Noches de insomnio | Capítulo 28: Noche XXVIII
Capítulo 28 | NOCHE XXVIII
Marcus
— Adiós, Marcus — me dice. Asiento, ella
baja la mirada y hace ese maldito gesto de morderse el labio inferior que tanto
me atonta. Lo único malo de todo es que esta vez el mohín me demuestra que está
distraída; toda la tarde ha estado distraída.
Bellota ha pasado la tarde con
nosotros, pero su mente se ha ido a otro lado. Se quedaba mirando el cielo,
pensativa, y casi puedo asegurar qué sucedía:
Alen Forgeso está en Lirau, pero aun
así ocupa la mayor parte de sus pensamientos. No sé si se debe a mi presencia,
o al simple hecho de que lo extraña.
Demonios.
— Adiós, Kim, Jude. Nos vemos mañana — se
despide Loi. Asiento y después ambas desaparecen por la entrada que conduce al
interior del inmenso hotel.
Sisa no voltea; no me regala una mirada más. Si fuera el tal Alen tal vez ni
siquiera se iría.
De acuerdo, perdí. No puedo hacer nada
más.
— Wow, ¡la amiga de tu chica es un
monumento! Y encima practica danza; no quiero ni imaginar cómo se mueve, ¡uff!
Y empezamos con los comentarios
idiotas.
— ¿Quieres hacerme el favor de callarte,
Kim?
— ¿Y ahora yo qué he dicho?
— Ya deberías acostumbrarte — me dice
Jude con una ceja en alto —. Este imbécil solo abre la boca para decir idioteces.
— ¿Es una idiotez apreciar lo guapa que
es una chica? — preguntó con fanfarronería.
— Ya te dije que Loi tiene novio, Kim. —
Se lo había repetido algo de cinco veces, ¿por qué demonios insiste? —. Tarek y
ella están en un buen momento, así que todo tu optimismo es en vano.
— Ya, pero si logra ingresar a Gaib Art
ella también va a mudarse; y nada nos garantiza que su chico se mude con ella.
No sé…el próximo año podrían suceder cosas interesantes. — Resoplo aburrido
ante su sonrisa—. ¡Qué dices! Loi y yo, Sisa y tú; Jude y…su hermana. — Estalla
en carcajadas, Jude rueda los ojos. Avanzo, sin prestarle mayor atención—.
Marcus… ¡Marcus!
¿Por qué no se callará?
— Ese es tu principal problema: ¡te das
por vencido muy rápidamente! Si estás tan enfadado por el asunto, ¿por qué no
haces nada al respecto?
— ¿De qué hablas? — profiero irritado.
— Has estado sumamente tranquilo: si
tanto te incomoda lo de Sisa y su novio, ¡¿por qué no eres más avezado?! Si yo
fuera tú aprovecharía que la tengo aquí, sola, y no sé, ¡actuaría con más
convicción!
— ¿Con “más convicción” a qué te
refieres? — me hace el favor de preguntar Jude.
— Las chicas se quedan con los tipos que
la luchan. — ¿Ah sí? —. Mientras
Marcus está en la pose de “amigo comprensivo”, otro hubiera emprendido la
marcha para reconquistarla.
— Kim, ¿entendiste la parte de “Sisa
tiene novio”? — apunté con ironía.
— Sí, pero creo que tú no has entendido
la parte de “su novio no está en Libiak, está en Lirau”. — Su tonito sarcástico
me fastidia. Cielos, ¿por qué sigo
escuchándolo? —. Colega, si te
sientes tan mal ¡entonces pon manos a la obra!
Le di la espalda con unas ganas
tremendas de golpear a todo el mundo. Jude me preguntó a dónde iría; le
respondí que a cualquier lugar menos a casa. Soportar a Abby y su
interrogatorio sobre la salida con Sisa no iba a ponerme de mejor humor.
— Vamos a mi casa: mis padres están en lo
de mis tíos — me propone.
Lo pienso un tanto y después asiento.
— Marcus, si yo hubiera ingresado a la
Universidad Central de Libiak con puntaje sobresaliente, tendría en la cara
cualquier rostro menos ese — agrega Kim.
— Como sea — respondo fastidiado.
Sé que es un tema importante, pero lo
último en lo que quiero pensar ahora es en mi ingreso a la universidad. Tengo
esa incómoda sensación de aborrecimiento desde ayer por la tarde, y ni con los
pensamientos “más positivos” mi estado de ánimo va a cambiar.
— Lo siento, muchachos, todo lo que tengo
es esto: mis padres no han hecho las compras — dice Jude cuando retorna de la
cocina con una botella de bebida gasificada y una bolsa de papas fritas. Estamos
en su habitación, el reloj de la pared indica que apenas son las nueve y
cuarto—. Por cierto, ¿qué tal si salimos a algún lado? Es viernes y tengo
muchísimas ganas de celebrar que el jodido bachillerato ya se acaba la próxima
semana. Podríamos ir a la fiesta del primo de Marian; por lo que oí sus padres
han salido de viaje, y ya saben que las reus en su casa siempre son buenísimas.
— ¡Voooy! Además, la mejor amiga de
Marian es Gia, y ¡definitivamente va ir! — lanzó Kim con suspicacia y
observándome con una enorme sonrisa. No comprendí —. ¡Leda, no te hagas! Sabes
que la chica podría acceder a lo que fuera si se lo propones tú. A veces te
mira como si fueras una especie de dios para ella. — Torcí el gesto cuando tomó
una toalla para ponérsela sobre la cabeza, a modo de velo, y después elevó los
brazos con dramatismo—: ¡Oh, santísimo Marcus! ¡Dejad que tus sagrados brazos
rodeen este pobre cuerpo mortal!
Jude soltó una risotada; reprobé su
reacción con una mirada.
— Lo siento, Marcus, pero ha sonado un
poco como ella, la verdad. Gia ni siquiera se molesta en ocultar lo mucho que
le gustas. A veces hasta da pena.
— Pero qué idiotas — murmuré y recibí el
vaso servido y unas cuantas papas fritas, pero no comí nada. Tenía ese
antipático dolor en el abdomen que fácil si terminaba comiendo algo lo
vomitaba.
— Qué poco sentido del humor tienes — me
reprochó Kim —. ¡Oh, santísimo Marcus de los ojos grises Leda!
No dije nada porque uno: Gia era mi
amiga, y detestaba que se hablara de ella como si fuera una especie de premio
consuelo con el que podría hacer lo que se me diera la gana. Y dos: porque en
este momento no me sentía con ánimos para salir a ningún lado.
— Amigo, olvídala — me dice Kim de la
nada mientras sigue haciendo zapping con el control remoto —. Eres demasiado
bueno como para estar sufriendo por una chica cuando tienes a un montón de las
que escoger.
Abigail cree que contarle mi vida
privada a cuanta persona conozca es lo más normal del mundo, pero no es así:
realmente detesto que haga eso. Jude y Kim se enteraron del tema de Sisa por
ella, y de no haberlo hecho en este momento no estaría recibiendo el típico
“consuelo” que se le da a un amigo “rechazado” por la chica que le gusta.
Y encima un consuelo mal elaborado:
pensar en buscar a otra chica para olvidar a la inicial era la idea más
estúpida del mundo. Por eso ellas creen que todos los hombres las vemos como
objetos.
— Déjalo, Kimo — murmura Jude.
— No, en serio, amigo: ¡para ya! Sí, sé
que Sisa es una buena chica y es linda y fue tu primer amor y bla-bla-bla; pero
si vas a estar en este plan depresivo es mejor que mires a otro lado. ¡Tienes a
chicas para escoger! — Me pongo de pie: tal vez solo deba irme a casa—. Marcus,
¡oye, Marcus!
— ¡¿Qué quieres?! — replico fastidiado.
— ¡Marcus, por favor! Las chicas de la
clase matarían para que salieras con una de ellas. La próxima semana el salón
va a convertirse en una especie de réplica de los Juegos del hambre, pero para
conseguir ser tu pareja en el baile de fin de curso.
— No voy a ir.
— ¿Qué?
Tomo mi chaqueta y bajo por los
escalones con rapidez. Escucho el grito de Kim y el reproche de Jude: «No seas
tan imbécil, Kimo; Marcus realmente quiere a esa chica» le dice y después salgo dando un portazo.
Sí, realmente quiero a esa chica.
Pero ella no me quiere a mí.
»—
Alen es un buen chico.
Alen, Alen, Alen, ¡estoy harto de
escuchar el maldito nombre de ese tipo!
¡PRAM!
— ¿Marcus? — escucho cuando llego a casa.
Elevo la mirada y me encuentro con Abigail —. ¿Qué te pasa? ¿Qué te ha hecho
ese pobre cubo de basura para que lo patees con tanta ira? — Aprieto los labios
y paso de largo, rumbo a la entrada—. ¿Marcus? ¡Marcus, te estoy hablando!
— ¡¿Qué quieres, Abigail?! — exploto.
Los ojos de mi hermana se abren con
sorpresa:
— ¿Qué te pasa? — Relájate, Abby no tiene la culpa. Es molestosa de vez en cuando pero
no tiene la culpa —. ¿No saldrías
con Sisa y su amiga hoy? ¿Qué pasó? ¿Se pelearon?
Solté una carcajada ante la pregunta:
Sisa y yo jamás peleábamos, y eso tal vez en cierto modo explicaba muchas
cosas. Yo siempre había sido el amigo comprensivo, tal y como decía Kim; el que
nunca replicaba absolutamente nada, el que siempre aceptaba todo con una
sonrisa. Y tal vez por ese carácter pasivo fue que terminé consiguiendo lo que
conseguí:
¡Nada!
— ¿Marcus?
— Déjame solo, Abby.
— ¡Oye, Marcus!
Pasé de largo a mi habitación. Qué
bueno que mis padres estaban en Lirau con mis abuelos, porque así no tendría
más miradas curiosas preguntándose qué sucedía con el “perfecto hijo” de la
familia.
Cerré la puerta y me dejé caer sobre la
cama, agotado. Ya sabía que Sisa estaba saliendo con el idiota ese gracias al
mensaje que me envió Estefan hace unas semanas, y que me destruyó por completo
el día: era sábado, los del equipo de básquet obtuvimos la medalla de oro en el
Campeonato estatal, y toda la celebración estuvo perfecta hasta que el celular
sonó en el bolsillo de mi chaqueta:
Primo, acabo de ver a Sisa
Iba con un sujeto
Se estaban besando
El mensaje fue conciso, sin muchas
vueltas, y yo no necesité mayor explicación para comprender el asunto: Sisa
había perdonado al tal Alen Forgeso y ahora estaban saliendo.
Admito que ayer estúpidamente aún
guardaba una esperanza, pero cuando me confirmó en la basílica lo de su
relación sentí un horrible retortijón en el abdomen. Y a pesar de que le dije
que comprendía el asunto, en realidad me estaba costando muchísimo trabajo
asimilarlo.
Quiero que sea feliz, más que cualquier
cosa en el mundo, pero Alen Forgeso me parece el último chico sobre la Tierra
que se la merece. Si la quisiera tanto no la hubiera lastimado, y si Bellota no
fuera tan ingenua como es, probablemente vería con más objetividad las cosas.
¿Por qué lo escogió a él? ¡¿Por qué…?!
¿Por
qué no a mí?
— Carajo. — Me quedé boca arriba,
observando el techo. Sentí que el celular vibró en el bolsillo de mis
pantalones. Lo saqué, y me encontré con un mensaje de Jude que me pedía
llamarle si al final aceptaba irme con ellos a lo del primo de Marian; y una
alerta del chat.
Los ojos no ven lo mejor del hombre dice:
Hola, ¿estás ahí?
Fruncí los labios: Zara me simpatiza
muchísimo, pero creo que no es momento para hablar con ella. Lancé el celular a
un lado y quedé de costado. Abby llamó a la puerta, preguntando si cenaría; le
respondí que más tarde bajaría por algo, que en este momento no tenía hambre.
— Voy a salir con los muchachos de la
Facultad, ¿está bien que te deje solo? — oí a través de la puerta.
Solté un suspiro: no puedo estar
enfadado con mi hermana por muy loca que esté. Me puse de pie y le abrí; traté
de verme más relajado y le dije que sentía lo anterior, que había tenido una
discusión con Kim y que había vuelto algo disgustado.
— ¿Y qué pasó con Sisa? — me preguntó
empezando a emocionarse.
— Abby, ve con tus amigos, ¿sí? — Cerré
la puerta con delicadeza para no sonar tan rudo. Protestó, pero para mi buena
suerte su celular sonó así que se fue a su habitación a contestar.
Me quedé sentado en la cama, con
demasiadas cosas revolviéndome la cabeza. Kim tiene razón en cierto modo: si me
incomoda tanto el asunto, ¿por qué no he hecho nada? Simplemente me he quedado
como un idiota, aceptando que sale con otra persona.
Pero tampoco es como si estuviera en
mis manos el hacerla cambiar de opinión. Si Sisa está feliz con el tal Alen, yo
ya no tengo nada que hacer en esa ecuación.
