Noches de insomnio | Capítulo 23: Noche XXIII

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Capítulo 23 | NOCHE XXIII



 

 

Sisa

 

  ¡Bellota! — exclamaron Etel y Loi cuando aparecí en la puerta del salón. Las saludé con la mano, y cuando estaba por ingresar uno de mis compañeros se puso de pie como si lo hubieran picado con una aguja.

  ¡ACABAN DE FILTRAR UN VIDEO DE JOBEY EN INTERNET! — gritó con su celular en mano, y tuve que encogerme porque todos los chicos que estaban detrás de mí entraron como si fueran una manada de elefantes sin control—. ¡Dicen que un hacker lo robó de la base de datos de la productora!

¡¿Quéééée?! — exclamó Tomas que también estaba atrás y me empujó por la mochila rumbo a la carpeta de Loi que con mucha eficiencia ya había encendido su laptop.

¡Pásame la dirección! — gritó ella desesperada.

¡¿Qué creen que sea?! ¡¿Un nuevo MV?!

Pero si se ha “filtrado” significa que su equipo no ha aprobado que suban el video, ¿verdad? — puntualizó Etel.

¿No será algún video con su novia pintora? — Elevé una ceja ante las palabras de Tomas; Loi hizo un gesto de dolor—. En la revista que salió la semana pasada decían que salía con alguien que pintab…

¡Cállate, Tomas! ¡Nadie merece a JOBEY!

¡NO CARGAAAAA!

Loi golpeó la carpeta con furia ante el ícono de cargando.

Me dio algo de gracia toda la escena. A veces olvido lo famoso que es Samin: me pregunto cuántas personas en el mundo estarán igual.

¡Se demora en cargar! ¡No puedo ver nada!

¡Desconéctense todos para que la línea de Internet de la escuela no esté saturada! — bramó Tomas con voz de mando. Varios asintieron y se acercaron para ver el video desde la laptop de Loi.

El círculo de bolitas que indicaba el avance estuvo casi lleno.

¿Preparados? — preguntó Loi con voz solemne; pero antes de que pudiera decir algo más, Etel apretó el botón de play—. ¡Oye, estaba asimilándolo!

¡Shhh, ya empezó!

Me acomodé entre Etel y Tomas: la pantalla seguía completamente negra, pero de repente una pista con cortes de electrónica inició. Era una canción nueva.

Oí algunos chillidos ahogados.

En medio de la pantalla oscura aparecieron algunas luces de colores que formaban figuras geométricas; y después varias palabras y números en diferentes sentidos y direcciones aparecían y desaparecían acompañando el sonido.

¿Qué dice? — preguntó Etel—. Vida, recuerdos, ¿nueve?

Todos cuchicheaban diciendo lo genial que sonaba la pista. Entre las palabras que logré identificar vi olvido, muerte, sello, dos, nueve, recolección, tres y vida, que se repetía constantemente.

»— Por cierto, si mañana recibieras algún tipo de noticia con respecto a mí, trata de transmitírsela a Alen.

Recordé bruscamente las palabras de Samin en medio de la pista musical. Las palabras que brotaban de todos lados ahora circulaban formando algo que parecía ser un par de alas batiéndose.

Es un mensaje: ¡un mensaje para Alen!

Loi soltó un grito porque en ese momento Samin apareció de espaldas, animando un concierto con una postura majestuosa. La música subió de intensidad solo para llegar a un punto en el que todo se detuvo, la imagen se iluminó por completo hasta convertirse en un fondo blanco y el paso de un solitario violín llenó todo.

Era un solo de violín eléctrico y sonaba perfecto.

¿Qué es, Samin? ¿Qué estás tratando de decir?

¿Va a volver a usar música clásica? — preguntó alguien.

¡Cállenseee! — ordenó Loi.

La pantalla volvió a oscurecerse y una frase apareció:

 

Nadie reta a la muerte

De hacerlo, recolectaré tus recuerdos

 

 

Las letras se desvanecieron, solo para que un título apareciera en medio:

 

 

REDENCIÓN

 

 

El solo de violín reapareció para finalizar la melodía. El video acabó y todos soltaron gritos emocionados.

¿Qué ha sido eso? ¿Era el mensaje del que me habló ayer?

Loi, ¿puedes descargar el video? — le pedí algo desconcertada: tal vez debía mostrárselo a Alen.

¡Sí, ahora lo hago! Está estupendo, ¿verdad? ¡Me encanta que JOBEY use conceptos tan extraños para su música!

Me senté junto a ella, pero de repente alguien gritó al costado:

¡Acaban de borrarlo!

¡¿Qué cosa?! — profirieron Loi y Tomas. La vi actualizar la página y tratar de abrir el video, pero salía como “no encontrado” —. ¡Ay, no!

Era obvio — acotó Etel —. Si habían “filtrado” el video la productora tenía que poner manos a la obra.

No, no era eso.

Probablemente ese “algo” que siempre había impedido que los mensajes de Samin se transmitieran había intervenido ante mi intención de mostrárselo a Alen.

Saqué mi cuaderno y apunté velozmente todo lo que había visto. Las palabras sueltas y después el mensaje de “nadie reta a la muerte; de hacerlo, recolectaré tus recuerdos”.

¿Qué significaba eso?

Sí, ya lo borraron. Una página web ha hablado al respecto —resopló Loi fastidiada.

Me acerqué a la pantalla y seguí con la vista su lectura en voz alta para todo el salón:

 

Un usuario anónimo colgó desde una cuenta recién creada en una famosa página de videos, lo que parecería ser el tráiler promocional que el equipo del DJ Samin Nerses, más conocido como JOBEY, habría estado planeando lanzar en fechas posteriores. El video evidentemente anuncia el nuevo álbum del artista que probablemente llevaría el nombre de REDENCIÓN y que, parece, contará con un concepto definido que relacione todas sus canciones como en sus anteriores trabajos. La fecha de lanzamiento estaría programada para el próximo año, y los números que se han podido apreciar en él sugerirían que sería en Febrero, Marzo o Setiembre (2, 3, 9).

Se cree que el video fue obtenido por un hacker o lanzado a posta para crear expectativa en la fanaticada a pesar de que la fecha de lanzamiento sería todavía en varios meses.

De ser así, nadie podría negar que el equipo de marketing con el que cuenta el artista sabe cómo emplear sus estrategias.

 

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Tomas se dejó caer con desgano sobre su carpeta:

Qué crueles. ¡Falta tanto para tener ese álbum! — se lamentó —. Es obvio que hackearon el video.

Yo también creo que lo robaron — aprobó Loi.

Yo creo que es estrategia publicitaria — dijo uno atrás y se ganó la mejor mirada de desprecio de todos—. Digo, ahora todo el mundo va a estar esperando ese álbum a pesar de que falten meses y meses para lanzarlo.

Bueno, sea ese el caso o no igual el álbum parece bueno — apuntó Etel y varios asintieron.

La señorita Queta apareció por la puerta y se sorprendió al encontrarnos a todos dialogando con tranquilidad. Cuando oyó que era un debate sobre JOBEY, dijo que mejor no le hubiéramos dicho nada.

Observé los trazos en mi cuaderno y mientras los chicos seguían charlando sobre lo genial que se veía el nuevo álbum, aproveché para repasar las palabras con mi marcador; temiendo que pudieran ser borradas.

Redención…

¿Ahora sí puedo preguntar qué es eso de la “despedida”? — lancé cuando la campana de salida sonó estridentemente en toda la escuela. La mañana se había pasado volando.

El director acababa de salir del aula después de entregarnos unas citaciones que debíamos traer firmadas por nuestros padres o tutores para mañana, si es que íbamos a asistir a la famosa “Despedida” de la que yo solo sabía que se llevaría a cabo este viernes.

Es una tradición de la escuela, Bellota — me respondió Loi—. Yo tampoco supe de ella hasta que nos tocó organizarla el año pasado.

¿Mmm?

La Despedida es una fiesta organizada por todas las secciones de quinto año para todas las secciones de bachillerato — me explicó Etel emocionada—. La fiesta la hacen aquí, en el gimnasio de la escuela. El año pasado hicimos una fiesta increíble y como el señor Amira colaboró con la zona de bar, todos terminaron algo pasados de copas. Es por eso que siempre se envían citaciones pidiendo las autorizaciones firmadas por los padres de los estudiantes que sean menores de edad y asistan. Mis padres ya están al tanto así que la firmarán sin problemas. Todos van a ir, ¿verdad?

Me hubiera gustado llevar a Tarek — comentó Loi. El director y la señorita Queta habían sido muy explícitos con lo de que el ingreso sería exclusivamente para estudiantes de la escuela, así que cualquier intento de traer a algún amigo sería en vano—. Pero igual voy, ¡nunca más tendremos una despedida de bachillerato!

Yo tendré que hablar con mis padres — resopló Tomas decaído—. Cuando le hicieron la despedida a mi hermano volvió a casa hecho un asco. Aún recuerdo a mi madre diciendo “¡pero cuando Tommy esté en bachillerato, no lo dejaremos ir!” — añadió con voz aguda.

Bueno, yo soy mayor de edad, pero igual tendré que avisarle a Gisell a dónde voy ese día. Ojalá me dé permiso.

