Noches de insomnio | Capítulo 24: Noche XXIV

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Capítulo 24 | NOCHE XXIV



 

 

Samin

 

Las olas del mar chocaban contra las rocas como si quisieran quebrar sus superficies. En el firmamento miles de descargas eléctricas estallaban con violencia.

Me quedé ahí, observándolos a ambos: él arrodillado, murmurando gozos prohibidos, y ella reposando sobre la tierra rocosa completamente empapada, con los ojos cerrados y un corazón que ya no latía.

» ¡Está vivo! ¡Está vivo, Albania! aseguró mientras posaba sus manos sobre el pecho del cuerpo helado. Ella ya no estaba aquí, se había marchado, y por muy cruel que sonara, era lo mejor: era demasiado peligrosa para seguir en este mundo.

Se inclinó sobre el cadáver; noté nuevamente esas gotas que ya había visto una vez en sus mejillas: lágrimas. ¿Cómo es eso posible? Nosotros no lloramos.

«  Pero tampoco nos enamoramos», retumbó desde alguna parte de mi cabeza.

¿Por qué permití que pasara todo esto?

» ¡Está vivo, Albania! ¡Maldita sea, no le dispararon! ¡Está a salvo, en un refugio! ¡Si miles de veces atentaran contra su vida, miles de veces volvería a salvarlo!

» Resucitarla no es una buena opción oí por detrás. Giré y me encontré con esa demonio que tanta molestia me provocaba.

Sus ojos, escarlata, me observaron con preocupación.

» ¿De qué hablas, Gremory? — pregunté.

» Se quebrará el equilibrio: cuando ella abra los ojos una vez más, todo lo escrito se reescribirá. Además, él acaba de salvar la vida de un humano que estaba destinado a morir: ha roto demasiadas reglas. He visto su futuro, Nanael: le arrebatarán las alas, y después será entregado a los Phaxsi para un castigo magistral que cubra todas sus faltas.

¿A los Phaxsi?

No. Sus errores son innegables, lo admito, pero lo hizo porque el muy insensato terminó enamorándose cuando nosotros no habíamos sido creados para eso.

¡Se lo dije! ¡Se lo repetí millones de veces!

» Detenlo, Nanael me advirtió Gremory.

Noté con terror que el color empezaba a volver a las mejillas pálidas. Escuché el corazón estático retomando el compás vital: Albania estaba volviendo a la vida.

Bueno, eso se podía arreglar de manera sencilla.

» ¡No, Nanael! — bramó cuando elevé el brazo dispuesto a asesinarla: estaba débil, sería fácil—. ¡¿Qué crees que haces?!

» Van a condenarte por ingenuo. ¡Ella decidió quitarse la vida, no tenías por qué resucitarla!

» ¡No vas a tocarla!

¡Pero qué imbécil! ¡El peso del gozo de resurrección que planeaba emplear era demasiado grande, como para si quiera tratar de pedir algún tipo de indulgencia a ojos de nuestros superiores!

Si tan solo fuera la mitad…

Tragué despacio: era la única opción que me quedaba. Sé que él ha actuado por estúpido, pero lo estimo; es casi lo que llamaría un hermano.

» Compartamos parte de la deuda — sugerí.

Podíamos compartir el error; total, yo ya estaba sentenciado a ser castigado de alguna manera porque fui testigo de cómo la relación prohibida entre ellos brotó, y no puse demasiados esfuerzos en detenerla.

» ¿Qué haces? — me preguntó Gremory con esa voz tan fastidiosa—. ¡Nanael! ¡No te quedes en silencio! ¿Vas a cargar con la mitad de la falta? ¡¿Por qué?! ¡No fue culpa tuya!

» No es de tu incumbencia, demonio.

Dibujé en el aire la parte que faltaba del gozo de resurrección para llevarlo a cabo al completo. Gremory me observó estupefacta y él sumamente agradecido, sin dejar de murmurar cánticos para restablecer las funciones vitales de Albania

» ¡Los declararán culpables a ambos!

» Pero así la sentencia no será tan dura que si solo recae en uno. Tu especialidad es el futuro, demonio, puedes comprobarlo por ti misma.

Continué escribiendo. Escuché los pulmones de Albania empezando a trabajar otra vez; Gremory abrió los ojos con fuerza después de los segundos que se quedó en trance.

» Los vi: calehims… ambos — me dijo. ¿Humano?

Resoplé fastidiado: de todos los castigos justamente iba a ser ese.

» No resultará tan grave — le resté importancia.

Los ojos rojo brillante se entrecerraron; la vi retroceder.

¿Así que ya se iba? Después de tantos años de molestia presencia ¿por fin me dejaría en paz?

» Seré una errante anunció consternada.

» ¿Cómo? ¿Y tú por qué?

» Porque me convertiré en tu sombra. Hay partes que no logro ver bien del futuro, pero sé que tengo que estar contigo.

» Si buscas algún tipo de respuesta como “gracias”, olvídalo. Ángeles y demonios no se mezclan, que te quede eso claro.

No sé qué busca esta demonio: siempre detrás, vigilando, queriendo ser de ayuda; ¿y por qué? Yo no soy tan ingenuo y si desconfío de humanos, de demonios desconfío el doble.

» Renunciaré a mi ducado y te seguiré a donde sea. Porque sabes que lo que siento por ti es demasiado incluso para mí misma — oí las palabras, llenas de seguridad, y por un instante sentí algo semejante al miedo.

¿Por qué suena tan confiada? ¿Amarme? ¿Qué clase de estupidez es esa? ¿Un demonio amando a un ángel por sobre todas las cosas?

No le creo.

» Haz lo que quieras.

¡Samin! — Abrí los ojos ante el estridente chillido, y al instante me encontré con los ojos caramelo observándome ansiosos.

Molestosa desde su existencia original.

¿Qué quieres, Amber? — repliqué de mal humor.

Detesto la sensación de alarma inadvertida.

¿Estabas dormido? ¡Pero si el sueño humano no nos afecta!

Sí, la verdad era que no necesitaba dormir; hasta ahora que Alen anda en su periodo de prueba y como compartimos cierto lazo, la somnolencia que estaba afectándole a él también me afectaba a mí.

Y por lo visto con sueños incluidos.

¿A qué hora llegaste? — insistió—. Quedamos en que me avisarías cuando estuvieras de vuelta; ya que no quisiste que te acompañara…

No era que no quisiera; es que no puedes entrar allí.

Ay sí, ustedes y sus “lugares sagrados” que se reservan el derecho de admisión.

Me reincorporé: me había quedado dormido sobre la alfombra, exactamente frente a mi mural repleto de gozos. Había salido en búsqueda de Qinaya para preguntarle si había forma de que me enseñara a comunicarme con mayor fluidez a través de sueños, ya que eso era lo que había intentado hacer con Alen hace un par de días. Pero la única manera de encontrar su paradero era buscándolo en el Santuario de los Misterios, y ese lugar estaba prohibido para demonios, caídos y errantes.

Han pasado muchos días, ¿lograste encontrar a Drol Qinaya? — Solté un bufido. Amber comprendió mi gesto como una negativa y decidió cambiar de tema—: Mmm, bueno, entonces cuéntame qué tal salió tu encuentro con Alen. Como te fuiste a buscar a Qinaya ese mismo día, no me diste mayor información.

¿Qué tal salió?

Bastante bien en realidad. Se asustó muchísimo al verme, y noté que ciertos pasajes de nuestras existencias originales junto a Albania volvieron como de golpe. Me había observado con cautela y después me preguntó con cierto recelo qué estaba haciendo ahí.

»— Na…Nanael, ¿qué…?

»— Yo también estoy sentenciado, Alen. Supongo que no recuerdas esa parte. — Negó con la cabeza, aturdido: era tan extraño charlar con él después de tanto tiempo. Su extremo cuidado me hizo algo de gracia: recuerdo que el desconfiado y huraño solía ser yo. A lo mejor ambos copiamos algo del otro para nuestras existencias humanas—. Y tengo tantas cosas que decirte, pero no hay modo alguno de transmitírtelas.

»— Nanael, ¿tu visita tiene algo que ver con mi decisión de quedarme en este mundo? — Me dejé caer sobre el sofá y el movimiento ayudó porque lo sentí relajarse—. ¿Mi decisión afecta en algo tu sentencia?

»— ¿Por qué me preguntas eso?

»— Porque algo que acabo de recordar es que a ambos se nos encomendó una misión. —Asentí brevemente. Él frunció el ceño, como esforzándose por expresar las imágenes que tenía en la cabeza—. Y si no me equivoco…ambos fuimos creados al mismo tiempo para llevar a cabo esa tarea.

»— Así es. Nuestro nacimiento fue simultáneo y con un tiempo de antelación para llevar a cabo la misión que se nos encargó. El Todo nos creó al mismo tiempo…

»—…pero permanecimos dormidos durante muchas eras, hasta que llegara el momento adecuado para iniciar la tarea. — Sonreí cuando completó la frase.

Por lo menos había recordado el lazo que nos unía.

»— Te ves algo asustado — indiqué—, a diferencia de mí que me siento un tanto contento al verte después de tanto tiempo.

Se sentó sobre el sofá individual y lanzó un suspiro. Sentí algo de nostalgia porque nuestra relación solía ser más estrecha en el pasado. Tal vez se deba a que en realidad estoy hablando con Alen Forgeso, el calehim, y no estrictamente mi hermano de nacimiento, el ángel.

»— Te llevas muy bien con el errante.

»— ¿Tarek? — preguntó. Asentí, elevó una ceja y soltó una carcajada—: Si calificas “bien” al hecho de que la mayor parte del tiempo quiero asesinarlo, a lo mejor sí.

Ahora el que soltó una risa fui yo:

»— Has cambiado— sentencié. Me observó con amabilidad:

»— Tú también; las pocas imágenes que tengo y los sentimientos que me rodean me dicen que solías ser algo frío.

»— Y tú solías ser algo ingenuo, y mucho más confiado.

»— Eso explica muchas cosas — comentó al aire, fastidiado. Supuse que había asociado mis palabras con el tema de Albania.

Saqué el pequeño paquete que traía en el bolsillo y se lo arrojé. Lo atrapó en el aire con algo de dificultad: parece que los reflejos súper veloces empezaban a perderse.

»— ¿Mmm? ¿Y esto? — me preguntó observando con curiosidad la barra de chocolate.

»— ¿No te gusta? — Me dijo que sí pero no entendía por qué se lo había traído—. Quería iniciar de buena manera. Solía ser tu alimento humano favorito; más que nada porque fue el primer sabor que tu paladar probó.

Enarcó una ceja de buen humor:

»— ¡Claro, era por eso! Y tú solías aborrecer cualquier tipo de alimento porque considerabas que ninguna creación del Todo debía servir para alimentar a otros. — Solté una carcajada y le dije que eso seguía igual—. Me pregunto por qué no tenías la misma deferencia con el café.

¡Es verdad! Solía gustarme mucho el café.

Había olvidado esa parte de mí mismo.

»— Albania solía embaucarme ofreciéndome tazas repletas y también copas cuando llegó al pueblo el famoso licor hecho a base de él— añadí recordando.

»— Y tú tratabas de resistirte, pero la mayor parte del tiempo fallabas. — Nos miramos, y de repente nos encontramos riendo sin parar. Era bueno verlo y charlar con él después de tanto tiempo; el casi hermano que tuve una vez estaba aquí, viéndose tan tranquilo después de todas las penurias que pasó en su existencia original.

Y qué feliz me ponía verlo así.

»— No has venido a hablarme de ella, ¿verdad? — me preguntó segundos después, en tono lúgubre. Me asombró lo diferente que sonaba su voz al mencionarla: antes el nombre salía de sus labios con un matiz lleno de adoración, ahora solo escuchaba uno lleno de aspereza.

Si supiera…

»— Estás demasiado feliz al lado de Bellota, que sería imprudente de mi parte hacerlo.

»— ¿Cómo? — Me observó sorprendido, y procedí a iniciar con la narración que podía permitirme: mi vida como JOBEY, que conocía a Sisa desde hace unos meses, que le pedí que guardara mi identidad en secreto, y todo el asunto con respecto a mi “silencio” en este mundo. También agregué algo que Gabriel ya debía haberle explicado: sabríamos que su periodo de gracia había terminado cuando el tatuaje con el nombre de Albania, en nuestra lengua, hubiese desaparecido.

Terminé y algunas gotas de lluvia empezaron a colarse con el viento que ingresaba por el balcón.

»— ¿Qué viste, Nanael? — me preguntó con seriedad.

