Noches de insomnio | Capítulo 27: Noche XXVII
Capítulo 27 | NOCHE XXVII
Sisa
— ¡Loi! ¡¿Qué-es-esto?! — casi chillé
minutos después de que Iago cerrara la puerta de la habitación.
— Un cuarto de hotel, Bellota — me
respondió muy suelta de huesos.
¡¿Un cuarto de hotel?! ¡Pero si era una
suite presidencial!
Me sentía con el deber de pagar mi
estadía aquí.
— Bellota, el padre del amigo de Iago es
inversionista en esta cadena de hoteles. Relájate, no pasa nada.
— ¡Es que…!
— Es que nada. Y vamos a darnos un baño
de una vez que ya son las diez, y la charla informativa es a las once y media.
— ¡Pero Loi…! — protesté cuando me llevó
a empujones al cuarto de baño. Me lanzó hacia adentro y después cerró la
puerta. Solté un suspiro, derrotada, y cuando giré casi me voy de espaldas.
¡¿Una tina puede ser tan grande?!
— ¡BELLOTA, HAY UN GRIFO QUE VIERTE AGUA
CON SALES MINERALES Y HIERBAS AROMÁTICAS! — gritó Loi desde el otro sanitario.
Probablemente también había visto la enorme tina: ¡era casi como el baño de una
princesa!
Oí la puerta principal de la habitación
abrirse; la voz de Iago resonó:
— ¡Marion! ¡Tienen una hora para
alistarse! ¡Ni se les ocurra usar la tina: van a demorarse demasiado!
— ¡Iagoooooooooooo!
— ¡No! Lo hacen después; apresúrense, iré
a mi habitación a cambiarme y las esperaré abajo.
Me duché; le dije a Loi que Iago tenía
razón cuando salí y la encontré con el ceño fruncido y una toalla en la cabeza.
Nos cambiamos; me demoré mucho menos que ella porque me puse un vestido simple
para evitar morirme de calor, y después me senté a esperarla mientras me secaba
el cabello.
— ¿Tu credencial de postulante? — me
preguntó mientras terminaba de hacerme una coleta. Hace un par de semanas había
llegado un sobre a la casa con él. Casi me da un ataque de emoción cuando me
llegó el carnet con el título de “Aspirante a la Facultad de Música”.
— ¡Aquí la tengo!
— ¿Documento de identidad?
— Aquí también está.
— ¿Celular cargado? — Asentí—. ¡Perfecto!
¡Vámonos!
Bajamos, Iago estaba esperándonos en la
recepción con su amigo inversionista. Subimos al auto y después fue inevitable
que observara todo a través de la ventana, con los ojos sumamente abiertos:
edificios enormes, miles de centros comerciales con publicidad llamativa,
arquitectura moderna, por algunos lados infraestructuras clásicas y eso sí:
miles de personas caminando de aquí para allá con maletines o teléfonos en
mano.
Lirau es definitivamente mucho más
grande que Asiri y es una ciudad muy moderna, pero Libiak era literalmente otra
cosa. Había un aura muy cosmopolita alrededor, y todo parecía estar en
constante movimiento.
Me dejé caer sobre el asiento, algo
extenuada: ¿el próximo año estaría en esta ciudad? Si ingreso debo buscar algún
lugar en el que establecerme, y tal vez un trabajo a media jornada para no
depender exclusivamente del dinero de mamá.
Cielos, hay tanto por hacer.
Reconocí algunas de las calles que
había visto por Internet y entonces oí la voz de Loi, llena de satisfacción:
— ¡Y llegamos! — anunció sonriente,
cuando estuvimos frente al lugar
que tantas veces vi
en fotos.
— ¡Dios…! — murmuré al bajar del auto.
Había un arco enorme a modo de entrada principal al que se llegaba atravesando
una hilera de escalones de piedra, muy semejante al Museo Principal de Lirau, y
en cada costado había un ángel esculpido en piedra con una lira en las manos.
En la parte más elevada de la entrada
se distinguían un par de letras cinceladas que no llegué a ver bien por la
altura, pero que después de pasar tantas horas navegando en la red ya sabía qué
decían: “El arte ensalza al hombre:
divinidad y humanidad al crear” en latín.
— ¡Me estoy emocionando! — chilló Loi a
mi lado. Sabía que ya había venido con anterioridad, pero creo que el asunto de
ser postulantes le daba otro tipo de sensación a todo.
Iago le dijo a Loi que pasaría a
buscarnos en cuanto termináramos la charla informativa. Le dijimos que de ahí
pasaríamos a conocer la ciudad y que no se preocupara, que atendiera los
asuntos para los que también había venido sin apresurarse (Etel llegaría más
tarde, así que sería sumamente raro que la viera cuando supuestamente estaba en
Lirau).
— De acuerdo, entonces las dejo — se
despidió de ambas y después de verificar que supiéramos su número y la
dirección del hotel, lo vimos alejarse en el auto de su amigo.
— Listo, ¡vamos! — exclamó Loi.
Pasamos sin mucho revuelo por la
puerta, y una chica muy amable nos guio al interior. Nos dio una descripción
rápida del vestíbulo y nos pidió que siguiéramos de frente hasta la enorme
puerta del otro lado que conducía a la parte de los jardines y, por lo tanto,
al campus en sí.
— Santo Dios…
¡Gaib Art era enorme! ¡Era mucho más
grande de lo que se veía en las fotografías!
— ¡HOLA! ¿ESTÁN PERDIDAS? — exclamó un
chico con sombrero de copa que apareció como caído del cielo. Loi y yo dimos un
respingo ante el grito, lleno de energía —. Mi nombre es Balbino, siento mucho
el grito, es que tengo la voz algo elevada y estoy algo emocionado: todo este
ambiente de postulantes y futuros nuevos estudiantes, ya saben. ¡Voy a
encargarme de guiarlas hasta los auditorios para las charlas informativas, y de
responder cada interrogante que tengan! Si es que estaban en mis folletos de
capacitación, claro, así que tampoco abusen.
Loi y yo intercambiamos miradas
divertidas ante la rápida explicación, y después lo seguimos por los jardines
que estaban repletos de chicos igual de desorientados que nosotras y andaban
recibiendo ayuda de otros chicos que llevaban la misma camiseta y el sombrero
de copa de Balbino.
Nos dijo que era estudiante de quinto
período de la Facultad de Artes Dramáticas, en medio de la extensa charla que
nos iba dando mientras nos guiaba hasta uno de los edificios interiores.
— Ya deben saber que, de ingresar, pueden
solicitar una habitación en las residencias de cada Facultad; pero deben
hacerlo ni bien salgan las fechas porque hay muchísima demanda. Es muy
inspirador vivir en el mismo campus. Por ejemplo, toda la zona de allá— nos
señaló un punto algo lejano en el que parecían haber casas con entradas y
jardines; casi semejante a un mini vecindario—, es la prefectura de Dionisio,
que es la zona en la que residimos los estudiantes de la Facultad de Artes
Dramáticas. Y si volteamos para allá y entrecerramos la mirada ¡mucho mucho
mucho!— nos dijo con los ojos casi cerrados—, podremos distinguir una parte de
la prefectura de Apolo que es la zona acondicionada para los estudiantes de la
Facultad de Música.
En medio del camino nos encontramos con
un chico de cabello largo que estaba revisando su credencial con esmero
(probablemente buscando cómo ubicarse), y Balbino casi corrió para detenerse
frente a él con la misma energía con la que nos saludó a nosotras.
— ¡HOLA! ¡¿ESTÁS PERDIDO?! — bramó, y el
chico de cabello largo por poco y sufre de un ataque.
— Todos se ven igual de amigables — me
comentó Loi observando alrededor.
Varios de los estudiantes que estaban
apoyando prácticamente capturaban a todo aquel que tuviera rostro de “no sé
dónde estoy parado”.
— Bueno, tengo cuatro casi novos. Estupendo — dijo Balbino
sonriente y trayendo al chico de cabello largo y a una chica más de cabello
castaño rizado que lo miraba con cara de “está loco”—. Sisa, Loi, Takiri,
Anastasia, en unos minutos empezará la charla informativa de cada facultad. No
se preocupen si se quedan dormidos, porque solo les dirán cosas que aprenderán
por ustedes mismos entrando a la página web: cómo se califica la prueba, dónde
encuentran los horarios y todas esas cosas aburridas. Al culminar pasarán a
Efecto mariposa, y de ahí…
— Disculpa — lo interrumpió la chica, la
que se llamaba Anastasia—, ¿qué cosa es Efecto mariposa?
— ¡Oh, sí! Qué torpe soy — se excusó
riendo—. La escuela tiene varios auditorios, anfiteatros, teatros, etc. tanto
dentro del campus como fuera: en Libiak, en otras ciudades y uno que otro en
otros países. Uno de los auditorios de aquí se llama Efecto mariposa, porque es
en el que suele recibirse a los postulantes y estudiantes de primer período.
— ¿Y por qué Efecto mariposa?
— Bueno, uno porque la mayoría de
nuestros auditorios tienen nombres muy extraños (no sé a quién demonios pudo
ocurrírsele), y dos porque el concepto de Efecto mariposa…mmm…— Balbino elevó
la mirada, como tratando de recordar.
— Efecto mariposa se entiende como que el cambio de las
cosas, por muy mínimas que sean, puede afectar enormemente a un todo más
complejo. Es como una metáfora entre lo pequeños que son los aspirantes, pero
que con el paso del tiempo pueden convertirse en líderes magistrales capaces de
transformar el arte — sentenció el chico de cabello largo con voz seria.
Loi me lanzó una mirada de “da miedo”.
— Bien, Takiri me ahorró la explicación.
¡Gracias! — concedió Balbino sonriente. Quise buscarle el motor porque parecía
un muñequito lleno de energía, sumamente alegre—. ¿Me pasan sus credenciales? —
Asentimos y se las pasamos con rapidez.
El chico, Takiri, me lanzó una mirada
algo seria cuando me quedé observando algunas trenzas decoradas con hilos que
adornaban su largo cabello. Tragué despacio y fingí ver en otra dirección.
— ¡Oh! Ninguno va para mi Facultad. ¡Qué mal,
muchachos! ¡Si el teatro lo es todo! En fin, ustedes tres: Sisa, Anastasia y
Takiri se van con mi estimado amigo aquí presente, Sam. —El famoso Sam apareció
con rostro adormilado y asintió—. Y yo me llevo a Loi que va para Danza,
¿verdad? ¡Listo!
— ¡Te envío un mensaje cuando acabe! — me
dijo Loi sonriente y después la vi alejarse rumbo a otro edificio.
Sam nos llevó hasta un salón enorme,
acondicionado con sillas y con un proyector encendido y después se despidió de
nosotros, bostezando.
Me senté en silencio y aguardé. No pasó
mucho para que un hombre ingresara y nos saludara cordialmente:
— Bueno, muchachos: este el segundo grupo
que me toca el día de hoy, así que vamos a ser breves porque ya casi va a ser
el almuerzo, y a nadie le interesa escuchar demasiado sobre la historia de Gaib
Art ahora que andan más preocupados por el examen de enero. —Varios soltaron
algunas risas—. Además, en la semana de bienvenida ya verán todo eso. En fin,
en la página web ya están publicados los auditorios en los que se presentará
cada uno, así como la hora exacta y detallado, al mínimo, los implementos que puede
traer consigo ese día.
Todo estaba muy tranquilo hasta que
noté que la chica del costado apuntaba todo con frenesí en una pequeña libreta,
y el chico del otro lado tenía el celular en modo grabadora. Me pregunté si tal
vez yo también no debería estar guardando con mayor énfasis todas las
indicaciones.
El hombre se acercó a manipular la
laptop conectada al proyector y mientras lo hacía, sentí una mirada fijamente
clavada sobre mi nuca. Pensé que lo estaba imaginando, pero cuando volteé me
encontré con el tal Takiri viéndome desde una de las sillas de atrás.
