Noches de insomnio | Capítulo 26: Noche XXVI

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Capítulo 26 | NOCHE XXVI


 

 

 

Sisa

 

  ¡El clima en todas partes del mundo está pasando por uno de sus cambios más radicales! Las temperaturas convencionales para esta época del año parecen haber decidido intercambiarse en hemisferios: mientras aquí tenemos oleadas de calor a pesar de la estación invernal, al otro lado del mundo se está viviendo el mismo fenómeno al tener bajas temperaturas cuando por allá se está en verano.

Abrí los ojos con algo de pesadez; la radio seguía encendida y afuera el cielo empezaba a ponerse color melocotón. Un par de brazos me rodeaban por la cintura: reconocí la calidez inmediatamente.

Giré con cuidado y me encontré con su rostro apacible: seguía dormido, con el ceño completamente relajado y la respiración acompasada.

Se me escapó un suspiro, fue inevitable: era demasiado lindo.

  La curiosa lluvia de meteoritos de hace un par de semanas también sigue siendo estudiada por el Departamento Mundial de Astronomía. Muchos científicos aseguran que podría tratarse de un fenómeno que solo sucede cada cientos de años y habría sido causado por…

Me estiré sin moverme demasiado para evitar despertarlo. Habíamos estado charlando y viendo las fotos que tenía a propósito del concurso de villancicos que se había realizado la semana pasada en la escuela. Me demoré algo de diez minutos en detener el ataque de risa que se le desató por el disfraz de gnomo que tuvimos que ponernos Etel y yo (ella porque todo el salón se lo pidió por lo pequeñita que era y lo bien que se vería; y yo porque me pidieron que acompañara con el violín).

En una de las fotos Loi salía esplendorosa, interpretando a una estrella de Belén muy poética, Tomas con las astas de reno que todos los de mi salón tuvieron que usar; y Etel y yo a los costados, con toda la pinta de arlequines de fiesta infantil navideña.

»— ¿Vas a dejar de reírte? — pregunté con mala cara. Me juró que no volvería a hacerlo, pero fallaba estrepitosamente cada vez que nos topábamos con otra foto en la que el bendito gorro y los zapatos de duende hacían acto de presencia.

»— Te ves muy bonita — declaró con amabilidad.

»— Claro, y por eso te ríes.

»— Es que siempre sales con gesto de “¡mátenme, por amor de Dios!”.

Bien, me rindo: por hoy soy el payaso.

Gisell y Corín habían salido de compras así que aprovechamos el tiempo para quedarnos en mi habitación, escuchando música y tonteando. Me preguntó a propósito de los exámenes que Loi y yo habíamos adelantado el viernes. El de Historia creo que lo di estupendamente bien; y el de Física, gracias a los repasos y sus explicaciones muy didácticas, me parece que también ha sido dado para por lo menos una B+.

No sé en qué momento me quedé dormida. ¡Ah, ya! Estaba ensayando con el violín, después me atrapó por la cintura, desordenamos en algo mi cama por el ataque de cosquillas del que fui víctima y finalmente me quedé ahí, observando el cielo a través de la ventana mientras me abrazaba por la espalda.

Sí, fue en ese momento: me sentí llena de tanta paz que sin querer cerré los ojos y Morfeo me tomó por asalto.

La mayor parte del tiempo a su lado es así: jugueteamos, charlamos y me siento tan cómoda con su presencia que así estemos en silencio ya es suficiente para mí.

Elevé la mirada: me encontré nuevamente con el gesto tranquilo de su rostro. Me erguí un poco solo para besar su mentón.

¿Cómo alguien puede verse tan condenadamente lindo solo estando así, prácticamente en reposo?

De pronto apareció la sonrisa burlona, aún con los ojos cerrados:

  ¿Ya te cansaste de mirarme? — me preguntó con arrogancia. Repetí sus palabras en tonito de burla, y me gané un pellizco en la mejilla y un beso en el cuello—. Estás muy cansada. No has dormido nada por estudiar para los exámenes.

  ¿Tú no estabas dormido también?

  Podría decirse que ya aprendí a organizar mis horas de sueño. — Me acomodé entre sus brazos, pero la camiseta se me elevó un poco por el movimiento. Sentí sus dedos paseándose directamente por mi cintura y automáticamente todo mi cuerpo reaccionó.

Me reincorporé solo para besarlo. Quité la gorra ajustada que llevaba y hundí los dedos en su cabello: es una costumbre que he adoptado, no sé por qué.

Soltó una risa y mencionó algo de que alguien estaba ligeramente “ansiosa”.

  ¿Qué cosa? — repliqué fingiendo enfado y rompí el beso. Iba a quitarme de encima, pero me tomó por las muñecas y cambió la posición con suavidad.

Me encontré atrapada entre su cuerpo y mi cama, con sus ojos clavados en los míos.

  Nunca dije que ese alguien fueras tú— añadió y la maldita sonrisa burlona que tanto amo hizo acto de presencia—. Tal vez hablaba de mí.

  Sí, como no.

  O de ambos… — Se quedó mirándome a los ojos y después bajó a mi rostro lentamente. El señor de las noticias radiales mencionó que Saturno estaba en Venus o algo así justo cuando su boca llegó a la mía, y después todos los sonidos se perdieron. Logré que una de mis muñecas fuera liberada para que volara rápidamente hacia sus hombros.

Nunca creí decir algo así pero realmente me encanta su cuerpo.

Sus manos me tomaron por la cintura y me elevaron. Terminé sobre él, a horcajadas, mientras era imposible eliminar la sonrisa que se me iba dibujando.

  ¿Quién es el ansioso ahora? — lancé. Me retorcí de la risa cuando me gané un par de pellizcos juguetones en la cintura—. ¡No, Alen! ¡Alen! ¡Voy a ahogarme y…! — Y nada.

No me quedó más que aferrarme a su cuello y suplicar por una tregua en medio de carcajadas. Me retorcí tanto que me golpeé la frente con la suya.

¡Pom!

  ¡Ouch! — se quejó riendo—. Qué cabeza tan dura.

  ¡Fue tu culpa! — me defendí.

Me tomó por el rostro y depositó un beso sobre la zona vulnerada.

  Lo siento, amor — me dijo y en ese momento le perdoné absolutamente todo por la estúpida-perfecta-sonrisa-y-los-condenados-ojos-de-sol.

Reiniciamos el beso anterior y todo se sintió como últimamente se sentía: perfecto.

Sentí los trazos de sus dedos sobre mi espalda, su otra mano subiendo peligrosamente a mi pecho por debajo de mi camiseta. Mordí su labio inferior mientras me preguntaba cómo le dices a las mariposas que empiecen a acostumbrarse, que dejen de ponerse tan revoltosas solo por besarlo. Y es que no sé si soy yo o es él, que sabe exactamente a qué puntos llegar para desatar tantas sensaciones en mi cuerpo.

  Alguien…podría llegar — murmuró a mi oído. Negué con la cabeza con los ojos cerrados y volvió a mi boca.

Desde aquella vez es tan sencillo que este tipo de situación surja porque ya no me apena pensar o decir ciertas cosas: las he conocido en su faceta más hermosa, y me maravillo ante la cantidad de sentimientos y sensaciones que dos personas que se quieren pueden provocarse mutuamente. Y, además, él mismo ha dejado de mostrarse tan restrictivo con todo esto del contacto corporal.

  Las precipitaciones han disminuido, y la intensidad de las radiaciones solares…

Intensidad de las radiaciones solares.

El sol…que alguien me explique cómo conseguí apoderarme del sol.

Sus labios descendieron a mi cuello; sentí sus manos sobre mis piernas, subiendo por mi cintura. Sus ojos se clavaron en los míos por unos segundos y las mariposas enloquecieron.

Mis dedos iban a llegar a los botones de sus jeans, justo cuando oímos un auto estacionarse abajo.

  Mierda — lo oí murmurar y no pude evitar soltar una risita: Gisell y Corín ya habían retornado así que no había modo de continuar.

Mmm, un momento.

Nos separamos y al instante me puse de pie a apagar la radio. Le pedí con la mirada que guardara silencio mientras nos poníamos las zapatillas; saqué el cofrecito que Amber me había regalado y él comprendió rápidamente mis intenciones de llevármelo a algún otro lado y fingir que nunca estuve en casa.

