Noches de insomnio | Capítulo 29: Noche XXIX
Capítulo final | NOCHE XXIX
Sisa
Tarek grita al lado, desesperado, enfurecido. Quisiera tener todas las fuerzas que
tiene él para hacer algo parecido, porque solo estoy ahí, perdida, observando a
Samin levantar triunfal su corazón
con una mano.
— ¡NO! — grita alguien. Observo
débilmente, ya sin saber exactamente qué estoy sintiendo, y veo a Gabriel…a
Nhyna, acercándose a Samin fuera de control; tal vez tan dolida como yo.
Pero no pasa nada: él eleva un brazo y
con eso la envía lejos.
Alen…
Él no me dejaría, me lo había
prometido.
»—
No vas a dejarme nunca, ¿verdad?
»—
Soy tuyo, Bellota. ¿A dónde más podría ir?
No me había dejado, lo habían obligado
a hacerlo.
La realidad me aplastó como una enorme
roca cuando uno de los demonios gritó que no importaba, ellos no necesitaban
nada del Alen desertor. Su corazón era irrelevante, eso solo lo hacía más
humano.
Las palabras me abrumaron: ¿que no
importaba? Pero si ese era el más bello, el más hermoso, el más interesado en
adaptarse a este mundo.
El
que me pertenecía.
Samin cierra los ojos y murmura algo.
Lo veo apretar el corazón con su mano derecha, como queriendo despedazarlo, y
algo estalla con fuerza dentro. No lo toques, no le hagas daño.
¡NO
LE HAGAS DAÑO!
¡ES
MÍO!
— ¡SISA! — grita Tarek y es demasiado
tarde para responderle porque he aparecido de manera veloz en frente de Samin.
No sé cómo lo hice, tampoco me importa averiguarlo.
Él me observa sorprendido, con los dos
faros violeta brillando en su mirada:
— Sisa, escucha, debo hacerlo. — ¿Hacerlo? ¿Hacer qué? ¡¿Matarlo?! —. Tengo que...
— ¡Dámelo!
— No hay otro mod…
— ¡DÁMELO! ¡NO TE PERTENECE! ¡NO TIENES
DERECHO A TOCARLO! —exijo sin atreverme a ver al cuerpo inerte que reposa sobre
el suelo: frío, tieso.
Él…él estaba…
— ¡Sisa, escucha!
— ¡ES MÍO, NANAEL! — grito fuera de mí.
Una fuerte ráfaga sale ante mi voz, escucho los silbidos del viento: “no la tocarán. Si lo ordena, nadie la
tocara”.
Aprovecho, capturo las manos de Nanael
y tiro con tanto ímpetu que logro que lo suelte.
Me aferro al corazón, dispuesta a
protegerlo con todo mi cuerpo si es necesario.
»— Me mudaré a Libiak
contigo, boba preciosa…
No, ¿en qué momento pasó esto? ¿En qué
momento el chico que tanto amaba se redujo a un pequeño fragmento de sí mismo?
Alen…
— ¡SISA, NO!
Escucho más voces; no me importan en
lo absoluto. El
viento se encarga de alejar a mis perseguidores, de impedir que alguien si
quiera ose tocarme.
— ¡DETÉNGANLA!
— ¡SISA, ESCUCHA…!
— ¡NANAEL PLANEA ALGO MÁS…!
»— ¿Quién
es ella, que surge como la aurora, bella como la luna, brillante como el sol,
temible como un ejército?
Alen… No me dejes...no me dejes.
— ¡LA MADRE E HIJA!
Cierro los ojos
con fuerza: siento
que una garra enorme me oprime el pecho hasta hacerme daño; que voy perdiendo
el aire. Percibo
movimientos, oigo martirios y salmos lanzados a diestra y siniestra: ¿me
están atacando?
Que lo hagan, no van a lastimarme.
»— Te han regalado unos
ojos hermosos, Sisa Daquel. Demasiado hermosos para verse tan tristes.
Los gritos no cesan, pero me limito a
sostener el corazón junto a mi pecho. Es casi del tamaño de mi puño y late a
pesar de estar fuera de su morada: boom-boom, boom-boom, me habla, boom-boom,
boom-boom, lloro más.
No hay muestras de sangre, solo parece
un pequeño pajarito que emana luz violeta. Lo cubro con mis brazos para que no
se enfríe.
»— Toca para mí, Sisa...
Me quedo ahí, tratando de contener las
lágrimas; pero no consigo batallar mucho y finalmente lloro todo lo que puedo.
Samin…yo confiaba en él. ¡Todos
confiábamos en él y entonces…entonces…!
Durand, Gabriel, esos otros demonios:
¿por qué parecía que todo el mundo quería tomar algo de él? Alen no le hacía
daño a nadie, ¡¿por qué hay tantos buscando lastimarlo?!
— ¡SISA, ESPERA! — grita alguien: la voz
suena como con eco. En ese momento recién me percato de que todas las demás
voces han cesado, e inclusive me siento sola.
No, a lo mejor la palabra correcta es vacía.
Abro los ojos y me encuentro en un
lugar completamente diferente al de la habitación circular. Hay un enorme lago
al fondo, y por aquí hay árboles con hojas en naranja suave. El cielo no es
azul, es más como verde, con algo de gris…se parece un poco al color de mis ojos.
¿En dónde estoy?
Avanzo entre el bosque y voy
encontrándome con objetos que no tendrían por qué estar aquí: hay relojes
plantados por varias zonas, de todos los tamaños y diseños; también veo
violines dispersos por diferentes lados. Mecedoras viejas, radios antiguas, pelotas
amarillas, tazas y antifaces; cada uno formando parte de este extraño bosque.
De pronto la confusión se transforma en
una enorme conmoción al escuchar a lo lejos un ulular.