— ¿Y ahora qué pasa? — murmuré y volví a
observar al frente: ¿fui muy grosera solo por ver con tanto detalle su cabello?
Es que los hilos en las trenzas me parecieron simpáticos.
Genial, tal vez empiece en una nueva
escuela y parece que mi primer paso ha sido con mal pie.
— Nuestra Facultad de música es una de
las más exigentes a nivel mundial y después de ciento doce años de enseñanza,
Gaib Art tiene un lugar significativo entre las diversas instituciones que
instruyen en arte. — Varios tragamos despacio y asentimos, ligeramente
asustados—. La evaluación es excesivamente meticulosa, así que no olviden
practicar lo que les resta hasta el examen. Ya saben que el jurado está
compuesto por quince expertos en el tema: maestros, exalumnos destacados y
colegas de otras instituciones. La Facultad de Música, al igual que la de Artes
Dramáticas y Danza tiene como objetivo principal el perfeccionamiento del
talento artístico, formando a los estudiantes no solo en técnica sino también
en estilo. Miles de personas pueden tocar guitarra, pero de esa cantidad nunca
habrá dos guitarras que suenen igual.
» Entre los cursos obligatorios para
todas las Divisiones tenemos aquellos que abarcan Historia del Arte e Historia
del Folclor. En nuestra Facultad, por ejemplo, se incentivan los talleres de
verano para aprender a tocar, como mínimo, algún instrumento autóctono ya que consideramos que la preservación
del arte oriundo es patrimonio invaluable. De aquí todos saldrán sabiendo por
lo menos lo básico para tocar algún instrumento de nuestra etnia.
» En otros temas, saben que la prueba
en enero exige el empleo de los instrumentos de la misma escuela. No es
necesario repetir que la pista obligatoria se interpretará con instrumentos
clásicos: es decir, nada de guitarras o violines eléctricos. La pista de estilo
libre, por otro lado, puede ser interpretada de la manera en la que prefieran
así que para esa sí pueden traer sus propios instrumentos. Eso sí, no olviden
que si van a emplear instrumentos eléctricos deben enviar un mensaje a la
Oficina de Admisión para que ese día todos los implementos requeridos estén al
alcance de sus manos.
Las indicaciones me dejaron algo
agobiada y más nerviosa que antes: la mayoría de chicos que veía alrededor tenían
rostros llenos de concentración y se percibían muy serios. Hasta sentí que
habían ensayado muchísimo más que yo.
Todavía me quedan algunas semanas: voy a encerrarme a practicar como
loca.
— Sus compañeros mayores los llevarán
hasta Efecto mariposa — exclamó el hombre sonriente, más o menos una hora y
media después de llenarnos los oídos de información maravillosa (como que los
mejores alumnos eran solicitados desde segundo año para realizar prácticas en
la Filarmónica nacional y, en casos excepcionales, hasta en Sinfónicas
internacionales); y también de información algo aterradora, como que reprobar
un curso dos veces (que era usual) significaba un período suspendido y de
reprobarlo tres, la expulsión definitiva —. Listo, ¡ahora todos afuera, casi novos!
— ¿Casi novos? — oí que le preguntó uno de los chicos al tal Takiri que
salía detrás de mí.
— Se les dice “novos” a todos los
que ingresan y están en primer período — le explicó con aspereza—. Supongo que
el “casi” es porque solo somos aspirantes. Qué ridículo.
No sé si soy yo, o el tal Takiri parece
algo malhumorado.
— ¡Bellota! — oí por detrás. La charla de
Loi había acabado un poco más rápido y por lo visto había venido a
buscarme—. ¡Todos se ven muy seguros y
poco amistosos, maldita sea!
— Yo sentí lo mismo — agregué algo
agotada.
— Supongo que es porque todos somos como
enemigos en este momento. Estamos compitiendo los unos contra los otros por una
vacante. — Ah, claro. Debe ser eso.
Avanzamos y de casualidad le pise el
talón a un chico de adelante. Giró, me disculpé porque prácticamente le había
sacado la zapatilla y me observó sonriente. Me sorprendió muchísimo verlo
porque era alto, pero parecía casi de catorce años. Los rizos oscuros lo hacían
verse inclusive más pequeño.
— No te preocupes — le restó
importancia—. Por cierto, te vi en la sala de conferencias. Tenías cara de “auxilio, todos se ven
malos”— añadió riendo con amabilidad.
Lo miré sin saber si reírme o no, pero
Loi entrecerró la mirada.
— Espera; eso es imposible — le dijo—. Te
vi saliendo del pabellón de allá, del de Artes Dramáticas.
— ¡Ohhh! ¿Estás segura? — le preguntó con
juguetonamente. Loi lo miró, recelosa—. ¿Estás muy, muy, muuuuy segura?
— Mmm, creo que…tenías el cabello…rapado y…otra
camiseta — respondió y torció el gesto, confundida. El chico sonrió
satisfecho—. Espera, ¿y eso qué significa? ¿Te rapaste el pelo…y de ahí te
volvió a crecer?
Bien, hasta a mí me ha dado risa eso.
— Me llamo Luca, Luca Liberia — nos dijo
muy divertido —. Y mientras yo estaba contemplando a tu linda amiga;
probablemente viste a Naum saliendo del pabellón de Artes Dramáticas.
— ¿Naum?
— Síp, mi hermano gemelo. Somos casi
idénticos, exceptuando por el pelo — nos explicó; tomó un rizo y lo jaló hasta
que rebotó graciosamente.
Llegamos hasta Efecto mariposa (que era
un auditorio de estilo moderno y bastante amplio) y buscamos en dónde
sentarnos.
— Ojalá nos veamos el próximo año. Ha
sido un placer conocerlas, Sisa, Loi — nos dijo Luca. Le sonrió con algo de
coquetería a Loi que desvió la mirada incómoda. Él elevó las cejas,
divertido, y
después se alejó.
Lo vimos encontrarse con un chico
idéntico a él, solo que sin rizos oscuros.
— Vaya, realmente son iguales — me
comentó Loi sorprendida.
Nos ubicamos en las butacas de la parte
central, en medio de murmullos emocionados. Cuando estuvo casi repleto las
luces se apagaron y solo quedaron encendidas las del escenario. Una mujer de
aspecto relajado apareció en medio y se presentó como Acsa Enelsa, la Decana de
la Facultad de Artes Dramáticas, y apoyo de OFAESGA este año. La charla fue de
lo más divertida porque nos contó algunas anécdotas de cuando ella era
estudiante y también mencionó las diferentes actividades que se realizaban en
el campus como los Juegos Florares, los musicales que a fin de año presentaban
alumnos tanto de Danza, Música y Artes Dramáticas; y los convenios con otros
conservatorios de música. Loi me apretaba la mano con fuerza cada vez que
aparecía un motivo más para querer ingresar a Gaib Art.
— Bueno, después de tanta palabrería creo
que es hora de dar pase al verdadero espectáculo — dijo de buen humor. Varios
se acomodaron mejor en sus butacas, ansiosos —. Chicos, quiero que todos
brinden un fuerte aplauso al grupo de maestros que esta mañana/tarde han sacado
sus mejores vestiduras y repertorio, para mostrar el talento de quiénes serán
los encargados de su instrucción por los próximos cinco años en caso de que
obtengan una vacante. Qué guapo, maestro Holmes, esa corbata de moño resalta su
cuello de cisne. ¡Oh, no te enfades, Richard!
Varios maestros, desde los que se veían
casi de la edad de Iago hasta los que parecían tener los años del abuelo,
ingresaron a tomar asiento frente a los instrumentos ya instalados en el
escenario cuando los telones se abrieron. El famoso Richard Holmes se acomodó
la corbata de moño con gesto asesino, y la señorita Acsa lo palmeó en la
espalda de buen humor.
Un hombre estaba pasando a ubicarse,
pero tomó el micro y gritó a toda voz “¡¿dónde están los casi novos para Percusión?!”, y un rugido
ensordecedor estalló desde el público. Volteamos ante el estruendo y a lo lejos
vimos a Luca Liberia aplaudiendo entusiasmado, mientras su hermano lo observaba
con gesto indiferente.
Loi parpadeó, recelosa:
— Ese chico parece algo ruidoso.
— ¿Mmm? ¿Luca? A mí me cayó muy bien. — Loi
se encogió de hombros y después volvió la vista al frente, sin decirme nada
más.
Qué extraño.
Algunos maestros que ya estaban
ubicados en sus respectivas posiciones reprobaron el gesto del profesor
anterior, pero la señorita Acsa mencionó, de buen humor, que el profesor Rasit
había olvidado tomar sus pastillas contra la “felicidad desenfrenada”.
— Mira a ese hombre; ojalá no lleve nunca
ninguna clase con él: parece algo severo —me dijo Loi. Dirigí la mirada al
frente, y vi al hombre de cabellos canos y aspecto rígido que se sentó frente
al piano con cara de pocos amigos.
Las luces bajaron un tanto cuando el
último maestro ingresó con una vara para ubicarse en el lugar del director, y
automáticamente se me encogió el pecho cuando una melodía penetrante inició: los instrumentos de
percusión y alguno que otro que no supe identificar abrieron el tema. Una voz
delicada, que llegaba a notas muy altas llenó todo con el coro sirviéndole de
base, y los violines resonaban con perfecta armonía.
La composición no solo empleaba
instrumentos clásicos, sino que también incluía modernos y algunos que no había
visto nunca. Cada uno tuvo su momento con melodías sumamente elaboradas. Había
varios violines acompañando la melodía, hasta que un hombre de mirada tranquila
se puso de pie a ejecutar el solo con movimientos sosegados: no estaba muy
cerca del escenario, pero casi podía jurar que sonreía, casi enamorado,
mientras tocaba el violín.
Me quedé ensimismada, solo escuchando y
viendo a los maestros interpretando una de las piezas más hermosas que jamás
había escuchado, que incluía sonidos nativos y electrónicos. Me llené de
muchísima emoción, porque realmente sentí que quería ingresar a Gaib Art.
En medio de la pista, más personas salieron,
pero para acompañar la música con movimientos corporales; supuse que serían los
maestros de la Facultad de Danza y de Artes Dramáticas. ¿Estaban interpretando
a árboles? ¿La lluvia? ¿El viento? ¿El sol?
Dios, hay demasiado espacio para la
interpretación.
Escuché un quejido ahogado, y cuando
giré de reojo comprobé que la chica que estaba sentada junto a mí lloraba en
silencio. Se dio cuenta de mi mirada y me observó, ligeramente avergonzada; le
sonreí, tratando de decirle que no había problema. La presentación era hermosa,
los maestros se veían casi inalcanzables, y yo realmente también sentía toda la
carga emocional que un aspirante podía tener en este momento.
Ya no hay marcha atrás, yo realmente
quiero hacer música toda mi vida.
El tema terminó y todo el auditorio
rompió en aplausos. Los maestros agradecieron la acogida y la presentación en
Efecto mariposa culminó.
— No olviden que a las cinco de la tarde
aquellos que postulen a la Facultad de Artes Dramáticas pueden venir a conocer
el auditorio Trópico de Cáncer; y a las siete de la noche los que van a la de
Danza ya tendrán las puertas abiertas de Osa Mayor. Mañana, a las diez, se
abrirán las puertas de Trópico de Capricornio para los que van a Música —
anunció la señorita Acsa con voz amistosa—. Y el sábado por la tarde, a las
seis, se inicia el tour a todo el campus, así que todos están invitados. Pueden
traer a sus padres, sí.
— Bien, tengo que regresar a las siete—
dijo Loi entre emocionada y algo agotada. Yo tendría que volver todavía mañana.
