Noches de insomnio | Capítulo 27: Noche XXVII

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Capítulo 27 | NOCHE XXVII


 

Sisa

 

  ¡Loi! ¡¿Qué-es-esto?! — casi chillé minutos después de que Iago cerrara la puerta de la habitación.

  Un cuarto de hotel, Bellota — me respondió muy suelta de huesos.

¡¿Un cuarto de hotel?! ¡Pero si era una suite presidencial!

Me sentía con el deber de pagar mi estadía aquí.

  Bellota, el padre del amigo de Iago es inversionista en esta cadena de hoteles. Relájate, no pasa nada.

  ¡Es que…!

  Es que nada. Y vamos a darnos un baño de una vez que ya son las diez, y la charla informativa es a las once y media.

  ¡Pero Loi…! — protesté cuando me llevó a empujones al cuarto de baño. Me lanzó hacia adentro y después cerró la puerta. Solté un suspiro, derrotada, y cuando giré casi me voy de espaldas.

¡¿Una tina puede ser tan grande?!

  ¡BELLOTA, HAY UN GRIFO QUE VIERTE AGUA CON SALES MINERALES Y HIERBAS AROMÁTICAS! — gritó Loi desde el otro sanitario. Probablemente también había visto la enorme tina: ¡era casi como el baño de una princesa!

Oí la puerta principal de la habitación abrirse; la voz de Iago resonó:

  ¡Marion! ¡Tienen una hora para alistarse! ¡Ni se les ocurra usar la tina: van a demorarse demasiado!

  ¡Iagoooooooooooo!

  ¡No! Lo hacen después; apresúrense, iré a mi habitación a cambiarme y las esperaré abajo.

Me duché; le dije a Loi que Iago tenía razón cuando salí y la encontré con el ceño fruncido y una toalla en la cabeza. Nos cambiamos; me demoré mucho menos que ella porque me puse un vestido simple para evitar morirme de calor, y después me senté a esperarla mientras me secaba el cabello.

  ¿Tu credencial de postulante? — me preguntó mientras terminaba de hacerme una coleta. Hace un par de semanas había llegado un sobre a la casa con él. Casi me da un ataque de emoción cuando me llegó el carnet con el título de “Aspirante a la Facultad de Música”.

  ¡Aquí la tengo!

  ¿Documento de identidad?

  Aquí también está.

  ¿Celular cargado? — Asentí—. ¡Perfecto! ¡Vámonos!

Bajamos, Iago estaba esperándonos en la recepción con su amigo inversionista. Subimos al auto y después fue inevitable que observara todo a través de la ventana, con los ojos sumamente abiertos: edificios enormes, miles de centros comerciales con publicidad llamativa, arquitectura moderna, por algunos lados infraestructuras clásicas y eso sí: miles de personas caminando de aquí para allá con maletines o teléfonos en mano.

Lirau es definitivamente mucho más grande que Asiri y es una ciudad muy moderna, pero Libiak era literalmente otra cosa. Había un aura muy cosmopolita alrededor, y todo parecía estar en constante movimiento.

Me dejé caer sobre el asiento, algo extenuada: ¿el próximo año estaría en esta ciudad? Si ingreso debo buscar algún lugar en el que establecerme, y tal vez un trabajo a media jornada para no depender exclusivamente del dinero de mamá.

Cielos, hay tanto por hacer.

Reconocí algunas de las calles que había visto por Internet y entonces oí la voz de Loi, llena de satisfacción:

  ¡Y llegamos! — anunció sonriente, cuando estuvimos frente al lugar que tantas veces vi en fotos.

  ¡Dios…! — murmuré al bajar del auto. Había un arco enorme a modo de entrada principal al que se llegaba atravesando una hilera de escalones de piedra, muy semejante al Museo Principal de Lirau, y en cada costado había un ángel esculpido en piedra con una lira en las manos.

En la parte más elevada de la entrada se distinguían un par de letras cinceladas que no llegué a ver bien por la altura, pero que después de pasar tantas horas navegando en la red ya sabía qué decían: “El arte ensalza al hombre: divinidad y humanidad al crear” en latín.

  ¡Me estoy emocionando! — chilló Loi a mi lado. Sabía que ya había venido con anterioridad, pero creo que el asunto de ser postulantes le daba otro tipo de sensación a todo.

Iago le dijo a Loi que pasaría a buscarnos en cuanto termináramos la charla informativa. Le dijimos que de ahí pasaríamos a conocer la ciudad y que no se preocupara, que atendiera los asuntos para los que también había venido sin apresurarse (Etel llegaría más tarde, así que sería sumamente raro que la viera cuando supuestamente estaba en Lirau).

  De acuerdo, entonces las dejo — se despidió de ambas y después de verificar que supiéramos su número y la dirección del hotel, lo vimos alejarse en el auto de su amigo.

  Listo, ¡vamos! — exclamó Loi.

Pasamos sin mucho revuelo por la puerta, y una chica muy amable nos guio al interior. Nos dio una descripción rápida del vestíbulo y nos pidió que siguiéramos de frente hasta la enorme puerta del otro lado que conducía a la parte de los jardines y, por lo tanto, al campus en sí.

  Santo Dios…

¡Gaib Art era enorme! ¡Era mucho más grande de lo que se veía en las fotografías!

  ¡HOLA! ¿ESTÁN PERDIDAS? — exclamó un chico con sombrero de copa que apareció como caído del cielo. Loi y yo dimos un respingo ante el grito, lleno de energía —. Mi nombre es Balbino, siento mucho el grito, es que tengo la voz algo elevada y estoy algo emocionado: todo este ambiente de postulantes y futuros nuevos estudiantes, ya saben. ¡Voy a encargarme de guiarlas hasta los auditorios para las charlas informativas, y de responder cada interrogante que tengan! Si es que estaban en mis folletos de capacitación, claro, así que tampoco abusen.

Loi y yo intercambiamos miradas divertidas ante la rápida explicación, y después lo seguimos por los jardines que estaban repletos de chicos igual de desorientados que nosotras y andaban recibiendo ayuda de otros chicos que llevaban la misma camiseta y el sombrero de copa de Balbino.

Nos dijo que era estudiante de quinto período de la Facultad de Artes Dramáticas, en medio de la extensa charla que nos iba dando mientras nos guiaba hasta uno de los edificios interiores.

  Ya deben saber que, de ingresar, pueden solicitar una habitación en las residencias de cada Facultad; pero deben hacerlo ni bien salgan las fechas porque hay muchísima demanda. Es muy inspirador vivir en el mismo campus. Por ejemplo, toda la zona de allá— nos señaló un punto algo lejano en el que parecían haber casas con entradas y jardines; casi semejante a un mini vecindario—, es la prefectura de Dionisio, que es la zona en la que residimos los estudiantes de la Facultad de Artes Dramáticas. Y si volteamos para allá y entrecerramos la mirada ¡mucho mucho mucho!— nos dijo con los ojos casi cerrados—, podremos distinguir una parte de la prefectura de Apolo que es la zona acondicionada para los estudiantes de la Facultad de Música.

En medio del camino nos encontramos con un chico de cabello largo que estaba revisando su credencial con esmero (probablemente buscando cómo ubicarse), y Balbino casi corrió para detenerse frente a él con la misma energía con la que nos saludó a nosotras.

  ¡HOLA! ¡¿ESTÁS PERDIDO?! — bramó, y el chico de cabello largo por poco y sufre de un ataque.

  Todos se ven igual de amigables — me comentó Loi observando alrededor.

Varios de los estudiantes que estaban apoyando prácticamente capturaban a todo aquel que tuviera rostro de “no sé dónde estoy parado”.

  Bueno, tengo cuatro casi novos. Estupendo — dijo Balbino sonriente y trayendo al chico de cabello largo y a una chica más de cabello castaño rizado que lo miraba con cara de “está loco”—. Sisa, Loi, Takiri, Anastasia, en unos minutos empezará la charla informativa de cada facultad. No se preocupen si se quedan dormidos, porque solo les dirán cosas que aprenderán por ustedes mismos entrando a la página web: cómo se califica la prueba, dónde encuentran los horarios y todas esas cosas aburridas. Al culminar pasarán a Efecto mariposa, y de ahí…

  Disculpa — lo interrumpió la chica, la que se llamaba Anastasia—, ¿qué cosa es Efecto mariposa?

  ¡Oh, sí! Qué torpe soy — se excusó riendo—. La escuela tiene varios auditorios, anfiteatros, teatros, etc. tanto dentro del campus como fuera: en Libiak, en otras ciudades y uno que otro en otros países. Uno de los auditorios de aquí se llama Efecto mariposa, porque es en el que suele recibirse a los postulantes y estudiantes de primer período.

  ¿Y por qué Efecto mariposa?

  Bueno, uno porque la mayoría de nuestros auditorios tienen nombres muy extraños (no sé a quién demonios pudo ocurrírsele), y dos porque el concepto de Efecto mariposa…mmm…— Balbino elevó la mirada, como tratando de recordar.

  Efecto mariposa se entiende como que el cambio de las cosas, por muy mínimas que sean, puede afectar enormemente a un todo más complejo. Es como una metáfora entre lo pequeños que son los aspirantes, pero que con el paso del tiempo pueden convertirse en líderes magistrales capaces de transformar el arte — sentenció el chico de cabello largo con voz seria. 

Loi me lanzó una mirada de “da miedo”.

  Bien, Takiri me ahorró la explicación. ¡Gracias! — concedió Balbino sonriente. Quise buscarle el motor porque parecía un muñequito lleno de energía, sumamente alegre—. ¿Me pasan sus credenciales? — Asentimos y se las pasamos con rapidez.

El chico, Takiri, me lanzó una mirada algo seria cuando me quedé observando algunas trenzas decoradas con hilos que adornaban su largo cabello. Tragué despacio y fingí ver en otra dirección.

   ¡Oh! Ninguno va para mi Facultad. ¡Qué mal, muchachos! ¡Si el teatro lo es todo! En fin, ustedes tres: Sisa, Anastasia y Takiri se van con mi estimado amigo aquí presente, Sam. —El famoso Sam apareció con rostro adormilado y asintió—. Y yo me llevo a Loi que va para Danza, ¿verdad? ¡Listo!

  ¡Te envío un mensaje cuando acabe! — me dijo Loi sonriente y después la vi alejarse rumbo a otro edificio.

Sam nos llevó hasta un salón enorme, acondicionado con sillas y con un proyector encendido y después se despidió de nosotros, bostezando.

Me senté en silencio y aguardé. No pasó mucho para que un hombre ingresara y nos saludara cordialmente:

  Bueno, muchachos: este el segundo grupo que me toca el día de hoy, así que vamos a ser breves porque ya casi va a ser el almuerzo, y a nadie le interesa escuchar demasiado sobre la historia de Gaib Art ahora que andan más preocupados por el examen de enero. —Varios soltaron algunas risas—. Además, en la semana de bienvenida ya verán todo eso. En fin, en la página web ya están publicados los auditorios en los que se presentará cada uno, así como la hora exacta y detallado, al mínimo, los implementos que puede traer consigo ese día.

Todo estaba muy tranquilo hasta que noté que la chica del costado apuntaba todo con frenesí en una pequeña libreta, y el chico del otro lado tenía el celular en modo grabadora. Me pregunté si tal vez yo también no debería estar guardando con mayor énfasis todas las indicaciones.

El hombre se acercó a manipular la laptop conectada al proyector y mientras lo hacía, sentí una mirada fijamente clavada sobre mi nuca. Pensé que lo estaba imaginando, pero cuando volteé me encontré con el tal Takiri viéndome desde una de las sillas de atrás.