¡Alen!
La figura de un niño, tal vez un chico
de no más de trece años pasa junto a mí como si no me viera. Ladea el rostro,
como para ver a su perseguidor, y en ese momento distingo los ojos miel: ¡es él!
Solo que con algunos años menos.
— Hethos, mi hermana llora por las
noches; cree que no la quiero — exclama y su voz se dilata a través de un eco
profundo—. ¿No puedo, por lo menos, decirle que en realidad no es mi hermana y
no tiene que sufrir por mí?
— ¡Alen! — grito con el corazón
latiéndome a mil por hora: ¡está vivo! —. ¡ALEN!
Pero ni siquiera voltea a mirarme.
Intento llegar a su lado, pero acelera
el paso. Llega hasta el tronco hueco de un gigantesco árbol y se mete por él.
Lo llamo, pidiendo que se detenga, pero lo pierdo de vista.
— ¡Alen! ¡ALEN!
Ingreso al mismo lugar y compruebo que
hay algo semejante a un tobogán. Todo está oscuro, pero vuelvo a escuchar el
ulular del ave, así que apretando el corazón sobre mi pecho me dejo caer por el
agujero.
Cierro los ojos ante la velocidad y
antes de que suelte algún grito me detengo bruscamente, como si en realidad
nunca me hubiese deslizado por el camino empinado. Abro los ojos y me veo de
pie, en una enorme habitación: hay una cama, un televisor inmenso y muchos
adornos referentes a coches antiguos.
Una mujer que no he visto jamás ingresa
y observa acongojada al chico que está sentado sobre la cama, leyendo. Entorno
la mirada y compruebo que se trata de Alen, ese mismo Alen niño que había
pasado corriendo junto a mí.
La joven lo observa, dice algo que no
logro escuchar, y como no obtiene respuesta simplemente se va de la habitación
entristecida.
Alen baja el libro: observo sus
facciones de niño adquiriendo un gesto aún más angustiado que el de la chica
anterior. Se recuesta de costado y cierra los ojos con fuerza.
— No sufras por mí. Ni siquiera soy tu
hermano de verdad.
Trago despacio y me acerco con cuidado:
¿qué es esto? ¿Estoy viéndolo en alguna de sus vidas pasadas?
— Te ves muy pequeño para ser el mismo
Alen al que vi en la otra vida. Y estás vestido como niño rico. — Parpadeo,
sorprendida, cuando Tarek aparece sentado relajadamente sobre la cómoda del
costado: tiene el cabello cayéndole a la altura de los hombros, y una actitud
más desenfadada que la de ahora —; dime, ¿cuántos tienes aquí?
— Trece — responde Alen con sequedad.
— Oye, ¿no se supone que ya éramos
amigos?
— ¿Qué es “ser amigos”, errante?
— Bueno, en primer lugar, tal vez podrías
empezar llamándome Tarek y no “errante”.
— Ese no es tu nombre, errante.
— Tú tampoco te llamas Alen, calehim, así que estamos en las mismas. —
Sonrío un tanto ante el gesto de desconfianza en el rostro de Alen. Se ve
extremadamente infantil: un niño haciendo pucheros—. ¿No lo sientes? Tú y yo
compartimos una especie de conexión inexplicable: a lo mejor ya nos conocíamos
en nuestras existencias originales.
— Lo dudo. No creo que me juntara con
demonios insufribles — responde. Tarek suelta una carcajada y añade que así
tenga más o menos edad lo gruñón no se le va a quitar nunca.
Planeo acercarme, pero nuevamente
escucho el ulular del ave; la habitación empieza a hacerse cada vez más
estrecha. Tarek desaparece con una sonrisa, Alen se pone de pie y sin decir
nada corre las ventanas para lanzarse hacia afuera con agilidad.
Corro hacia el alféizar y lo veo
surcando los cielos en su forma original. No sé cómo seguirlo así que yo
también termino lanzándome por la ventana a pesar de que parece no haber
superficie alguna allá abajo. Cierro los ojos con fuerza porque siento como si
miles de pajaritos se estrellaran contra mi rostro.
«
Deja que me maten — escucho en la caída —, porque ya no seré yo»
Abro los ojos: me encuentro con el
bosque que había visto antes pero ahora desde arriba. Doy un vistazo alrededor
solo para comprobar que he terminado sentada en algo parecido a una nube
esponjosa que recorre el cielo lentamente.
Otra vez el ulular: el ave pasa muy
cerca de mí. Cruza el firmamento en un vuelo parsimonioso. Las plumas resplandecientes
me impactan demasiado: siento que solo quiero llorar.
— ¡ALEN! — grito sin soltar el corazón—.
¡ALEN! ¡MÍRAME!
El ave abre los ojos y se deja caer en
picada. No lo pienso ni dos veces y yo también corro hasta el final de la
esponjosa nube y me dejo caer. Oigo más voces, algunas imágenes me traspasan:
»
¡Niña Albania! ¡No corra tan rápido, puede hacerse daño!
»
¿Cuándo dejarás de ser tan testaruda, Albania?
»
Hija mía, tu nombre es Albania porque así se llamaba mi difunta madre. Que lo
lleves es más que prueba suficiente para que sepas que tú eres mi nieta, mi
hija, y yo tu abuelo. Nada más importa.
»
Te amo, Albania.
En medio de la caída millones de plumas
me rodean y forman espirales en frente de mí. Trato de coger alguna, pero
siempre que logro hacerlo se evaporan.
— Deja
que me maten, porque ya no seré el mismo
El ave impacta contra la superficie del
lago. Me preparo para yo también hundirme, pero cuando traspaso el límite no me
mojo: el agua me toca, pero no me empapa. Observo alrededor, y compruebo que no
parece un lago convencional, es más como una ciudad submarina.