— Ya basta, piensa en otra cosa — repuse
hastiado de mí mismo. Me puse de pie para cambiarme de ropa, y después tomé la
laptop: podría ir viendo el asunto de los cursos que voy a llevar el próximo
año.
Estaba ingresando a la página de la
universidad, cuando la ventana del chat, en forma de globo, se abrió a un lado.
Los ojos no ven lo mejor del hombre
dice:
Ya me voy; solo quería decirte que
encontré
el último disco del pianista que nos
gusta. Te envío el link
Había pasado algo de media hora desde
el saludo de Zara y no le había contestado después de solo ver su primer
mensaje. Me sentí algo culpable.
Marcus L
dice:
Zara,
disculpa :( Acabo de volver a casa
y estaba
conversando con la loca de mi hermana.
Va a salir y
tiene miedo de dejarme solo :s
Bueno, una pequeña mentira de vez en
cuando no hace daño.
Los ojos no
ven lo mejor del hombre dice:
Jajajaja,
igual que la vez
que casi
incendias tu casa?
Solté una risa al leer lo último; se lo
había contado hace semanas.
Marcus L dice:
Lo recuerdas?? xd
Los ojos no ven lo mejor del hombre
dice:
Eres la primera persona que conozco
que casi incendia su casa por preparar
un cubo de rosetas de maíz
Marcus L dice:
No fui yo. Fue culpa de uno de los idiotas que tengo por
amigos
Los ojos no ven lo mejor del hombre dice:
No mientas, seguro estabas igual de ebrio que ellos :p
Marcus L dice
Soy mejor bebedor de lo que piensas :3
Los ojos no ven lo mejor del hombre dice:
Sí, como no ¬¬.
Jajajajaja, eres un caso
Bajé a la cocina por un poco de jugo.
Vi el plato de comida que Abby había preparado para la cena: me sentí algo mal
por haberla tratado con tanta rudeza cuando ella se esforzaba muchísimo para
intentar cocinar algo comestible en ausencia de nuestros padres.
Calenté mi cena en el microondas y
después subí nuevamente. Escuché el sonido de la secadora en su habitación y la
música a todo volumen. Siempre hace eso cuando está emocionada por salir con
sus amigos.
— ¡Mañana cocino yo! — le dije desde la
puerta.
— ¿Por qué? ¿Está feo? — exclamó en medio
del sonido estridente del equipo.
— No, no, pero conociéndote mañana vas a
estar con una resaca… — Soltó una carcajada y después me dijo que era mejor
verme así que con el humor de un ogro.
Dejé el plato sobre mi escritorio
cuando retorné; me encontré con más mensajes. Kim también había entrado al
chat: estaba disculpándose por lo último. Le dije que no importaba, pero cuando
me envió una foto editada de algunas compañeras de mi salón con un lema que
decía “ME OFREZCO COMO VOLUNTARIA”, definitivamente lo bloqueé.
Otra ventana se abrió: era Jude
preguntándome de parte de Kim si lo había bloqueado. Le dije que sí.
Jude Itamar dice:
JAJAJAJAJAJAJA!!
le diré que lo has eliminado
Marcus L dice:
Hazlo
a ver si así deja de joder tanto
Jude Itamar dice:
Por cierto, no te animas para lo de Marian??
va a estar divertido
vamos aunque sea un rato
Marcus L dice:
Abby va a salir no sé
ceno y te aviso
no tengo muchos ánimos para salir
Jude Itamar dice:
Kimo y yo planeamos
ir a eso de las doce
así que normal demórate pensando
Oí la bocina de un auto en las afueras.
— ¡MARCUS, CATHY YA VINO POR MÍ!
— Abby, te estoy escuchando, ¡no grites!
Tac-tac-tac
Los tacones resonaron en el pasadizo.
— ¡MAÑANA VUELVO TEMPRANO!
— ¡No grites! — Escuché el sonido de la
puerta principal abriéndose; me asomé por la ventana que daba para la calle—:
¡Abby!
— ¡Hola, Marcus! — me dijo Cathy desde el
auto. Le respondí el saludo y después me enfoqué en mi hermana:
— Si terminas demasiado ebria, me llamas.
Iré por ti.
— ¿No quieres gritarlo por toda la
cuadra? — me preguntó sarcásticamente.
Me encogí de hombros: bueno…
— ¡SI TERMINAS DEMASIADO EBRIA…!
— ¡CÁLLATE, BABOSO!
Oí las carcajadas de Cathy y después
les pedí que se cuidaran. El motor del auto sonó y segundos más tarde las vi
alejándose por la pista.
— Tal vez yo también deba salir —
murmuré.
Me senté nuevamente frente a la laptop
y terminé de comerme mi cena. Mmm, esta vez la carne no se ha quemado: la
verdad es que Abby está haciendo progresos.
Encendí el Bluetooth y el equipo de
sonido, y una canción sumamente conocida inició. Tomé el celular y cambié inmediatamente
de pista porque escuchar a Aerosmith no era una buena idea. Lo que menos quiero
en este momento es tener algún tipo de referencia con respecto a ella.
Aunque en realidad prácticamente todos
mis pensamientos siempre son acerca de ella.
— Pero qué idiota soy — me reprendí
irritado.
Volví a concentrarme en el chat y en
pasar el rato viendo algunos videos en Internet. A eso de las doce y media los
ojos empezaron a picarme y Zara demoraba más en contestar. Después de dos horas
ininterrumpidas de chat habíamos descubierto que ambos teníamos una especie de
fijación por la relojería, y después comprobé con sorpresa que probablemente el
próximo año nos veríamos más seguido.
Ella también se había presentado a la
Universidad Central de Libiak y había obtenido una vacante para Literatura,
igual que yo. Por lo visto sus abuelos vivían aquí, y sus padres habían
aceptado de buen agrado que se mudara a una ciudad en la que tuviera
familiares.
Yo, por mi lado, también ya estaba
haciendo planes para mudarme. Jude quería que buscáramos una habitación en el
campus de la universidad, así que el próximo año dejaría la casa de mis padres.
Los
ojos no ven lo mejor del hombre dice:
Marcus, puedo hacerte
una pregunta indiscreta?
¿Mmm?
Marcus L dice:
Claro, qué sucede?
Cerré las ventanas de mi habitación
porque estaba haciendo algo de frío, y cuando retorné me encontré con una de
las preguntas que menos hubiera querido ver ahora.
Los ojos no ven lo mejor del hombre dice:
Tomas me contó algo… Sisa Daquel fue tu novia, verdad? Aún
la quieres?
Me quedé observando la pantalla. “Tomas
me contó algo…” ¡¿Por qué rayos mi vida se transmite de persona a persona como
si fuera una maldita telenovela?!
Me apreté las sienes con fuerza: no
suelo ser de los que se enfadan, ¡pero con un cuerno, este día está resultando
más jodido de lo normal!
Solté un suspiro, tratando de
relajarme: ¿que si aún la quiero? ¿Cómo se responde eso? ¿“Sí”? ¿Sí pero voy a
mentirte diciéndote que “no”?
Sí, la verdad es que sí: aún la quiero;
pero lo ideal es empezar a vaciar el cajón de recuerdos que tengo con ella y
almacenar nuevos. Sisa era la única chica a la que verdaderamente podría
decirle “te quiero”, pero si sus oídos no estaban dispuestos a escucharlo, la
única manera de no hacerme daño era olvidándome de ella.
Marcus L dice:
Zara, ya es tarde. Iré a dormir
Los ojos no ven lo mejor del hombre
dice:
Espera! No quería incomodarte!
Marcus L dice:
La batería de la laptop se me está
muriendo
Hablamos mañana. Buenas noches
Cerré el chat.
Zara es una buena chica, pero en este
momento no quiero tocar el tema de Sisa con nadie, porque corro con el riesgo
de sonar demasiado rudo a causa de mi malgenio.
Me cepillé los dientes, volví a mi
habitación y me recosté sobre la alfombra. Las malditas canciones de amor de aquella lista de
reproducción aparecieron como invocadas: tomé el celular, dispuesto a cambiarla,
pero la que estaba sonando era una de las que tanto le gustaba a ella.
— Tal vez el tal Alen en algún momento
desaparezca de su vida — murmuré jugueteando con una de las pelotas de tenis que
Jude dejó una vez en mi casa. Me quedé ahí, observando la luz amarilla del foco
de mi habitación mientras lanzaba la pelota y la atrapaba en el aire, y en un
momento los párpados empezaron a pesarme. Giré de costado, y me encontré con el
pato de peluche que ella me obsequió
cuando cumplimos un mes de relación.
¡Demonios! No voy a poder quitarme a
esa chica de la cabeza. Sisa es una en un millón, y yo tuve la suerte de
tenerla por un tiempo: ¡¿cómo demonios dejé que se me escapara?!
Si me hubiera quedado en Asiri tal vez
las cosas habrían sido diferentes. Habríamos pasado más tiempo juntos, y a lo
mejor ella tampoco se habría mudado a Lirau. Tal vez nunca hubiera conocido al
tal Alen Forgeso, y ahora estaríamos juntos; con nuestra relación madurando a
medida que pasaban los años.
— Pero no fue así. No fue así, maldito
idiota. ¡Ya supéralo! — exclamé enfadado.
Volví a girar: me enfoqué en el techo,
en el foco brillante. No sé por cuánto tiempo me mantuve así, solo observando,
y con las condenadas letras de esa maldita lista de reproducción que tanto me
recordaba a ella, resonando alrededor.
Los párpados volvieron a intentar
vencerme, pero en ese momento el celular vibró con insistencia a mi lado. Me
puse de pie y al tomarlo respondí a la llamada de Jude que preguntaba si no me
había animado a ir a lo del primo de Marian. El estúpido solo de guitarra de la
canción resonó con fuerza; recordé todas las tardes en su casa, en la mía,
escuchando todos estos temas, riendo en medio de bailes poco coordinados y su
cabello meciéndose con cada movimiento.
Sisa Daquel, Sisa Daquel, Sisa Daquel:
¿cómo hago para odiar tu sonrisa? ¿Cómo hago para olvidarme de lo bonitos que
me parecen tus ojos?
»—…creo que tú no
has entendido la parte de “su novio no está en Libiak, está en Lirau”. Colega,
si te sientes tan mal ¡entonces pon manos a la obra!
Kim es un perfecto idiota…pero tal vez
en esta ocasión tiene algo de razón.
Sisa no volverá a Libiak hasta la fecha
de su examen. No es una buena idea ser demasiado directo, tomando en cuenta lo
mucho que ella parece querer al tal Alen; pero si solo espero, lo más probable
es que me quede con la pregunta eterna de “¿y qué tal si hubiera intentado algo
más?”.
Le di algunas vueltas al asunto y
finalmente me decidí. Aún me queda el fin de semana, tal vez podría intentar
acercarme de algún modo. Sin ser demasiado lanzado, claro.
— ¿Marcus?
— oí la voz de Jude—. Marcus ¿estás ahí? Estoy con el auto de mi
padre, ¿qué dices? ¿Vamos por ti? ¡Kimo, quítate de encima!
— ¡MARCUS!
¡No olvidaré que me has bloqueado, maldito bastardo! ¡Vamos! ¡Esa fiesta va a
estar de la puta madre!
— De acuerdo, de acuerdo, los espero —
acepté.
No pasaron más de diez minutos para
tenerlos en la entrada. Bajé, antes le dejé una nota a Abby pegada a la puerta
de su habitación por si llegaba antes que yo.
Jude encendió el auto; saqué el celular
de mi chaqueta y marqué rápidamente.
— ¿Qué haces? — me preguntó Kim con
curiosidad—. Si es por Marcelo, él ya está allá desde hace una hora más o
menos.
— Llamaré a Sisa. — Ambos me observaron
sorprendidos—. Tal vez quiera venir— resumí encogiéndome de hombros.
— ¡ESOOOOOO, CAMPEÓN!
Aguardé. Escuché un par de timbradas,
pero me enviaron al buzón de voz todas las veces. Llamé a Loi, pero tampoco
obtuve respuesta.
Jude giró en una de las esquinas;
guardé el aparato ligeramente disgustado.
— Mañana tienen tour por todo el campus
de Gaib Art, probablemente están descansando — me dijo Jude. Su explicación me
pareció muy lógica.
— ¡Pero Gia no está descansando! —
exclamó Kim cuando ingresamos a la casa del primo de Marian. El aroma a
cigarrillos (y a otras cosas) nos golpeó con fuerza—. ¡Así que a darle acción
al amiguit…!
— ¡Deja de joder; no voy a hacer nada! —
le respondí después de saludar a un par de compañeros.
Las fiestas que organiza Marian son
famosas exactamente por esto: buena música y litros de alcohol que salen de
algún lugar que aún nadie ha podido identificar.
Le pregunté a propósito de eso mientras
bailaba con ella; ya serían aproximadamente las tres de la mañana. Me respondió
riendo que ni ella sabía de donde aparecían tantas botellas, y volvió a repetir
lo bonito que sería vernos a Gia y a mí de pareja.
