Noches de insomnio | Capítulo 28: Noche XXVIII

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Capítulo 28 | NOCHE XXVIII


 

 

 

Marcus

 

  Adiós, Marcus — me dice. Asiento, ella baja la mirada y hace ese maldito gesto de morderse el labio inferior que tanto me atonta. Lo único malo de todo es que esta vez el mohín me demuestra que está distraída; toda la tarde ha estado distraída. 

Bellota ha pasado la tarde con nosotros, pero su mente se ha ido a otro lado. Se quedaba mirando el cielo, pensativa, y casi puedo asegurar qué sucedía:

Alen Forgeso está en Lirau, pero aun así ocupa la mayor parte de sus pensamientos. No sé si se debe a mi presencia, o al simple hecho de que lo extraña.

Demonios.

  Adiós, Kim, Jude. Nos vemos mañana — se despide Loi. Asiento y después ambas desaparecen por la entrada que conduce al interior del inmenso hotel.

Sisa no voltea; no me regala una mirada más. Si fuera el tal Alen tal vez ni siquiera se iría.

De acuerdo, perdí. No puedo hacer nada más.

  Wow, ¡la amiga de tu chica es un monumento! Y encima practica danza; no quiero ni imaginar cómo se mueve, ¡uff!

Y empezamos con los comentarios idiotas.

  ¿Quieres hacerme el favor de callarte, Kim?

  ¿Y ahora yo qué he dicho?

  Ya deberías acostumbrarte — me dice Jude con una ceja en alto —. Este imbécil solo abre la boca para decir idioteces.

  ¿Es una idiotez apreciar lo guapa que es una chica? — preguntó con fanfarronería.

  Ya te dije que Loi tiene novio, Kim. — Se lo había repetido algo de cinco veces, ¿por qué demonios insiste? —. Tarek y ella están en un buen momento, así que todo tu optimismo es en vano.

  Ya, pero si logra ingresar a Gaib Art ella también va a mudarse; y nada nos garantiza que su chico se mude con ella. No sé…el próximo año podrían suceder cosas interesantes. — Resoplo aburrido ante su sonrisa—. ¡Qué dices! Loi y yo, Sisa y tú; Jude y…su hermana. — Estalla en carcajadas, Jude rueda los ojos. Avanzo, sin prestarle mayor atención—. Marcus… ¡Marcus!

¿Por qué no se callará?

  Ese es tu principal problema: ¡te das por vencido muy rápidamente! Si estás tan enfadado por el asunto, ¿por qué no haces nada al respecto?

  ¿De qué hablas? — profiero irritado.

  Has estado sumamente tranquilo: si tanto te incomoda lo de Sisa y su novio, ¡¿por qué no eres más avezado?! Si yo fuera tú aprovecharía que la tengo aquí, sola, y no sé, ¡actuaría con más convicción!

  ¿Con “más convicción” a qué te refieres? — me hace el favor de preguntar Jude.

  Las chicas se quedan con los tipos que la luchan. — ¿Ah sí? —. Mientras Marcus está en la pose de “amigo comprensivo”, otro hubiera emprendido la marcha para reconquistarla.

  Kim, ¿entendiste la parte de “Sisa tiene novio”? — apunté con ironía.

  Sí, pero creo que tú no has entendido la parte de “su novio no está en Libiak, está en Lirau”. — Su tonito sarcástico me fastidia. Cielos, ¿por qué sigo escuchándolo? —.  Colega, si te sientes tan mal ¡entonces pon manos a la obra!

Le di la espalda con unas ganas tremendas de golpear a todo el mundo. Jude me preguntó a dónde iría; le respondí que a cualquier lugar menos a casa. Soportar a Abby y su interrogatorio sobre la salida con Sisa no iba a ponerme de mejor humor.

  Vamos a mi casa: mis padres están en lo de mis tíos — me propone.

Lo pienso un tanto y después asiento.

  Marcus, si yo hubiera ingresado a la Universidad Central de Libiak con puntaje sobresaliente, tendría en la cara cualquier rostro menos ese — agrega Kim.

  Como sea — respondo fastidiado.

Sé que es un tema importante, pero lo último en lo que quiero pensar ahora es en mi ingreso a la universidad. Tengo esa incómoda sensación de aborrecimiento desde ayer por la tarde, y ni con los pensamientos “más positivos” mi estado de ánimo va a cambiar.

  Lo siento, muchachos, todo lo que tengo es esto: mis padres no han hecho las compras — dice Jude cuando retorna de la cocina con una botella de bebida gasificada y una bolsa de papas fritas. Estamos en su habitación, el reloj de la pared indica que apenas son las nueve y cuarto—. Por cierto, ¿qué tal si salimos a algún lado? Es viernes y tengo muchísimas ganas de celebrar que el jodido bachillerato ya se acaba la próxima semana. Podríamos ir a la fiesta del primo de Marian; por lo que oí sus padres han salido de viaje, y ya saben que las reus en su casa siempre son buenísimas.

  ¡Voooy! Además, la mejor amiga de Marian es Gia, y ¡definitivamente va ir! — lanzó Kim con suspicacia y observándome con una enorme sonrisa. No comprendí —. ¡Leda, no te hagas! Sabes que la chica podría acceder a lo que fuera si se lo propones tú. A veces te mira como si fueras una especie de dios para ella. — Torcí el gesto cuando tomó una toalla para ponérsela sobre la cabeza, a modo de velo, y después elevó los brazos con dramatismo—: ¡Oh, santísimo Marcus! ¡Dejad que tus sagrados brazos rodeen este pobre cuerpo mortal!

Jude soltó una risotada; reprobé su reacción con una mirada.

  Lo siento, Marcus, pero ha sonado un poco como ella, la verdad. Gia ni siquiera se molesta en ocultar lo mucho que le gustas. A veces hasta da pena.

  Pero qué idiotas — murmuré y recibí el vaso servido y unas cuantas papas fritas, pero no comí nada. Tenía ese antipático dolor en el abdomen que fácil si terminaba comiendo algo lo vomitaba.

  Qué poco sentido del humor tienes — me reprochó Kim —. ¡Oh, santísimo Marcus de los ojos grises Leda!

No dije nada porque uno: Gia era mi amiga, y detestaba que se hablara de ella como si fuera una especie de premio consuelo con el que podría hacer lo que se me diera la gana. Y dos: porque en este momento no me sentía con ánimos para salir a ningún lado.

  Amigo, olvídala — me dice Kim de la nada mientras sigue haciendo zapping con el control remoto —. Eres demasiado bueno como para estar sufriendo por una chica cuando tienes a un montón de las que escoger.

Abigail cree que contarle mi vida privada a cuanta persona conozca es lo más normal del mundo, pero no es así: realmente detesto que haga eso. Jude y Kim se enteraron del tema de Sisa por ella, y de no haberlo hecho en este momento no estaría recibiendo el típico “consuelo” que se le da a un amigo “rechazado” por la chica que le gusta.

Y encima un consuelo mal elaborado: pensar en buscar a otra chica para olvidar a la inicial era la idea más estúpida del mundo. Por eso ellas creen que todos los hombres las vemos como objetos.

  Déjalo, Kimo — murmura Jude.

  No, en serio, amigo: ¡para ya! Sí, sé que Sisa es una buena chica y es linda y fue tu primer amor y bla-bla-bla; pero si vas a estar en este plan depresivo es mejor que mires a otro lado. ¡Tienes a chicas para escoger! — Me pongo de pie: tal vez solo deba irme a casa—. Marcus, ¡oye, Marcus!

  ¡¿Qué quieres?! — replico fastidiado.

  ¡Marcus, por favor! Las chicas de la clase matarían para que salieras con una de ellas. La próxima semana el salón va a convertirse en una especie de réplica de los Juegos del hambre, pero para conseguir ser tu pareja en el baile de fin de curso.

  No voy a ir.

  ¿Qué?

Tomo mi chaqueta y bajo por los escalones con rapidez. Escucho el grito de Kim y el reproche de Jude: «No seas tan imbécil, Kimo; Marcus realmente quiere a esa chica» le dice y después salgo dando un portazo.

Sí, realmente quiero a esa chica.

Pero ella no me quiere a mí.

»— Alen es un buen chico.

Alen, Alen, Alen, ¡estoy harto de escuchar el maldito nombre de ese tipo!

¡PRAM!

  ¿Marcus? — escucho cuando llego a casa. Elevo la mirada y me encuentro con Abigail —. ¿Qué te pasa? ¿Qué te ha hecho ese pobre cubo de basura para que lo patees con tanta ira? — Aprieto los labios y paso de largo, rumbo a la entrada—. ¿Marcus? ¡Marcus, te estoy hablando!

  ¡¿Qué quieres, Abigail?! — exploto.

Los ojos de mi hermana se abren con sorpresa:

  ¿Qué te pasa? — Relájate, Abby no tiene la culpa. Es molestosa de vez en cuando pero no tiene la culpa —. ¿No saldrías con Sisa y su amiga hoy? ¿Qué pasó? ¿Se pelearon?

Solté una carcajada ante la pregunta: Sisa y yo jamás peleábamos, y eso tal vez en cierto modo explicaba muchas cosas. Yo siempre había sido el amigo comprensivo, tal y como decía Kim; el que nunca replicaba absolutamente nada, el que siempre aceptaba todo con una sonrisa. Y tal vez por ese carácter pasivo fue que terminé consiguiendo lo que conseguí:

¡Nada!

  ¿Marcus?

  Déjame solo, Abby.

  ¡Oye, Marcus!

Pasé de largo a mi habitación. Qué bueno que mis padres estaban en Lirau con mis abuelos, porque así no tendría más miradas curiosas preguntándose qué sucedía con el “perfecto hijo” de la familia.

Cerré la puerta y me dejé caer sobre la cama, agotado. Ya sabía que Sisa estaba saliendo con el idiota ese gracias al mensaje que me envió Estefan hace unas semanas, y que me destruyó por completo el día: era sábado, los del equipo de básquet obtuvimos la medalla de oro en el Campeonato estatal, y toda la celebración estuvo perfecta hasta que el celular sonó en el bolsillo de mi chaqueta:

 

Primo, acabo de ver a Sisa

Iba con un sujeto

Se estaban besando

 

El mensaje fue conciso, sin muchas vueltas, y yo no necesité mayor explicación para comprender el asunto: Sisa había perdonado al tal Alen Forgeso y ahora estaban saliendo.

Admito que ayer estúpidamente aún guardaba una esperanza, pero cuando me confirmó en la basílica lo de su relación sentí un horrible retortijón en el abdomen. Y a pesar de que le dije que comprendía el asunto, en realidad me estaba costando muchísimo trabajo asimilarlo.

Quiero que sea feliz, más que cualquier cosa en el mundo, pero Alen Forgeso me parece el último chico sobre la Tierra que se la merece. Si la quisiera tanto no la hubiera lastimado, y si Bellota no fuera tan ingenua como es, probablemente vería con más objetividad las cosas.

¿Por qué lo escogió a él? ¡¿Por qué…?!

¿Por qué no a mí?

Carajo. — Me quedé boca arriba, observando el techo. Sentí que el celular vibró en el bolsillo de mis pantalones. Lo saqué, y me encontré con un mensaje de Jude que me pedía llamarle si al final aceptaba irme con ellos a lo del primo de Marian; y una alerta del chat.

 

Los ojos no ven lo mejor del hombre dice:

Hola, ¿estás ahí?

 

Fruncí los labios: Zara me simpatiza muchísimo, pero creo que no es momento para hablar con ella. Lancé el celular a un lado y quedé de costado. Abby llamó a la puerta, preguntando si cenaría; le respondí que más tarde bajaría por algo, que en este momento no tenía hambre.

Voy a salir con los muchachos de la Facultad, ¿está bien que te deje solo? — oí a través de la puerta.

Solté un suspiro: no puedo estar enfadado con mi hermana por muy loca que esté. Me puse de pie y le abrí; traté de verme más relajado y le dije que sentía lo anterior, que había tenido una discusión con Kim y que había vuelto algo disgustado.

¿Y qué pasó con Sisa? — me preguntó empezando a emocionarse.

Abby, ve con tus amigos, ¿sí? — Cerré la puerta con delicadeza para no sonar tan rudo. Protestó, pero para mi buena suerte su celular sonó así que se fue a su habitación a contestar.

Me quedé sentado en la cama, con demasiadas cosas revolviéndome la cabeza. Kim tiene razón en cierto modo: si me incomoda tanto el asunto, ¿por qué no he hecho nada? Simplemente me he quedado como un idiota, aceptando que sale con otra persona.