Me deslizo, sin soltar el corazón, y a
lo lejos veo una botella gigantesca: es un frasco…no, son dos. Hay dos frascos
enormes en medio de lo cristalino de las profundidades de este lago, sellados,
hundidos sobre la superficie bajo el agua y ligeramente ladeados. Por alguna
extraña razón siento como si me llamaran así que voy hacia ellos: se ven
exactamente iguales, pero la diferencia radica en que uno tiene algo dentro que
brilla de manera cálida y el otro parece contener lodo. Me acerco al brillante y
me apoyo sobre él: es un frasco valioso y su contenido me transmite una especie
de alegría que no sé cómo explicar.
Me deslizo por los costados y compruebo
que desde el fondo se oye una canción: es violín. No…no es cualquier violín, es
mi violín. Lo sé porque inclusive las notas son las de una de mis canciones.
Es…es aquella canción…
» Tu violín habla, canta. Y cuando estás triste…llora.
Es la canción que toque para él por
primera vez.
— ¿Qué es esto?
Me acerco más al frasco, y cuando lo
toco una serie de imágenes cruzan velozmente frente a mis ojos, como una
película en cámara rápida. Las reconozco todas y miles de sentimientos
contradictorios me invaden. Siento alegría porque ya sé que cosa tiene ese
frasco, pero también me duele mucho porque no sé si el dueño sigue con vida.
«Si uno se deja domesticar,
se expone a llorar un poco»
«Esta chica suele observarme
y después
su curiosidad se transforma
en una
especie de batalla consigo
misma »
Oigo su voz, veo pasajes
en movimiento en medio del contenido brumoso del frasco. Es él: lo que hay dentro del frasco es
parte de él y a la vez es parte de mí, porque son los sentimientos,
pensamientos, anhelos, miedos, todos los que profesaba pensando en mí.
«Esta
noche yo vi
con
mis propios ojos al amor,
a
la verdadera belleza, a la hija preciosa,
a
la creación más perfecta…»
«Ella viviría feliz
con su abuelo y su hermano;
a punto de ingresar
a una estupenda escuela,
con todo un camino
por delante»
«
Los ojos preciosos no se cerrarían.
Los
míos no importaban »
¿Qué había sucedido? ¿Cómo Durand había logrado convencerlo para
firmar el pacto?
— Deja
que me maten, porque ya no seré el mismo.
—
¡No! — Y ya no sé si le
hablo al frasco o al corazón que tengo en las manos. A lo mejor al ave que
sigue ululando por algún lado.
Nuevamente escucho las notas de un violín: es del otro frasco, el
que parece contener lodo. Me acerco flotando en el agua que no empapa, y cuando
estoy a unos centímetros un dolor insoportable se dispara en mi cabeza.
¿Qué…? ¿Qué es?
Escucho un violín: se parece al mío, pero es más seductor,
inclusive más elaborado. Toco la superficie del frasco inmenso y abro los ojos,
consternada, cuando una imagen brusca me ataca: habitación amoblada, ventanales
abiertos, cortinas ondeando con el viento. En medio hay una niña, tal vez de
catorce…trece años, con un hermoso violín de color caoba sostenido por su mano
derecha y el arco en la izquierda: es zurda.
Albania.
Sonríe, satisfecha, solo para elevar el arco con elegancia e
iniciar una melodía hermosa. Veo su cuerpo moviéndose con delicadeza, las ondas
bailando, los ojos cerrados.
No se esfuerza demasiado porque sabe lo prodigiosa que es con el
violín, pero sí disfruta mucho de la melodía y mientras lo hace también goza de
la mirada de su público: el ave majestuosa, del tamaño de un humano adulto, que
reposa sobre la alfombra con las alas pegadas al cuerpo y la cabeza apoyada
sobre ellas.
Alen…
A su lado hay un lobo del mismo tamaño: está recostado igual de
tranquilo, con el pelaje rojizo brillando por la luz del sol que se cuela por
las ventanas.
Toc toc
» Niña Albania, la señorita
Marion está abajo. Ha venido a verla — dicen desde afuera.
» Oh, en seguida bajo, Nunita
adorada.
Por primera vez su voz me resulta más clara, ¿en dónde la he
escuchado?
» Bueno, más tarde seguimos
con la sesión de violín — declara, llena de
satisfacción cuando las dos criaturas sueltan un bufido, como desilusionadas
por no poder seguir escuchándola—. Ah, si supiera pintar los retrataría en sus
formas originales. Son tan hermosos, Nanael, Aniel…
¿Aniel?
—
¡SISA! — gritan. Vuelvo en mí
y noto que el lobo que acabo de ver en imágenes se acerca a pasos largos por el
agua. Sus ojos verdes brillan intensamente, igual que su pelaje rojizo—. ¡SISA,
ENTRÉGAMELO!
Ya sé de quién se trata: es Samin.
¡No!
Giro, apretando con más fuerza el corazón sobre mi pecho, y trato
de escapar lo más rápido que puedo. Trepo por el enorme frasco lleno
de lodo, y veo algo parecido a una membrana brillante a no más de cinco metros.
—
¡Sisa, escucha…!
Llego al umbral brillante y al cruzarlo me doy con la sorpresa de
que he salido a la superficie nuevamente. Parece que por aquí el sentido del
espacio se ha perdido por completo: a veces voy de largo y termino saliendo por
encima. Abajo, arriba, al frente, atrás, todo ha perdido el sentido
convencional.
Chapoteo con dificultad hasta la orilla y después corro todo lo
que me permiten las piernas. ¡No se lo entregaría! ¡Samin no lo tendría! Porque
siento que, de llegar a hacerlo, ya no habrá manera de salvarlo.
«¿Y cómo harás tú para
salvarlo?»
