia.
— Solo si tú quieres — murmuró.
— Voy a querer, Bellota. Siempre voy a
querer.
Esta noche la luna está incompleta:
alguien le ha dado un enorme mordisco.
— En ese caso, yo también dejo de ser un
ser libre…para pertenecerte solo a ti — me dijo con afecto.
— ¿Siempre?
— Siempre.
Ojalá
sea así…
Decidimos regresar al gimnasio a
averiguar el motivo de los gritos eufóricos de hace unos minutos, pero antes de
que saliéramos retornó sorprendida después de darle un vistazo a todo el lugar.
— ¿Qué pasa? — le pregunté con
curiosidad.
— ¡Alen, esta planta estaba completamente
seca!
Observé la maceta con las bonitas
flores blancas y elevé una ceja:
— Bellota, has bebido, ¿verdad?
Me miró llena de indignación:
— ¡¿No me crees?! — Le dije que alguien
tenía que empezar a ponerse límites a pesar de ser mayor de edad, me golpeó a
modo de protesta, y después terminamos corriendo por la enorme cancha de
fútbol, rumbo al gimnasio.
Tengo que hablar con Hethos, tal vez él
sepa por qué las visiones siguen atormentándola.
Y también tengo que hablar conmigo
mismo…
…a ver si así empiezo a dejar de
volverme tan loco solo por besarla.
»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«
Samin
— Realmente estaba bajo siete llaves — se
excusó el chico en el asiento de en frente —. No sé cómo pudieron ingresar al
sistema y… ¡Hay miles de hackers en el mundo, cualquiera pudo haberlo hecho!
— ¡Cualquiera no puede venir a meterse
con nuestro trabajo! — Volteé a ver a Amber que, como parte de mi equipo de
producción, estaba interpretando a la perfección su papel de manager furiosa.
Todos en la larga mesa negaban con la
cabeza, y trataban de encontrarle alguna explicación al supuesto “robo” del
video promocional del nuevo álbum que ni siquiera había terminado de componer.
— Sí, señorita Meulen — aceptó uno de los
hombres presentes. Elevé una ceja ante su voz llena de temor —. Hemos puesto a
trabajar a todo el equipo de informática para que den con el principal
culpable.
Se discutieron las soluciones al
respecto, la producción de un nuevo video promocional, y la reunión se dio por
concluida.
— No sé cómo logras hacer todo eso si los
errantes solo dicen la verdad — comenté cuando quedamos solos los dos.
Resopló, agotada:
— En ningún momento he mentido. Solo he
pedido que encuentren al supuesto hacker que subió el video; nunca dije que no
hubiéramos sido nosotros mismos. — Solté una carcajada ante su lógica. Me
sonrió satisfecha—. Si practicas, esto de ser sincero al completo no resulta
ser una desventaja.
Salimos del edificio en la camioneta
que tenía designada para mi transporte y volvimos a casa: había tenido que
salir de urgencia para la reunión con el equipo de producción que estaba muy
loco por todo esto del supuesto robo del video. En fin, no va a ser ningún tipo
de problema realmente grave porque su objetivo de ganar dinero por montones
sigue intacto.
El asunto es que, para mi buena suerte,
una parte del plan ya estaba resuelta.
— ¿Estás completamente seguro de que solo
ella podrá tocar las partes divididas? — me preguntó Amber contemplando el gran
conjunto de gozos que había redactado en toda la pared.
La semana pasada tuve programada una
entrevista para un programa musical: vinieron aquí y cuando la vieron, pensaron
que era una especie de mural de arte abstracto. De ahí salió el extraño rumor
de que salía con alguien que pintaba.
— No, no estoy seguro — respondí con
sinceridad—. Yo no puedo usar martirios, Amber, así que el que creé solo ha
sido basado en los conocimientos que me has proporcionado. No puedo asegurar si
el Sello de exclusividad se haya activado solo porque Sisa lo pronunció.
— Si estás haciendo todo esto significa
que ya no tienes esperanzas de que encontremos a otro Aliter, ¿verdad, Samin?
— Es solo por las dudas. Siempre se debe
tener una carta más bajo la manga.
Se recargó sobre mi hombro; el color de
sus emociones se apagó violentamente.
— Te has puesto triste.