La horrible sensación de resistencia se apoderaba de mis labios.

»— Solo quiero pedirte que te adaptes a la norma, Alen. Hay cosas…contra las que no se puede luchar. Y si vuelves a hacerlo… — ¡demonios! ¡¿Cómo lo digo?!—…sería como…no haber aprendido.

»— ¿Por qué repites eso? — Su mirada se tornó aún más seria—. Hace unos días tuve un sueño, Nanael, pero no recuerdo exactamente qué me decían en él. ¿Eras tú? — Asentí.

Nos quedamos en silencio: no había manera de explicar más.

»— Buscaré a Hethos y le comentaré la situación. — Quise decirle que tuviera cuidado, que no era prudente acercarse demasiado a él, pero no conseguía mover la boca—. Dime, Nanael, todo esto tiene que ver contigo, conmigo, ¿y con Albania?

No pude responder.

»— ¿O tiene que ver con Sisa? — ¡Mierda! ¡No puedo decirle nada!

Me quedé observándolo, sin ningún gesto en el rostro, y él interpretó eso como un “todo está bien”.

Me encogí fastidiado; entonces lo oí soltar una risa:

»— ¿Gremory sigue contigo?

»— ¿La recuerdas? — pregunté impresionado.

»— Solías repetir que te molestaba tenerla alrededor, pero también era la única que lograba hacerte reír; así lo hicieras solo por burla, pero bueno.

 

  ¿Eh? ¿Me recuerda? — me preguntó Amber deteniendo la narración. Asentí —. Mmm, así que solo yo conseguía hacerte reír.

  ¿Oíste lo de “burla”?

Me dedicó un mohín lleno de malgenio:

  Eras un completo pedante y aburrido como ángel completo. Ahora por lo menos eres un tanto más gentil y accesible.

  La cosa era que tú eras demasiado molestosa. Yo solo quería cumplir mi trabajo y de la nada aparecías queriendo que me materializara, como hacía Alen, para percibir las cosas como los humanos.

  ¡Es que era divertido! — exclamó riendo.

¿Divertido? Recuerdo que en esos tiempos no encontraba el foco de diversión que Alen y ella hallaban en sentir la lluvia o el sol.

Amber vivía casi pegada a mí, nunca entendí por qué.

   Yo no acostumbraba a ser gentil. Esperaba que algún día te cansaras y me dejaras solo.

La recuerdo revoloteando emocionada alrededor de mí, como si fuera una especie de juguete nuevo con el que quería divertirse. Y eso solía irritarme muchísimo.

En realidad, no sé bien en qué momento terminamos siendo amigos.

  Te dije que sería tu sombra, Samin… que siempre iría detrás de ti. — Percibí las emociones desplegándose unas contra otras en su interior; decidí ponerme de pie.

  Iré a la cocina por un poco de agua. Estoy algo débil.

Noté sus ojos seguir mis movimientos; fingí no hacerlo.

  Siempre vas a dejarme al aire cuando toco este tema, ¿verdad?

Me serví una enorme cantidad de agua y me la bebí de un trago.

  No sé de qué hablas.

  Eres imposible.

Tomé una zanahoria de la cesta y con todo el dolor de mi corazón empecé a comérmela.

  No se da cuenta — la oí murmurar con tristeza.

Claro que lo hago, desde siempre: claro que lo sabía. El asunto es que no estaba listo para nada que no sea evitar el futuro que he visto.

Tal vez nunca estaría listo para nada más.

 

 

»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«

 

Sisa

 

  Así que aquí creciste — oí de Alen mientras permanecíamos sentados sobre una amplia roca que sobresalía del agua. La casa del abuelo estaba a unos quince minutos de caminata desde aquí.

  Síp. Venía hasta esta zona a practicar con el violín para que Gisell no se quejara por el ruido.

En frente de nosotros había una espesa y muy verde arbolada; y las aguas del riachuelo en el que estábamos seguían, como siempre, igual de tranquilas. Cuando vivía aquí, en Asiri, solía venir a meter los pies al agua como estaba haciendo después de tanto tiempo. La diferencia era que ahora tenía dieciocho años, y él estaba sentado a mi lado, demasiado ensimismado observando los rayos del sol impactando contra la superficie del agua.

Habíamos llegado ayer por la noche, con Petardo dentro del auto que Santiago con mucha amabilidad nos permitió usar. Marissa y él nos pidieron que viajáramos con cuidado, y después de despedirnos por la ventana, emprendimos la marcha.

La semana había sido algo pesada porque entre el ajetreo de las últimas charlas sobre orientación vocacional en la escuela, y Alen pasando a testificar en la especie de comité que estaba evaluando su decisión, no habíamos podido vernos más que algunas pocas horas al día.

Así que el jueves por la noche, que por fin pudimos encontrarnos en mi habitación, me dijo que por qué no íbamos a visitar Asiri el fin de semana.

Creo que en parte era porque quería alejarse un tanto de todo. Acababa de encontrarse con Samin hace poco, charlaron y después me dijo algo muy curioso:

»— Siento como si fuera una parte de mí, Sisa. Es…es un lazo extremadamente fuerte el que tenemos, y últimamente estoy pensando mucho en su sentencia.

»— ¿Lo de no poder hablar acerca de lo que sabe? — pregunté y asintió.

»— Y no es que esté dándole vueltas al asunto porque me asuste lo que haya podido ver del futuro; sino…es…es más como si pudiera sentir todo el peso que él está llevando sobre sí.

»— Alen…

»— Y realmente es muy doloroso. No…no sé cómo puede vivir así.

Lo noté tan abatido que automáticamente acepté que saliéramos de viaje, así fuera solo por dos días. Tuve que decirle a Gisell que viajaría con Loi para el fin de semana. Lo bueno fue que no preguntó nada cuando comenté que también me llevaría a Petardo: últimamente estaba más enfadada por lo del asunto de Gaib Art, así que evitaba cruzar demasiadas palabras conmigo.

Ni bien salí de la escuela, el viaje inició; las horas se pasaron volando. Charlamos sobre muchísimas cosas: aproveché el Bluetooth del auto para conectar mi celular y presentarle mi lista de canciones favoritas durante todo el trayecto. Nos detuvimos en algunas partes de la carretera, y cuando bajábamos y sentía su mano tomando la mía, su boca robándome besos, o su sonrisa dejándome algo atontada, sentí como si la vida ideal probablemente era así: tal vez viajar, conocer el mundo y con él a mi lado.

Aspiré algo del aire extremadamente puro de por aquí. Podía observar nuestros pies descalzos a través del agua. Él hizo un movimiento de suave barrido, en contra de la corriente, y sonrió con tanto gusto cuando el agua adquirió formas ondulantes para tratar de pasar por encima, que se me escapó un suspiro:

  ¿Qué pasó? — me preguntó con curiosidad.

  Nada — respondí escondiendo una sonrisa—. Nada.

Rocé con suavidad su brazo y lo vi sonreír sin despegar sus ojos de la arbolada de en frente.

  Si sigues mirándome así, voy a besarte — me advirtió. Lo observé con más insistencia, retándolo, pero solo conseguí hacerlo reír—. Estamos lejos de la casa de tu abuelo, pero es preferible no arriesgarme. No quiero conocer a Petra en persona, Bellota.

  ¿No que eras invencible?

  Alcides Maleri es un oponente de temer; prefiero no provocarlo.

Me eché a reír al recordar todo lo que había sucedido hasta ahora.

 

»— ¡Abuelo! — exclamé ayer cuando nos estacionamos frente a su casa. Él estaba ahí, fumando su pipa como de costumbre, sentado en la mecedora junto al recibidor exterior y observando las estrellas. Abrió los ojos, sumamente sorprendido, y después se puso de pie, muy contento.

»— ¡Cachorra! ¡Pero qué sorpresa es esta!

Subí corriendo los escalones de la puerta de entrada y lo abracé con fuerza.

¡WARF!

Petardo se bajó del auto de un tirón, exigiendo afecto también.

»— ¡Y también trajiste al perro gordo! ¡Pero cómo vienes así, hija, sin avis…! — Su voz se vio interrumpida de repente: me despegué de él solo para elevar la mirada y comprobar que observaba al frente casi con horror.

»— ¿Abuelo?

Alen recién bajaba del auto, y el ligero temblor en el bigote poblado del abuelo me hizo caer en la cuenta de que nadie en su sano juicio trae a un novio sin haber puesto los previos paños fríos para la noticia.

»— Señor Maleri, es un gusto — se presentó con mucha cortesía al acercarse. Le ofreció la mano, pero el abuelo seguía observándolo como si se tratara de una aparición del más allá —. ¿Señor Maleri?

Como las cosas no parecían pintar bien, improvisé una rápida presentación para aligerar el ambiente:

»— Ehh, abuelo, él es Alen Forgeso y…— Me quedé unos segundos pensando si sonaría bien decir “mi novio” pero me acobardé —. ¡Y lo traje porque quería presentártelo!

»— ¿Presentármelo? — repitió engruesando la voz.

Tragué despacio porque la mirada de homicida no iba dirigida precisamente hacia mí.

¡Ay, por qué no aprendo! Cuando llevé a Marcus cometí la misma estupidez: “abuelo, él es Marcus Leda y…lo traje porque quería presentártelo”.

¡¿Por qué no puedo ser más inteligente en estos casos?!

»— Y bien, muchacho, dime ¿qué haces por la vida? — soltó bruscamente y llevándose la pipa a los labios. Noté el típico movimiento en modo “intimidación” activado: dos pipadas bien dadas y después la expulsión del humo directamente sobre el rostro del receptor.

Ok, hemos empezado mal.

Alen parpadeó y después me observó con rostro de “auxilio, no entiendo qué sucede”. Ambos eran casi de la misma estatura, pero la actitud y la masa muscular del abuelo lo hacían verse enorme. Le pedí que entráramos para charlar con más comodidad porque estaba haciendo algo de frío y él asintió. Avanzó con pasos que se vieron más rudos de lo acostumbrado y nos esperó, sosteniendo la puerta en un gesto de “ingresen”.

»— Debiste hablarle de mí antes— me dijo, tratando de no mover los labios.

Tuve que contener la risa al verlo sonreír forzadamente.

»— Mi abuelo es muy amable, relájate.

»— No es a ti a quien mira como si quisiera degollar.

»— ¿Por qué avanzas tan lento, muchacho? ¿Acaso recién estás aprendiendo a caminar?

»— Lo siento, señor.

»— ¡Abuelo! — protesté. Alen me tomó discretamente la mano, acelerando el paso:

»— No le digas nada; presiento que podría enfadarse más.

Si bien la llegada no fue precisamente la más sencilla, la charla de presentación en el comedor no mejoró. El abuelo se mostraba aún más reacio que cuando llevé a Marcus; tal vez porque el haber traído a Alen desde Lirau dejaba entrever que la cosa era, un tanto, más seria.

»— Así que Arquitectura… ¿Y por qué escogiste esa carrera, muchacho?

Alen parpadeó, supuse que estaba planeando cómo acomodar la respuesta de: “la jerarquía de ángeles encargados de mi sentencia me dieron esta vida, así que ellos escogieron todo lo que tenía que ver con asuntos como qué carrera estudiaba en la universidad, cuántos años tenía que tener, o en qué familia iba a estar”.

»— Pues…

»— Abuelo, no seas tan rudo.

»— ¿Rudo? Yo solo estoy haciendo una pregunta tan básica como cuáles son sus motivaciones en la vida, Cachorra. — Fruncí el ceño ante su tono irónico—. En fin, basta de tanta palabrería, iré al grano: estás saliendo con mi nieta, ¿verd…?

»— ¡Viejo, me demoré porque llevé a Cloe a casa! — oímos. Automáticamente me puse de pie cuando la puerta se abrió; la enorme sonrisa de Joan me acogió—. ¡Bellota!

»— ¡Joan! — exclamé y corrí a abrazarlo.

»— ¿Qué haces aquí? ¡Por qué no avisaste que vendr…! — Se detuvo en seco, igual que el abuelo. Parpadeó incrédulo al ver a Alen sentado sobre uno de los sofás y después volteó a vernos—. Bien, ¿de qué me perdí?

»— ¿Qué crees? Tu hermana llegó y…

»— Mmm, un momento — indicó con suspicacia—, ¿él no es el motociclista con el que te vi antes de venirme para acá?

Oh-oh.

El abuelo elevó una ceja:

»— ¿Motociclista? — preguntó con voz de advertencia. Alen se puso de pie velozmente —. ¿Eso quiere decir que este muchacho es de esos jóvenes temerarios…?