Yo no uso gozos ni salmos ni nada de esas cosas.
No…
—
¡Sisa, dámelo! — vuelvo
escuchar—. ¡No voy a hacerle da…!
—
¡Mentiroso! — grito sin
mirar atrás.
En realidad, yo tampoco podré hacer nada, toda mi huida tal vez
sea inútil.
—
¡Sisa!
A lo lejos veo una casa rústica; el ave vuelve a cruzar por el
firmamento, ululando suavemente.
—
¡ALEN! —grito,
desesperada—. ¡ALEN!
No me escucha. Da un par de vueltas hasta que se hace cada vez más
pequeño, casi del tamaño de un pompón, y después se deja caer por al agujero de
la chimenea de aquella casa.
Subo velozmente la pequeña colina, respirando agitadamente y
oyendo a Nanael gritar que le entregue el corazón, que no planea lastimarlo;
pero estoy tan asustada que ni siquiera volteo. ¿Cómo confías en alguien que
acaba de abrirle el pecho a la persona que amas, y arrancarle el corazón sin
contemplaciones? ¿Cómo confías en alguien que tal vez solo quiso deshacerse de
él desde un principio?
—
¡Sisa, escucha! ¡Estamos
dentro del mismo Alen! ¡Todo lo que ves aquí es su alma, sus pensamientos,
parte de sus recuerdos! ¡Entrégame su corazón, sino no habrá manera de salvar…!
—
¡DÉJAME, SAMIN! — No volteo
y continúo por el camino. Empujo la puerta de madera y entonces me encuentro
con una pequeña salita y comedor; escucho el sonido de algunos utensilios
empleados en la cocina de al lado.
Me acerco con cautela, y me encuentro con Alen que está recitando
algo en susurros mientras toca el agua de un recipiente de cerámica.
—
¿Qué estás haciendo? —
escucho una voz conocida: Hethos aparece a su lado y le quita el recipiente con
brusquedad—. Ni siquiera recuerdas tu nombre, ¿y quieres ponerte a recitar
salmos de sanación?
—
Hethos, ayúdame; Francesco
se está muriendo. — Me duele muchísimo la inmensa angustia de su voz. Hethos
voltea el recipiente y derrama el agua sobre el lavadero, desechando todos sus
esfuerzos—. ¡Hethos!
—
Alen, está prohibido que
nos inmiscuyamos en asuntos de humanos.
—
¡Pero es mi padre…!
—
No es así. — Me acerco,
consternada, cuando la voz sale férrea, pero sin llegar a ser ruda. Hethos
suena tan tranquilo que así lastima más—. Alen, ni la mujer ni el hombre son
tus abuelos, mucho menos tus padres. Recuérdalo, tú no tienes familia. Nos
trasladarán de nuevo si cometes más torpezas.
—
¡Pero…!
—
No eres humano. No olvides
eso.
Hethos desaparece y entonces él se agacha lentamente, hasta caer
sentado sobre el suelo: ¿siempre era así? ¿Siempre tenía que reprimir
sentimientos para evitar ser trasladado a otra vida? Lo veo cubrirse el rostro
con los brazos, y después siento que caigo de rodillas, junto a él, y trato de
tocarlo, pero mis dedos lo traspasan.
—
No soy humano — susurra—,
pero aun así “siento”, Hethos. Aún
siento.
Una lágrima se desliza hasta su mentón; quiero secarla, pero me es
imposible tocarlo.
—
Alen… ¡Alen! — La casa
empieza a ser succionada desde algún lado y de pronto me encuentro en un prado
inmenso. Alen está ahí, abrazando a una mujer de cabellos canos que llora en
silencio, ambos frente a una sepultura.
La veo pronunciar algo que no escucho y él asiente.
Pasa junto a mí y como noto que empieza a correr, yo también hago
lo mismo.
— Deja
que me maten — vuelvo a escuchar en la carrera. Solo
veo su espalda, y que empieza a alejarse a más velocidad—. Deja que me maten, porque ya no seré el mismo.
— ¡No! — respondo apretando con más
fuerza el corazón sobre mi pecho. El amplio campo se llena de flores de todos
los colores: rojas, amarillas, blancas, violetas. Lo veo abrir los brazos y
arrancar varias en el camino: casi puedo escuchar al viento cantar en medio del
movimiento. A medida que avanzamos más, los tallos de estas se hacen más largos
y de repente empiezo a perderlo de vista—. ¡Alen! ¡ALEN!
— ¡Sisa, entrégamelo! ¡Te juro que no lo
lastimaré! — Volteo de reojo y vuelvo a ver al lobo de pelaje rojizo. Acelero
el paso, pero cuando vuelvo la vista al frente, Alen ya no está.
No, no me dejes… ¡No me dejes!
El campo de flores empieza a perderse y los prados ahora son tierra seca y rocosa. Sigo corriendo,
tratando de respirar adecuadamente para no perder el paso, pero el camino se
acaba y cuando veo hacia abajo el mar me da la bienvenida, con las olas
embravecidas, chocando contra los peñascos.
Observo a todos lados, buscando una salida: Nanael ya está cerca,
va a arrebatármelo.
—
¡SISA! — es todo lo que
escucho cuando doy un paso hacia atrás para tomar impulso. No, no me lo va a quitar—. ¡SISA, NO! — No, no voy a dárselo—.
¡SISA!
Y salto.
» ¡Niña Albania, por favor!
¡No se quede callada, diga algo!
» Nuna, deja de
impacientarla. Albania, tranquilízate y dinos qué dice la carta.
La caída nunca acaba, nunca impacto contra el mar. Solo sigo así,
cayendo, mientras veo imágenes sueltas: todos reunidos en una sala, es de
madrugada, hay demasiada tensión alrededor.