— Cuando supe lo que sucedería y conocí a
la pequeña Cachorra, por un momento realmente deseé que el tiempo pasara y
llegara ese día. Pero ahora…
— ¿Qué sucede ahora?
— Ahora veo que ella es feliz así, como
está. Con una vida tranquila y normal. Las cosas deberían quedarse así.
— Deberían. — Pero es demasiado sabido
que en la vida no todo lo que “debería ser”, es.
Le di unas palmaditas en la cabeza y
solo conseguí que frunciera el ceño:
— Por eso todos dicen que soy tu mascota.
— Pero serías una linda y amable mascota.
— Me lanzó un golpe en el abdomen que me dejó ligeramente adolorido—. Chica
mala, no cenas hoy.
— ¡Te voy a…! ¡Samin! — Dejó de hablar
abruptamente o a lo mejor yo dejé de escucharla. Mi nombre fue lo único que
llegué a captar antes de que aquella luz intensamente blanca me nublara la
vista y después todos mis sentidos perdieran el eje central.
Me encontré navegando en medio de todas
las imágenes que se me estaban siendo reveladas. Comprendí que toda la
información que poseía sobre el futuro había cambiado un poco, pero lo que más
quería evitar seguía intacto.
Abrí los ojos solo para encontrarme
sobre la cama de mi habitación (que servía más para guardar las apariencias que
para el objetivo principal ya que yo no dormía).
Amber me observaba con los ojos llenos
de preocupación:
— Por todas las creaciones del Todo,
¡pensé que había pasado algo muy malo! — exclamó completamente alterada. Me
reincorporé con algo de dificultad; por la luz que se colaba por la ventana
comprendí que ya era de día.
— ¿Cuánto tiempo…?
— Te desplomaste y quedaste como en
trance por casi doce horas, Samin. ¿Qué pasó?
Resoplé, harto de todo esto.
— Tranquila, ya estoy bien. — Acepté el
vaso de agua que me ofreció y me bebí el líquido de un trago.
Maldita sea; ya tenía suficiente
información para torturarme, ¿por qué demonios me hacían esto?
— ¿Samin?
— Ya no sé qué voy a hacer con todo lo
que tengo aquí adentro, Amber.
Lo único bueno de todo esto era que ya
era hora: ya podría pasar a verlo.
Porque ella estaba a punto de llegar.
»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«
Alen
Salí del sanitario ya cambiado, pero
con el cabello húmedo y me lancé sobre el sofá a continuar con mi lectura.
Me pregunto cómo estará Sisa. El
hermano mayor de Loi había venido a recogerlas de la fiesta de despedida; y
Tarek y yo retornamos a casa minutos antes porque no éramos invitados oficiales
y sería difícil explicar nuestra presencia a una persona completamente sobria.
Pensé que se sentiría algo agotado,
como yo, pero él planeaba continuar con su mini celebración al regresar a casa y
así lo hizo. Yo no aguanté y me fui a la cama: esto del sueño humano empezaba a
ser un tanto fastidioso.
— Hethos no está— anunció Tarek
apareciendo junto a mí. Le había pedido hace unos minutos que fuera a verificar
porque intenté hacerlo por mi propia cuenta, pero no podía transportarme—. La
tienda está bajo un salmo de camuflaje y no siento su presencia por ningún
lado.
— Ya veo. Gracias, Tarek.
— Tal vez sea también parte del proceso,
¿no crees? Digo, así como tú poco a poco estás perdiendo ciertas capacidades
sensoriales, a lo mejor Bellota también poco a poco va a perder las visiones
sobre Albania. No te preocupes demasiado.
Sí, eso suena lógico. Además, era la
primera vez que Sisa me contaba de alguna visión después de mucho tiempo.
— Bueno, tengo que ir por la princesa.
Tiene ensayo con Inés y me muero de ganas por ver la cara con la que va a ir.
Debe estar con una resaaaaca — comentó divertido —. Por cierto, más tarde iré a
lo de Naina, así que le dices que me pasaré por ahí.
Hoy era el último recital de ballet de
los de la sección infantil. Pasaría por Sisa a eso de las cinco para ir juntos
porque Naina había insistido en que acudiera como la última vez.
Vaya, había sido hace tantos meses
atrás. El tiempo está corriendo velozmente.