Genial, más personas hablando de Gia.
— ¡Y mira a quién tenemos aquí! — Bien,
creo que he bebido algo de más. Tuve que parpadear reiteradas veces para lograr
distinguir el cabello castaño oscuro de Gia que había aparecido como de la nada—.
Bueno, los dejo, muchachos. Tengo que ir a…a…. ¡A verificar que mi primo no
esté profanando cada habitación de esta casa! ¡Sí, eso!
Solté una carcajada ante lo último y
asentí. Tomé a Gia por la mano y la hice girar con suavidad. Recordé la fiesta
de Loi, cuando tuve a Sisa conmigo casi toda la noche, como salida de cuento, y
no pude evitar preguntarme por qué carajos no la besé antes de que el imbécil
de Forgeso apareciera.
— ¿Marcus? ¿Te sientes bien? — oí en
medio del espacio brumoso. Bajé la mirada y me encontré a Gia observándome
preocupada. Ahora que veo bien, se ha cortado el cabello: lo tiene a la altura
del mentón, casi como Zara…
Zara
Lagares.
— ¡Ah! ¡Marcus!
— Lo…lo siento mucho — me disculpé. Sentí
que iba a desplomarme y había tenido la estúpida idea de sostenerme de su
cintura—. Lo siento, Gia.
— No…no te preocupes.
Una canción demasiado conocida inició.
La gente gritó emocionada; Gia sonrió, me dijo que también era fanática de ese
grupo.
— Te cortaste…el cabello — comenté,
tratando de pedirle a mis ojos que se mantuvieran abiertos. No sé si es a causa
del alcohol, pero realmente sentía que todo estaba empezando a marearme.
— ¿Me queda bien? — Le dije que sí y
después seguimos balanceándonos al ritmo de la música. Elevó los brazos y los
puso alrededor de mi cuello.
Cerré los ojos con brusquedad; el
ambiente estaba demasiado cargado. Las luces se encendieron en mi mente; la
figura de una chica sobre una mecedora apareció:
»
Lo lamento, soy un mal hombre. Mis actos me condenan; te amo, ya
lo sabes, pero tengo que cumplir con mi deber. Debo casarme con ella…
¿Eh? ¿Qué está sucediendo? ¿Quiénes son esas personas que veo
borrosas?
» Yo…yo comprendo.
» Mis abuelos y su
familia tienen un acuerdo por la industria de…
» ¡Te comprendo! ¡Te
comprendo! Por favor…solo…solo vete. — ¿Por qué llora? ¿Quién es esa chica?
Gia gira, me sonríe. Quiero sonreírle
también, pero el rostro afligido de la chica en mi mente me aturde.
» Lo lamento muchísi…
» ¡Solo vete! ¡Vete!
» ¡Escúchame…!
» ¿Crees que no lo
sé? ¡Todos repiten lo hermosa que es! ¡Serás el hombre más envidiado de la
ciudad! La nieta de los Formerio…dicen que su violín hace bajar a los mismos
ángeles. Lo entiendo, lo entiendo, pero por favor, ya vete.
» ¡Sabes que solo
amo a una persona, y…!
» Ya no me mientas
más. ¡Solo vete!
» Albania no
significa nada para mí.
Abrí los ojos con brusquedad. Sentí
algo de sudor frío recorriéndome la frente.
— ¿Marcus? — oí de Gia, pero la solté y
me perdí entre la multitud.
Albania… Albania Formerio.
¿Qué es todo lo que estoy viendo?
»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«
Marissa
Abrí los ojos con algo de pesadez.
¡Santo Dios! Me he quedado dormida en el sofá, mientras leía. Santiago
puede decir todo lo que quiera sobre los relatos de Realismo mágico, pero a mí
realmente me fascinan.
¡Debo saber cómo termina…! Ah, pero ya
es tan tarde…
¡No, no, no! ¡Lo acabo mañana! ¡Las
ojeras no hay quien pueda combatirlas!
— Ah, qué horror. ¡Cómo me duele el
cuello!
Dejé el libro sobre la mesita de la
sala y después de apagar todas las luces subí al segundo piso. Mañana voy a
amanecer con un profundo malestar: debería dejar de leer a estas horas de la
noche.
Crucé el pasillo: cuando solo estamos
Naina y yo en la casa, todo se siente extremadamente solitario. Si tan solo mi
nena recobrara el habla…
Bueno, mañana llamaré a Alen y le diré
que venga a almorzar y traiga a Tarek con él. Es sábado, y por lo que me habían
dicho solo tendrían un examen por la mañana, así que no hay excusa. Qué pena
que Sisa esté en Libiak; me encantaría hacer un almuerzo al aire libre para
todos los chic…
¡Pero claro! ¡Podría organizar un
almuerzo algunos días antes de Navidad!
¡Ah, sí! Y de paso debo ir pensando en
preguntarle a Alen si tiene traje para llevar a Sisa al baile de su escuela,
porque esa noche debe ser muy especial. Aunque sería mejor uno de estreno,
¿tendría que preguntarle a Sisa el color de su vestido? Así podría buscar un
traje que combine perfectamente.
Les tomaré muchísimas fotos y mandaré
encuadrar la más bonita. Mi hijo está poniéndose muy guapo con los años, y
siempre que lo veo junto a Sisa es inevitable que me emocione. ¡Ella es tan
bonita! Con el cabello marrón y esos ojitos tan llamativos.
Giré la vista de casualidad y me
encontré con mi reflejo en el espejo del pasadizo. Hablando de cabello: tal vez
ya sea hora de un corte para mí. Las puntas están perdiendo su…
Hmp…
El sonido extraño que me alertó. ¿Qué
había sido eso?
Giré, y me dirigí rápidamente a la
última puerta del pasadizo.
— ¿Naina? — Abrí la puerta—. Mi amor,
¿qué pasa?
Encendí las luces y me acerqué con
prontitud.
No…
Mi nena estaba ahí, sentada sobre la
cama y llorando con sollozos insonoros. Se me partió el alma verla tan
angustiada.
La tomé por los brazos y la senté sobre
mi regazo:
— Mi vida, ¿qué sucede? ¿Un mal sueño? —
La acuné sobre mi pecho, pero no obtuve respuesta alguna—. Naina, mi amor, ¿qué
pasa?
Apretó los labios y negó con la cabeza fuertemente.
— Naina, Naina, mi vida; no voy a
entender si no me explicas — pedí afligida. Dios, ¿por qué tiene que suceder
esto? Si tan solo hubiera alguna manera de que saber qué cosa la pone tan
triste. No es la primera vez que se despierta llorando, pero ya hace meses que
no sucedía —. Naina, ¡Naina!
Traté de controlar mis emociones porque
solo empeoraría las cosas, tal y como el doctor ya nos había dicho. Me apreté
los ojos, tratando de reprimir las lágrimas, y después la tomé por las
mejillas.
— Mi vida, ayúdame a entenderte, por
favor. — Como no me respondió y las lágrimas cayeron con más ímpetu, opté por
sacar los crayones que Alen había sugerido tuviéramos en el cajoncito del
velador de al lado, y también una de las hojas de colores del block de notas
que teníamos en el cajón de abajo. Puse los implementos en sus manos, y le
acaricié la cabecita—. Mi amor, intenta decirle a mamá qué cosa te pone tan
triste.
Se limpió los ojitos con esmero y tomó
una de las crayolas. Aguardé impaciente, y segundos después me encontré con un
mensaje en letras enormes:
QUIERO HA ALY
— ¿A tu hermano?— asintió fuertemente. La
observé, desalentada—. Amor, son casi las dos de la mañana: no hay manera de pedirle
que venga.
Tomó los crayones y escribió con algo
de dificultad.
QUE NO SE VAYA
— ¿Irse? Tu hermano no va a irse a ningún
lado, mi amor — le expliqué, pero solo conseguí que el ataque de llanto se
renovara: ¿sería por sus planes de mudarse a Libiak en caso de que Sisa
ingresara a Gaib Art? Dios, ¿cómo puedo
comprenderla?—. Naina, mi vida, por favor: no me hagas esto.
La abracé con fuerza cuando la sentí
llorar desesperada. Tiró los crayones y empezó a patalear: ¡Dios, no! ¡Me
siento como la peor madre del mundo! No puedo aliviar el malestar de mi hija;
tampoco pude estar ahí cuando más me necesitaba y por eso había perdido la voz.
¿Qué
estamos haciendo mal?
— Naina, Naina, no… — supliqué
arrullándola. Se aferró con fuerza a mi cuello, y para mi sorpresa los sollozos
empezaron a hacerse sonoros. Me sorprendió un poco porque ella no solía usar la
voz más que cuando se reía: era un avance, pero aun así oírla llorar era
terrible—. Naina, no llores así. Mami no sabe qué hacer.
La tomé en brazos, angustiada, y la
llevé conmigo a mi habitación. Tomé mi celular y marqué el número.
Una timbrada, dos, tres, cuatro: buzón
de voz.
— Hija, es muy tarde. Tu hermano debe
estar descansando para su examen de mañana. — Negó con la cabeza, con fuerza, y
el llanto se hizo muchísimo más desesperado—. Naina, ¡Naina! ¿Qué pasa, mi
amor?
Me senté con ella sobre la cama, pero
no pude detenerla. El ataque siguió hasta que sugerí ir a buscarlo al
departamento que compartía con Tarek.
Me miró fijamente y los sollozos se
detuvieron.
— ¿Quieres eso? — Asintió con ímpetu.
Santo Dios, son las dos de la madrugada; supongo que puedo sacar el auto y
conducir hasta allá.
Alen sabrá comprender que era un asunto
de urgencia; estoy más que segura.
— Iré a traer tu abriguito y nos vamos,
¿sí? — Aceptó y corrió a ponerse los
zapatos. Pasé a su habitación, hablando en voz alta para que no se sintiera
sola. Abrí el clóset, saqué el abrigo marrón, un par de guantes y el gorrito de
lana. Sé que está mal el ser tan condescendientes con ella, pero no hay otro
modo de detener los ataques de llanto en su condición.
Retorné, repitiendo que despertaríamos
a Alen, y podría rendir su examen sumamente cansado a ver si así la hacía
desistir, pero cuando volví solté un grito, aterrada.
Solté la muda de ropa y me cubrí la
boca con las manos.
Había… ¡había un hombre alto, de barba
y piel oscura parado junto a la cama, tocando la frente de mi hija y con un
destello violeta saliendo de su mano!
— Tranquila, él estará bien— oí que le
decía—. Tal vez va a dormir un
poco, pero en algún momento despertará.
— ¡AUXIL…! — traté de decir, pero no pude
continuar porque las cuerdas vocales se me cerraron con fuerza.
¡Dios, ¿qué es esto?!
Retrocedí cuando volteó a mirarme, y
casi me da un infarto cuando apareció muy cerca de mí, sin necesidad de haberse
movido en lo absoluto. Sus ojos me observaron con tanta fuerza que creí iba a
asesinarme. Eran de un violeta inexplicablemente brillante.
— Mujer, no grites tanto — dijo con voz
profunda. ¡¿Qué está pasando?! ¡Quién es este sujeto! —. Solo vine a calmar a
la niña; no hay manera de que lo encuentren. Es mejor empezar a olvidarlo.
¿Qué…?
Su mano se posó sobre mi cabeza; sentí
que los ojos se me escaparían de las cuencas. ¡Va a matarme! ¡VA A MATARM…!
— Gracias por ser tan buena madre — me
dijo. Por un momento sentí como si agua tibia se deslizara sobre mí, sin
mojarme, y relajándome al completo. Lo observé, sin comprender nada —. No sabes
todo lo humanamente feliz que fue al lado de tu familia. El hombre, tu esposo,
y la niña, tu hija, le han brindado los mejores recuerdos.
¿Los mejores
recuerdos?
— No sufran por él. Eso solo lo pondría
más triste.
¿Qué…?
— ¡AH!
Abrí los ojos con violencia; el cuerpo
me tembló con brusquedad. Observé alrededor, y me encontré a mí misma sentada
en la sala, con el libro que Lola me había obsequiado sobre el piso.
¿Qué…? ¿Qué pasó?
Tu-tuve un sueño y en él…había un
hombre de piel aceitun…
— ¿Cómo…? — Me sentía atontada,
aletargada. Como si me hubiera recuperado de un prolongado desmayo.
Me puse de pie confundida: ¿qué había
estado soñando? Mmm, creo que en realidad nada.
Volteé a ver el reloj: eran las dos y
media de la madrugada. ¡¿Cómo he podido quedarme dormida aquí?! Más tarde voy a
tener un serio dolor muscular en el cuello.
Sí, tal vez estoy así porque quedarme
en casa, solo con Naina, hace que todo se sienta extremadamente vacío.
Apagué todas las luces del primer piso
y crucé el pasillo. Me encontré con mi reflejo en el espejo y con la fotografía
de nuestra familia sobre la mesa del recibidor. Lo tomé y por si las dudas pasé
a la habitación de Naina a verificar que estuviera bien.