Pero tampoco es como si estuviera en mis manos el hacerla cambiar de opinión. Si Sisa está feliz con el tal Alen, yo ya no tengo nada que hacer en esa ecuación.

Ya basta, piensa en otra cosa — repuse hastiado de mí mismo. Me puse de pie para cambiarme de ropa, y después tomé la laptop: podría ir viendo el asunto de los cursos que voy a llevar el próximo año.

Estaba ingresando a la página de la universidad, cuando la ventana del chat, en forma de globo, se abrió a un lado.

 

Los ojos no ven lo mejor del hombre dice:

Ya me voy; solo quería decirte que encontré

el último disco del pianista que nos gusta. Te envío el link

 

Había pasado algo de media hora desde el saludo de Zara y no le había contestado después de solo ver su primer mensaje. Me sentí algo culpable.

 

Marcus L dice:

Zara, disculpa :( Acabo de volver a casa

y estaba conversando con la loca de mi hermana.

Va a salir y tiene miedo de dejarme solo :s

 

Bueno, una pequeña mentira de vez en cuando no hace daño.

 

Los ojos no ven lo mejor del hombre dice:

Jajajaja, igual que la vez

que casi incendias tu casa?

 

Solté una risa al leer lo último; se lo había contado hace semanas.

 

Marcus L dice:

Lo recuerdas?? xd

 

Los ojos no ven lo mejor del hombre dice:

Eres la primera persona que conozco

que casi incendia su casa por preparar un cubo de rosetas de maíz

 

Marcus L dice:

No fui yo. Fue culpa de uno de los idiotas que tengo por amigos

 

Los ojos no ven lo mejor del hombre dice:

No mientas, seguro estabas igual de ebrio que ellos :p

 

Marcus L dice

Soy mejor bebedor de lo que piensas :3

 

Los ojos no ven lo mejor del hombre dice:

Sí, como no ¬¬.

Jajajajaja, eres un caso

 

Bajé a la cocina por un poco de jugo. Vi el plato de comida que Abby había preparado para la cena: me sentí algo mal por haberla tratado con tanta rudeza cuando ella se esforzaba muchísimo para intentar cocinar algo comestible en ausencia de nuestros padres.

Calenté mi cena en el microondas y después subí nuevamente. Escuché el sonido de la secadora en su habitación y la música a todo volumen. Siempre hace eso cuando está emocionada por salir con sus amigos.

¡Mañana cocino yo! — le dije desde la puerta.

¿Por qué? ¿Está feo? — exclamó en medio del sonido estridente del equipo.

No, no, pero conociéndote mañana vas a estar con una resaca… — Soltó una carcajada y después me dijo que era mejor verme así que con el humor de un ogro.

Dejé el plato sobre mi escritorio cuando retorné; me encontré con más mensajes. Kim también había entrado al chat: estaba disculpándose por lo último. Le dije que no importaba, pero cuando me envió una foto editada de algunas compañeras de mi salón con un lema que decía “ME OFREZCO COMO VOLUNTARIA”, definitivamente lo bloqueé.

Otra ventana se abrió: era Jude preguntándome de parte de Kim si lo había bloqueado. Le dije que sí.

 

Jude Itamar dice:

JAJAJAJAJAJAJA!!

le diré que lo has eliminado

 

Marcus L dice:

Hazlo

a ver si así deja de joder tanto

 

Jude Itamar dice:

Por cierto, no te animas para lo de Marian??

va a estar divertido

vamos aunque sea un rato

 

Marcus L dice:

Abby va a salir no sé

ceno y te aviso

no tengo muchos ánimos para salir

 

Jude Itamar dice:

Kimo y yo planeamos

ir a eso de las doce

así que normal demórate pensando

 

Oí la bocina de un auto en las afueras.

¡MARCUS, CATHY YA VINO POR MÍ!

Abby, te estoy escuchando, ¡no grites!

Tac-tac-tac

Los tacones resonaron en el pasadizo.

¡MAÑANA VUELVO TEMPRANO!

¡No grites! — Escuché el sonido de la puerta principal abriéndose; me asomé por la ventana que daba para la calle—: ¡Abby!

¡Hola, Marcus! — me dijo Cathy desde el auto. Le respondí el saludo y después me enfoqué en mi hermana:

Si terminas demasiado ebria, me llamas. Iré por ti.

¿No quieres gritarlo por toda la cuadra? — me preguntó sarcásticamente.

Me encogí de hombros: bueno…

¡SI TERMINAS DEMASIADO EBRIA…!

¡CÁLLATE, BABOSO!

Oí las carcajadas de Cathy y después les pedí que se cuidaran. El motor del auto sonó y segundos más tarde las vi alejándose por la pista.

Tal vez yo también deba salir — murmuré.

Me senté nuevamente frente a la laptop y terminé de comerme mi cena. Mmm, esta vez la carne no se ha quemado: la verdad es que Abby está haciendo progresos.

Encendí el Bluetooth y el equipo de sonido, y una canción sumamente conocida inició. Tomé el celular y cambié inmediatamente de pista porque escuchar a Aerosmith no era una buena idea. Lo que menos quiero en este momento es tener algún tipo de referencia con respecto a ella.

Aunque en realidad prácticamente todos mis pensamientos siempre son acerca de ella.

Pero qué idiota soy — me reprendí irritado.

Volví a concentrarme en el chat y en pasar el rato viendo algunos videos en Internet. A eso de las doce y media los ojos empezaron a picarme y Zara demoraba más en contestar. Después de dos horas ininterrumpidas de chat habíamos descubierto que ambos teníamos una especie de fijación por la relojería, y después comprobé con sorpresa que probablemente el próximo año nos veríamos más seguido.

Ella también se había presentado a la Universidad Central de Libiak y había obtenido una vacante para Literatura, igual que yo. Por lo visto sus abuelos vivían aquí, y sus padres habían aceptado de buen agrado que se mudara a una ciudad en la que tuviera familiares.

Yo, por mi lado, también ya estaba haciendo planes para mudarme. Jude quería que buscáramos una habitación en el campus de la universidad, así que el próximo año dejaría la casa de mis padres.

 

Los ojos no ven lo mejor del hombre dice:

Marcus, puedo hacerte

una pregunta indiscreta?

 

¿Mmm?

 

Marcus L dice:

Claro, qué sucede?

 

Cerré las ventanas de mi habitación porque estaba haciendo algo de frío, y cuando retorné me encontré con una de las preguntas que menos hubiera querido ver ahora.

 

Los ojos no ven lo mejor del hombre dice:

Tomas me contó algo… Sisa Daquel fue tu novia, verdad? Aún la quieres?

 

Me quedé observando la pantalla. “Tomas me contó algo…” ¡¿Por qué rayos mi vida se transmite de persona a persona como si fuera una maldita telenovela?!

Me apreté las sienes con fuerza: no suelo ser de los que se enfadan, ¡pero con un cuerno, este día está resultando más jodido de lo normal!

Solté un suspiro, tratando de relajarme: ¿que si aún la quiero? ¿Cómo se responde eso? ¿“Sí”? ¿Sí pero voy a mentirte diciéndote que “no”?

Sí, la verdad es que sí: aún la quiero; pero lo ideal es empezar a vaciar el cajón de recuerdos que tengo con ella y almacenar nuevos. Sisa era la única chica a la que verdaderamente podría decirle “te quiero”, pero si sus oídos no estaban dispuestos a escucharlo, la única manera de no hacerme daño era olvidándome de ella.

 

Marcus L dice:

Zara, ya es tarde. Iré a dormir

 

Los ojos no ven lo mejor del hombre dice:

Espera! No quería incomodarte!

 

Marcus L dice:

La batería de la laptop se me está muriendo

Hablamos mañana. Buenas noches

 

Cerré el chat.

Zara es una buena chica, pero en este momento no quiero tocar el tema de Sisa con nadie, porque corro con el riesgo de sonar demasiado rudo a causa de mi malgenio.

Me cepillé los dientes, volví a mi habitación y me recosté sobre la alfombra. Las malditas canciones de amor de aquella lista de reproducción aparecieron como invocadas: tomé el celular, dispuesto a cambiarla, pero la que estaba sonando era una de las que tanto le gustaba a ella.

Tal vez el tal Alen en algún momento desaparezca de su vida — murmuré jugueteando con una de las pelotas de tenis que Jude dejó una vez en mi casa. Me quedé ahí, observando la luz amarilla del foco de mi habitación mientras lanzaba la pelota y la atrapaba en el aire, y en un momento los párpados empezaron a pesarme. Giré de costado, y me encontré con el pato de peluche que ella me obsequió cuando cumplimos un mes de relación.

¡Demonios! No voy a poder quitarme a esa chica de la cabeza. Sisa es una en un millón, y yo tuve la suerte de tenerla por un tiempo: ¡¿cómo demonios dejé que se me escapara?!

Si me hubiera quedado en Asiri tal vez las cosas habrían sido diferentes. Habríamos pasado más tiempo juntos, y a lo mejor ella tampoco se habría mudado a Lirau. Tal vez nunca hubiera conocido al tal Alen Forgeso, y ahora estaríamos juntos; con nuestra relación madurando a medida que pasaban los años.

Pero no fue así. No fue así, maldito idiota. ¡Ya supéralo! — exclamé enfadado.

Volví a girar: me enfoqué en el techo, en el foco brillante. No sé por cuánto tiempo me mantuve así, solo observando, y con las condenadas letras de esa maldita lista de reproducción que tanto me recordaba a ella, resonando alrededor.

Los párpados volvieron a intentar vencerme, pero en ese momento el celular vibró con insistencia a mi lado. Me puse de pie y al tomarlo respondí a la llamada de Jude que preguntaba si no me había animado a ir a lo del primo de Marian. El estúpido solo de guitarra de la canción resonó con fuerza; recordé todas las tardes en su casa, en la mía, escuchando todos estos temas, riendo en medio de bailes poco coordinados y su cabello meciéndose con cada movimiento.

Sisa Daquel, Sisa Daquel, Sisa Daquel: ¿cómo hago para odiar tu sonrisa? ¿Cómo hago para olvidarme de lo bonitos que me parecen tus ojos?

»—…creo que tú no has entendido la parte de “su novio no está en Libiak, está en Lirau”. Colega, si te sientes tan mal ¡entonces pon manos a la obra!

Kim es un perfecto idiota…pero tal vez en esta ocasión tiene algo de razón.

Sisa no volverá a Libiak hasta la fecha de su examen. No es una buena idea ser demasiado directo, tomando en cuenta lo mucho que ella parece querer al tal Alen; pero si solo espero, lo más probable es que me quede con la pregunta eterna de “¿y qué tal si hubiera intentado algo más?”.

Le di algunas vueltas al asunto y finalmente me decidí. Aún me queda el fin de semana, tal vez podría intentar acercarme de algún modo. Sin ser demasiado lanzado, claro.

¿Marcus? oí la voz de Jude—. Marcus ¿estás ahí? Estoy con el auto de mi padre, ¿qué dices? ¿Vamos por ti? ¡Kimo, quítate de encima!

¡MARCUS! ¡No olvidaré que me has bloqueado, maldito bastardo! ¡Vamos! ¡Esa fiesta va a estar de la puta madre!

De acuerdo, de acuerdo, los espero — acepté.

No pasaron más de diez minutos para tenerlos en la entrada. Bajé, antes le dejé una nota a Abby pegada a la puerta de su habitación por si llegaba antes que yo.

Jude encendió el auto; saqué el celular de mi chaqueta y marqué rápidamente.

¿Qué haces? — me preguntó Kim con curiosidad—. Si es por Marcelo, él ya está allá desde hace una hora más o menos.

Llamaré a Sisa. — Ambos me observaron sorprendidos—. Tal vez quiera venir— resumí encogiéndome de hombros.

¡ESOOOOOO, CAMPEÓN!

Aguardé. Escuché un par de timbradas, pero me enviaron al buzón de voz todas las veces. Llamé a Loi, pero tampoco obtuve respuesta.

Jude giró en una de las esquinas; guardé el aparato ligeramente disgustado.

Mañana tienen tour por todo el campus de Gaib Art, probablemente están descansando — me dijo Jude. Su explicación me pareció muy lógica.

¡Pero Gia no está descansando! — exclamó Kim cuando ingresamos a la casa del primo de Marian. El aroma a cigarrillos (y a otras cosas) nos golpeó con fuerza—. ¡Así que a darle acción al amiguit…!

¡Deja de joder; no voy a hacer nada! — le respondí después de saludar a un par de compañeros.

Las fiestas que organiza Marian son famosas exactamente por esto: buena música y litros de alcohol que salen de algún lugar que aún nadie ha podido identificar.