» Abuelo… ¡oh, abuelo!
» Albania…
No escucho más, solo la veo correr a su habitación y después
cerrar la puerta con violencia. Avanza hasta el lecho y se recuesta sobre él,
aferrándose a la carta que llevaba en las manos con fuerza.
La escucho llorar mientras extiende el papel arrugado. Lo lee con
avidez y rompe a llorar con más fuerza. No sé cómo, pero yo también puedo ver
las letras como si mis ojos fueran los de ella.
El fuerte de caballería fue atacado.
El Sr. Leda estaba en
el escuadrón de vigía.
Su cuerpo no ha sido hallado, pero el Capitán Mayer asegura que lo
vio caer en batalla.
Lamentamos la pérdida.
¿El señor Leda? ¿Qué…?
»
¡No, no! ¡No puedes haber muerto! ¡No! ¡No! — gritó Albania poniéndose de pie. Tomó
uno de los jarrones y lo aventó con furia sobre uno de los espejos de la
habitación—. ¡Cielos, es mi castigo! ¡Es
mi castigo por haber codiciado algo que no era mío!
» La belleza no lo es todo, Albania.
Abro los ojos con fuerza
cuando la puerta se abre y veo a la joven que ingresa: ¿qué es esto?
» ¡Cállate, cállate, Corín!
» Te empeñaste en conseguir algo que no te pertenecía, y ahí
tienes tu pago a cambio.
» ¡No me atormentes más! ¡No!
» Podría haber sido feliz al lado de la hija de los Lagares más
que a tu lado.
» ¡Basta!
¿Qué? ¿Corín? ¿Leda? ¿Hija
de los Lagares?
» ¡Aniel! ¡Aniel, ayúdame! ¡Debo saber si Marcus sigue con vida! ¿Por qué no me respondes? ¿Por qué no
acudes a mi llamado?
Albania corre desesperada,
está a punto de gritar por las ventanas, pero una figura conocida aparece:
Nhyna.
» No acude porque lo eliminaron —
anuncia llena de satisfacción.
» ¿Qué estás diciendo? — Siento su pasmo ante las palabras.
Nhyna sonríe, Albania la observa, asustada —. ¿De qué hablas, Nhyna?
» Los Phaxsi se deshicieron de él hace
unas horas; había roto demasiadas reglas. Enamorarse de una humana y amarla
corporalmente era algo inconcebible. Trató de salvar a tu esposo humano, y esa
fue la gota que derramó el vaso.
» ¿Qué? ¡No, eso no es posible!
» Te quedaste sola, Albania: sin humano
y sin ángel.
» ¡Nanael! ¡NANAEL!
» No va a responderte; Nanael está
lejos, despidiéndose de su compañero que acaba de dejar todos los universos.
» ¡No! ¡No es cierto!
» Ya no está en este mundo, Albania. Ni
en este ni en ningún otro: fue eliminado por completo. No sientes su presencia,
¿verdad?
Escucho
a Albania llorar con sinceridad, completamente destrozada. Y la entiendo,
porque en este momento yo también lloro así.
» No sé cómo tomar tus lágrimas porque
eres el ser más egoísta del mundo, Albania Formerio. ¿Lloras por el humano que
murió en batalla, o lloras por el ángel que quiso entregarte todo de sí?
» ¡NANAEL! ¡NANAEL!
» Nunca lo amaste…
» ¡FUERA, NHYNA, FUERA!
Abro los ojos y el agua del mar me recibe con brusquedad. Siento
que el impacto casi me rompe las costillas. Quiero nadar o algo, pero estoy
demasiado aturdida.
Lo único que hago, sin necesidad de pensar, es aferrarme al
corazón que traigo en las manos. Siento las olas golpeteándome con fuerza, y
trago algo de agua. Toso con dificultad, con los pulmones y el cuerpo
adolorido.
—
¡SISA! ¡¿EN DÓNDE ESTÁS?! —
oigo a Nanael, pero prefiero morir que responderle.
Albania corre: escucho sus sollozos desesperados, veo su cabello
traspasar el viento. Corre hasta llegar al precipicio, el mismo por el que he
saltado yo, y observa el mar con dolor.
Veo el cuerpo caer, el
viento lo roza casi enamorado, y después se estrella violentamente contra uno
de los peñascos para finalmente hundirse en lo profundo del mar.
Siento más agua
impidiéndome respirar. Trato de salir a la superficie sin soltar el corazón y
de repente oigo el ulular del ave: Alen.
» ¡ALBANIA, NO! ¡NO! ¡ESTÁ VIVO! ¡MARCUS LEDA ESTÁ VIVO! ¡YO MISMO
LO SALVÉ!
¿Qué?
Siento un dolor punzante sobre la espalda cuando me estrello
contra una de las rocas en medio del movimiento de las olas. Suelto un quejido
y trago más agua.
Entonces la última visión me quita todas las fuerzas, porque Alen
saca el cuerpo del fondo del mar solo para depositarlo sobre la tierra húmeda:
el vestido está completamente empapado y algo ensangrentado.
Ahí estaba Albania, tiesa, muerta, con las ondas esparcidas y los
ojos cerrados.
Ahí estaba Albania, que había decidido suicidarse al creer que el aire había sido eliminado por los Phaxsi.
Ahí estaba Albania.
—
No…
Ahí estaba yo.
»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«
Amber
Todo ha sucedido de manera violenta: Samin estaba ahí, a punto de iniciar
con el Himno de división con el corazón de Alen en la mano, pero la fuerza de
la pequeña Cachorra superó mi cántico de inmovilidad y se lanzó hacia adelante,
completamente furiosa.