  ¿Y ahora qué pasa? — murmuré y volví a observar al frente: ¿fui muy grosera solo por ver con tanto detalle su cabello? Es que los hilos en las trenzas me parecieron simpáticos.

Genial, tal vez empiece en una nueva escuela y parece que mi primer paso ha sido con mal pie.

  Nuestra Facultad de música es una de las más exigentes a nivel mundial y después de ciento doce años de enseñanza, Gaib Art tiene un lugar significativo entre las diversas instituciones que instruyen en arte. — Varios tragamos despacio y asentimos, ligeramente asustados—. La evaluación es excesivamente meticulosa, así que no olviden practicar lo que les resta hasta el examen. Ya saben que el jurado está compuesto por quince expertos en el tema: maestros, exalumnos destacados y colegas de otras instituciones. La Facultad de Música, al igual que la de Artes Dramáticas y Danza tiene como objetivo principal el perfeccionamiento del talento artístico, formando a los estudiantes no solo en técnica sino también en estilo. Miles de personas pueden tocar guitarra, pero de esa cantidad nunca habrá dos guitarras que suenen igual.

» Entre los cursos obligatorios para todas las Divisiones tenemos aquellos que abarcan Historia del Arte e Historia del Folclor. En nuestra Facultad, por ejemplo, se incentivan los talleres de verano para aprender a tocar, como mínimo, algún instrumento autóctono ya que consideramos que la preservación del arte oriundo es patrimonio invaluable. De aquí todos saldrán sabiendo por lo menos lo básico para tocar algún instrumento de nuestra etnia.

» En otros temas, saben que la prueba en enero exige el empleo de los instrumentos de la misma escuela. No es necesario repetir que la pista obligatoria se interpretará con instrumentos clásicos: es decir, nada de guitarras o violines eléctricos. La pista de estilo libre, por otro lado, puede ser interpretada de la manera en la que prefieran así que para esa sí pueden traer sus propios instrumentos. Eso sí, no olviden que si van a emplear instrumentos eléctricos deben enviar un mensaje a la Oficina de Admisión para que ese día todos los implementos requeridos estén al alcance de sus manos.

Las indicaciones me dejaron algo agobiada y más nerviosa que antes: la mayoría de chicos que veía alrededor tenían rostros llenos de concentración y se percibían muy serios. Hasta sentí que habían ensayado muchísimo más que yo.

Todavía me quedan algunas semanas: voy a encerrarme a practicar como loca.

  Sus compañeros mayores los llevarán hasta Efecto mariposa — exclamó el hombre sonriente, más o menos una hora y media después de llenarnos los oídos de información maravillosa (como que los mejores alumnos eran solicitados desde segundo año para realizar prácticas en la Filarmónica nacional y, en casos excepcionales, hasta en Sinfónicas internacionales); y también de información algo aterradora, como que reprobar un curso dos veces (que era usual) significaba un período suspendido y de reprobarlo tres, la expulsión definitiva —. Listo, ¡ahora todos afuera, casi novos!

  ¿Casi novos? — oí que le preguntó uno de los chicos al tal Takiri que salía detrás de mí.

  Se les dice “novos” a todos los que ingresan y están en primer período — le explicó con aspereza—. Supongo que el “casi” es porque solo somos aspirantes. Qué ridículo.

No sé si soy yo, o el tal Takiri parece algo malhumorado.

  ¡Bellota! — oí por detrás. La charla de Loi había acabado un poco más rápido y por lo visto había venido a buscarme—.  ¡Todos se ven muy seguros y poco amistosos, maldita sea!

  Yo sentí lo mismo — agregué algo agotada.

  Supongo que es porque todos somos como enemigos en este momento. Estamos compitiendo los unos contra los otros por una vacante. — Ah, claro. Debe ser eso.

Avanzamos y de casualidad le pise el talón a un chico de adelante. Giró, me disculpé porque prácticamente le había sacado la zapatilla y me observó sonriente. Me sorprendió muchísimo verlo porque era alto, pero parecía casi de catorce años. Los rizos oscuros lo hacían verse inclusive más pequeño.

  No te preocupes — le restó importancia—. Por cierto, te vi en la sala de conferencias. Tenías cara de “auxilio, todos se ven malos”— añadió riendo con amabilidad.

Lo miré sin saber si reírme o no, pero Loi entrecerró la mirada.

  Espera; eso es imposible — le dijo—. Te vi saliendo del pabellón de allá, del de Artes Dramáticas.

  ¡Ohhh! ¿Estás segura? — le preguntó con juguetonamente. Loi lo miró, recelosa—. ¿Estás muy, muy, muuuuy segura?

  Mmm, creo que…tenías el cabello…rapado y…otra camiseta — respondió y torció el gesto, confundida. El chico sonrió satisfecho—. Espera, ¿y eso qué significa? ¿Te rapaste el pelo…y de ahí te volvió a crecer?

Bien, hasta a mí me ha dado risa eso.

  Me llamo Luca, Luca Liberia — nos dijo muy divertido —. Y mientras yo estaba contemplando a tu linda amiga; probablemente viste a Naum saliendo del pabellón de Artes Dramáticas.

  ¿Naum?

  Síp, mi hermano gemelo. Somos casi idénticos, exceptuando por el pelo — nos explicó; tomó un rizo y lo jaló hasta que rebotó graciosamente.

Llegamos hasta Efecto mariposa (que era un auditorio de estilo moderno y bastante amplio) y buscamos en dónde sentarnos.

  Ojalá nos veamos el próximo año. Ha sido un placer conocerlas, Sisa, Loi — nos dijo Luca. Le sonrió con algo de coquetería a Loi que desvió la mirada incómoda. Él elevó las cejas, divertido, y después se alejó.

Lo vimos encontrarse con un chico idéntico a él, solo que sin rizos oscuros.

  Vaya, realmente son iguales — me comentó Loi sorprendida.

Nos ubicamos en las butacas de la parte central, en medio de murmullos emocionados. Cuando estuvo casi repleto las luces se apagaron y solo quedaron encendidas las del escenario. Una mujer de aspecto relajado apareció en medio y se presentó como Acsa Enelsa, la Decana de la Facultad de Artes Dramáticas, y apoyo de OFAESGA este año. La charla fue de lo más divertida porque nos contó algunas anécdotas de cuando ella era estudiante y también mencionó las diferentes actividades que se realizaban en el campus como los Juegos Florares, los musicales que a fin de año presentaban alumnos tanto de Danza, Música y Artes Dramáticas; y los convenios con otros conservatorios de música. Loi me apretaba la mano con fuerza cada vez que aparecía un motivo más para querer ingresar a Gaib Art.

  Bueno, después de tanta palabrería creo que es hora de dar pase al verdadero espectáculo — dijo de buen humor. Varios se acomodaron mejor en sus butacas, ansiosos —. Chicos, quiero que todos brinden un fuerte aplauso al grupo de maestros que esta mañana/tarde han sacado sus mejores vestiduras y repertorio, para mostrar el talento de quiénes serán los encargados de su instrucción por los próximos cinco años en caso de que obtengan una vacante. Qué guapo, maestro Holmes, esa corbata de moño resalta su cuello de cisne. ¡Oh, no te enfades, Richard!

Varios maestros, desde los que se veían casi de la edad de Iago hasta los que parecían tener los años del abuelo, ingresaron a tomar asiento frente a los instrumentos ya instalados en el escenario cuando los telones se abrieron. El famoso Richard Holmes se acomodó la corbata de moño con gesto asesino, y la señorita Acsa lo palmeó en la espalda de buen humor.

Un hombre estaba pasando a ubicarse, pero tomó el micro y gritó a toda voz “¡¿dónde están los casi novos para Percusión?!”, y un rugido ensordecedor estalló desde el público. Volteamos ante el estruendo y a lo lejos vimos a Luca Liberia aplaudiendo entusiasmado, mientras su hermano lo observaba con gesto indiferente.

Loi parpadeó, recelosa:

  Ese chico parece algo ruidoso.

  ¿Mmm? ¿Luca? A mí me cayó muy bien. — Loi se encogió de hombros y después volvió la vista al frente, sin decirme nada más.

Qué extraño.

Algunos maestros que ya estaban ubicados en sus respectivas posiciones reprobaron el gesto del profesor anterior, pero la señorita Acsa mencionó, de buen humor, que el profesor Rasit había olvidado tomar sus pastillas contra la “felicidad desenfrenada”.

  Mira a ese hombre; ojalá no lleve nunca ninguna clase con él: parece algo severo —me dijo Loi. Dirigí la mirada al frente, y vi al hombre de cabellos canos y aspecto rígido que se sentó frente al piano con cara de pocos amigos.

Las luces bajaron un tanto cuando el último maestro ingresó con una vara para ubicarse en el lugar del director, y automáticamente se me encogió el pecho cuando una melodía penetrante inició: los instrumentos de percusión y alguno que otro que no supe identificar abrieron el tema. Una voz delicada, que llegaba a notas muy altas llenó todo con el coro sirviéndole de base, y los violines resonaban con perfecta armonía.

La composición no solo empleaba instrumentos clásicos, sino que también incluía modernos y algunos que no había visto nunca. Cada uno tuvo su momento con melodías sumamente elaboradas. Había varios violines acompañando la melodía, hasta que un hombre de mirada tranquila se puso de pie a ejecutar el solo con movimientos sosegados: no estaba muy cerca del escenario, pero casi podía jurar que sonreía, casi enamorado, mientras tocaba el violín.

Me quedé ensimismada, solo escuchando y viendo a los maestros interpretando una de las piezas más hermosas que jamás había escuchado, que incluía sonidos nativos y electrónicos. Me llené de muchísima emoción, porque realmente sentí que quería ingresar a Gaib Art.

En medio de la pista, más personas salieron, pero para acompañar la música con movimientos corporales; supuse que serían los maestros de la Facultad de Danza y de Artes Dramáticas. ¿Estaban interpretando a árboles? ¿La lluvia? ¿El viento? ¿El sol?

Dios, hay demasiado espacio para la interpretación.

Escuché un quejido ahogado, y cuando giré de reojo comprobé que la chica que estaba sentada junto a mí lloraba en silencio. Se dio cuenta de mi mirada y me observó, ligeramente avergonzada; le sonreí, tratando de decirle que no había problema. La presentación era hermosa, los maestros se veían casi inalcanzables, y yo realmente también sentía toda la carga emocional que un aspirante podía tener en este momento.

Ya no hay marcha atrás, yo realmente quiero hacer música toda mi vida.

El tema terminó y todo el auditorio rompió en aplausos. Los maestros agradecieron la acogida y la presentación en Efecto mariposa culminó.

  No olviden que a las cinco de la tarde aquellos que postulen a la Facultad de Artes Dramáticas pueden venir a conocer el auditorio Trópico de Cáncer; y a las siete de la noche los que van a la de Danza ya tendrán las puertas abiertas de Osa Mayor. Mañana, a las diez, se abrirán las puertas de Trópico de Capricornio para los que van a Música — anunció la señorita Acsa con voz amistosa—. Y el sábado por la tarde, a las seis, se inicia el tour a todo el campus, así que todos están invitados. Pueden traer a sus padres, sí.

  Bien, tengo que regresar a las siete— dijo Loi entre emocionada y algo agotada. Yo tendría que volver todavía mañana.

Nos pusimos de pie; el celular vibró en el bolsillo de mi chaqueta. Contesté solo para escuchar la voz del abuelo.

  ¡Abuelo, es mucho mejor de lo que pensé! — grité casi saltando.