  Te has convertido en una completa chiquilla rebelde de dieciocho años — susurró en mí oído con burla, y después me atrapó por la cintura. Ni siquiera abrí el cofre y ya estábamos en su departamento.

Solté una carcajada y sin esperar demasiado me besó con tanta intensidad que podría haberme muerto del placer ahí mismo.

  ¡Ah, no! — oímos al lado: Tarek venía de la cocina—. Bellota, hermano, lo lamento, pero no van a venir a hacer cosas interesantes conmigo presente. Tal vez voy a sonar anticuado, pero debo admitir que no es lo mío eso del rol de espectador.

  ¡Tarek, lárgate! — le respondió Alen y volvió a mi boca.

Cerré los ojos con fuerza; cada vez que me besaba algo se quemaba por dentro.

  ¡No! ¡Sean conscientes del terrible trauma que implica ver a dos de tus amigos más cercanos en este plan! — Fingió que se ahogaba y después cayó al piso, en una perfecta interpretación de “me derrito”—. ¡Bellota…no…lo…hagan…conmigo…aquí!

Tuvimos que separarnos porque a mí la escena me dio muchísima risa, pero Alen, por otro lado, parecía querer asesinarlo.

  Tarek, ¿puedo saber por qué demonios siempre eres tan inoportuno?

  ¿Inoportuno yo? Creo que estás olvidando que los que acaban de aparecer así, sumergidos en un beso intensamente apasionado, lleno de oleajes tórridos de deseo desenfrenado: ¡son ustedes dos!

No lo aguanté y rompí a reír ante la voz muy a lo telenovela que había adoptado.

  ¿Quieres hacerme el favor de largarte? — replicó Alen perdiendo la paciencia.

  ¿Que acaso no hay nada más que hacer como pareja, muchachos traviesos? — nos preguntó mientras acomodaba la sala. Mmm, ahora que veo bien: ¿vino? ¿Flores?—. Podrían charlar, jugar… ¡Hay tantas cosas que se pueden hacer más que simplemente dejar que sus bajos instintos emerjan! ¡Ya paren! ¿Creen que no me he dado cuenta? ¡Se han vuelto unos adictos al sexo…!

  Tarek, no me salgas con esos cuentos ahora — lo interrumpió Alen—. ¿Y por qué demonios tienes todas estas cosas…? — Observó con suspicacia alrededor, y después abrió la boca, indignado —: ¡Óyeme! ¡Lo que sucede es que vas a encontrarte con Loi aquí!

  ¿Qué? ¡¿Cómo se te ocurre pensar algo así?! ¡Me estás ofendiendo!

  Tarek, no empieces…

  ¡Creer que intento botar a mi mejor amigo de nuestro hogar, solo porque tengo planes más divertidos con mi novia! ¡¿Qué clase de sujeto crees que soy?! ¡¿Te parece justo su trato hacia mí, Bellota?!— Me miró profundamente trastocado. Iba a decirle que yo le creía, pero Alen entrecerró la mirada:

  Tarek…—insistió. Tuvieron una batalla visual por un buen intervalo de tiempo hasta que Tarek suspiró y dejó caer la cabeza de lado:

  Ya, sí, tienes razón: la princesa estará aquí en unos minutos — aceptó derrotado.

  ¡Lo sabía!

  Así que sin más qué decir, los invitaré a retirarse — añadió con una sonrisa enorme.

  ¿Eh?

  Pero qué…

  ¡Adiósito!

Y de pronto el departamento desapareció, y en su lugar nos encontramos cerca al muelle.

  ¡¿Esto es en serio?! ¡Tarek! — lo oí reclamar. Me dio algo de gracia escucharlo repetir que cómo era posible que lo hubieran echado de su propia casa.

  Por lo menos estamos viendo esta bonita puesta de sol — comenté encogiéndome de hombros. Tarek también necesitaba algo de espacio, y todas las veces que me quedé en el departamento nunca puso peros de por medio para dejarnos solos. Era justo dejarlo por esta vez—. Por cierto, ustedes dos discuten como una pareja matrimonial.

  Sí, Nanael me ha dicho algo parecido — aceptó y rompí a reír—. Creo que ha llegado el momento de pedirle el divorcio.

Avanzamos por todo el camino de madera y después nos sentamos al borde. Oí el crujir de la madera y bajé la mirada: el mar traía ese color naranja cálido del atardecer.

El señor de las noticias tiene razón: estamos en invierno, el estupendo sol que hay en Lirau no es muy lógico que digamos.

Iba a hacer un comentario a propósito de eso, pero lo encontré observando el horizonte sumamente concentrado.

   Loi y Etel solían verte sentado aquí mucho antes de que nos conociéramos— inicié. Apoyé mi cabeza sobre su hombro; sonrió—. ¿Qué hacías?

  Mmm, bueno, por un lado, me alimentaba. — Asentí, recordando que solía obtener energía contemplando expresiones cargadas de impacto emocional—. Y a veces simplemente aguardaba.

  ¿Aguardabas?

  Buscar las letras de mi nombre era un trabajo exasperante: no tenía pistas y solo me quedaba esperar. Me gustaba venir a esta parte porque Izhi queda muy cerca, y hay algo en ese bosque que me relaja mucho.

Ya le había comentado que me parecía que los gritos que solían escucharse por allá eran los de él en su existencia original. Me respondió con calma que probablemente era así, ya que él también sentía una especie de familiaridad con respecto a Izhi, pero no le dio mayor importancia.

Y ahí lo comprendí: realmente había decidido quedarse aquí, conmigo, y todo lo que tuviera que ver con su existencia como ángel ya no le interesaba en lo absoluto.

¿Y Albania?

Albania tampoco significa nada: ni para él, ni para mí.

  ¿Correr? — le pregunté cuando salió como tema las carreras que solía tener con Tarek desde que lo había conocido.

  Sí, es un pasatiempo divertido. Y podré seguir haciéndolo porque mi velocidad solo va a perderse un poco. Tarek está demasiado entusiasmado ante la idea de tener ventaja porque siempre le ganaba — me dijo animado. Una ola impactó contra las bases del muelle; algunas pequeñas gotas nos salpicaron las piernas.

Lo observé con curiosidad, y entonces jugueteé con el cofre que había traído conmigo en el bolsillo de mi chaqueta.

Yo también podía correr, o bueno, por un intervalo de tiempo podía hacerlo.

  ¿Por qué no hacemos una? — sugerí.

  ¿Una carrera? ¿Quieres intentarlo? —me preguntó; asentí. Elevó una ceja con arrogancia, y me dijo en plan de jugueteo que era muy bueno así que no había manera de ganarle.

  ¡Pero-qué-modesto!

  Gracias. — Lo miré con mala cara y soltó una carcajada—. De acuerdo, si tanto quieres hacerlo podemos intentarlo. Además, tienes cierta ventaja.

  ¿Ventaja?

  Yo ya no me muevo tan rápido como antes; y tienes un cántico de movilidad realizado por un antiguo demonio.

  ¿Y eso qué significa? — pregunté completamente perdida.

  La facultad de transporte es igual en demonios y ángeles; la de vuelo es una exclusivamente de ángeles y la de movilidad es mucho más eficaz si la realiza un demonio. Es por eso que Tarek siempre se enfadaba cuando le ganaba: que un antiguo ángel le gane una carrera a un antiguo demonio es casi antinatural.

Solté una carcajada al imaginar ese tipo de discusiones. Ya sabía desde hace mucho que Alen y Tarek eran muy cercanos, pero para ahora ya he comprobado que la relación entre ellos es muchísimo más profunda: es casi como la que yo tengo con Joan, y eso es lo que la hace tan especial.

Son como hermanos.

Después de tantas vueltas aceptó mi desafío: le ganaría para bajarle un poco al enorme ego de maratonista que tenía.

  De acuerdo, pero antes… — Posó una mano sobre mi cabeza y cerró los ojos. Sentí como si derramara agua tibia sobre mi cabeza, pero seguía seca: ¿qué era? ¿Un salmo de…? ¿Protección?

Ya ni me interesa cómo es que creo saberlo.

  ¿Qué hiciste? — pregunté con curiosidad.

  Un salmo de protección e invisibilidad, solo por si las dudas. — Lo sabía — No impactarás con ningún humano, ni muro ni árbol, ni te harás daño. Y nadie podrá verte. He puesto mucho cuidado en invocarlo así que realmente vas a estar a salvo.