Nos pusimos de pie; el celular vibró en
el bolsillo de mi chaqueta. Contesté solo para escuchar la voz del abuelo.
— ¡Abuelo, es mucho mejor de lo que
pensé! — grité casi saltando.
Lo oí soltar varias carcajadas:
— Imaginaba
algo así. Hija, tu hermano volverá a eso de las ocho después de rendir su
último examen y ¡no sabes qué!
— ¿Qué pasa abuelo?
— ¡Viajaremos
hoy mismo a Lirau! —
Solté un grito demasiado efervescente porque Loi dio un brinco a mi lado y
después me golpeó en el hombro, a modo de protesta—. Para cuando vuelvas de Libiak ya nos encontrarás en la casa.
— ¡Abuelo, qué buena noticia! ¡Entonces
nos veremos allá! — Me dijo que debía colgar porque estaban llamando a la
puerta. Me despedí emocionada y guardé el celular.
— ¿Buenas noticias?
— Loi, ¡mi abuelo y Joan viajarán a Lirau
hoy!
A lo lejos vimos al chico anterior,
Luca Liberia, despedirse moviendo la mano. Le lanzó un codazo a su hermano,
señalando en nuestra dirección: a lo mejor le había hablado de nosotras.
Loi torció el gesto, aburrida y el
asunto empezó a parecerme algo extraño porque ella no solía mostrarse tan a la
defensiva con personas a las que apenas conocía.
Salimos de Gaib Art; afuera el
siguiente grupo esperaba entrar. Antes vimos a Balbino, que nos sonrió
divertido y persiguiendo nuevamente a aspirantes con miradas perdidas.
La verdad es que todo esto de las
charlas me ha entusiasmado más.
— ¡Mira quiénes están por allá! — escuché
a Loi. Giré y en la vereda de en frente, cada uno con un cono enorme de helado,
estaban Tarek y Etel llamándonos con las manos.
— ¡Libiak es inmensa! — exclamó Etel que
traía una gorra cubriéndole todo el cabello a modo de camuflaje: Tarek la había
traído con él hace una hora, pero como estábamos en lo de las charlas ambos
decidieron darse un paseo por los alrededores—. ¡Y estos helados están
buenísimos!
— Chicas, me tengo que ir — anunció él.
Loi le preguntó desanimada que por qué—. La audiencia de Alen empezará en
cualquier momento, princesa — ¡¿qué?!—, así que…
— ¿En dónde está? — le pregunté inquieta.
— En el departamento. En cuanto empiece
seremos trasladados al lugar en el que se llevará a cabo. Te daría más
detalles, Bellota, pero también es mi primera vez en una Magistratura
angelical.
Se despidió de Loi con un beso fugaz y
después le dijo a Etel que lo llamara en cuanto quisiera retornar a Lirau.
— Bellota, quita esa cara. No va a pasar
nada — me pidió Loi sobándome la espalda con afecto. Asentí, igual de
nerviosa—. Mmm, ¿qué dicen? ¿Almorzamos en algún lado? Son casi las dos.
— Sí, de paso Sisa se distrae— la apoyó
Etel. Les dije que por mí bien; aunque lo que menos tenía en ese momento era
hambre.
Detuvimos un taxi y el celular empezó a
vibrar en mi bolsillo. Lo saqué casi al borde de la desesperación, pensando que
podría tratarse de Alen.
— ¿Bueno?
— Bellota,
¿sigues en Gaib Art? —
Abrí los ojos, sorprendida ante la voz conocida—. Porque estoy muy cerca de allá.
— Marcus… — musité.
— ¿Qué? — gritó Loi. Asentí brevemente—.
¡Etel, no!
— ¿Eh? ¿Yo qué...? ¡Ay, no! — exclamó comprendiendo el
punto: ¿qué pensaría Marcus si la veía aquí, en Libiak, y más tarde se
comunicaba con Tomas por algún motivo?
— ¿Sisa?
— Ma-Marcus — respondí con torpeza—.
S-sí, estoy aquí, en la puerta. — Me preguntó si estaba bien que pasara por mí
y por Loi; le dije que no había problema alguno.
— Bellota, conoces la dirección del
hotel, ¿verdad? — Trataba de escuchar a Loi y a Marcus a la vez pero empezaba a
marearme—. ¡Bellota, llámame en un rato! ¡Iré con Etel a…a…a cualquier lado!
— Sisa,
¿estás bien?
— Sí, Marcus, yo…yo te espero aquí. — Colgué.
Ambas me dieron un beso de despedida
que resultó más un golpe en mi mejilla por la rapidez, y al segundo vi el taxi
alejándose y dejándome sola en las afueras de Gaib Art.
Pasaron unos minutos y recién caí en la
cuenta de que Marcus y yo estaríamos solos. ¿Qué se supone que debería decir? Y
por otro lado Alen a punto de entrar a su audiencia, y… ¡ay! ¡Dios!
Traté de relajarme, pero…
— No sé si soy yo, o es que cada vez que
vuelvo a verte te pones más bonita — oí por atrás y un cosquilleo
me recorrió de pies a cabeza.
Giré con cautela y me encontré con los ojos grises y
la sonrisa amable.
—
¡Marcus!
— exclamé y la voz me salió algo aguda por los nervios.
Me sorprendió
muchísimo volver a verlo con lentes de montura en vez de los de contacto,
porque por un momento recordé fugazmente al chico tímido con el que salí a los
catorce.
Traía una camisa arremangada color
hueso, la corbata ligeramente floja y una chaqueta formal colgando de su
hombro, junto a su mochila.
— Vaya, has sonado
algo emocionada— me dijo soltando
una risa—. Me complace el
recibimiento.
¿Eso qué significa? ¿Que debo ser más
fría? Pero es mi amigo…
Tragué despacio, sin saber qué más agregar.
Me enfoqué en los dos chicos que estaban junto a él; vestían de igual manera
así que supuse que se trataría del uniforme de la escuela.
— ¡Así que tú eres la famosa Sisa! — me
dijo uno; asentí con algo de vacilación por lo de "famosa". Marcus me los presentó sin mucha
vuelta: Jude y Kim, sus compañeros desde cuarto año de secundaria.
— Es un placer — respondí sonriendo
levemente.
— Las chicas del salón van a morirse si
se enteran del encuentro con tu exnovia — comentó el más alto, Kim, y Marcus lo
golpeó con su mochila—. ¡Auu! ¡Pero es cierto!
— ¿No iban a volver a la escuela? — les
preguntó Marcus fastidiado.
— Pues me parece que estar aquí
resultaría más divertido que el taller de Redacción. Además, solo van a entregar notas.
— No te preocupes, Marcus— añadió el
otro, Jude—. Yo me lo llevo; cuatro somos multitud así que… Nos vemos, mañana.
Ojalá podamos salir en grupo, Sisa.
— No le rompas el corazón, mi hermana se
morirá si Marcus entra en depresión — me dijo Kim y automáticamente el rostro
se me encendió. Marcus lo jaló por la corbata y me dijo que no le hiciera caso—.
Oye, ¡es en serio! Mi hermana menor es la presidenta de tu club de fans así que
definitivamente sería la más afectada.
— ¿Qué cosas estás diciendo, Kimo? —
resopló desganado. Jude negó con la cabeza y se llevó prácticamente a rastras a
Kim que gritó que para mañana quería todos los “jugosos” detalles.
Nos quedamos a
solas; en un silencio bastante incómodo, a decir verdad.
Bien, ¿y ahora cómo se supone que uno
actúa en estas situaciones?
— Disculpa, Sisa. Jude y Kim suelen venir
a casa y Abigail tiene la mala costumbre de ventilar mi vida privada — me
explicó evidentemente incómodo. Solté una risa más relajada y le dije que no se preocupara. Le pregunté a
propósito de sus lentes y me respondió que aún usaba los de montura cuando
sentía los ojos muy cansados, y que en Lirau estuvo la mayor parte del tiempo
sin ellos porque quería impresionarme.
Su tono
evidentemente era bromista, pero volví a sentir que el cuerpo se me puso algo
rígido.
— ¿Quieres almorzar, Bellota? Supongo que
debes estar hambrienta.
— Tal vez podríamos
ir solo por un helado —
sugerí. Sentía que al menor contacto con comida mi
estómago se revolvería de los nervios pensando en Alen y en cómo hablaría con
Marcus, y tal vez terminaría devolviéndolo todo.
— Bueno, si es lo
que quieres. Mmm, por cierto, ¿y Loi? ¿No vinieron juntas?
— ¿Ah? ¡Ah, sí! Ehh… es que
quería…pasar…a…ver a una amiga por aquí— resumí torpemente.
— Podríamos haber ido juntos.
— ¡Eh, sí! Pero…es que…tenía mucha prisa
— añadí restándole importancia.
Frunció los labios y asintió.
— ¿Qué tal les fue en las charlas?
— A decir verdad, muy bien — le respondí
animándome un poco y contándole todo lo nuevo que había aprendido hoy sobre
Gaib Art.
Caminamos, me costó muchísimo seguirle
la conversación cuando mencionó que lo ponía muy contento verme.
¿Cómo se lo digo? ¿Es necesario tocar
el tema? Tal vez solo deba dejar que todo marche de manera normal, porque que
haya venido por mí también puede ser en plan amical, ¿verdad?
— Sisa, ¿realmente les fue bien? Te noto
muy distraída. — Asentí sin atreverme a mirarlo y enfocando toda mi atención en
mi cono de helado—. Solo vinieron Loi y tú, ¿verdad? ¿Tarek no vino con
ustedes?
— No, tenía un par de cosas en la
universidad — le respondí dándole una mordida a la bola de helado; el sabor del
chocolate me relajó un tanto. Tomé una gran bocanada de aire y me dispuse a
mostrarme más tranquila—. ¿Aún no entran a exámenes en tu escuela?
— Oh, la semana pasada ya acabamos. Solo
estamos asistiendo para recoger notas, así que prácticamente ya acabé el año.
— Ya veo.
Charlamos un poco más sobre cualquier
cosa que se me viniera a la mente. Me sorprendió muchísimo que me preguntara sobre
Zara Lagares de la nada.
— Me comunico con ella por chat — me
explicó cuando le pregunté a propósito de ello —. Hablamos un poco en Lirau y
después Tomas nos contactó. Es una chica muy amable, en realidad.
Bueno, la verdad era que Zara y yo
habíamos intercambiado muy pocas palabras y en todas esas oportunidades no la
sentí muy accesible que digamos. Diría que es por mí, pero sería completamente
ilógico tomando en cuenta que ni siquiera nos conocíamos bien.
Esperamos que el semáforo cambiara: iba
a comentarle que aquí también estaba haciendo muchísimo calor, igual que en
Lirau, pero lo oí soltar una exclamación.
— ¿Marcus?
— Sisa, ¿ya conociste la Basílica de la
Virgen Dolorosa? — Negué con la cabeza con curiosidad—. Mira, no sé si te interese,
pero a esta hora los del coro ensayan y tienen piano y violín de
acompañamiento. Suelo sentarme a escucharlos cuando tengo tiempo, ¿qué dices?
¿Vamos?
— ¡Sí! — respondí entusiasmada y
olvidando todo por completo.
Elevó una mano; la observé con
curiosidad hasta que me tocó parte del labio inferior.
Me encogí, ligeramente sorprendida.
— Tenías algo de helado —me explicó con
amabilidad—. No voy a comerte, Bellota.
— No…no es eso — respondí en voz bajita y
soltó una carcajada afectuosa.
Cielos, ¿qué hago? ¿Debo decirle lo de
Alen? ¿Pero cómo abordo el tema?
Los autos se detuvieron; Marcus empezó
a correr, pero antes me tomó por la muñeca.
— Espero que ingreses a Gaib Art,
Bellota. Así te tendría todos los días aquí. — Parpadeé nerviosa—. No me
molestaría pasar a recogerte todos los días.