— Yo también ya debería irme a la cama —
susurré cuando la encontré profundamente dormida.
Dejé el cuadro en el lugar anterior; no
pude evitar enfocarme en el chico de cabello desordenado y ojos miel.
¿El
chico?
Es mi hijo: Alen. ¿Por qué he dicho “el
chico”?
Qué extraño.
»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«
Amber
Observé por los ventanales que
conducían al balcón. Hoy está haciendo muchísimo más frío que de costumbre y
una horrible sensación de vacío se siente alrededor.
¿Cuánto ha pasado? ¿Treinta y un horas?
Sí, han sido treinta y un horas.
Treinta y un horas que Samin lleva sentado ahí, frente al muro repleto de gozos
y martirios; con los ojos cerrados y en completo silencio.
Noté que su cuerpo empezó a caer de
costado. Aparecí junto a él y lo sostuve; le di de beber algo de agua sin
despertarlo, tal y como me había pedido que hiciera antes de entrar en trance,
y después volví a mi sitio sobre el sofá.
— ¡AH! — reaccionó.
Me puse de pie, completamente alterada,
cuando abrió los ojos con violencia y el violeta brillante fulguró.
— ¡Samin! — exclamé y me acerqué
rápidamente. Traté de sostener su cuerpo porque lo vi algo tambaleante al
ponerse de pie, pero me empujó a un lado.
— ¡No me toques, demonio! — me espetó airado.
¿Qué…?
Sentí como si me hubiera abofeteado.
Traté de tomar con ligereza el asunto,
pero los ojos me picaron. El gesto era más propio del ángel que había conocido
hace muchísimo tiempo, que del calehim
con el que ahora convivía.
— Gremory. — Los ojos violeta le
fulguraron y después recobraron poco a poco el verde habitual. Parpadeó, como
reaccionando, y me observó ligeramente sorprendido—: Amber, ¡Amber, lo siento
muchísimo!
Retrocedí, tratando de pensar en otra
cosa porque el tono rudo me había afectado demasiado.
— Termine hace poco el último martirio… Vi
algunas escenas de mi existencia original y creo que mezclé imágenes. No…no
quise ser grosero.
Me pasé las manos por el rostro con
rapidez, antes de que algo tan ridículo como lágrimas aparecieran en él.
— No — me pidió apenado—. No llor...
— ¡NO ESTOY LLORANDO! — grité enfurecida
y le di la espalda.
Por un segundo tuve en frente de mí al
Nanael que conocí en un principio: a ese ángel inalcanzable, único entre los
suyos y con un aborrecimiento completo hacia los míos.
¿Mezclando imágenes? ¿Y eso qué
significaba? ¿Que si en algún momento él recuperaba todos los recuerdos de su
existencia original iba volver a despreciarme?
«Dijiste
que serías su sombra, que no te importaría nada».
Es tan extraño cómo una puede ser tan
incoherente consigo misma.
Iba a dejarlo solo, pero me tomó por la
muñeca y me jaló hasta él. Elevé la mirada, asombrada, solo para que el abrazo
que tanto esperaba se quedara en un simple choque de miradas.
Puso una mano sobre mi cabeza y me
sonrió:
— Has cuidado de mi cuerpo con mucho
esmero. Me has proporcionado toda el agua necesaria para mantener mi energía al
máximo y concluir con el Himno de división.
— Siempre…siempre cumplo al pie de la
letra mis tareas — respondí, aún algo sentida por lo anterior.
— Y yo siempre estaré muy agradecido
contigo por eso. — Y me sonrió. Me sentí como una estúpida porque bastó ese
gesto para que me olvidara por completo de lo anterior.
Fui a la cocina por las verduras que
tenía preparadas para él desde hace unas horas. Las puse en una fuente y
retorné, tratando de sonar algo indiferente.
Samin sabe que nunca voy a enfadarme
realmente con él, pero sería algo gratificante verlo intentar obtener mi
perdón.
— ¿Entonces ya terminaste el Himno al
completo? — pregunté como quien no quiere la cosa. Él asintió, pero antes de
que me dijera algo más noté que se puso serio—. ¿Samin? — Frunció la frente y
el gesto hosco en su mirada reapareció.
Por todas las creaciones, no me digan
que ha vuelto a sentirse como Nanae…
— ¿Tan pronto? — murmuró. Lo miré, sin
comprender:
— ¿Samin? — Quise preguntarle qué
sucedía, pero al instante invocó una barrera en forma de burbuja y me encerró
en ella—. ¡Samin!
— Si estás muy cerca podría afectarte.
Se arrancó la manga del brazo derecho
de un tirón y después se plantó frente al muro con todos los gozos y martirios
que conformaban el Himno de división mientras susurraba varios cánticos.
— ¡¿Qué?! — ¡¿Iba a hacerlo ahora?! ¡Pero
si acababa de terminarlo!—. ¡Samin, tienes que descansar!
— No puedo hacerlo; Berith ya lo tiene
consigo. — Abrí los ojos pasmada. Lo vi plantando la palma de su mano sobre el
centro del mural, completamente decidido, y todas las letras empezaron a
despegarse de la superficie para trepar por sus dedos hasta formar un tatuaje
enormemente elaborado en toda la extensión de su brazo derecho—. No debo
recordarte tu parte en el plan, ¿verdad, Amber?
Las inscripciones parecían marcarse
como hierro caliente sobre su piel
— ¡Claro que no! — respondí más
preocupada por su gesto de dolor que por otra cosa—. Samin, tal vez deberías
descansar un poc…
— Repíteme exactamente qué debes hacer.
— Samin, ya te dije que…
— ¡Repítelo, Amber! — ¡¿Por qué siempre es tan terco?!
Puse los ojos en blanco y asentí:
— Mantener a cualquiera alejado de ti.
Nadie más que tú puede estar en el perímetro.
— ¿Qué más?
— Vea lo que vea, escuche lo que escuche:
no voy a desconfiar de ti. Así la pequeña Cachorra o Seir me lo supliquen, no
alteraré ninguna parte del proceso. Mantendré al pie de la letra todas las
indicaciones del plan.
— No vas a desconfiar, júramelo.
— Samin, sabes que eso…
— ¡Júramelo, Amber! — bramó demandante.
— ¡MALDITA SEA, TE LO JURO! — estallé.
Volteó a observarme, me sonrió y
después asintió:
— Listo; y ahora…— Apretó los dientes
antes la última inscripción grabándose en su brazo y después suspiró. La
burbuja se desvaneció; me acerqué rápidamente a verificar su estado.
Cielos, se ve horrible: las venas están
tan hinchadas que parece quisieran explotar.
— Tranquila, ya va a pasar.
— Samin…
— Y ahora vámonos. — Asentí.
Sentí un horrible frío en el pecho.
El momento había llegado.
»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«
Alen
¡PAM!
— ¡Ah!
Caí directamente sobre algo que parecía ser mármol.
Elevé la mirada, aturdido, y me encontré en un enorme salón circular que no
supe identificar. Estaba repleta de vitrales en puntos tan elevados que solo
podía ver algunos de ellos. Había algunas líneas esculpidas en el piso:
parecían ser antiguos escritos en lengua Delnial.
Observé la palma de mi mano marcada con
sangre y en ese momento distinguí una mancha borrosa corriendo en círculos por
toda la extensión del salón: era Berith.
Me costó trabajo seguir sus
movimientos. A medida que lo veía cruzar, más inscripciones escritas en rojo
escarlata aparecían en las paredes y en el suelo. Había nueve símbolos
equidistantes en toda la pared circular, a gran escala.
¿Qué es eso? ¿No es uno de los emblemas
de Voso?
— ¡Berith! — grité: mi voz resonó con eco
por todo el salón—. ¡Berith, ¿por qué está inscrito aquí uno de los símbolos de
Voso?! — Había pedido recuperar mi nombre, pero esa inscripción era una de
transformación —. ¡BERITH! ¡Berith, no tengo tiemp…!
— Estás al tanto de que ni bien
estrechaste mi mano, el contrato se firmó ¿verdad, Forgeso? — Se detuvo
abruptamente. Lo miré, sin comprender por qué sonaba tan emocionado: los ojos
le brillaban; me sentí como una especie de presa a punto de ser devorada—. No
hay marcha atrás.
— Berith, prometiste devolverme mi nombre
sin pedirme nada a cambio — repliqué con seriedad—, pero los emblemas que estoy
viendo inscritos no tienen nada que…
— Tranquilo, Forgeso. Déjalo en mis
manos.
Se inclinó, dispuesto a continuar, y en
ese momento noté algo particular.
Los músculos están empezando a dejar de
responderme: primero las piernas, ahora las manos… todo el cuerpo se me está
poniendo helado y sumamente tieso.
Hay alguna especie de martirio de
inmovilidad alrededor.
— No puedo moverme — declaré, tratando de
permanecer tranquilo.
— Es parte del proceso; ¿para qué
querrías moverte? — El tono burlón me puso en alerta: los ojos rojos y la
sonrisa en su rostro me inquietaron—. No hay manera de acelerar los
preparativos, así que charlemos un poco. Dime, Forgeso, ¿qué sabes de la
Rebelión de los 500 caídos?
¿Qué? ¿Y ahora por qué me preguntaba
eso tan repentinamente?
— Berith, ¿de qué rayos estás hablan…?
— El Todo fue muy benevolente al crearnos
con muchas facultades útiles, pero olvidó darnos la primordial; es evidente que
sabes de lo que hablo. — Ignoró el gesto confundido de mi rostro y elevó los
ojos con dramatismo, como recordando algo sumamente catastrófico—. ¡Pobres de
nosotros! ¡Tan prodigiosos, tan hermosos…! ¿Y creados para qué? Para envidiar a
los humanos.
— ¡Berith, acepté tu maldito trato porque
necesito salvar al hermano y al abuelo de Sisa! — exclamé impaciente. ¡Si no se
apresuraba Azrael llegaría y se llevaría las almas para reinsertarlas a sus
nuevas vidas!—. ¡BERITH! — grité al no verme escuchado.
— Nosotros no poseemos el poder de
reproducción que poseen los humanos. Dime, ¿te parece algo sensato? Esos seres
se encargan de destruirse los unos a los otros, de destruirse a sí mismos, ¡de
destruir su propio hábitat! Y por cosas absurdas a las que ellos mismos les han
otorgado valor: dinero, ideologías absurdas, relig…
— ¡BERITH, Y UN CARAJO! — bramé perdiendo
los estribos—. ¡TE ESTOY DICIENDO QUE…!
¡PAM!
Me encogí con fuerza cuando su rodilla
impactó contra mi abdomen. No podía mover los músculos, pero el golpe y el
dolor provocaron que mi cuerpo reaccionara. Tosí, buscando capturar algo de
aire, y después me quedé ahí, tratando de recuperarme de la agresión.
— ¡Tenía ganas de hacer eso desde hace
tanto tiempo…! Siempre tan arrogante, ¡tan prepotente! Cuando no eres más que
el juguete de nuestra Madre e Hija. — ¿Qué?
Elevé la mirada con dificultad; lo encontré caminando sumamente tranquilo,
observando los vitrales, lleno de fascinación—. Retomemos nuestra charla; dime,
¡cómo esa especie tan primitiva ¿podía gozar de un poder de permanencia que no
merecen?! Pasaron eras en las que muchos nos hicimos aquel cuestionamiento, y
si bien el Todo nos creó, nosotros podríamos perfeccionarnos: los humanos lo
llaman “evolución”. No te daré todos los detalles porque ya los verás por ti
mismo más adelante, y porque nuestros invitados llegarán dentro de poco y no
tenemos tiempo.
— ¿Invitados? — Un ligero temblor me
atacó —. Berith, no entiendo absolutamente nada. ¿Por qué demonios estás
contándome esto?
El tiempo era sumamente importante, ¡y
el idiota no dejaba de hablar de un asunto que no me importaba en lo más mínimo!
— Estuvimos más unidos que nunca cuando
nació. Un grupo de ángeles y demonios, dejando de verse como antagonistas para
proteger un punto en común: nuestra perfección, aquella que sería nuestra hija
y permitiría la perpetuación de la especie. No una copia del Todo porque ella
era única, y era nuestra. No era lejana, no era un agente externo. Era madre e
hija a la vez y nos pertenecía: ¿a qué te suena eso, Forgeso?
— ¡NO ME SUENA A NADA! — exploté. ¡Joan y
Alcides me necesitaban! —. ¡BERITH!
No obtuve respuesta; un par de cadenas
aparecieron en el piso: los grilletes se cerraron entorno a mis muñecas y
tobillos con fuerza.
— ¿Así de fácil fue atraparlo? — Voso, su
cabello rojizo y las manchas de leopardo en su piel aparecieron delante de mí.
Entrecerré la mirada, sin comprender.
¿Atraparme?
¿Pero qué...?