Por un momento me sorprendió ver lo
increíblemente rápida que era: ya sabía que parte de los poderes que tenía
dormidos eran asombrosos, pero no pensé que fueran a tal extremo. Si aprendiera
a usarlos y controlarlos probablemente estaríamos frente a un ser sin igual.
— ¡DÁMELO! ¡NO TE PERTENECE! ¡NO TIENES
DERECHO A TOCARLO!
— ¡SISA, NO! — grita Seir junto a mí.
— ¡DETÉNGANLA!
— ¡NANAEL PLANEA ALGO MÁS…! — Oigo los gritos de mis antiguos hermanos
demonios, planeando capturarla y deshacerse de Samin.
— ¡ES MÍO, NANAEL! — grita la pequeña Cachorra,
y en ese momento su cuerpo despide tanta energía que provoca un enorme
remolino. Los Phaxsi, mis antiguos
hermanos demonios e inclusive el niño que parece ser un Khari pierden el equilibrio ante la enorme muestra de poder.
— ¡NUESTRA MADRE E HIJA! — gritó alguien,
pero antes de que intentaran tocarla dejé a Seir sin poder moverse y corrí
hacia allá. No me quedó más remedio que invocar una barrera principal y
encerrarlos a los tres en la caja de cristal de antes. A fin de cuentas, mi
principal tarea era que nadie se acercara al perímetro mientras Samin realizaba
el Himno de división.
Tanto la pequeña Cachorra como Samin se
han quedado como en trance: supongo que deben estar en el interior de Alen. Tal
vez viendo parte de sus vidas pasadas o de sus sentimientos.
— ¡Gremory, sucia traidora! ¡¿Cómo te
atreves a retar a los tuyos?! — me grita Esquiz.
— ¡¿Los míos?! ¡No me hagas reír, idiota!
— Me escapo de sus dedos por poco, y después lo mando lejos con todo lo que
tengo de energía.
No sé de dónde salió la enorme roca:
Naberius la lanzó contra uno de los Phaxsi,
estos la esquivaron solo para que se fuera directamente sobre Seir que seguía
sin poder movilizarse.
¡Mierda!
Aparecí junto a él y me lo llevé hasta
la otra esquina del enorme recinto en medio de sus gritos. También invoqué una
barrera secundaria para nosotros: ahora solo quedaba esperar.
— ¡SUÉLTAME, GREMORY! ¡SISA! ¡SISA!
— ¡¿Alguien quiere romper la maldita
barrera que ha puesto la errante?!— brama Andrax, pero todos están más ocupados
tratando de deshacerse de los Phaxsi
ahora que el remolino de viento se ha detenido—. ¡QUIEBREN LA BARRERA, NO HEMOS
ACABADO CON LA LIBERACIÓN!
Samin debe estar tratando de convencer
a Sisa de que no va a lastimar a Alen. Va a costarle trabajo: el tiempo ahora
es crucial y no había habido espacio para explicaciones; encima la escena ha
sido algo cruda. No creo que confíe en él después de ver cómo le arrancó el
corazón.
Veo que algunos intentan acercarse a la
caja. Dejo a Seir inmovilizado y corro para deshacerme de los intrusos; revisto
la caja de cristal y vuelvo a su lado.
— ¡SISA! ¡SISA!
— ¡CÁLLATE, SEIR! — grito perdiendo la
paciencia: me estaba costando trabajo mantener el escudo que había puesto para
protegernos a ambos, y tenerlo al costado gritando como un loco no ayudaba—.
¡Lo único que has hecho ha sido gritar y gritar y te juro que una más y te
mato!
¡BRAM!
— ¡GREMORY! — brama Berith estrellándose
contra mi barrera. Me tambaleo un tanto, pero susurro rápidamente los salmos de
doble revestimiento—. ¡GREMORY, MALDITA PERRA, TE MATAREMOS!
— ¡QUIERO VER QUE LO HAGAS!
Uno de los Phaxsi aparece; Berith se moviliza antes de que sea lastimado.
— ¡Gremory, ¿qué demonios está pasando
aquí?! — exclama Seir; ahora Voso se estrella contra nosotros. Veo su rostro
adquiriendo las facciones de su forma original: un leopardo con los ojos rojos
brillándole intensamente. Me grita que quiebre la barrera que está aislando a
Samin, a Sisa y a Alen o si no va se va a encargar de desmembrarme.
Aprieto los puños porque siento un
horrible frío recorrerme el cuerpo: más le vale a Samin estar haciendo bien las
cosas allá adentro o sino terminarán asesinándome.
— ¡GREMORY! — Mi barrera empieza a
resquebrajarse porque empiezo a quedarme sin energía. Incluso Seir ya puede
moverse—. ¡GREMORY!
¡Cielos, no! Si quiebran esta y me
atrapan, la caja de cristal que encierra a Samin se disolverá y no habrá podido
terminar el plan inicial.
— ¡GREMORY! — me grita Seir al lado; Voso
también grita, muchos más gritan.
¡BRAM!
No, ¡la van a quebrar!
— ¡GREMORY!
— ¡DEJA DE SER TAN INÚTIL, SEIR, Y
AYÚDAME A REVESTIR LA BARRERA! — exploto, empezando a desesperarme.
Escudo,
escudo, escudo.
— ¡¿QUE TE AYUDE?! ¡ACABAS DE FORMAR
PARTE DEL ASESINATO DE MI MEJOR AMIG…!
— ¡NO ESTÁ MUERTO! — Voso está como loco
allá afuera—. ¡Siéntelo tú mismo! ¡No está muerto!
Seir me observó con incredulidad. Cerró
los ojos y segundos más tarde los abrió, receloso:
— Es cierto, aún siento su presencia.
¡PAM!
— ¡GREMORY, TRAIDORA! — ¡No!
Mi
barrera se desmorona violentamente frente a mis ojos. La mirada de Voso me
traspasa la piel…me matará.