Lo oí soltar varias carcajadas:

  Imaginaba algo así. Hija, tu hermano volverá a eso de las ocho después de rendir su último examen y ¡no sabes qué!

  ¿Qué pasa abuelo?

  ¡Viajaremos hoy mismo a Lirau! — Solté un grito demasiado efervescente porque Loi dio un brinco a mi lado y después me golpeó en el hombro, a modo de protesta—. Para cuando vuelvas de Libiak ya nos encontrarás en la casa.

  ¡Abuelo, qué buena noticia! ¡Entonces nos veremos allá! — Me dijo que debía colgar porque estaban llamando a la puerta. Me despedí emocionada y guardé el celular.

  ¿Buenas noticias?

  Loi, ¡mi abuelo y Joan viajarán a Lirau hoy!

A lo lejos vimos al chico anterior, Luca Liberia, despedirse moviendo la mano. Le lanzó un codazo a su hermano, señalando en nuestra dirección: a lo mejor le había hablado de nosotras.

Loi torció el gesto, aburrida y el asunto empezó a parecerme algo extraño porque ella no solía mostrarse tan a la defensiva con personas a las que apenas conocía.

Salimos de Gaib Art; afuera el siguiente grupo esperaba entrar. Antes vimos a Balbino, que nos sonrió divertido y persiguiendo nuevamente a aspirantes con miradas perdidas.

La verdad es que todo esto de las charlas me ha entusiasmado más.

  ¡Mira quiénes están por allá! — escuché a Loi. Giré y en la vereda de en frente, cada uno con un cono enorme de helado, estaban Tarek y Etel llamándonos con las manos.

  ¡Libiak es inmensa! — exclamó Etel que traía una gorra cubriéndole todo el cabello a modo de camuflaje: Tarek la había traído con él hace una hora, pero como estábamos en lo de las charlas ambos decidieron darse un paseo por los alrededores—. ¡Y estos helados están buenísimos!

  Chicas, me tengo que ir — anunció él. Loi le preguntó desanimada que por qué—. La audiencia de Alen empezará en cualquier momento, princesa — ¡¿qué?!, así que…

  ¿En dónde está? — le pregunté inquieta.

  En el departamento. En cuanto empiece seremos trasladados al lugar en el que se llevará a cabo. Te daría más detalles, Bellota, pero también es mi primera vez en una Magistratura angelical.

Se despidió de Loi con un beso fugaz y después le dijo a Etel que lo llamara en cuanto quisiera retornar a Lirau.

  Bellota, quita esa cara. No va a pasar nada — me pidió Loi sobándome la espalda con afecto. Asentí, igual de nerviosa—. Mmm, ¿qué dicen? ¿Almorzamos en algún lado? Son casi las dos.

  Sí, de paso Sisa se distrae— la apoyó Etel. Les dije que por mí bien; aunque lo que menos tenía en ese momento era hambre.

Detuvimos un taxi y el celular empezó a vibrar en mi bolsillo. Lo saqué casi al borde de la desesperación, pensando que podría tratarse de Alen.

  ¿Bueno?

  Bellota, ¿sigues en Gaib Art? — Abrí los ojos, sorprendida ante la voz conocida—. Porque estoy muy cerca de allá.

  Marcus… — musité.

  ¿Qué? — gritó Loi. Asentí brevemente—. ¡Etel, no!

  ¿Eh? ¿Yo qué...? ¡Ay, no! — exclamó comprendiendo el punto: ¿qué pensaría Marcus si la veía aquí, en Libiak, y más tarde se comunicaba con Tomas por algún motivo?

  ¿Sisa?

  Ma-Marcus — respondí con torpeza—. S-sí, estoy aquí, en la puerta. — Me preguntó si estaba bien que pasara por mí y por Loi; le dije que no había problema alguno.

  Bellota, conoces la dirección del hotel, ¿verdad? — Trataba de escuchar a Loi y a Marcus a la vez pero empezaba a marearme—. ¡Bellota, llámame en un rato! ¡Iré con Etel a…a…a cualquier lado!

  Sisa, ¿estás bien?

  Sí, Marcus, yo…yo te espero aquí. — Colgué.

Ambas me dieron un beso de despedida que resultó más un golpe en mi mejilla por la rapidez, y al segundo vi el taxi alejándose y dejándome sola en las afueras de Gaib Art.

Pasaron unos minutos y recién caí en la cuenta de que Marcus y yo estaríamos solos. ¿Qué se supone que debería decir? Y por otro lado Alen a punto de entrar a su audiencia, y… ¡ay! ¡Dios!

Traté de relajarme, pero…

  No sé si soy yo, o es que cada vez que vuelvo a verte te pones más bonita — oí por atrás y un cosquilleo me recorrió de pies a cabeza.

Giré con cautela y me encontré con los ojos grises y la sonrisa amable.

  ¡Marcus! — exclamé y la voz me salió algo aguda por los nervios.

Me sorprendió muchísimo volver a verlo con lentes de montura en vez de los de contacto, porque por un momento recordé fugazmente al chico tímido con el que salí a los catorce.

Traía una camisa arremangada color hueso, la corbata ligeramente floja y una chaqueta formal colgando de su hombro, junto a su mochila.

   Vaya, has sonado algo emocionadame dijo soltando una risa—. Me complace el recibimiento.

¿Eso qué significa? ¿Que debo ser más fría? Pero es mi amigo…

Tragué despacio, sin saber qué más agregar. Me enfoqué en los dos chicos que estaban junto a él; vestían de igual manera así que supuse que se trataría del uniforme de la escuela.

  ¡Así que tú eres la famosa Sisa! — me dijo uno; asentí con algo de vacilación por lo de "famosa". Marcus me los presentó sin mucha vuelta: Jude y Kim, sus compañeros desde cuarto año de secundaria.

  Es un placer — respondí sonriendo levemente.

  Las chicas del salón van a morirse si se enteran del encuentro con tu exnovia — comentó el más alto, Kim, y Marcus lo golpeó con su mochila—. ¡Auu! ¡Pero es cierto!

  ¿No iban a volver a la escuela? — les preguntó Marcus fastidiado.

  Pues me parece que estar aquí resultaría más divertido que el taller de Redacción. Además, solo van a entregar notas.

  No te preocupes, Marcus— añadió el otro, Jude—. Yo me lo llevo; cuatro somos multitud así que… Nos vemos, mañana. Ojalá podamos salir en grupo, Sisa.

  No le rompas el corazón, mi hermana se morirá si Marcus entra en depresión — me dijo Kim y automáticamente el rostro se me encendió. Marcus lo jaló por la corbata y me dijo que no le hiciera caso—. Oye, ¡es en serio! Mi hermana menor es la presidenta de tu club de fans así que definitivamente sería la más afectada.

  ¿Qué cosas estás diciendo, Kimo? — resopló desganado. Jude negó con la cabeza y se llevó prácticamente a rastras a Kim que gritó que para mañana quería todos los “jugosos” detalles.

Nos quedamos a solas; en un silencio bastante incómodo, a decir verdad.

Bien, ¿y ahora cómo se supone que uno actúa en estas situaciones?

  Disculpa, Sisa. Jude y Kim suelen venir a casa y Abigail tiene la mala costumbre de ventilar mi vida privada — me explicó evidentemente incómodo. Solté una risa más relajada y le dije que no se preocupara. Le pregunté a propósito de sus lentes y me respondió que aún usaba los de montura cuando sentía los ojos muy cansados, y que en Lirau estuvo la mayor parte del tiempo sin ellos porque quería impresionarme.

Su tono evidentemente era bromista, pero volví a sentir que el cuerpo se me puso algo rígido.

  ¿Quieres almorzar, Bellota? Supongo que debes estar hambrienta.

  Tal vez podríamos ir solo por un helado sugerí. Sentía que al menor contacto con comida mi estómago se revolvería de los nervios pensando en Alen y en cómo hablaría con Marcus, y tal vez terminaría devolviéndolo todo.

  Bueno, si es lo que quieres. Mmm, por cierto, ¿y Loi? ¿No vinieron juntas?

  ¿Ah? ¡Ah, sí! Ehh… es que quería…pasar…a…ver a una amiga por aquí— resumí torpemente.

  Podríamos haber ido juntos.

  ¡Eh, sí! Pero…es que…tenía mucha prisa — añadí restándole importancia.

Frunció los labios y asintió.

  ¿Qué tal les fue en las charlas?

  A decir verdad, muy bien — le respondí animándome un poco y contándole todo lo nuevo que había aprendido hoy sobre Gaib Art.

Caminamos, me costó muchísimo seguirle la conversación cuando mencionó que lo ponía muy contento verme.

¿Cómo se lo digo? ¿Es necesario tocar el tema? Tal vez solo deba dejar que todo marche de manera normal, porque que haya venido por mí también puede ser en plan amical, ¿verdad?

  Sisa, ¿realmente les fue bien? Te noto muy distraída. — Asentí sin atreverme a mirarlo y enfocando toda mi atención en mi cono de helado—. Solo vinieron Loi y tú, ¿verdad? ¿Tarek no vino con ustedes?

  No, tenía un par de cosas en la universidad — le respondí dándole una mordida a la bola de helado; el sabor del chocolate me relajó un tanto. Tomé una gran bocanada de aire y me dispuse a mostrarme más tranquila—. ¿Aún no entran a exámenes en tu escuela?

  Oh, la semana pasada ya acabamos. Solo estamos asistiendo para recoger notas, así que prácticamente ya acabé el año.

  Ya veo.

Charlamos un poco más sobre cualquier cosa que se me viniera a la mente. Me sorprendió muchísimo que me preguntara sobre Zara Lagares de la nada.

  Me comunico con ella por chat — me explicó cuando le pregunté a propósito de ello —. Hablamos un poco en Lirau y después Tomas nos contactó. Es una chica muy amable, en realidad.

Bueno, la verdad era que Zara y yo habíamos intercambiado muy pocas palabras y en todas esas oportunidades no la sentí muy accesible que digamos. Diría que es por mí, pero sería completamente ilógico tomando en cuenta que ni siquiera nos conocíamos bien.

Esperamos que el semáforo cambiara: iba a comentarle que aquí también estaba haciendo muchísimo calor, igual que en Lirau, pero lo oí soltar una exclamación.

  ¿Marcus?

  Sisa, ¿ya conociste la Basílica de la Virgen Dolorosa? — Negué con la cabeza con curiosidad—. Mira, no sé si te interese, pero a esta hora los del coro ensayan y tienen piano y violín de acompañamiento. Suelo sentarme a escucharlos cuando tengo tiempo, ¿qué dices? ¿Vamos?

  ¡Sí! — respondí entusiasmada y olvidando todo por completo.

Elevó una mano; la observé con curiosidad hasta que me tocó parte del labio inferior.

Me encogí, ligeramente sorprendida.

  Tenías algo de helado —me explicó con amabilidad—. No voy a comerte, Bellota.

  No…no es eso — respondí en voz bajita y soltó una carcajada afectuosa.

Cielos, ¿qué hago? ¿Debo decirle lo de Alen? ¿Pero cómo abordo el tema?

Los autos se detuvieron; Marcus empezó a correr, pero antes me tomó por la muñeca.

  Espero que ingreses a Gaib Art, Bellota. Así te tendría todos los días aquí. — Parpadeé nerviosa—. No me molestaría pasar a recogerte todos los días.

  Marcus…

Bien, tengo que decírselo.

 

 

»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«

 

Alen

 

  TERCERA CONFIRMACIÓN DE LA RESOLUCIÓN: ¿ÁNGEL O HUMANO? — exclamaron con la fuerza de millones de voces desde algún lugar.