— Les dije que asociar las imágenes de
Nanael con lo del suicidio funcionaría. Él siempre va a intentar protegerla,
así sea de los males cotidianos para la humanidad — dijo otro. Volteé la mirada
solo para encontrarme con un par de ojos completamente blancos, sin pupila ni
iris alguno, escudriñándome —. Mi nombre es Andrax, y soy el encargado de la
discordia. Es un placer conocer al portador de la Pureza excelsa, así sea en su
versión más inmunda: casi desertor.
La especialidad de Voso es la de la Transformación,
y ahora este demonio es el encargado de la Discordia. ¿Qué significa todo esto?
No me dio tiempo para analizar nada
más, porque en ese momento aparecieron cinco individuos más, rodeándome.
Uno, dos, tres…
No…
Ocho demonios, contando a Berith: ¿qué
está pasando aquí? ¿Por qué hay tantos duques, marqueses y presidentes demonios
rodeándome como si quisieran algo en particular de mí?
— ¡Berith, ¿qué es todo esto?! — exigí
nuevamente, pero las cadenas tiraron con fuerza y me obligaron a caer boca
abajo —: ¡BERITH!
— Relájate, Alen. — Elevé la mirada: me encontré con un sujeto de
largo cabello blanco y ojos claros—. Creo que no me conoces, déjame presentarte
mis respetos: mi nombre es Naberius, y estoy complacido de restablecer la
dignidad de tu naturaleza original, para que así tú colabores con la liberación
de nuestra Madre e Hija.
¿Qué? ¿Madre e Hija? ¿Colaborar con la
liberación? ¿De qué están hablando?
— ¡Berith! ¡BERITH!
Intenté protestar, pero las cuerdas
vocales se me tensaron ante el grito que salió de mi pecho. Sentía como si
miles de agujas me traspasaran, una muchísimo peor que la anterior; por un
momento la visión se me tornó borrosa.
Cuando el dolor disminuyó, me encontré
a mí mismo boca abajo, respirando con dificultad y sintiendo que los ojos me
ardían como nunca.
¿Qué…? ¿Qué está
pasando?
— No grites, Forgeso. Estás en el Recinto
de los Ahogados: son muy pocos los que saben de él e ingresan, así que siéntete
halagado y sé más respetuoso.
— Be…Berith, ¿qu-qué es todo esto? — Algunas
inscripciones dejaron el piso y empezaron a tatuarse en la piel de mis brazos.
Voso y el tal Naberius se ubicaron en puntos clave y empezaron a murmurar
martirios tan veloces que sonaban a silbidos.
Traté de mantener mi atención enfocada
en ellos, pero no pude evitar que se me escapara otro grito. ¡¿Qué está
pasando?! ¡¿Por qué duele tanto?!
— El Recinto de los Ahogados es utilizado
para rituales importantes: tiene la ventaja de absorber energía, Forgeso. — Es Berith, ¿verdad? El que habla es Berith—. Quebrar tu Sello de olvido implica el empleo
de una fuerte cantidad de martirios: si lo hacemos en otro lado podríamos
provocar alguna catástrofe, y los humanos no están para terremotos o maremotos
no anunciados.
— ¿Estás diciéndome…que es necesario…que
todos “ellos” colaboren con el rito? — Traté de vocalizar lo mejor que
pude porque algo estaba impidiéndome respirar. Había aceptado el trato sin paga
que me había ofrecido Berith; pero emplear a otros siete demonios más implicaba
siete pagos más, y yo no había aceptado semejante propuesta—. ¡Berith…!
¡Berith, en ningún momento acepté la ayuda de…los otros!
— Forgeso, yo solo no podré quebrar tu
sello. — Se está riendo, se está riendo: ¿en
qué me he metido? —. Soy poderoso, lo sé, pero sería una barbaridad pensar
que podría hacerlo solo. Además, yo solamente ofrecí quebrar tu sello…nunca
dije que lo haría sin compañía.
No…
La respiración se me disparó con
violencia; sentí mi propio corazón golpeteando, asustado, en mi pecho.
— ¿Ya casi listo? — Reconocí la voz de
Nhyna por detrás. Y no fue hasta que se posicionó delante de mí, de cuclillas,
que todo cobró sentido.
¿Qué…?
— ¿Pero qué…?— murmuré con los ojos
abiertos de par en par.
— ¿Qué tal, Forgeso? — Su sonrisa me
alteró por completo—. Escuché tu encantadora voz a un par de kilómetros: dime,
¿duele mucho el recordar?
Ahí, en frente, no tenía a Nhyna.
Tenía a Sisa, de blanco y mirada
aburrida. No pasó mucho para que retomara su figura usual; con el cabello
plateado y los ojos celestes.
Recordé bruscamente la vez que me llevó
hasta la morada que compartía con Berith. Cuando caímos a la enorme piscina
humeante.
»—
¡¿Qué mierda pasa contigo?! ¡Me veo exactamente igual a la asquerosa humana!
Es verdad, ella podía adoptar su figura
sin ninguna dificultad.
No…no
puede ser…
— Los humanos son muy simples — me dijo
burlonamente—. Ven algo y al instante creen lo que sus ojos distinguen.
La voz de Joan me golpeó con rudeza:
»—
La vi…ambos la vimos…Si-Sisa estaba aquí, casi…la arrollamos. De blanco…estaba
de blanco.
No…
¡NO!
— ¡FUISTE TÚ! — bramé enfurecido.
¡Había sido ella! ¡Había aparecido así,
en la carretera, y entonces Joan y Alcides…!
— ¡¿CÓMO PUDISTE…?!
— No fue mi culpa. — Traté de ponerme de
pie pero las estúpidas cadenas me inmovilizaron con más fuerza y me obligaron a
permanecer boca abajo—. Yo solo estaba jugando: aparecí en frente, y ellos
juraron que era la niña estúpida. No es mi problema que los humanos solo vean
con los ojos, Forgeso.
Distinguí uno de los martirios que se
grababa en mi brazo: ¿locura? ¡¿Qué es esto?!
— ¡BERITH!
— Tu turno, Esquiz — oí a Voso; otro
sujeto se posicionó delante. Traté de ubicarlo, pero un dolor intenso me
traspasó la nuca. Solté un grito tan fuerte que me quedé sin respiración por
unos segundos.
¿Qué es todo esto? Tarek tenía razón…
¿por qué creí que Berith podría ser de ayuda?
Sisa...
Su abuelo…su hermano…tengo que
salvarlos. ¡No puedo dejarla sola!
— Be-Berith — alcancé a decir. ¿En qué
momento empecé a temblar tan bruscamente? Mi cuerpo se sentía como anestesiado—,
esto…esto no tiene nada que ver con mi se…sello de olvido.
— ¿Que no tiene nada que ver? — Las
cadenas se destensaron. Sentí un ligero alivio en las muñecas y los tobillos,
pero duró poco porque algo tiró de mí con fuerza hasta ponerme de pie y dejarme
con los brazos y las piernas extendidas —. Forgeso, esto tiene absolutamente
todo que ver. Naberius, ¿cuánto falta?
Traté de escapar, pero los músculos
dejaron de responderme.
— Empezará a recordar en este momento; pero
sería bueno ir dándole un panorama general.
— Retomando la Rebelión de los 500
caídos; Forgeso, uno de los tuyos, de los más sabios, a decir verdad, tuvo una
idea magistral: si habíamos sido creados al mismo tiempo, tal vez fusionándonos
podríamos alcanzar cierta perfección. Inclusive tal vez llegar a la altura del
Todo.
Apreté los dientes ante el dolor
intenso en el cráneo. Lo veo…sí, fue
Crocell: perteneciente a la jerarquía de las Potestades, muy sabio, repleto de
conocimientos para descubrir y describir la complejidad de las creaciones del
Todo, pero demasiado ambicioso. No estuve presente, pero se me fue informado
absolutamente de toda la situación después de que Nanael y yo despertáramos: hubo
desapariciones que fueron promovidas por él. Se dice que raptaban ángeles y
demonios para experimentar, buscando el prototipo adecuado para la fusión.
Crocell fue condenado a vivir con forma
humana, encerrado en el más profundo de los abismos por sus acciones. Sus manos
estaban obligadas a arrancar sus ojos, sufrir la dolorosa agonía hasta
fallecer, y revivir en su estado inicial solo para volver a arrancárselos.
Muerte y vida, muerte y vida, así sucesivamente por el resto de los tiempos.
— Su momento está muy cerca: salvaremos
al ideólogo de toda la maravillosa creación del ser perfecto — dijo Andrax—.
Crocell será rescatado, y cada uno de los culpables de su encierro pagará por
todo su sufrimiento.
— Crocell estaba en lo cierto, ¡por
completo! Ángel y demonio en un mismo ser era el ente más perfecto de todas las
creaciones jamás vistas — agregó el otro, Naberius. Solté otro grito porque
sentí como si los huesos de los brazos se me partieran con fuerza—. Y
finalmente se logró llegar a hacerlo, ¡después de tantas pruebas fallidas…!
Nuestra Madre e Hija era la belleza misma, ¡la vida misma! ¡Se tenía todo a
favor para ejercer el control total sobre todas las criaturas del universo! ¡Sobre
el Todo mismo!
Su exaltación me provocó arcadas.
Sonaba completamente desquiciado, casi extasiado, por algo que era
completamente catastrófico.
— Ya empieza— oí a Voso, y millares de
imágenes empezaron a cruzar por mi mente. La información volvía demasiado de
prisa; la cabeza me estallaría.
El
Todo, demostrando una vez más su magnificencia,
los
hizo brotar de un suspiro para así contribuir con el equilibrio.
Nanael, mi hermano de nacimiento… Ambos
creados de un suspiro; ambos dormidos, esperando despertar del largo sueño que
duró eras, solo para llevar a cabo una única misión.
— Forgeso — alcancé a oír—, ¿por qué
crees que Albania Formerio requería de dos custodios tan especiales? — ¿De qué habla? —. ¿Por qué le darían a
una humana al ángel más puro y al más severo, como custodios?
La veo; claro que la veo…
El bebé que acogieron en la casa de los
Formerio, la niña que correteaba por los jardines riendo; la chica que me pidió
darle su primer beso.
— Debíamos vigilarla — susurré
consternado.
Albania…Albania requería de dos
custodios que la vigilaran.
— Así es — dijo Berith—. Porque Albania…
Albania…
— …no era humana — completé pasmado. Lo
recordaba, ¡claro que lo recordaba!
Albania era el resultado letal de
aquella rebelión que incluyó en sus filas a miles de ángeles y demonios con
deseos de dominación.
La idea de Crocell había dado
resultado: Albania mitad ángel, mitad demonio; Albania amenazando la armonía de
todos los universos.
Madre
e Hija a la vez, ese
era el título con el que se le conocía. Era peligrosa…muy peligrosa.
Todo empezaba a encajar; yo mismo
empezaba a comprender las cosas.
— ¿Y sabes qué es lo más interesante de
todo esto? — me preguntó Andrax. Sus ojos completamente blancos me aterraron—.
El Todo, siempre mostrando su magnificencia, los creó a ustedes mucho antes de
que la rebelión fuera planeada. Nanael y tú nacieron dormidos y solo
despertarían cuando nuestra Madre e Hija lo hiciera. Solo los altos mandos,
aquellos que pueden ver el futuro, pero no comunicarlo, sabían exactamente para
qué serían empleados. Ustedes serían los guardianes de aquello que los míos y
los tuyos, rebeldes claro, crearon. No estuve cuando abrió los ojos por primera
vez, ¡pero dicen que era la belleza misma! Nuestra Madre e Hija: nosotros la
creamos, ¡pero a su vez ella crearía a más sujetos perfectos!
Albania en un principio no tenía
nombre. Era conocida como “la Original”; y cuando las batallas iniciaron, la
única manera que se encontró para evitar futuros desastres fue enclaustrar toda
su naturaleza destructora.
La encerraron, la confinaron…
La
obligaron a vivir como…
— Humano — añadió alguien: Andrax,
Berith, Voso, ya no sé —. Nuestra Madre, nuestra Hija, ¡tratada como un burdo
ser! Siendo obligada a vivir encerrada en un insignificante cuerpo humano. Pero
su magnificencia era absoluta: era hermosa, perfecta como su naturaleza misma
lo dictaba, e inmune a cualquier mal absurdamente humano.
Albania…Albania no podía morir. Solo lo
haría al llegar a los 99 años; para de ahí reencarnar y así sucesivamente en
todas sus próximas vidas. Hasta que su esencia destructora menguara.
Se guardaba la esperanza de que, si
vivía en el Mundo terrenal por incontables ocasiones, en algún momento su
esencia se uniría por completo a su cuerpo humano y de su naturaleza original
nada quedaría.
La cabeza estaba ardiéndome, las
inscripciones en la piel empezaban a sangrar.
— Empiezas a recordar: bien, es cierto,
Albania no podía morir; toda su perfección la hacía inmune a enfermedades o
accidentes. Podría haberse caído de la montaña más alta, y después reírse de
ello. — Los ojos se me cerraron con fuerza cuando las entrañas empezaron a
quemarme; Berith continuó—: Solo había tres maneras de que falleciera: de
muerte natural a la edad acordada, si optaba por el suicidio…o si sus custodios
creían conveniente deshacerse de ella.