Cuando todos empezaron a despejar el aula, Loi gritó:

¡Chicos, no olviden que toda esta semana hay promoción en la Abuela Bona! ¡Los mejores pasteles y postres los encuentran allá!

Salimos de la escuela y Tomas se despidió porque tenía clases de reforzamiento todas las tardes desde la semana pasada. Su examen de acceso a la Universidad Principal de Lirau sería a finales de diciembre así que se había tomado muy en serio lo de obtener una de las vacantes para la modalidad de Deportistas destacados, en la que había sido inscrito por la misma escuela.

Etel detuvo un taxi porque le habíamos prometido a Copo de nieve que ayudaríamos en la pastelería desde las tres en punto, y nos habíamos demorado en salir por todo el jolgorio a causa de la Despedida del sábado.

La semana pasada estuvimos acompañando a Tarek y a Alen en sus turnos usuales en la Abuela Bona; y nos enteramos por Copo de nieve y todo el escuadrón que esta semana se cumplirían cinco años de la inauguración de la pastelería y estaban pensando cómo celebrarlo. Cuando Loi sugirió lo de la semana de descuentos en todos los productos de la pastelería, más algo de música en vivo (o sea el violín y yo), Copo de nieve se vio tan contenta que no pude negarme.

Era por eso que las tres nos habíamos comprometido toda esta semana a ayudar en todo lo que se pudiera.

Por Dios, ¿qué está pasando allá adentro? — exclamó Etel observando por la ventana. Me incliné junto a ella y entonces comprobé que la pastelería estaba tan llena que hasta había cola para ingresar.

¡Madre mía, hay demasiadas personas! Pensé tocar para un grupo pequeño, ¡no para tantos!

Ya, Bellota. Tienes que aprender a controlar el pánico escénico porque para el examen hay quince jurados — puntualizó Loi.

Tragué despacio: ya había tocado frente a cierto grupo de personas en la renovación de votos de los abuelos de Marcus, pero esa vez tenía la secreta seguridad que te proporciona hacerlo frente a personas con las que ya has ensayado y conoces un poco. Pero ahora…

Bajamos del taxi y cuando nos acercamos a la puerta, vi el letrero que Etel había diseñado: “Tarde de pasteles y violines por el aniversario de La abuela Bona, toda la semana” (habíamos pegado algunos en los murales de la escuela). Pasamos junto a un grupo de chicas de secundaria que cuchicheaban sobre los bonitos diseños de los pasteles del mostrador, y lo guapos que se veían los que entregaban los pedidos.

¿Has visto al del cabestrillo? ¡Se ve tan simpático que me dan ganas de preguntarle si él también está en venta!

Loi elevó una ceja; Etel y yo soltamos una risita.

¡Y el de cabello marrón se ve muy amable! ¡Mira, mira! ¡Está sonriendo! ¡Qué guapo se ve!

¡Ay, no! Se está yendo para la cocina. Ojalá vuelva y nos atienda cuando nos toque.

¡Sí, sí!

Jajajaja, no sabía que tenías una mirada de criminal escondida bajo esa apariencia de amable Bellota — me lanzó Etel soltando varias carcajadas que ahora Loi también acompañó.

Fruncí el ceño: malévolo alter ego posesivo que sale sin mi consentimiento.

Cruzamos el umbral: algunas personas charlaban y degustaban sus pasteles en las mesas y en la pequeña barrita empotrada en una de las paredes; otras esperaban sus pedidos para llevar. El ambiente resultaba muy acogedor en medio de todo el aroma a pasteles recién salidos y chocolate caliente.

¡Mis niñas preciosas! — nos recibió Copo de nieve con emoción y con un beso para cada una—. ¡Loi querida, tenías razón! Con los descuentos y los carteles de promoción que pusieron en la entrada conseguimos toda esta cantidad de clientes. Ojalá los próximos días siga igual.

Y cuando Sisa empiece a tocar el violín, verá que el ambiente va a ponerse mucho mejor.

Ojalá que no me equivoque con las canciones.

¡Actitud, Bellota! No dudes de tu capacidad — me reprochó empujándome de lado.

¡Princesa! — oímos al lado. Tarek estaba pasando a dejar el pedido de una de las mesas y aprovechó para saludarnos. Copo de nieve nos dijo que podíamos dejar nuestras cosas en la parte de adentro, por la cocina, y cuando ingresamos lo vi.

Estaba ayudando a rebanar algunos pasteles. Me quedé unos minutos observando cómo realizaba la tarea cuidadosamente y a la vez charlaba amenamente con las señoras del escuadrón. Y cuando lo vi reír animado, sentí que las mariposas empezaron a dispersarse sin control en mi estómago.

Cierra la boca, preciosa o va a darse cuenta de lo mucho que te gusta — me dijo Copo de nieve en tono afectuoso. Solté una risa, algo apenada, y en ese momento Alen elevó la mirada y me sonrió tan alegremente que, si me hubieran pedido que volara, a lo mejor me salían un par de alas y lo hacía.

Loi y Etel pasaron junto a mí y lo saludaron animadas, para después pasar a cambiarse

¿Aún quieres tocar el violín? — me preguntó Copo de nieve con amabilidad.

¿Eh? ¡Sí, claro que sí! Es solo que estoy algo nerviosa y…espero no arruinarlo.

Tu violín es incapaz de arruinar algo, Sisa — me dijo él acercándose.

La sonrisa de boba apareció automáticamente en mi rostro: ojalá no hubiera tanta gente, así podría besarlo.

Ya, ustedes dos: ¿dejan las escenas de tórtolos y nos dan una mano? — lanzó Loi burlonamente y con el uniforme de la pastelería ya puesto. Etel apareció en las mismas condiciones.

Y cuando dice “una mano”, habla en serio. O por lo menos sí en mi caso— añadió Tarek corriendo la cortina que separaba el mostrador con el interior de la cocina.

Pasé a cambiarme a la pequeña habitación de la esquina, y minutos más tarde estaba ya afuera, tomando una gran bocanada de aire para iniciar con la “práctica intensiva para eliminar el pánico escénico” propuesta por Loi.

Alen salió a ayudar a Tarek mientras Loi y Etel apoyaban en la cocina. Me sonrió como para darme confianza y pasé el arco con suavidad.

Toqué varias canciones seguidas: no podía dejar de sonreír cuando lo veía mover la cabeza siguiendo la melodía mientras entregaba los pedidos junto a Tarek. De tanto en tanto Loi y Etel salían a hacerme gestos de apoyo desde la cocina.

Bajé el violín cuando sentí que necesitaba algo de descanso para los brazos, y en ese momento oí varias palmadas que poco a poco se transformaron en aplausos.

¡Qué bien tocas, hija! — me dijo un señor de edad desde una de las mesas de atrás y algo inmenso me llenó el pecho.

Tragué despacio cuando vi las enormes sonrisas que me regalaron cada uno de los clientes, incluidos algunos de los que esperaban ingresar. Y cuando oí a una mujer preguntarle a Copo de nieve si mañana también habría violín en vivo, solo para decir que entonces vendría toda la semana, lo comprendí por completo:

Realmente quiero ingresar a Gaib Art; pero de no hacerlo, tendré que encontrar maneras de continuar con esto porque ya sé lo que quiero hacer durante toda mi vida.

Música…

Lo que yo realmente quiero hacer es música.

¿Siempre? — me preguntó Alen más tarde, cuando salimos de lo de Copo de nieve y dejamos a Etel en su casa—. ¿Quieres hacer música por siempre?

Por todo lo que dure mi vida.

Sentí sus dedos entrelazándose con los míos y después sus labios tocando mi frente:

Vas a ingresar, Bellota. De eso no tengo duda.

Llegamos hasta la casa en la que solíamos despedirnos para que Gisell o Corín no nos vieran llegar juntos. Me pasó el estuche del violín y después me besó con suavidad. Estaba por irse rumbo a la casa de Marissa y Santiago, no sin antes prometer que trataría de venir a mi habitación más tarde si aún había forma de transportarse, cuando recordé que tenía algo importante que decirle:

Hoy por la mañana se filtró un video nuevo de JOBEY — dije sacando el cuaderno en el que había apuntado todo.

¿JOBEY? ¿El DJ que tanto le gusta a Loi y a tu amigo Tomas?

Síp, y quería que vieras algo que apunté aquí porque…bu-bueno, porque me pareció interesante y…

Me observó con curiosidad, pero gracias a dios no hizo más preguntas al respecto. Le pasé mi cuaderno y lo inspeccionó con atención.

¿Mmm? ¿Quieres que…?

Ehhh, no sé… ¿Qué opinas? — Ok, debe pensar que estoy loca.

¿Qué opino? — Asentí. Frunció el ceño, pensándolo un tanto—. Bueno, no sé exactamente qué decir solo viendo esto: ¿redención?

¿Eh? — Me acerqué y efectivamente comprobé que de todas las palabras que había redactado solo había quedado “Redención”.

¡Ay, no, ¿por qué me pasa esto?! Traté de recordar las palabras que había visto: tuve destellos fugaces, pero nada concret…

¡Ah, claro!

Nadie reta a la muerte, de hacerlo recolectaré tus recuerdos — pronuncié.

Solo yo podré tocarlos, resonó desde alguna parte de mi cabeza.