  ¡Humano, humano! — respondí tratando de no ahogarme en la burbuja repleta de agua. Cerré los ojos y aparecí en una habitación sumida en un silencio sepulcral. Al frente distinguí a un niño siendo golpeado por otros niños. Intenté ponerme de pie, para ayudarlo, pero todo el cuerpo me pesaba toneladas; intenté gritar, pero la voz no acudía.

  CUARTA CONFIRMACIÓN DE LA RESOLUCIÓN: ¿ÁNGEL O HUMANO? — me cubrí los oídos, cerré los ojos: cálmate…solo son imágenes, solo son imágenes manipuladas.

Pero el mundo humano es así. Las imágenes solo son un reflejo de la realidad…

  ¡HUMANO! ¡HUMANO! ¡HUMANO!

Una brusca sacudida me obligó a abrir los ojos. Sentí con fuerza aquello denominado “hambre” después “sed”. Cielos, podría matar a cualquiera por una gota de agua…por un poco de agua…. ¡solo algo de agua!

  QUINTA CONFIRMACIÓN DE LA RESOLUCIÓN: ¿ÁNGEL O HUMANO? — oí nuevamente y miles de imágenes pasaron como fotografías por mis ojos: disparos, bombas, humanos cayendo, humanos gritando, humanos rogando que los mataran para dejar de sufrir. No…no…nadie merece morir de esa manera.

»Alen… oía a lo lejos—. ¡Alen!

Las imágenes cesaron, solo para que todo el lugar se llenara de llamaradas gigantescas. Retrocedí cuando una de ellas casi me toca el brazo y después sentí muchísimo dolor.

  NO SE OBTUVO RESPUESTA, SE SOLICITA LA CONTESTACIÓN. QUINTA CONFIRMACIÓN DE LA RESOLUCIÓN: ¿ÁNGEL O HUMANO? — Me cubrí con los brazos. Traté de no aspirar el humo, pero empezaba a toser con fuerza. Me ahogo… quema…duele…duele mucho.

Una ventana apareció en el lado contrario; pasé corriendo para intentar escapar por ella, pero lo único que conseguí fue observar a una pareja de humanos compartiendo un beso en el exterior.

Era ella… ¿quién? ¿Sisa?

Albania, de blanco…

Y el hombre era Marcus… ¡Marcus Led…!

» ¡Suspensión! gritaron y entonces un agujero enorme se abrió, prácticamente me tragó y todo dejó de sentirse.

  ¡Alen! — Abrí los ojos con violencia. Me encontré con un techo pálido.

Traía la respiración agitada; me llevé las manos al rostro, ¿qué era esto? ¿Lágrimas secas?

  Tarek — murmuré cuando reconocí sus ojos.

  Hermano, lo siento. Dijiste que no querías ningún tipo de intervalo de descanso, pero parecía que estabas muriendo. Gritabas y te retorcías. —Me reincorporé con dificultad—. Pedí la suspensión y dijeron que te citarían dentro de poco.

Ah, por eso estaba de nuevo en mi habitación

  Gra-gracias — respondí agotado. Le había pedido a Tarek que me dejara anunciar mi decisión las nueve veces, pero no hubiera podido hacerlo.

  ¿En qué número te quedaste? — Le respondí que no había ni llegado a responder la quinta y soltó un bufido—: Dijiste que los míos eran peores, pero ya no estoy tan seguro: lo único que yo tuve que hacer fue anunciar mi decisión y de ahí huir antes de que me mataran. Pero tú… declarar nueve veces que quieres quedarte como humano… No sé qué imágenes te habrán proyectado, pero no creo que hayan sido ositos saltando en prados floreados.

Solté una leve carcajada y nuevamente le agradecí por detener la confirmación.

La cabeza me dolía un poco.

  ¿Qué hora es?

  Son casi las siete de la noche. — Me dejé caer nuevamente sobre la cama: quería pasar a ver a Sisa aunque sea solo por un rato, pero tal vez estaba con Loi o con Iago, o inclusive con Marcus Leda y no me gustaría interrumpir.

  Creo que dormiré un poco — anuncié. Tarek asintió y me dijo que entonces pasaría a ver cómo estaban las chicas.

Me quedé recostado, boca arriba, solo observando el techo de mi habitación. Solo me quedan cinco confirmaciones más, solo cinco más, y después adiós visiones pasadas, adiós tatuaje, adiós todo.

Cerré los ojos, pero tuve que abrirlos nuevamente cuando sentí una presencia más alrededor

  ¿Tarek? — pregunté por si acaso. Me acerqué con cautela a la puerta: en el pasillo no había nadie.

Avancé hasta la cocina, después a la sala: a lo mejor estaba imaginando cosas por lo último.

Decidí retornar a mi habitación, pero me percaté de los ventanales abiertos del balcón. Me acerqué a cerrarlos y en ese momento nuevamente la vi.

  ¿Qué…? — Me quedé de una pieza cuando vi a la chica que se parecía a Sisa, parada sobre el barandal y con el largo cabello meciéndosele con el viento.

Sueño… ¿otra vez estoy soñando?

  ¿Quién…? ¿Quién…? — balbuceé desencajado.

Se bajó de un salto y aterrizó con suavidad sobre el piso. Dio un paso, como para acercarse a mí, pero antes de que dijera más un ser que no supe identificar a primera vista apareció con velocidad detrás de ella. De figura humanoide, parecía estar conformado por alambres y material metálico.

  ¡ME LLEVO LA NOVENA! — bramó la criatura, eufórica, y de repente extendió uno de sus miembros hacia mí.

¿La novena…?

Todo sucedió de manera tan súbita que demoré en reaccionar. Pensé en cubrirme con los brazos, pero mi movimiento iba a resultar inútil frente a la rapidez con la que la desconocida giró, apuntó su ballesta hacia él y disparó sin miramiento alguno.

¡PAM!

Una luz resplandeciente salió de la flecha, y desvaneció en cuestión de segundos al ser que chilló de dolor antes de disolverse en pequeñas partículas.

¿Qué…?

¿Pero qué acaba de suceder?

Me quedé ahí, tan pasmado que ni siquiera retrocedí cuando ella se acercó a mí.

  ¿Qu-qué…? — mascullé. Posó una mano sobre mi pecho; la observé agitado, porque no sabía si era un ángel o un demonio.

Una calidez intensa me rodeó, para que después una pequeña esfera saliera de algún lugar y fuera capturada velozmente entre sus dedos.

  Me llevo esto — susurró.

  ¿Quién…quién eres? — murmuré cuando sus ojos se enfocaron en mi boca. No era ella, definitivamente no era Sisa...pero se veía como ella.

Elevó la mirada y sonrió:

  Hola. — Sus dedos acariciaron mi mejilla. Quise retroceder, pero la tristeza que vi en sus ojos me aturdió demasiado—. Es demasiado verte así, tan…tan dispuesto a quedarte como humano.

  ¿Sisa? — murmuré consternado.

  Siempre quise darte las gracias por todo lo que quisiste hacer por mí; pero te fuiste así…sin previo anuncio. De manera repentina.

Quise exigir respuestas, pero ella parpadeó, como volviendo en sí, y después de besarme con suavidad retrocedió y se esfumó.

“Me llevo esto”, ¿qué cosa? ¿Qué era esa esfera que sacó de mi pecho?

Me quedé ahí, tal vez medio despierto, medio dormido, y lo único que atiné a hacer fue cerrar los ojos y transportarme a Libiak con toda la energía que me quedaba.

Aparecí en un pasillo alfombrado; me concentré, tratando de encontrar su presencia. Avancé, una mujer me observó algo preocupada; no sé qué cara traería para asustarla tanto.

Llegué hasta una de las puertas, y cuando el pasillo estuvo completamente vacío la atravesé sin mayor problema.

Sí, aquí está, todo el lugar huele a ella.

  ¿Sisa? — la llamé. Avancé con algo de dificultad porque sentía que las piernas dejarían de funcionarme en cualquier momento—. ¡¿Sisa?!

Ingresé a la habitación del costado: de una de las puertas salía algo de vapor. Me acerqué y di un par de golpes con suavidad al comprender que se trataba del cuarto de baño.

  ¿Sisa? — repetí. Empujé con algo de vacilación y entonces me encontré con la ropa dispersa en el piso.

Di unos cuantos pasos más; la enorme tina estaba llena de agua, pero parecía que no había nad…

¡No!

  ¡SISA! — exclamé lanzándome hacia adelante. La tomé por los brazos al distinguir su figura completamente hundida, con los ojos cerrados, y después la saqué del agua tibia.

  ¡Ah! — reaccionó violentamente y empezó a toser con dificultad. Pasó los brazos por mi cuello y me abrazó con fuerza—. ¡Alen…!

  ¡¿Qué pasó?! — le pregunté alarmado. La tomé en brazos, con toda mi ropa empapada por casi haberme metido a la tina para sacarla.

¡Si no venía podía haberse ahogado!

  Yo…no…no lo sé. Volví al hotel, y estaba ahí y…y no sé — me respondió temblando un poco.

  ¿Dónde estuviste antes? — le pregunté. No, no podía ser ella la misma chica que había aparecido en mi habitación, porque eso implicaría transportarse, movilizarse y a la vez tener una ballesta que era capaz de matar a una criatura que jamás había visto antes.

  Solo…estuve con Marcus — me respondió tiritando un poco.

La senté sobre el borde de la tina y corrí por una de las batas que había visto colgadas junto a la puerta.

Iba a preguntarle qué había sucedido, pero cuando estaba secando sus tobillos sentí que se movió, me tomó por la nuca y me obligó a mirarla a los ojos. Quise ponerme a analizar la situación, pero ya era demasiado tarde. No sé qué pasó: el color me aturdió, la belleza me desarmó, porque me besó y después ni siquiera fui capaz de ubicar el momento en el que ambos nos sumergimos en el agua tibia. Mi ropa se perdió en algún lugar de la habitación; mis manos y mis labios se impacientaron demasiado. Su cuerpo era como una especie de imán para mí.

Oí el ulular lejano de un ave: me pareció sumamente conocido.

  Ha-hazlo... — susurró a mi oído, anhelante, pidiendo algo que yo también deseaba y la razón me abandonó por completo.

Sisa es la personificación de la transparencia y la ternura absoluta para mí, pero hay momentos en los que se eleva resplandeciente, segura; dejando de lado la inocencia para adoptar una postura fascinante, como gritando a toda voz lo especialmente hermosa que es. Y que lo sabe, que es consciente de ello.

Dueña por completo de sí misma.

Dueña por completo de mí.


 

»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«

 

Sisa

 

El coro estaba practicando lo que reconocí como la Serenata de Schubert. Una mujer cantaba con voz preciosa; los violines y el piano antiquísimo resonaban en medio de toda la basílica.

Estaba demasiado deslumbrada por el espectáculo, que no me percaté del movimiento de Marcus. De la nada sentí sus dedos tomando mi mano y una brusca sacudida me trajo a tierra.

No quise ser grosera, pero mi brazo fue demasiado rápido y se movió, alejándose por completo.

Me sonrió y después suspiró, observando al frente:

  Estefan ya me lo dijo — inició —. Te vio hace unos días con un chico en Lirau y…bueno, supuso que estaban saliendo.

Traté de mostrarme serena, pero no sabía exactamente qué expresión debía adquirir. Crucé las manos sobre la falda del vestido, y me conformé con observar al grupo de violinistas que acompañaban.