En
sus manos queda la tarea
de
velar por la armonía de todos los universos.
Solo nosotros podíamos destruirla. Solo
Nanael y yo teníamos el poder para llevar a cabo el Rito de Expiración: el
primer ataque destruiría el cuerpo…y el segundo se encargaría de la esencia
original.
Yo…yo era el encargado de la materia
humana, y Nanael del alma. Por eso ambos fuimos creados juntos, porque uno
dependía del otro para destruirla por completo.
— Ya debes saber qué es lo que
necesitamos en este momento, Forgeso. — Me encogí bruscamente. El aire empezaba
a ingresar con dificultad; el pecho me dolía tan solo al tratar de aspirar un
poco—. Necesitamos deshacernos de la prisión deshonrosa que significa su cuerpo
humano, para así obtener la esencia pura de nuestra Madre e Hija. — ¿Qué está diciendo? —. En pocas
palabras, necesitamos de TU ayuda.
¿Qué? ¿Acaso está loco?
— ¿Has…? ¡¿Has perdido la cabeza?! — Sentí
que no podía cerrar los párpados: los ojos empezaban a arderme—. ¡Jamás…!
¡Jamás lo haría! ¡Además Albania está muerta, imbécil! ¡No existe! ¡Se suicidó!
¡Lo recuerdo claramente!
Por el acantilado…la veo cayendo,
gritando que no podía creerlo, que prefería morir. No recuerdo el porqué de su
tristeza, pero sí la veo tiesa, muerta.
— Es cierto; nuestra Madre e Hija cometió
el error de querer acabar consigo misma. — Las inscripciones en la piel me
traspasaron hasta los huesos: un dolor intenso me acribilló por toda la
espalda. Ya ni siquiera sabía quién era el que estaba hablándome—. Albania se
suicidó y hasta ahí pudo haber quedado, sino hubiese sido por tu rápida
intervención: la resucitaste, ¡tal y como planeabas hacer hoy con el abuelo de
la preciosa Sisa! La resignación no va contigo cuando se trata del ser al que tanto
amas; y estamos muy agradecidos contigo por eso.
Sisa…
»
Solo te voy a querer a ti, ¡siempre! ¡Todo lo que dure mi existencia en este
mundo, y en todos los que vengan! Solo te voy a querer a ti, Alen. Solo a
ti…solo a ti.
»…él es mi felicidad… pero
tú, el aire que respiro…
¿Qué estoy viendo? Ondas marrones,
risas musicales, miradas juguetonas. Escucho el cántico de un violín…de su violín.
No…
— ¡DESPIERTA! — bramaron. Los ojos se me
abrieron con violencia, la vista se me nubló: casi pude sentir la A tatuándose
en mi cuello.
Veo a una chica tocando el violín en
medio de una habitación con doseles. El sonido me enamora, verla me hipnotiza.
Sisa…Sisa…
— ¿Crees que su historia de amor nació
espontáneamente? — Me incliné con fuerza; tosí cuando algo por dentro empezó a
ahogarme: abrí los ojos y me encontré con una mancha enorme de sangre sobre el
piso.
Sisa…
— ¡DESPIERTA!
Albania…
Traté de huir, pero el cuerpo me pesó
tanto que caí de rodillas. La piel del cuello me escoció: los ojos me
fulguraron ante la siguiente letra.
— Forgeso, te enamoraste de esa chica
porque ya la habías amado en su existencia original; tanto en la de ella como
en la tuya. Te enamoraste de Albania Formerio…
Todo
este tiempo…
— …y te volviste a enamorar de ella, pero
encontrándola con otro nombre. — La
veo…hermosa, sonriéndome, repitiendo que no iba a lastimarme—. La amaste
como Albania Formerio…
No…
— …y ahora la amas de nuevo como Sisa
Daquel.
Los músculos se me tensaron: otro grito
se escapó de mi pecho. La cabeza me giraba con fuerza, llena de demasiadas
cosas como para ponerme analizarlas.
Sisa, Sisa. Albania…
Los ojos…
Los ojos preciosos que tanto amaba…
» No sucederá de
nuevo, te lo juro.
Habían sido
los causantes de mis primeras faltas.
»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«
Tarek
— ¡AUXILIO! ¡AYÚDENME! ¡POR FAVOR!
Lo vi corriendo de aquí para allá,
gritando, completamente fuera de sí, como nunca lo había visto: loco, lleno de
impotencia. Pero no había manera… Ya
no había manera de salvar al hermano y al abuelo de Sisa.
Berith apareció; claramente vi el
brillo anhelante de sus ojos.
— ¿Forgeso?
— Devuélveme mi nombre — escuché y casi
sentí la alegría desmesurada que Berith emanó.
— ¡NO, ALEN! — grité. ¡Los demonios nunca hacían las cosas
por nada! ¡Han sido vidas tratando de persuadirlo: era una trampa! —. ¡NO LO
HAGAS!
— Estupenda decisión. — Estrecharon las
manos. La sangre de Berith trepó por la palma de Alen; el contrato a punto de
ser firmado.
— ¡ALEN! ¡ALEN! — Y ambos desaparecieron.
Me quedé ahí, como un idiota, gritando en medio de la nada.
¡¿Qué clase de trampa era esa?! ¡Debía
hacer algo inmediatamente!
— ¡Maldita sea! ¡Ya! ¡Muévanse! — le
grité a mis piernas. ¡Estúpidos protocolos sin sentido! ¡De qué me sirve tener
tanto poder si no puedo ayudar a mi amigo! ¡Si no puedo mover un jodido auto para
salvar a dos indefensos humanos! —. ¡NANAEL! ¡GREMORY!
Hethos…
Nadie…nadie apareció.
Sentí un hormigueo que inició en las
puntas de mis manos y se extendió por todos mis miembros. Mis músculos se
liberaron, así, de la nada: comprendí el horrible significado de ello.
Ya…ya
está…
Ya nada me impide movilizarme porque ya
no hay humanos al borde de la muerte a los que intentar salvar. En este momento
ya no siento presencias vivas.
¿Por qué? ¿Por qué justamente ellos?
Traté de ubicar la presencia de Berith,
de Alen, ¡pero no sentía absolutamente nada!
Cerré los ojos y me trasladé al
departamento de Nanael, en Frantzon: luces apagadas, ni una presencia
alrededor. ¡Maldita sea!
— ¡HETHOS! — grité apareciendo en la
tienda de antigüedades; pero si en Frantzon las cosas parecían estar
deshabitadas, aquí el panorama era mucho peor.
Aquí no se siente nada; la presencia
del ángel que alguna vez moró aquí se ha ido. Nunca estuvo: Hethos se había ido
del Mundo de los terrenales.
¿Y ahora qué hago yo? ¡¿QUÉ HAGO YO?!
Un vínculo…. ¡un vínculo fuerte!
¡Podría ubicarlo con la ayuda de un vínculo fuerte!
— ¿Tarek? — me susurró la princesa cuando
aparecí en medio de la penumbra de la habitación, en Libiak.
Busqué alrededor y me la encontré
observándome, preocupada; tal vez ya intuyendo algo.
— Sisa…
— ¿Tarek? — Se reincorporó, observándome
con algo de temor. La tomé por los hombros, me concentré y llegué a visualizar
con algo de dificultad el grueso hilo, rojo brillante, de su muñeca—. ¡Tarek,
¿qué pasa?! — me preguntó alarmada.
— Tienes que venir conmigo. Sujétate de
mi cuello, por favor. — Me incliné; para
mí buena suerte se posicionó sobre mi espalda, sin muchas preguntas y se aferró
a mi cuello —. No estoy lo suficientemente concentrado como para sostenerte; y
con una mano todo resulta más difícil.
— Tarek, ¿qué sucede? — exclamó la
princesa, pero no pude decirle más.
Al instante desaparecimos.
— ¡Tarek! — insistió Sisa. El vínculo que
compartía con Alen me trasladó a su vecindario, en Lirau. Corrí rápidamente,
con ella sobre mi espalda, pero no sentí nada alrededor. ¡Mierda!
¡Otro lugar, rápidamente!
— ¡Tarek, habla!
— Alen, ¡Alen intentó salvarlos, pero…!
¡Berith!
— ¿Q-qué…? ¡De…! ¡¿De qué estás
hablando?! — Nos trasladamos a varios puntos; no lograba ubicar la posición
exacta—. ¡Tarek, hazme el favor de ser más claro!
— Alen acaba de aceptar el trato que
Berith siempre le ha ofrecido.
— ¡¿Qué?! ¡Tarek, no entiendo
absolutamente nada! — Otro lugar fallido. Izhi, nadie; el muelle, nadie—.
¡Tarek!
— Sisa, hubo un accidente...— No pude
continuar: no había manera de explicarle los detalles porque en este momento
teníamos que encontrarlo.
Sentí sus músculos tensarse sobre mí;
exigió que le diera más explicaciones, pero en ese momento distinguí un último
lugar. Se sentía lejano, tal vez me costaría llegar a él, porque estaba en
medio de dos universos paralelos.
— Alen quiso recuperar su nombre original
para salvarlos — resumí.
Sus dedos apretaron con fuerza mis
hombros.
— ¿Qué…? ¿A quiénes?
No tengo el valor de decírselo.
»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«
Alen
Veía los rostros eufóricos de los nueve demonios que me rodeaban,
pero ya no los escuchaba.
Observé mis manos con asombro porque
era como verlas por primera vez; y después giré confundido, ante la voz que
retumbó con la fuerza de millones de voces en mi cabeza.
El
Todo, demostrando una vez más su magnificencia, los hizo brotar de un suspiro
para así contribuir con el equilibrio. En el momento de su nacimiento, se nos
fue revelado a las cabezas de la jerarquía de los Tronos parte de su misión:
ángeles y demonios se rebelarían en contra del sistema adoptado y crearían un
ser sumamente peligroso para todas las creaciones, capaz de quebrar todo
equilibrio. Aceptamos devotamente las palabras de nuestro Creador, y prometimos
custodiar su sueño hasta que se vieran obligados a abrir los ojos y vigilar
aquello que amenazaría con la paz de todos los universos.
Ese
momento ha llegado: la fusión de ángeles y demonios ha creado un ser
indefinible, denominada la “original, la única, el ente”, para nosotros; y
conocida por los hermanos rebeldes como “la Madre e Hija”. La única manera de
combatir tamaña creatura ha sido destruyendo a parte de sus protectores y
encerrándolo en el cuerpo de una de las especies denominadas Hijos de la
magnificencia. En el cuerpo de un humano, el ser mitad ángel mitad demonio será
más vulnerable, y sus capacidades originales se verán disminuidas. Vivirá sus
vidas cíclicamente, como cualquier otro, y a medida que pasen las eras
esperamos que su naturaleza destructora merme.
Solo
hay tres maneras para que fallezca: si opta por sí misma encontrarse con la
muerte; si la muerte natural, solo a la edad perfecta de 99 años, viene por
ella para así pasar a una nueva vida en un nuevo cuerpo; o si ustedes creen
necesaria su destrucción absoluta. El Todo los creó anticipando la naturaleza
del nuevo ser y les entregó el poder para eliminarlo, pero también para elegir
hacerlo o no. El portador de la pureza excelsa lanzará el primer ataque para deshacerse
de la prisión, e inmediatamente el custodio de la severidad y el castigo
lanzará el suyo para la eliminación de la esencia original.
En
sus manos queda la tarea de velar por la armonía de todos los universos. El
Todo los creó visionando el panorama futuro, así que confiamos plenamente en su
sabiduría infinita.
Mi misión... esa era mi misión.
Los nueve demonios siguen susurrando
cánticos extraños. Trato de ponerme de pie, pero todo se siente extremadamente
lento.
Nanael y yo teníamos la tarea de
vigilarla. Se creía que la original era un ente lleno de destrucción y caos;
que toda su naturaleza era sinónimo de calamidad.
»
¡Qué contenta estoy! Te siento, puedo abrazarte y tocar tu cabello: ¡es muy
suave! Y también puedo darte miles de besos.
No era así.
Yo vi crecer a esa niña. Era
caprichosa, sí, egoísta hasta decir basta también. Sabía que era hermosa, sabía
del efecto que producía en los demás, y aunque estuvo mal que yo terminara
amándola…
…no me arrepiento.
» No le temas al par
absoluto. No va a llegar, Alen. Jamás llegará.
Sisa Daquel, Albania Formerio.
Todo este tiempo la tuve al lado. En esta, mi novena vida, me he enamorado como un
demente nuevamente de esa chica. Le he entregado cada parte de mí mismo y le he
ofrecido mi corazón prácticamente en bandeja de plata, sin importar si en algún
momento decide aniquilarlo.