»— ¡No, señor! — se apresuró a decir él.

»— ¡Claro que no, abuelo! — lo apoyé yo. Y empezamos a balbucear explicaciones de manera tan atropellada y poco coherente que Joan no pudo con su ataque de carcajadas.

»— ¡Viejo, deja de amedrentarlos! Les dará un infarto si sigues con el interrogatorio.

Desde ahí el asunto empezó a mejorar: la presencia de mi hermano ayudó muchísimo, Alen pudo presentarse de mejor manera; y a eso de las diez de la noche “la charla” que evidentemente tendría, dio comienzo.

»— Y bien, Cachorra, ¿qué significa esto? — me preguntó el abuelo cuando nos quedamos solos: Joan había salido a acompañar a Alen que buscaría un hotel en donde alojarse.

Le sugirieron que podía instalarse en el cuarto de invitados (Joan más convencido que el abuelo), pero él se negó con cortesía.

»— Estás saliendo con ese muchacho, ¿verdad? — Asentí fuertemente —. Te diría que no me gusta…pero presiento que no va a importarte demasiado.

»— ¡Tu opinión significa mucho para mí, abuelo! Por eso quise que Alen viniera conmigo.

Bebió algo de té y después lo vi negar con la cabeza. Pensé que estaba molesto, pero al instante me sonrió.

»— No me gusta porque parece ser un buen chico, igual que el flacucho chico de gafas. — Agradecí muchísimo que Alen no hubiera estado ante la mención de Marcus—. Jamás me ha gustado que chicos buenos crucen la puerta de mi casa al lado de mis nietas.

»— ¿Eh? ¿Y eso por qué?

»— Son más peligrosos que cualquiera, porque tienen el poder necesario para apartarlas de mi lado.

No…

»— Abuelo, no digas eso. — Atrapó mi mano entre sus dedos firmes, llenos de arruguitas y algunos callos, y no pude evitar sonreírle—. Nadie podría alejarme de ti. ¡Mucho menos un chico!

»— Eso me suena bien; además, te veo tan contenta que tal vez no sea necesario sacar a Petra de su cómodo lugar en el sótano.

 

  Pero a ti Petra no te haría daño — comenté volviendo al presente.

Alen frunció los labios, no muy convencido:

  Tienes razón, pero no es como que me resulte atractiva la idea de ser atravesado por una bala. — Solté una carcajada y después me recosté sobre su hombro—. Me alegra muchísimo que tu abuelo y tu hermano te dieran tanto cariño; en parte es gracias a ellos que seas así.

  ¿Así cómo?

  No sé: impulsiva cuando te sientes amenazada, algo gritona de vez en cuando — elevé una ceja—, con una capacidad increíble para meterte en problemas…

  Disculpa, aún no ubico el momento en el que debería sentirme halagada.

Soltó una carcajada y me sonrió:

  …pero también risueña, y con mucho tacto para ponerte en el lugar de los demás. —Me enfoqué en la corriente; en sentir su mano atrapando la mía—. Aunque a veces eres algo testaruda.

  ¡Miren quién habla de testarudos! — rebatí. Elevé la mirada cuando lo escuché reír y entonces la forma de su boca me tentó demasiado.

Me erguí un poco, apoyándome en las palmas de las manos, y cuando estaba por rozar sus labios oímos un carraspeo intenso.

¡Ay, cielos! Joan.

Nos alejamos torpemente todo lo que nos permitió la superficie de la roca sobre la que estábamos sentados.

  Sabía que iban a estar por aquí — soltó en tonito burlón. Le lancé una mirada de “¡no molestes!”; Alen solo sonrió—. Bellota, tenemos cierta visita en casa, a lo mejor quieras ir a saludar.

  ¿Visita? — pregunté con curiosidad.

Nos pusimos las zapatillas, y cuando retornamos a la casa del abuelo no pude evitar lanzar un grito, emocionada:

  ¡TÍA!

La tía Ruth vive en Marza, completamente independizada y con un negocio propio de diseño y fabricación de jarrones de vidrio de estilos únicos. La recordaba repitiendo que consideraba una tontería que la gente creyera que el sueño de toda mujer era casarse: ella, por ejemplo, no sentía que quisiera formar una familia; lo único que quería era seguir disfrutando del placer que le otorgaba hacer bien su trabajo. Tiene treinta y ocho años, es preciosa, y era casi mi objeto de adoración desde que era pequeña.

  Ohh, ¡pero si es mi preciosa Sisa! ¡Qué felicidad que coincidiéramos! — me recibió con los brazos abiertos y después volteó a ver a Alen que la saludó cortésmente—. Tú debes ser Alen, ¿verdad?

  Es un placer.

  ¡Oh, papá, pero si el chico es de lo más encantador! — exclamó y el abuelo soltó algo parecido a un gruñido.

La tarde del sábado se pasó de manera veloz. A las ocho de la noche ya estábamos todos alrededor de la mesa, junto a Cloe, la novia de Joan a la que por fin tuve la oportunidad de conocer: tenía diecinueve años igual que mi hermano, el cabello marrón oscuro sumamente rizado y un rubor natural coloreando sus mejillas. Le gustaba mucho el jazz y también estudiaba Medicina, solo que ella quería especializarse en Neurología.

Las copitas de vino que el abuelo solía ofrecer, cuando tenía invitados en la casa, resultaron la mejor idea para suavizar las cosas, porque para ahora Alen y él ya charlaban con mayor confianza. Agradecí muchísimo que Cloe y Joan ayudaran lanzando temas que al abuelo le interesaban (como los libros de Voltaire) y que Alen muy rápidamente continuaba.

  Cariño, el muchacho es un bombón. No importa lo que diga mi padre, es pura envidia por su atractivo y juventud — me susurró la tía Ruth mientras sacaba el violín a pedido de Cloe.

Me dio un ataque de risa.

  ¿Es cierto que Joan también tocaba el violín, Sisa?

  Sí, Cloe; pero lo dejó después de un par de meses.

El abuelo mencionó que fue una pena, porque Joan también tenía buena mano para la música.

  No, viejo. Tocar el violín me mareaba, no sé cómo le hizo Bellota para memorizar tan rápido en dónde estaba cada nota.

Cloe mencionó que había leído un artículo sobre los músicos famosos de Música clásica contemporánea que habían salido de las aulas de Gaib Art. Joan soltó un silbido y bromeó diciendo que sería raro tener de pariente a alguien famoso.

  ¿Cuándo es el examen?

  En enero; Sisa está practicando muchísimo — me hizo el favor de responderle Alen mientras yo afinaba el violín.

La tía Ruth volteó a observarme, sorprendida:

  Disculpen, acabo de perderme: ¿Gaib Art? ¿Vas a presentarte a “esa” Gaib Art en Libiak? — Asentí divertida ante su rostro lleno de pasmo—. ¡Papá! ¡¿Por qué me entero de esto recién ahora?!

  Porque a ti se te da la gana de venir después de años a visitar a tu padre y yo no sé usar esas tonteras del Internet.

  ¡Pero existe algo llamado teléfono y correspondencia!

  ¿Ah sí? Bueno, a ver si a partir de ahora también los usas para comunicarte con tu padre — apuntó el abuelo con ironía.

  ¡Sisa! ¡Eso es estupendo!

  Gracias, tía.

  Ya, basta de charla. Quiero escucharte, Cachorra.

Saqué la partitura que tenía doblada dentro del estuche y se la pasé al abuelo para que verificara las notas y después la tocara él; tal y como me había pedido Samin.

Ok, ok, esto del pavor escénico tiene que perderse. Ya lo había hecho una vez en La abuela Bona así que esta vez debía ser pan comido.

Tomé una gran bocanada de aire e inicié. Toqué la canción tal y como estaba ensayándola con Samin y Amber; y al concluirla bajé el violín, un tanto nerviosa. Alen me sonrió y la tía Ruth, Cloe y Joan aplaudieron emocionados.

El abuelo me observaba fijamente. Bien, su opinión es la que más pesa porque es de violinista a violinista.

  Cachorra, yo podré haberte enseñado a tocar el violín, pero esto de componer es solo tuyo. — Sentí el pecho rebosarme de orgullo —. ¿En serio quieres que la toque? Porque para mí ya suena bastante bien. — Le supliqué que lo hiciera y asintió, con amabilidad—. Bueno.

Recordé las palabras de Samin cuando el abuelo empezó a tocar mi canción en “nuestro” violín. Me quedé completamente estupefacta, porque él no necesitaba un violín eléctrico ni una pista base para lograr que la canción sonara perfecta.

»— Quiero que cuando tu abuelo lo haga, escuches al detalle el sentimiento que le pone…

De reojo observé que Alen parpadeaba, como tratando de mantenerse enfocado. Me inquietó un poco que sus ojos estuvieran destellando tenuemente: si la tía Ruth, Joan o Cloe no hubieran estado tan concentrados y sorprendidos observando al abuelo, hubieran notado los destellos, violeta, de su mirada.

El arco se detuvo en la parte en la que todo quedaba en silencio, y después volvió a atacar con muchísimo más poderío. ¿Por qué no pensé en esa elevación para retornar? ¡Sonaba perfecta! ¡Voy a hacerla yo también!

  ¡Por todos los Santos, qué buena es esta parte, hija! — exclamó el abuelo, lanzando una carcajada llena de entusiasmo y marcando el ritmo en el piso de la sala con sus botas. Joan me miró, supe que estaba pensando lo mismo que yo: cuando el abuelo toca el violín, se llena de vida. Inclusive se ve muchísimo más joven.

¡Algún día realmente quiero tocar como él! Debo admitir que he estado practicando como posesa estos últimos meses, pero él en una sola pasada se ha encargado de hacer de mi canción una obra maestra.

  ¡Hija, esta canción es la prueba rotunda de que debes hacer música por todo lo que te resta de vida! No hay más que decir.

Lo abracé con fuerza. Que un violinista de la altura de mi abuelo haya tocado una de mis canciones me había llenado de muchísimo orgullo. ¡Había sido demasiado genial!

Petardo protestó desde afuera, tal vez porque se nos había pasado darle su cena, y en ese momento Alen pidió permiso para ir a la cocina por un poco de agua.

Lo noté ligeramente aturdido, así que me escabullí detrás de él aprovechando que la tía Ruth había vuelto a comentar que el abuelo tocaba el violín como si quisiera romperlo.

  ¿Qué pasó? — le pregunté ingresando detrás de él. Iba a encender las luces pero me pidió que las dejara así—. ¿Alen?

Me acerqué a él y comprobé que sus ojos seguían destellando; alternando entre miel y violeta.

  Alen, ¿qué pasa?

  Tranquila. — Tomé su rostro: se veía algo abrumado—. Estoy bien; simplemente me he llenado de muchísima energía de golpe y…

  ¿Es solo eso? — insistí. Me respondió que sí con algo de dificultad; el violeta empezó a desaparecer poco a poco—. Alen…

  No…no sé qué ha pasado. He tenido como un déjà vú, eso es todo.

  ¿Déjà vú? ¿Al escuchar a mi abuelo tocando? — Asintió levemente.

Acaricié su rostro con cuidado, pero él negó con la cabeza, restándole importancia.

  No ha sido nada. No te preocupes, Albania.

¿Qué…?

Me quedé de piedra, pero antes de que dijera algo más sentí un aire frío dispararse en todas las direcciones y después las voces de la sala dejaron de oírse.

  Alen — oí por detrás.

Giré: Samin acababa de aparecer en la cocina, junto a nosotros.

  Nanael.

Era la primera vez que los veía juntos, casi de la misma altura, no, tal vez Samin unos centímetros más. Cabello rosa intenso cortísimo, cabello castaño desordenado: repentinamente sentí como si yo también tuviera una vaga sensación familiar.

Los dos…ya los he visto juntos.

  Cachorra — me dijo Amber a modo de saludo, que también apareció en la cocina.

Samin elevó la mano y la puso sobre la cabeza de Alen, sin llegar a tocarlo. Susurró palabras que no llegué a comprender del todo y después los ojos se le tornaron violeta.

  ¿Qué…? ¿Qué sucede? — pregunté cuando los ojos miel se cerraron como para descansar.

  Le advertí que pasaría después de nuestro encuentro: ciertos recuerdos iban a empezar a molestar un poco. Suelen atacarme a mí también, pero Amber ya está acostumbrada a lidiar con las consecuencias; se asemejan a las visiones que sueles tener sobre Albania. — Y vamos de nuevo con ese horrible nombre—. Pero tranquila, se irán a medida que el período de prueba culmine. Vine antes de cualquier ataque que no pudieras detener, y a dispersar en algo su mente…

  ¿Ataque? — repetí asustada.