  ¿Ya arreglaste la situación con Alen Forgeso?

Asentí, sin atreverme a mirarlo y jugueteando con las cintas del vestido.

  Yo…no sabía si era apropiado sacar el tema. Hace un tiempo que ya estamos juntos, y…

  ¿Eres feliz, Bellota? — Me sorprendió muchísimo su tono amable; asentí—. Entonces yo no tengo nada que reprocharte. Tú fuiste muy clara conmigo; me dijiste que por ahora solo querías enfocarte en el violín y que no estabas preparada para iniciar nada. Y lo comprendí, claro que sí; y ahora también comprendo que estés saliendo con otro chico. — Me mordí los labios, consternada—. ¿Por eso estabas tan nerviosa?

  Lo siento, Marcus — le dije con la horrible sensación de culpabilidad.

  ¿Por qué te disculpas? — me preguntó de buen humor—. ¿Por no poder corresponderme? — Volteó al frente y después suspiró—: Así es la vida, a veces se gana, otras se pierde. Supongo que esta vez el tal Alen ganó; y realmente espero que sepa valorar todo lo que tiene ahora.

  Alen es un buen chico — le dije. Puso los ojos en blanco y me dijo que no lo conocía, pero con todo mi historial de llanto por él y la casi pelea que habían iniciado ya no sabía —. Estábamos en una situación algo complicada y…

  Bueno, también va a ser difícil mantener una relación a distancia.

  Él…él se mudará a Libiak.

Marcus me miró, sorprendido, y después negó con la cabeza, riendo entre dientes:

  Bien, van muy en serio — aceptó. La música estaba por culminar y por lo visto empezaría la misa de las seis. Marcus me ofreció pasar por un café o algo porque yo no había almorzado, y le dije que tal vez lo mejor era que ya regresara al hotel.

Estaba preocupada por Alen, pero también me sentía muy mal con todo este asunto. Marcus es mi amigo: no soporto estar en este plan de “lo lamento, salgo con alguien más”.

  Ya no voy a insistir, Bellota. Si te incomodé o algo…

  ¡No! — exclamé con demasiada fuerza. El sacerdote en el púlpito nos lanzó una mirada severa. Nos pusimos de pie, ya para salir—. No es eso, Marcus. Es solo que…no…no quiero seguir lastimando nuestra amistad. Tú…tú eres un amigo muy importante para mí y eso…

  Vamos a seguir siendo amigos, Sisa. De eso no tienes por qué preocuparte. — Me palmeó la cabeza con afecto y después deslizó los dedos por mi mejilla. Me encogí un tanto; me sonrió—: ¿Te llevo al hotel en el que te estás alojando?

  Creo…que voy a caminar — le respondí apenada. Asintió, y cuando llegamos a la enorme puerta de la basílica me tomó por las manos y me pidió que me cuidara. Quedamos en que mañana lo vería, con Loi, y que de ahí nos llevaría a conocer toda la ciudad en el auto de Abby, solo como amigos.

Le sonreí agradecida y cuando se inclinó a besarme en la mejilla, tuve que cerrar los ojos con fuerza porque una brusca sacudida me atacó.

» Te amo y te acepto por el resto de mi vida.

¿Qué…?

  ¿Sisa?

  Estoy…estoy bien — me apresuré a decir.

Albania, Albania…Albania vestida de blanco, Albania con su futuro esposo frente al altar: el nieto de una de las familias relojeras más importantes del pueblo, el nieto que acababa de quedar huérfano.

Caminé con algo de dificultad, tratando de aferrarme a la realidad, y detuve un taxi. Marcus insistió en llevarme, pero le dije que por favor me dejara irme sola.

Me subí al auto sin siquiera preguntar. Dije el nombre del hotel; el conductor me respondió que no estaba tan lejos.

  ¿Sisa? — oí la voz de Loi. ¿En qué momento contesté el celular? . Sisa, estoy con Etel a punto de entrar a Gaib Art para conocer Trópico de cáncer, ¿sigues con Marcus? Comprendimos, muy tarde, que tal vez no debimos dejarlos a solas.

  Estoy… No pasó nada — respondí. La cabeza estaba matándome—. Loi, me iré de frente al hotel, ¿sí? Estoy algo cansada y…

  Pero estás bien, ¿verdad? — Le confirmé que sí—. Mmm, bueno, pero si te animas me llamas, porque la visita de ahora durará algo de dos horas y de ahí iremos a cenar antes de que Tarek se lleve a Etel.

  Las alcanzo a cenar — dije rápidamente. Dios, ¡la cabeza me va a estallar! —. Adiós.

Guardé el celular, bajé en la entrada del hotel y casi corrí a recepción. Me reconocieron y para mi buena suerte me proporcionaron la tarjeta que servía a modo de llave de la habitación sin mucho problema.

Cerré la puerta y me hundí los dedos en el cabello, queriendo arrancarme la cabeza. Me precipité al cuarto de baño, me quité toda la ropa sin pensarlo mucho y abrí la llave de la ducha: me encogí porque había abierto la del agua fría. La temperé y me quedé ahí, remojándome.

El dolor empezó a disminuir. La tina se vio demasiado llamativa: aún sentía pequeñas punzadas en la sien. Salí completamente desnuda y abrí los grifos que Loi había mencionado en la mañana. El aroma del agua caliente me golpeó con fuerza; el vapor que empezó a emanar me relajó por completo. Mientras esperaba que el agua llegara hasta un nivel prudente, volteé y me encontré con mi reflejo desnudo en el espejo de cuerpo completo.

» Niña Albania, se resfriará. Espere, traeré unas toallas y su bata.

Veo a la mujer saliendo presurosa de la habitación que huele a flores. La puerta se cierra, y entonces me enfoco en la figura de la chica que reposa delicadamente sobre la tina cuidadosamente tallada en porcelana, y con miles de pétalos flotando sobre el agua. Toma uno de ellos y juega, soplándolo con delicadeza para enviarlo hacia arriba.

Noto que mueve los labios, como llamando a alguien, y en ese momento Alen aparece en una esquina, con los ropajes que ya había visto antes. Pero se da cuenta de la situación, y gira bruscamente.

» Albania, ¿qué sucede? le pregunta, evitando mirarla, incómodo.

Sedúcelo

Ella sonríe y se pone de pie con un movimiento suave. Las ondas caen por la espalda desnuda, una sonrisa sutilmente sugerente se apodera de sus labios.

No entiendo: es…es como si supiera lo que siente. Ella ha vuelto de una larga travesía, y ahora se siente toda una mujer.

Una mujer capaz de doblegarlo.

» ¿Por qué no volteas?

» ¿Me llamabas para algo en particular?

» Ayúdame a vestirme — pide en voz baja—. Tengo frío.

 Él eleva la mirada; casi puedo sentir que algo frenético está a punto de estallar en el ambiente.

» ¡Niña Albania! — exclama la mujer anterior, abriendo la puerta. Alen desaparece bruscamente—. ¡Le dije que salir así podría resfriarla! la reprende.

» Lo siento, Nunita querida.

Albania se disculpa mientras la mujer la arropa como a una niña, pero la sonrisa que trae en sus labios no se borra.

Me sumerjo en el agua de la tina; ya está llena, se siente cálida. Pero el agua tira de mí…

…quiere ahogarme.

» ¿Por qué no me responde? ¿Por qué no acude a mi llamado?

» Los Phaxsi se deshicieron de él hace unas horas; había roto demasiadas reglas. Enamorarse de una humana y amarla corporalmente es algo casi inconcebible.

» ¡Nanael! ¡NANAEL!

Albania, ¿por qué gritas? ¿A quién estás buscando?

» No va a responderte: Nanael está lejos, despidiéndose de su compañero que acaba de dejar todos los universos.

» ¡No! ¡No es cierto!

» Ya no está en este mundo. Ni en este ni en ningún otro; fue eliminado por completo.

»  ¡No! ¡No, mientes! ¡MIENTES!

» No sé cómo tomar tus lágrimas porque eres el ser más egoísta del mundo, Albania Formerio. ¿Lloras por el humano que murió en batalla, o lloras por el ángel que quiso entregarte todo de sí?

» ¡NANAEL! ¡NANAEL!

» Nunca lo amaste…

» ¡FUERA, NHYNA, FUERA! Albania grita desconsolada y después sale corriendo de la enorme mansión; aun gritando el nombre de Nanael, esperando que aparezca para confirmarle que lo que cree jamás ha sucedido. Nadie la sigue porque ha usado un salmo de camuflaje; nadie la detiene porque ella es como el viento: la sientes, sabes que está ahí, pero alcanzarla es imposible.

Albania ha perdido al humano que tomó por esposo y también al ángel custodio que la amó, a Alen. Y siento todo el dolor insoportable que la atacó, y aunque Nhyna repita que no sabe por quién llora, yo puedo asegurarlo:

Los necesitaba, a ambos, pero la idea de pérdida la atacaba con más fuerza cuando se trataba solo de uno. Porque siempre fue él, solo él. Desde el primer momento que lo vio, siempre iba a ser él.

Porque puedes vivir infeliz…

» No, ¡no puedes dejarme! ¡NO PUEDES HABERME DEJADO!

…pero jamás sin aire.

  ¡Sisa! — oigo a lo lejos. Abro los ojos y me encuentro con un espacio brumoso, solo para sentir que alguien me toma por la cintura y me jala con fuerza hacia la superficie.

  ¡Ah! — La garganta se me ha lastimado por el agua. Toso, tratando de no ahogarme, mientras frotan mi espalda como para aliviar el ataque. Elevo la mirada y de repente me encuentro con el sol, brillante, observándome preocupado. Paso los brazos por su cuello y lo abrazo con fuerza porque el aire frío me ataca—. ¡Alen…!

  ¿Qué pasó?

  Yo…no…no lo sé — respondí algo, aturdida—. Volví al hotel, y estaba ahí y…y no sé.

  ¿Dónde estuviste antes? — me preguntó preocupado.

  Solo…estuve con Marcus — respondí temblando. Me besó en la cabeza y me sentó con suavidad sobre el borde de la tina, solo para traer consigo una bata. Me cubrió con ella, y después empezó a frotar la tela contra mi piel, buscando secarme.

Me quedé ensimismada, observándolo de rodillas: el movimiento de sus dedos, su cabello desordenado, su insistencia por transmitirle algo de calor a mi cuerpo.

No sé qué pasó conmigo misma, porque algo urgente explotó dentro mí.

Sedúcelo

Lo atrapé por la nuca y lo observé fijamente antes de capturar su boca. El momento fue de lo más extraño porque él se vio sorprendido, pero no pasó mucho para que comprendiera mi urgencia y el agua tibia nos recibiera.

El aire…necesito aire.

Y no sé por qué siento que estoy por perderlo.

Lo besé por todas partes, grabando cada detalle, la textura, el sabor de su piel. Sus manos tocaron absolutamente todo; su boca llegó a lugares que ya conocía bien, y exploró nuevos. No sé bien en qué momento me tomó en brazos y llegamos a las sábanas color marfil de la habitación, sin que nos importara estar completamente empapados.

Sentí sus manos provocándome esas sensaciones extremas que solo él podía crear, y en un momento no pude aguantarlo más y casi supliqué por sentirlo dentro de mí. Besé sus hombros, sus labios, necesitando confirmar que estaba aquí, conmigo, y a lo mejor él entendió mi malestar emocional porque se inclinó hasta mi oído y me dijo con voz suave:

Aquí estoy, boba preciosa, contigo.

No me dejes… no me dejes nunca.

Me sonrió en medio de la hermosa mirada de sol:

Te lo juro — dijo y no pude resistirlo más.