» …él es mi felicidad, pero
tú, el aire que respiro…
Nanael repetía que solo un idiota
podría seguir detrás de alguien que solo piensa en sí misma, porque yo había
visto su parte más egoísta y seguía enamorado de ella, aun sabiendo que me
lastimaría. Pero ahora he visto su parte más bondadosa, y si
antes la amé como un desquiciado y me tildaron de idiota, probablemente ahora
el asunto era increíblemente más patético porque sé lo mucho que me ha dañado…
…pero ya no me importa.
No me importa.
Te quiero, Alen…te quiero.
Yo
no soy Albania.
Es otra, es muchísimo mejor que antes y
la amo…la amo por sobre todas las cosas. Albania me lastimó, pero ahora ella
era Sisa Daquel y yo solo era Alen Forgeso. Así éramos felices y todo lo demás
era completamente historia pasada.
Sentí los dedos de alguien tomarme por
el mentón. Elevé la mirada solo para encontrarme con los ojos celestes de
Nhyna.
— ¿Estás bien? — me preguntó moviendo los
labios. Si tuviera la fuerza necesaria me reiría.
¿Qué clase de pregunta era esa?
¿Primero me lastima y ahora trata de verse preocupada?
— Su-suél…tame — pido, tratando de
vocalizar, porque por algún extraño motivo mi mente sigue trabajando, pero los
músculos de todo mi cuerpo se niegan a seguir alguna orden.
— ¿Ya reaccionaste? — me pregunta
Berith—. Ya casi acabamos, Forgeso. Y si te portas bien, tal vez tengas el
honor de ver a nuestra Madre e Hija en su faceta más pura. En cuanto te
deshagas de la prisión en la que vive cautiva, todos nuestros planes marcharán
como debieron ir en un principio.
¿Qué?
¿Deshacerme
de la prisión?
— ¿Ha-hablas de…a-asesinar…la?
— Evidentemente.
¿Qué…? No, ¡jamás! Así era perfecta:
humana. Sin saber nada de lo que había tras su existencia original; sin
reconocer la esencia que guardaba dentro de ella.
¡Ahora lo comprendo! Toda la
insistencia por devolverme mi nombre siempre fue pensando en eso: solo yo en
todos los universos podía deshacerme del cuerpo material para liberar la
esencia original.
— Si…estás pensando…que voy…a lastimarla,
es-estás equivocado. — Los labios vuelven a responderme. Empiezo a sentirme
incómodo en este cuerpo, pero puedo adaptarme—. ¡No lo haré! ¡No lo haré!
— Forgeso, creo que estás olvidando que
no estás en condiciones de ponerte quisquillos…
— ¡ESTÁS TRASTORNADO! ¡¿Crees que voy a
matarla?! — grité; una increíble cantidad de energía me rodeó. Todas las
sensaciones eran completamente incómodas: este cuerpo me está fastidiando, pero
si logro controlarlo podré escapar—. ¡No lo haré! ¡Antes muerto que matarla!
— Ni bien estrechaste mi mano, firmaste
tu sentenc...
— ¡Devuélveme mi nombre y lo que se te dé
la gana, pero solo loco la mataría!
¿Qué demonios sucedía con ellos?
¡¿Creían que yo iba a acceder de manera campante?! No pude controlar las
carcajadas: ¿creían que yo asesinaría a la chica que tanto amaba?
¡Estaban completamente mal de la
cabeza!
— Evidentemente hemos pensado en eso — anunció
Andrax con tranquilidad.
Los ojos se me abrieron con violencia.
— ¿Qu-qué?
— Te devolvemos tu nombre, Forgeso —la
sonrisa amplia de Berith me alarmó. Oí miles de martirios siendo susurrados
alrededor—; y no te estoy pidiendo nada a cambio, tal y como lo prometí desde
un principio. El asunto es que, para acelerar el proceso, Esquiz va a tomar
parte de tu cordura. — ¿Q-qué? —. Nunca se mencionó en el acuerdo “cómo”
debía quebrarse tu Sello de olvido, así que no estoy violando ninguna cláusula
del contrato.
— No — murmuré.
— Cuando haces pactos con demonios debes
ser muy explícito. — Su sonrisa se hizo enorme, la respiración se me agitó—.
Por cada cabo suelto nos entregas una ventaja.
— ¡No! ¡NO! ¡Berith!
Trato de decir algo, pero en ese
momento siento como si una enorme vara de metal me atravesara el pecho, como si
los pulmones estuvieran secándoseme e impidieran que el aire ingrese.
Estoy
rediseñándome por dentro. Por
eso vi la inscripción de locura…
No…no… ¡NO!
No
hay escapatoria, es mi fin.
Sisa…
Oí los martirios siendo susurrados con
velocidad. Traté de ponerme de pie, pero no…no… No sabía cómo.
Di un rápido vistazo alrededor: todos
los conceptos de mi cabeza empezaban a evaporarse, uno a uno. Observé
aterrorizado los miembros que los humanos suelen llamar “brazos”. Se veían
inertes, ¿cómo se hace para decirles que se muevan?
¡No! ¡Mis conocimientos de humano van a
colisionar con mi naturaleza original!
«Protege
a mi Cachorra, muchacho…»
Alcides, Joan.
¡No! ¡No puedo irme sin haber remediado
el asunto!
Gozos…gozos… Resurrección…sanación… los veo…son sencillos… ¡son sencillos de
hacerse en mis manos!
Siento las letras de mi nombre unirse
poco a poco dentro de mí; el sentido de mi existencia original rediseñando las
rutas de mi ser. Y si realmente van a llevarse mi cordura, debo hacerlo en este
momento. Aún no tengo las letras completas, pero tengo el suficiente poder para
llevar a cabo el rito. Está prohibido resucitar humanos, pero después de todo
esto igual tendrán que matarme. Y es mejor así…porque sería terrible
lastimarla.
Repito mentalmente todo lo que recuerdo
y voy organizando los cánticos: ¡deben funcionar! ¡VAN A FUNCIONAR!
Cierro los ojos y ahogo el grito que mi
garganta quiere soltar. Veo los hilos rojos tensándose en mis muñecas: Azrael, no lo hagas. Déjalos…déjalos en este
mundo…
Otra letra, los martirios resuenan como
campanadas: mi nombre empieza a cobrar sentido. A-N…
Aprovecho el momento de distracción
porque todos creen que estoy algo inconsciente, y entonces me lanzo hacia
arriba.
— ¡NO! ¡DETÉNGANLO! — grita Voso. Siento
las manos gélidas de Andrax tomarme por el cuello, pero giro y me lo quito de
encima.
¡No es nada! ¡Su velocidad es nada ante
la mía!
— ¡FORGESO!
Me clavo las uñas en el cuello para
iniciar el proceso y aprovechando el haber recuperado mi velocidad me apresuro
a llegar hasta la parte más alta del lugar pisando las paredes.
¡Hay luna llena! ¡Hay luna llena! ¡El
rito va a funcionar!
— ¡Atrápenlo! — Invoco una barrera y
dibujo en el aire los gozos que vienen a mi mente, con toda la rapidez que
puedo.
Sí, ya lo hice una vez: ¡ya reviví a
alguien una vez! Esto era como repetir un juego de niños. ¡Era sencillo!
¡Sumamente sencillo!
Ella ni siquiera notaría lo que sucedió
con su abuelo y su hermano. Todo habría sido como un mal sueño, nada más. Nada más.
— ¡QUIEBREN LA PUTA BARRERA, SE ESCAPARÁ!
Susurro rápidamente todos los himnos
para el Rito de resurrección y de sanación: ¡rápido, rápido! ¡No me queda
tiempo!
Cada inscripción en el aire brilla
intensamente. Veo los gozos, uno a uno, uniéndose para restablecer los hilos
del cuerpo y el alma. Escucho la voz de Lahatiel, uno de los colaboradores de
Azrael, intentando hacerme desistir:
» ¡Van
a castigarte! ¡¿Aceptando pactos con demonios y ahora resucitando humanos?! ¡Ya
lo hiciste antes, y el castigo no fue tan severo porque se compartió, pero esta
vez todo caerá sobre ti! ¿Que acaso no sabes de los Phaxsi?
Los Phaxsi
me tienen sin cuidado.
Alcides Maleri, Joan Maleri.
Me falta escribir solo el último gozo,
el de restablecimiento, pero en ese momento escucho que mi barrera se hace pedazos. Los restos de la burbuja de cristal
se esparcen frente a mis ojos, e inmediatamente me toman por la cabeza.
Todo sucede demasiado rápido: el
panorama pierde consistencia, y después mi cuerpo impacta contra el suelo de
mármol con violencia.
¡BROM!
— ¡Ah!
— ¡Estoy harto de ti, Forgeso! — Suelto
un alarido cuando el dolor supera todos los límites. Ya no sé si es a causa de
los golpes o parte del proceso de quiebre de mi Sello de olvido—. ¡Si no fueras
tan importante ya te hubiera asesinado, maldito bastardo!
— ¡NO, VOSO! ¡DÉJALO!
No,
aún no acabo. Suéltenme. Sisa…su abuelo, su hermano.
Quiero poner algo de resistencia, pero
me estrellan contra uno de los muros: los músculos dejan de responderme.
No, ya no me queda nada.
Sisa…
— ¡Berith! — exclama ¿Nhyna? Sí, creo que
sí: ya no veo. Suelto otro grito,
pero ya no sé si el que grita soy yo o es alguien más—. ¡Espera! ¡Aún no hemos
adaptado su cuerpo para que su forma original no se sienta amenazada!
Mis
alas…
Sisa, tu abuelo y tu hermano. No…no
pude…
— ¿Adaptar su cuerpo? — Risas estridentes:
Berith, Voso, Naberius, otros más—. ¿Y para qué querríamos hacer algo
semejante?
— ¡Su cuerpo no lo resistirá!
— Cariño, ¿tengo cara de que eso me
importa?
— ¡ME LO PROMETISTE!
— Nhyna, eres un demonio, ¿cómo puedes
confiar en promesas que hacen los tuyos sabiendo cómo somos? — Risas, risas,
risas. Dolor, dolor, muchísimo dolor.
Mátenme,
por favor…mátenme…
Sisa…
Alguien grita, es mi voz.
No, no es mi voz: es la voz de Alen
Forgeso.
Es la que solía ser mi voz.
— ¡BERITH!
— Encanto, cuando la esencia de ángel se
libere, le crearemos un nuevo cuerpo si este está muy maltrecho, ¿satisfecha?
— ¡Pero no será él!
— Nhyna, nosotros no necesitamos al casi
desertor. No necesitamos nada de su existencia como humano, no necesitamos a
Alen Forgeso.
Alen.
¿Quién es Alen?
Veo la entrada a un túnel oscuro…tal
vez simplemente deba caminar hacia allá.
Tal vez allí no duela tanto.
— Necesitamos al ángel. Y si retorna con
todos los sentimientos de aversión que alguna vez Albania le suscitó, será más
sencillo que la mate. Lo lastimó, Albania Formerio lo lastimó; Esquiz se
encargará de que vuelva con deseos de venganza. Ni bien la vea querrá
asesinarla.
No…no lo hagan…
— ¡BERITH, NO! ¡NO LO AGUANTARÁ! — grita
Nhyna, escucho un golpe sordo: su voz no suena más.
— Vuelve — ordena Berith.
Abro los ojos con fuerza; hubiera
matado…
— Vuelve con nosotros…Aniel.
…por despedirme de ella.
»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«
Sisa
Trato de decir algo, pero la
información ha salido de golpe y aún no logro enlazarlo todo. ¿Joan y el
abuelo? ¿Accidente? ¿Alen y Durand?
Solo siento que el cuerpo me tiembla y
que algo horrible se está expandiendo por mi pecho.
— ¡ALEN! — grita Tarek cuando aparecemos
en algo parecido a un largo pasillo. Las paredes son de cristal, y a través de
ellas veo agua. Es un recinto bajo el agua—. ¡ALEN!
Me sujeto a su cuello con fuerza y
cierro los ojos cuando se inclina y traspasa a velocidad toda la extensión; el
pasillo termina en un enorme portal que es completamente oscuro. Pero ni bien
cruzamos el límite, millones de lámparas se encienden…
No, son estrellas.
Esta habitación parece ser el cielo
nocturno: no hay un piso definido. Tarek lo cruza sin problemas, pero con algo
de lentitud, como si estuviera caminando a través de agua. Al fondo hay algo
resplandeciente en forma de bola brillante. Llegamos hasta él, pero no sucede
nada.
Lo escucho maldecir y mi mano se eleva
automáticamente porque algo me dice que tocándola llegaremos al lugar indicado.
Rozo la esfera, y todo el lugar es absorbido por una fuerte ráfaga que nos
lleva consigo.
Aparecemos en una habitación circular;
hay ocho personas formando un círculo enorme, cada uno susurrando palabras
veloces.
En una esquina reconozco un cuerpo
poniéndose de pie, como si estuviera reaccionando de un desmayo. Veo el cabello
plateado: es Gabriel.
— ¿Pero qué es esto? — susurra Tarek
consternado—. ¿Por qué hay tantas inscripciones? ¡¿Locura, transformación…?!
Trato de comprender en algo la
situación, hasta que un sonido me aturde por completo. Suena como el chillido
de un pájaro, pero un pájaro herido. Está gritando.