Le pregunté a propósito de eso mientras bailaba con ella; ya serían aproximadamente las tres de la mañana. Me respondió riendo que ni ella sabía de donde aparecían tantas botellas, y volvió a repetir lo bonito que sería vernos a Gia y a mí de pareja.

Genial, más personas hablando de Gia.

¡Y mira a quién tenemos aquí! — Bien, creo que he bebido algo de más. Tuve que parpadear reiteradas veces para lograr distinguir el cabello castaño oscuro de Gia que había aparecido como de la nada—. Bueno, los dejo, muchachos. Tengo que ir a…a…. ¡A verificar que mi primo no esté profanando cada habitación de esta casa! ¡Sí, eso!

Solté una carcajada ante lo último y asentí. Tomé a Gia por la mano y la hice girar con suavidad. Recordé la fiesta de Loi, cuando tuve a Sisa conmigo casi toda la noche, como salida de cuento, y no pude evitar preguntarme por qué carajos no la besé antes de que el imbécil de Forgeso apareciera.

¿Marcus? ¿Te sientes bien? — oí en medio del espacio brumoso. Bajé la mirada y me encontré a Gia observándome preocupada. Ahora que veo bien, se ha cortado el cabello: lo tiene a la altura del mentón, casi como Zara…

Zara Lagares.

¡Ah! ¡Marcus!

Lo…lo siento mucho — me disculpé. Sentí que iba a desplomarme y había tenido la estúpida idea de sostenerme de su cintura—. Lo siento, Gia.

No…no te preocupes.

Una canción demasiado conocida inició. La gente gritó emocionada; Gia sonrió, me dijo que también era fanática de ese grupo.

Te cortaste…el cabello — comenté, tratando de pedirle a mis ojos que se mantuvieran abiertos. No sé si es a causa del alcohol, pero realmente sentía que todo estaba empezando a marearme.

¿Me queda bien? — Le dije que sí y después seguimos balanceándonos al ritmo de la música. Elevó los brazos y los puso alrededor de mi cuello.

Cerré los ojos con brusquedad; el ambiente estaba demasiado cargado. Las luces se encendieron en mi mente; la figura de una chica sobre una mecedora apareció:

» Lo lamento, soy un mal hombre. Mis actos me condenan; te amo, ya lo sabes, pero tengo que cumplir con mi deber. Debo casarme con ella…

¿Eh? ¿Qué está sucediendo? ¿Quiénes son esas personas que veo borrosas?

» Yo…yo comprendo.

» Mis abuelos y su familia tienen un acuerdo por la industria de…

» ¡Te comprendo! ¡Te comprendo! Por favor…solo…solo vete. — ¿Por qué llora? ¿Quién es esa chica?

Gia gira, me sonríe. Quiero sonreírle también, pero el rostro afligido de la chica en mi mente me aturde.

» Lo lamento muchísi

» ¡Solo vete! ¡Vete!

» ¡Escúchame…!

» ¿Crees que no lo sé? ¡Todos repiten lo hermosa que es! ¡Serás el hombre más envidiado de la ciudad! La nieta de los Formerio…dicen que su violín hace bajar a los mismos ángeles. Lo entiendo, lo entiendo, pero por favor, ya vete.

» ¡Sabes que solo amo a una persona, y…!

» Ya no me mientas más. ¡Solo vete!

» Albania no significa nada para mí.

Abrí los ojos con brusquedad. Sentí algo de sudor frío recorriéndome la frente.

¿Marcus? — oí de Gia, pero la solté y me perdí entre la multitud.

Albania… Albania Formerio.

¿Qué es todo lo que estoy viendo?


 

»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«

 

Marissa

 

Abrí los ojos con algo de pesadez.

¡Santo Dios! Me he quedado dormida en el sofá, mientras leía. Santiago puede decir todo lo que quiera sobre los relatos de Realismo mágico, pero a mí realmente me fascinan.

¡Debo saber cómo termina…! Ah, pero ya es tan tarde…

¡No, no, no! ¡Lo acabo mañana! ¡Las ojeras no hay quien pueda combatirlas!

Ah, qué horror. ¡Cómo me duele el cuello!

Dejé el libro sobre la mesita de la sala y después de apagar todas las luces subí al segundo piso. Mañana voy a amanecer con un profundo malestar: debería dejar de leer a estas horas de la noche.

Crucé el pasillo: cuando solo estamos Naina y yo en la casa, todo se siente extremadamente solitario. Si tan solo mi nena recobrara el habla…

Bueno, mañana llamaré a Alen y le diré que venga a almorzar y traiga a Tarek con él. Es sábado, y por lo que me habían dicho solo tendrían un examen por la mañana, así que no hay excusa. Qué pena que Sisa esté en Libiak; me encantaría hacer un almuerzo al aire libre para todos los chic…

¡Pero claro! ¡Podría organizar un almuerzo algunos días antes de Navidad!

¡Ah, sí! Y de paso debo ir pensando en preguntarle a Alen si tiene traje para llevar a Sisa al baile de su escuela, porque esa noche debe ser muy especial. Aunque sería mejor uno de estreno, ¿tendría que preguntarle a Sisa el color de su vestido? Así podría buscar un traje que combine perfectamente.

Les tomaré muchísimas fotos y mandaré encuadrar la más bonita. Mi hijo está poniéndose muy guapo con los años, y siempre que lo veo junto a Sisa es inevitable que me emocione. ¡Ella es tan bonita! Con el cabello marrón y esos ojitos tan llamativos.

Giré la vista de casualidad y me encontré con mi reflejo en el espejo del pasadizo. Hablando de cabello: tal vez ya sea hora de un corte para mí. Las puntas están perdiendo su…

Hmp…

El sonido extraño que me alertó. ¿Qué había sido eso?

Giré, y me dirigí rápidamente a la última puerta del pasadizo.

¿Naina? — Abrí la puerta—. Mi amor, ¿qué pasa?

Encendí las luces y me acerqué con prontitud.

No…

Mi nena estaba ahí, sentada sobre la cama y llorando con sollozos insonoros. Se me partió el alma verla tan angustiada.

La tomé por los brazos y la senté sobre mi regazo:

Mi vida, ¿qué sucede? ¿Un mal sueño? — La acuné sobre mi pecho, pero no obtuve respuesta alguna—. Naina, mi amor, ¿qué pasa?

Apretó los labios y negó con la cabeza fuertemente.

Naina, Naina, mi vida; no voy a entender si no me explicas — pedí afligida. Dios, ¿por qué tiene que suceder esto? Si tan solo hubiera alguna manera de que saber qué cosa la pone tan triste. No es la primera vez que se despierta llorando, pero ya hace meses que no sucedía —. Naina, ¡Naina!

Traté de controlar mis emociones porque solo empeoraría las cosas, tal y como el doctor ya nos había dicho. Me apreté los ojos, tratando de reprimir las lágrimas, y después la tomé por las mejillas.

Mi vida, ayúdame a entenderte, por favor. — Como no me respondió y las lágrimas cayeron con más ímpetu, opté por sacar los crayones que Alen había sugerido tuviéramos en el cajoncito del velador de al lado, y también una de las hojas de colores del block de notas que teníamos en el cajón de abajo. Puse los implementos en sus manos, y le acaricié la cabecita—. Mi amor, intenta decirle a mamá qué cosa te pone tan triste.

Se limpió los ojitos con esmero y tomó una de las crayolas. Aguardé impaciente, y segundos después me encontré con un mensaje en letras enormes:

 

QUIERO HA ALY

 

¿A tu hermano?— asintió fuertemente. La observé, desalentada—. Amor, son casi las dos de la mañana: no hay manera de pedirle que venga.

Tomó los crayones y escribió con algo de dificultad.

 

QUE NO SE VAYA

 

¿Irse? Tu hermano no va a irse a ningún lado, mi amor — le expliqué, pero solo conseguí que el ataque de llanto se renovara: ¿sería por sus planes de mudarse a Libiak en caso de que Sisa ingresara a Gaib Art? Dios, ¿cómo puedo comprenderla?—. Naina, mi vida, por favor: no me hagas esto.

La abracé con fuerza cuando la sentí llorar desesperada. Tiró los crayones y empezó a patalear: ¡Dios, no! ¡Me siento como la peor madre del mundo! No puedo aliviar el malestar de mi hija; tampoco pude estar ahí cuando más me necesitaba y por eso había perdido la voz.

¿Qué estamos haciendo mal?

Naina, Naina, no… — supliqué arrullándola. Se aferró con fuerza a mi cuello, y para mi sorpresa los sollozos empezaron a hacerse sonoros. Me sorprendió un poco porque ella no solía usar la voz más que cuando se reía: era un avance, pero aun así oírla llorar era terrible—. Naina, no llores así. Mami no sabe qué hacer.

La tomé en brazos, angustiada, y la llevé conmigo a mi habitación. Tomé mi celular y marqué el número.

Una timbrada, dos, tres, cuatro: buzón de voz.

Hija, es muy tarde. Tu hermano debe estar descansando para su examen de mañana. — Negó con la cabeza, con fuerza, y el llanto se hizo muchísimo más desesperado—. Naina, ¡Naina! ¿Qué pasa, mi amor?

Me senté con ella sobre la cama, pero no pude detenerla. El ataque siguió hasta que sugerí ir a buscarlo al departamento que compartía con Tarek.

Me miró fijamente y los sollozos se detuvieron.

¿Quieres eso? — Asintió con ímpetu. Santo Dios, son las dos de la madrugada; supongo que puedo sacar el auto y conducir hasta allá.

Alen sabrá comprender que era un asunto de urgencia; estoy más que segura.

Iré a traer tu abriguito y nos vamos, ¿sí? —  Aceptó y corrió a ponerse los zapatos. Pasé a su habitación, hablando en voz alta para que no se sintiera sola. Abrí el clóset, saqué el abrigo marrón, un par de guantes y el gorrito de lana. Sé que está mal el ser tan condescendientes con ella, pero no hay otro modo de detener los ataques de llanto en su condición.

Retorné, repitiendo que despertaríamos a Alen, y podría rendir su examen sumamente cansado a ver si así la hacía desistir, pero cuando volví solté un grito, aterrada.

Solté la muda de ropa y me cubrí la boca con las manos.

Había… ¡había un hombre alto, de barba y piel oscura parado junto a la cama, tocando la frente de mi hija y con un destello violeta saliendo de su mano!

Tranquila, él estará bien— oí que le decía—. Tal vez va a dormir un poco, pero en algún momento despertará.

¡AUXIL…! — traté de decir, pero no pude continuar porque las cuerdas vocales se me cerraron con fuerza.

¡Dios, ¿qué es esto?!

Retrocedí cuando volteó a mirarme, y casi me da un infarto cuando apareció muy cerca de mí, sin necesidad de haberse movido en lo absoluto. Sus ojos me observaron con tanta fuerza que creí iba a asesinarme. Eran de un violeta inexplicablemente brillante.

Mujer, no grites tanto — dijo con voz profunda. ¡¿Qué está pasando?! ¡Quién es este sujeto! —. Solo vine a calmar a la niña; no hay manera de que lo encuentren. Es mejor empezar a olvidarlo.

¿Qué…?

Su mano se posó sobre mi cabeza; sentí que los ojos se me escaparían de las cuencas. ¡Va a matarme! ¡VA A MATARM…!

Gracias por ser tan buena madre — me dijo. Por un momento sentí como si agua tibia se deslizara sobre mí, sin mojarme, y relajándome al completo. Lo observé, sin comprender nada —. No sabes todo lo humanamente feliz que fue al lado de tu familia. El hombre, tu esposo, y la niña, tu hija, le han brindado los mejores recuerdos.

¿Los mejores recuerdos?

No sufran por él. Eso solo lo pondría más triste.

¿Qué…?

¡AH!

Abrí los ojos con violencia; el cuerpo me tembló con brusquedad. Observé alrededor, y me encontré a mí misma sentada en la sala, con el libro que Lola me había obsequiado sobre el piso.

¿Qué…? ¿Qué pasó?

Tu-tuve un sueño y en él…había un hombre de piel aceitun…

¿Cómo…? — Me sentía atontada, aletargada. Como si me hubiera recuperado de un prolongado desmayo.

Me puse de pie confundida: ¿qué había estado soñando? Mmm, creo que en realidad nada.

Volteé a ver el reloj: eran las dos y media de la madrugada. ¡¿Cómo he podido quedarme dormida aquí?! Más tarde voy a tener un serio dolor muscular en el cuello.

Sí, tal vez estoy así porque quedarme en casa, solo con Naina, hace que todo se sienta extremadamente vacío.