Ha-hazlo... — casi supliqué y me aferré con fuerza a sus hombros cuando la distancia se perdió por completo, cuando se hundió en mi ser. Y el ulular del ave que ya había escuchado antes, resonó alrededor. Realidad, alucinación, la verdad ya no tengo idea.

Cerré los ojos cuando el movimiento inició y poco a poco traspasó los límites; cuando tanto él como yo fuimos presa fácil del descontrol. Necesitábamos estar más cerca y todo alrededor empezó a tornarse casi frenético, violento. Clavé las uñas en su piel cuando su boca volvió a atacarme, cuando tuve que sujetar las sábanas con una mano porque mi cuerpo empezaba a desquiciarse. Cuando la voz empezó a salirme casi por instinto, gritando su nombre.

Su cuerpo estaba conectado con el mío, su cabello húmedo por el improvisado baño en la tina, y no pude evitar pensar que lo amaba, ¡realmente lo amaba! Somos uno, siempre seremos uno, y siempre habíamos sido uno. Y no había modo alguno de pelear contra el anhelo que tenía de sus ojos, de su boca, de su cuerpo, de su alma…

De él por completo.

Millares de imágenes me traspasan con fuerza: corro desesperada, con la certeza de que si no acelero alguien importante va a dejarme, y entonces el ulular anterior resuena. Le pertenece a una criatura hermosa que cruza el firmamento con sus preciosas alas, de un blanco tan puro que lastimaría los ojos de cualquiera.

Pero la criatura no es un ave exactamente, porque de serlo sería de una especie jamás vista por humanos. Su cuerpo es la belleza misma, su pico es del color de la plata; trae los ojos cerrados porque cruza el espacio dormida.

Entonces los abre…y el sol me saluda desde adentro.

  Sisa…

  Alen — murmuro y vuelvo en mí.

El ave vuela, ¿a dónde va?

  No sé…qué ha sucedido — susurra en mi oído algo agitado. Me besa en la frente y dice que en cualquier momento alguien podría venir, y todo está hecho un desastre por nuestra culpa.

Las sábanas están húmedas. Eso sin contar que el agua ha mojado todo el piso de la bañera, y hay demasiado vapor alrededor.

  No vas a dejarme nunca, ¿verdad? — le pregunto sin saber exactamente a qué me refiero. Me mira confundido y después me sonríe.

El ave vuela, y no tendría tanto miedo si no sintiera que va dejándome atrás, porque yo no puedo volar.

  Soy tuyo, Bellota. ¿A dónde más podría ir? — Me acurruco cerca de su hombro. ¿Qué me pasa? ¿Por qué siento tanto miedo? ¿Y miedo a qué, en primer lugar? —. Mientras sienta que tu felicidad está a mi lado, voy a quedarme contigo.

  ¿Prometido?

  Prometido.

A las nueve me encontré con las chicas en un restaurante cercano, después de dejar la habitación algo más decente por todo el revuelo anterior. Loi y Etel me molestaron un poco a propósito de mi extraño retraso, y cuando Tarek llegó diciendo que Alen acababa de retornar a Lirau, extrañamente con la ropa “mojada”, las tuve a ambas empujándome de lado a lado mientras soltaban “uuuyyys”, e insistían en saber por qué llevaba yo también el cabello húmedo.

Iago llamó minutos más tarde, justo para que Tarek se llevara a Etel antes de que las cosas se pusieran difíciles de explicar.

Al día siguiente Trópico de capricornio me recibió muy temprano; me emocioné un tanto, igual que el día anterior, pero algo extraño estaba latiendo alrededor.

Vete, sensación de angustia. ¡No hay nada que temer!

  ¡Marcus, ¿cómo estás?! — exclama Loi y el paseo inicia. Marcus me sonríe; esta vez sus dos amigos se quedan con nosotros.

Trato de divertirme, pero cada vez que veo el cielo me parece ver al ave completamente blanca surcándolo.

Cierro los ojos; su ulular se hace triste, porque vuela…pero vuela dormido.

¿Y eso qué significa?

 

 

»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«

 

Joan

 

  ¡Viejo! ¡Apresúrate!

  ¡¿A quién le estás alzando la voz, mocoso?! — exclama desde adentro.

Cloe me observa y suelta una carcajada. Me ayuda a meter algunas de las maletas, y me observa gentilmente:

  La próxima semana ya es Navidad, ¿cuándo volverán, Joan?

  Al abuelo no le gusta dejar su casa, así que estaremos de vuelta muy pronto, nena.

Pasaríamos Navidad en Lirau, junto a mamá, Sisa y Corín. Pero retornaríamos dentro de poco, con Bellota, que quería pasar las vacaciones en Asiri antes de rendir su examen en Libiak.

  ¡Es cierto! ¿Y qué pasará con el violín? ¿El envío es para acá?

  Llegaría para la próxima semana. — El abuelo seguía verificando que todas las llaves estuvieran guardadas, los interruptores apagados y los enchufes en perfecto estado—. Así que cambiamos la dirección y pedimos que lo enviaran a Lirau. No sé cómo logramos que el abuelo aceptara hacer la compra por internet.

La idea de comprarle el famoso violín eléctrico a Bellota le pareció estupenda, pero cuando nos vio a Cloe y a mí encender la laptop y decirle que nos ayudara a escoger el modelo, por poco y le da un ataque. Desconfiaba del sistema de envío, pero le aseguré que se trataba de una página muy buena y tenía instrumentos de la mejor calidad, así que no había por qué tener recelo.

  ¡Entonces va a llegar como obsequio navideño! — Asentí. Cloe sonrió—: Sisa va a dar el grito al cielo. El violín se veía precioso en la imagen. Mmm, por cierto, ¿tu otra hermanita no dirá nada si el violín llega a modo de obsequio y…?

  Oh, tranquila, claro que pensamos en Corín. — Había estado mandándome indirectas sobre lo usado que estaba su smartphone, así que de una vez por todas le había comprado uno nuevo. Bellota y su violín, Corín y su teléfono, ¡listo! Nadie pondría caras gruñonas el día en el que llegara.

El abuelo ya venía; Cloe me pellizcó la mejilla, como solía hacer cuando estaba preocupada.

  ¿Qué pasa ahora?

  Promete que me llamarás ni bien lleguen a Lirau.

Eso no tenía ni que prometérselo. La llamaría ni bien estuviera en casa.

  ¡No vayas a quedarte dormido, por favor!

Puse los ojos en blanco:

  Cloe, he conducido muchísimas veces…

  Ya, pero nunca de noche.

  Tranquila, hija, nos turnaremos — me ayudó el abuelo mientras guardaba la última maleta.

La dejamos en la puerta de su casa; se despidió de ambos y después emprendimos la marcha, rumbo a la carretera principal.

  Esa chica es un ángel. No sé cómo has conseguido salir con ella.

  ¡Abuelo!

¡Supuestamente yo soy el nieto! Debería ser más considerado conmigo.

  Tu madre va a querer conocerla — reflexionó después de unos minutos.

  Aún no estoy seguro de si deba hablarle de ella— respondí dubitativo.

Cloe era lo mejor que me había pasado en toda la jodida vida, y el abuelo ya se había dado cuenta de eso. Sin embargo, el asunto era que con mamá nunca se sabía: era sumamente quisquillosa con todo el asunto de las novias. Y Cloe tenía la mente tan abierta para algunos temas y no se guardaba opiniones, que conociendo a mi madre ambas podrían chocar y después…no quiero ni pensarlo.

  ¿Y el examen de hoy? — Bueno: no me había ido mal, pero tampoco taaan bien—. ¿Cuándo salen tus notas?

  Todavía en un mes, viejo. — Asintió y después encendió la radio—. ¡Abuelo, no! ¡Esa emisora no! ¡Suena a música de funeraria!

  ¡Cómo puedes decir eso del gran Mozart! — Le dije que Mozart o no, igual sonaba a música aburrida y me gruñó —: Ahora entiendo por qué dejaste el violín; ¡no tienes oído para la buena música!

  Oído tengo, y por eso mismo voy a quedarme dormido si escuchamos durante todo el trayecto esa emisora.

Giré el volante con suavidad. Las luces laterales de la carretera iluminaban todo el camino.

  El clima está muy extraño. Está haciendo demasiado calor para estar en invierno — me comentó cuando la bendita hora de música antigua acabó, e iniciaron las noticias.

  ¿Puedo poner algo de música de verdad? — insistí.

  No.

Resoplé fastidiado.

Apenas eran las once; si todo va sin contratiempos, estaríamos en Lirau a las dos de la mañana. Es más, tal vez antes: no hay muchos autos siguiendo esta ruta, así que puedo acelerar sin preocuparme demasiado.

Pasamos por el control de carreteras, y minutos más tarde oí un ronquido al lado.

  Y empieza la hora de conciertos — murmuré riendo.

Abrí un poco más la ventana de mi lado y cambié la emisora. Mmm, así que el tal JOBEY está preparando nuevo álbum.

  Hijo, ¿te relevo…? ¡Qué clase de música es esa!

  ¡Viejo, duérmete! — le respondí divertido. Me lanzó un manotazo y en ese momento algo muy extraño sucedió:

Casi podía jurar que había visto a alguien mover un brazo en medio de la carretera.

  Yo también lo vi — me confirmó el abuelo con seriedad.

Detuve el auto a un lado; tomé la linterna que llevábamos y bajamos para echar un vistazo alrededor.

  Qué raro — murmuré. No había nada; solo se sentía el frío de la noche, nada más.

No creo en cosas como almas en pena, pero como que se me ha erizado la piel un tanto.

Volví al asiento del piloto a pesar de que el abuelo quería relevarme. Dudaba mucho que me diera sueño después de esto.

Encendí el auto y el suave deslizar de los neumáticos se dejó oír.

  Tal vez era un animal.

  Abuelo, ¿un animal blanco? — repetí incrédulo.

Claramente había visto algo blanco ondeando al frente. No había explicaciones muy lógicas al respecto.

  Tal vez un lobo, o un perro, quién sabe. Hay muchas cosas que podrían haber sido.

Lo noté un tanto nervioso, igual que yo, así que opté por cambiar de tema.

  El próximo año Sisa ya va a estar estudiando música. — Soltó un suspiro algo apagado. Lo miré, confundido—: ¿Y ahora qué pasa, viejo? Pensé que la idea te gustaba.

  Libiak es una ciudad algo grande; espero que la Cachorra se adapte rápidamente.

  Cierto, tú vivías de joven en Libiak… — recordé—. ¿Por qué te mudaste?

Frunció los labios y observó a través de la ventana.

  Es una ciudad algo movida, ¡demasiado! Y para mi buena suerte, tu abuela también estaba aburrida de ese ambiente tan enérgico, así que decidimos mudarnos a Asiri cuando nos casamos. Aunque me es de suponer que la vida por allá ahora debe ser aún más agitada. Cuando me mostraste algunas fotografías por ese aparato…

  Laptop — aclaré divertido.

  Bueno, en eso, comprobé que la ciudad ha cambiado muchísimo. Se ha expandido, y parece que la gente se ha multiplicado. La tranquilidad que te proporciona el campo es algo que una ciudad, por muy moderna que sea, jamás va a tener.

Estaba por responderle al abuelo que las cosas deben cambiar, porque es parte de la naturaleza dinámica de todo en la vida, cuando las luces frontales del auto parpadearon y se apagaron. Apreté con velocidad el mando para intentar arreglar el desperfecto, y en ese mismo momento volvieron a encenderse.