— ¡No! — oigo al lado y cuando elevo la
mirada en la misma dirección en la que observa Tarek, los ojos se me abren
desmesuradamente.
En el aire algo flota retorciéndose
lleno de dolor. Distingo un par de alas luchando contra sí mismas, y después
veo el pico plateado abrirse para soltar más chillidos.
Es un ave casi del tamaño de un humano;
una hermosa ave que está siendo torturada.
— ¡NO LO RESISTIRÁ, BERITH! ¡DÉJALO YA! —
grita Gabriel completamente exasperada.
— Tarek, ¿qué…? — No tengo tiempo para
preguntar nada porque la criatura cae a toda velocidad desde una altura elevada
y su cuerpo impacta con fuerza sobre el piso de piedra, y rebota en una imagen
que me traspasa: se ve frágil, hermosa, y está siendo tratada con muchísima
crueldad. Eleva las alas como si luchara contra algo y después emprende un
vuelo descoordinado, alrededor de todo el salón, desesperada, buscando una salida;
pero como no la halla, se estrella bruscamente contra las paredes y suelta más
alaridos de dolor.
Viene hacia mí a toda velocidad, sin
control: le duele, ¡la están lastimando! Tarek me toma por la mano, dispuesto a
quitarme de su camino, pero me zafo y avanzo a su encuentro porque sé que
necesita mi ayuda. Y no sé cómo lo hice, porque llegué a atraparla por el
cuello aferrándome a ella con fuerza, en medio de sus chillidos.
Sentí la enorme calidez de su cuerpo, y
a la vez toda la desesperación y el dolor que emanaba.
— ¡Tranquila! ¡Tranquila!
Para mi buena suerte dejó de luchar
porque era muy grande y no podría haber resistido mucho tiempo tratando de
calmarla. Casi podía escuchar su corazón latiendo asustado. Era la misma ave
que había visto en visiones: ¿quién era?
Ululó con tristeza junto a mi oído, y
extrañamente quise llorar.
— Tranquila. No pasará nada. — Me
arrodillo junto a ella que se deja caer ya sin fuerzas. Acaricio parte de su
cabeza y se relaja: su plumaje es tan suave como el algodón, o a lo mejor como
tal vez las nubes son. Su pico es largo y fulgura como si fuera de plata
reluciente, y sus plumas brillan con un violeta tenue.
Entonces abre los ojos…
— ¡Mátenme!
¡No quiero lastimarla!
…y el sol me observa abatido desde
ellos.
¿Eh…?
Ojos de sol.
¿Qué?
— ¡¿Alen?! — exclamo al comprender el
punto. ¡Es él! ¡Es él que está luchando contra sí mismo y se está haciendo
muchísimo daño! — . ¡Tarek! ¡Tarek, es él! — grito desesperada.
Es su forma original.
— ¡Alen, ¿qué…?! ¿Qué pasó?
Escucho un ulular suave que me traspasa
el pecho.
— Lo
siento mucho. No pude hacerlo.
Deposito un beso sobre su pico y ulula
adolorido. No puedo evitarlo y rompo a llorar.
— Tranquilo, aquí estoy. N-no pasa nada;
nos iremos a casa — le digo. Cierra los ojos, como asintiendo, pero en ese
momento otros dos sujetos aparecen en frente, susurrando palabras que no logro
comprender, con los ojos rojos brillando y moviendo las manos de tal forma que
de sus dedos salen hilos plateados que van inscribiendo letras en el aire.
— Justo a quien necesitábamos tener aquí
— dice uno observándome.
El miedo me heló la sangre.
— ¡Basta! ¡¿Por qué le están haciendo
esto?! — brama Tarek poniéndose delante de mí, pero eso no basta para que me lo
quiten.
— ¡NO, DÉJENLO! — grito cuando su cuerpo
se eleva por sobre nuestras cabezas. Trato de aferrarme a su cuello, pero me
quedo sin fuerzas y lo suelto—. ¡ALEN!
¡PAM!
Caigo sobre el piso y él suelta más
chillidos, implorando que el dolor pare. Reinicia el vuelo descoordinado, y su
forma de ave cambia y distingo su forma humana por una milésima de segundo. Se
retuerce, lleno de dolor, clavándose las uñas en los brazos y el pecho, y
vuelve a tomar forma de ave para cruzar todo el espacio, chocándose contra las
paredes y gritando.
— ¡Mátenme,
mátenme!
— ¡BASTA! ¡BASTA, POR FAVOR!
Tarek se lanza sobre los otros sujetos
que están en el círculo de en medio, pero no consigue hacerles ni el más mínimo
daño porque todos están protegidos por barreras.
— ¡Mátenme!
— ¡Nhyna! ¡Joder, te necesitamos aquí! —
bramó el sujeto que había visto antes; creo que se llamaba Voso—. ¡Estamos
reunidos por una causa en común, y no por tonterías como proteger un maldito
cuerpo humano! ¡Reacciona, estúpida!
Gabriel aparece en el círculo, junto a
ellos. Por un segundo su mirada se cruza con la mía; casi puedo escuchar que me
culpa por todo.
— ¡HERMANO, HERMANO! — Giro y compruebo
que Tarek ha logrado atraparlo de nuevo, pero está luchando para que se quede
quieto. Corro hacia ellos; Alen está adquiriendo nuevamente su forma humana,
pero dos demonios me cierran el paso y otros más toman a Tarek por el cuello y
lo mandan lejos.
— ¡DÉJENLO! ¡BASTA! — Oigo una especie de
himno: los nueve demonios, incluidos Durand y Gabriel, están recitando con voz
potente palabras que repiten miles de veces. Está en otra lengua, en una que no
es humana…
…pero la entiendo.
Despierta,
pureza excelsa
Locura
y furia vendrán contigo
— ¡ALEN! ¡ALEN!
Reinicia su vuelo descoordinado. Tarek
y yo intentamos volver a atraparlo, pero es imposible; empiezo a exasperarme
por qué no sé cómo ayudarlo, cuando de pronto veo que se detiene en medio por
unos segundos y su cuerpo se eleva con suavidad, como en trance. Da un par de
giros encogido sobre sí mismo y después suelto un grito al verlo caer con
violencia.
¡BROM!
— ¡NO!
Está nuevamente sobre el piso y con su
forma humana; por un momento siento como si todo su cuerpo estuviera
completamente destrozado.
— ¡ALEN! — Me acerco corriendo,
desesperada, pero una caja de cristal aparece y lo encierra solo para que desde
afuera sea testigo de la escena más espantosa—. ¡NO! ¡NO! ¡NO LO HAGAN! — grito
al comprender el horrible plan y tratando de llegar a él cuanto antes.
Pero no fui lo suficientemente rápida,
porque en la carrera lo vi encorvarse con brusquedad…
— ¡NO!
…y después soltar el grito más atroz que he
escuchado en toda mi vida, ante las enormes alas que estallaron, literalmente,
desde su espalda.
No…
Me quedé ahí, completamente
horrorizada, cuando las plumas brillantes fulguraron completamente
ensangrentadas. No sé si pasaron horas, días, años: me quedé ahí, pasmada,
viendo al chico que tanto amaba completamente destruido. Respiraba con
dificultad sobre el piso, con la sangre cayendo por sus hombros; con el par de
alas moviéndose con suavidad, como despertando después de mucho tiempo.
Entonces elevó la mirada; sus ojos,
violeta, se toparon con los míos a distancia. Por un momento sentí como si me
mirara con rencor, y después botó tanta sangre por la boca que casi me muero.
— A-Alen…— Estaba ahí, herido, frágil, y
rodeado por tantos que querían lastimarlo: no lo aguanté, era demasiado—. Alen…
— ¡¿ESTÁS LOCO, BERITH?! ¡¿SUS ALAS EN SU
CUERPO HUMANO?! — bramó Tarek.
Su grito me ayudó a reaccionar: corrí,
cruzando todo el espacio, dispuesta a llegar a su lado.
— ¡Alen, Alen! — La caja se desvaneció,
aceleré el paso; pero en ese momento aparecieron seres que jamás había visto en
mi vida: tenían alas, pero eran de acero.
Tarek me tomó por la cintura.
— ¡Tarek, no! ¡NO! ¡DÉJAME IR! —
protesté, tratando de zafarme, cuando me llevó a varios metros lejos.
— ¡Son peligrosos, Sisa!
— ¡Vienen por él! ¡Son los Phaxsi! ¡POSICIÓN! — bramó Durand y su
grupo rodeó a Alen, dispuesto a protegerlo; pero por detrás apareció alguien
más: un niño pequeño, con una cuchilla a modo de brazo. Dio un salto ágil y
burlando a todos elevó su arma para dejarla caer sin piedad.
— ¡NO! — grité desesperada. Vi el arma a
punto de rozar una parte de su hombro, pero uno de los sujetos de Durand se
puso delante y arrojó al niño lejos.
— ¡ABERRACIÓN! — chilló cuando aterrizó
sobre una de las paredes: la voz era de niño pero el matiz me puso los pelos de
punta—. La pureza excelsa, como un caído y sin cordura: ¡aberración completa!
No hay definición para esa naturaleza, ¡se procederá a la destrucción!
¿Qué…?
¿Caído sin cordura?
— ¡Es un Khari! — exclamó Durand —. ¡Naberius tenía razón! ¡Aparecerían!
Veía a todos gritando exaltados, a
seres que jamás había visto y todos tratando de lastimarlo. ¡¿Por qué le
estaban haciendo todo esto?!
Los llamados Phaxsi se lanzaron hacia adelante y todo el grupo de Durand los
detuvo creando una barrera con sus cuerpos. El niño con el arma en vez de brazo
golpeteaba casi enloquecido la caja de cristal que nuevamente habían accionado
para proteger a Alen mientras gritaba “aberración, aberración”, esperando
hallar el menor espacio para atacarlo.
¡Y yo no podía hacer nada para
ayudarlo!
Tarek se inclinó, dispuesto a ir para
allá, pero un par de brazos lo sujetaron por los hombros.
— No lo hagas.
— ¡Amber! — solté sintiendo una especie
de alivio recorriéndome todo el cuerpo. Samin también llegó, con su cabello
rojizo—. ¡Samin, Alen…! ¡Alen…! — traté de decir.
— Amber, ya lo sabes — le ordenó sin
voltear a verme y después se lanzó hacia adelante. Observé con sorpresa que
capturó al niño por el cuello con destreza y lo encerró en una burbuja tan
fuerte que los golpes desde el interior se escuchaban al mínimo. Escuché
gritos, órdenes que dictaban deshacerse de Nanael y de los Phaxsi, pero todos estaban tan ocupados luchando, que Samin pasó
con velocidad hasta la caja de cristal y solo dándole un toque la quebró.
Solté un suspiro, aliviada: todo estaba
bien. ¡Ahora que Samin estaba aquí todo estaría bien!
Quise alcanzarlo para verificar el
estado de Alen, pero noté que las piernas no me respondieron.
— Gremory, ¿por qué nos estás
inmovilizando? — reclamó Tarek. Giré bruscamente ante el silencio—. ¡GREMORY!
— ¡AMBER! — exigí ahora yo, pero ella
solo observaba al frente—. ¡AMBER, RESPONDE!
— ¡DETENGAN A NANAEL! — bramó alguno de
los demonios y cuando volví la vista hacia el frente todo se puso como en
cámara lenta.
Samin tenía a Alen atrapado por el
cuello, con las enormes alas moviéndose lentamente, como atontadas. Y antes de
que cualquiera hiciera algún movimiento, llevó la mano que tenía libre hacia
atrás, repleta de tatuajes, solo para lanzarla con poderío hacia adelante.
— ¡NO! — gritó Tarek a mi lado, Gabriel
también. Yo no pude hacerlo porque quedé demasiado aturdida observando la
imagen de en frente.
Samin…
Samin acababa de lanzar su brazo hacia
adelante, con tanta fuerza que traspasó el pecho y después lo sacó sin
contemplaciones, sosteniendo algo de color violeta brillante entre sus dedos
ensangrentados.
¿Qué…?
— ¡NO! ¡NO! — reclamaba Tarek
lejanamente—. ¡TRAIDOR! ¡SU CORAZÓN! ¡ME JURASTE QUE NO LO TRAICIONARÍAS!
¿Su corazón…? No…
Samin lo soltó; el cuerpo cayó, inerte,
y las alas poco a poco dejaron de moverse también. Escuché el ulular del ave
cada vez más lejano.
No…no puede ser. Estoy soñando…es eso.
«
Pero tú no sueñas»
— ¡NO, ALEN! ¡ALEN! — gritó Tarek,
completamente fuera de sí.
Samin…
Samin acababa de arrancarle el corazón.
— Es mejor así — murmuró Amber—. Estaba
perdiendo la razón; sería peligroso.
No.
Samin, en el que tanto confiaba…
» Soy tuyo, Bellota.
¿A dónde más podría ir?
…acababa de asesinar al chico que tanto
amaba.
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