Apagué todas las luces del primer piso y crucé el pasillo. Me encontré con mi reflejo en el espejo y con la fotografía de nuestra familia sobre la mesa del recibidor. Lo tomé y por si las dudas pasé a la habitación de Naina a verificar que estuviera bien.

Yo también ya debería irme a la cama — susurré cuando la encontré profundamente dormida.

Dejé el cuadro en el lugar anterior; no pude evitar enfocarme en el chico de cabello desordenado y ojos miel.

¿El chico?

Es mi hijo: Alen. ¿Por qué he dicho “el chico”?

Qué extraño.

 

 

»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«

 

Amber

 

Observé por los ventanales que conducían al balcón. Hoy está haciendo muchísimo más frío que de costumbre y una horrible sensación de vacío se siente alrededor.

¿Cuánto ha pasado? ¿Treinta y un horas?

Sí, han sido treinta y un horas. Treinta y un horas que Samin lleva sentado ahí, frente al muro repleto de gozos y martirios; con los ojos cerrados y en completo silencio.

Noté que su cuerpo empezó a caer de costado. Aparecí junto a él y lo sostuve; le di de beber algo de agua sin despertarlo, tal y como me había pedido que hiciera antes de entrar en trance, y después volví a mi sitio sobre el sofá.

¡AH! — reaccionó.

Me puse de pie, completamente alterada, cuando abrió los ojos con violencia y el violeta brillante fulguró.

¡Samin! — exclamé y me acerqué rápidamente. Traté de sostener su cuerpo porque lo vi algo tambaleante al ponerse de pie, pero me empujó a un lado.

¡No me toques, demonio! — me espetó airado.

¿Qué…?

Sentí como si me hubiera abofeteado.

Traté de tomar con ligereza el asunto, pero los ojos me picaron. El gesto era más propio del ángel que había conocido hace muchísimo tiempo, que del calehim con el que ahora convivía.

Gremory. — Los ojos violeta le fulguraron y después recobraron poco a poco el verde habitual. Parpadeó, como reaccionando, y me observó ligeramente sorprendido—: Amber, ¡Amber, lo siento muchísimo!

Retrocedí, tratando de pensar en otra cosa porque el tono rudo me había afectado demasiado.

Termine hace poco el último martirio… Vi algunas escenas de mi existencia original y creo que mezclé imágenes. No…no quise ser grosero.

Me pasé las manos por el rostro con rapidez, antes de que algo tan ridículo como lágrimas aparecieran en él.

No — me pidió apenado—. No llor...

¡NO ESTOY LLORANDO! — grité enfurecida y le di la espalda.

Por un segundo tuve en frente de mí al Nanael que conocí en un principio: a ese ángel inalcanzable, único entre los suyos y con un aborrecimiento completo hacia los míos.

¿Mezclando imágenes? ¿Y eso qué significaba? ¿Que si en algún momento él recuperaba todos los recuerdos de su existencia original iba volver a despreciarme?

«Dijiste que serías su sombra, que no te importaría nada».

Es tan extraño cómo una puede ser tan incoherente consigo misma.

Iba a dejarlo solo, pero me tomó por la muñeca y me jaló hasta él. Elevé la mirada, asombrada, solo para que el abrazo que tanto esperaba se quedara en un simple choque de miradas.

Puso una mano sobre mi cabeza y me sonrió:

Has cuidado de mi cuerpo con mucho esmero. Me has proporcionado toda el agua necesaria para mantener mi energía al máximo y concluir con el Himno de división.

Siempre…siempre cumplo al pie de la letra mis tareas — respondí, aún algo sentida por lo anterior.

Y yo siempre estaré muy agradecido contigo por eso. — Y me sonrió. Me sentí como una estúpida porque bastó ese gesto para que me olvidara por completo de lo anterior.

Fui a la cocina por las verduras que tenía preparadas para él desde hace unas horas. Las puse en una fuente y retorné, tratando de sonar algo indiferente.

Samin sabe que nunca voy a enfadarme realmente con él, pero sería algo gratificante verlo intentar obtener mi perdón.

¿Entonces ya terminaste el Himno al completo? — pregunté como quien no quiere la cosa. Él asintió, pero antes de que me dijera algo más noté que se puso serio—. ¿Samin? — Frunció la frente y el gesto hosco en su mirada reapareció.

Por todas las creaciones, no me digan que ha vuelto a sentirse como Nanae…

¿Tan pronto? — murmuró. Lo miré, sin comprender:

¿Samin? — Quise preguntarle qué sucedía, pero al instante invocó una barrera en forma de burbuja y me encerró en ella—. ¡Samin!

Si estás muy cerca podría afectarte.

Se arrancó la manga del brazo derecho de un tirón y después se plantó frente al muro con todos los gozos y martirios que conformaban el Himno de división mientras susurraba varios cánticos.

¡¿Qué?! — ¡¿Iba a hacerlo ahora?! ¡Pero si acababa de terminarlo!—. ¡Samin, tienes que descansar!

No puedo hacerlo; Berith ya lo tiene consigo. — Abrí los ojos pasmada. Lo vi plantando la palma de su mano sobre el centro del mural, completamente decidido, y todas las letras empezaron a despegarse de la superficie para trepar por sus dedos hasta formar un tatuaje enormemente elaborado en toda la extensión de su brazo derecho—. No debo recordarte tu parte en el plan, ¿verdad, Amber?

Las inscripciones parecían marcarse como hierro caliente sobre su piel

¡Claro que no! — respondí más preocupada por su gesto de dolor que por otra cosa—. Samin, tal vez deberías descansar un poc…

Repíteme exactamente qué debes hacer.

Samin, ya te dije que…

¡Repítelo, Amber! — ¡¿Por qué siempre es tan terco?!

Puse los ojos en blanco y asentí:

Mantener a cualquiera alejado de ti. Nadie más que tú puede estar en el perímetro.

¿Qué más?

Vea lo que vea, escuche lo que escuche: no voy a desconfiar de ti. Así la pequeña Cachorra o Seir me lo supliquen, no alteraré ninguna parte del proceso. Mantendré al pie de la letra todas las indicaciones del plan.

No vas a desconfiar, júramelo.

Samin, sabes que eso…

¡Júramelo, Amber! — bramó demandante.

¡MALDITA SEA, TE LO JURO! — estallé.

Volteó a observarme, me sonrió y después asintió:

Listo; y ahora…— Apretó los dientes antes la última inscripción grabándose en su brazo y después suspiró. La burbuja se desvaneció; me acerqué rápidamente a verificar su estado.

Cielos, se ve horrible: las venas están tan hinchadas que parece quisieran explotar.

Tranquila, ya va a pasar.

Samin…

Y ahora vámonos. — Asentí.

Sentí un horrible frío en el pecho.

El momento había llegado.

 

 

»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«

 

Alen

 

¡PAM!

¡Ah!

Caí directamente sobre algo que parecía ser mármol. Elevé la mirada, aturdido, y me encontré en un enorme salón circular que no supe identificar. Estaba repleta de vitrales en puntos tan elevados que solo podía ver algunos de ellos. Había algunas líneas esculpidas en el piso: parecían ser antiguos escritos en lengua Delnial.

Observé la palma de mi mano marcada con sangre y en ese momento distinguí una mancha borrosa corriendo en círculos por toda la extensión del salón: era Berith.

Me costó trabajo seguir sus movimientos. A medida que lo veía cruzar, más inscripciones escritas en rojo escarlata aparecían en las paredes y en el suelo. Había nueve símbolos equidistantes en toda la pared circular, a gran escala.

¿Qué es eso? ¿No es uno de los emblemas de Voso?

¡Berith! — grité: mi voz resonó con eco por todo el salón—. ¡Berith, ¿por qué está inscrito aquí uno de los símbolos de Voso?! — Había pedido recuperar mi nombre, pero esa inscripción era una de transformación —. ¡BERITH! ¡Berith, no tengo tiemp…!

Estás al tanto de que ni bien estrechaste mi mano, el contrato se firmó ¿verdad, Forgeso? — Se detuvo abruptamente. Lo miré, sin comprender por qué sonaba tan emocionado: los ojos le brillaban; me sentí como una especie de presa a punto de ser devorada—. No hay marcha atrás.

Berith, prometiste devolverme mi nombre sin pedirme nada a cambio — repliqué con seriedad—, pero los emblemas que estoy viendo inscritos no tienen nada que…

Tranquilo, Forgeso. Déjalo en mis manos.

Se inclinó, dispuesto a continuar, y en ese momento noté algo particular.

Los músculos están empezando a dejar de responderme: primero las piernas, ahora las manos… todo el cuerpo se me está poniendo helado y sumamente tieso.

Hay alguna especie de martirio de inmovilidad alrededor.

No puedo moverme — declaré, tratando de permanecer tranquilo.

Es parte del proceso; ¿para qué querrías moverte? — El tono burlón me puso en alerta: los ojos rojos y la sonrisa en su rostro me inquietaron—. No hay manera de acelerar los preparativos, así que charlemos un poco. Dime, Forgeso, ¿qué sabes de la Rebelión de los 500 caídos?

¿Qué? ¿Y ahora por qué me preguntaba eso tan repentinamente?

Berith, ¿de qué rayos estás hablan…?

El Todo fue muy benevolente al crearnos con muchas facultades útiles, pero olvidó darnos la primordial; es evidente que sabes de lo que hablo. — Ignoró el gesto confundido de mi rostro y elevó los ojos con dramatismo, como recordando algo sumamente catastrófico—. ¡Pobres de nosotros! ¡Tan prodigiosos, tan hermosos…! ¿Y creados para qué? Para envidiar a los humanos.

¡Berith, acepté tu maldito trato porque necesito salvar al hermano y al abuelo de Sisa! — exclamé impaciente. ¡Si no se apresuraba Azrael llegaría y se llevaría las almas para reinsertarlas a sus nuevas vidas!—. ¡BERITH! — grité al no verme escuchado.

Nosotros no poseemos el poder de reproducción que poseen los humanos. Dime, ¿te parece algo sensato? Esos seres se encargan de destruirse los unos a los otros, de destruirse a sí mismos, ¡de destruir su propio hábitat! Y por cosas absurdas a las que ellos mismos les han otorgado valor: dinero, ideologías absurdas, relig…

¡BERITH, Y UN CARAJO! — bramé perdiendo los estribos—. ¡TE ESTOY DICIENDO QUE…!

¡PAM!

Me encogí con fuerza cuando su rodilla impactó contra mi abdomen. No podía mover los músculos, pero el golpe y el dolor provocaron que mi cuerpo reaccionara. Tosí, buscando capturar algo de aire, y después me quedé ahí, tratando de recuperarme de la agresión.

¡Tenía ganas de hacer eso desde hace tanto tiempo…! Siempre tan arrogante, ¡tan prepotente! Cuando no eres más que el juguete de nuestra Madre e Hija. — ¿Qué? Elevé la mirada con dificultad; lo encontré caminando sumamente tranquilo, observando los vitrales, lleno de fascinación—. Retomemos nuestra charla; dime, ¡cómo esa especie tan primitiva ¿podía gozar de un poder de permanencia que no merecen?! Pasaron eras en las que muchos nos hicimos aquel cuestionamiento, y si bien el Todo nos creó, nosotros podríamos perfeccionarnos: los humanos lo llaman “evolución”. No te daré todos los detalles porque ya los verás por ti mismo más adelante, y porque nuestros invitados llegarán dentro de poco y no tenemos tiempo.

¿Invitados? — Un ligero temblor me atacó —. Berith, no entiendo absolutamente nada. ¿Por qué demonios estás contándome esto?

El tiempo era sumamente importante, ¡y el idiota no dejaba de hablar de un asunto que no me importaba en lo más mínimo!

Estuvimos más unidos que nunca cuando nació. Un grupo de ángeles y demonios, dejando de verse como antagonistas para proteger un punto en común: nuestra perfección, aquella que sería nuestra hija y permitiría la perpetuación de la especie. No una copia del Todo porque ella era única, y era nuestra. No era lejana, no era un agente externo. Era madre e hija a la vez y nos pertenecía: ¿a qué te suena eso, Forgeso?

¡NO ME SUENA A NADA! — exploté. ¡Joan y Alcides me necesitaban! —. ¡BERITH!

No obtuve respuesta; un par de cadenas aparecieron en el piso: los grilletes se cerraron entorno a mis muñecas y tobillos con fuerza.

¿Así de fácil fue atraparlo? — Voso, su cabello rojizo y las manchas de leopardo en su piel aparecieron delante de mí. Entrecerré la mirada, sin comprender.

¿Atraparme? ¿Pero qué...?