Quise acercarme a besarlo, pero de ahí lo pensé mejor y comprendí que si lo hacía, él me respondería y ya habíamos estado algo ansiosos hace un rato y no era un buen momento para retomar lo anterior estando aquí, junto a un bosque que solía encontrarse muy solitario la mayor parte del tiempo y en el que podríamos aprovechar la ausenc…

¡No! ¡Ya basta! ¡Tarek tiene razón! Hay muchas otras cosas que hacer como pareja.

Me tomó por la mano y nos transportamos hasta un punto de las afueras de Lirau. Nos detuvimos en varias oportunidades en otros lugares porque la facultad de transporte empezaba a fallarle: cuando aparecimos en la sala de Marissa y Santiago casi le da un ataque porque no habría manera de explicar el asunto si nos veían.

Segundos más tarde aparecimos al borde de una enorme carretera frente al mar; el viento soplaba con fuerza y todo se sentía sumamente amplio. Me dijo que la facultad de movilidad funcionaba mejor si se tenía en mente el lugar exacto al que se quería llegar, así que solo tenía que concentrarme y disfrutar del paseo hasta llegar a Izhi. Eso era parte de la ventaja de movilizarse a velocidad de ángel o demonio: no era necesario darle demasiadas indicaciones a los músculos mientras mis pensamientos estuvieran completamente enfocados en la meta.

  Solo sigue de largo el camino, y no olvides pensar en Izhi.

  Voy a bajarle un poco al enorme ego que tienes, Alen Forgeso — apunté estirándome.

  Cuidado, Bellota, soy realmente bueno— me retó con presunción. Puse los ojos en blanco—. ¿Qué obtendré si gano?

  ¿Mmm? No sé… — Tomé su mano y observé nuestros dedos como quien no quiere la cosa—. Lo que quieras. Si ganas podrás pedirme lo que quieras.

  ¿Lo que quiera? — repitió. Sentí la complicidad de la propuesta; me tomó por la cintura y volvimos a caer en un beso algo intenso.

El viento sopló con fuerza; me pregunté en qué momento mi vida se hizo tan perfecta.

  La apuesta no va a servir de nada — susurré atontada cuando rompimos el beso.

¿Para qué apostar algo que en realidad queríamos ambos?

Nos ubicamos. Abrí el cofre, susurré “movilidad” y entonces algo de la neblina rojiza trepó hacia mis dedos. Tomé una gran bocanada de aire porque sentí como si mis pulmones se llenaran de puro oxígeno.

  ¿Lista? — me preguntó encorvándose un tanto. Lo vi sonriendo, lleno de emoción, y yo misma me encontré entusiasmándome poco a poco. Me incliné casi por instinto y lo oí exclamar —: ¡Ya!

El panorama se convirtió en un borrón difuso. Por un momento sentí que mi cuerpo era el viento porque atravesaba todo sin nada que se le opusiera. Izhi, Izhi, Izhi, era todo lo que pensaba arduamente. Las imágenes, una a una, se transformaban en barridos borrosos; en el camino llegué a ver ciertos edificios que conocía. Observé de soslayo y vi a Alen corriendo sumamente contento. Volteó de reojo y me sonrió burlonamente, solo para doblar por una de las esquinas, ágilmente. Iba a seguirlo, pero me di cuenta de que había una manera más rápida de llegar.

Si tan solo todos estos edificios no estuvieran a modo de obstáculos, podría ahorrarme el doblar por las esquinas.

« Pues crúzalos», escuché. Pensé en detenerme, pero una idea extraña se me ocurrió. Total, estaba con un salmo de protección a prueba de todo, ¿verdad?

Doblé por una de las esquinas, sin impactar con ninguna de las personas que se veían como manchas de acuarela, y cuando vino la siguiente en vez de doblar por un lado, seguí de largo…

…y antes de que colisionara contra el muro me arqueé con fuerza.

Solté un grito, llena de emoción, cuando mis pasos empezaron a apoderarse de él: ¡estaba deslizándome por toda la pared de un edificio, convirtiendo lo vertical en horizontal! Me detuve por si las moscas, y me encontré en el borde del último piso… ¡pero del edificio siguiente! Por lo visto la velocidad era tal que hasta podía cruzar un espacio vacío como si fuera alguna superficie. Sentí una explosión de adrenalina invadiendo mi cuerpo: ¡podía hacerlo todo! Volví a inclinarme, y emprendí la carrera.

Crucé algunas calles más, riendo por la velocidad y visualizando Izhi en mi mente; y entonces vi a lo lejos el mar.

Ya llegaba.

Me incliné un poco más; la mancha verde me recibió y se transformó en árboles. Di una vuelta completa aprovechando que aún tenía fuerzas para seguir moviéndome a esa velocidad, y después crucé todo el espacio, aún llena de adrenalina…

…y no pude detenerme cuando prácticamente salté por uno de los precipicios.

Elevé la mirada y en ese momento toda la rapidez con la que contaba desapareció, y de manera contradictoria me dio un panorama como en cámara lenta. Me topé con el cielo, cara a cara, y las imágenes retornaron: Albania decidiendo acabar con su vida, Albania lanzándose por un precipicio, Albania muriendo y siendo resucitada por Alen y Samin.

» ¡Está vivo, Albania! ¡Maldita sea, no le dispararon! ¡Está a salvo, en un refugio! ¡Si miles de veces atentaran contra su vida, miles de veces volvería a salvarlo!

Parpadeé desconcertada; el cielo empezó a verse cada vez más lejano.

Cayendo.

Estoy cayen…

  ¡SISA! — gritaron. Me tomaron por la cintura, sentí algo de agua rozándome las zapatillas y después me encontré sobre la arena, en la parte de la playa más cercana a Izhi y, por lo tanto, completamente vacía.

¿Qué…? ¿Qué pasó?

Alen me observaba con la respiración agitada, algo mojado y sumamente alarmado.

  ¡Te vi a punto de caer! ¡Casi me da un ataque! — me dijo alterado.

Lo miré, tratando de comprender bien el asunto: había cruzado toda la superficie de Izhi, traspasado el límite entre mar y tierra, casi termino cayendo, y él había logrado cruzar a mayor velocidad para atraparme y con la misma llevarme hasta la orilla. Casi había pasado corriendo por toda el agua.

Ah, eso explicaba por qué estaba algo mojado.

  ¿Estás bien? — me preguntó tomándome por los hombros. Traté de regular la respiración y entonces no pude contener la sonrisa que iba asomándose en mi rostro —. ¿Sisa?

  ¡Alen, ha sido lo mejor del mundo! — exclamé. ¡Con razón le gustaba correr tanto!

¡Era estupendo! Uno se sentía tan libre que podría pasarme corriendo el día entero.

  Santo cielo, estás loca — me dijo riendo aliviado. Hundí mi rostro sobre su cuello; la visión anterior no merecía ni siquiera ser comentada.

Nos quedamos sentados ahí, en esa playa completamente desierta y oyendo el cántico del mar al encontrarse con las rocas. Estuve a punto de pedirle algo extremadamente osado como que lo hiciéramos ahí mismo, cuando me transmitió tantas cosas en un solo beso: amor, deseo, ternura, todo junto en su boca.

Suspiré al romperlo y después me hizo girar con un movimiento delicado solo para abrazarme por la espalda:

  Te quiero — le dije cuando sentí su mentón sobre mi hombro derecho.

  Yo también, boba preciosa — susurró a mi oído; las mariposas volaron en diferentes direcciones, el mundo se volvió aún más hermoso—. Así de loca, extraña, risueña…también algo gritona y obstinada — añadió y lo pellizqué con suavidad por la cintura.

Jugueteamos un tanto y después volvimos al muelle. Subimos las escalinatas de la parte más comercial de la playa, y solo paseamos por las calles. En uno de los parques cercanos al Museo Principal de Lirau un grupo de chicos estaba presentando un show de arte callejero, con burbujas de jabón saliendo por doquier. Alen me pidió en un susurro que observara al frente, entre los espectadores, y me señaló a una pareja algo mayor, que rieron cuando las burbujas cayeron sobre ellos.

  El día de tu cumpleaños los vi; Tarek estaba conmigo — me explicó. Lo miré con curiosidad—. Ellos son Marine y Francesco, Bellota.