— Marcus…
Bien, tengo que decírselo.
»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«
Alen
— TERCERA
CONFIRMACIÓN DE LA RESOLUCIÓN: ¿ÁNGEL O HUMANO? — exclamaron con la fuerza de millones
de voces desde algún lugar.
— ¡Humano, humano! — respondí tratando de
no ahogarme en la burbuja repleta de agua. Cerré los ojos y aparecí en una
habitación sumida en un silencio sepulcral. Al frente distinguí a un niño
siendo golpeado por otros niños. Intenté ponerme de pie, para ayudarlo, pero
todo el cuerpo me pesaba toneladas; intenté gritar, pero la voz no acudía.
— CUARTA
CONFIRMACIÓN DE LA RESOLUCIÓN: ¿ÁNGEL O HUMANO? — me cubrí los oídos, cerré los ojos: cálmate…solo son imágenes, solo son imágenes
manipuladas.
Pero el mundo humano es así. Las
imágenes solo son un reflejo de la realidad…
— ¡HUMANO! ¡HUMANO! ¡HUMANO!
Una brusca sacudida me obligó a abrir
los ojos. Sentí con fuerza aquello denominado “hambre” después “sed”. Cielos,
podría matar a cualquiera por una gota de agua…por un poco de agua…. ¡solo algo
de agua!
— QUINTA
CONFIRMACIÓN DE LA RESOLUCIÓN: ¿ÁNGEL O HUMANO? — oí nuevamente y miles de imágenes
pasaron como fotografías por mis ojos: disparos, bombas, humanos cayendo,
humanos gritando, humanos rogando que los mataran para dejar de sufrir. No…no…nadie merece morir de esa manera.
»Alen…
— oía a lo lejos—. ¡Alen!
Las imágenes cesaron, solo para que
todo el lugar se llenara de llamaradas gigantescas. Retrocedí cuando una de
ellas casi me toca el brazo y después sentí muchísimo dolor.
— NO
SE OBTUVO RESPUESTA, SE SOLICITA LA CONTESTACIÓN. QUINTA CONFIRMACIÓN DE LA
RESOLUCIÓN: ¿ÁNGEL O HUMANO? — Me cubrí con los brazos. Traté de no
aspirar el humo, pero empezaba a toser con fuerza. Me ahogo… quema…duele…duele mucho.
Una ventana apareció en el lado
contrario; pasé corriendo para intentar escapar por ella, pero lo único que
conseguí fue observar a una pareja de humanos compartiendo un beso en el
exterior.
Era ella…
¿quién? ¿Sisa?
Albania,
de
blanco…
Y el hombre era Marcus… ¡Marcus Led…!
»
¡Suspensión! — gritaron y entonces un agujero enorme
se abrió, prácticamente me tragó y todo dejó de sentirse.
— ¡Alen! — Abrí los ojos con violencia.
Me encontré con un techo pálido.
Traía la respiración agitada; me llevé
las manos al rostro, ¿qué era esto? ¿Lágrimas secas?
— Tarek — murmuré cuando reconocí sus
ojos.
— Hermano, lo siento. Dijiste que no
querías ningún tipo de intervalo de descanso, pero parecía que estabas
muriendo. Gritabas y te retorcías. —Me reincorporé con dificultad—. Pedí la
suspensión y dijeron que te citarían dentro de poco.
Ah, por eso estaba de nuevo en mi
habitación
— Gra-gracias — respondí agotado. Le
había pedido a Tarek que me dejara anunciar mi decisión las nueve veces, pero
no hubiera podido hacerlo.
— ¿En qué número te quedaste? — Le
respondí que no había ni llegado a responder la quinta y soltó un bufido—:
Dijiste que los míos eran peores, pero ya no estoy tan seguro: lo único que yo
tuve que hacer fue anunciar mi decisión y de ahí huir antes de que me mataran.
Pero tú… declarar nueve veces que quieres quedarte como humano… No sé qué
imágenes te habrán proyectado, pero no creo que hayan sido ositos saltando en
prados floreados.
Solté una leve carcajada y nuevamente
le agradecí por detener la confirmación.
La cabeza me dolía un poco.
— ¿Qué hora es?
— Son casi las siete de la noche. — Me
dejé caer nuevamente sobre la cama: quería pasar a ver a Sisa aunque sea solo
por un rato, pero tal vez estaba con Loi o con Iago, o inclusive con Marcus
Leda y no me gustaría interrumpir.
— Creo que dormiré un poco — anuncié.
Tarek asintió y me dijo que entonces pasaría a ver cómo estaban las chicas.
Me quedé recostado, boca arriba, solo
observando el techo de mi habitación. Solo me quedan cinco confirmaciones más,
solo cinco más, y después adiós visiones pasadas, adiós tatuaje, adiós todo.
Cerré los ojos, pero tuve que abrirlos
nuevamente cuando sentí una presencia más alrededor
— ¿Tarek? — pregunté por si acaso. Me
acerqué con cautela a la puerta: en el pasillo no había nadie.
Avancé hasta la cocina, después a la
sala: a lo mejor estaba imaginando cosas por lo último.
Decidí retornar a mi habitación, pero
me percaté de los ventanales abiertos del balcón. Me acerqué a cerrarlos y en
ese momento nuevamente la vi.
— ¿Qué…? — Me quedé de una pieza cuando
vi a la chica que se parecía a Sisa, parada sobre el barandal y con el largo
cabello meciéndosele con el viento.
Sueño… ¿otra vez estoy soñando?
— ¿Quién…? ¿Quién…? — balbuceé
desencajado.
Se bajó de un salto y aterrizó con
suavidad sobre el piso. Dio un paso, como para acercarse a mí, pero antes de
que dijera más un ser que no supe identificar a primera vista apareció con
velocidad detrás de ella. De figura humanoide, parecía estar conformado por
alambres y material metálico.
— ¡ME LLEVO LA NOVENA! — bramó la
criatura, eufórica, y de repente extendió uno de sus miembros hacia mí.
¿La novena…?
Todo sucedió de manera tan súbita que demoré
en reaccionar. Pensé en cubrirme con los brazos, pero mi movimiento iba a
resultar inútil frente a la rapidez con la que la desconocida giró, apuntó su
ballesta hacia él y disparó sin miramiento alguno.
¡PAM!
Una luz resplandeciente salió de la
flecha, y desvaneció en cuestión de segundos al ser que chilló de dolor antes
de disolverse en pequeñas partículas.
¿Qué…?
¿Pero qué acaba de suceder?
Me quedé ahí, tan pasmado que ni
siquiera retrocedí cuando ella se acercó a mí.
— ¿Qu-qué…? — mascullé. Posó una mano
sobre mi pecho; la observé agitado, porque no sabía si era un ángel o un
demonio.
Una calidez intensa me rodeó, para que
después una pequeña esfera saliera de algún lugar y fuera capturada velozmente
entre sus dedos.
— Me llevo esto — susurró.
— ¿Quién…quién eres? — murmuré cuando sus
ojos se enfocaron en mi boca. No era ella, definitivamente no era Sisa...pero
se veía como ella.
Elevó la mirada y sonrió:
— Hola. — Sus dedos acariciaron mi
mejilla. Quise retroceder, pero la tristeza que vi en sus ojos me aturdió
demasiado—. Es demasiado verte así, tan…tan dispuesto a quedarte como humano.
— ¿Sisa? — murmuré consternado.
— Siempre quise darte las gracias por
todo lo que quisiste hacer por mí; pero te fuiste así…sin previo anuncio. De
manera repentina.
Quise exigir respuestas, pero ella
parpadeó, como volviendo en sí, y después de besarme con suavidad retrocedió y
se esfumó.
“Me
llevo esto”, ¿qué
cosa? ¿Qué era esa esfera que sacó de mi pecho?
Me quedé ahí, tal vez medio despierto,
medio dormido, y lo único que atiné a hacer fue cerrar los ojos y transportarme
a Libiak con toda la energía que me quedaba.
Aparecí en un pasillo alfombrado; me
concentré, tratando de encontrar su presencia. Avancé, una mujer me observó
algo preocupada; no sé qué cara traería para asustarla tanto.
Llegué hasta una de las puertas, y
cuando el pasillo estuvo completamente vacío la atravesé sin mayor problema.
Sí, aquí está, todo el lugar huele a
ella.
— ¿Sisa? — la llamé. Avancé con algo de
dificultad porque sentía que las piernas dejarían de funcionarme en cualquier
momento—. ¡¿Sisa?!
Ingresé a la habitación del costado: de
una de las puertas salía algo de vapor. Me acerqué y di un par de golpes con
suavidad al comprender que se trataba del cuarto de baño.
— ¿Sisa? — repetí. Empujé con algo de
vacilación y entonces me encontré con la ropa dispersa en el piso.
Di unos cuantos pasos más; la enorme
tina estaba llena de agua, pero parecía que no había nad…
¡No!
— ¡SISA! — exclamé lanzándome hacia
adelante. La tomé por los brazos al distinguir su figura completamente hundida,
con los ojos cerrados, y después la saqué del agua tibia.
— ¡Ah! — reaccionó violentamente y empezó
a toser con dificultad. Pasó los brazos por mi cuello y me abrazó con fuerza—.
¡Alen…!
— ¡¿Qué pasó?! — le pregunté alarmado. La
tomé en brazos, con toda mi ropa empapada por casi haberme metido a la tina
para sacarla.
¡Si no venía podía haberse ahogado!
— Yo…no…no lo sé. Volví al hotel, y
estaba ahí y…y no sé — me respondió temblando un poco.
— ¿Dónde estuviste antes? — le pregunté.
No, no podía ser ella la misma chica que había aparecido en mi habitación,
porque eso implicaría transportarse, movilizarse y a la vez tener una ballesta
que era capaz de matar a una criatura que jamás había visto antes.
— Solo…estuve con Marcus — me respondió
tiritando un poco.
La senté sobre el borde de la tina y
corrí por una de las batas que había visto colgadas junto a la puerta.
Iba a preguntarle qué había sucedido,
pero cuando estaba secando sus tobillos sentí que se movió, me tomó por la nuca
y me obligó a mirarla a los ojos. Quise ponerme a analizar la situación, pero
ya era demasiado tarde. No sé qué pasó: el color me aturdió, la belleza me
desarmó, porque me besó y después ni siquiera fui capaz de ubicar el momento en
el que ambos nos sumergimos en el agua tibia. Mi ropa se perdió
en algún lugar de la habitación; mis manos y mis labios se impacientaron
demasiado. Su cuerpo era como una especie de imán para mí.
Oí el ulular lejano de un ave: me
pareció sumamente conocido.
— Ha-hazlo... — susurró a mi oído,
anhelante, pidiendo algo que yo también deseaba y la razón me abandonó por
completo.
Sisa es la personificación de la
transparencia y la ternura absoluta para mí, pero hay momentos en los que se
eleva resplandeciente, segura; dejando de lado la inocencia para adoptar una
postura fascinante, como gritando a toda voz lo especialmente hermosa que es. Y
que lo sabe, que es consciente de ello.
Dueña por completo de sí misma.
Dueña
por completo de mí.
»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«
Sisa
El coro estaba practicando lo que
reconocí como la Serenata de Schubert. Una mujer cantaba con voz preciosa;
los violines y el piano antiquísimo resonaban en medio de toda la basílica.
Estaba demasiado deslumbrada por el
espectáculo, que no me percaté del movimiento de Marcus. De la nada sentí sus
dedos tomando mi mano y una brusca sacudida me trajo a tierra.
No quise ser grosera, pero mi brazo fue
demasiado rápido y se movió, alejándose por completo.
Me sonrió y después suspiró, observando
al frente:
— Estefan ya me lo dijo — inició —. Te
vio hace unos días con un chico en Lirau
y…bueno, supuso que estaban saliendo.