Tarek se despidió y volví a quedarme a
solas. Tal vez en un rato vaya a lo de Hethos: me tiene un tanto inquieto lo de
que no quiera hablar conmigo.
Me quedé sentado en el balcón leyendo
en silencio. Estaba por acabar el libro cuando de pronto las letras empezaron a
verse un poco difusas.
— Ya, genial, ¿así que esto de quedarme
dormido va a ser muy seguido? — Traté de enfocarme en la lectura, pero los ojos
me pesaban tanto que el intervalo de parpadeos se hacía cada vez más extenso.
Eso llamado somnolencia se presentó como una cómoda oscuridad
desplegando sus brazos para atraparme, pero en ese momento las cortinas se
azotaron con fuerza entre sí por una brusca ráfaga de viento. Me puse de pie,
dispuesto a cerrar la puerta corrediza que conducía hacia el balcón, pero otra
fuerte ráfaga sopló y entonces lo sentí.
Imposible.
¿Qué es esto? ¿Esencia de ángel y
demonio a la vez? ¿Qué clase de presencia es esta?
Giré violentamente: a lo mejor era
Berith, Nhyna o el propio Heth…
— ¿Q-qué…? — Me quedé ahí, como una
estatua, porque el par de ojos preciosos
me observaban fijamente.
No…
El viento mecía el largo cabello sujeto
en una coleta alta; y algo semejante a una ballesta colgaba de su hombro
derecho.
¿Qué es esto?
Lo que estaba viendo era completamente
inverosímil. ¿Qué hacía aquí? ¿Y vestida de esa forma? Debería estar en casa.
— ¿Sisa? — balbuceé sin comprender—. ¿Qué…?
¿Qué estás…?
Me quedé mudo cuando apareció a unos
centímetros de mi rostro. Traté de retroceder, el libro se deslizó de mis
dedos; pero cuando elevó la mano hasta posarla sobre mi mejilla algo interno me
detuvo.
¿Quién…?
— Olor a estrellas… a sol…— susurró. Pensé que al oírla
comprobaría que no se trataba de ella, pero todo empeoró porque era su voz.
¡Realmente era su voz!
La única diferencia era que el cabello
lo traía liso, casi llegándole a la cintura a pesar de estar sujeto, y sus ojos
habían perdido algo que no supe identificar.
Ayer no estaba así, ¿quién…? ¿Quién es?
Era como si fuera ella, pero a la
vez fuera otra.
Un nombre retumbó con fuerza en mi
cabeza, sin ninguna explicación lógica:
Albania.
Me quedé ahí, como un completo idiota
sin saber qué hacer. Bajó los dedos, como para tocar mis labios, pero antes de
que lo hiciera desvió la mirada, como alertando la llegada de alguien más, y
desapareció en forma de mancha borros…
¡POM!
— ¡Ah! — Abrí los ojos de golpe; me puse
de pie completamente alterado. Las cortinas seguían ondeando con suavidad por
el viento y a mis pies reposaba el libro que hace unos minutos tenía en las
manos: el golpe sordo había sido porque lo había soltado.
¿Un
sueño?
¿Quién era esa chica? Se veía como
Sisa, pero a la vez parecía otra.
La chica del cabello avellana liso,
sumamente largo y con una ballesta colgando del hombro, con los ojos de Sisa
pero con una esencia diferente ¿habría sido un sueño?
Por
supuesto. Sí,
definitivamente sí: no hay manera de que existan dos Sisas en este mundo. Una
con esencia de humana y otra con esencia de
ángel y demonio a la vez. Sonaba completamente absurdo…pero se había sentido tan
real.
Me puse de pie con la intención de
salir a buscarla rápidamente…
— Es momento de que hablemos, Alen.
…pero una voz me detuvo.
— ¿Qué…?
Giré lentamente ante el tono conocido.
Y cuando estuve frente al sujeto de los piercings y el cabello rosa, todo
volvió a mí de golpe.
Me observó en silencio y después dio un
paso que me obligó a retroceder casi de manera involuntaria.
— Sabes quién soy, ¿verdad?
Lo contemplé sin saber si lo que sentía
era sorpresa, alegría, tristeza…
— Nanael— murmuré. Sus ojos brillaron; se
tornaron violeta.
…a lo mejor era pavor.
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