No me dio tiempo para analizar nada…

¡Sisa!

…porque el mundo giró con violencia. Cuando el ataque se detuvo, comprendí que Alen me tenía sostenida por la cintura.

¿Qué…? ¿Qué pasó? Sentí como si toda la Tierra hubiera dado una vuelta de 180° de porrazo.

¿Qué fue eso? ¿Te sientes bien? — me preguntó con preocupación.

Yo…yo no…— Traté de sostenerme por mí misma, pero sentía que mis piernas habían perdido consistencia.

¿Qué fue lo que dijiste?

Nadie reta a la muerte, de hacerlo recolectaré tus recuerdos — le respondí con algo de torpeza.

La cabeza me pesaba a horrores.

No sonó así — repuso con seriedad. Lo miré sin comprender su tono—. Lo dijiste en otra lengua, Sisa. Y fue tan de prisa que…

Espera, eso fue lo que dije: Nadie reta a la muerte, de hacerlo recolectaré tus recuerdos. —  Negó con la cabeza—. Alen, claro que dije eso.

Esperé encontrar algún atisbo de broma en su rostro, pero solo seguía así, mirándome intranquilo.

Alen, ¿qué…? ¿Qué pasa?

Sisa, ¿has hablado con Berith o Nhyna?

¿Qué? No, claro que no — respondí inmediatamente: ¿por qué me preguntaba eso?

Noté que frunció los labios y después me tomó por las mejillas.

¿Alen?

Tal vez ha sido mi imaginación — me dijo restándole importancia.

Alen, ¿qué sucede…?

Nada, no te preocupes.

¡Alen!

Soltó un suspiro y después torció el gesto:

He tenido la ligera impresión de haber oído un grupo de palabras que formarían algo completamente absurdo. — ¿Absurdo? Lo miré con más insistencia; él se encogió de hombros—. Me pareció escuchar que mezclabas gozos y martirios. — ¿Qué? —. Y eso es completamente ilógico porque ambos están en la lengua original empleada por ángeles y demonios; no hay forma de que la conozcas.

¿Cómo? ¿Que había dicho algo en otra lengua? ¿Samin tendría algo que ver?

No sé qué cara habré puesto que él rodó los ojos y me acarició la cabeza:

A lo mejor he sido yo; ya sabes que el “súper oído” empieza a dejarme y estoy en proceso de adaptación y todo eso.

¿Habría sido eso?

Sí, ¿verdad? Digo, yo no sé hablar ninguna lengua exclusiva de demonios o ángeles.

No te asustes, seguramente he sido yo. — Traté de calmarme, pero un miedo inexplicable me asaltó. Creo que Alen lo notó porque se inclinó para tomarme en brazos.

No pude evitarlo y me acurruqué en su pecho.

No pasa nada — me susurró emprendiendo la marcha. Me aferré a su cuello, sin importarme si Gisell o Corín me veían.

Hay momentos en los que la mente te lanza palabras o recuerdos que no quieres traer a colación.

En este momento me está sucediendo…

…porque todo lo que escucho por dentro es “Albania”.

 

 

»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«

 

Alen

 

Niemand defioj do smrti, yesli vy ego congregabo súas vinamra

Nadie reta a la muerte, de hacerlo recolectaré tus recuerdos

 

No puedo dejar de pensar en las palabras que creí oír de labios de Sisa. Han pasado ya varios días, pero sigo con la duda de si escuché bien o en realidad fue parte de una mala jugada del proceso de adaptación de mi sentido auditivo.

Tal vez deba comentárselo a Heth… Ah, sí, está enfadado y se niega a hablar conmigo desde la vez que reiteré mi decisión de quedarme en este mundo.

¿Te parece justo que nos hayan exiliado de una fiesta? — Genial, Tarek acaba de retornar. Y yo que estaba tan tranquilo aquí, en el departamento, con mi nuevo amigo Harry Potter.

Es normal, Tarek. No se termina dos veces el bachillerato— respondí a ver si así dejaba el modo “novio indignado” para más tarde.

Hace un rato había pasado a recoger a Naina al salón de ensayos y después me quedé charlando con Marissa. Le gustaba mucho preguntar por Sisa y a mí no me molesta en lo absoluto tenerla de eje central en todas mis charlas.

No había ido a recogerla a la escuela porque hoy era la fiesta de despedida que se les organizaba a los de bachillerato en su escuela. Y como era un día exclusivo para que lo pasara con sus compañeros de clase, decidí darle algo de espacio. Tarek había dado el grito el cielo cuando Loi anunció que no se podía llevar invitados; creo que se ha molestado por nada.

Solté una risa: no puedo creer que hasta hace unas semanas mis problemas eran inmensos y en este momento todo parezca muy sencillo. Ahora que ya no tengo en mente el asunto de buscar las letras de mi nombre tengo mayor espacio en la cabeza para enfocarme en más cosas: observar el mundo terrenal con otros ojos, leer (que es algo que me gustaba desde hace mucho), y comprender el estilo de vida que han adquirido los humanos. Evidentemente no era necesario que asistiera a la universidad, pero para mantener la máscara de hijo “humano” frente a Marissa y Santiago, decidí que era preferible invertir algunas horas en ella (así Tarek diga que pierdo tiempo escuchando a humanos hablando de otros humanos).

Además, realmente disfrutaba muchísimo conociendo cada espacio que frecuentaban los terrenales. Y de alguna manera u otra tengo que aprender a desenvolverme con mayor soltura entre ellos, ahora que mi estadía por aquí será permanente.

¡Pero cómo es posible que la princesa haya decidido ir sola! ¡Soy el alma de las fiestas, y ¿he sido relegado al lugar de los “no invitados”?! ¡Dime, ¿acaso eso es posible?!

Tarek, ¿puedes decirme por qué siempre eres tan dramático?

Pero ya que ambos hemos sido objeto de rechazo…

Cerré el libro con fastidio: bien, mi hora de lectura acaba de irse al demonio.

…he decidido poner manos a la obra, bueno, “una mano” a la obra— volvemos con los chistes sobre manos—, ¡y he traído todo lo necesario para una noche estupenda solo para hombres! O bueno, ángel/demonio, o desertor/errante para ser más precisos.

Desertor: sí, esa era la denominación para los ángeles o calehims que, como yo, abandonaban su naturaleza original para vivir entre los humanos por iniciativa propia. Hethos ya se encargó de decirme que los desertores son una cantidad casi inexistente, así que prácticamente cuando acabe mi período de evaluación, seré parte del minúsculo grupo de las ovejas negras de la familia.

Iba a preguntarle de qué rayos hablaba con lo de “noche estupenda”, pero no tuve que hacerlo al reparar en las bolsas que había traído consigo quién sabe de dónde.

Sigo sin comprender de dónde consigues estas — expuse al ver las botellas de licor que iba poniendo en la mesa de en frente.

Así que mientras las chicas están en su despedida de Bachillerato, hoy tú y yo también tendremos nuestra propia celebrac…

Paso — repuse al verlo menear la botella con mirada risueña.

¡¿Quééé?! ¡Pero Alen…!

No.

¡¿No te das cuenta de que se están divirtiendo sin nosotros?!

Tarek, deja la manipulación para otros porque no vas a conseguir nada.

¡Pero…!

No.

¡Alen!

No.

¡¿Por qué no?!

¿Por qué es necesario que me incluyas? Bebe tú solo.

¡Sería la primera vez que beberíamos como dos completos rechazados! ¡¿No comprendes la intensidad del momento?! ¡Únete por la causa! — Elevé una ceja, sin saber si reírme o no—. ¡Aleeeeeeeeeeeen! ¡¿Eres mi amigo o no?!

Es en estos momentos en los que extraño tener la fuerza que tenía antes: así podría quitármelo de encima porque si sigue sacudiéndome en plan de niño berrinchudo, va a terminar dejándome sin brazo a mí también.

Ya, no pido que acabemos todo. ¡Solo unas cuantas copas! Además, las chicas también deben estar divirtiéndose.

No va a dejarlo, y eso es aún peor porque es de los insistentes.

¿Solo unas cuantas? — me aseguré.

¡Solo unas cuantas! — Me miró con solemnidad y con una mano en el pecho—: Palabra de demonio.

Pasaron algo de dos horas y ¡joder, palabra de demonio y un carajo! ¿Cómo he podido ser tan imbécil para creer que Tarek aceptaría campante “unas cuantas copas”, ¡si él prácticamente es un idólatra de la bebida?!

Bueno, ya es demasiado tarde para reclamos. El adormecimiento en las yemas de mis dedos y que la habitación se vea un poco inclinada me lo están confirmando.

¡Mira lo que encontré en el departamento del costadooooo!

¡Mierda, Tarek: robar está mal! — repuse al observar el equipo de música que acababa de transportar desde quién sabe qué casa.

No lo he robado, solo lo tomé prestado. La casa está vacía, creo que están de viaje… ¡y también traje discos! — Lo conectó velozmente y una canción estridente me taladró los tímpanos. Me acerqué a apagar ese aparato infernal mientras lo oía leer los títulos de los discos en voz alta—: ¡Este de aquí es del tal JOBEY que tanto le gusta a la princesa!