  ¿Qué? — exclamé boquiabierta. Volteé a verlos nuevamente: se habían tomado de la mano para ya retirarse—. ¿Tus abuelos? ¿Los de tu segunda vida? — Asintió. Me apoyé sobre su hombro ante su sonrisa nostálgica—. Se ven muy amables.

  Lo son. Siempre lo fueron.

  ¿Y si están juntos otra vez… ?— tanteé.

  Sí, significa que ambos son el Par absoluto del otro.

Vaya; que dos personas sigan queriéndose a pesar de encontrarse en otra vida sonaba mágico.

Emprendimos la marcha a algún otro lugar, pero de repente oímos un grito: era un chico que trataba de detener al grupo de perros que tiraban de él por medio de sus correas y venían hacia nuestra dirección, muy emocionados.

  ¡No! ¡Deténganse! — gritó el chico, pero fue demasiado tarde.

¡BROM!

¡WARF! ¡WARF! ¡WARF!

  ¡Lo siento muchísimo!— nos dijo cuando los cinco perros terminaron sentados sobre Alen, prácticamente comiéndoselo a lengüetazos—. No sé qué pasó, suelen ser muy educados cuando los saco a pasear.

  No te preocupes — le respondí divertida mientras sacábamos uno a uno a los atacantes. Nos demoramos muchísimo quitando a un enorme Golder Retriever que se veía muy satisfecho recostado por completo sobre su nuevo “colchón”.

  Tienes mucho ángel para los animales — señaló el chico cuando Alen estuvo de pie, algo despeinado pero de muy buen humor—. Siempre estoy por esta parte, así que si algún día quisieras incursionar en el trabajo, puedes ponerte en contacto conmigo.

  Muchas gracias, lo tomaré en cuenta — le respondió con una sonrisa.

  ¡Ya vámonos! — exclamó el chico tratando de llevarse a los cinco perros que seguían meneando la cola, contentos, observando a Alen.

  Ha sido un placer conocerlos; espero que nos reencontremos en otra oportunidad —dijo y los cinco perros dejaron de forcejear y estuvieron dispuestos a seguir con la caminata anterior.

El chico nos miró sorprendido:

  Vaya, realmente tienes talento. Ya sabes, siempre estoy por aquí — agregó, y después se alejó.

Nosotros también continuamos con el paseo para finalmente terminar apoyados en las barandas del mirador de un edificio enorme. El viento soplaba con muchísima fuerza por aquí, y los autos se veían como pequeños puntitos brillantes que se movilizaban en hileras.

  El baile de fin de curso será un día antes de Navidad — comenté. Me castañearon los dientes un tanto y eso bastó para que sus brazos me rodearan desde atrás. Solté un suspiro bajito cuando sentí la calidez de su cuerpo abrigándome un tanto.

  Tarek estaba hablando de eso. No dejaba de repetir que con esmoquin se vería muchísimo más guapo — me dijo riendo—. Por cierto, Marissa me hizo jurarle que pasaríamos por la casa para que nos fotografiara. Lo siento mucho. — Le dije que no había problema. No pude evitar imaginarlo con chaqueta, pantalón de vestir, también con la corbata y me emocioné un tanto—. ¿Por qué te estás riendo, Bellota?

  Por nada, por nada.

  Mmm, ese “nada” me suena a muchas cosas. — Solté más risas y después me apoyé sobre él, con sus brazos alrededor de mi cintura y su mentón sobre mi hombro.

  Alen, ¿eres feliz? — Me obligó a girar con delicadeza para verme a los ojos.

Asintió con la cabeza y después me besó.

  Vamos a tener que practicar porque solo he ido a un baile de fin de curso— me dijo mientras empezábamos a balancearnos con suavidad: izquierda derecha, izquierda derecha.

  ¿Eh? Pensé que no habías ido a ninguno — apunté con curiosidad.

  En mi séptima vida: tenía dieciséis. — Traté de imaginarlo con dos años menos, yendo a recoger a una chica, y cuando la sonrisa empezaba a expandirse por mi rostro noté algo.

  ¿Mmm? ¿Con quién fuiste? — le pregunté.

  Bueno… — Echó la vista hacia arriba, como para pensarlo, y después suspiró—. Con Nhyna.

Ah, ya.

Espera, ¿qué?

  ¡¿Qué?! — exclamé con demasiada fuerza. Me miró algo apenado y después se encogió de hombros:

  Conocí a Nhyna en mi séptima vida. La primera vez que la vi fue muy amable, pensé que sería como Tarek. —Sí, como no—. Fuimos estrictamente a bailar: no pasó nada más — me confirmó con seguridad.

  La besaste, ¿verdad? — Desvió la mirada y eso me bastó porque estoy empezando a comprender los gestos de su rostro sin necesidad de que hable.

  Pero no pasó de eso.

Fruncí los labios y asentí. Era estúpido sentirme incómoda por eso: había sido en su séptima vida, no nos conocíamos así que…

Lo miré fijamente y me puse de puntillas. Él también ya entendía mis gestos sin necesidad de mayor explicación, porque sin preguntar más se inclinó y me besó.

Volvimos a casa cuando vi la hora: apenas eran las siete, pero sabía que Santiago saldría rumbo al aeropuerto a las nueve porque estaría fuera de la ciudad hasta la próxima semana, así que lo ideal era que Alen pasara algunas horas con su familia.

Nos despedimos en mi puerta. Me besó en la mejilla para evitar cualquier tipo de problemas si Gisell o Corín aparecían por la ventana.

  Saluda a Naina de mi parte.

  Lo haré. Te diría que pasaré más tarde, pero creo que debes repasar para tus exámenes de mañana.

  Podrías quedarte conmigo mientras leo — sugerí, como quien no quiere la cosa—. Ya te has quedado otras veces cuando tenía tarea y...

  Ya, pero en todas esas ocasiones lo último que hemos hecho ha sido enfocarnos en tus libros — me respondió con burla.

Sí, tiene razón. Es mejor que me enfoque solo en repasar para los exámenes de mañana, lunes.

Tomó un mechón de mi cabello y lo puso con delicadeza detrás de mi oreja. Me puse de puntillas, planeando besarlo, pero en ese momento me percaté de algo: el tatuaje que sobresalía por debajo de la manga de su camiseta tenía casi las tres cuartas partes ya borradas.

  Está mucho más pequeño que hace unos días — comenté rozándolo con los dedos.

Bajó la mirada y se encogió de hombros.

  Gabriel, “el verdadero”— me aclaró—, pasó a verme hoy por la mañana. — ¡¿Ehh?! —. Si todo va como espero, para cuando hayas retornado de Libiak este nombre ya no estará más en mi brazo.

  ¿Qué? — Por lo que sabía, el tatuaje se borraría por completo cuando su periodo de prueba hubiese culminado—. ¿Eso significa…?

  Sí, me presentaré ante la Magistratura la próxima semana, con Tarek de testigo, y anunciaré que quiero permanecer en este mundo como desertor.

Por un momento imaginé una habitación completamente blanca, con un juez y un tribunal pero con alas. Soltó una carcajada ante mi visión y me dijo que en algo se parecía, solo que el martillo y el “¡silencio en la sala!” no estaban incluidos.

  Y después de eso, oficialmente me quedaré en este mundo para siempre — concluyó con una sonrisa.

Me dieron unas ganas tremendas de romper a reír de la alegría; me sonrió y después añadió que solo había un pequeño problema: no sabía exactamente cuándo sería y cuánto duraría su audiencia, así que cabía la posibilidad de que no pudiera acompañarme los días que pasara en Libiak.

  No te preocupes. Lo de ahora solo son charlas informativas y el tour por todo Gaib Art. — Total, cuando rindiera el examen en enero definitivamente lo tendría conmigo; y ya sin ningún tatuaje ni visiones sobre cosas pasadas.

Sentí que un bonito globo de felicidad se infló dentro de mí.

Alguien corrió las cortinas de la ventana del costado; Alen también lo notó. Elevó las cejas, divertido, y después me besó rápidamente y se perdió, trotando con agilidad rumbo a la casa de Marissa y Santiago.

Me quedé observándolo en silencio, con un suspiro a punto de escaparse de mi pecho, y después entré a casa.

  Qué milagro: llegaste antes de las nueve — oí a Corín. Asentí, demasiado contenta como para decir algo más, y me acerqué a la mesa porque la cena estaba siendo servida.