Iba a soltar un suspiro de alivio, cuando claramente vi la figura delante de nosotros, sin inmutarse, con los ojos abiertos de par en par.

¡No!

  ¡HIJO, TU HERMANA! — bramó el abuelo, y me confirmó que tuvo el mismo destello fugaz que yo tuve: Sisa, en medio de la carretera, a punto de ser impactada por nuestro auto.

Las manos del abuelo se pusieron sobre las mías, e hicieron un giro violento con el volante. No hubo tiempo para presionar el freno, no hubo tiempo saltar.

Un golpe atroz, una sacudida violenta: mi vida en cinco segundos, rostros cruzando a velocidad…

Mamá, Corín, abuelo, Cloe…Sisa.

Todo se puso negro.


 

»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«

 

Alen

 

Hay un ave enorme que surca los cielos grises; no, son verdes, tal vez pardos. Puedo verla, pero no verme a mí mismo. Bajo la mirada y no hallo mis pies, tampoco mis manos: es como si solo mis ojos estuvieran presentes.

Es un sueño.

El ave vuela majestuosamente hasta que un fuerte relámpago ilumina todo e impacta directamente sobre una de sus alas. Se retuerce, llena de dolor, y después se precipita a toda velocidad a las profundidades del mar.

Los restos de sus plumas flotan en el aire; abandonando a su dueño que por lo visto a quedado moribundo.

Sé que estoy corriendo porque escucho mi respiración agitada y veo el panorama algo irregular. Me detengo a las orillas para comprobar que puedo observar el interior: el pájaro sigue retorciéndose de dolor, la única ala que le queda ondea con suavidad para pegarse a su cuerpo, y finalmente se deja llevar hacia lo más profundo.

Ha muerto.

  Alen, la resignación es parte de ser humano.

  ¿Nanael?

Elevo la mirada, buscándolo, pero otro relámpago ilumina todo y la risa estridente de Berith resuena:

  Nadie te garantiza que él quiera ayudarte…

 

Niemand defioj do smrti, yesli vy ego congregabo súas vinamra.

 

  Nadie reta a la muerte, de hacerlo recolectaré tus recuerdos.

La risa de Berith estalla con fuerza. Por atrás, algo semejante a un reloj inmenso con patas largas camina lentamente.

Posa uno de sus miembros sobre el agua y nuevamente oigo el ulular del pájaro. Me confirma que aún vive, pero detesta la presencia invasora, detesta los relojes…

…detesta el tiempo.

Una chica cruza como el viento, desvaneciéndose. Quiero tomarla por la mano, pero se va velozmente; desde algún lugar una voz grita: la niña se suicidará.

No comprendo el paisaje: hay figuras amorfas, flores, violines, relojes, pianos, bailarinas de ballet, brazos inmóviles, bocas selladas, personas con antifaces y vestidos, plumas, todos moviéndose en un mundo completamente surrealista.

Entonces a lo lejos distingo dos hilos de color rojo brillante; se acercan a velocidad, como serpientes, y trepan hasta enredarse en mis muñecas con fuerza.

Vínculos.

  ¡Ah! — Abro los ojos, completamente alterado.

Me reincorporo solo para que Tarek aparezca y encienda las luces, preocupado.

  Hermano, ¿qué pasó? ¿Un mal sueño?

  No, no es eso — replico poniéndome de pie. Tarek me observa confundido cuando doy vueltas por la habitación, porque ni yo estoy seguro de lo que me está asaltando en este momento.

  Alen, ¿qué pasa? — me pregunta con seriedad.

  No…no lo sé. Hay algo, Tarek…en este momento hay algo que me está incomodando demasiado y no sé de qué se trata.

  ¿Incomodando?

  Fastidiando, incomodando, inquietando, ¡no sé! ¡Algo va mal y no sé qué es!

  ¿Crees que sean las chicas? — me pregunta preocupado. No sé qué responderle, pero antes de que diga algo desaparece, y segundos después está de vuelta en la habitación. Niega con la cabeza, más tranquilo—: Bellota y la princesa están durmiendo tranquilas en el hotel en Libiak; también pasé a ver a Marissa y a Naina, ambas están bien. Santiago está redactando un informe en el hotel en el que se está alojando, y Copo de nieve descansa tranquila: no tienes nada de qué preocuparte.

Entonces ¿qué cosa es esto? Siento como si algo por dentro estuviera ansioso, angustiado.

Los hilos que vi…

  Tarek, llévame — pedí y lo tomé por el hombro.

  ¿Qué? ¿A dónde?

  No lo sé, a donde sea.

  ¿A dónde sea?

  ¡No sé! ¡A…a lo mejor si te concentras puedas llevarme al lugar en el que quisiera estar en este momento! Siento como si debiera estar en otro lado, pero no sé en dónde.

  Alen, creo que estás cansado por lo de las confirmaciones y…

  ¡Tarek, por favor! — insistí. Se encogió de hombros, y me dijo que si era lo que quería…

Cerró los ojos; le tomó algo de tiempo concentrarse. Estaba por dar marcha atrás, hasta que el par de hilos rojos que había visto en mi sueño se hicieron visibles alrededor de mis muñecas, trazando una ruta lejana.

Los vínculos que vi en mi sueño.

  ¡Síguelos!

  De acuerdo, de acuerdo.

Dejamos la habitación; segundos más tarde sentí el viento helado rozarme el rostro.

  Bien, creo que ha sido una pérdida de tiempo — me dice cuando aparecemos en medio de una carretera alejada de cualquier zona urbana. Hay montañas alrededor, miles de árboles y todo estaría completamente oscuro si no fuera por los focos que iluminan el borde de la carretera.

Ah, y por el humo que se distingue allá al fondo.

  Parece que alguien sufrió un accidente — comenta Tarek y entonces recién me percato de la situación: la carretera está cercada por una barra metálica no muy alta, y en una curva ha sido interrumpida violentamente, como si la hubieran traspasado.

Justamente es el lugar del que proviene el humo.

 

«Protégela, eres lo único que le queda...»

 

Siento que los hilos rojos tiran con más fuerza.

  ¿Qué…? Tarek, ¿lo oíste?

  ¿Qué cosa? Hermano, ¿estás bien?

Giro a todos lados, la voz se me hace conocida. Ya he oído vínculos: la vez que Ben me pidió proteger a su hija sucedió algo parecido.

 

«Protégela…a ella…»

 

Esa voz…

»— No he podido tener una charla como se debe contigo, muchacho; con toda la familia revoloteando alrededor y diciendo lo bien parecido que eres no ha habido tiempo.

No…

 

« Protege a mi Cachorra, muchacho…»

 

¿A mi Cachorra…?

No…

¡NO!

  ¿Alen? ¡ALEN! — grita Tarek cuando emprendo la carrera hacia allá. Corro todo lo que las piernas me dan y cuando llego a la parte interrumpida de la barra, compruebo que a unos metros abajo hay un auto volcado del que sale una gran cantidad de humo.

Ese auto…

Abro los ojos con violencia ante la presencia; un miedo atroz me cruza de pies a cabeza: ¡no! ¡No! ¡NO!

  ¡ALEN, ESPERA!

Corro desesperado hacia abajo, pero tropiezo y ruedo entre la tierra y las rocas. Siento que mi cabeza impacta contra algo, pero no me importa y me pongo de pie, dispuesto a llegar; rogando que la maldita facultad para sentir presencias haya empezado a fallarme.

  ¡No, no!

« Protege a mi Cachorra, muchacho…», oigo alrededor, « protege a mi Cachorra, muchacho…»

Llego hasta el lugar, y la respiración se me corta bruscamente. No…no, por favor…

Ahí, en frente, el auto está volcado, y por el espacio que ha dejado una ventana puedo reconocer el rostro de Joan Maleri, completamente ensangrentado.

  ¡No! ¡No! ¡JOAN! — grito y me lanzo sobre la tierra áspera. Trato de tocarlo, pero no puedo estirar el brazo lo suficiente—. ¡JOAN! ¡JOAN!

Los ojos se le abren con lentitud: algo de alivio me recorre, ¡está vivo!

  Joan, Joan, ¡soy yo! ¡Vas a estar bien! ¡Vas a estar bien! — repito cuando me observa, ligeramente atontado.

  A… ¿Alen? — murmura y empieza a vomitar sangre.

Trato de empujar el auto para sacarlo de ahí, pero no tengo la fuerza suficiente.

  ¡Tranquilo, te sacaremos! — exclamo, tratando de serenarme—. ¡Tarek, ayúdame!

  Por todas las creaciones, ¿es el hermano de Sisa? — murmura consternado.

  ¡Ayúdame, maldita sea! — Trato de empujar el auto; Joan se retuerce, le pido que espere un poco—. ¡TAREK! ¡¿QUÉ MIERDA PASA CONTIGO?! ¡AYÚDAME!

  Alen, no…no puedo — me dice pálido —. No puedo moverme.

  ¿Q-qué?

  No puedo ayudar a ningún humano al borde la muerte — balbucea abatido.

No…

El aire ingresa con demasiada brusquedad a mis pulmones: ¿al borde de la muerte? ¿Qué demonios está diciendo? ¡No va a morirse! ¡NO VA A MORIRSE!

  Joan, Joan escucha, mírame, ¡MÍRAME! No te duermas, ¡no te duermas! — le suplico cuando lo veo parpadear con lentitud y botar más sangre. Asiente, y en ese momento distingo que observa de reojo y suelta un quejido, lleno de dolor.

Pensé que era a causa del peso del auto, pero no fue hasta que seguí la dirección de su mirada que comprendí que no iba solo.

No, por favor…

  Abuelo — murmuró y rompió a llorar.

¿Qué? ¡No! ¡NO!

Corro hasta el otro lado y cuando me dejo caer, el mundo se viene conmigo.

Ahí, con parte del rostro desfigurado, como si estuviera solo dormido, estaba Alcides Maleri…

 

« Protege a mi Cachorra, muchacho…»

 

…ya sin ningún rastro de vida en él.

No…no… No me hagan esto. ¡No puedo…! ¡No sé qué haré!

  A…Alen…— oí la voz de Joan. Volví al otro lado, tratando de controlar mis propias emociones—. La vi…ambos la vimos…Si-Sisa estaba aquí, casi…la arrollamos. — ¿Qué? . De blanco…estaba de blanco. Verifica si…está bien.

  Joan, escucha, relájate, estarás bien. ¡Estarán bien!

  Cu-cuídala…

  No, ¡no me digas eso! — Iba a decirle que todo estaba bien, que la ayuda llegaría pronto, pero más sangre brotó de su boca—. No hables, ¡no hables!

  Jú-júramelo.

¡No! ¡NO! ¡NO!

Me concentré tratando de empujar el maldito auto. Grité pidiendo auxilio, esperando que alguien viniera a ofrecerme su ayuda.

¡¿Qué voy a hacer?! ¡Sisa no va a soportarlo! ¡Va a morirse de la tristeza!

  ¡Joan, Joan, escúchame! ¡Quédate tranquilo! Iré por ayuda, no pasa nada. — Cerró los ojos y entonces sentí que algo empezaba a ahogarme, algo me apretaba el pecho.

¿Qué es esto? ¿Dolor? ¿Miedo?

Me puse de pie rápidamente y traté de transportarme, pero no pude. Estuve por salir corriendo a buscar una ambulancia, a alguien, ¡lo que fuera! pero Berith apareció delante de mí y me cerró el paso.

  Sabes qué va a pasar ahora, ¿verdad? — ¡Alguien! ¡Por aquí debía haber alguien! ¡Una ambulancia, doctores humanos! ¡ALGUIEN! —. Azrael ya está viniendo por las almas de esos pobres humanos.