  No ataque en el sentido estricto de la palabra; me refiero a que podría haberse quedado en trance por horas y no habría sido conveniente con tantas personas observándolo, ¿no crees? — Asentí al comprender el punto—. Tranquila, está bien.

  Estoy bien, Bellota— me dijo sonriendo con los ojos cerrados. El resplandor violeta que salía de la palma de Samin iluminaba tenuemente su rostro.

Solté un suspiro bajito cuando lo oí decirme Bellota. Se había sentido tan extraño oírlo llamarme Albania.

  Listo, es todo lo que puedo hacer antes de que se percaten de su ausencia en la sala.

Las voces de la sala volvieron a resonar y ambos, tanto Samin como Amber, desaparecieron.

  ¿Estás bien? — le pregunté tomándolo de la mano. Me sonrió con amabilidad:

  Sí, ya mucho mejor. No te preocupes.

Quise decirle que acababa de llamarme Albania, pero tal vez iba a ser un sinsentido: digo, no fue a propósito, ¿verdad?

« ¿Y eso no es peor? Porque significaría que, inconscientemente, aún piensa en ella ».

No…

Elevé la mirada, me observó con curiosidad, pero antes de que dijera algo más la tía Ruth encendió las luces y nos regaló una sonrisa que se leía como “cuidadito con estar a solas”.

Cuando retornamos a la sala, Cloe y Joan estaban instalando un juego en el piso. Toda la preocupación y el malestar anterior se perdieron por completo cuando vi los ojos miel abrirse, sumamente interesados, al ver la cubierta repleta de círculos de colores.

  ¿Es en serio, Alen? ¿Nunca has jugado twister? — le preguntó Joan; él negó con la cabeza y minutos más tarde todos estábamos desparramados en el suelo, riendo, mientras Alen nos observaba divertido desde su perfecta posición extrañísima.

  Este chico no tiene huesos — comentó la tía Ruth riendo.

  Tiene buena complexión física— me dijo Cloe con picardía.

  Óyeme, ¡yo también tengo buena complexión! —atacó mi hermano.

  Ya, pero él no provocó que todos termináramos en el piso cuando intentaste poner tu mano en el círculo amarillo.

  ¡Estaba casi al otro extremo!

A las once, la tía Ruth mencionó que por esta noche tal vez lo mejor sería que Alen ya no volviera al hotel en el que se estaba hospedando (después de lanzarle una mirada de reproche al abuelo, que fue ignorada olímpicamente), pero el mismo Alen se negó y dijo que lo mejor era que ya partiera hacia allá.

  No he visto que trajeras el auto de tu padre — comentó el abuelo. Alen respondió que lo había dejado en el estacionamiento del hotel. Yo supuse que como él tenía un método más rápido de transportarse, probablemente ni se le había ocurrido traerlo—. ¿Y cómo planeas llegar allá, muchacho? ¿Volando?

  Vamos, yo te llevo — sugirió Joan poniéndose de pie—. También llevaré a Cloe a su casa así que no hay problema.

  En ese caso también voy yo — anunció el abuelo con voz potente.

Se puso de pie frente a nosotros y volvió a verse enorme.

  ¡Papá, cuidado, eh! ¡Nada de amenazas implícitas ni esas cosas que solías hacerle a mis amigos cuando iba a la escuela! — le advirtió la tía Ruth cuando salían.

  Nos vemos mañana, Bellota — se despidió Alen de mí. La tía Ruth me lanzó una mirada insistente y después se fue a la cocina, como para dejarnos solos.

Me puse de puntillas y lo besé con suavidad.

  Ya estás bien, ¿verdad? — Asintió—. Si puedes…tal vez más tarde…

  ¿Quieres que vuelva? — me susurró divertido. Asentí con mucha energía—. Bueno, voy a arriesgarme a encontrarme con Petra, aun si la capacidad de transporte me deja en el momento menos pensado y volveré en un rato, ¿sí? — Se inclinó para besarme otra vez y las mariposas reaparecieron en mi estómago. Hundí los dedos en su cabello y después nos separamos, en medio de risitas, cuando la tía Ruth empezó a cantar con muchísima fuerza desde la cocina; obviamente a propósito—. Hasta más tarde, bonita.

Floté de la emoción.

  Hasta más tarde — amor.

  Nena preciosa, ¡te has buscado un novio demasiado apuesto! — me dijo la tía Ruth mientras cambiábamos las sábanas del cuarto en el que dormiría hoy—. Supongo que las chicas deben estar casi tirándosele encima.

  Buenooo…

Quisiera negar eso, pero tiene razón. A veces mientras caminábamos sentía que casi se lo comían con la mirada. Loi me dijo que eso era desde hace mucho, solo que ahora recién lo notaba.

Supongo que antes no me importaba ya que sentía que solo éramos amigos, pero ahora…

Ajj, no, qué horror. Siempre he pensado que a las chicas celosas les falta un tornillo. No puede ser que ahora me falte uno a mí también.

  Cariño, sé que este es un tema algo delicado…

  ¿Mmm? ¿Tía Ruth? — Terminamos de tender la cama y se sentó sobre ella. Le dio un par de palmaditas al colchón, invitándome a sentarme.

  ...pero no quiero que olvides que si bien en este momento existe toda esa cosa llamada “tensión sexual” entre ustedes…

¡¿Qué?!

  ¡No, tía, por favor! —supliqué con horror al comprender el rumbo de la charla.

  …debes siempre tener en claro las cosas.

  ¡Tía, no! — exclamé tratando de cubrirme los oídos.

  Sé que ahora son jóvenes, las hormonas vuelan por doquier. Y encima se miran con unos ojitos de borrego enamorado, que no me extrañaría que en algún momento quisieran profundizar más la relación. No sé, tal vez pasando a un aspecto más físico y plancent…

  ¡Tía, nooooo!

  Y encima el chico está para comérselo con todo y ropa. Bueno, tal vez sin ropa esté mej...

  ¡TÍA! — repliqué sin creerlo. Soltó una carcajada y después me lanzó una almohada que esquivé, en medio del ataque de risa que me provocó.

  Pero no olvides que aún eres muy pequeña, Sisa. Hay cosas que a esta edad no serían convenientes; no digo que no exploren todo lo que puedan, porque eso es lo genial del mundo cuando se es joven. Pero siempre con cuidado.

  Cuando dices con cuidado… — lancé con suspicacia ante el tono pícaro.

  Evidentemente estoy dando mi aprobación para que hagan lo que quieran, cómo quieran, en dónde quieran y en las poses que se les plazca, mientras usen protección; claro está.

  ¡TÍA! — chillé ruborizada y después sus risas me obligaron a reír a mí también.

  Qué contenta te veo, mi Sisa. ¡Estoy muy, muy, muy feliz por ti! — Me abrazó y sentí el aroma de ese agradable perfume del que siempre olvidaba el nombre—: Y el próximo año estarás en una escuela de música estupenda, con un novio estupendo. Ah, quiero volver a tener dieciocho.

  Gracias, tía.

  Pero ni bien obtengas los resultados, instantáneamente te comunicas conmigo. Si no obtienes la beca, pero una vacante, igual irás.

  ¿Qué? ¡No, pero…!

  ¡Chst! ¡Pero nada, niña! Esta es tu familia y tú eres mi sobrina adorada. Si no puedo gastar mi dinero en cosas que hacen felices a la gente que quiero, ¿de qué me sirve? Además, no sé si papá te lo haya contado, pero él también soñaba con convertirse en violinista profesional. — ¡¿Eh?!—. La vida no le puso las oportunidades que ha decidido ponerte a ti, cariño, ¡pero imagínate lo feliz que estará viendo a uno de sus nietos cumpliendo su sueño de juventud! En cierto modo también va a ser una alegría para él.

Mi sueño también era el sueño del abuelo…

Podría cumplirlo por ambos: ¡tenía que cumplirlo!

La tía Ruth se empeñó en repetir que me ayudaría y no tuve más remedio que asentir. Me sentí algo avergonzada de mí misma, porque las veces que lloraba porque Gisell o Corín decían algo, sentía que estaba completamente sola en el mundo.

No era así…nunca fue así.

  ¿Sabes si papá sigue guardando sus botellas de vino en la bodega?

  Ehhh, pues…creo que sí.

  ¡Eso! — aplaudió. Me dijo que volvería en unos minutos y se perdió por la puerta canturreando muy contenta.

Aplané los almohadones en lo que la esperaba, cuando de repente sonó el timbre de mi celular. ¿Mmm? ¿Alen? No, no creo.

Lo tomé y me encontré con un mensaje de texto:

 

Tomas ya me dijo que Loi y tú vendrán

para la tercera semana de diciembre

claro que acepto hacerles el tour por Libiak :)

va a ser estupendo verte de nuevo Bellota

 

¿Qué?

Revisé el número emisor; sentí que un enorme bloque de yeso se alojó en mi estómago. Dios…

Marcus.

 

»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«

 

Alen

                                              

Hasta mañana, señor Alcides. Cuídate, Alen — se despidió la amable chica de nombre Cloe. Le respondí de igual manera y cuando Joan bajó del auto para llevarla a la puerta, casi pude leer absolutamente cada una de las emociones que se desplegaban al interior de Alcides Maleri.

No me odia. Simplemente desconfía, y mucho.

No he podido tener una charla como se debe contigo, muchacho. Con toda la familia revoloteando alrededor y diciendo lo bien parecido que eres no ha habido tiempo.

Parpadeé, sin saber si era adecuado decir “gracias” o permanecer en silencio.

Opté por lo segundo.

Escucha, no quiero que esto suene a “si lastimas a mi nieta, vas a pagarlo caro”, porque eso ya está sobreentendido. — Soltó una risotada que me dio a entender que la charla no era extremadamente ruda, así que asentí, sonriendo levemente—. Solo quiero que sepas que esa niña es uno de mis tesoros más valiosos, y no soportaría que saliera lastimada. Te digo todo eso, Alen, porque para que los dos hayan venido desde tan lejos solo para “presentarte” significa que a lo mejor el asunto va en serio.

Muy en serio, señor — indiqué con tranquilidad.

¿Qué tan en serio? — exigió.

Tan en serio como que mi existencia será plena si logro verla siempre feliz.

Pude haber dicho algo que sonara un tanto más “humano”, pero las palabras ya habían brotado de mi boca.

Me observó, ligeramente sorprendido, y después asintió:

Estás…proyectándote al futuro — comentó al aire. Frunció los labios y después entrecerró la mirada—. Suenas algo maduro para tu edad; raro también. — Oculté la carcajada que quería escapárseme—. Espero que no sea solo un truco para simpatizarle al viejo abuelo de la chica con la que sales ahora.

En lo absoluto, señor. No sé…no sabría qué decirle exactamente para que confiara más en mí; pero lo que sí puedo asegurarle es que de todas las cosas que más deseo en la vida, comparto la misma que usted tiene: ver feliz a Sisa. Y si en este momento yo puedo proporcionarle esa felicidad, entonces me siento plenamente satisfecho.

Y si en algún momento me quisiera fuera de su vida…tampoco pondría peros de por medio.

Bueno, debo aceptar que me pareces sincero, y que… —resopló fastidiado—….pareces querer bien a mi Cachorra. Así que mientras el asunto esté por ese rumbo, yo no voy a decir nada.

Gracias, señor.

Cuidado con ir demasiado rápido, también. Apenas son unos niños y puede haber ciertas consecuencias. Ella es pequeña, tú también; a esta edad…no sé… — Lo sentí algo incómodo. Sonreí levemente: probablemente era toda esa charla que los padres tanto aborrecen tener con sus hijos—. Bueno, ¡me dejo entender, ¿verdad?!

Pierda cuidado.

¡Alen! ¿Sigues vivo? — exclamó Joan al ingresar al auto y con una sonrisa llena de buen humor—. Pensé que el viejo había aprovechado mi ausencia, e iba a encontrar tu cuerpo en la maletera.

Alcides Maleri encendió el motor y después de unos minutos llegamos al hotel en el que me estaba alojando. Me despedí y bajé del auto.

Vaya, me está dando algo de sueño.

¡Eh, eh! ¡Espera! — dijeron tomándome del hombro. Giré con curiosidad ante la voz de Joan.

Mmm, ahora que lo pienso, el hermano de Sisa me resultaba como una versión más joven de Santiago.