Traté de mostrarme serena, pero no
sabía exactamente qué expresión debía adquirir. Crucé las manos sobre la falda
del vestido, y me conformé con observar al grupo de violinistas que
acompañaban.
— ¿Ya arreglaste la situación con Alen
Forgeso?
Asentí, sin atreverme a mirarlo y
jugueteando con las cintas del vestido.
— Yo…no sabía si era apropiado sacar el
tema. Hace un tiempo que ya estamos juntos, y…
— ¿Eres feliz, Bellota? — Me sorprendió
muchísimo su tono amable; asentí—. Entonces yo no tengo nada que reprocharte.
Tú fuiste muy clara conmigo; me dijiste que por ahora solo querías enfocarte en
el violín y que no estabas preparada para iniciar nada. Y lo comprendí, claro
que sí; y ahora también comprendo que estés saliendo con otro chico. — Me mordí
los labios, consternada—. ¿Por eso estabas tan nerviosa?
— Lo siento, Marcus — le dije con la
horrible sensación de culpabilidad.
— ¿Por qué te disculpas? — me preguntó de
buen humor—. ¿Por no poder corresponderme? — Volteó al frente y después
suspiró—: Así es la vida, a veces se gana, otras se pierde. Supongo que esta
vez el tal Alen ganó; y realmente espero que sepa valorar todo lo que tiene
ahora.
— Alen es un buen chico — le dije. Puso
los ojos en blanco y me dijo que no lo conocía, pero con todo mi historial de
llanto por él y la casi pelea que habían iniciado ya no sabía —. Estábamos en
una situación algo complicada y…
— Bueno, también va a ser difícil
mantener una relación a distancia.
— Él…él se mudará a Libiak.
Marcus me miró, sorprendido, y después
negó con la cabeza, riendo entre dientes:
— Bien, van muy en serio — aceptó. La
música estaba por culminar y por lo visto empezaría la misa de las seis. Marcus
me ofreció pasar por un café o algo porque yo no había almorzado, y le dije que
tal vez lo mejor era que ya regresara al hotel.
Estaba preocupada por Alen, pero
también me sentía muy mal con todo este asunto. Marcus es mi amigo: no soporto
estar en este plan de “lo lamento, salgo con alguien más”.
— Ya no voy a insistir, Bellota. Si te
incomodé o algo…
— ¡No! — exclamé con demasiada fuerza. El
sacerdote en el púlpito nos lanzó una mirada severa. Nos pusimos de pie, ya
para salir—. No es eso, Marcus. Es solo que…no…no quiero seguir lastimando
nuestra amistad. Tú…tú eres un amigo muy importante para mí y eso…
— Vamos a seguir siendo amigos, Sisa. De
eso no tienes por qué preocuparte. — Me palmeó la cabeza con afecto y después
deslizó los dedos por mi mejilla. Me encogí un tanto; me sonrió—: ¿Te llevo al
hotel en el que te estás alojando?
— Creo…que voy a caminar — le respondí
apenada. Asintió, y cuando llegamos a la enorme puerta de la basílica me tomó
por las manos y me pidió que me cuidara. Quedamos en que mañana lo vería, con
Loi, y que de ahí nos llevaría a conocer toda la ciudad en el auto de Abby,
solo como amigos.
Le sonreí agradecida y cuando se
inclinó a besarme en la mejilla, tuve que cerrar los ojos con fuerza porque una
brusca sacudida me atacó.
»
Te amo y te acepto por el resto de mi vida.
¿Qué…?
— ¿Sisa?
— Estoy…estoy bien — me apresuré a decir.
Albania, Albania…Albania vestida de blanco, Albania con su futuro esposo
frente al altar: el nieto de una de las familias relojeras más importantes del
pueblo, el nieto que acababa de quedar huérfano.
Caminé con algo de dificultad, tratando
de aferrarme a la realidad, y detuve un taxi. Marcus insistió en llevarme, pero
le dije que por favor me dejara irme sola.
Me subí al auto sin siquiera preguntar.
Dije el nombre del hotel; el conductor me respondió que no estaba tan lejos.
— ¿Sisa? — oí la voz de Loi. ¿En qué momento
contesté el celular? —. Sisa, estoy con Etel a punto de entrar a
Gaib Art para conocer Trópico de cáncer, ¿sigues con Marcus? Comprendimos, muy
tarde, que tal vez no debimos dejarlos a solas.
— Estoy… No pasó nada — respondí. La cabeza
estaba matándome—. Loi, me iré de frente al hotel, ¿sí? Estoy algo cansada y…
— Pero
estás bien, ¿verdad? —
Le confirmé que sí—. Mmm, bueno, pero si
te animas me llamas, porque la visita de ahora durará algo de dos horas y de
ahí iremos a cenar antes de que Tarek se lleve a Etel.
— Las alcanzo a cenar — dije rápidamente.
Dios, ¡la cabeza me va a estallar! —. Adiós.
Guardé el celular, bajé en la entrada
del hotel y casi corrí a recepción. Me reconocieron y para mi buena suerte me
proporcionaron la tarjeta que servía a modo de llave de la habitación sin mucho
problema.
Cerré la puerta y me hundí los dedos en
el cabello, queriendo arrancarme la cabeza. Me precipité al cuarto de baño, me
quité toda la ropa sin pensarlo mucho y abrí la llave de la ducha: me encogí
porque había abierto la del agua fría. La temperé y me quedé ahí, remojándome.
El dolor empezó a disminuir. La tina se
vio demasiado llamativa: aún sentía pequeñas punzadas en la sien. Salí
completamente desnuda y abrí los grifos que Loi había mencionado en la mañana.
El aroma del agua caliente me golpeó con fuerza; el vapor que empezó a emanar
me relajó por completo. Mientras esperaba que el agua llegara hasta un nivel
prudente, volteé y me encontré con mi reflejo desnudo en el espejo de cuerpo
completo.
»
Niña Albania, se resfriará. Espere, traeré unas toallas y su bata.
Veo a la mujer saliendo presurosa de la
habitación que huele a flores. La puerta se cierra, y entonces me enfoco en la
figura de la chica que reposa delicadamente sobre la tina cuidadosamente
tallada en porcelana, y con miles de pétalos flotando sobre el agua. Toma uno de ellos y juega, soplándolo con delicadeza para
enviarlo hacia arriba.
Noto que mueve los labios, como
llamando a alguien, y en ese momento Alen aparece en una esquina, con los
ropajes que ya había visto antes. Pero se da cuenta de la situación, y gira
bruscamente.
»
Albania, ¿qué sucede? — le pregunta, evitando mirarla,
incómodo.
Sedúcelo
Ella sonríe y se pone de pie con un
movimiento suave. Las ondas caen por la espalda desnuda, una sonrisa sutilmente
sugerente se apodera de sus labios.
No entiendo: es…es como si supiera lo
que siente. Ella ha vuelto de una larga travesía, y ahora se siente toda una
mujer.
Una mujer capaz de doblegarlo.
»
¿Por qué no volteas?
»
¿Me llamabas para algo en particular?
»
Ayúdame a vestirme —
pide en voz baja—. Tengo frío.
Él eleva la mirada; casi puedo sentir que algo
frenético está a punto de estallar en el ambiente.
»
¡Niña Albania! —
exclama la mujer anterior, abriendo la puerta. Alen desaparece bruscamente—. ¡Le dije que salir así podría resfriarla! — la reprende.
»
Lo siento, Nunita querida.
Albania se disculpa mientras la mujer
la arropa como a una niña, pero la sonrisa que trae en sus labios no se borra.
Me sumerjo en el agua de la tina; ya
está llena, se siente cálida. Pero el agua tira de mí…
…quiere ahogarme.
» ¿Por qué no me responde? ¿Por qué no
acude a mi llamado?
» Los Phaxsi se deshicieron de él hace
unas horas; había roto demasiadas reglas. Enamorarse de una humana y amarla
corporalmente es algo casi inconcebible.
» ¡Nanael! ¡NANAEL!
Albania,
¿por qué gritas? ¿A quién estás buscando?
» No va a responderte: Nanael está
lejos, despidiéndose de su compañero que acaba de dejar todos los universos.
» ¡No! ¡No es cierto!
» Ya no está en este mundo. Ni en este
ni en ningún otro; fue eliminado por completo.
»
¡No! ¡No, mientes! ¡MIENTES!
» No sé cómo tomar tus lágrimas porque
eres el ser más egoísta del mundo, Albania Formerio. ¿Lloras por el humano que
murió en batalla, o lloras por el ángel que quiso entregarte todo de sí?
» ¡NANAEL! ¡NANAEL!
» Nunca lo amaste…
Albania ha perdido al humano que tomó
por esposo y también al ángel custodio que la amó, a Alen. Y siento todo el
dolor insoportable que la atacó, y aunque Nhyna repita que no sabe por quién
llora, yo puedo asegurarlo:
Los necesitaba, a ambos, pero la idea
de pérdida la atacaba con más fuerza cuando se trataba solo de uno. Porque
siempre fue él, solo él. Desde el primer momento que lo vio, siempre iba a ser
él.
Porque puedes vivir infeliz…
»
No, ¡no puedes dejarme! ¡NO PUEDES HABERME DEJADO!
…pero jamás sin aire.
— ¡Sisa! — oigo a lo lejos. Abro los ojos
y me encuentro con un espacio brumoso, solo para sentir que alguien me toma por
la cintura y me jala con fuerza hacia la superficie.
— ¡Ah! — La garganta se me ha lastimado
por el agua. Toso, tratando de no ahogarme, mientras frotan mi espalda como
para aliviar el ataque. Elevo la mirada y de repente me encuentro con el sol,
brillante, observándome preocupado. Paso los brazos por su cuello y lo abrazo
con fuerza porque el aire frío me ataca—. ¡Alen…!
— ¿Qué pasó?
— Yo…no…no lo sé — respondí algo,
aturdida—. Volví al hotel, y estaba ahí y…y no sé.
— ¿Dónde estuviste antes? — me preguntó
preocupado.
— Solo…estuve con Marcus — respondí
temblando. Me besó en la cabeza y me sentó con suavidad sobre el borde de la
tina, solo para traer consigo una bata. Me cubrió con ella, y después empezó a
frotar la tela contra mi piel, buscando secarme.
Me quedé ensimismada, observándolo de
rodillas: el movimiento de sus dedos, su cabello desordenado, su insistencia
por transmitirle algo de calor a mi cuerpo.
No sé qué pasó conmigo misma, porque
algo urgente explotó dentro mí.
Sedúcelo
Lo atrapé por la nuca y lo observé
fijamente antes de capturar su boca. El momento fue de lo más extraño porque él
se vio sorprendido, pero no pasó mucho para que comprendiera mi urgencia y el
agua tibia nos recibiera.
El aire…necesito aire.
Y
no sé por qué siento que estoy por perderlo.
Lo besé por todas partes, grabando cada
detalle, la textura, el sabor de su piel. Sus manos tocaron absolutamente todo;
su boca llegó a lugares que ya conocía bien, y exploró nuevos. No sé bien en
qué momento me tomó en brazos y llegamos a las sábanas color marfil de la
habitación, sin que nos importara estar completamente empapados.
Sentí sus manos provocándome esas
sensaciones extremas que solo él podía crear, y en un momento no pude
aguantarlo más y casi supliqué por sentirlo dentro de mí. Besé sus hombros, sus
labios, necesitando confirmar que estaba aquí, conmigo, y a lo mejor él
entendió mi malestar emocional porque se inclinó hasta mi oído y me dijo con
voz suave:
— Aquí estoy, boba preciosa, contigo.
— No me dejes… no me dejes nunca.
Me sonrió en medio de la hermosa mirada
de sol:
— Te lo juro — dijo y no pude resistirlo
más.