Les dije que asociar las imágenes de Nanael con lo del suicidio funcionaría. Él siempre va a intentar protegerla, así sea de los males cotidianos para la humanidad — dijo otro. Volteé la mirada solo para encontrarme con un par de ojos completamente blancos, sin pupila ni iris alguno, escudriñándome —. Mi nombre es Andrax, y soy el encargado de la discordia. Es un placer conocer al portador de la Pureza excelsa, así sea en su versión más inmunda: casi desertor.

La especialidad de Voso es la de la Transformación, y ahora este demonio es el encargado de la Discordia. ¿Qué significa todo esto?

No me dio tiempo para analizar nada más, porque en ese momento aparecieron cinco individuos más, rodeándome.

Uno, dos, tres…

No…

Ocho demonios, contando a Berith: ¿qué está pasando aquí? ¿Por qué hay tantos duques, marqueses y presidentes demonios rodeándome como si quisieran algo en particular de mí?

¡Berith, ¿qué es todo esto?! — exigí nuevamente, pero las cadenas tiraron con fuerza y me obligaron a caer boca abajo —: ¡BERITH!

Relájate, Alen. —  Elevé la mirada: me encontré con un sujeto de largo cabello blanco y ojos claros—. Creo que no me conoces, déjame presentarte mis respetos: mi nombre es Naberius, y estoy complacido de restablecer la dignidad de tu naturaleza original, para que así tú colabores con la liberación de nuestra Madre e Hija.

¿Qué? ¿Madre e Hija? ¿Colaborar con la liberación? ¿De qué están hablando?

¡Berith! ¡BERITH!

Intenté protestar, pero las cuerdas vocales se me tensaron ante el grito que salió de mi pecho. Sentía como si miles de agujas me traspasaran, una muchísimo peor que la anterior; por un momento la visión se me tornó borrosa.

Cuando el dolor disminuyó, me encontré a mí mismo boca abajo, respirando con dificultad y sintiendo que los ojos me ardían como nunca.

¿Qué…? ¿Qué está pasando?

No grites, Forgeso. Estás en el Recinto de los Ahogados: son muy pocos los que saben de él e ingresan, así que siéntete halagado y sé más respetuoso.

Be…Berith, ¿qu-qué es todo esto? — Algunas inscripciones dejaron el piso y empezaron a tatuarse en la piel de mis brazos. Voso y el tal Naberius se ubicaron en puntos clave y empezaron a murmurar martirios tan veloces que sonaban a silbidos.

Traté de mantener mi atención enfocada en ellos, pero no pude evitar que se me escapara otro grito. ¡¿Qué está pasando?! ¡¿Por qué duele tanto?!

El Recinto de los Ahogados es utilizado para rituales importantes: tiene la ventaja de absorber energía, Forgeso. — Es Berith, ¿verdad? El que habla es Berith—.  Quebrar tu Sello de olvido implica el empleo de una fuerte cantidad de martirios: si lo hacemos en otro lado podríamos provocar alguna catástrofe, y los humanos no están para terremotos o maremotos no anunciados.

¿Estás diciéndome…que es necesario…que todos “ellos” colaboren con el rito? — Traté de vocalizar lo mejor que pude porque algo estaba impidiéndome respirar. Había aceptado el trato sin paga que me había ofrecido Berith; pero emplear a otros siete demonios más implicaba siete pagos más, y yo no había aceptado semejante propuesta—. ¡Berith…! ¡Berith, en ningún momento acepté la ayuda de…los otros!

Forgeso, yo solo no podré quebrar tu sello. — Se está riendo, se está riendo: ¿en qué me he metido? —. Soy poderoso, lo sé, pero sería una barbaridad pensar que podría hacerlo solo. Además, yo solamente ofrecí quebrar tu sello…nunca dije que lo haría sin compañía.

No…

La respiración se me disparó con violencia; sentí mi propio corazón golpeteando, asustado, en mi pecho.

¿Ya casi listo? — Reconocí la voz de Nhyna por detrás. Y no fue hasta que se posicionó delante de mí, de cuclillas, que todo cobró sentido.

¿Qué…?

¿Pero qué…?— murmuré con los ojos abiertos de par en par.

¿Qué tal, Forgeso? — Su sonrisa me alteró por completo—. Escuché tu encantadora voz a un par de kilómetros: dime, ¿duele mucho el recordar?

Ahí, en frente, no tenía a Nhyna.

Tenía a Sisa, de blanco y mirada aburrida. No pasó mucho para que retomara su figura usual; con el cabello plateado y los ojos celestes.

Recordé bruscamente la vez que me llevó hasta la morada que compartía con Berith. Cuando caímos a la enorme piscina humeante.

»— ¡¿Qué mierda pasa contigo?! ¡Me veo exactamente igual a la asquerosa humana!

Es verdad, ella podía adoptar su figura sin ninguna dificultad.

No…no puede ser…

Los humanos son muy simples — me dijo burlonamente—. Ven algo y al instante creen lo que sus ojos distinguen.

La voz de Joan me golpeó con rudeza:

»— La vi…ambos la vimos…Si-Sisa estaba aquí, casi…la arrollamos. De blanco…estaba de blanco.

No… ¡NO!

¡FUISTE TÚ! — bramé enfurecido.

¡Había sido ella! ¡Había aparecido así, en la carretera, y entonces Joan y Alcides…!

¡¿CÓMO PUDISTE…?!

No fue mi culpa. — Traté de ponerme de pie pero las estúpidas cadenas me inmovilizaron con más fuerza y me obligaron a permanecer boca abajo—. Yo solo estaba jugando: aparecí en frente, y ellos juraron que era la niña estúpida. No es mi problema que los humanos solo vean con los ojos, Forgeso.

Distinguí uno de los martirios que se grababa en mi brazo: ¿locura? ¡¿Qué es esto?!

¡BERITH!

Tu turno, Esquiz — oí a Voso; otro sujeto se posicionó delante. Traté de ubicarlo, pero un dolor intenso me traspasó la nuca. Solté un grito tan fuerte que me quedé sin respiración por unos segundos.

¿Qué es todo esto? Tarek tenía razón… ¿por qué creí que Berith podría ser de ayuda?

Sisa...

Su abuelo…su hermano…tengo que salvarlos. ¡No puedo dejarla sola!

Be-Berith — alcancé a decir. ¿En qué momento empecé a temblar tan bruscamente? Mi cuerpo se sentía como anestesiado—, esto…esto no tiene nada que ver con mi se…sello de olvido.

¿Que no tiene nada que ver? — Las cadenas se destensaron. Sentí un ligero alivio en las muñecas y los tobillos, pero duró poco porque algo tiró de mí con fuerza hasta ponerme de pie y dejarme con los brazos y las piernas extendidas —. Forgeso, esto tiene absolutamente todo que ver. Naberius, ¿cuánto falta?

Traté de escapar, pero los músculos dejaron de responderme.

Empezará a recordar en este momento; pero sería bueno ir dándole un panorama general.

Retomando la Rebelión de los 500 caídos; Forgeso, uno de los tuyos, de los más sabios, a decir verdad, tuvo una idea magistral: si habíamos sido creados al mismo tiempo, tal vez fusionándonos podríamos alcanzar cierta perfección. Inclusive tal vez llegar a la altura del Todo.

Apreté los dientes ante el dolor intenso en el cráneo. Lo veo…sí, fue Crocell: perteneciente a la jerarquía de las Potestades, muy sabio, repleto de conocimientos para descubrir y describir la complejidad de las creaciones del Todo, pero demasiado ambicioso. No estuve presente, pero se me fue informado absolutamente de toda la situación después de que Nanael y yo despertáramos: hubo desapariciones que fueron promovidas por él. Se dice que raptaban ángeles y demonios para experimentar, buscando el prototipo adecuado para la fusión.

Crocell fue condenado a vivir con forma humana, encerrado en el más profundo de los abismos por sus acciones. Sus manos estaban obligadas a arrancar sus ojos, sufrir la dolorosa agonía hasta fallecer, y revivir en su estado inicial solo para volver a arrancárselos. Muerte y vida, muerte y vida, así sucesivamente por el resto de los tiempos.

Su momento está muy cerca: salvaremos al ideólogo de toda la maravillosa creación del ser perfecto — dijo Andrax—. Crocell será rescatado, y cada uno de los culpables de su encierro pagará por todo su sufrimiento.

Crocell estaba en lo cierto, ¡por completo! Ángel y demonio en un mismo ser era el ente más perfecto de todas las creaciones jamás vistas — agregó el otro, Naberius. Solté otro grito porque sentí como si los huesos de los brazos se me partieran con fuerza—. Y finalmente se logró llegar a hacerlo, ¡después de tantas pruebas fallidas…! Nuestra Madre e Hija era la belleza misma, ¡la vida misma! ¡Se tenía todo a favor para ejercer el control total sobre todas las criaturas del universo! ¡Sobre el Todo mismo!

Su exaltación me provocó arcadas. Sonaba completamente desquiciado, casi extasiado, por algo que era completamente catastrófico.

Ya empieza— oí a Voso, y millares de imágenes empezaron a cruzar por mi mente. La información volvía demasiado de prisa; la cabeza me estallaría.

 

El Todo, demostrando una vez más su magnificencia,

los hizo brotar de un suspiro para así contribuir con el equilibrio.

 

Nanael, mi hermano de nacimiento… Ambos creados de un suspiro; ambos dormidos, esperando despertar del largo sueño que duró eras, solo para llevar a cabo una única misión.

Forgeso — alcancé a oír—, ¿por qué crees que Albania Formerio requería de dos custodios tan especiales? — ¿De qué habla? —. ¿Por qué le darían a una humana al ángel más puro y al más severo, como custodios?

La veo; claro que la veo…

El bebé que acogieron en la casa de los Formerio, la niña que correteaba por los jardines riendo; la chica que me pidió darle su primer beso.

Debíamos vigilarla — susurré consternado.

Albania…Albania requería de dos custodios que la vigilaran.

Así es — dijo Berith—. Porque Albania…

Albania…

…no era humana — completé pasmado. Lo recordaba, ¡claro que lo recordaba!

Albania era el resultado letal de aquella rebelión que incluyó en sus filas a miles de ángeles y demonios con deseos de dominación.

La idea de Crocell había dado resultado: Albania mitad ángel, mitad demonio; Albania amenazando la armonía de todos los universos.

Madre e Hija a la vez, ese era el título con el que se le conocía. Era peligrosa…muy peligrosa.

Todo empezaba a encajar; yo mismo empezaba a comprender las cosas.

¿Y sabes qué es lo más interesante de todo esto? — me preguntó Andrax. Sus ojos completamente blancos me aterraron—. El Todo, siempre mostrando su magnificencia, los creó a ustedes mucho antes de que la rebelión fuera planeada. Nanael y tú nacieron dormidos y solo despertarían cuando nuestra Madre e Hija lo hiciera. Solo los altos mandos, aquellos que pueden ver el futuro, pero no comunicarlo, sabían exactamente para qué serían empleados. Ustedes serían los guardianes de aquello que los míos y los tuyos, rebeldes claro, crearon. No estuve cuando abrió los ojos por primera vez, ¡pero dicen que era la belleza misma! Nuestra Madre e Hija: nosotros la creamos, ¡pero a su vez ella crearía a más sujetos perfectos!

Albania en un principio no tenía nombre. Era conocida como “la Original”; y cuando las batallas iniciaron, la única manera que se encontró para evitar futuros desastres fue enclaustrar toda su naturaleza destructora.

La encerraron, la confinaron…

La obligaron a vivir como…

Humano — añadió alguien: Andrax, Berith, Voso, ya no sé —. Nuestra Madre, nuestra Hija, ¡tratada como un burdo ser! Siendo obligada a vivir encerrada en un insignificante cuerpo humano. Pero su magnificencia era absoluta: era hermosa, perfecta como su naturaleza misma lo dictaba, e inmune a cualquier mal absurdamente humano.

Albania…Albania no podía morir. Solo lo haría al llegar a los 99 años; para de ahí reencarnar y así sucesivamente en todas sus próximas vidas. Hasta que su esencia destructora menguara.

Se guardaba la esperanza de que, si vivía en el Mundo terrenal por incontables ocasiones, en algún momento su esencia se uniría por completo a su cuerpo humano y de su naturaleza original nada quedaría.

La cabeza estaba ardiéndome, las inscripciones en la piel empezaban a sangrar.

Empiezas a recordar: bien, es cierto, Albania no podía morir; toda su perfección la hacía inmune a enfermedades o accidentes. Podría haberse caído de la montaña más alta, y después reírse de ello. — Los ojos se me cerraron con fuerza cuando las entrañas empezaron a quemarme; Berith continuó—: Solo había tres maneras de que falleciera: de muerte natural a la edad acordada, si optaba por el suicidio…o si sus custodios creían conveniente deshacerse de ella.