Bien, Alen, yo no me voy a poner en el plan de inquisidor obsoleto que ha adoptado el viejo — me explicó con simpleza—, pero no ha habido tiempo para que pueda charlar contigo de manera adecuada. No soy de los hermanos celosos, pero sí me gustaría que supieras que Bellota es una chica estupenda. Es una de mis hermanas menores y lo que menos me gustaría sería verla infeliz. Tú tienes una hermana menor; debes, por lo menos, comprenderme un tanto.

Absolutamente.

Naina era como un pequeño pajarito, demasiado hermoso y frágil para el mundo. A veces me gustaría tenerla entre mis manos para asegurarme de que nada va a lastimarla.

Me palmeó un hombro, satisfecho.

Tal vez suene redundante, pero te pido que la cuides mucho. Digo, no es como si ya te la estuviera entregando para el altar o algo así, pero tengo algo metido aquí dentro que no sé cómo explicar. —Reflexionó algunos segundos, como buscando las palabras, y después se encogió de hombros—. Realmente quisiera que me prometas que vas a estar con ella cuando más lo necesite. Supongo que ya te habrá comentado nuestra “situación familiar”. — Asentí. Desde muchísimo tiempo atrás ya sabía lo de la falta de lazo consanguíneo entre ella y su familia—. Creo que en cierto modo me siento algo intranquilo porque allá Bellota está sola, y a veces se guarda las cosas para ella, y no sé cómo estará llevando la relación con mi madre y con Corín, y…bueno…

No te preocupes. Ahora está muy enfocada en practicar para el examen de enero y en terminar la escuela con buenas notas, así que la he notado muy contenta, algo cansada, sí; pero triste no.

Esa era una de las mejores cosas: no había vuelto a verla triste.

¿Y si logra ingresar? — me preguntó directamente.

Me iré con ella a Libiak — le respondí con simpleza. Aún no se lo había dicho, pero ya estaba conversándolo con Marissa y Santiago.

Me miró asombrado, y después negó con la cabeza, conteniendo una risa:

Wow, me da la impresión de que el asunto va algo en serio. — Frunció los labios, pero después me golpeó el hombro con cariño—. No digamos esto frente al viejo. Se volverá loco y conocerás a Petra más pronto de lo que crees. — Volvió al auto y después se perdieron de vista por la carretera.

Claro que iba a cuidarla. Estaba aquí solo para ella.          

Solo para ella…

 

¿Vas a dejarme? ¿En serio vas a hacerlo?

¡Prometiste que siempre estarías conmigo!

 

Albania…

No de nuevo.

Cerré los ojos con fuerza ante la repentina sensación: era como si todo el paisaje se estuviera derritiendo.

Ingresé rápidamente al hotel, respondí con algo de dificultad el saludo de la mujer de recepción, y cuando estuve en un pasillo vacío cerré los ojos, intentando transportarme.

Para mi buena suerte aparecí en mi habitación.

Nanael — imploré. Apareció en medio de la penumbra; detrás de él vi a Gremory….

Ah, no, ahora se llama Amber.

Alen.

La estoy viendo más seguido. Su rostro empieza a notarse.

Ojalá pudiera pedirle a mi mente que se quedara en blanco. Me sucedió lo mismo mientras oía al abuelo de Sisa tocar el violín: era un sonido lleno de precisión y fuerza, pero haberla oído tocar antes a ella me había dejado la sensación de dulzura. Dulzura y fortaleza al mismo tiempo: por un momento me vi a mí mismo en una habitación amoblada, con los ventanales abiertos de par en par, y con la figura de las ondas marrones flotando con el viento.

¿Te asusta verla? ¿Es eso?

No…lo que pasa…

Es que ya no quiero verla.

Amber — llamó.

Abrí los ojos y los vi con las palmas extendidas sobre mí, tratando de disipar los recuerdos.

No quiero saber cómo se veía…

…porque ya no me interesa saber de ella.

 

 

»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«

 

Sisa

 

¡¿Que Tomas qué?! — exclamó Loi mientras me acomodaba en mi carpeta el lunes por la mañana.

Dejé mi mochila a un costado y le pasé mi celular. Releyó el mensaje que Marcus me había enviado y después se golpeó la frente con la mano:

Ay, Tomas, Tomas, ¡Tomas! ¡Voy a matarlo!

Bueno, no es como que no planeara ver a Marcus en Libiak, pero con todos los antecedentes que teníamos quería un poco más de tiempo para ver cómo me comunicaba con él.

¿Qué se hace en estos casos? Era obvio que tenía que decirle que estaba saliendo con Alen, ¿verdad?

Pero a lo mejor Marcus ya había olvidado todo lo último y...

Bellota, ¿es en serio? El chico se te declaró antes de irse a Libiak, ¡es obvio que aún mantiene cierta esperanza! — agregó Etel cuando llegó y se unió a la charla—. La pregunta es ¿por qué Tomas se tomó la libertad de pedirle a Marcus que las acompañara en Libiak?

¿Que no es evidente? — soltó Loi —. A Tomas Alen nunca va a caerle bien. ¿Que no viste cómo se puso cuando se unió a nuestro grupo en la fiesta de aquí, en el gimnasio?

Bien, en eso creo que Loi tiene razón: por poco y le da un ataque cuando lo vio llegar a mi lado.

Además, Marcus le cayó muy bien. En realidad, nos cayó bien a todos — comentó Etel.

Marcus era demasiado amable como para no caerle bien a alguien; y por eso mismo estaba algo preocupada con todo este asunto sobre cómo comentarle lo de mi relación con Alen.

Loi tiene razón: debo ser sincera, pero tampoco sé cómo iniciar el tema sin darle demasiada importancia al asunto. A lo mejor Marcus ya está pensando en otras cosas y…

¡Por cierto! ¿Qué tal les fue en Asiri? — me preguntó Etel con emoción y se me escapó un suspiro involuntario.

Habíamos retornado ayer, y a pesar de haber dormido en mi cama, el cuerpo aún me dolía por las horas de viaje. Pero todo el malestar corporal había valido la pena: estaba muy contenta porque Joan y el abuelo, e inclusive la tía Ruth que había llegado de improviso, ya sabían de Alen; así que ya no teníamos por qué ocultarnos de Gisell o Corín.

¿Entonces nuestro abuelo lo aceptó? — me preguntó Loi.

El abuelo se había mostrado algo frío al principio; pero al momento de despedirnos lo palmeó con afecto en la espalda y le pidió que manejara con cuidado. Y ni que decir de Joan, porque él siempre ha sido muy relajado con estos temas. Recuerdo que cuando llevé a Marcus a la casa lo tomó con buen humor, e incluso tuvo el descaro de ponerle el apodo de “cuerpo de aguja”. No nos quedamos el tiempo suficiente para que Alen se ganara uno; pero a lo mejor mi hermano ya estaba pensando en algunas alternativas.

Quise dejar a Petardo allá ya que parecía que extrañaba mucho Asiri, pero Alen me dijo que por lo poco que entendía no quería quedarse, quería volver conmigo a Lirau.

Me gustaría tener esa capacidad de entender el lenguaje canino que él en poco tiempo perdería, porque mis intentos de comprender por qué a veces Petardo se quedaba observando la nada y aullaba, como entristecido, tendrían mejores resultados.

Tomas apareció corriendo justo cuando acabé la narración del viaje. Se dejó caer sobre la carpeta, junto a Etel, y aprovechó que la botella de jugo de Loi estaba cerca para abrirla y beberse todo el contenido.

Casi no llego. Iban…a cerrarme…la puerta — comentó sin aliento.

¡Tomas, te acabaste mi jugo de pera!

Mujer...malvada… ¿no ves que…he perdido…los pulmones en…la carrera?

¡Dame eso! — exclamó Loi arrebatándome el celular —: ¡¿Puedes explicar qué demonios significa esto?!

Tomas se enfocó en la pantalla con curiosidad y después se encogió de hombros:

Yo solo quería ayudar. Ninguna conoce Libiak por completo, yo tampoco podré viajar el fin de semana para acompañarlas por lo de mi examen de admisión; así que qué mejor que contar con la ayuda de un buen amigo…

¡Pero si sabes perfectamente que Sisa y Marcus quedaron a medias con todo esto de retomar su relación! — chilló Loi.

¿A medias? ¿Eso significa que aún no le has dado una respuesta? — me preguntó Tomas. Iba a decirle que Marcus y yo ya habíamos dejado ese tema en claro, pero me palmeó los hombros con aprobación—: Buena decisión, Bellota. El tal Alen Forgeso no me parece un candidato adecuad…

¡Tú no decides eso! —  protestaron Etel y Loi. Les pedí que se relajaran porque ni siquiera yo estaba enfadada, y le dejé en claro a Tomas que no planeaba romper con Alen.

¿No? — Negué con seguridad—. Pfff, las chicas siempre escogen al tipo incorrecto.

¿Y qué se supone que hará Sisa, eh? — le increpó Loi—. ¿No pensaste que sería sumamente incómodo para ella, estando con Alen?

Marcus es un buen tipo, y es su amigo, ¿verdad, Bellota?

¡Claro que sí! — respondí con mucha convicción.

Entonces lo ideal es que le diga de una vez que ya está saliendo con alguien más. En estos casos es mejor que te rompan el corazón de una vez, a que sigas esperando en vano.

Mmm…no me gusta cómo suena eso de “romperle el corazón”. Marcus es mi amigo.

Oye, ¿y a ti qué te pasó? Tienes unas ojeras inmensas — comentó Etel cambiando de tema. Lo vi con mayor detenimiento, y efectivamente me encontré con una versión “panda” de Tomas.

Las bolsas debajo de sus ojos estaban enormes y oscuras.

Me quedé repasando hasta tarde. Zara estaba explicándome algunos temas de Química y como no le daba sueño insistió en continuar, y para cuando me di cuenta ya eran las tres de la mañana.

Ah, claro, es que ustedes son vecinos — indicó Etel.

Oye, Tomas, no me digas que están planeando volver — soltó Loi.

Él elevó una ceja:

¿Por qué? ¿Lo reprobarías?

¡Rotundamente! ¡Zara Lagares está loca! — Tomas soltó una risa y dijo que no, que solo estaba ayudándole con algunos temas para su examen de admisión.

Recordé bruscamente el pequeño encuentro que había tenido con ella el día de la Despedida; así que aproveché el momento para preguntar algunas cosas.

Mmm, Tomas…

¿Sí?

De casualidad…digo, ¿no sabrás si Zara conoce a alguien llamada Albania?

La hoja que encontré escrita en su salón tenía escrito “Albania”. A lo mejor solo fue coincidencia y no se trataba de la misma Albania de la que yo sabía.

¿Albania? — Tomas frunció el ceño y después me miró con desconcierto—: No que yo sepa.

Hace mucho que esto de analizar las visiones que tenía había pasado a segundo plano: Alen ya no necesitaba ninguna pista para buscar su nombre y a mí no me interesaba en lo absoluto saber más de Albania; pero aún me intrigaba la clase de relación compartieron Zara y ella porque recordaba haber visto su rostro en una visión pasada.

 Y si ella también tenía el nombre de Albania a modo de referencia, eso significaba que la relación había sido más importante de lo que parecía.

¿Albania? — repitió Loi. Volteé a verla ante el tono cargado de confusión—. Vaya, me suena conocido. Mmm, tal vez sea alguna ex compañera de Iago — murmuró para sí misma.

Iba a preguntarle más al respecto, pero la señorita Queta ingresó y nos pidió silencio para iniciar la clase.

¿Esto es necesario? — murmuró Tomas, quince minutos después, mientras uno de mis compañeros leía un fragmento del Cantar de los cantares en voz alta y con tono de alma en pena—. Debería estar repasando Geometría.

Aysh, Tomas, ¿cómo es que no ves la genialidad de estos poemas?

Te apoyo, Tomas — comentó Loi con ganas de molestar.

¡Lo que pasa es que lo están leyendo sin el énfasis adecuado! — exclamó Etel irritada.

Bien, bien, ¿a cuántos les han aburrido los poemas? Levanten la mano — preguntó la señorita Queta. Todos nos vimos algo nerviosos; y cuando algunos empezaron a levantar la mano, la mayoría siguió el movimiento.

Opinaría, pero había estado demasiado ocupada dándole vueltas al asunto de Zara que ni había prestado atención.

¡¿Están locos?! ¡Pero si son hermosos! — protestó Etel indignada.