— Ha-hazlo... — casi supliqué y me aferré
con fuerza a sus hombros cuando la distancia se perdió por completo, cuando se
hundió en mi ser. Y el ulular del ave que ya había escuchado antes, resonó
alrededor. Realidad, alucinación, la verdad ya no tengo idea.
Cerré los ojos cuando el movimiento
inició y poco a poco traspasó los límites; cuando tanto él como yo fuimos presa
fácil del descontrol. Necesitábamos estar más cerca y todo alrededor empezó a
tornarse casi frenético, violento. Clavé las uñas en su piel cuando su
boca volvió a atacarme, cuando tuve que sujetar las sábanas con una mano porque
mi cuerpo empezaba a desquiciarse. Cuando la voz empezó a salirme casi por
instinto, gritando su nombre.
Su cuerpo estaba conectado con el mío,
su cabello húmedo por el improvisado baño en la tina, y no pude evitar pensar
que lo amaba, ¡realmente lo amaba! Somos uno, siempre seremos uno, y siempre
habíamos sido uno. Y no había modo alguno de pelear contra el anhelo que tenía
de sus ojos, de su boca, de su cuerpo, de
su alma…
De él por completo.
Millares de imágenes me traspasan con
fuerza: corro desesperada, con la certeza de que si no acelero
alguien importante va a dejarme, y entonces el ulular anterior resuena.
Le pertenece a una
criatura hermosa que cruza el firmamento con sus preciosas alas, de un blanco
tan puro que lastimaría los ojos de cualquiera.
Pero la criatura no es un ave
exactamente, porque de serlo sería de una especie jamás vista por humanos. Su
cuerpo es la belleza misma, su pico es del color de la plata; trae los ojos
cerrados porque cruza el espacio dormida.
Entonces los abre…y el sol me saluda desde adentro.
— Sisa…
— Alen — murmuro y vuelvo en mí.
El ave vuela, ¿a dónde va?
— No sé…qué ha sucedido — susurra en mi
oído algo agitado.
Me besa en la frente y dice que en cualquier momento alguien podría venir, y
todo está hecho un desastre por nuestra culpa.
Las sábanas están húmedas. Eso sin
contar que el agua ha mojado todo el piso de la bañera, y hay demasiado vapor
alrededor.
— No vas a dejarme nunca, ¿verdad? — le
pregunto sin saber exactamente a qué me refiero. Me mira confundido y después
me sonríe.
El ave vuela, y no tendría tanto miedo
si no sintiera que va dejándome atrás, porque
yo no puedo volar.
— Soy tuyo, Bellota. ¿A dónde más podría
ir? — Me acurruco cerca de su hombro. ¿Qué me pasa? ¿Por qué siento tanto miedo? ¿Y miedo a qué, en primer lugar? —.
Mientras sienta que tu felicidad está a mi lado, voy a quedarme contigo.
— ¿Prometido?
— Prometido.
A las nueve me encontré con las chicas
en un restaurante cercano, después de dejar la habitación algo más decente por
todo el revuelo anterior. Loi y Etel me molestaron un poco a propósito de mi
extraño retraso, y cuando Tarek llegó diciendo que Alen acababa de retornar a
Lirau, extrañamente con la ropa “mojada”, las tuve a ambas empujándome de lado
a lado mientras soltaban “uuuyyys”, e insistían en saber por qué llevaba yo
también el cabello húmedo.
Iago llamó minutos más tarde, justo
para que Tarek se llevara a Etel antes de que las cosas se pusieran difíciles
de explicar.
Al día siguiente Trópico de capricornio
me recibió muy temprano; me emocioné un tanto, igual que el día anterior, pero
algo extraño estaba latiendo alrededor.
Vete,
sensación de angustia. ¡No hay nada que temer!
— ¡Marcus, ¿cómo estás?! — exclama Loi y
el paseo inicia. Marcus me sonríe; esta vez sus dos amigos se quedan con
nosotros.
Trato de divertirme, pero cada vez que
veo el cielo me parece ver al ave completamente blanca surcándolo.
Cierro los ojos; su ulular se hace
triste, porque vuela…pero vuela dormido.
¿Y eso qué significa?
»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«
Joan
— ¡Viejo! ¡Apresúrate!
— ¡¿A quién le estás alzando la voz,
mocoso?! — exclama desde adentro.
Cloe me observa y suelta una carcajada.
Me ayuda a meter algunas de las maletas, y me observa gentilmente:
— La próxima semana ya es Navidad, ¿cuándo
volverán, Joan?
— Al abuelo no le gusta dejar su casa,
así que estaremos de vuelta muy pronto, nena.
Pasaríamos Navidad en Lirau, junto a
mamá, Sisa y Corín. Pero retornaríamos dentro de poco, con Bellota, que quería
pasar las vacaciones en Asiri antes de rendir su examen en Libiak.
— ¡Es cierto! ¿Y qué pasará con el
violín? ¿El envío es para acá?
— Llegaría para la próxima semana. — El
abuelo seguía verificando que todas las llaves estuvieran guardadas, los
interruptores apagados y los enchufes en perfecto estado—. Así que cambiamos la
dirección y pedimos que lo enviaran a Lirau. No sé cómo logramos que el abuelo
aceptara hacer la compra por internet.
La idea de comprarle el famoso violín
eléctrico a Bellota le pareció estupenda, pero cuando nos vio a Cloe y a mí
encender la laptop y decirle que nos ayudara a escoger el modelo, por poco y le
da un ataque. Desconfiaba del sistema de envío, pero le aseguré que se trataba
de una página muy buena y tenía instrumentos de la mejor calidad, así que no
había por qué tener recelo.
— ¡Entonces va a llegar como obsequio
navideño! — Asentí. Cloe sonrió—: Sisa va a dar el grito al cielo. El violín se
veía precioso en la imagen. Mmm, por cierto, ¿tu otra hermanita no dirá nada si
el violín llega a modo de obsequio y…?
— Oh, tranquila, claro que pensamos en
Corín. — Había estado mandándome indirectas sobre lo usado que estaba su
smartphone, así que de una vez por todas le había comprado uno nuevo. Bellota y
su violín, Corín y su teléfono, ¡listo! Nadie pondría caras gruñonas el día en
el que llegara.
El abuelo ya venía; Cloe me pellizcó la
mejilla, como solía hacer cuando estaba preocupada.
— ¿Qué pasa ahora?
— Promete que me llamarás ni bien lleguen
a Lirau.
Eso no tenía ni que prometérselo. La
llamaría ni bien estuviera en casa.
— ¡No vayas a quedarte dormido, por
favor!
Puse los ojos en blanco:
— Cloe, he conducido muchísimas veces…
— Ya, pero nunca de noche.
— Tranquila, hija, nos turnaremos — me
ayudó el abuelo mientras guardaba la última maleta.
La dejamos en la puerta de su casa; se
despidió de ambos y después emprendimos la marcha, rumbo a la carretera
principal.
— Esa chica es un ángel. No sé cómo has
conseguido salir con ella.
— ¡Abuelo!
¡Supuestamente yo soy el nieto! Debería
ser más considerado conmigo.
— Tu madre va a querer conocerla —
reflexionó después de unos minutos.
— Aún no estoy seguro de si deba hablarle
de ella— respondí dubitativo.
Cloe era lo mejor que me había pasado
en toda la jodida vida, y el abuelo ya se había dado cuenta de eso. Sin
embargo, el asunto era que con mamá nunca se sabía: era sumamente quisquillosa
con todo el asunto de las novias. Y Cloe tenía la mente tan abierta para
algunos temas y no se guardaba opiniones, que conociendo a mi madre ambas
podrían chocar y después…no quiero ni pensarlo.
— ¿Y el examen de hoy? — Bueno: no me
había ido mal, pero tampoco taaan bien—. ¿Cuándo salen tus notas?
— Todavía en un mes, viejo. — Asintió y
después encendió la radio—. ¡Abuelo, no! ¡Esa emisora no! ¡Suena a música de
funeraria!
— ¡Cómo puedes decir eso del gran Mozart!
— Le dije que Mozart o no, igual sonaba a música aburrida y me gruñó —: Ahora
entiendo por qué dejaste el violín; ¡no tienes oído para la buena música!
— Oído tengo, y por eso mismo voy a
quedarme dormido si escuchamos durante todo el trayecto esa emisora.
Giré el volante con suavidad. Las luces
laterales de la carretera iluminaban todo el camino.
— El clima está muy extraño. Está
haciendo demasiado calor para estar en invierno — me comentó cuando la bendita
hora de música antigua acabó, e iniciaron las noticias.
— ¿Puedo poner algo de música de verdad?
— insistí.
— No.
Resoplé fastidiado.
Apenas eran las once; si todo va sin
contratiempos, estaríamos en Lirau a las dos de la mañana. Es más, tal vez
antes: no hay muchos autos siguiendo esta ruta, así que puedo acelerar sin
preocuparme demasiado.
Pasamos por el control de carreteras, y
minutos más tarde oí un ronquido al lado.
— Y empieza la hora de conciertos —
murmuré riendo.
Abrí un poco más la ventana de mi lado
y cambié la emisora. Mmm, así que el tal JOBEY está preparando nuevo álbum.
— Hijo, ¿te relevo…? ¡Qué clase de música
es esa!
— ¡Viejo, duérmete! — le respondí
divertido. Me lanzó un manotazo y en ese momento algo muy extraño sucedió:
Casi podía jurar que había visto a
alguien mover un brazo en medio de la carretera.
— Yo también lo vi — me confirmó el
abuelo con seriedad.
Detuve el auto a un lado; tomé la
linterna que llevábamos y bajamos para echar un vistazo alrededor.
— Qué raro — murmuré. No había nada; solo
se sentía el frío de la noche, nada más.
No creo en cosas como almas en pena,
pero como que se me ha erizado la piel un tanto.
Volví al asiento del piloto a pesar de
que el abuelo quería relevarme. Dudaba mucho que me diera sueño después de
esto.
Encendí el auto y el suave deslizar de
los neumáticos se dejó oír.
— Tal vez era un animal.
— Abuelo, ¿un animal blanco? — repetí
incrédulo.
Claramente había visto algo blanco
ondeando al frente. No había explicaciones muy lógicas al respecto.
— Tal vez un lobo, o un perro, quién
sabe. Hay muchas cosas que podrían haber sido.
Lo noté un tanto nervioso, igual que
yo, así que opté por cambiar de tema.
— El próximo año Sisa ya va a estar
estudiando música. — Soltó un suspiro algo apagado. Lo miré, confundido—: ¿Y
ahora qué pasa, viejo? Pensé que la idea te gustaba.
— Libiak es una ciudad algo grande;
espero que la Cachorra se adapte rápidamente.
— Cierto, tú vivías de joven en Libiak… —
recordé—. ¿Por qué te mudaste?
Frunció los labios y observó a través
de la ventana.
— Es una ciudad algo movida, ¡demasiado!
Y para mi buena suerte, tu abuela también estaba aburrida de ese ambiente tan
enérgico, así que decidimos mudarnos a Asiri cuando nos casamos. Aunque me es
de suponer que la vida por allá ahora debe ser aún más agitada. Cuando me
mostraste algunas fotografías por ese aparato…
— Laptop — aclaré divertido.
— Bueno, en eso, comprobé que la ciudad
ha cambiado muchísimo. Se ha expandido, y parece que la gente se ha
multiplicado. La tranquilidad que te proporciona el campo es algo que una
ciudad, por muy moderna que sea, jamás va a tener.
Estaba por responderle al abuelo que
las cosas deben cambiar, porque es parte de la naturaleza dinámica de todo en
la vida, cuando las luces frontales del auto parpadearon y se apagaron. Apreté
con velocidad el mando para intentar arreglar el desperfecto, y en ese mismo
momento volvieron a encenderse.