Me lavé las manos y ayudé poniendo los individuales, los vasos y los cubiertos. Gisell me pasó los platos servidos y después cenamos en silencio. Sentía la mirada de Corín escudriñándome; preferí enfocarme en mi postre y divagar, pensando en los últimos temas que me faltaban repasar para los exámenes que daría a partir a mañana.

No pasó mucho para que el teléfono sonara. Corín se apresuró a contestar y después la oímos saludar al abuelo.

Me puse de pie y casi corrí a la sala.

  ¡Abuelo! — exclamé cuando me pasó el teléfono—. ¿Cómo estás?

  Eso debería preguntar yo, Cachorra. ¿Por qué no contestas el celular?

  ¿Ah? — Parpadeé, tratando de recordar dónde lo había puesto—. Ah, lo siento. Salí y no lo llevé conmigo. — Cuando Alen y yo salimos, buscando un lugar más cómodo, lo había dejado en mi habitación.

  ¿Con el niño despeinado?

  Se llama Alen, abuelo — lo reprendí. Me dijo que “Alen, muchacho, niño despeinado”, a él le daba igual.

  Ya, ya, basta de hablar del chico. Dime, hija, ¿cuándo viajas para Libiak?

  El jueves en el vuelo de las ocho, abuelo. —Iago ya se había encargado de todos los preparativos para que Loi y yo viajáramos juntas y nuestra estadía allá no tuviera contratiempos.

Nos quedaríamos hasta el lunes para conocer la ciudad y de paso cerciorarnos de todos los datos para el día del examen como el auditorio, la hora, y los implementos que debíamos llevar.

  Bien, bien. ¿Tienes dinero suficiente?

  Ni te preocupes por eso. Todo está bajo control — le respondí con mucha convicción. Ya había hecho todo mi presupuesto, y transferido el monto requerido de la cuenta personal de mamá a la cuenta que había abierto para mí misma. Inclusive ya había arreglado todo el asunto del préstamo que Loi me hizo para la inscripción al examen de admisión (observó el dinero a regañadientes, pero me lo recibió).

  Listo, hija. Ve con cuidado y ya de ahí hablamos porque tu hermano ya termina sus exámenes y probablemente estaremos rumbo a Lirau en unos cuántos días.

  ¡El abuelo y Joan vendrán para Navidad! — grité, emocionada. Corín me dijo que ya lo sabía hace mucho.

¡Qué noticia tan maravillosa!

  Por cierto, Cachorra. Tal vez algún bonito obsequio esté por llegar.

  ¿Eh? ¿Obsequio, abuelo?

  Aún no te he dado tu regalo de cumpleaños, hija. Y ahora que estamos ya a semanas de tu examen, y a días de Navidad, tal vez sea hora de dártelo.

Iba a decirle que no era necesario, pero oí que alguien gritó: parecía ser Joan que estaba trasladando un sofá o algo así y por lo visto estaba por aplastarlo.

  ¡Pero si te estoy diciendo que no podrás cargarlo solo! ¡Suelta eso, caramba!

  ¡Viejo! ¡Deja de gritar tanto y ayúdame!

  ¡Ni siquiera tu abuela era tan fastidiosa, muchacho del demonio!

Solté una risa ante la pelea, y después colgué al despedirme del abuelo que tenía que ir a rescatar al “torpe” de mi hermano, según sus palabras.

Corín me observó con un gesto algo hosco; le pregunté qué sucedía y me respondió que ella también quería hablar con el abuelo y Joan. Le expliqué lo del sofá y se perdió por las escaleras, diciendo que yo y “mi examen a Gaib Art” siempre queríamos ser el centro de atención.

Solo por evitar este tipo de peleas es que también quiero ingresar y mudarme a Libiak.

Retorné a la cocina, recogí la mesa de buen agrado, y después de dejar los platos y vasos sobre el secador pasé rumbo a mi habitación; pero la voz de Gisell me detuvo:

  ¿Cómo será lo de la escuela esa de música? — me preguntó mientras revisaba algunos papeles en la sala. Petardo apareció por la puerta trasera de la cocina, y se puso de dos patas sobre mí, exigiendo afecto—. ¿Cuándo te vas?

  El jueves por la mañana. Intentamos conseguir boletos para el miércoles por la noche, pero todos estaban agotados.

  ¿Quién te llevará hasta allá? — Le dije que viajaría con Loi y su hermano—. Ah, qué bueno. No podría haberte llevado hasta allá.

  Gracias de todos modos — respondí pasivamente.

  No va a viajar el chico, ¿verdad? — La miré sin comprender—. No me pongas esa cara, porque sé perfectamente que estás saliendo con el hijo de los vecinos de la casa de allá abajo. Deberías tener algo más de respeto por ti misma, niña. Corín me contó que andas dando espectáculos en la calle; cielo santo, qué vergüenza. — Bien, lo de “espectáculo” significa que nos ha visto besándonos.

De acuerdo, esta vez ha sido mi culpa.

  No, no vendrá conmigo — respondí con simpleza.

La oí murmurar algo de que conmigo ya no se sabía y después frunció los labios.

  No sé cómo planeas pagar esa colegiatura si llegas a ingresar. — Bien, tal vez deba irme a mi habitación y ponerme a repasar. Giré, dispuesta a retirarme, pero elevó la voz —: Espero que estés tomando en cuenta que Alcides no tiene demasiado dinero para apoyarte; y en caso de que lo tenga, parte de ese monto le corresponde a Corín y a Joan.

  Estoy postulando por una beca — expliqué sin inmutarme—. No planeaba pedirle ayuda al abuelo.

  Y en cuanto a Ruth; que no se te olvide que más que tía tuya, es tía de mis dos hijos. — Asentí levemente—. Desperdiciando dinero en tonterías como esa. Ya no sé si tu madre estaría realmente conforme con que uses todos sus ahorros de manera tan irresponsable.

  No es una tontería — repliqué—. Es una escuela de música.

  ¿Y eso qué? ¿Vas a vivir de eso? — Pensé en responderle que mientras hiciera lo que me gustara todo estaría bien pero no tenía caso, iba a sonar excesivamente idealista y podría empeorarlo todo—. En fin, es tu vida y ya eres mayor de edad.

Apreté los labios, y me quedé en silencio, esperando que me dijera que ya podía retirarme para no verme tan grosera.

  Si logras ingresar evidentemente te mudarás a Libiak, ¿verdad? — Asentí. Soltó un suspiro y después me pidió que la dejara hacer sus cosas.

Me di media vuelta rumbo a las escaleras y entonces escuché su voz algo lejana:

 

Por fin, David. Tu error ya se va.

 

Tragué despacio. Ya no sé si es su mente o son imaginaciones mías. En fin, tenía razón: ya me iba. Este error que se sentía más perfecto que nunca, por fin se iría.

Sonreí llena de orgullo: sus palabras ya no me dolían.


 

 

»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«

Alen

 

  ¡Y aquí estamos los dos! — exclamó Santiago—. En la universidad, y con Bob el constructor. — ¿Qué? Ah, es el apodo de uno de sus compañeros—. ¿Qué será de ese ingrato? Éramos los mejores amigos. — Marissa añadió que iban de aquí para allá, casi como Tarek y yo —. Ahora ya no sé ni su número de teléfono— concluyó con nostalgia.

  Deberías tratar de contactarlo — le sugirió ella.

Habíamos cenado en la alfombra y jugado algo llamado “ludo”. Y después, por algún extraño motivo, terminamos observando algunas fotos del álbum familiar. Me sorprendí muchísimo cuando vi una foto mía, de cuando supuestamente tenía dieciséis años, junto a un hombre mayor, de lentes redondos y postura severa.

Era el padre de Santiago, mi abuelo, y por las historias que escuché, le encantaba jugar al ajedrez conmigo. Había fallecido el año pasado, casi por la misma fecha en la que Naina perdió la voz.

Me apenó un poco que un recuerdo de esa magnitud fuera solo creación de mis superiores. Yo nunca había conocido a ese hombre, y mucho menos había pasado tantas tardes a su lado practicando ajedrez.

  ¿Alen? — me llamaron ante el silencio. Volví al presente.

  Hijo, lo siento; creo que no debimos tocar el tema del abuelo — se disculpó Santiago.

  No, tranquilo. No pasa nada.