La señorita Queta soltó una risa:

Tranquila, Franco. El Cantar de los cantares o el Cantar de Salomón, es una de las obras cumbre de la Literatura Hebrea. Tal vez muchos no hayan comprendido el mensaje por la enorme cantidad de figuras literarias con las que está redactado; es por eso que, el día de hoy, trabajaremos en grupo para activar el switch interpretativo. Se ha dicho muchas veces que el conjunto de cantos es acerca del amor que el dios hebreo le profesa a su pueblo—Etel asentía satisfecha—, pero en otras se ha interpretado como un diálogo entre dos amantes, reconocidos como El esposo, La amada Sulamita, y un coro adicional que proporciona mayor énfasis a los versos. Escojan uno de los poemas, reconozcan las figuras literarias, y si hay tiempo debatiremos algunas de las interpretaciones.

La señorita Queta encendió el pequeño equipo de música y al instante nos vimos rodeados por una suave melodía.

Quiero que dejen volar sus mentes, interpreten, y comprueben la estética que se puede lograr solo con las palabras.

Ya, pero eso no viene en mi examen — susurró Tomas y Loi le lanzó un porrazo con las fotocopias—. ¡Ouch! ¡Sabes que es verdad!

Ustedes y sus mentes simples no podrían entender la complejidad de estos poemas — sentenció Etel con acritud. Supe que yo también estaba incluida en lo de “mente simple” porque me observó con algo de disgusto.

Es que yo estaba distraída — me excusé apenada.

Qué decepción, Bellota.

Ay, Etel, deja el melodrama y de una vez escojamos alguno para terminar rápido — sugirió Loi acercando más su carpeta.

Decidimos leer en silencio y de ahí escoger la parte que más nos gustara. Tomé mis fotocopias y al instante me topé con la primera línea:

 

¡Que me bese con los besos de su boca!

 

Quise concentrarme en la lectura, pero recordé la noche que Alen pronunció esa parte en voz alta, en mi habitación. Y también recordé bruscamente que ese día ambos terminamos algo agitados después de compartir besos un tanto...

  Señorita Queta: ¡aquí dice pechos! — gritó uno de mis compañeros desde atrás, con voz horrorizada. Todos soltamos una carcajada cuando ella resopló, y dijo que cómo era posible que recién nos diéramos cuenta de la naturaleza implícitamente erótica del poema.

  A veces siento que los chicos son algo idiotas — murmuró Loi cuando la mayoría de nuestros compañeros se vieron demasiado entusiasmados ante la perspectiva de un poema erótico.

  Pero aquí no dice nada erótico — protestó Tomas.

Se ganó otro golpe con las fotocopias, pero esta vez de parte de la señorita Queta:

  ¡Interpreta, Gerdau, interpreta! No todo en la vida tiene que ser tan explícito.

Volví a enfocarme en las hojas y releí las partes con cuidado.

La mayoría son metáforas y símiles — anunció Loi más tarde. Etel apuntó velozmente en su cuaderno cuando empezamos a dictarle uno de los versos—. Y por aquí Tomas ha encontrado una prosopopeya.

Yo tengo una anáfora — señalé, encontrándola casi de casualidad. Etel asintió y la copió rápidamente.

Cuando la hora de Literatura terminó, noté que la mayoría había disfrutado haciendo el trabajo grupal. Nunca he sido muy fanática de la poesía, pero creo que comprendo por qué Samin y Alen mencionaron que este era uno de los poemas con algunos de los versos más hermosos. El amor poético que describía era extremadamente metafórico, y si no se leía con cuidado, el texto pasaba casi desapercibido. La señorita Queta dijo que para leer poesía hay que abrir los ojos del alma, y no solo los del cuerpo.

¿Te gusta esa parte? — me preguntó Etel al ver las líneas resaltadas de mis hojas, mientras llevábamos nuestras carpetas a los sitios correspondientes. Asentí y me sonrió enormemente —. Suena perfecto, ¿verdad?

 

Grábame como un tatuaje sobre tu corazón, como un tatuaje en tu brazo

Porque es fuerte el amor como la muerte

y la pasión, tenaz como el infierno

 

Sigo preguntándome qué de erótico tenía esto — comentó Tomas.

¡PLAF!

Otro porrazo de parte de Loi; solté una carcajada.

Tal vez deba empezar a leer más poesía.

 

 

»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«

 

Alen

 

¡ALEEEEEEEEEEN!

¡Ah!

Abrí los ojos de golpe; mi cuerpo dio una brusca sacudida para ponerse de pie súbitamente…

…y entonces me encontré con la sonrisa burlona de Tarek.

¡¿Pero qué demonios pasa contigo?! — le espeté fastidiado.

¡Estabas dormido! — exclamó riéndose a carcajadas—. Es divertido despertarte y ver cómo tu cuerpo planea salir corriendo.

No jodas.

Volví a sentarme sobre la butaca del segundo piso del pequeño auditorio, y me froté los ojos con cansancio.

¿Por qué estás aquí? Pensé que estarías en la universidad ya que te ha dado por “escuchar” a cuanto humano instruido en ciencias humanas puedas.

Bueno sí, se ha convertido en una especie de hobby para mí eso de escuchar cómo los humanos trataban de explicarse el mundo, pero hoy tenía otros planes.

¿Aprovechando al máximo tus últimos momentos para transportarte? — sugirió Tarek y asentí.

Libiak está casi a diez horas de Lirau en auto (una hora en avión por lo que habíamos estado averiguando con Sisa). Es la capital del país y realmente es una ciudad extremadamente activa: gente transitando de aquí para allá sin detenerse; en autos, en bicicletas, en patines o en cuanto vehículo existiera. Una enorme cantidad de edificios rellenaban la mayor parte del espacio, y las pantallas con publicidad vistosa no dejaban de presentarse en cuanto centro comercial hubiera.

Me di una escapada a las afueras de la ciudad para relajarme un poco porque de vez en cuando me regresaba la sensibilidad auditiva y los sonidos resultaban algo abrumadores. Aproveché también para darle una visita a “cierta persona”; y más tarde retorné dispuesto a infiltrarme en los interiores de la famosa escuela de arte Gaib Art.

La tía de Sisa, Ruth Maleri, había mencionado con tanto énfasis lo magistral del lugar que decidí conocerlo de una vez por todas. De la misma forma que el ambiente de la ciudad resultaba algo enérgico, el ambiente dentro de todo el campus de Gaib Art desprendía literalmente arte. Los estudiantes no dejaban de practicar ni siquiera en sus espacios de descanso. Veía partituras y guiones en las manos de casi todo humano que transitara, y una gran cantidad de emociones flotando alrededor.

Ahora estaba en uno de los pequeños auditorios de la Facultad de Música porque me había entrado algo de sueño, y quise sentarme a descansar un poco.

¿Has pasado por la Facultad de Artes Dramáticas? — comentó Tarek y soltó un silbido—: La vez que vine presencié un ensayo de esa obra llamada Fausto. Créeme, fue espectacular: el mismo Mefistófeles podría haberla disfrutado.

Gaib Art era una escuela inmensa, con zonas verdes y estructuras arquitectónicas que combinaban lo moderno con lo clásico.

Sisa va a estar tan contenta en un ambiente tan inspirador como este.

Parece que alguna clase va a empezar en este auditorio — me comentó. Murmuró un salmo de camuflaje y al instante seguí su movimiento.

Quedamos ocultos a ojos humanos, justo para que un grupo ingresara por la parte de abajo, encabezados por un hombre de cabellos canos que llamó por lista a cierto grupo de alumnos y les ordenó que prepararan sus respectivos instrumentos. Dio una breve introducción, hablando sobre lo importante de la interpretación, y después la práctica inició.

El hombre llevaba la dirección y cada vez que percibía alguna disonancia, al instante volteaba a ver al causante.

¿Solo viniste a conocer la Facultad de Música?

También pasé a ver a Marcus Leda — respondí sin rodeos.

Tarek me conocía demasiado bien: hubiera sido estúpido tratar de ocultárselo.

No me digas que fuiste a golpearlo otra vez.

Solté una carcajada baja y negué con la cabeza:

En cuanto tenga la oportunidad de disculparme, lo haré.

Vaya, vaya, alguien ya aprendió a mentir con mucha soltura — apuntó con una ceja en alto. Bueno, sí, a lo mejor estoy siendo algo cínico porque en realidad no quisiera tener que disculparme—. Ya, suéltalo, Alen, ¿por qué fuiste a verlo?

Cuando Sisa ingrese a Gaib Art, va a mudarse a esta ciudad…

…y en esta ciudad está asentado ese chico.

No sé, me dio curiosidad saber qué tipo de vida llevaba aquí, en Libiak. — El solo del violín se dejó escuchar, opacando a los otros sonidos. Tragué despacio porque los alumnos que estaban sobre las butacas y los que estaban presentándose despedían demasiadas emociones que iban desde el asombro hasta el deleite, y sentirlas todas de golpe me estaba mareando un poco.

¿Y? ¿Qué descubriste?

Se lleva muy bien con sus padres y su hermana. Tiene amigos que lo estiman mucho en la escuela; toca muy bien el piano — admití con algo de fastidio—, y si me preguntaran qué opino de él…

¿Sí?

Diría que es un buen humano. — Sentí la mirada de Tarek sobre mí; torcí el gesto—: Irónicamente su habitación está repleta de relojes.

¡¿En serio?! — Comprendí su ataque de risa: yo detesto los relojes, Marcus Leda por lo visto tiene una fijación con ellos.

Qué simpática manera de comprobar que tal vez somos extremadamente diferentes.

 Por ahí oí algo de que su abuelo paterno era fanático de la relojería; ah, y sí, noté que tenía ciertos sentimientos de aversión cuando su hermana mencionaba mi nombre. Supongo que es recíproco.

A lo mejor Marcus Leda y yo estamos destinados a no simpatizarnos. Empezando por el hecho de que Sisa toca el violín, él toca el piano, ¿y yo? Muy bien, gracias.

Podría tocar cualquier instrumento si antes diera un breve vistazo al mecanismo de uso, claro. El asunto es que ese vínculo estrecho que ambos comparten con respecto a la música no lo tengo yo.

Demonios, ¿cómo pueden los humanos vivir con esta cosa horrible en el pecho?

Ah, sí, había olvidado que te llamas “inseguridad”, maldita sea.

¿Y qué tal el viaje a Asi…? De acuerdo, esa sonrisa de imbécil me dice que todo bien. ¿Qué tal la familia de Bellota?

El carácter explosivo que tiene de tanto en tanto es de parte de su abuelo.

Le comenté lo intimidante que se veía Alcides Maleri, y lo extraño que fue para mí sentir todo ese manojo de nervios al pensar si vas a simpatizarle o no a la familia de la chica con la que estás saliendo.

La familia de la princesa me recibió con mucho agrado —añadió con superioridad—. Supongo que no se puede hacer nada si no tienes mi encanto natural.

Sí, debe ser eso — respondí sarcásticamente.

Abajo, un nuevo grupo subió al escenario para iniciar otra melodía.

¿Y? ¿Pasó algo más?

Lo miré, sin comprender el tono y la mirada maliciosa.

¿Algo más? — repetí perdido.

Han estado solos en un auto por varias horas; no sé…tal vez algunos cuerpos se pusieron algo “cálidos” y dieron paso a… ¿cómo decirlo? ¿Más acción?

¿Acción? Bueno, charlamos bastante — respondí sin entender el motivo de tanto interés —. ¡Ah! Y jugamos algo llamado twister en su casa; bastante divertido, la verdad.

Tarek me lanzó un gesto de horror que no supe interpretar. 

¿Qué? Alen, ¡ya! ¡Esto es demasiado! ¡Creo que como tu mejor amigo merezco más detalles al respecto!

¿Ah? — De acuerdo, no sé si soy yo que ando algo distraído con todo el tema de acostumbrarme a la naturaleza humana, o es que Tarek cada vez se pone más imbécil—. ¿De qué hablas?

¡¿Cómo es posible que esperes que me crea que lo único que haces con Bellota cuando pasan tiempo a solas es “charlar”?! — reclamó indignado.

Es la verdad — respondí sin entender su exasperación—. Si no me crees no es mi problema.

Naa, estás jugando. — Le respondí que no y solo conseguí que me mirara lleno de espanto—: Alen, ¡¿es en serio?! ¡Santo cielo! ¡¿Qué cosa eres?! Pensé que la princesa me estaba mintiendo, pero cuando dice que tú y Bellota aún no dan “el paso” ¡es en serio!

Bien, ya entendí.

¿Puedo saber qué haces pensando con tanto ahínco en mi vida sexual? — repliqué fastidiado.