 

 

En sus manos queda la tarea

de velar por la armonía de todos los universos.

 

Solo nosotros podíamos destruirla. Solo Nanael y yo teníamos el poder para llevar a cabo el Rito de Expiración: el primer ataque destruiría el cuerpo…y el segundo se encargaría de la esencia original.

Yo…yo era el encargado de la materia humana, y Nanael del alma. Por eso ambos fuimos creados juntos, porque uno dependía del otro para destruirla por completo.

Ya debes saber qué es lo que necesitamos en este momento, Forgeso. — Me encogí bruscamente. El aire empezaba a ingresar con dificultad; el pecho me dolía tan solo al tratar de aspirar un poco—. Necesitamos deshacernos de la prisión deshonrosa que significa su cuerpo humano, para así obtener la esencia pura de nuestra Madre e Hija. — ¿Qué está diciendo? —. En pocas palabras, necesitamos de TU ayuda.

¿Qué? ¿Acaso está loco?

¿Has…? ¡¿Has perdido la cabeza?! — Sentí que no podía cerrar los párpados: los ojos empezaban a arderme—. ¡Jamás…! ¡Jamás lo haría! ¡Además Albania está muerta, imbécil! ¡No existe! ¡Se suicidó! ¡Lo recuerdo claramente!

Por el acantilado…la veo cayendo, gritando que no podía creerlo, que prefería morir. No recuerdo el porqué de su tristeza, pero sí la veo tiesa, muerta.

Es cierto; nuestra Madre e Hija cometió el error de querer acabar consigo misma. — Las inscripciones en la piel me traspasaron hasta los huesos: un dolor intenso me acribilló por toda la espalda. Ya ni siquiera sabía quién era el que estaba hablándome—. Albania se suicidó y hasta ahí pudo haber quedado, sino hubiese sido por tu rápida intervención: la resucitaste, ¡tal y como planeabas hacer hoy con el abuelo de la preciosa Sisa! La resignación no va contigo cuando se trata del ser al que tanto amas; y estamos muy agradecidos contigo por eso.

Sisa…

 

» Solo te voy a querer a ti, ¡siempre! ¡Todo lo que dure mi existencia en este mundo, y en todos los que vengan! Solo te voy a querer a ti, Alen. Solo a ti…solo a ti.

 

»…él es mi felicidad… pero tú, el aire que respiro…

 

¿Qué estoy viendo? Ondas marrones, risas musicales, miradas juguetonas. Escucho el cántico de un violín…de su violín.

No…

¡DESPIERTA! — bramaron. Los ojos se me abrieron con violencia, la vista se me nubló: casi pude sentir la A tatuándose en mi cuello.

Veo a una chica tocando el violín en medio de una habitación con doseles. El sonido me enamora, verla me hipnotiza.

Sisa…Sisa…

¿Crees que su historia de amor nació espontáneamente? — Me incliné con fuerza; tosí cuando algo por dentro empezó a ahogarme: abrí los ojos y me encontré con una mancha enorme de sangre sobre el piso.

Sisa…

¡DESPIERTA!

Albania…

Traté de huir, pero el cuerpo me pesó tanto que caí de rodillas. La piel del cuello me escoció: los ojos me fulguraron ante la siguiente letra.

Forgeso, te enamoraste de esa chica porque ya la habías amado en su existencia original; tanto en la de ella como en la tuya. Te enamoraste de Albania Formerio…

Todo este tiempo…

…y te volviste a enamorar de ella, pero encontrándola con otro nombre. — La veo…hermosa, sonriéndome, repitiendo que no iba a lastimarme—. La amaste como Albania Formerio…

No…

…y ahora la amas de nuevo como Sisa Daquel.

Los músculos se me tensaron: otro grito se escapó de mi pecho. La cabeza me giraba con fuerza, llena de demasiadas cosas como para ponerme analizarlas.

Sisa, Sisa. Albania…

Los ojos…

Los ojos preciosos que tanto amaba…

» No sucederá de nuevo, te lo juro.

Habían sido los causantes de mis primeras faltas.

 

 

»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«

 

Tarek

 

¡AUXILIO! ¡AYÚDENME! ¡POR FAVOR!

Lo vi corriendo de aquí para allá, gritando, completamente fuera de sí, como nunca lo había visto: loco, lleno de impotencia. Pero no había manera… Ya no había manera de salvar al hermano y al abuelo de Sisa.

Berith apareció; claramente vi el brillo anhelante de sus ojos.

¿Forgeso?

Devuélveme mi nombre — escuché y casi sentí la alegría desmesurada que Berith emanó.

¡NO, ALEN!  — grité. ¡Los demonios nunca hacían las cosas por nada! ¡Han sido vidas tratando de persuadirlo: era una trampa! —. ¡NO LO HAGAS!

Estupenda decisión. — Estrecharon las manos. La sangre de Berith trepó por la palma de Alen; el contrato a punto de ser firmado.

¡ALEN! ¡ALEN! — Y ambos desaparecieron. Me quedé ahí, como un idiota, gritando en medio de la nada.

¡¿Qué clase de trampa era esa?! ¡Debía hacer algo inmediatamente!

¡Maldita sea! ¡Ya! ¡Muévanse! — le grité a mis piernas. ¡Estúpidos protocolos sin sentido! ¡De qué me sirve tener tanto poder si no puedo ayudar a mi amigo! ¡Si no puedo mover un jodido auto para salvar a dos indefensos humanos! —. ¡NANAEL! ¡GREMORY!

Hethos…

Nadie…nadie apareció.

Sentí un hormigueo que inició en las puntas de mis manos y se extendió por todos mis miembros. Mis músculos se liberaron, así, de la nada: comprendí el horrible significado de ello.

Ya…ya está…

Ya nada me impide movilizarme porque ya no hay humanos al borde de la muerte a los que intentar salvar. En este momento ya no siento presencias vivas.

¿Por qué? ¿Por qué justamente ellos?

Traté de ubicar la presencia de Berith, de Alen, ¡pero no sentía absolutamente nada!

Cerré los ojos y me trasladé al departamento de Nanael, en Frantzon: luces apagadas, ni una presencia alrededor. ¡Maldita sea!

¡HETHOS! — grité apareciendo en la tienda de antigüedades; pero si en Frantzon las cosas parecían estar deshabitadas, aquí el panorama era mucho peor.

Aquí no se siente nada; la presencia del ángel que alguna vez moró aquí se ha ido. Nunca estuvo: Hethos se había ido del Mundo de los terrenales.

¿Y ahora qué hago yo? ¡¿QUÉ HAGO YO?!

Un vínculo…. ¡un vínculo fuerte! ¡Podría ubicarlo con la ayuda de un vínculo fuerte!

¿Tarek? — me susurró la princesa cuando aparecí en medio de la penumbra de la habitación, en Libiak.

Busqué alrededor y me la encontré observándome, preocupada; tal vez ya intuyendo algo.

Sisa…

¿Tarek? — Se reincorporó, observándome con algo de temor. La tomé por los hombros, me concentré y llegué a visualizar con algo de dificultad el grueso hilo, rojo brillante, de su muñeca—. ¡Tarek, ¿qué pasa?! — me preguntó alarmada.

Tienes que venir conmigo. Sujétate de mi cuello, por favor.  — Me incliné; para mí buena suerte se posicionó sobre mi espalda, sin muchas preguntas y se aferró a mi cuello —. No estoy lo suficientemente concentrado como para sostenerte; y con una mano todo resulta más difícil.

Tarek, ¿qué sucede? — exclamó la princesa, pero no pude decirle más.

Al instante desaparecimos.

¡Tarek! — insistió Sisa. El vínculo que compartía con Alen me trasladó a su vecindario, en Lirau. Corrí rápidamente, con ella sobre mi espalda, pero no sentí nada alrededor. ¡Mierda!

¡Otro lugar, rápidamente!

¡Tarek, habla!

Alen, ¡Alen intentó salvarlos, pero…! ¡Berith!

¿Q-qué…? ¡De…! ¡¿De qué estás hablando?! — Nos trasladamos a varios puntos; no lograba ubicar la posición exacta—. ¡Tarek, hazme el favor de ser más claro!

Alen acaba de aceptar el trato que Berith siempre le ha ofrecido.

¡¿Qué?! ¡Tarek, no entiendo absolutamente nada! — Otro lugar fallido. Izhi, nadie; el muelle, nadie—. ¡Tarek!

Sisa, hubo un accidente...— No pude continuar: no había manera de explicarle los detalles porque en este momento teníamos que encontrarlo.

Sentí sus músculos tensarse sobre mí; exigió que le diera más explicaciones, pero en ese momento distinguí un último lugar. Se sentía lejano, tal vez me costaría llegar a él, porque estaba en medio de dos universos paralelos.

Alen quiso recuperar su nombre original para salvarlos — resumí.

Sus dedos apretaron con fuerza mis hombros.

¿Qué…? ¿A quiénes?

No tengo el valor de decírselo.

 

»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«

 

Alen

 

Veía los rostros eufóricos de los nueve demonios que me rodeaban, pero ya no los escuchaba.

Observé mis manos con asombro porque era como verlas por primera vez; y después giré confundido, ante la voz que retumbó con la fuerza de millones de voces en mi cabeza.

 

El Todo, demostrando una vez más su magnificencia, los hizo brotar de un suspiro para así contribuir con el equilibrio. En el momento de su nacimiento, se nos fue revelado a las cabezas de la jerarquía de los Tronos parte de su misión: ángeles y demonios se rebelarían en contra del sistema adoptado y crearían un ser sumamente peligroso para todas las creaciones, capaz de quebrar todo equilibrio. Aceptamos devotamente las palabras de nuestro Creador, y prometimos custodiar su sueño hasta que se vieran obligados a abrir los ojos y vigilar aquello que amenazaría con la paz de todos los universos.

 

Ese momento ha llegado: la fusión de ángeles y demonios ha creado un ser indefinible, denominada la “original, la única, el ente”, para nosotros; y conocida por los hermanos rebeldes como “la Madre e Hija”. La única manera de combatir tamaña creatura ha sido destruyendo a parte de sus protectores y encerrándolo en el cuerpo de una de las especies denominadas Hijos de la magnificencia. En el cuerpo de un humano, el ser mitad ángel mitad demonio será más vulnerable, y sus capacidades originales se verán disminuidas. Vivirá sus vidas cíclicamente, como cualquier otro, y a medida que pasen las eras esperamos que su naturaleza destructora merme.

 

Solo hay tres maneras para que fallezca: si opta por sí misma encontrarse con la muerte; si la muerte natural, solo a la edad perfecta de 99 años, viene por ella para así pasar a una nueva vida en un nuevo cuerpo; o si ustedes creen necesaria su destrucción absoluta. El Todo los creó anticipando la naturaleza del nuevo ser y les entregó el poder para eliminarlo, pero también para elegir hacerlo o no. El portador de la pureza excelsa lanzará el primer ataque para deshacerse de la prisión, e inmediatamente el custodio de la severidad y el castigo lanzará el suyo para la eliminación de la esencia original.

 

En sus manos queda la tarea de velar por la armonía de todos los universos. El Todo los creó visionando el panorama futuro, así que confiamos plenamente en su sabiduría infinita.

 

Mi misión... esa era mi misión.

Los nueve demonios siguen susurrando cánticos extraños. Trato de ponerme de pie, pero todo se siente extremadamente lento.

Nanael y yo teníamos la tarea de vigilarla. Se creía que la original era un ente lleno de destrucción y caos; que toda su naturaleza era sinónimo de calamidad.

» ¡Qué contenta estoy! Te siento, puedo abrazarte y tocar tu cabello: ¡es muy suave! Y también puedo darte miles de besos.

No era así.

Yo vi crecer a esa niña. Era caprichosa, sí, egoísta hasta decir basta también. Sabía que era hermosa, sabía del efecto que producía en los demás, y aunque estuvo mal que yo terminara amándola…

…no me arrepiento.

» No le temas al par absoluto. No va a llegar, Alen. Jamás llegará.

Sisa Daquel, Albania Formerio.

Todo este tiempo la tuve al lado. En esta, mi novena vida, me he enamorado como un demente nuevamente de esa chica. Le he entregado cada parte de mí mismo y le he ofrecido mi corazón prácticamente en bandeja de plata, sin importar si en algún momento decide aniquilarlo.