Samin…
¡BROM!
¿Qué?
Observo, desconcertada, como Seir lo
toma por el cuello para lanzarlo contra uno de los vitrales de allá arriba. Entonces
dibuja en el aire con rapidez y crea una nueva barrera.
— ¡TE MATARÉ, MALDITO ERRANTE!— anuncia
Berith descontrolado. Seir eleva una ceja, y se da el lujo de abrir la barrera
por breves segundos solo para lanzarle un puñetazo en el rostro que lo envía
sobre Andrax.
Un enorme alivio me recorre por
completo: Seir es poderoso, si cuento con su ayuda todo será más sencillo.
— Habla, Gremory, aún no confío en ti —
me dice con seriedad.
Susurro velozmente un cántico de ruido
para que no seamos escuchados al completo por los de afuera.
— Te dije que nosotros no planeábamos
traicionarlos. ¡Samin quiere ayudar a Alen! — dije sin despegar mi mirada del
frente. Naberius se acerca a la caja, pero sale despedido ni bien intenta
tocarla: revestirla con un campo eléctrico había sido una buena idea.
— ¡¿Cómo ayudas a alguien sacándole el
corazón?! ¡Eso es lo más estúpido que he escuchado…!
— Escucha, Berith accedió a devolverle a
Alen su nombre original, y por ende sus poderes como ángel retornarían, ¿pero
realmente crees que no habría pago a cambio?
— ¿Qué? — me pregunta. Oigo los gritos de
Voso afuera: ojalá lo maten—. ¿De qué hablas?
— ¿No lo sientes? El pacto ha sido
deformado: el proceso para quebrar el Sello de olvido de Alen incluye en él la
toma de su cordura. ¡¿Que acaso no viste las inscripciones de su cuerpo?!
— Locura, transformación — murmura.
Asiento—. ¿Y por qué querrían hacer algo semejante?
Afuera, Andrax grita que Nanael está
intentando echar a perder todos sus planes así que es urgente que quiebren la
barrera; me concentro y la refuerzo.
— Todos los demonios que ves afuera
tienen un plan mucho más grande detrás de todo esto, Seir. Quieren emplear a
Alen para liberar aquello que fue sellado durante La rebelión de los 500
caídos.
— ¿Qué? ¿Y por qué él? ¡¿De qué hablas?!
— Seir, en este momento no tengo la
respuesta para todas tus preguntas, pero por lo poco que Samin me comentó, y
por algunos recuerdos que tengo de mi existencia original, puedo asegurarte que
Alen es el único que puede abrir la prisión de aquello que sellaron.
— ¿Entonces es cierto que los rebeldes
crearon algo?
— Así es. Y ahora Berith y toda su
comitiva quieren emplear los poderes de ángel de Alen para liberar a esa cosa.
Evidentemente él no lo haría, pero sin cordura no hay manera de que distinga
entre lo que es correcto o no, o lo que ya pasó y ya se olvidó.
Alen ya no sería Alen. Recuperaría su
esencia original como Aniel, pero sus recuerdos volverían distorsionados.
— Ese… ¿ese fue el precio?
— Berith no se lo dijo, pero sí, era así.
Le devolvían su nombre, pero a cambio entregaba su cordura.
— ¿Cómo pudo…? — murmuró consternado. El
ojo que tenía sano se encendió de rojo escarlata; me sorprendió un tanto porque
no era común que nuestra naturaleza sintiera tristeza —. Mi amigo…acabo de
perder a mi mejor amigo.
Andrax soltó un grito: uno de los Phaxsi acababa de arrancarle un brazo.
— No es así, Seir. Aún queda algo por
hacer.
Oímos más impactos. Tuve que volver a
revestir la barrera.
— ¿De qué estás hablando?
— El proceso de quiebre del Sello de
olvido aún no está culminado, es por eso que todos allá afuera quieren matarme;
porque estoy impidiendo que tomen el cuerpo de Alen para continuar con el Rito
de Liberación.
— Gremory, ¿qué planeaba hacer Nanael?
Los contratos con nosotros nunca se anulan.
Tenía razón, cualquier contrato, con
uno de los nuestros, era inquebrantable. La única manera de tratar de
disolverlo era buscándole huecos por los que tomar ventaja. Y eso era
exactamente lo que Samin estaba haciendo.
— La transformación y la toma de su
cordura apenas está en proceso, así que la solución más eficaz era un Himno de
división — murmuré con rapidez; Nhyna desde afuera estaba viéndonos fijamente.
Probablemente se preguntaba por qué
Seir había dejado de gritarme.
— ¿Qué? ¿Himno de división? — repitió
confundido. Entrecerró la mirada, supuse que estaba uniendo cabos.
No era necesario explicárselo; puedo
asegurar que Seir sabía lo que significaba ya de por sí un Himno de división:
cierta parte tomada del ser, escondida por obra de gozos de ocultamiento, y su
posterior búsqueda para la reinserción en el dueño.
— Si logran sacar la mayor parte de su
interior, recuerdos y sentimientos — me dijo en voz baja, como para confirmar—,
podríamos salvar su identidad. La actual, claro. — Asentí brevemente—. ¡Es eso!
¡Van a sacar una parte del interior de Alen para evitar que todo él se corrompa
por completo! Y después, cuando unan la parte inmune con la parte que dejaron,
¡esta purificará lo demás y volverá a ser el mismo!
¡Por fin comprendió!
— Si logramos hacerlo matamos dos pájaros
de un tiro — dije con convicción—. Alen no terminará loco, y Berith no tendrá
sus poderes de ángel al máximo porque una parte de él faltará. Aunque a estas
alturas ya es considerado un caído; es por eso que todos los Phaxsi han aparecido tan violentamente.