Me lo lanzó para que lo pusiera en marcha. Apreté el bendito botón de play y solo conseguí que se pusiera a bailar, eufórico.

De acuerdo, esa no suena tan mal.

¡Y la mejor parte de todo esto es que no tendremos resaca! — añadió riendo—. Aunque a lo mejor, tal vez tú un poco, sí.

Leyó más títulos en medio de su extraña rutina de baile, y por fin pude reconocer alguno:

Ese es el grupo que tanto le gusta a Sisa. Ponlo — pedí.

¡Uuuuuyyy!

Cállate, idiota.

¡JAJAJAJAJAJA!

Bien, ¿qué hora es? Porque no tengo ni la menor idea de cuánto ha pasado. Lo peor de todo es que no comprendo en qué momento terminé bailando de manera tan ridícula como él.

¿Qué tal, hermano? ¡Te dije que sería divertido! ¿O no? — exclamó Tarek que abrió una botella más, bebió directamente de ella y me la lanzó sin contemplaciones.

Tuve que encogerme o me arriesgaba a perder la cabeza.

¡CRASH!

Se estrelló estrepitosamente contra la pared de atrás.

¡La idea era que la atraparas, idiota! — especificó riendo a carcajadas.

¡Cómo te explico que ya no tengo los mismos reflejos, imbécil!

¿Qué hora es? Ah, sí, iba a fijarme. Mmm, las ocho y hemos empezado a eso de las seis: no sé si sentirme bien o mal por nuestra condición actual.

¿Crees que los famosos pares absolutos en algún momento se atrevan a aparecer, hermano?

Cállate, Tarek— reclamé fastidiado.

¿Deberíamos hacer un plan para asesinarlos? Porque… ¡no te atrevas a venir, bastardo! — le reclamó a la nada.

Cambia esa canción tan deprimente y deja de pensar en eso, ¿quieres?

¡La hora! ¿Qué hora era? ¿Me fijé?

Ah, sí, son las nueve.

Alen, deja ese reloj en su lugar — oí de Tarek fingiendo la voz de Hethos. Dejé el condenado reloj sobre la mesa de la sala sin evitar fruncir el ceño.

Está bien, relojes: haremos las pases. Cómo ya no me importa el tiempo, tampoco deben importarme ustedes.

Bien, parece un satisfactorio acuerdo de paz.

¿Has notado lo extraño que es que puedas mover los brazos sin necesidad de pedirle a tu cabeza que se los ordene? — soltó Tarek de repente.

Suenas tan jodidamente sorprendido…que yo también lo estoy pensando — acepté asombrado. Ambos elevamos los brazos (bueno, él uno), y observamos el movimiento de olas que hicimos, casi deslumbrados…

¡JAJAJAJAJAJAJA!

¿Por qué todo se mueve tanto? ¡Y el piso! ¡Jamás me había puesto a pensar que el piso parece acolchonado!

Analicé las palabras que acababa de emplear y no me quedó duda alguna:

Te odio, Tarek. ¡No se debe beber hasta este extremo! — le reclamé irritado. El piso definitivamente no era acolchonado; lo acolchonado salía de tanto licor que había ingresado a mi organismo.

Alen, ¡no me salgas con consejos morales a estas alturas del partido!

¿Qué partido? —  solté estúpidamente.

Nos miramos fijamente…

…y volvimos a reír descontrolados.

¡JAJAJAJAJAJAJA!

Ah, cierto: iba a ver la hora. Mmm, ¡apenas son las diez y algo de la noche! ¡Qué rayos…!

¡WARF!

¿Eh? ¡¿Pero qué hace Petardo aquí?! — proferí cuando se abalanzó sobre mí para darme de lengüetazos.

Tú mismo lo trajiste — me explicó Tarek muy suelto de huesos; lo miré horrorizado. ¡¿Cuándo sucedió eso?!—. Dijiste que esta celebración ameritaba tener a un amigo tan importante como Petardo presente.

¡Tarek, qué clase de licor adulterado me has dado! — exclamé espantado.

Tal vez estaban buscándolo en su casa.

¡No culpes al licor de tu pobre resistencia, hermano! ¡Lastimarás sus sentimientos!

Lo golpeé en la cabeza y tomé a Petardo en brazos. Cerré los ojos y aparecí junto a la casa de Sisa. Justamente Corín estaba silbando y llamándolo; aproveché para darle un par de palmadas sobre el lomo y lo envié para allá.

¿Estás algo ebrio, calehim ya casi desertor?

Creo que un poco— acepté apenado.

Para mi buena suerte el aire frío empezaba a hacerme reaccionar.

Por cierto, las croquetas que me diste estaban esplendidas. Eres un gran chico. — ¿Croquetas? Casi pude oírlo reír —. Cuando me sacaste de casa también te trajiste la bolsa de la cocina.

Ah, bien, entonces le debo una bolsa de comida para perro a la familia de Sisa.

¡Cierto! He recibido una notificación y aprovechando que puedes entenderme quiero…

¿Petardo? — Corín venía hacia nosotros. Me oculté rápidamente tras el árbol.

Te lo digo después. ¡Aquí estoy! ¡Aquí, aquí!

¡WARF! ¡WARF!

Cerré los ojos y gracias a quién sea logré retornar sin inconvenientes al departamento. Ayer había hecho lo mismo después de dejar a Sisa dormida, pero aparecí en el bosque Izhi (en el agua para ser más exactos), y no fue nada agradable ahora que sentía frío.

¿Eh? ¿Tarek? — Recorrí el lugar por completo hasta que encontré la nota junto al equipo de sonido que seguía resonando ahora con el famoso My Way de esos Sex Pistols.

Terminé de leerla y la arrugué, aburrido: ¿por qué demonios no puede quedarse tranquilo en un solo sitio?

Iba a apagar el equipo, pero sentí una presencia sumamente conocida.

Vaya, vaya, ¡así que este es el nuevo Alen Forgeso! — oí. Giré para encontrarme con Nhyna que me observaba divertida—. ¿Así que ahora te entregas al placer de la música desenfrenada y al alcohol? Sabiendo que sería así hubiera exigido que aceptes quedarte como humano desde hace tiempo.

¿Has venido para algo en particular? — curioseé.

Elevó una ceja:

Momento: algo no cuadra aquí. ¿Dónde está el tono de “jódete, Nhyna, no quiero hablar contigo”?

¿Mmm? Supongo que ahora ya no importa mucho.

Ahora que iba a quedarme aquí, ya no había forma de que me molestara con lo de “puedo romper tu Sello de olvido si aceptas mi oferta y bla-bla-bla”. Que otros supieran mi nombre real o buscar saberlo era algo que ya no me interesaba en lo absoluto.

Pasé a apagar el equipo bajo su mirada escudriñadora.

Qué asco me das, Forgeso. Suenas tan sereno, esperando tu condición de desertor, que todo lo que me atraía de ti parece haberse ido a la mierda.

¿En serio? — pregunté de buen humor—. Bueno, eso es un alivio.

Cerré los ojos para intentar llegar a la escuela de Sisa y Loi, y traer de vuelta a Tarek que había puesto en la nota que quería pasar a ver cómo estaba el asunto; pero me tomó por la muñeca:

¿Eres feliz así? ¿Conviviendo con humanos? — me preguntó.

Soy feliz en cualquier lugar en el que esté ella — confesé.

Me lanzó una profunda mirada de inspección y después torció el gesto:

No sabes cuánto te odio, idiota— murmuró.

Recordé que tenía unos bombones en el bolsillo de la chaqueta. Saqué uno y se lo lancé con suavidad.

¿Qué es esto? — me preguntó con expresión de asco.

Las pases — respondí y lo último que vi fueron sus ojos llenos de sorpresa. Cerré los míos y gracias a quién sea aparecí en el gimnasio abarrotado de gente y música estridente.

Y ahora dónde rayos está Tarek.

 

ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«

 

Sisa

 

Hay muchas luces de colores en medio de todo el gimnasio. Quise detener el ataque de risa, pero no lo conseguí.

  Esto es culpa del temido Maquiavelo — gritó Loi en medio de la estridente música y ambas terminamos riendo sin parar.

Maquiavelo era el nombre de la bebida sensación de la noche: los de quinto pusieron el reto de quiénes de Bachillerato se atrevían a probarlo por primera vez en medio de toda la animación con la que se inició la fiesta en el gimnasio. Como se ofrecieron varios, finalmente decidieron hacerlo por sorteo, y para mi mala suerte mi nombre salió entre las diez personas que tuvimos que tomarnos un vaso entero.

Y bueno, ahora estaba aquí, sintiendo que caminaba sobre nubes y riéndome por cuanta cosa viera alrededor.

  ¡Ese chico se parece a Steven Tyler! — chillé y Etel rompió a reír:

  Hace un rato dijiste que se parecía a George Harrison.

  Bueno, tal vez lo estoy viendo desde otro ángulo — expliqué con mucha convicción, y Loi estalló en carcajadas.

Ya, ok, acepto que el condenado Maquiavelo me ha dejado algo “alegre”.

  ¡¿Se están divirtiendo?! — nos preguntó un chico que apareció de algún lado que no supe identificar.

Había tanta gente bailando en el gimnasio que sentía como si todos fuéramos parte de un enorme ser amorfo.