» …él es mi felicidad, pero tú, el aire que respiro…

Nanael repetía que solo un idiota podría seguir detrás de alguien que solo piensa en sí misma, porque yo había visto su parte más egoísta y seguía enamorado de ella, aun sabiendo que me lastimaría. Pero ahora he visto su parte más bondadosa, y si antes la amé como un desquiciado y me tildaron de idiota, probablemente ahora el asunto era increíblemente más patético porque sé lo mucho que me ha dañado…

…pero ya no me importa.

No me importa.

 Te quiero, Alen…te quiero.

Yo no soy Albania.

 

Es otra, es muchísimo mejor que antes y la amo…la amo por sobre todas las cosas. Albania me lastimó, pero ahora ella era Sisa Daquel y yo solo era Alen Forgeso. Así éramos felices y todo lo demás era completamente historia pasada.

Sentí los dedos de alguien tomarme por el mentón. Elevé la mirada solo para encontrarme con los ojos celestes de Nhyna.

¿Estás bien? — me preguntó moviendo los labios. Si tuviera la fuerza necesaria me reiría.

¿Qué clase de pregunta era esa? ¿Primero me lastima y ahora trata de verse preocupada?

Su-suél…tame — pido, tratando de vocalizar, porque por algún extraño motivo mi mente sigue trabajando, pero los músculos de todo mi cuerpo se niegan a seguir alguna orden.

¿Ya reaccionaste? — me pregunta Berith—. Ya casi acabamos, Forgeso. Y si te portas bien, tal vez tengas el honor de ver a nuestra Madre e Hija en su faceta más pura. En cuanto te deshagas de la prisión en la que vive cautiva, todos nuestros planes marcharán como debieron ir en un principio.

¿Qué? ¿Deshacerme de la prisión?

¿Ha-hablas de…a-asesinar…la?

Evidentemente.

¿Qué…? No, ¡jamás! Así era perfecta: humana. Sin saber nada de lo que había tras su existencia original; sin reconocer la esencia que guardaba dentro de ella.

¡Ahora lo comprendo! Toda la insistencia por devolverme mi nombre siempre fue pensando en eso: solo yo en todos los universos podía deshacerme del cuerpo material para liberar la esencia original.

Si…estás pensando…que voy…a lastimarla, es-estás equivocado. — Los labios vuelven a responderme. Empiezo a sentirme incómodo en este cuerpo, pero puedo adaptarme—. ¡No lo haré! ¡No lo haré!

Forgeso, creo que estás olvidando que no estás en condiciones de ponerte quisquillos…

¡ESTÁS TRASTORNADO! ¡¿Crees que voy a matarla?! — grité; una increíble cantidad de energía me rodeó. Todas las sensaciones eran completamente incómodas: este cuerpo me está fastidiando, pero si logro controlarlo podré escapar—. ¡No lo haré! ¡Antes muerto que matarla! 

Ni bien estrechaste mi mano, firmaste tu sentenc...

¡Devuélveme mi nombre y lo que se te dé la gana, pero solo loco la mataría!

¿Qué demonios sucedía con ellos? ¡¿Creían que yo iba a acceder de manera campante?! No pude controlar las carcajadas: ¿creían que yo asesinaría a la chica que tanto amaba?

¡Estaban completamente mal de la cabeza!

Evidentemente hemos pensado en eso — anunció Andrax con tranquilidad.

Los ojos se me abrieron con violencia.

¿Qu-qué?

Te devolvemos tu nombre, Forgeso —la sonrisa amplia de Berith me alarmó. Oí miles de martirios siendo susurrados alrededor—; y no te estoy pidiendo nada a cambio, tal y como lo prometí desde un principio. El asunto es que, para acelerar el proceso, Esquiz va a tomar parte de tu cordura. — ¿Q-qué? —. Nunca se mencionó en el acuerdo “cómo” debía quebrarse tu Sello de olvido, así que no estoy violando ninguna cláusula del contrato.

No — murmuré.

Cuando haces pactos con demonios debes ser muy explícito. — Su sonrisa se hizo enorme, la respiración se me agitó—. Por cada cabo suelto nos entregas una ventaja.

¡No! ¡NO! ¡Berith!

Trato de decir algo, pero en ese momento siento como si una enorme vara de metal me atravesara el pecho, como si los pulmones estuvieran secándoseme e impidieran que el aire ingrese.

Estoy rediseñándome por dentro. Por eso vi la inscripción de locura…

No…no… ¡NO!

No hay escapatoria, es mi fin.

Sisa…

Oí los martirios siendo susurrados con velocidad. Traté de ponerme de pie, pero no…no… No sabía cómo.

Di un rápido vistazo alrededor: todos los conceptos de mi cabeza empezaban a evaporarse, uno a uno. Observé aterrorizado los miembros que los humanos suelen llamar “brazos”. Se veían inertes, ¿cómo se hace para decirles que se muevan?

¡No! ¡Mis conocimientos de humano van a colisionar con mi naturaleza original!

«Protege a mi Cachorra, muchacho…»

Alcides, Joan.

¡No! ¡No puedo irme sin haber remediado el asunto!

Gozos…gozos… Resurrección…sanación… los veo…son sencillos… ¡son sencillos de hacerse en mis manos!

Siento las letras de mi nombre unirse poco a poco dentro de mí; el sentido de mi existencia original rediseñando las rutas de mi ser. Y si realmente van a llevarse mi cordura, debo hacerlo en este momento. Aún no tengo las letras completas, pero tengo el suficiente poder para llevar a cabo el rito. Está prohibido resucitar humanos, pero después de todo esto igual tendrán que matarme. Y es mejor así…porque sería terrible lastimarla.

Repito mentalmente todo lo que recuerdo y voy organizando los cánticos: ¡deben funcionar! ¡VAN A FUNCIONAR!

Cierro los ojos y ahogo el grito que mi garganta quiere soltar. Veo los hilos rojos tensándose en mis muñecas: Azrael, no lo hagas. Déjalos…déjalos en este mundo…

Otra letra, los martirios resuenan como campanadas: mi nombre empieza a cobrar sentido. A-N…

Aprovecho el momento de distracción porque todos creen que estoy algo inconsciente, y entonces me lanzo hacia arriba.

¡NO! ¡DETÉNGANLO! — grita Voso. Siento las manos gélidas de Andrax tomarme por el cuello, pero giro y me lo quito de encima.

¡No es nada! ¡Su velocidad es nada ante la mía!

¡FORGESO!

Me clavo las uñas en el cuello para iniciar el proceso y aprovechando el haber recuperado mi velocidad me apresuro a llegar hasta la parte más alta del lugar pisando las paredes.

¡Hay luna llena! ¡Hay luna llena! ¡El rito va a funcionar!

¡Atrápenlo! — Invoco una barrera y dibujo en el aire los gozos que vienen a mi mente, con toda la rapidez que puedo.

Sí, ya lo hice una vez: ¡ya reviví a alguien una vez! Esto era como repetir un juego de niños. ¡Era sencillo! ¡Sumamente sencillo!

Ella ni siquiera notaría lo que sucedió con su abuelo y su hermano. Todo habría sido como un mal sueño, nada más. Nada más.

¡QUIEBREN LA PUTA BARRERA, SE ESCAPARÁ!

Susurro rápidamente todos los himnos para el Rito de resurrección y de sanación: ¡rápido, rápido! ¡No me queda tiempo!

Cada inscripción en el aire brilla intensamente. Veo los gozos, uno a uno, uniéndose para restablecer los hilos del cuerpo y el alma. Escucho la voz de Lahatiel, uno de los colaboradores de Azrael, intentando hacerme desistir:

» ¡Van a castigarte! ¡¿Aceptando pactos con demonios y ahora resucitando humanos?! ¡Ya lo hiciste antes, y el castigo no fue tan severo porque se compartió, pero esta vez todo caerá sobre ti! ¿Que acaso no sabes de los Phaxsi?

Los Phaxsi me tienen sin cuidado.

Alcides Maleri, Joan Maleri.

Me falta escribir solo el último gozo, el de restablecimiento, pero en ese momento escucho que mi barrera se hace pedazos. Los restos de la burbuja de cristal se esparcen frente a mis ojos, e inmediatamente me toman por la cabeza.

Todo sucede demasiado rápido: el panorama pierde consistencia, y después mi cuerpo impacta contra el suelo de mármol con violencia.

¡BROM!

¡Ah!

¡Estoy harto de ti, Forgeso! — Suelto un alarido cuando el dolor supera todos los límites. Ya no sé si es a causa de los golpes o parte del proceso de quiebre de mi Sello de olvido—. ¡Si no fueras tan importante ya te hubiera asesinado, maldito bastardo!

¡NO, VOSO! ¡DÉJALO!

No, aún no acabo. Suéltenme. Sisa…su abuelo, su hermano.

Quiero poner algo de resistencia, pero me estrellan contra uno de los muros: los músculos dejan de responderme.

No, ya no me queda nada.

Sisa…

¡Berith! — exclama ¿Nhyna? Sí, creo que sí: ya no veo. Suelto otro grito, pero ya no sé si el que grita soy yo o es alguien más—. ¡Espera! ¡Aún no hemos adaptado su cuerpo para que su forma original no se sienta amenazada!

Mis alas…

Sisa, tu abuelo y tu hermano. No…no pude…

¿Adaptar su cuerpo? — Risas estridentes: Berith, Voso, Naberius, otros más—. ¿Y para qué querríamos hacer algo semejante?

¡Su cuerpo no lo resistirá!

Cariño, ¿tengo cara de que eso me importa?

¡ME LO PROMETISTE!

Nhyna, eres un demonio, ¿cómo puedes confiar en promesas que hacen los tuyos sabiendo cómo somos? — Risas, risas, risas. Dolor, dolor, muchísimo dolor.

Mátenme, por favor…mátenme…

Sisa…

Alguien grita, es mi voz.

No, no es mi voz: es la voz de Alen Forgeso.

Es la que solía ser mi voz.

¡BERITH!

Encanto, cuando la esencia de ángel se libere, le crearemos un nuevo cuerpo si este está muy maltrecho, ¿satisfecha?

¡Pero no será él!

Nhyna, nosotros no necesitamos al casi desertor. No necesitamos nada de su existencia como humano, no necesitamos a Alen Forgeso.

Alen. ¿Quién es Alen?

Veo la entrada a un túnel oscuro…tal vez simplemente deba caminar hacia allá.

Tal vez allí no duela tanto.

Necesitamos al ángel. Y si retorna con todos los sentimientos de aversión que alguna vez Albania le suscitó, será más sencillo que la mate. Lo lastimó, Albania Formerio lo lastimó; Esquiz se encargará de que vuelva con deseos de venganza. Ni bien la vea querrá asesinarla.

No…no lo hagan…

¡BERITH, NO! ¡NO LO AGUANTARÁ! — grita Nhyna, escucho un golpe sordo: su voz no suena más.

Vuelve — ordena Berith.

Abro los ojos con fuerza; hubiera matado…

Vuelve con nosotrosAniel.

por despedirme de ella.

 

»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«

 

Sisa

 

Trato de decir algo, pero la información ha salido de golpe y aún no logro enlazarlo todo. ¿Joan y el abuelo? ¿Accidente? ¿Alen y Durand?

Solo siento que el cuerpo me tiembla y que algo horrible se está expandiendo por mi pecho.

¡ALEN! — grita Tarek cuando aparecemos en algo parecido a un largo pasillo. Las paredes son de cristal, y a través de ellas veo agua. Es un recinto bajo el agua—. ¡ALEN!

Me sujeto a su cuello con fuerza y cierro los ojos cuando se inclina y traspasa a velocidad toda la extensión; el pasillo termina en un enorme portal que es completamente oscuro. Pero ni bien cruzamos el límite, millones de lámparas se encienden…

No, son estrellas.

Esta habitación parece ser el cielo nocturno: no hay un piso definido. Tarek lo cruza sin problemas, pero con algo de lentitud, como si estuviera caminando a través de agua. Al fondo hay algo resplandeciente en forma de bola brillante. Llegamos hasta él, pero no sucede nada.

Lo escucho maldecir y mi mano se eleva automáticamente porque algo me dice que tocándola llegaremos al lugar indicado. Rozo la esfera, y todo el lugar es absorbido por una fuerte ráfaga que nos lleva consigo.

Aparecemos en una habitación circular; hay ocho personas formando un círculo enorme, cada uno susurrando palabras veloces.

En una esquina reconozco un cuerpo poniéndose de pie, como si estuviera reaccionando de un desmayo. Veo el cabello plateado: es Gabriel.

¿Pero qué es esto? — susurra Tarek consternado—. ¿Por qué hay tantas inscripciones? ¡¿Locura, transformación…?!