Iba a soltar un suspiro de alivio,
cuando claramente vi la figura delante de nosotros, sin inmutarse, con los ojos
abiertos de par en par.
¡No!
— ¡HIJO, TU HERMANA! — bramó el abuelo, y
me confirmó que tuvo el mismo destello fugaz que yo tuve: Sisa, en medio de la
carretera, a punto de ser impactada por nuestro auto.
Las manos del abuelo se pusieron sobre
las mías, e hicieron un giro violento con el volante. No hubo tiempo para
presionar el freno, no hubo tiempo saltar.
Un golpe atroz, una sacudida violenta:
mi vida en cinco segundos, rostros cruzando a velocidad…
Mamá,
Corín, abuelo, Cloe…Sisa.
Todo se puso negro.
»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«
Alen
Hay un ave enorme que surca los cielos grises;
no, son verdes, tal vez pardos. Puedo verla, pero no verme a mí mismo. Bajo la
mirada y no hallo mis pies, tampoco mis manos: es como si solo mis ojos
estuvieran presentes.
Es
un sueño.
El ave vuela majestuosamente hasta que
un fuerte relámpago ilumina todo e impacta directamente sobre una de sus alas.
Se retuerce, llena de dolor, y después se precipita a toda velocidad a las
profundidades del mar.
Los restos de sus plumas flotan en el
aire; abandonando a su dueño que por lo visto a quedado moribundo.
Sé que estoy corriendo porque escucho
mi respiración agitada y veo el panorama algo irregular. Me detengo a las
orillas para comprobar que puedo observar el interior: el pájaro sigue
retorciéndose de dolor, la única ala que le queda ondea con suavidad para
pegarse a su cuerpo, y finalmente se deja llevar hacia lo más profundo.
Ha muerto.
— Alen,
la resignación es parte de ser humano.
— ¿Nanael?
Elevo la mirada, buscándolo, pero otro
relámpago ilumina todo y la risa estridente de Berith resuena:
— Nadie
te garantiza que él quiera ayudarte…
Niemand
defioj do smrti, yesli vy ego congregabo súas vinamra.
— Nadie
reta a la muerte, de hacerlo recolectaré tus recuerdos.
La risa de Berith estalla con fuerza.
Por atrás, algo semejante a un reloj inmenso con patas largas camina
lentamente.
Posa uno de sus miembros sobre el agua
y nuevamente oigo el ulular del pájaro. Me confirma que aún vive, pero detesta
la presencia invasora, detesta los relojes…
…detesta el tiempo.
Una chica cruza como el viento,
desvaneciéndose. Quiero tomarla por la mano, pero se va velozmente; desde algún
lugar una voz grita: la niña se
suicidará.
No comprendo el paisaje: hay figuras
amorfas, flores, violines, relojes, pianos, bailarinas de ballet, brazos
inmóviles, bocas selladas, personas con antifaces y vestidos, plumas, todos
moviéndose en un mundo completamente surrealista.
Entonces a lo lejos distingo dos hilos
de color rojo brillante; se acercan a velocidad, como serpientes, y trepan
hasta enredarse en mis muñecas con fuerza.
Vínculos.
— ¡Ah! — Abro los ojos, completamente
alterado.
Me reincorporo solo para que Tarek
aparezca y encienda las luces, preocupado.
— Hermano, ¿qué pasó? ¿Un mal sueño?
— No, no es eso — replico poniéndome de
pie. Tarek me observa confundido cuando doy vueltas por la habitación, porque
ni yo estoy seguro de lo que me está asaltando en este momento.
— Alen, ¿qué pasa? — me pregunta con
seriedad.
— No…no lo sé. Hay algo, Tarek…en este
momento hay algo que me está incomodando demasiado y no sé de qué se trata.
— ¿Incomodando?
— Fastidiando, incomodando, inquietando,
¡no sé! ¡Algo va mal y no sé qué es!
— ¿Crees que sean las chicas? — me
pregunta preocupado. No sé qué responderle, pero antes de que diga algo
desaparece, y segundos después está de vuelta en la habitación. Niega con la
cabeza, más tranquilo—: Bellota y la princesa están durmiendo tranquilas en el
hotel en Libiak; también pasé a ver a Marissa y a Naina, ambas están bien.
Santiago está redactando un informe en el hotel en el que se está alojando, y
Copo de nieve descansa tranquila: no tienes nada de qué preocuparte.
Entonces ¿qué cosa es esto? Siento como
si algo por dentro estuviera ansioso, angustiado.
Los
hilos que vi…
— Tarek, llévame — pedí y lo tomé por el
hombro.
— ¿Qué? ¿A dónde?
— No lo sé, a donde sea.
— ¿A dónde sea?
— ¡No sé! ¡A…a lo mejor si te concentras
puedas llevarme al lugar en el que quisiera estar en este momento! Siento como
si debiera estar en otro lado, pero no sé en dónde.
— Alen, creo que estás cansado por lo de
las confirmaciones y…
— ¡Tarek, por favor! — insistí. Se
encogió de hombros, y me dijo que si era lo que quería…
Cerró los ojos; le tomó algo de tiempo
concentrarse. Estaba por dar marcha atrás, hasta que el par de hilos rojos que
había visto en mi sueño se hicieron visibles alrededor de mis muñecas, trazando
una ruta lejana.
Los
vínculos que vi en mi sueño.
— ¡Síguelos!
— De acuerdo, de acuerdo.
Dejamos la habitación; segundos más
tarde sentí el viento helado rozarme el rostro.
— Bien, creo que ha sido una pérdida de
tiempo — me dice cuando aparecemos en medio de una carretera alejada de
cualquier zona urbana. Hay montañas alrededor, miles de árboles y todo estaría
completamente oscuro si no fuera por los focos que iluminan el borde de la
carretera.
Ah, y por el humo que se distingue allá
al fondo.
— Parece que alguien sufrió un accidente
— comenta Tarek y entonces recién me percato de la situación: la carretera está
cercada por una barra metálica no muy alta, y en una curva ha sido interrumpida
violentamente, como si la hubieran traspasado.
Justamente es el lugar del que proviene
el humo.
«Protégela, eres lo único que le
queda...»
Siento que los hilos rojos tiran con
más fuerza.
— ¿Qué…? Tarek, ¿lo oíste?
— ¿Qué cosa? Hermano, ¿estás bien?
Giro a todos lados, la voz se me hace
conocida. Ya he oído vínculos: la vez que Ben me pidió proteger a su hija
sucedió algo parecido.
«Protégela…a ella…»
Esa voz…
»—
No he podido tener una charla como se debe contigo, muchacho; con toda la
familia revoloteando alrededor y diciendo lo bien parecido que eres no ha
habido tiempo.
No…
« Protege a mi Cachorra, muchacho…»
¿A mi Cachorra…?
No…
¡NO!
— ¿Alen? ¡ALEN! — grita Tarek cuando
emprendo la carrera hacia allá. Corro todo lo que las piernas me dan y cuando
llego a la parte interrumpida de la barra, compruebo que a unos metros abajo
hay un auto volcado del que sale una gran cantidad de humo.
Ese
auto…
Abro los ojos con violencia ante la
presencia; un miedo atroz me cruza de pies a cabeza: ¡no! ¡No! ¡NO!
— ¡ALEN, ESPERA!
Corro desesperado hacia abajo, pero
tropiezo y ruedo entre la tierra y las rocas. Siento que mi cabeza impacta
contra algo, pero no me importa y me pongo de pie, dispuesto a llegar; rogando
que la maldita facultad para sentir presencias haya empezado a fallarme.
— ¡No, no!
«
Protege a mi Cachorra, muchacho…», oigo alrededor, « protege a mi Cachorra, muchacho…»
Llego hasta el lugar, y la respiración
se me corta bruscamente. No…no, por favor…
Ahí, en frente, el auto está volcado, y
por el espacio que ha dejado una ventana puedo reconocer el rostro de Joan
Maleri, completamente ensangrentado.
— ¡No! ¡No! ¡JOAN! — grito y me lanzo
sobre la tierra áspera. Trato de tocarlo, pero no puedo estirar el brazo lo
suficiente—. ¡JOAN! ¡JOAN!
Los ojos se le abren con lentitud: algo
de alivio me recorre, ¡está vivo!
— Joan, Joan, ¡soy yo! ¡Vas a estar bien!
¡Vas a estar bien! — repito cuando me observa, ligeramente atontado.
— A… ¿Alen? — murmura y empieza a vomitar
sangre.
Trato de empujar el auto para sacarlo
de ahí, pero no tengo la fuerza suficiente.
— ¡Tranquilo, te sacaremos! — exclamo,
tratando de serenarme—. ¡Tarek, ayúdame!
— Por todas las creaciones, ¿es el
hermano de Sisa? — murmura consternado.
— ¡Ayúdame, maldita sea! — Trato de
empujar el auto; Joan se retuerce, le pido que espere un poco—. ¡TAREK! ¡¿QUÉ
MIERDA PASA CONTIGO?! ¡AYÚDAME!
— Alen, no…no puedo — me dice pálido —.
No puedo moverme.
— ¿Q-qué?
— No puedo ayudar a ningún humano al
borde la muerte — balbucea abatido.
No…
El aire ingresa con demasiada
brusquedad a mis pulmones: ¿al borde de la muerte? ¿Qué demonios está diciendo?
¡No va a morirse! ¡NO VA A MORIRSE!
— Joan, Joan escucha, mírame, ¡MÍRAME! No
te duermas, ¡no te duermas! — le suplico cuando lo veo parpadear con lentitud y
botar más sangre. Asiente, y en ese momento distingo que observa de reojo y
suelta un quejido, lleno de dolor.
Pensé que era a causa del peso del
auto, pero no fue hasta que seguí la dirección de su mirada que comprendí que
no iba solo.
No,
por favor…
— Abuelo — murmuró y rompió a llorar.
¿Qué? ¡No! ¡NO!
Corro hasta el otro lado y cuando me
dejo caer, el mundo se viene conmigo.
Ahí, con parte del rostro desfigurado,
como si estuviera solo dormido, estaba Alcides Maleri…
« Protege a mi Cachorra, muchacho…»
…ya sin ningún rastro de vida en él.
No…no… No me hagan esto. ¡No puedo…! ¡No sé
qué haré!
— A…Alen…— oí la voz de Joan. Volví al
otro lado, tratando de controlar mis propias emociones—. La vi…ambos la
vimos…Si-Sisa estaba aquí, casi…la arrollamos. — ¿Qué? —. De blanco…estaba
de blanco. Verifica si…está bien.
— Joan, escucha, relájate, estarás bien.
¡Estarán bien!
— Cu-cuídala…
— No, ¡no me digas eso! — Iba a decirle
que todo estaba bien, que la ayuda llegaría pronto, pero más sangre brotó de su
boca—. No hables, ¡no hables!
— Jú-júramelo.
¡No! ¡NO! ¡NO!
Me concentré tratando de empujar el
maldito auto. Grité pidiendo auxilio, esperando que alguien viniera a ofrecerme
su ayuda.
¡¿Qué voy a hacer?! ¡Sisa no va a
soportarlo! ¡Va a morirse de la tristeza!
— ¡Joan, Joan, escúchame! ¡Quédate
tranquilo! Iré por ayuda, no pasa nada. — Cerró los ojos y entonces sentí que
algo empezaba a ahogarme, algo me apretaba el pecho.
¿Qué es esto? ¿Dolor? ¿Miedo?
Me puse de pie rápidamente y traté de transportarme,
pero no pude. Estuve por salir corriendo a buscar una ambulancia, a alguien,
¡lo que fuera! pero Berith apareció delante de mí y me cerró el paso.
— Sabes qué va a pasar ahora, ¿verdad? — ¡Alguien! ¡Por aquí debía haber alguien!