  ¡LARGO, BERITH! — oí de Tarek.

  El viejo ya murió y al chico no le quedan más que unos minut…

  ¡LÁRGATE! — bramé, tratando de quitármelo de encima. Me pasé las manos por la cabeza, completamente frustrado, confundido, perdido: ¿qué hago? ¡¿Qué hago?!

¡Ayuda, ayuda! ¡Busca ayuda!

Pasé de largo y corrí dispuesto a subir por todo el camino empinado. ¡Maldita sea! ¡Cuando necesito ser más rápido no puedo serlo!

  Forgeso, ¿quieres que te diga qué más he visto?

Van a estar bien, ¡ambos van a estar bien! Ayuda, ayuda, busca ayuda, ¡¿por qué nadie acude?! ¡¿Por qué no hay nadie cerca?!

  ¡Forgeso!

  ¡DÉJAME EN PAZ, BERITH! ¡ESTOY HARTO DE TI, Y EN ESTE MOMENT…!

  La niña se suicidará — oí y casi pude sentir que adentro todo se me quebró.

¿Qué ha dicho…?

Parpadeé lleno de consternación. Por un momento todo perdió sentido: solo veía los ojos rojos de Berith escondiendo una sonrisa.

  ¿Qué estás diciendo?

  La niña se suicidar…

  ¡¿QUÉ ESTÁS DICIENDO?! — bramé y lo tomé por el cuello. Oí a Tarek gritar que me controlara, pero no le prestara atención: ¡¿que se suicidaría?! ¡¿De qué demonios estaba hablando?! ¡No lo haría! ¡Sisa no lo haría!

  Forgeso, tu niña tiene antecedentes de suicida. No me culpes por errores de vidas pasadas.

Lo solté, pasmado. Traté de que sus palabras no me afectaran, pero no estaba preparado para esto. Había demasiados sentimientos atacándome: Joan y Alcides Maleri ahí, en medio de un accidente contra el que no pude hacer nada; ahora Berith diciendo estupideces y yo… ¡y yo que era el ser más inútil en este momento!

  La resignación es parte de ser humano. — Abrí los ojos con brusquedad: ¿por qué repite todo lo que ya he escuchado? Nanael dijo que debía prestar atención a mis sueños, ¿eso significa que…? —. La muerte y la resignación es parte de ser humano, Forgeso.

¿Y eso qué significa? Que me quede aquí como un inútil, ¡¿sin poder hacer nada?!

  Sisa Daquel ya se ha suicidado. En otra vida, con otro nombre, y si quieres pruebas que el errante te diga por qué algún humano no tendría la capacidad de soñar.

Me quedé ahí, sin saber qué decir. Volteé a ver a Tarek que negaba con la cabeza:

  ¡Alen, no le creas! ¡No será así! Sisa es fuerte, ella…ella…

  Dinos, Seir, tú que no puedes mentir: ¿por qué un humano no podría soñar? Porque eso es lo que pasa con la encantadora Sisa, ¿o no? — Sí, ella no sueña. No puede soñar—. ¡Vamos! Dilo, Seir.

  ¡Puede ser otro motiv…!

  ¡HABLA, TAREK! — estallé.

  Escucha Alen, no creo que sea el caso. Tal vez la situación es diferen…

  ¡Tarek!

  ¡Solo está tratando de engañarte!

  Cuando un humano se suicida en alguna de sus vidas, primero: ya no reencarna en un cuerpo humano por un par de ciclos. — No…no era cierto. ¿Entonces por qué Berith suena tan seguro? —. Y más adelante, cuando vuelve a tener materia humana, se le quita la capacidad de soñar. El sueño es un privilegio con el que un suicida no merece contar.

Yo mismo había verificado eso la primera vez que me quedé en su habitación: ella no sueña. Cierra los ojos y toda su mente se desconecta por completo.

  Es eso, Forgeso: tu niña tiene antecedentes de suicida. — Lo vi acercarse al auto. Me puse delante de él antes de que se le ocurriera si quiera tocar a Joan o Alcides—. Oh, ¡pero qué panorama tan triste! Su abuelo y su hermano: los seres que más amaba. La niña se suicidará, definitivamente. Y si ya se suicidó antes sabes lo que significa eso, ¿verdad?

No, no podía ser cierto. No…

  No reencarnará nunca más, Forgeso. Su alma se perderá— no—, su alma literalmente desaparecerá de cualquier lado del universo.

  ¡Cállate, Berith! ¡No puedes saber eso! ¡Alen, no lo escuches!

  Va a quedar tan devastada. Tan muerta por dentro que tal vez ya no quiera vivir y…

  ¡PARA! — exclamé. Oí la respiración débil de Joan y sentí un dolor espantoso en el pecho:

Sisa amaba con todas sus fuerzas a su abuelo y a su hermano, ¿cómo viviré con esto? No pude salvarlos, no pude hacer nada por ellos.

Solo estaba aquí, escuchando las estúpidas explicaciones de Berith y ahogándome ante la falta de soluciones.

  ¡Auxilio! — grité nuevamente, dirigiéndome hacia el mismo camino por el que había venido—. ¡AYÚDENME! ¡AYUDA!

  Forgeso, te lo ofrezco por última vez: si recuperas tu nombre tu poder de sanación volverá.

Me detuve a medio camino, respirando agitadamente.

Sanación.

  Eso sin contar que resucitar a un humano sería pan comido. Seamos sinceros, el anciano ya está muerto, pero aún hay esperanzas.

Resurrección.

Podía revivir pequeños pajaritos para hacer feliz a Naina.

¿Por qué no hacer lo mismo por ella?

  ¿Qué dices? Azrael está muy cerca: si se lleva las almas de los humanos será mucho más difícil — me dijo con seriedad.

Tragué despacio y observé alrededor: ¿qué ganaba corriendo? No hay nadie por aquí para ayudarme. ¿Qué ganaba gritando? Nadie va a escucharme.

  ¡Alen, ni se te ocurra! — exclamó Tarek pero en ese momento la imagen del auto volcado allá atrás tenía mayor poder sobre mí—. ¡Está prohibido resucitar humanos! Podrás salvar a Joan, pero el abuelo de Sisa ya está muerto, no hay marcha atrás.

»— Sé que suena absurdo, pero a veces pensar en los años del abuelo me pone los pelos de punta.

Ella lo amaba: era su padre, su objeto de adoración. ¿Cómo se vive cuando se pierde a alguien tan importante?

Me quedé en silencio, con el viento nocturno flotando alrededor: olía a humo, a sangre, a muerte.

  La niña ha perdido a su madre, al hombre que decidió acogerla y a la madre de este. Y ahora también ha perdido a los únicos seres a los que podía llamar familia; ¿qué quedará de esa chica, Forgeso? ¡Nada! Vas a tener a una humana muerta en vida, porque los seres que más amaba la dejaron. Su vida está maldita.

Muerta en vida.

  Te estás demorando demasiado. Azrael está cerca, tú también puedes sentirlo.

  ¡Alen, no! ¡No podrás hacer nada!

Me quedé ahí, tratando de pensar de manera coherente. La solución era más sencilla de lo que parecía…

  Forgeso, la pequeña Sisa no va a soportar esta pérdida. — Me enfoqué en Berith; sonaba extrañamente tranquilo—. Se suicidará y su alma perecerá. ¿Crees que alguien tan buena como ella merece semejante final?

No, claro que no. No lo merecía.

  ¡Alen, no!

  ¿Te parece justo no tratar de hacer todo por ella si está en tus manos?

No, no sería justo.

  ¡ALEN, NO!

De que me valía quedarme con ella si no podía hacerla feliz. Su abuelo y su hermano eran lo que más quería.

  ¡Alen, no! ¡¿Estás loco?! ¡Es una jodida trampa! ¡BERITH SIEMPRE HA QUERIDO…!

  ¡TAREK, EL ABUELO DE SISA ESTÁ MUERTO! ¡¿CÓMO LE DIRÉ ESO?! — Él no lo entendía, él no había visto cada emoción llena de afecto que la colmaba cuando hablaba de Alcides Maleri.

¡¿Cómo se lo diría?! ¿Cómo le diría que no volvería a ver a su abuelo, a su padre, nunca más?

Y si no hacía algo pronto Joan sería el siguiente.

  ¡Alen, escúchame! Los humanos son más fuertes… La muerte…la muerte es un tema con el que tarde o temprano tienen que lidiar.

  ¿Pero de esta forma? — replanteó Berith: la cabeza iba a reventarme tratando de encontrar la solución más eficaz —. La niña estaba muy feliz, a punto de cumplir su sueño de hacer música ¿y de la nada el “destino” quiere arrebatarle lo que más quería? ¿Te parece justo, Forgeso? ¿Te parece justo que algo así le pase a ella? Sisa es sensible, ¿cómo crees que tomará esta noticia?

  ¡Alen, no! ¡Berith, lárgate!

Giré; debajo del auto Joan permanecía con los ojos cerrados. Yo mismo comprobé con dolor que faltaba poco para que siguiera los pasos de Alcides Maleri.

»— Tu abuelo va a vivir muchos años, Bellota.

»— ¿En serio lo crees?

»— Por supuesto.

Ella le temía a la muerte. A la muerte de sus seres queridos.

  ¿Qué dices? —  Berith me sonrió; se mordió la palma de la mano y me la ofreció sangrante—. Ya te dije que no pienso pedirte nada a cambio.

  ¡Alen!

¿Qué se supone que es amar a alguien? En mi definición, se reduce a buscar su felicidad. Iba a cuidarla: se lo prometí a su abuelo, a su hermano, a ella misma.

Sisa era joven, estaba por empezar a perseguir sus sueños: no era justo. Esta pérdida no sería justa. Retrocedería, se estancaría…se apagaría.

Y yo la quiero así, risueña, amable. Feliz

  ¿Forgeso?

  Devuélveme mi nombre — sentencié.

  ¡NO, ALEN!  ¡NO LO HAGAS!

  Estupenda decisión. — Estrechó mi mano; sentí la sangre resbalando por mis dedos, quemando un tanto.

  ¡ALEN! ¡ALEN!

Lo último que vi fue a Tarek gritando desesperado. Sentí una brusca sacudida; el panorama se volvió difuso.

«La niña se suicidará…», recordé la voz de mis sueños.

No, no lo hará. Ella viviría feliz con su abuelo y su hermano; a punto de ingresar a una estupenda escuela, con todo un camino por delante. Tal vez sin mí…pero viva.

Los ojos preciosos no se cerrarían.

Los míos no importaban… ya habían visto suficiente.

»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«

 

Sisa

 

Todo está oscuro, de repente escucho un ulular lejano. Otra vez…el ave…

Abrí los ojos con brusquedad, me topé con el techo pálido.

Alen…

Me reincorporé violentamente, solo para que Loi se removiera a mi lado, confundida. Nos habíamos quedado dormidas en la misma cama mientras charlábamos.

  ¿Sisa? ¿Qué sucede?

Quise disculparme, pero el corazón empezó a latirme con demasiada fuerza.

Miedo… Tengo miedo.

Se acrecentó aún más cuando la figura de Tarek apareció en frente de nosotras, en la penumbra. Sentí que un horrible escalofrío me recorrió de pies a cabeza.

  Sisa… — dijo y su voz sonó tan devastada que pensé lo peor.

El ave vuela; ¿cómo lo alcanzaré?

Siento que estoy por perder al aire.

Siento que el sol va a dejarme en la oscuridad.


»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«

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