  ¡Por supuesto! — gritaron Loi y Tomas. Hace un rato había salido la banda que estaba animando con algo de rock y ahora la música era variada. Vi a varios de mis compañeros saltar efusivamente en un baile que más que armonioso, resultó un todos contra todos.

  ¡Pero nada supera tu fiesta, Loi! — exclamaron algunos y la levantaron en brazos. Loi empezó a reír y después a patear, exigiendo que ya la bajaran o habría heridos.

¿Qué hora es?

Tomé la muñeca de Etel solo para cerciorarme: las once de la noc... ¡¿Qué?! ¡¿Recién eran las once?! ¡Pero si me sentía como si hubiera bailado por horas!

La famosa Despedida ya estaba en su punto cumbre. Los de quinto habían organizado una pequeña presentación en el auditorio con fotos de todos los alumnos de las secciones de Bachillerato, y después nos habíamos trasladado al gimnasio en el que al más puro estilo de “fiesta sorpresa”, terminamos rociados de espuma y con miles de globos cayendo del techo.

Comprendí todo el asunto ese de competencias por ver qué quinto organizaba la mejor fiesta de despedida porque el año pasado mi salón actual había dejado la valla muy alta (por lo que oí), y los de quinto de este año se habían esforzado mucho en hacer una fiesta increíble.

Algunos maestros estaban haciéndola de seguridad, cuidando los exteriores como la cancha de fútbol o los salones para impedir que algunos se escabulleran a zonas “más oscuras” a hacer cosas malas. O bueno, eso fue lo que nos dijo el conserje mientras reía ante todo el alboroto.

En medio de la música, distinguí a todos los miembros del equipo de Tenis, Fútbol y Básquet agrupándose para entonar a todo pulmón la barra con la que abrían cada partido. En medio de las luces de colores vimos a Tomas abrazando con fuerza a varios de sus compañeros de juego, y Etel a mi lado se limpió discretamente los ojos.

  Se acaba, chicas. La escuela se acaba — nos dijo conmovida —. No puedo creer que solo haya pasado un año de escuela contigo, Bellota. ¡¿Dónde carajos estabas?!

  En Asiri, tal vez esperando conocerlas.

Loi nos abrazó a ambas:

  No sé cuántas veces se los he repetido, pero me da igual: son las mejores amigas de la historia. Han pasado tantas cosas este año de locos… ¡pero recordar que sucedieron junto a ustedes las hace tan geniales!

  Ya estás ebria, Loi— se burló Etel cariñosamente—. Vengan a visitarme. ¡No se olviden de mí cuando estén en Libiak!

  ¡Claro que no! — Y tuve que cerrar los ojos porque todo empezó a girar de manera muy chistosa: maldito Maquiavelo, no he tomado nada más que eso y ya siento como si trajera la cabeza separada del cuerpo —. ¡No vamos a olvidarnos de ti, Etel! ¡Jamás! — añadí cuando el mareo se detuvo.

  ¡Además, tú también puedes pasar a vernos allá! Te daré alojamiento y comida gratis: tendré un apartamento a mi completa disposición así que las reuniones allá están aseguradas. — Etel aplaudió entusiasmada—. Ya que Bellota rechazó la oferta de vivir conmigo…

  ¡Estarás con Tarek! ¡Iba a sentirme como una intrusa! — repliqué riendo.

  ¡Esa…! ¡ESA ES…! — gritó Etel de la nada y Tomas aulló desde el fondo, entusiasmado, porque el casi himno de la clase iniciaba.

El gimnasio entero estalló en un alarido. La gente empezó a balancearse y a saltar de manera efusiva; cerré los ojos cuando todos cantaron a toda voz el coro. La emoción, la euforia de alrededor me descolocó un poco porque sentí como si una ola inmensa me impactara.

Abrí los ojos de golpe y después algo muy curioso sucedió:

La gente bailaba, gritaba, algunos se abrazaban con cariño, otros más allá lloraban y reían al mismo tiempo. Tomas apareció y nos abrazó con fuerza a Loi, a Etel y a mí, y cuando observé por encima de su hombro me sorprendió ver miles de hilos de colores intensos saliendo de cada ser humano presente.

¿Qué es eso?

«Son sentimientos. Es un desenfreno de sentimientos»

Todo pareció ir en cámara lenta, y por unos poquísimos segundos sentí como si hubiera abandonado mi cuerpo y observara todo desde arriba. Los hilos subían torciéndose en ondas sinuosas y de repente seres increíblemente hermosos aparecieron, flotando alrededor, para aspirar cada uno de ellos.

No sé cómo, pero sabía con exactitud de quiénes se trataban: ángeles…

Eran ángeles alimentándose de emociones; y en ese momento algunos abrieron los ojos. Miles de ojos violeta destellante se clavaron en mí, que no sé cómo he llegado a estar aquí, en lo más alto del gimnasio.

Y de repente las hermosas figuras agacharon la cabeza al mismo tiempo…

…y se postraron ante mí.

  Única entre únicas — oí.

  ¿Qué…?

  ¡Sisa! — Volví en mí con brusquedad: Loi y Etel me observaban curiosas. Elevé una mano solo para comprobar que estaba en mi cuerpo nuevamente —. ¿Qué te pasa?

  Yo…creo que necesito algo de aire — respondí algo aturdida.

  ¡Te dije que no debían beber mucho! — le espetó Tomas a Loi.

  ¡Aysh, es la última fiesta en la escuela, Tomas! ¡No jodas!

  Estoy bien — aseguré restándole importancia—, ahora regreso.

Pasé entre la multitud tratando de que las luces de colores no me marearan demasiado. Algunos chicos de mi sección me reconocieron y me tomaron en brazos, igual que a Loi hace un rato. No pude evitar reír con ellos y después gritar cuando empezaron un vaivén de subida y bajada que, si calculaban mal, terminaría conmigo en el piso.

Pude escabullirme cuando apareció otro chico fichado como la siguiente víctima.

Pensé en ir a los sanitarios del gimnasio porque los hilos de colores, las figuras hermosas, las voces, la música, todo estaba entremezclándose en mi cabeza y tenía que poner un orden o terminaría desplomada en algún lado.

Salí por el pasillo que conducía a los salones y reconocí al profesor Ademar sentado en una banqueta y con un libro en la mano (supuse que ya habían cambiado de turno porque hace un rato la que estaba cuidando el pasillo era la señorita Queta).

Ojalá me deje pasar de frente o en el mejor de los casos no me vea...

  ¿Mmm? — Me detuve ya para doblar por el siguiente pasillo porque había pasado casi en frente del profesor y ni siquiera había elevado la mirada. Lo miré confundida, esperando que dijera “Daquel, ¿a dónde vas?”, pero siguió leyendo como si yo no estuviera allí.

Tal vez pasé en demasiado silencio… Bueno, mejor así.

Me adentré en el siguiente pasillo, la música empezaba a menguar y la única luz que iluminaba era la que despedían las estrellas. Avancé unos cuantos pasos más y llegué a la cancha de fútbol, ya en las afueras.

El viento pasó y me rozó los brazos desnudos: en cierto modo fue un alivio porque me confirmó que esa especie de desmaterialización que había sentido hace un rato ya no estaba. Probablemente había sido por lo del horrible Maquiavelo y el vaso de ponche que me había bebido.

Me senté sobre la acera, junto a los casilleros para los del equipo de fútbol: el cielo está completamente despejado, y parece que alguien le hubiera dado una gran mordida a la luna porque le falta un buen pedazo.

¿Qué estará haciendo Alen? Diría que durmiendo, pero ya sé que las veces en las que no se queda en mi habitación, aprovecha para escabullirse a la biblioteca. Una vez me dijo que mientras no le quitaran el poder para transportarse quería conocer todas las bibliotecas de la ciudad.

Parecía un niño hablando del nuevo juguete que acababa de recibir.

»— ¿Por qué no lo habré hecho antes? — me comentó reflexivamente—. Ustedes tienen cosas muy interesantes en sus tratados.

Ya sabía que le gustaba leer, pero como ahora tiene más tiempo creo que el hobby ha pasado a transformarse en una especie de obsesión crónica.

Sentía la sonrisa boba apareciendo en mi rostro: ¿cómo es posible que solo pensando en una persona todo parezca ponerse tan bonito?

Aproveché que no había nadie alrededor y llegué a la entrada sin puertas del edificio de las aulas de secundaria: es la primera vez que camino en medio de tanto silencio. Corrió algo de viento y como no había puertas que lo detuvieran se me erizó la piel: ¿por qué hace tanto frío?

» Lo lamento; por esta noche trataré de no tocarla demasiado.

¿Qué?

Me detuve y giré en todas las direcciones: no hay nadie alrededor. ¿De dónde vino el susurro?

  Ya, no pasa nada. Estás imaginando cosas. — Como vi el destello de una luz encendida en el segundo piso, crucé el enorme pasadizo y doblé para subir por las escaleras.

Aquí también todos los salones estaban cerrados, excepto uno del que provenía la luz. Sonará extraño, pero deseé encontrarme con algún maestro que me obligara a retornar con él al gimnasio porque no quería volver sola.

Iba a dar un paso hacia allá, pero esa luz también se apagó y me quedé ahí, en medio del pasadizo y solo con la luz de las estrellas que se colaban por las ventanas. Y no fue el mejor momento, pero sí…pensé en Durand y en Gabriel.