Seguimos viendo las fotos mientras Naina preguntaba cosas que ya no lograba escuchar al completo. Llegamos a las que me tenían a mí de protagonista, con ocho años menos, y noté mucho afecto en el ambiente.

Cielos, no sé hasta cuándo me voy a sorprender por todo el cariño que me profesa esta familia.

No, mi familia; dentro de poco será “mi” familia de verdad.

  Muchísimas gracias — me atreví a decir mientras Santiago y Marissa charlaban de lo guapos que eran sus dos hijos. Voltearon a verme al mismo tiempo, con sorpresa:

  ¿Por qué, hijo? — me preguntó ella.

  Por adoptarme — respondí; porque si bien todo ese asunto del orfanato cuando tenía diez años era solo una construcción elaborada por los míos, esta pareja humana realmente me adoptó. Llegué a sus vidas, tuvieron algunos recuerdos falsos, pero a pesar de mi pésimo comportamiento nunca dejaron de quererme.

  Alen, eres nuestro hijo — dijo Santiago. Marissa asintió—. Y si se trata de dar las gracias, nos corresponde a nosotros.

  ¿Por qué? — pregunté, sin comprender qué gratitud podría merecerme yo.

  Por llegar a nuestras vidas — me respondió Marissa con afecto, y por permitir que estemos en la tuya de nuevo.

Me sentí avergonzado y muy apenado al recordar mi trato con ellos antes de que decidiera quedarme en este mundo.

Marissa y Santiago estaban muy contentos con mi "repentino cambio". En medio de algunas charlas que pude escuchar, mi comportamiento huraño y aislado fue atribuido a problemas de la edad, y ambos estaban completamente seguros de que parte de mi cambio había sido gracias a Sisa.

Cosa que tenía mucho de cierto.

  ¡Te vas a quedar, Aly! — oí a Naina en medio de su abrazo afectuoso—. ¡Ahora sí estoy segura de que no te irás!

  ¿Toda esta charla emotiva es una manera de acumular puntos para decidir tu traslado a Libiak el próximo año? — lanzó Santiago a modo de broma. Solté una carcajada y le dije que no, pero no me creyeron.

A veces me resulta extraño toda esta relación de padres e hijo, porque siento como si perdiera todos los años de existencia que tengo para realmente reducirlos a dieciocho.

Recogimos los platos porque en cualquier momento vendrían a recoger a Santiago para llevárselo al aeropuerto. Era un viaje de negocios: partiría hoy y no lo veríamos hasta esa fecha extraña llamada Navidad.

  Por cierto, hijo, ¿cuándo viaja Sisa? — me preguntó Marissa mientras guardábamos los utensilios ya limpios en la alacena.

  El jueves por la mañana.

El hermano mayor de Loi viajaría con ellas porque tenía algunos asuntos que atender de paso en Libiak. Tarek me preguntó si nosotros no deberíamos ir también, pero le respondí que sería mejor que acudieran solas. Era un asunto que les concernía exclusivamente a ellas: conocer la escuela que iba a acogerlas el próximo año sería más emocionante si lo exploraban por su cuenta.

»— ¿Es en serio?  — me preguntó cuando se lo dije. Asentí—. Hermano, no es por ser aguafiestas, pero creo que “alguien” estará por allá. La princesa me comentó que Tomas se había comunicado con…

»—…Marcus Leda y que él les daría una especie de tour por algunas zonas de Libiak — completé. Tarek me observó, sorprendido—. Bellota ya me lo contó.

»— Pues te veo muy tranquilo.

Yo ya no tengo por qué andar dándole tantas vueltas al asunto: Sisa y yo estamos en un buen momento, así que pensar qué pasará en el futuro es algo que por ahora prefiero no hacer.

Cuando el reloj dio las ocho, uno de los compañeros de trabajo de Santiago llamó y dijo que estaba esperándolo afuera para que ya se fueran al aeropuerto. Se puso de pie, bajó las maletas, y se despidió de todos con muchísimo afecto.

  Alen, mientras estoy fuera vas a quedarte con tu madre y con Naina, ¿verdad? — Le dije que no se preocupara, que me quedaría en casa hasta que él regresara: excepto los días que tenía “exámenes” (es decir, si me citaban para mi Audiencia) —. Me alegro. Y a mi retorno ya seguiremos hablando sobre el tema de tu traslado a Libiak.

  De acuerdo, papá— le respondí con simpleza. Abrió los ojos, algo sorprendido, y me abrazó con cariño, despeinándome un poco en el proceso.

Y después de acomodar todas sus cosas en el auto, subió al asiento del copiloto: lo despedimos moviendo la mano.

  Ya que estamos por terminar el año, sería bueno irnos de vacaciones a algún lado, ¿no te parece? — me preguntó Marissa cuando ingresamos a la casa nuevamente. Naina me tomó por la mano, y dio algunos saltos, contenta.

La observé sin saber qué decir.

  Podríamos hablar con la familia de Sisa para que le den permiso para venirse con nosotros. — Elevé una ceja, divertido por el tonito juguetón, y después la oí soltar una carcajada—. Ay, amor, ustedes están en esa etapa en la que muy bien podrían ser siameses. No pueden estar el uno sin el otro.

Ahora el que soltó una risa fui yo.

  Cuando vuelva tu padre hablaremos de ello. — Asentí—. Te quiero, hijo. No olvides eso — me dijo pellizcándome una mejilla. Me sonrió y se perdió por la puerta, en búsqueda del pudín de chocolate que me había prometido.

  ¡Yo también! — le grité sonriendo. La oí soltar una risa.

Me sentí como de cinco años.

 

 

»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«

 

Tarek

 

Bebí algo del té caliente y después aguardé. Copo de nieve parecía estar asimilando la información.

No quería decirle que me mudaría de ciudad porque podría entristecerla en vano, ya que yo podría transportarme en minutos hasta Lirau desde allá; pero Alen ya le había comentado su decisión hace unos días, así que para evitar malentendidos porque no podría mentir para ocultar ciertas cosas preferí hacerlo yo también.

  ¿A Libiak? — Asentí. Me observó a través de las gafas y suspiró—. Ya le pregunté esto a Alen, pero ¿qué harán con sus estudios universitarios?

  Planeamos hacer un traslado. — Bueno, ese no era el problema principal, pero para Copo de nieve resultaba sumamente importante—. No estoy escapándome con la princesa, Copo de nieve. Solo me mudaré, pero también estoy pensando en lo que haré yo por allá.

  No quiero sonar como ave de malagüero, Tarek —me tomó por la mano y la apretó con cariño—, pero ¿qué pasará si Loi y tú terminan?

Bueno, la respuesta para esa pregunta era mucho más sencilla de lo que parecía: si la princesa encontrara a alguien más o simplemente quisiera estar sola, yo me resignaría a aceptar su decisión; tal y como Alen haría con Bellota.

Supuse que para Copo de nieve el asunto pintaba más grave.

  Aún son muy jóvenes. ¿No sería mejor si esperas un poco antes de hacer cambios tan radicales en tu vida? Cambiarse de ciudad no es cosa fácil, hijo.

  No te preocupes, Copito: estaré bien. Además, pasaré a visitarte muy seguido.

  Libiak está a casi diez horas de aquí.

  Pero existen los vuelos de una hora — apunté. Supe que iba a salirme con los costos del pasaje así que le dije que no se preocupara. Yo vendría a verla siempre, no la dejaría.

Soltó un suspiro, y me sonrió con afecto:

  Si ya está decidido, no puedo hacer nada. Cuida mucho ese bracito y también ese ojo — me dijo cuando nos pusimos de pie, ya para irme. Me agaché cuando quiso besarme el párpado adormilado del ojo derecho—. Niño mío, te haces al fuerte, pero eres más frágil de lo que pareces. Recuerdo que un día te dije adiós en buen estado, ¡y un mes después vuelves con un brazo inmóvil y un ojito lastimado!

  Sí…

  ¡Te dije que la moto no era una buena idea! — Asentí, tratando de verme muy culpable. En realidad, no había sido la moto, sino Berith y sus ganas de arruinarme la existencia—. Vas a venir a despedirte antes de irte, ¿verdad?

  Aún faltan semanas para que me vaya, Copito, no te preocupes. Vendré.

  Tal vez conozcas a mi nieta por allá.