¡¿Es que estás hecho de piedra o algo así?! — Solté una risa agria y lo dejé lanzar todos los disparates a diestra y siniestra que quisiera.

¿De piedra? Ja, ojalá lo fuera. A veces solo la veía practicar con el violín y de repente sonreía y todo explotaba de manera muy poco coherente dentro de mi cuerpo. Me entraban unas ganas frenéticas de acercarme y besarla, y después la mente me bombardeaba con imágenes turbulentas. No sé si era por la forma en la que su cabello rozaba sus hombros, o la manera en la que sus ojos enfocaban la mirada. Tal vez la culpa la tenían sus manos, sus dedos, porque siempre que me rozaban instantáneamente me quemaba.

La vez que me dijo “tócame”, si no hubiera ordenado de manera adecuada mis pensamientos quién sabe qué hubiera terminado haciéndole en aquel salón de clases.

Quisiera charlar de esto con alguien que pudiera darme mayor orientación para controlar de manera adecuada todo lo que siente mi cuerpo, pero Tarek no resulta de gran ayuda tomándose todo a broma, y Hethos…

Bueno, a Hethos no lo veo desde hace muchísimo tiempo.

¿En dónde estará? No siento su presencia en Lirau.

Tal vez deba darte algunas clases de sexualidad — oí a Tarek. No entiendo cómo es que no se cansa de decir tonterías: ¿tendrá un botón de apagar? Porque realmente me serviría en esta ocasión—. “Aprendiendo el arte del amor corporal con tu amigo errante”— anunció resplandeciente. Torcí el gesto con burla, pero antes de que le dijera “no, gracias”, me percaté de que una de las chicas de la última fila observaba hacia el segundo piso, en nuestra dirección, con muchísima insistencia.

Oh-oh, creo que puede verme.

Retirada — murmuré. Tarek me preguntó “¿por qué?” Le dije que mi salmo de camuflaje estaba perdiendo consistencia.

Cerré los ojos, dispuesto a transportarme a alguna otra parte, pero no me moví en lo absoluto.

Ayúdame con esto. — Soltó una risa y me tomó por el brazo.

Aparecimos ya fuera del campus, en el mismo centro de la ciudad. En una de las tantas pantallas de los edificios reconocí un video musical en el que salía Nanael.

Jamás se me habría pasado por la cabeza que el tal JOBEY fuera también un calehim — comentó Tarek mientras caminábamos—. He visto miles de sus fotos en la habitación de la princesa. Si se entera de que Bellota y tú lo conocen, podría hasta morirse de la emoción.

Yo tampoco hubiera creído que una figura tan popular de la música actual tendría algo que ver conmigo.

Lo más irónico de todo esto era que mientras más quería olvidarme de Albania, menos se podía. Tal y como ya me había advertido Nanael, desde nuestro encuentro he tenido mayor cantidad de pasajes a modo de recuerdos: para ahora ya comprendo que ambos éramos sus custodios. Lo único que aún no tengo claro era por qué más que destinados a hilvanar los hilos de sus acciones, teníamos la tarea de “protegerla y vigilarla”; porque los custodios NO velan por los humanos, solo contabilizan sus acciones.

Nanael y yo éramos un tipo único de custodios, creados al mismo tiempo, lanzados bajo un sello de sueño por eras, solo para despertar cuando Albania naciera.

¿Entonces…? ¿Qué cosa era Albania? ¿Un humano potencialmente peligroso?

Nanael se ha adaptado bastante bien al ritmo de vida humano, ¿no creen?  — oímos. Giré y me encontré con Nhyna caminando junto a nosotros.

Elevó los lentes oscuros solo para que sus ojos celestes me observaran, llenos de diversión.

¿Qué quieres? — lanzó bruscamente Tarek.

¿Forgeso no te ha dicho que ya hicimos las pases, errante?

¿Qué? — Tarek volteó a observarme con recelo. Me encogí de hombros—. ¿Y qué supones que significa eso? ¿Qué ahora te unirás a nuestras charlas o algo así?

Seir, permanecer a tu lado es casi nauseabundo para mí, así que relájate — aclaró —. Van a inaugurar una nueva perfumería, y quería pasar a darle un vistazo. Ahh, Libiak es una de las mejores ciudades de este país: movimiento, modernidad, humanos perdidos que solo trabajan para obtener más dinero. ¿No te parece casi un sueño? ¡Los campos abiertos escasean! Es, literalmente, una creación netamente humana. El Todo en esta parte no figura en lo absoluto.

Los humanos son creaciones del Todo. En donde haya humanos, siempre estará presente — puntualicé.

De acuerdo, la estupidez angelical sí no se te ha quitado. Es más, ahora te estás volviendo más blando. — Hizo un gesto como si se crispara que me dio algo de gracia—. En fin, pasaba por aquí y no sé, como ahora somos amigos…

¡Sí, claro! — resopló Tarek.

…creí conveniente decirte que Abdiel ya está otra vez en el lugar en el que siempre lo encontrabas.

¿Hethos? — pregunté con ansiedad.

Sí, está de vuelta. A lo mejor quieras ir a charlar con él.

Cerré los ojos y para mi buena suerte aparecí a unas esquinas de la tienda de antigüedades. Tarek no apareció a mi lado: qué extraño.

Corrí velozmente y cuando estuve por empujar la puerta, algo semejante a una descarga eléctrica me envió lejos.

Me froté la muñeca porque la descarga había sido algo intensa. Noté que los humanos de alrededor no se habían sorprendido por lo sucedido, y después comprobé, con desconcierto, que empezaban a desvanecerse como si fueran de humo.

¿Pero qué…?

Me puse de pie y en ese momento la puerta se abrió: Hethos apareció, se quitó los lentes oscuros y sus ojos, violeta brillante, me apabullaron por completo.

¿Aún sigues aquí? — me preguntó con hosquedad.

¿Hethos?

¿Qué estás haciendo en este mundo, Alen?

Hethos, ¿qué sucede?

Me puse de pie y una fuerza invisible me lanzó lejos.

¡PROM!

Sentí mi espalda impactar contra uno de los autos estacionados. Por todas las creaciones del Todo, ¡realmente me ha dolido muchísimo!

Traté de encontrar algo de aire porque el golpe me había quitado la respiración. Hethos apareció a pocos metros cerca.

¡Vete, Alen! — ¿Qué le pasa? ¡Hethos no puede estar atacándome! — ¡Olvida la estúpida idea de quedarte como humano!

¡Me voy a quedar! — repuse ahogadamente.

Quedarte es peligroso — dijo en tono sombrío—. Vete, por favor; o en todo caso acepta la resignación. La muerte es parte de sus vidas…

¿Qué…?

Vete Alen, o busca la resignación…de no hacerlo, me veré obligado a matarte.

¿Matarme?

Hethos, ¡¿pero qué sucede contig…?!

Me quedé completamente pasmado cuando su figura se convirtió en barro y poco a poco empezó a escurrirse.

La niña se suicidará, Alen — me dijo con voz ahogada—. La niña se suicidará…

¿Qué?

 

¡Ah!

Oye, oye, ¿qué pasó? — Me moví bruscamente, solo para encontrarme con Tarek mirándome divertido.

Volteé a ver alrededor y comprobé que seguíamos en el auditorio de música. Es más, el profesor de cabellos canos de antes seguía dictando clase y ahora otro grupo de chicos subía al escenario.

Tarek me explicó que mientras oíamos la melodía me había vuelto a quedar dormido, y no había querido despertarme porque realmente me veía agotado.

¿Qué pasó, hermano? Te ves aterrado.

Nunca salimos del auditorio: nunca nos encontramos con Nhyna ni vi a Hethos.

Todo…todo…                                          

Na-nada, Tarek. Tuve un mal sueño, nada más.

Hethos diciendo que me asesinaría, Hethos diciendo “la niña se suicidará”.

Sentí un frío horrible recorriéndome la espalda: ¿la niña? ¿Acaso Sisa…?

Yo también quisiera soñar — comentó Tarek al aire—. Me han dicho que es una sensación curiosa: realidad y fantasía al mismo tiempo. Uno no sabe que está soñando solo hasta que despierta.

Me acomodé en la butaca, inquieto.

¿Aún no sabes nada de Hethos? — le pregunté.

No. Ayer pasé por la tienda y no sentí su presencia. — Soltó un suspiro—. A dónde se pudo haber largado y sin despedirse. ¿No crees que como decidiste quedarte en este mundo, su misión ya haya concluido?

Tal vez no sea buena idea buscarlo — oímos. Nanael y su cabello rosa intenso aparecieron en la butaca del lado derecho. Me extrañó ver su brazo derecho completamente vendado—. Qué tal, Alen, Seir.

Tu cabello es un espectáculo, hermano — comentó él, deslumbrado.

Tomaré eso como un halago— respondió de buen humor.

Tarek le preguntó a propósito de su brazo y él dijo que no era nada de cuidado.

Nanael, ¿por qué dijiste que no era buena idea buscar a Hethos? — pregunté desconcertado.

Abdiel estaba aquí para guiarte en la búsqueda de tu nombre, Alen; si optaste por convertirte en desertor, entonces su misión también ya está concluida. Deja de buscarlo, no lo necesitas.

Lo cortante de la declaración me confundió. Iba a exigir más explicaciones, pero…

¡Samin, ¿por qué siempre te vas así, sin avisar?! — oímos nuevamente. En la otra butaca, junto a Tarek, apareció Gremory. Me observó alegre—: ¡Hola, Alen!

Ho-hola. — La había dejado hace unos días con el cabello anaranjado y ahora lo traía de color violeta: así que ella es la de la inclinación por los colores intensos.

Ahora entiendo a Nanael diciendo eso de “Amber me usa como muñeco para jugar al salón de belleza”.

¿Gremory? — soltó Tarek sorprendido: ah, olvidé por completo mencionárselo.

Amber lo observó, como si recién se percatara de su presencia, y también abrió los ojos:

¿Seir?

No te siento como antes — repuso él entrecerrando la mirada—, tienes esencia de…

¿Errante? — preguntó ella. Tarek asintió—. ¡Es que lo soy!

¡¿En serio?! ¡Yo también! — Se dieron la mano en un cariñoso símbolo de “te comprendo” y estallaron en carcajadas al decir que después de tantas vidas conviviendo con calehims, por fin podrían divertirse como correspondía al encontrarse con uno más cercano a su comunidad.

¿Es parte de su naturaleza ser tan ruidosos? — le pregunté a Nanael cuando empezaron a narrar dramáticamente los años de “tortura” junto a nosotros.

Me temo que sí. Yo ya me acostumbré a Amber porque cuando la ignoro deja de molestar.

¿Es cierto que estás saliendo con una niña humana, Seir?

¡Oh, sí! ¡Si la vieras…!

Bien, dejemos a ese par hablando de sus cosas— me dijo Nanael. Abajo, otro grupo de alumnos inició una nueva melodía—. Alen, ¿estás teniendo algún tipo de sueños algo extraños?

¿Cómo lo sabes? — pregunté sorprendido.

Digamos que…tengo cierta información con respecto a eso — respondió convencido—. Mmm, dime, ¿sabes lo que es la transmisión onírica?

¿Transmisión onírica? ¿Hablas del…antiguo arte que empleaban los Tronos para develarle a los humanos eventos futuros?

¡Vaya! No creí que recordaras ese tipo de información. — La verdad era que mi boca se había movido más por un impulso que por una reflexión verdadera—. Debe ser porque en parte ciertos recuerdos están volviendo. En fin, la transmisión onírica funcionaba para develar secretos del futuro, sí. Pero también, si Drol Qinaya es flexible, puede emplearse como un medio de comunicación.

¿Drol Qinaya? ¿Hablas del sueño?

Efectivamente. Alen, escucha: intenta abrir la mente porque los sueños pueden tener mensajes importantes.

¿Qué está diciendo? ¿Entonces todo lo que viera en sueños podía ser cierto?

Entonces lo de “la niña se suicidará” …

¡Oh! ¿Pero-qué-es-esto? —exclamaron: Berith y sus ojos llenos de diversión aparecieron en la butaca de adelante—. ¿Una reunión de calehims y errantes? ¿Es por eso que no he sido invitado?

Amber se puso de pie con tanta brusquedad que el movimiento se escuchó y sobrepasó la barrera de camuflaje. La orquesta se detuvo y varios estudiantes voltearon a observar en nuestra dirección; tal vez preguntándose qué cosa había sonado por allá arriba si supuestamente no había nadie.