Estaba lista para llamar a Samin, cuando de repente reconocí la figura que salió del salón gracias a la luz de los exteriores. Gracias, dios; alguien conocido.

Se sorprendió un poco al verme y después frunció el ceño:

  ¿Tú apagaste la luz? — me espetó Zara Lagares con fastidio. Negué con la cabeza—: ¿No deberías estar allá, en el gimnasio, bailando con todos tus amigos y sintiéndote la chica más feliz del mundo?

  Quería…algo de espacio.

  ¿Espacio? — No comprendí su tono irónico—. ¿Tantos chicos tratando de llamar tu atención te han agotado un poco?

  ¿Disculpa? — lancé disgustada.

Iba a exigirle una muy buena explicación, pero parpadeó, como si reaccionara de sus propias palabras, y después sonó muy avergonzada.

  Yo…no sé por qué dije eso. — Parecía disgustada por tener que disculparse—. Estaba pensando en otras cosas y… en fin.

Se acomodó un mechón de cabello, incómoda, y pasó de largo rumbo a las escaleras: la observé perderse por ellas.

¿Pero qué le pasa a esa chica?

Casi a modo de reflejo avancé hasta el salón en el que ella había estado hace un momento. Todo estaba en completa normalidad. Escuché un par de pasos; me acerqué a la ventana cerca a la última columna de carpetas y cuando me asomé la vi caminando presurosa.

Loi y Etel tienen razón: Zara a veces es un tanto extraña.

Me quedé ahí, apoyada sobre el alféizar y observando lo enorme que se veía la cancha de fútbol desde aquí. Noté que, en la parte posterior, sobre uno de los armarios en los que se guardaban los materiales de clase, estaba la maceta con la plantita que se nos daba a todas las secciones. La que teníamos en nuestro salón estaba tan bien cuidada que a veces Tomas se encargaba de cortarle algunas ramitas porque crecía demasiado rápido; la de aquí, en cambio, estaba tan seca que parecía que alguien hubiera clavado a posta un palo en medio de la tierra.

Iba a tomarla para llevarla al sanitario y ponerle algo de agua, cuando noté la hoja de papel que reposaba sobre una de las carpetas finales.

Me acerqué y entonces el corazón empezó a palpitarme con fuerza, porque ahí, escrito con lo que parecía ser tiza, estaba el nombre:

 

Albania

 

Retrocedí tan bruscamente que impacté contra una de las carpetas, perdí el equilibrio y terminé sentada sobre el suelo. ¿Qué…? ¿Acaso Zara…?

Traté de regular mi respiración, pero antes de que pudiera ponerme de pie para tranquilizarme y pensar con calma…

…el salón se iluminó como si el sol hubiera salido repentinamente, y las carpetas se desvanecieron, una a una.

  ¡No! — supliqué; pero ya no estaba en la escuela. Ahora estaba en medio de la misma habitación amoblada que solía ver antes: la cama con doseles, los inmensos ventanales con cortinas vaporosas…

No, ya no. ¡Ya no!

Oí risas, la puerta se abrió bruscamente y una joven de largo cabello ondeado se recargó en ella después de cerrarla con fuerza.

  Albania — murmuré a pesar de no poder verla directamente.

Se quedó ahí, apoyada en la puerta y sonriendo como si cada bocanada de aire fuera el manjar más exquisito. Se mordió los labios en un gesto juguetón, y después giró solo para cerrar la puerta con llave.

Traté de comprender la situación, pero en ese momento él apareció a su lado.

  Alen. — Una sonrisa llena de sinceridad surcó su rostro y en ese momento ella, Albania, se acercó con tanto ímpetu a él que por un momento sentí como si sus cuerpos se hubieran soldado por el impacto.

Traté de observar a otro lado, pero girara a donde girara, todo lo que mis ojos veían era a ella acariciando su rostro y después besándolo en medio de sonrisas y miradas llenas de algo tan intenso que me sentí completamente vulnerada.

» ¿Hoy no era la fiesta de bienvenida para el nieto de los esposos…?

» Pero será entrada la noche — lo interrumpió atrapando su labio inferior. Sé que era estúpido sentir todo esto que sentía, pero verla tan compenetrada con él, hablarle con tanta cercanía, besarlo, tocarlo, me provocaban…

Tristeza…aversión… Celos.

Noto la forma en la que ella se mueve, cómo su cabello se tuerce en cada movimiento. La sonrisa encantadora que emplea, la delicadeza de sus dedos, la suavidad de su voz y entonces comprendo algo: Albania Formerio era una chica preciosa, y parte de su encanto recaía en saber con exactitud lo hermosa que era y el efecto que producía en los demás.

Y no sé cómo, pero estoy casi segura de que ella amaba ser así de alabada por muchos…pero sobre todo le fascinaba desplegar toda su belleza en frente de él.

» Nuna vendrá a buscarte para que te prepares para la celebración. Y Nanael podría…

» Nanael nada — le respondió aferrándose a sus hombros, pegando su pecho al de él… Cerré los ojos con fuerza—. Neprobojan devor — susurró; entonces contemplé sorprendida que algo semejante a enormes paredes translúcidas recubrieron todo. Como una enorme caja de cristal.

Era una barrera. No sé cómo, pero sé que había invocado una barrera.

Alen… No, no mi Alen; el Alen de aquel tiempo abrió los ojos, sorprendido:

» ¿Esto es lo que siempre hacías? — Ella asintió. Noté cierta preocupación en él—. Albania, ¿de dónde aprendiste esto?

» ¿Aprender? — le respondió en tono risueño—. Yo no aprendo… yo “creo”.

  ¡Ah! — Abrí los ojos con fuerza y me encontré nuevamente en el aula de clases, a oscuras. Me cubrí el rostro con las manos, completamente consternada.

¡Ya basta! ¡No quiero saber nada de Albania! ¡Ya no más! ¡Ya no más!

 

Eso es absurdo

¿Qué…?

Observé alrededor, esperando encontrar a la dueña de la voz. Me puse de pie con dificultad; noté con algo de horror que todas las carpetas estaban volcadas.

 

No puedes renegar de algo que viene de adentro

 

  ¡Basta!

Es MI mente y solo YO la controlo.

 

…no puedes renegar de ti

 

   ¡No! ¡NO!

Basta ya de tantas visiones sin sentido. ¡Albania no tiene nada que ver conmigo! ¡Yo no soy Albania! ¡YO NO SOY ALBANIA!

   ¡Sisa! — oí, y luché cuando sentí el par de brazos tratando de contenerme.

¡Nadie puede tocarme! ¡Nadie puede intentar capturarme…!

 

Porque soy el viento

 

   ¡Suéltame! ¡No me toques!

   ¡Soy yo! ¡Soy yo! — bramaron. Reconocí la calidez rodeándome por completo y al segundo me aferré a la enorme paz y tranquilidad que hallé en él. Sentí sus brazos estrecharme casi de manera protectora y después la suavidad de un beso sobre mi cabello —. Tranquila, soy yo. Solo soy yo.

Alen…

Escondí el rostro en su pecho y después cerré los ojos. Las imágenes iban y venían, una tras otra: ondas, sonrisas, besos…

Albania.

   ¿Qué sucedió? — me preguntó y cuando elevé la mirada y me encontré con sus ojos llenos de preocupación, algo se liberó.

Mírame.

Mírame como la mirabas a ella.

   ¿Sisa?

Porque ahora eres mío.

  ¿Qué suced…?

No escuché más porque lo besé con tanto arrebato que casi pude sentir la enorme confusión en su interior. Quién sabe por qué empecé a ver algo semejante a rutas de diversos colores, que me trazaban con exactitud sus emociones y después, con algo de ligera dificultad, escuché su voz, pero sonando lejana.

 

« No. No podré controlarme»

 

¿Es su mente? ¿Estoy escuchando a su mente?

Me aferré a sus hombros e instantáneamente sentí que sus labios empezaron a corresponderme. Sus dedos se clavaron con fuerza en mi cintura, como tratando de quedarse ahí.

   Es-espera, ¿qué…? ¿Qué pasó? — me preguntó rompiendo el beso y en medio de un ronco jadeo. Traía las pupilas dilatadas y la respiración entrecortada. Me pegué todo lo que pude a su pecho y solo conseguí que tragara despacio.

Sí, mírame así….

   Sisa, ¿qué está pasando?

…como si fuera la vida misma.

   Tócame — susurré a su oído, de puntillas. No sé si la confesión fue demasiado repentina, porque su cuerpo perdió fuerza y cayó hasta recargarse sobre el armario.

Bajó la mirada y el sol se transformó en violeta fulgurante.

   Tócame, Alen…

 

 

»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«

 

Alen

 

Supuestamente había venido por Tarek: misión cumplida. Lo encontré muy feliz bailando con Loi frente a la mirada llena de incredulidad de su amigo Tomas que se preguntaba cómo habíamos logrado burlar la seguridad de sus maestros.

Segundos después salí a buscar a Sisa porque me dijeron que había salido a tomar aire. Planeaba traerla de vuelta porque al parecer había bebido algo extraño y estaba excesivamente risueña.

Misión fallida.