Trato de comprender en algo la situación, hasta que un sonido me aturde por completo. Suena como el chillido de un pájaro, pero un pájaro herido. Está gritando.

¡No! — oigo al lado y cuando elevo la mirada en la misma dirección en la que observa Tarek, los ojos se me abren desmesuradamente.

En el aire algo flota retorciéndose lleno de dolor. Distingo un par de alas luchando contra sí mismas, y después veo el pico plateado abrirse para soltar más chillidos.

Es un ave casi del tamaño de un humano; una hermosa ave que está siendo torturada.

¡NO LO RESISTIRÁ, BERITH! ¡DÉJALO YA! — grita Gabriel completamente exasperada.

Tarek, ¿qué…? — No tengo tiempo para preguntar nada porque la criatura cae a toda velocidad desde una altura elevada y su cuerpo impacta con fuerza sobre el piso de piedra, y rebota en una imagen que me traspasa: se ve frágil, hermosa, y está siendo tratada con muchísima crueldad. Eleva las alas como si luchara contra algo y después emprende un vuelo descoordinado, alrededor de todo el salón, desesperada, buscando una salida; pero como no la halla, se estrella bruscamente contra las paredes y suelta más alaridos de dolor.

Viene hacia mí a toda velocidad, sin control: le duele, ¡la están lastimando! Tarek me toma por la mano, dispuesto a quitarme de su camino, pero me zafo y avanzo a su encuentro porque sé que necesita mi ayuda. Y no sé cómo lo hice, porque llegué a atraparla por el cuello aferrándome a ella con fuerza, en medio de sus chillidos.

Sentí la enorme calidez de su cuerpo, y a la vez toda la desesperación y el dolor que emanaba.

¡Tranquila! ¡Tranquila!

Para mi buena suerte dejó de luchar porque era muy grande y no podría haber resistido mucho tiempo tratando de calmarla. Casi podía escuchar su corazón latiendo asustado. Era la misma ave que había visto en visiones: ¿quién era?

Ululó con tristeza junto a mi oído, y extrañamente quise llorar.

Tranquila. No pasará nada. — Me arrodillo junto a ella que se deja caer ya sin fuerzas. Acaricio parte de su cabeza y se relaja: su plumaje es tan suave como el algodón, o a lo mejor como tal vez las nubes son. Su pico es largo y fulgura como si fuera de plata reluciente, y sus plumas brillan con un violeta tenue.

Entonces abre los ojos…

¡Mátenme! ¡No quiero lastimarla!

…y el sol me observa abatido desde ellos.

¿Eh…?

Ojos de sol.

¿Qué?

¡¿Alen?! — exclamo al comprender el punto. ¡Es él! ¡Es él que está luchando contra sí mismo y se está haciendo muchísimo daño! — . ¡Tarek! ¡Tarek, es él! — grito desesperada.

Es su forma original.

¡Alen, ¿qué…?! ¿Qué pasó?

Escucho un ulular suave que me traspasa el pecho.

Lo siento mucho. No pude hacerlo.

Deposito un beso sobre su pico y ulula adolorido. No puedo evitarlo y rompo a llorar.

Tranquilo, aquí estoy. N-no pasa nada; nos iremos a casa — le digo. Cierra los ojos, como asintiendo, pero en ese momento otros dos sujetos aparecen en frente, susurrando palabras que no logro comprender, con los ojos rojos brillando y moviendo las manos de tal forma que de sus dedos salen hilos plateados que van inscribiendo letras en el aire.

Justo a quien necesitábamos tener aquí — dice uno observándome.

El miedo me heló la sangre.

¡Basta! ¡¿Por qué le están haciendo esto?! — brama Tarek poniéndose delante de mí, pero eso no basta para que me lo quiten.

¡NO, DÉJENLO! — grito cuando su cuerpo se eleva por sobre nuestras cabezas. Trato de aferrarme a su cuello, pero me quedo sin fuerzas y lo suelto—. ¡ALEN!

¡PAM!

Caigo sobre el piso y él suelta más chillidos, implorando que el dolor pare. Reinicia el vuelo descoordinado, y su forma de ave cambia y distingo su forma humana por una milésima de segundo. Se retuerce, lleno de dolor, clavándose las uñas en los brazos y el pecho, y vuelve a tomar forma de ave para cruzar todo el espacio, chocándose contra las paredes y gritando.

¡Mátenme, mátenme!

¡BASTA! ¡BASTA, POR FAVOR!

Tarek se lanza sobre los otros sujetos que están en el círculo de en medio, pero no consigue hacerles ni el más mínimo daño porque todos están protegidos por barreras.

¡Mátenme!

¡Nhyna! ¡Joder, te necesitamos aquí! — bramó el sujeto que había visto antes; creo que se llamaba Voso—. ¡Estamos reunidos por una causa en común, y no por tonterías como proteger un maldito cuerpo humano! ¡Reacciona, estúpida!

Gabriel aparece en el círculo, junto a ellos. Por un segundo su mirada se cruza con la mía; casi puedo escuchar que me culpa por todo.

¡HERMANO, HERMANO! — Giro y compruebo que Tarek ha logrado atraparlo de nuevo, pero está luchando para que se quede quieto. Corro hacia ellos; Alen está adquiriendo nuevamente su forma humana, pero dos demonios me cierran el paso y otros más toman a Tarek por el cuello y lo mandan lejos.

¡DÉJENLO! ¡BASTA! — Oigo una especie de himno: los nueve demonios, incluidos Durand y Gabriel, están recitando con voz potente palabras que repiten miles de veces. Está en otra lengua, en una que no es humana…

…pero la entiendo.

 

Despierta, pureza excelsa

Locura y furia vendrán contigo

 

¡ALEN! ¡ALEN!

Reinicia su vuelo descoordinado. Tarek y yo intentamos volver a atraparlo, pero es imposible; empiezo a exasperarme por qué no sé cómo ayudarlo, cuando de pronto veo que se detiene en medio por unos segundos y su cuerpo se eleva con suavidad, como en trance. Da un par de giros encogido sobre sí mismo y después suelto un grito al verlo caer con violencia.

¡BROM!

¡NO!

Está nuevamente sobre el piso y con su forma humana; por un momento siento como si todo su cuerpo estuviera completamente destrozado.

¡ALEN! — Me acerco corriendo, desesperada, pero una caja de cristal aparece y lo encierra solo para que desde afuera sea testigo de la escena más espantosa—. ¡NO! ¡NO! ¡NO LO HAGAN! — grito al comprender el horrible plan y tratando de llegar a él cuanto antes.

Pero no fui lo suficientemente rápida, porque en la carrera lo vi encorvarse con brusquedad…

¡NO!

 …y después soltar el grito más atroz que he escuchado en toda mi vida, ante las enormes alas que estallaron, literalmente, desde su espalda.

No…

Me quedé ahí, completamente horrorizada, cuando las plumas brillantes fulguraron completamente ensangrentadas. No sé si pasaron horas, días, años: me quedé ahí, pasmada, viendo al chico que tanto amaba completamente destruido. Respiraba con dificultad sobre el piso, con la sangre cayendo por sus hombros; con el par de alas moviéndose con suavidad, como despertando después de mucho tiempo.

Entonces elevó la mirada; sus ojos, violeta, se toparon con los míos a distancia. Por un momento sentí como si me mirara con rencor, y después botó tanta sangre por la boca que casi me muero.

A-Alen…— Estaba ahí, herido, frágil, y rodeado por tantos que querían lastimarlo: no lo aguanté, era demasiado—. Alen…

¡¿ESTÁS LOCO, BERITH?! ¡¿SUS ALAS EN SU CUERPO HUMANO?! — bramó Tarek.

Su grito me ayudó a reaccionar: corrí, cruzando todo el espacio, dispuesta a llegar a su lado.

¡Alen, Alen! — La caja se desvaneció, aceleré el paso; pero en ese momento aparecieron seres que jamás había visto en mi vida: tenían alas, pero eran de acero.

Tarek me tomó por la cintura.

¡Tarek, no! ¡NO! ¡DÉJAME IR! — protesté, tratando de zafarme, cuando me llevó a varios metros lejos.

¡Son peligrosos, Sisa!

¡Vienen por él! ¡Son los Phaxsi! ¡POSICIÓN! — bramó Durand y su grupo rodeó a Alen, dispuesto a protegerlo; pero por detrás apareció alguien más: un niño pequeño, con una cuchilla a modo de brazo. Dio un salto ágil y burlando a todos elevó su arma para dejarla caer sin piedad.

¡NO! — grité desesperada. Vi el arma a punto de rozar una parte de su hombro, pero uno de los sujetos de Durand se puso delante y arrojó al niño lejos.

¡ABERRACIÓN! — chilló cuando aterrizó sobre una de las paredes: la voz era de niño pero el matiz me puso los pelos de punta—. La pureza excelsa, como un caído y sin cordura: ¡aberración completa! No hay definición para esa naturaleza, ¡se procederá a la destrucción!

¿Qué…? ¿Caído sin cordura?

¡Es un Khari! — exclamó Durand —. ¡Naberius tenía razón! ¡Aparecerían!

Veía a todos gritando exaltados, a seres que jamás había visto y todos tratando de lastimarlo. ¡¿Por qué le estaban haciendo todo esto?!

Los llamados Phaxsi se lanzaron hacia adelante y todo el grupo de Durand los detuvo creando una barrera con sus cuerpos. El niño con el arma en vez de brazo golpeteaba casi enloquecido la caja de cristal que nuevamente habían accionado para proteger a Alen mientras gritaba “aberración, aberración”, esperando hallar el menor espacio para atacarlo.

¡Y yo no podía hacer nada para ayudarlo!

Tarek se inclinó, dispuesto a ir para allá, pero un par de brazos lo sujetaron por los hombros.

No lo hagas.

¡Amber! — solté sintiendo una especie de alivio recorriéndome todo el cuerpo. Samin también llegó, con su cabello rojizo—. ¡Samin, Alen…! ¡Alen…! — traté de decir.

Amber, ya lo sabes — le ordenó sin voltear a verme y después se lanzó hacia adelante. Observé con sorpresa que capturó al niño por el cuello con destreza y lo encerró en una burbuja tan fuerte que los golpes desde el interior se escuchaban al mínimo. Escuché gritos, órdenes que dictaban deshacerse de Nanael y de los Phaxsi, pero todos estaban tan ocupados luchando, que Samin pasó con velocidad hasta la caja de cristal y solo dándole un toque la quebró.

Solté un suspiro, aliviada: todo estaba bien. ¡Ahora que Samin estaba aquí todo estaría bien!

Quise alcanzarlo para verificar el estado de Alen, pero noté que las piernas no me respondieron.

Gremory, ¿por qué nos estás inmovilizando? — reclamó Tarek. Giré bruscamente ante el silencio—. ¡GREMORY!

¡AMBER! — exigí ahora yo, pero ella solo observaba al frente—. ¡AMBER, RESPONDE!

¡DETENGAN A NANAEL! — bramó alguno de los demonios y cuando volví la vista hacia el frente todo se puso como en cámara lenta.

Samin tenía a Alen atrapado por el cuello, con las enormes alas moviéndose lentamente, como atontadas. Y antes de que cualquiera hiciera algún movimiento, llevó la mano que tenía libre hacia atrás, repleta de tatuajes, solo para lanzarla con poderío hacia adelante.

¡NO! — gritó Tarek a mi lado, Gabriel también. Yo no pude hacerlo porque quedé demasiado aturdida observando la imagen de en frente.

Samin…

Samin acababa de lanzar su brazo hacia adelante, con tanta fuerza que traspasó el pecho y después lo sacó sin contemplaciones, sosteniendo algo de color violeta brillante entre sus dedos ensangrentados.

¿Qué…?

¡NO! ¡NO! — reclamaba Tarek lejanamente—. ¡TRAIDOR! ¡SU CORAZÓN! ¡ME JURASTE QUE NO LO TRAICIONARÍAS!

¿Su corazón…? No…

Samin lo soltó; el cuerpo cayó, inerte, y las alas poco a poco dejaron de moverse también. Escuché el ulular del ave cada vez más lejano.

No…no puede ser. Estoy soñando…es eso.

« Pero tú no sueñas»

¡NO, ALEN! ¡ALEN! — gritó Tarek, completamente fuera de sí.

Samin…

Samin acababa de arrancarle el corazón.

Es mejor así — murmuró Amber—. Estaba perdiendo la razón; sería peligroso.

No.

Samin, en el que tanto confiaba…

 

» Soy tuyo, Bellota. ¿A dónde más podría ir?

 

…acababa de asesinar al chico que tanto amaba.



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