  ¿Tu nieta? ¿Se parecen? Ya que siempre me has dicho que soy algo joven para ti, tal vez no lo sea tanto para ella. — Me profirió un manotazo y después rompió a reír:

  Tú no aprendes, ¿verdad, muchachito coqueto?

Salí de la pastelería con algo que había sentido muy pocas veces. Parecía que una especie de nudo se había alojado en mi garganta, y no había manera de disolverlo.

 

  Estás triste — me dijo la princesa cuando aparecí en su habitación—. Tarek, quita esa cara porque me siento como el ser más ruin y malvado del universo.

  No es así.

  ¡Claro que sí! Pensé que la idea de irnos juntos a Libiak iba resultar igual de genial para los dos; pero tienes esa cara de alma en pena que…

  Y es así, la idea es genial, princesa— le respondí con seguridad. La idea de estar juntos era estupenda, pero dejar a Copo de nieve estaba resultándome algo complicado.

Ahora entiendo a Alen y todo este asunto de los vínculos familiares. Hethos tenía razón; no es bueno vincularse demasiado porque después es muy difícil quebrar los lazos.

  ¿Quieres contarme tu charla con ella? — Me recosté sobre la alfombra, algo acongojado, y le conté con muchos detalles la charla anterior mientras me acariciaba el cabello.

En medio de la plática, sugirió que igual podría pasarme a verla de lejos si me preocupaba dejarla. Total, podía llegar en menos de un parpadeo: la distancia era nada.

Además, Copo de nieve no estaría sola: tenía a todo el escuadrón y a sus dos hijos que vivían en Lirau y que la visitaban constantemente.

  Por cierto, Tarek, ¡te juro que te perseguiré por todo el mundo si me engañas con su nieta!

  Princesa, ni siquiera conozco a la chica.

  Ya, pero igual. Tu historial no es el mejor así que...

  ¡¿Mi historial?! ¡Pero quién se ha atrevido a decir algo así en mi cont…!

  Tarek, la cara de pillo nadie te la quita así que tú solo te delatas.

  ¡¿Qué?!

Nos quedamos un par de horas charlando. Tuve que morderme la lengua cuando la oía hablar muy entusiasmada sobre el futuro nuevo álbum de JOBEY, porque si seguía así hasta podría llamar al propio Nanael y decirle que le adelantara algo sobre su próximo proyecto.

Más tarde el sueño la venció sobre la alfombra y ahí hacía mucho frío como para dormir, así que la deposité sobre su cama.

  No te vayas— murmuró.

  Janna podría venir, y le va a dar un ataque si me encuentra en tu habitación cuando supuestamente te traje a casa hace muchísimas horas y me despedí de todos — repliqué de buen humor.

Ya eran las dos de la mañana, y si bien yo no necesito dormir, la princesa sí, porque más tarde tenía dos exámenes.

  Tarek, no…la nieta de Copo de nieve — susurró somnolienta. Le dije que ya se olvidara de eso.

Bien, si no me suelta, probablemente pueda quedarme un rato más.

Me acomodé junto a ella y adopté el papel de oso de peluche. Cerré los ojos: no puedo dormir, pero es simpático fingir que lo hago.

Me mantuve así, con la luz de algunas estrellas colándose por las ventanas abiertas. Aproveché para alimentarme de ellas, como solía hacer antaño, y pensar en todo el asunto de la anunciación de Alen. Me pregunto cómo será, nunca he estado en una Magistratura angelical antes. ¿Sería más sencillo que la mía?

Estaba dándole vueltas a todo eso, hasta que una presencia sumamente conocida me alertó.

Hethos.

  ¿Tarek? — me preguntó la princesa, adormilada. Le dije que volvería en unos segundos, que había sentido a Hethos y eso resultaba sumamente extraño tomando en cuenta que no sabíamos nada de él hace mucho. Asintió, la cubrí con los cobertores y cerré los ojos.

Observé alrededor: hace mucho que no camino de madrugada. Había olvidado lo solitaria que se siente la ciudad cuando los humanos solo duermen.

Me enfoqué en el frente: la tienda de antigüedades ha vuelto a ser visible. Distingo un poderoso salmo de camuflaje disolviéndose; la presencia de Hethos se siente más fuerte que nunca.

¿Qué hago? ¿Llamo a Alen? Si no está aquí es porque no ha sentido la variación. Seguramente estaba con Naina o con Bellota, y ni se había percatado.

Empujo la puerta con cuidado, las campanillas resuenan.

  ¿Hethos? — lo llamo algo dubitativo. Puedo ver los restos de la barrera de camuflaje como hilos de seda brillante desmoronándose alrededor.

Enciendo las luces y cruzo todo el espacio hasta la trastienda: qué extraño. Cuando Alen y yo pensamos que Hethos se había ido a algún lado, en realidad estuvimos completamente equivocados: nunca se fue; lo sé porque el lugar está impregnado de su esencia. Siempre estuvo aquí, solo que encerrado en un salmo extremadamente eficaz (si no me equivoco); y ahora he podido sentirlo porque parece que ha tenido que quebrarlo para salir un rato.

Recién ha salido, ¿pero a dónde ha ido? ¿Y por qué se ha mantenido aislado tanto tiempo?

Doy un rápido vistazo: todo el lugar está tal y como lo recordaba, exceptuando que algunas capas de polvo se han aglomerado en ciertas partes, e inclusive hay una que otra telaraña.

  ¿Hethos?—  repito con más fuerza, pero no obtengo respuesta.

Mmm, momento. Aquí se siente otro cántico: parece de invisibilidad. Bah, Hethos está algo oxidado o sin energía porque es la barrera más débil que he sentido en años.

Chasqueo los dedos y entonces las paredes y el suelo empiezan a revelar largos trazos unidos unos con otros. Elevo una ceja: ¿qué demonios? Ha permanecido aislado tanto tiempo solo para ponerse a crear cántic…

¿Qué?

¡BROM!

Retrocedí tan pasmado que prácticamente me estrellé contra la vitrina de atrás.

¡Pero qué…!

Giro, observando toda la habitación, y compruebo con horror que estoy en lo correcto.

Martirios: toda la habitación está repleta de martirios escritos con sangre.

  ¿Qué estaba haciendo este loco? — murmuro sin comprender absolutamente nada.

Hethos ha estado practicando con martirios, pero ¿por qué? Los ángeles tienen prohibido usarlos.

¿Qué significa todo esto?

Me pongo de cuclillas y paseo los dedos por la que parece ser la última inscripción elaborada: este es un Gozo. Se me han quitado muchos de los conocimientos que poseía como demonio completo, pero casi puedo asegurar que el de aquí es un símbolo empleado por el séquito de Azrael, el ángel supremo encargado de recoger las almas de los humanos que fallecen.

Y este de aquí es un símbolo que, si no me equivoco, es uno solo empleado por Drol Qinaya.

¿Muerte y sueño al mismo tiempo? ¿Qué se supone que está intentando hacer Hethos? ¿Dormir y matar a alguien?

  ¿Qué está pasando aquí? — susurro. Sigo el recorrido del trazo, y entonces algo aún más extraño me aturde por completo.

Balam…

Me pongo de pie y salgo a toda velocidad del lugar. Cruzo las calles solitarias hasta que sin querer termino impactando contra un muro apenas construyéndose. Lo he traspasado sin miramientos: por la mañana los humanos que trabajan aquí van a dar el grito al cielo.

Doy unos cuantos pasos más y me detengo cerca de Izhi, con la respiración agitada.

  ¿Qué…? ¿Por qué…?

Cada trazo… Cada martirio y gozo dibujados en las paredes y el piso tenían la esencia de Hethos, pero también la de Balam.

¿Qué tenía que hacer la esencia de Balam en la tienda de Hethos? Esa era su morada en el Mundo de los terrenales: la única manera de que la esencia de un demonio se perciba en la morada de un ángel, es porque sencillamente ese ángel ha estado haciendo tratos con él.

Balam tenía la misma capacidad de Berith, ¿acaso Hethos estaba buscando saber eventos del pasado o del futuro?

Me apoyé sobre uno de los árboles: no, no puede ser. ¿Hethos? ¿Haciendo pactos con demonios? ¡Ni de broma! Nunca he visto a un ángel más correcto que él y tan distante de cualquier cosa que lo vinculara con los míos.  ¡Si hasta solía mostrarse receloso conmigo!