La encontré en uno de los salones del edificio más lejano porque su voz empezó a ser captada por mi sentido auditivo. Nadie más podría haberla escuchado porque todos estaban bajo la música estridente del gimnasio. Llegué al segundo piso de manera veloz y la vi, ahí, gritando como si tuviera una pelea con alguien invisible. Las carpetas estaban volcadas y cuando me acerqué noté que varios de los fierros estaban doblados.

¿Qué pasó aquí?

 Me acerqué rápidamente cuando vi que empujó una carpeta con furia, y solo atiné a abrazarla con fuerza en medio de su desesperación.

Todo estaba bien hasta ahí: le preguntaría qué había sucedido, si Berith o Nhyna tenían algo que ver…pero no sé bien en qué momento caímos bajo este beso que empezaba a tornarse peligroso.

No…si seguimos así no podré controlarme…

   Es-espera, ¿qué…? ¿Qué pasó? — pregunté alejándome y tratando de poner las cosas en orden. Pero ella se pegó tanto a mi cuerpo que su pecho chocó contra el mío, y mi lado más racional empezó a lanzar mensajes de alerta a diestra y siniestra.

Relájate, fue solo un beso…

Un jodido beso que me ha alterado por completo.

Su cabello estaba completamente alborotado; los labios ligeramente rojizos, tal vez por la fuerza con la que la había besado.

¿Qué es esto? ¿Por qué la estoy viendo más hermosa que nunca?

   Sisa, ¿qué está pasando?

Me observó por unos segundos, con los ojos preciosos repletos de serenidad, y después se puso de puntillas para llegar a mi oído.

   Tócame — escuché en un susurro, y todo eso llamado control empezó a estropeárseme.

Cerré los puños con violencia y retrocedí de manera involuntaria. Felizmente había un mueble atrás, capaz de soportar mi peso, porque las fuerzas me dejaron.

La observé en silencio, tratando de ocultar lo difícil que me resultaba respirar.

   Tócame, Alen…

Tarek dice que es normal sentir toda esta avalancha de sensaciones, y creo que tiene razón…

Lo extraño es que ella tenga tanto poder para doblegarme solo con su voz.

Para cuando quise poner un límite ya era demasiado tarde, porque mi cuerpo fue más rápido que mi cabeza y no se molestó en perder tiempo analizando situaciones. Derribó cualquier pensamiento en contra, y me ordenó sin contemplaciones lanzarme sobre su boca.

La tomé por la cintura y la elevé; el mueble que me sostuvo a mí tuvo la amabilidad de servirme de apoyo. La senté sobre él y después de tantas jodidas noches luchando contra mí mismo, me abalancé sobre su cuello y la piel que no cubría su camiseta. Explorando cada detalle con los labios.

Estoy casi seguro de que mis ojos deben haber cambiado de color, porque sentía tanta energía dentro de mí que podría haber salido volando con ella en brazos.

Sus dedos ingresaron por debajo de mi camisa, mis manos no resistieron por mucho tiempo, y también subieron con suavidad, tocando directamente la piel de su cintura. La escuché susurrar mi nombre, muy cerca a mi oído, y en ese momento miles de sensaciones me atacaron con violencia. Subí un poco más, y cuando mis dedos se cerraron entorno a uno de sus pechos, su cuerpo se arqueó en un movimiento tan perfecto que todo mi sistema nervioso empezó a colapsar.

¿Qué es esto? ¿Está bien? ¿Está mal? Porque lo único que quiero hacer en este momento es besarla y tocarla por completo; y si le gusta tanto como me lo dicen sus suspiros, entonces podría pasarme la vida entera solo haciendo eso.

Elevé la mirada, y me encontré con sus ojos llenos de algo que nunca había visto con tanta fuerza en ellos:

Deseo… estoy viendo al deseo en persona.

Estoy viendo a la vida misma…

       Sisa…— se inclinó lo suficiente como para besar mi cuello mientras mis manos se paseaban por sus piernas, y en ese momento oímos miles de gritos proviniendo del gimnasio. Después, el sonido de una ventana quebrándose. Nos separamos abruptamente, solo para confirmar que todos los cristales de este salón estaban intactos: a lo mejor había sido en otro cercano.

El distanciamiento tuvo sus consecuencias: ella parpadeó, como ubicándose, y después me observó extremadamente nerviosa. Si hubiera luz, probablemente la vería completamente ruborizada.

Quiso decir algo, pero me limité a acercarme y abrazarla con suavidad. Recargó el mentón sobre mi hombro, y suspiró.

    ¿Qué pasó? — le pregunté con todo el control que pude. Mi cuerpo aún estaba algo sensible ante el menor roce posible, pero traté de mantenerme relajado porque ella se veía sumamente avergonzada.

   Yo….tuve una visión…

   ¿Albania? — tanteé y se encogió junto a mi hombro—. ¿Es eso?

No obtuve más que un largo silencio.

   ¿Qué viste, Sisa? — pregunté con amabilidad.

   Alen…tú realmente estabas enamorado de Albania. — Posó su mejilla sobre la mía y contemplé sus emociones llenas de temor, ansiedad, tal vez también algo de envidia.

Otra vez, irrumpiendo sin mi permiso…

Si hubiera alguna manera de borrarte por completo de mi vida, Albania.

  Entre ustedes había una especie de conexión que…

  Ya no soy él, Bellota — confirmé con seguridad.

El que vivió enamorado de Albania no fui yo. Yo, Alen Forgeso, era otro completamente diferente. Albania era una etapa superada, una herida cerrada. Sabía que estaba ahí, pero ya no dolía.

  Albania es parte de mi pasado. Ni siquiera recuerdo bien su rostro ni parte de los momentos que pasamos juntos. Lo único que tengo en claro, y que ahora es casi nada para mí, es que ella solía afirmar que yo le pertenecía — agregué restándole importancia —. Nada más.

  No es así — repuso con seriedad—. No le perteneces a nadie; eres un ser libre, como cualquiera en el mundo.

Solté una risa ante el peculiar enfado y después suspiré:

  ¿Ni siquiera tuyo?

El caos en sus emociones se apaciguó. Sus brazos se entrelazaron con más fuerza alrededor de mi cuello: he notado que es una costumbre que ha adquirido para confirmar mi presencia.

  Solo si tú quieres — murmuró.

  Voy a querer, Bellota. Siempre voy a querer.

Esta noche la luna está incompleta: alguien le ha dado un enorme mordisco.

  En ese caso, yo también dejo de ser un ser libre…para pertenecerte solo a ti — me dijo con afecto.

  ¿Siempre?

  Siempre.

Ojalá sea así…

Decidimos regresar al gimnasio a averiguar el motivo de los gritos eufóricos de hace unos minutos, pero antes de que saliéramos retornó sorprendida después de darle un vistazo a todo el lugar.

  ¿Qué pasa? — le pregunté con curiosidad.

  ¡Alen, esta planta estaba completamente seca!

Observé la maceta con las bonitas flores blancas y elevé una ceja:

  Bellota, has bebido, ¿verdad?

Me miró llena de indignación:

  ¡¿No me crees?! — Le dije que alguien tenía que empezar a ponerse límites a pesar de ser mayor de edad, me golpeó a modo de protesta, y después terminamos corriendo por la enorme cancha de fútbol, rumbo al gimnasio.

Tengo que hablar con Hethos, tal vez él sepa por qué las visiones siguen atormentándola.

Y también tengo que hablar conmigo mismo…

…a ver si así empiezo a dejar de volverme tan loco solo por besarla.

 

 

»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«

 

Samin

 

  Realmente estaba bajo siete llaves — se excusó el chico en el asiento de en frente —. No sé cómo pudieron ingresar al sistema y… ¡Hay miles de hackers en el mundo, cualquiera pudo haberlo hecho!

  ¡Cualquiera no puede venir a meterse con nuestro trabajo! — Volteé a ver a Amber que, como parte de mi equipo de producción, estaba interpretando a la perfección su papel de manager furiosa.

Todos en la larga mesa negaban con la cabeza, y trataban de encontrarle alguna explicación al supuesto “robo” del video promocional del nuevo álbum que ni siquiera había terminado de componer.

  Sí, señorita Meulen — aceptó uno de los hombres presentes. Elevé una ceja ante su voz llena de temor —. Hemos puesto a trabajar a todo el equipo de informática para que den con el principal culpable.

Se discutieron las soluciones al respecto, la producción de un nuevo video promocional, y la reunión se dio por concluida.

  No sé cómo logras hacer todo eso si los errantes solo dicen la verdad — comenté cuando quedamos solos los dos.

Resopló, agotada:

  En ningún momento he mentido. Solo he pedido que encuentren al supuesto hacker que subió el video; nunca dije que no hubiéramos sido nosotros mismos. — Solté una carcajada ante su lógica. Me sonrió satisfecha—. Si practicas, esto de ser sincero al completo no resulta ser una desventaja.

Salimos del edificio en la camioneta que tenía designada para mi transporte y volvimos a casa: había tenido que salir de urgencia para la reunión con el equipo de producción que estaba muy loco por todo esto del supuesto robo del video. En fin, no va a ser ningún tipo de problema realmente grave porque su objetivo de ganar dinero por montones sigue intacto.