Los humanos van a salir gritando despavoridos si iniciamos algún tipo de batalla por estos lares — comentó Berith con tranquilidad. Se sentó cómodamente y suspiró—. Relájense, yo solo he venido a escuchar algo de buena música.

Nanael frunció los labios: tuve la ligera impresión de que quería decirme algo importante pero la presencia de Berith estorbaba.

Vámonos, Amber — anunció, poniéndose de pie.

¿Qué clase de cortesía es esa? ¿Llego y se van? ¿Soy tan repudiado como para merecer ese tipo de bienvenida?

¿Recién te das cuenta? — repuso Amber sarcásticamente. Berith elevó una ceja, pero antes de que le diera alguna respuesta tanto ella como Nanael desaparecieron.

Me puse de pie para que Tarek y yo también nos retiráramos; Berith se cruzó de piernas, se acomodó la chaqueta y observó al frente—: Forgeso, antes de que tú también me prives del placer de tu compañía; dime: Nanael acaba de llegar a tu vida, ¿cómo es que puedes confiar en él?

Ya empezó — murmuró Tarek de mala gana.

La desconfianza es buena de vez en cuando. ¿Sabes si Nanael quiere regresar a su lugar de origen?

Esos no son mis asuntos, Berith — respondí fastidiado.

Vámonos, hermano— me pidió Tarek; asentí.

Bueno, no soy muy diestro en el tema, pero…si ustedes fueron creados al mismo tiempo y comparten un lazo tan fuerte como el del nacimiento de uno siendo dos, ¿qué te garantiza que solo “uno” pueda retornar?

¿Qué…?

¿De qué estás hablan…?

  Forgeso, toma con pinzas cada una de las palabras que escuches de su boca. A lo mejor solo quiere lograr convencerte de que regreses con él; o, si no puede contar con tu aprobación para retornar juntos, la única forma de hacerlo tal vez sea asesinándote.

  Berith, deja de decir tantas tonterías — soltó Tarek bruscamente—. No todas las creaciones del Todo son como tú.

  Forgeso, han sido vidas que no se ven. Ni siquiera recuerdas bien por qué fueron condenados; deja la ingenuidad para los humanos, por favor. Bríndale tu confianza a los seres que realmente la merecen.

  ¿A ti, por ejemplo? — pregunté con ironía.

  Nos conocemos por vidas; merezco algo de credibilidad, ¿no crees? — Solté un bufido ante sus palabras—.  Es mejor desconfiar que después recibir una puñalada por la espalda. Desconfía de todos, Forgeso, porque nunca sabes quién verdaderamente está de tu parte o solo está fingiendo hacerlo para defender sus propios intereses. Tal vez tu gran amigo Abdiel también esté planeando algo en tu contra. No lo ves hace mucho, ¿verdad?

  Sí, claro — bufé. ¿Hethos? Podía desconfiar de todo el mundo, pero ¿de Hethos?

Qué mala jugada de su parte.

  Forgeso, a lo mejor todos no somos más que fichas de un juego que entretiene a seres mucho más grandes. — Se recargó sobre la butaca solo para echar la cabeza hacia atrás y sus ojos pudieran observarme desde su postura. La sonrisa se le acentuó —: Pero si supieras tu nombre original, por lo menos podrías recordar con exactitud…

Solté una carcajada, entendiendo el punto:

  Berith, me voy a quedar en este mundo. Ya no insistas con lo de mi nombre porque no me interesa.

  ¿Ni siquiera para saber si convives con el enemigo? Tal vez estás viviendo con una venda sobre los ojos; y lo que más atesoras no es más que el causante de tu dolor inicial.

  ¿Y ahora qué cosas estás diciendo? — lancé bruscamente.

  No lo escuches; ya sabes cómo es él— me dijo Tarek.

  De acuerdo, no seré tomado en serio — aceptó Berith teatralmente—. Me temo que tendré que privarlos de mi presencia para no ser el último en retirarse y quedar como el amigo despreciado. — Se puso de pie y se acomodó el cabello—.  Salúdame a la linda Albania, ¿sí?

¿Pero qué…?

  ¡¿Qué te pasa?! — exclamé irritado.

  Oh, lo siento, ¡a la linda Sisa! Tú sabes, Albania, Sisa, Sisa, Albania. Todas son humanas, tan parecidas… en fin— resopló desinteresadamente

  Vámonos, solo quiere provocarte — insistió Tarek tomándome por el brazo, y al instante aparecimos en el departamento que compartíamos.

Bien, parece que ahora el sensato del grupo es él, porque si no nos íbamos yo iba a intentar algo tan estúpido como lanzarme sobre el idiota de Berith.

  Alen, no sé tú, pero yo estoy algo inquieto. Berith siempre ha ofrecido quitarte el sello de olvido que llevas a modo de castigo. Y la verdad es que nunca he entendido qué buscaba tratando de persuadirte para que recuperaras tu nombre.

  Sí, lo sé.

  Pero todas estas semanas ha estado muy tranquilo; ¿no te parece de cuidado?

Comprendía lo que Tarek quería decirme: cuando el mar se retira de la orilla es cuando hay que temerle más, porque después reaparece en forma catastrófica.

Salí al balcón y me quedé observando el cielo gris de Lirau. No sé por qué una horrible sensación se expandió dentro de mi pecho. Se llama angustia, ¿verdad? Cuando sientes miedo…

…pero no sabes exactamente a qué.

 

»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«

 

Samin

 

  ¡Eh, eh! ¡Alto ahí! — Aparecimos en el balcón del departamento, ya en Frantzon, y para mi desgracia Berith se vino detrás de nosotros.

Susurré rápidamente un gozo de recubrimiento para mi muro lleno de escritos. Lo vería, pero no entendería de qué se trataba.

  ¿Qué haces aquí? ¡Largo! — exclamó Amber disgustada.

  Cuida lo que dices, errante, o llamaré a Voso para que le enseñe algo de modales a tu linda boquita — advirtió—. A lo mejor te hace el favor de arrancártela con cabeza y todo.

  ¡Llama a quien se te dé la regala gana, idiota! ¡No les tengo miedo! — La tomé por el hombro y le pedí que se relajara: era mejor no provocarlo para que se fuera pronto—. ¡Samin!

  Déjalo, Amber. ¿Qué cosa quieres, Berith? A parte de tratar de poner a Alen en mi contra, ¿hay algo más en lo que pueda servirte?

  ¡Oh! ¿Estás al tanto de lo que acabo de decirle? — Eso era más que obvio: una de sus estrategias más comunes era sembrar desconfianza—. Bueno, eso no importa; ¿sabes? tengo mis contactos, Nanael. — Lo observé en silencio, sin que me afectara su tono divertido y su mirada maliciosa—. Dime, ¿qué buscas visitando tan seguido a Drol Qinaya?

  Eso no te incumbe, Berith — respondí con la mandíbula tensa. Mierda, está siguiendo cada uno de mis pasos.

Amber me lanzó una mirada de soslayo: “¿y ahora cómo se enteró de eso?”.

  Y uniendo un par de cabos, porque tal vez no sea tan inteligente como tú, pero sí muy ingenioso; ¿podría suponer que el asunto tiene algo que ver con la transmisión onírica? — añadió desinteresadamente.

Relájate, relájate. Si no me veo turbado, no tiene por qué darse cuenta.

Berith soltó una carcajada y se dirigió a los interiores. Le pedí a Amber que se relajara porque tenía toda la pinta de querer lanzarse sobre él cuando lo vimos pasar a la cocina, sacar una copa, y servirse algo del espumante que sacó de la vitrina de botellas.

  Me alegra que seas un calehim, porque de ser un ángel completo no podría entrar a tu morada a menos que hagamos un pacto. — Bebió desinteresadamente mientras yo trataba de no estar muy pendiente de la pared escrita en la sala—. Vaya, ser un ídolo musical tiene sus privilegios; tal vez planee lanzarme el próximo año. ¿Qué dices? Hasta podríamos hacer una colaboración juntos: JOBEY y…mmm, ¿Durand? O J&D, tiene estilo, ¿verdad?

  Berith, ve al grano o lárgate. Ya me colmaste la paciencia.

  Bien, bien. Nanael, si estás frecuentando a Qinaya tal vez buscas aprender a perfeccionar el arte de la transmisión onírica. ¿Acaso quieres revelarle a Alen a través de sueños, — demonios, no algo que no puedes decirle en palabras?

Me quedé tan perplejo que no hubo manera de disimular la expresión de mi rostro. Me observó, y solo provoqué que estallara en carcajadas:

  ¡Lo sabía! ¡Todos lo sabíamos! — gritó eufórico. Amber me observó, pasmada. No, no, no creo que se haya dado cuenta…—. ¡Nanael, tu sentencia es la del vidente mudo, ¿verdad?!

Mierda.

  ¡Cla-claro que no! — exclamó Amber, pero ya no había forma de refutarlo.

Berith deambulaba por toda la habitación, lleno de éxtasis.

  ¡Has visto cosas horribles que no puedes expresar, así que no hay manera de cambiar el futuro! — Sus carcajadas resonaron con tanta fuerza que me costó muchísimo tratar de mantenerme sereno—. Era obvio: la sentencia de Forgeso implicaba un Sello de Olvido mientras que la tuya implicaba un Sello de Silencio. — Cálmate, cálmate—. Él se enamoró de quien no debía, anheló tener otro nombre y por eso se lo quitaron. ¡Y claro! ¡Tú fuiste testigo de cómo nació ese amor prohibido, y no hiciste nada para detenerlo, así que serías castigado con el silencio que tanto practicaste en tu existencia original!

  Ya, lo sabes, ¡¿y con eso qué?!

¡CRASH!

Los vasos que reposaban sobre la repisa de la cocina estallaron.

Contrólate, contrólate.

  Qué feo carácter tienes, Nanael. — Maldito idiota, ahora entiendo por qué Amber sueña con asesinarlo—. En fin, sabes que entre nosotros también hay demonios que se inmiscuyen en sueños, ¿verdad? Ten por seguro que ni bien intentes hacerlo, habrá montones de imágenes distorsionadas en la mente de Forgeso que solo lograrán confundirlo más y a lo mejor ponerlo en tu contra: ¿qué es de parte tuyo? ¿Qué es de parte de los míos? No podrá distinguir eso, y de paso tendré información fidedigna de qué cosa es lo que planeas hacer, Nanael. Tu brazo está herido, la pregunta es “¿por qué?”. ¿Acaso practicando con martirios y gozos al mismo tiempo?

¡Mierda, está dejándome sin nada a favor!

  El imbécil de Forgeso está tan feliz junto a la preciosa Sisa, que es casi imposible salirle con la cantaleta de que quedarse aquí es un desperdicio porque ni aun así querrá irse. Ni siquiera poniéndole al bendito Par absoluto en frente sería capaz de cambiar de opinión.

  ¡¿Por qué te empeñas tanto en hacerle la vida imposible?!— gritó Amber, perdiendo los estribos—. ¡Déjalo en paz! ¡Es feliz así, como humano!

  No son órdenes mías, errante. ¿Que tu “amo” no te ha puesto al día? Hay jugadores mucho más grandes que yo. Y disculpen que me retire así, pero tengo tantas ganas de decirle a todos que estábamos en lo correcto que no puedo aguantar más.

Berith desapareció, soltando la copa en el acto: se estrelló estrepitosamente contra el piso de mármol de la cocina.

Amber volteó a observarme, llena de consternación:

  Samin, eso… ¿eso es cierto? ¿Hay más involucrados?

Pensar que Berith era la cabeza era una completa tontería. Ella ya lo había visto, inclusive fue quien me dio cierta información antes de que se me despojara de mi naturaleza original; pero como errante, sus recuerdos ahora eran mínimos.

Me encogí un poco porque el maldito brazo estaba doliéndome.

  ¡Samin!

  Tranquila, no pasa nada.

  ¡¿Que no pasa nada?! ¡El brazo te está sangrando! — Corrió a la cocina por un paño. Los vendajes de mi brazo estaban tiñéndose de rojo oscuro.

Amber aparece con una toalla húmeda y me envuelve la mano con ella. La acaricia con suavidad, y trata de darme agua directamente de una jarra para que trate de recuperar energía.

Traté de mover los dedos de la mano; me dolieron y solo conseguí ganarme un grito de parte de ella porque la sangre empezó a drenar más rápido.

  ¿Todo esto de verdad va a funcionar? — me preguntó preocupada.

Me senté sobre el sofá a esperar que las heridas de la palma de mi mano dejaran de ponerse tan quisquillosas y por fin detuvieran el sangrado.

  No lo sé, Amber. Ya no lo sé.


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