Cuando conocí a Alen y me llevó hasta la morada de Hethos (aquella capilla abandonada, en las afueras de la ciudad) casi me ataca; pasó muchísimo tiempo para que se acostumbrara a mi presencia.

¿Qué hago? ¿Se lo comento a Alen?

  Definitivamente — me dije en voz baja. Cerré los ojos y al abrirlos me encontré en la habitación de Naina.

Iba a dar un paso, pero de repente me encontré con ese idiota durmiendo tranquilamente junto a ella y con un libro de cuentos abierto al lado.

Bien, busquemos un plan B.

  ¿Balam? — me preguntó Nanael cuando logré ubicarlo, en Frantzon. No me atreví a despertar a Alen para arruinarle el sueño con una noticia tan angustiante como que Hethos parecía andar por pasos extraños—. ¿Estamos hablando del mismo Balam? ¿El rey demonio? — me preguntó con seriedad.

  Sí, eso fue lo que sentí — le respondí inquieto. Me froté el brazo inmóvil con fuerza—. ¡Qué frío hace aquí!

  Dímelo a mí, y supuestamente estamos en verano — añadió Gremory pasándome unos sagrados cobertores afelpados—. Toma, sé lo horrible que se siente el frío.

  Seir, escucha, solo por si las dudas ¿me dices que fuiste a la morada de Abdiel y percibiste la esencia de Balam? — Asentí. Sabía que sonaba absurdo, pero había sido así.

  ¿Balam? — repitió Gremory; le acepté la santa taza de té humeante—. Qué extraño.

  Amber, ¿recuerdas algo de él? — le preguntó Nanael.

  Balam es el supremo regente de la especialidad de predicción; el mismo Berith y yo formamos parte de sus filas, o bueno, yo “formaba”. Nosotros solo poseemos el título de ducado frente a él que posee el de rey entre todos aquellos que podemos ver el pasado, presente y futuro — respondió con seguridad—. Pero no suele meterse en asuntos que impliquen demasiado esfuerzo; lo conocíamos como el “rey ausente” porque casi nunca se ha presentado ante el llamado de nadie. Samin, Abdiel es un principado, ¿verdad?

  Sí.

  Esa jerarquía suele ser poco amistosa con nosotros. — Asentí ante sus palabras. Yo también sabía eso—. Ni siquiera puedo hallar el motivo de la relación entre ellos.

Intercambiamos opiniones al respecto; Nanael me pidió aguardar con tranquilidad, porque él ya estaba encargándose.

  Tal vez…sea mejor no comentárselo a Alen — me sugirió.

No entendí el punto.

  ¿Y eso por qué?

  Alen está muy cerca de culminar su periodo de gracia, Seir. Un asunto como este podría jugarle en contra y Berith podría aprovecharlo.

No me agradaba la idea de ocultarle cosas a mi amigo, pero la postura de Nanael sonaba lógica. Hethos era una figura importante tanto para Alen como para mí: pensar que podía estar haciendo tratos con demonios podría preocuparlo, y Berith podría aprovechar el momento y ofrecerle algún absurdo trato.

Asentí, algo inseguro.

Me puse de pie, ya para retirarme, pero no pude con la duda y me lancé:

  Nanael, Berith le recomendó a Alen desconfiar de Hethos, y la verdad no le creímos absolutamente nada porque la mayor parte del tiempo suele decir tonterías, pero ahora…

  ¿Sí?

Lo observé fijamente; sé que puede sonar rudo de mi parte, pero ahora ya no sé yo tampoco en quién confiar.

  Tú no estás planeando algo en su contra, ¿verdad? — Los ojos verdes no parpadearon, se quedaron fijos, enfocados en los míos—. ¿Puedes jurarme que no vas a traicionarlo?

No me respondió; ya no sé si por su Sello de silencio, o…

  No hay nada que ocultar— me respondió Gremory con tranquilidad. Asentí, algo vacilante, porque no era lo mismo que escucharlo de los labios del propio Nanael.

Bueno, ella es una errante como yo. No puede mentir.

Pasé a ver a la princesa: estaba completamente dormida.

Opté por regresar al departamento.

  Tarek — me llamaron.

Alen me observaba desconcertado: parecía que acababa de llegar.

  Pasaste hace un rato por la habitación de Naina, ¿verdad? — Le respondí que sí, algo atolondrado—. ¿Pasó algo?

No ha sentido la presencia de Hethos.

  Ehh…no, lo que pasa es que…quería hablar…— Escoge las palabras cuidadosamente. No puedo mentir, pero puedo obviar ciertas cosas.

  ¿Hablar? — me preguntó con curiosidad. Tragué despacio, rogando que no hiciera más preguntas—. ¿Mi audiencia te está preocupando?

Salvavidas, ¡ven a mí!

  ¡Sí! — respondí completamente seguro—. Nunca he estado presente en la anunciación de un ángel. — Y era cierto. Qué mejor manera de cambiar de tema—. ¿El magistrado de esa audiencia también tratará de matarte, como Berith a mí?

  Los tuyos son algo maniáticos con eso — me respondió divertido—. No; por lo que Gabriel me ha comentado solo me preguntarán mi decisión por un número de veces equivalentes a mis vidas en este mundo; supongo que serán nueve porque llevo nueve vidas aquí, también el porqué de mi decisión, y después me dirán la fecha para que me despida de mis alas.

  ¿Qué? ¿Para que te despidas? — señalé confuso.

  Tengo que hablar con ellas, explicarles mi situación y después, si no quiero que desaparezcan, entregarle su custodia a algún otro ángel. Estaba pensando en otorgárselas a Nanael; para cuando cumpla su sentencia y retorne.

  Darle tus alas…— inicié, intuyendo un tanto el asunto.

  Sí, darle mis alas significa que todos mis poderes como ángel se van con él. Aunque planeo pedir que se me deje la capacidad de viajar entre vidas; como tú.

Se sentó sobre el sofá, frente al balcón, y me comentó muy contento sus planes futuros e inclusive su deseo de buscar a los otros desertores que vivían en el mundo terrenal. Eran pocos, pero ya que tenía toda la eternidad, sería una buena manera de encontrar a más como él.

Alen no le hace daño a nadie quedándose como humano, ¿por qué parecía que detrás de todo hubiera algo más? Hethos y su actitud extraña; Berith y sus jodidas ganas de molestar; Nanael y todo el asunto de su silencio.

  Tarek, ¿pasa algo? No me había dado cuenta de que se había quedado en silencio y yo no había dicho nada para continuar la conversación.

  Yo estoy contigo, hermano — se escapó de mi boca. Me observó, divertido—. En todos lados, en cualquier vida, puedes confiar en mí. — La sonrisa se le congeló: yo mismo no planeaba sonar tan serio—. Puedes contar conmigo, Alen. Siempre vas a contar conmigo.

  La mayor parte del tiempo has conseguido que solo quiera agarrarte a golpes — me dijo, negando con la cabeza—. Pero realmente has sido un estupendo amigo, Tarek.

  ¿Y ahora por qué me dices eso? — pregunté exaltado ante el tono melancólico.

  Creo que nunca te lo había dicho. Gracias por todo.

  Ya para con eso, me estás asustando — corté el momento extraño, porque esto de darse las gracias me sonaba a despedida—. Gracias a ti también por todo, hermano.

  Si en algún momento nos separamos, solo quiero que sepas que, aunque no lo planeé, creo que la amistad entre un calehim y un errante podría contarse como una de las más sólidas.

  ¿Separarnos? Alen, la princesa y Bellota van a asistir a la misma escuela, ¡vamos a estar en la misma ciudad! No me salgas con que nos separaremos porque es obvio que vamos a estar más juntos que nunca.

Rodó los ojos; bueno, por lo menos el asunto se ha relajado un poco.

  Tal vez deberíamos formalizar nuestra relación, son años a tu lado; creo que me lo merezco — añadí.

Soltó una carcajada ante mi propuesta.

  ¿Una carrera? — me preguntó, pero antes de que respondiera, sentí algo de viento desordenarme el cabello, y después su presencia alejarse a toda velocidad.

  Idiota — bufé, inclinándome.

Emprendí la marcha, el aire de la madrugada me dio de lleno en el rostro.

Una semana, solo falta una semana. No va a pasar nada…

Claro que no va a pasar nada.


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