El asunto es que, para mi buena suerte, una parte del plan ya estaba resuelta.

  ¿Estás completamente seguro de que solo ella podrá tocar las partes divididas? — me preguntó Amber contemplando el gran conjunto de gozos que había redactado en toda la pared.

La semana pasada tuve programada una entrevista para un programa musical: vinieron aquí y cuando la vieron, pensaron que era una especie de mural de arte abstracto. De ahí salió el extraño rumor de que salía con alguien que pintaba.

  No, no estoy seguro — respondí con sinceridad—. Yo no puedo usar martirios, Amber, así que el que creé solo ha sido basado en los conocimientos que me has proporcionado. No puedo asegurar si el Sello de exclusividad se haya activado solo porque Sisa lo pronunció.

  Si estás haciendo todo esto significa que ya no tienes esperanzas de que encontremos a otro Aliter, ¿verdad, Samin?

  Es solo por las dudas. Siempre se debe tener una carta más bajo la manga.

Se recargó sobre mi hombro; el color de sus emociones se apagó violentamente.

  Te has puesto triste.

  Cuando supe lo que sucedería y conocí a la pequeña Cachorra, por un momento realmente deseé que el tiempo pasara y llegara ese día. Pero ahora…

  ¿Qué sucede ahora?

  Ahora veo que ella es feliz así, como está. Con una vida tranquila y normal. Las cosas deberían quedarse así.

  Deberían. — Pero es demasiado sabido que en la vida no todo lo que “debería ser”, es.

Le di unas palmaditas en la cabeza y solo conseguí que frunciera el ceño:

  Por eso todos dicen que soy tu mascota.

  Pero serías una linda y amable mascota. — Me lanzó un golpe en el abdomen que me dejó ligeramente adolorido—. Chica mala, no cenas hoy.

  ¡Te voy a…! ¡Samin! — Dejó de hablar abruptamente o a lo mejor yo dejé de escucharla. Mi nombre fue lo único que llegué a captar antes de que aquella luz intensamente blanca me nublara la vista y después todos mis sentidos perdieran el eje central.

Me encontré navegando en medio de todas las imágenes que se me estaban siendo reveladas. Comprendí que toda la información que poseía sobre el futuro había cambiado un poco, pero lo que más quería evitar seguía intacto.

Abrí los ojos solo para encontrarme sobre la cama de mi habitación (que servía más para guardar las apariencias que para el objetivo principal ya que yo no dormía).

Amber me observaba con los ojos llenos de preocupación:

  Por todas las creaciones del Todo, ¡pensé que había pasado algo muy malo! — exclamó completamente alterada. Me reincorporé con algo de dificultad; por la luz que se colaba por la ventana comprendí que ya era de día.

  ¿Cuánto tiempo…?

  Te desplomaste y quedaste como en trance por casi doce horas, Samin. ¿Qué pasó?

Resoplé, harto de todo esto.

  Tranquila, ya estoy bien. — Acepté el vaso de agua que me ofreció y me bebí el líquido de un trago.

Maldita sea; ya tenía suficiente información para torturarme, ¿por qué demonios me hacían esto?

  ¿Samin?

  Ya no sé qué voy a hacer con todo lo que tengo aquí adentro, Amber.

Lo único bueno de todo esto era que ya era hora: ya podría pasar a verlo.

Porque ella estaba a punto de llegar.

 

 

»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«

 

Alen

 

Salí del sanitario ya cambiado, pero con el cabello húmedo y me lancé sobre el sofá a continuar con mi lectura.

Me pregunto cómo estará Sisa. El hermano mayor de Loi había venido a recogerlas de la fiesta de despedida; y Tarek y yo retornamos a casa minutos antes porque no éramos invitados oficiales y sería difícil explicar nuestra presencia a una persona completamente sobria.

Pensé que se sentiría algo agotado, como yo, pero él planeaba continuar con su mini celebración al regresar a casa y así lo hizo. Yo no aguanté y me fui a la cama: esto del sueño humano empezaba a ser un tanto fastidioso.

  Hethos no está— anunció Tarek apareciendo junto a mí. Le había pedido hace unos minutos que fuera a verificar porque intenté hacerlo por mi propia cuenta, pero no podía transportarme—. La tienda está bajo un salmo de camuflaje y no siento su presencia por ningún lado.

  Ya veo. Gracias, Tarek.

  Tal vez sea también parte del proceso, ¿no crees? Digo, así como tú poco a poco estás perdiendo ciertas capacidades sensoriales, a lo mejor Bellota también poco a poco va a perder las visiones sobre Albania. No te preocupes demasiado.

Sí, eso suena lógico. Además, era la primera vez que Sisa me contaba de alguna visión después de mucho tiempo.

  Bueno, tengo que ir por la princesa. Tiene ensayo con Inés y me muero de ganas por ver la cara con la que va a ir. Debe estar con una resaaaaca — comentó divertido —. Por cierto, más tarde iré a lo de Naina, así que le dices que me pasaré por ahí.

Hoy era el último recital de ballet de los de la sección infantil. Pasaría por Sisa a eso de las cinco para ir juntos porque Naina había insistido en que acudiera como la última vez.

Vaya, había sido hace tantos meses atrás. El tiempo está corriendo velozmente.

Tarek se despidió y volví a quedarme a solas. Tal vez en un rato vaya a lo de Hethos: me tiene un tanto inquieto lo de que no quiera hablar conmigo.

Me quedé sentado en el balcón leyendo en silencio. Estaba por acabar el libro cuando de pronto las letras empezaron a verse un poco difusas.

  Ya, genial, ¿así que esto de quedarme dormido va a ser muy seguido? — Traté de enfocarme en la lectura, pero los ojos me pesaban tanto que el intervalo de parpadeos se hacía cada vez más extenso.

Eso llamado somnolencia se presentó como una cómoda oscuridad desplegando sus brazos para atraparme, pero en ese momento las cortinas se azotaron con fuerza entre sí por una brusca ráfaga de viento. Me puse de pie, dispuesto a cerrar la puerta corrediza que conducía hacia el balcón, pero otra fuerte ráfaga sopló y entonces lo sentí.

Imposible.

¿Qué es esto? ¿Esencia de ángel y demonio a la vez? ¿Qué clase de presencia es esta?

Giré violentamente: a lo mejor era Berith, Nhyna o el propio Heth…

¿Q-qué…? — Me quedé ahí, como una estatua, porque el par de ojos preciosos me observaban fijamente.

No…

El viento mecía el largo cabello sujeto en una coleta alta; y algo semejante a una ballesta colgaba de su hombro derecho.

¿Qué es esto?

Lo que estaba viendo era completamente inverosímil. ¿Qué hacía aquí? ¿Y vestida de esa forma? Debería estar en casa.

¿Sisa? — balbuceé sin comprender—. ¿Qué…? ¿Qué estás…?

Me quedé mudo cuando apareció a unos centímetros de mi rostro. Traté de retroceder, el libro se deslizó de mis dedos; pero cuando elevó la mano hasta posarla sobre mi mejilla algo interno me detuvo.

¿Quién…?

Olor a estrellas… a sol…— susurró. Pensé que al oírla comprobaría que no se trataba de ella, pero todo empeoró porque era su voz. ¡Realmente era su voz!

La única diferencia era que el cabello lo traía liso, casi llegándole a la cintura a pesar de estar sujeto, y sus ojos habían perdido algo que no supe identificar.

Ayer no estaba así, ¿quién…? ¿Quién es? Era como si fuera ella, pero a la vez fuera otra.

Un nombre retumbó con fuerza en mi cabeza, sin ninguna explicación lógica:

Albania.

Me quedé ahí, como un completo idiota sin saber qué hacer. Bajó los dedos, como para tocar mis labios, pero antes de que lo hiciera desvió la mirada, como alertando la llegada de alguien más, y desapareció en forma de mancha borros…

¡POM!

¡Ah! — Abrí los ojos de golpe; me puse de pie completamente alterado. Las cortinas seguían ondeando con suavidad por el viento y a mis pies reposaba el libro que hace unos minutos tenía en las manos: el golpe sordo había sido porque lo había soltado.

¿Un sueño?

¿Quién era esa chica? Se veía como Sisa, pero a la vez parecía otra.

La chica del cabello avellana liso, sumamente largo y con una ballesta colgando del hombro, con los ojos de Sisa pero con una esencia diferente ¿habría sido un sueño?

Por supuesto. Sí, definitivamente sí: no hay manera de que existan dos Sisas en este mundo. Una con esencia de humana y otra con esencia de ángel y demonio a la vez. Sonaba completamente absurdo…pero se había sentido tan real.

Me puse de pie con la intención de salir a buscarla rápidamente…

Es momento de que hablemos, Alen.

…pero una voz me detuvo.

¿Qué…?

Giré lentamente ante el tono conocido. Y cuando estuve frente al sujeto de los piercings y el cabello rosa, todo volvió a mí de golpe.

Me observó en silencio y después dio un paso que me obligó a retroceder casi de manera involuntaria.

Sabes quién soy, ¿verdad?

Lo contemplé sin saber si lo que sentía era sorpresa, alegría, tristeza…

Nanael— murmuré. Sus ojos brillaron; se tornaron violeta.

…a lo mejor era pavor.


»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«

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