¡Una ambulancia, doctores humanos! ¡ALGUIEN! —. Azrael ya está viniendo por las
almas de esos pobres humanos.
— ¡LARGO, BERITH! — oí de Tarek.
— El viejo ya murió y al chico no le
quedan más que unos minut…
— ¡LÁRGATE! — bramé, tratando de
quitármelo de encima. Me pasé las manos por la cabeza, completamente frustrado,
confundido, perdido: ¿qué hago? ¡¿Qué hago?!
¡Ayuda,
ayuda! ¡Busca ayuda!
Pasé de largo y corrí dispuesto a subir
por todo el camino empinado. ¡Maldita sea! ¡Cuando necesito ser más rápido no
puedo serlo!
— Forgeso, ¿quieres que te diga qué más he
visto?
Van a estar bien, ¡ambos van a estar
bien! Ayuda, ayuda, busca ayuda, ¡¿por
qué nadie acude?! ¡¿Por qué no hay nadie cerca?!
— ¡Forgeso!
— ¡DÉJAME EN PAZ, BERITH! ¡ESTOY HARTO DE
TI, Y EN ESTE MOMENT…!
— La niña se suicidará — oí y casi pude
sentir que adentro todo se me quebró.
¿Qué
ha dicho…?
Parpadeé lleno de consternación. Por un
momento todo perdió sentido: solo veía los ojos rojos de Berith escondiendo una
sonrisa.
— ¿Qué estás diciendo?
— La niña se suicidar…
— ¡¿QUÉ ESTÁS DICIENDO?! — bramé y lo
tomé por el cuello. Oí a Tarek gritar que me controlara, pero no le prestara
atención: ¡¿que se suicidaría?! ¡¿De qué demonios estaba hablando?! ¡No lo
haría! ¡Sisa no lo haría!
— Forgeso, tu niña tiene antecedentes de
suicida. No me culpes por errores de
vidas pasadas.
Lo solté, pasmado. Traté de que sus
palabras no me afectaran, pero no estaba preparado para esto. Había demasiados
sentimientos atacándome: Joan y Alcides Maleri ahí, en medio de un accidente
contra el que no pude hacer nada; ahora Berith diciendo estupideces y yo… ¡y yo
que era el ser más inútil en este momento!
— La resignación es parte de ser humano.
— Abrí los ojos con brusquedad: ¿por qué repite todo lo que ya he escuchado?
Nanael dijo que debía prestar atención a mis sueños, ¿eso significa que…? —. La
muerte y la resignación es parte de ser humano, Forgeso.
¿Y eso qué significa? Que me quede aquí
como un inútil, ¡¿sin poder hacer nada?!
— Sisa Daquel ya se ha suicidado. En otra
vida, con otro nombre, y si quieres pruebas que el errante te diga por qué
algún humano no tendría la capacidad de soñar.
Me quedé ahí, sin saber qué decir.
Volteé a ver a Tarek que negaba con la cabeza:
— ¡Alen, no le creas! ¡No será así! Sisa
es fuerte, ella…ella…
— Dinos, Seir, tú que no puedes mentir:
¿por qué un humano no podría soñar? Porque eso es lo que pasa con la
encantadora Sisa, ¿o no? — Sí, ella no sueña. No puede soñar—. ¡Vamos! Dilo,
Seir.
— ¡Puede ser otro motiv…!
— ¡HABLA, TAREK! — estallé.
— Escucha Alen, no creo que sea el caso.
Tal vez la situación es diferen…
— ¡Tarek!
— ¡Solo está tratando de engañarte!
— Cuando un humano se suicida en alguna
de sus vidas, primero: ya no reencarna en un cuerpo humano por un par de ciclos.
— No…no era cierto. ¿Entonces por qué
Berith suena tan seguro? —. Y más adelante, cuando vuelve a tener materia
humana, se le quita la capacidad de soñar. El sueño es un privilegio con el que
un suicida no merece contar.
Yo mismo había verificado eso la
primera vez que me quedé en su habitación: ella no sueña. Cierra los ojos y
toda su mente se desconecta por completo.
— Es eso, Forgeso: tu niña tiene
antecedentes de suicida. — Lo vi acercarse al auto. Me puse delante de él antes
de que se le ocurriera si quiera tocar a Joan o Alcides—. Oh, ¡pero qué
panorama tan triste! Su abuelo y su hermano: los seres que más amaba. La niña
se suicidará, definitivamente. Y si ya se suicidó antes sabes lo que significa
eso, ¿verdad?
No, no podía ser cierto. No…
— No reencarnará nunca más, Forgeso. Su
alma se perderá— no—, su alma literalmente desaparecerá de
cualquier lado del universo.
— ¡Cállate, Berith! ¡No puedes saber eso!
¡Alen, no lo escuches!
— Va a quedar tan devastada. Tan muerta
por dentro que tal vez ya no quiera vivir y…
— ¡PARA! — exclamé. Oí la respiración
débil de Joan y sentí un dolor espantoso en el pecho:
Sisa amaba con todas sus fuerzas a su
abuelo y a su hermano, ¿cómo viviré con esto? No pude salvarlos, no pude hacer
nada por ellos.
Solo estaba aquí, escuchando las
estúpidas explicaciones de Berith y ahogándome ante la falta de soluciones.
— ¡Auxilio! — grité nuevamente,
dirigiéndome hacia el mismo camino por el que había venido—. ¡AYÚDENME! ¡AYUDA!
— Forgeso, te lo ofrezco por última vez:
si recuperas tu nombre tu poder de sanación volverá.
Me detuve a medio camino, respirando
agitadamente.
Sanación.
— Eso sin contar que resucitar a un
humano sería pan comido. Seamos sinceros, el anciano ya está muerto, pero aún
hay esperanzas.
Resurrección.
Podía revivir pequeños pajaritos para
hacer feliz a Naina.
¿Por
qué no hacer lo mismo por ella?
— ¿Qué dices? Azrael está muy cerca: si
se lleva las almas de los humanos será mucho más difícil — me dijo con
seriedad.
Tragué despacio y observé alrededor:
¿qué ganaba corriendo? No hay nadie por aquí para ayudarme. ¿Qué ganaba
gritando? Nadie va a escucharme.
— ¡Alen, ni se te ocurra! — exclamó Tarek
pero en ese momento la imagen del auto volcado allá atrás tenía mayor poder sobre
mí—. ¡Está prohibido resucitar humanos! Podrás salvar a Joan, pero el abuelo de
Sisa ya está muerto, no hay marcha atrás.
»—
Sé que suena absurdo, pero a veces pensar en los años del abuelo me pone los
pelos de punta.
Ella lo amaba: era su padre, su objeto
de adoración. ¿Cómo se vive cuando se pierde a alguien tan importante?
Me quedé en silencio, con el viento
nocturno flotando alrededor: olía a humo, a sangre, a muerte.
— La niña ha perdido a su madre, al
hombre que decidió acogerla y a la madre de este. Y ahora también ha perdido a
los únicos seres a los que podía llamar familia; ¿qué quedará de esa chica,
Forgeso? ¡Nada! Vas a tener a una humana muerta en vida, porque los seres que
más amaba la dejaron. Su vida está maldita.
Muerta en vida.
— Te estás demorando demasiado. Azrael
está cerca, tú también puedes sentirlo.
— ¡Alen, no! ¡No podrás hacer nada!
Me quedé ahí, tratando de pensar de
manera coherente. La solución era más sencilla de lo que parecía…
— Forgeso, la pequeña Sisa no va a
soportar esta pérdida. — Me enfoqué en Berith; sonaba extrañamente tranquilo—.
Se suicidará y su alma perecerá. ¿Crees que alguien tan buena como ella merece
semejante final?
No, claro que no. No lo merecía.
— ¡Alen, no!
— ¿Te parece justo no tratar de hacer
todo por ella si está en tus manos?
No, no sería justo.
— ¡ALEN, NO!
De que me valía quedarme con ella si no
podía hacerla feliz. Su abuelo y su hermano eran lo que más quería.
— ¡Alen, no! ¡¿Estás loco?! ¡Es una
jodida trampa! ¡BERITH SIEMPRE HA QUERIDO…!
— ¡TAREK, EL ABUELO DE SISA ESTÁ MUERTO!
¡¿CÓMO LE DIRÉ ESO?! — Él no lo entendía, él no había visto cada emoción llena
de afecto que la colmaba cuando hablaba de Alcides Maleri.
¡¿Cómo se lo diría?! ¿Cómo le diría que
no volvería a ver a su abuelo, a su
padre, nunca más?
Y si no hacía algo pronto Joan sería el
siguiente.
— ¡Alen, escúchame! Los humanos son más
fuertes… La muerte…la muerte es un tema con el que tarde o temprano tienen que
lidiar.
— ¿Pero de esta forma? — replanteó
Berith: la cabeza iba a reventarme tratando de encontrar la solución más eficaz
—. La niña estaba muy feliz, a punto de cumplir su sueño de hacer música ¿y de
la nada el “destino” quiere arrebatarle lo que más quería? ¿Te parece justo,
Forgeso? ¿Te parece justo que algo así le pase a ella? Sisa es sensible, ¿cómo
crees que tomará esta noticia?
— ¡Alen, no! ¡Berith, lárgate!
Giré; debajo del auto Joan permanecía
con los ojos cerrados. Yo mismo comprobé con dolor que faltaba poco para que
siguiera los pasos de Alcides Maleri.
»— Tu abuelo va a
vivir muchos años, Bellota.
»— ¿En serio lo
crees?
»— Por supuesto.
Ella le temía a la muerte. A la muerte
de sus seres queridos.
— ¿Qué dices? — Berith me sonrió; se mordió la palma de la
mano y me la ofreció sangrante—. Ya te dije que no pienso pedirte nada a
cambio.
— ¡Alen!
¿Qué se supone que es amar a alguien?
En mi definición, se reduce a buscar su felicidad. Iba a cuidarla: se lo
prometí a su abuelo, a su hermano, a ella
misma.
Sisa era joven, estaba por empezar a
perseguir sus sueños: no era justo. Esta pérdida no sería justa. Retrocedería,
se estancaría…se apagaría.
Y yo la quiero así, risueña, amable. Feliz
— ¿Forgeso?
— Devuélveme mi nombre — sentencié.
— ¡NO, ALEN! ¡NO LO HAGAS!
— Estupenda decisión. — Estrechó mi mano;
sentí la sangre resbalando por mis dedos, quemando un tanto.
— ¡ALEN! ¡ALEN!
Lo último que vi fue a Tarek gritando
desesperado. Sentí una brusca sacudida; el panorama se volvió difuso.
«La
niña se suicidará…», recordé
la voz de mis sueños.
No, no lo hará. Ella viviría feliz con
su abuelo y su hermano; a punto de ingresar a una estupenda escuela, con todo
un camino por delante. Tal vez sin mí…pero
viva.
Los ojos preciosos no se cerrarían.
Los míos no importaban… ya habían
visto suficiente.
»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«
Sisa
Todo está oscuro, de repente escucho un
ulular lejano. Otra vez…el ave…
Abrí los ojos con brusquedad, me topé
con el techo pálido.
Alen…
Me reincorporé violentamente, solo para
que Loi se removiera a mi lado, confundida. Nos habíamos quedado dormidas en la
misma cama mientras charlábamos.
— ¿Sisa? ¿Qué sucede?
Quise disculparme, pero el corazón
empezó a latirme con demasiada fuerza.
Miedo… Tengo miedo.
Se acrecentó aún más cuando la figura
de Tarek apareció en frente de nosotras, en la penumbra. Sentí que un horrible
escalofrío me recorrió de pies a cabeza.
— Sisa… — dijo y su voz sonó tan
devastada que pensé lo peor.
El ave vuela; ¿cómo lo alcanzaré?
Siento que estoy por perder al aire.
Siento que el sol va a dejarme en la oscuridad.
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