En cierto modo este Himno solo alargaba
las cosas, pero había sido la única solución que Samin encontró para evitar que
el contrato se cumpliera por completo.
— Ya sabes que el corazón no es
exactamente el lugar en el que se albergan los sentimientos, es solo una
metáfora empleada por los humanos, pero…
— …es una fracción de su parte material,
y podría servir como contenedor para la parte interna que quiere extraerse —
concluyó. Asentí: qué bueno que Seir fue demonio; explicarle todo esto estaba
resultando más sencillo.
Tuve que salir de nuestra barrera para
revestir la caja de cristal nuevamente. Voso casi me atrapa por el cuello si no
fuera por Seir que volvió a interponerse y me quitó de su camino con velocidad.
Esa pequeña criatura a la que habían
llamado Khari empezó a atacarnos
ahora a nosotros. Golpeteaba la barrera que nos cubría a Seir y a mí, exigiendo
que quebráramos la caja mientras gritaba “aberración, aberración”.
— Gremory, esto no es solo porque Alen le
simpatice a Nanael, ¿verdad? — sentenció Seir. El Khari seguía chillando: su voz me ponía los pelos de punta. Ojalá
Samin se diera prisa porque empezaba a faltarme energía—. Es porque la
liberación de aquello que se encerró hace eras podría ser muy peligroso.
Fruncí los labios: sí, tiene razón.
Samin está haciendo todo esto por Alen, pero también por Sisa y el equilibrio
en general. Si “aquello” que ángeles y demonios habían creado hace tantas eras
se liberaba, el panorama futuro sería algo caótico: estallarían guerras entre
creaciones por intentar custodiarla. Eso sin contar que, en el peor de los
casos, al liberar al ser este terminara destruyendo todo a su paso, sin
control.
— Gremory, mencionaste La Rebelión de los
500 caídos — me dijo Seir seriamente —. Alen y Nanael son hermanos de
nacimiento; custodiaban a Albania. Sisa está ahora allá: hace un momento se
movilizó a una velocidad con la que los humanos no cuentan. Creímos al inicio
que Sisa era “La verdad” de Alen…
— Sí es su verdad — expliqué con
brevedad—. Ella es el motivo inicial de su estadía en este mundo.
Eso lo sabía desde hace mucho: Sisa era
ella…era Albania. Era aquello que los rebeldes habían creado.
Si queríamos mantenerla con vida
tendríamos que enseñarle a convivir con lo que llevaba dentro, porque a medida
que pasaran los años sería muchísimo más difícil mantener un equilibrio mental. Yo había visto parte de eso gracias a mi
especialidad: estaría con ella si me lo permitía, la cuidaría y velaría por
ella.
Sería como mi hija…
— No…no puede ser — me dijo desencajado—.
Gremory, estás… ¿Estás diciéndome que Sisa y Albania…?
— Son la misma persona, pero en
diferentes existencias — concluí.
El gesto en su rostro se llenó de
espanto.
— ¿Alen lo sabe?
— A estas alturas lo más probable es que
sí. — A lo lejos noté que el cuerpo de Alen empezó a moverse. Probablemente
Samin había conseguido convencer a la Cachorra de sus intenciones—. Sabes que
no puedo mentir, Seir. Te juro que estoy siendo plenamente sincera.
— ¿Entonces qué hacemos aquí? ¿No
deberíamos tratar de…?
La idea nunca la llegué a escuchar
completa, porque en ese momento sentí una fuerte presencia, y al instante miles
de gritos embravecidos se dejaron oír.
— ¡ABDIEL ESTÁ AQUÍ! — ¿Qué?
Giré violentamente: me encontré con una
pantera negra caminando en círculos alrededor de la caja de cristal.
Abdiel en su forma original.
— ¡NO! — grité.
— ¿Qué pasa, Gremory? — me preguntó
Seir—. ¡Pero si es Hethos! ¡HETHOS! — lo llamó. Le lancé un puñetazo—. ¡Oye!
— ¡Tiene por orden matar a Alen y a Sisa!
¡Es peligroso!
— ¡¿Qué?!
Oí a Nhyna soltar un grito: Abdiel
acababa de traspasar la caja de cristal y mis múltiples barreras sin pestañar,
y después las volvió a reactivar.
Observó el cuerpo inerte de Alen. Por
un momento me pareció verlo un tanto sorprendido.
— ¡No, no! ¡Abdiel! ¡ABDIEL, NO! — exclamé
y me lancé hacia adelante. Otros demonios siguieron mis pasos—. ¡Abdiel, no lo
hagas! — supliqué—. ¡Samin tiene un plan! ¡No los toques!
— ¿Aún está vivo? — me preguntó Nhyna
desesperada—. ¡¿Forgeso aún vive?!
— ¡ABDIEL, NO!
— ¡HABLA, GREMORY! — insistió ella.
— ¡Cállate! — le espeté furiosa.
Seir apareció velozmente y le lanzó una
patada a la caja. Consiguió a duras penas rajarla un tanto.
— ¡Hethos! ¡HETHOS! ¡¿QUÉ PLANEAS HACER?!
— le gritó. Abdiel rugió y la rajadura se cerró nuevamente—. ¡HETHOS, NO! ¡NO
LO HAGAS!
— ¡Abdiel, escucha! — pedí, tratando de
quebrar la maldita barrera. La había invocado yo, pero por lo visto él acababa
de reforzarla—. ¡Abdiel, la cachorra no tiene la culpa de nada, y Alen…!
— Hethos, ¡¿qué demonios sucede?! — exigió
Seir. Abdiel se agazapó con el enorme cuerpo de pantera y empezó a susurrar
algunos cánticos sin prestarle atención —. ¡HETHOS!
Reconozco esas palabras: Li-kay. Va a entrar en la conversación
interior.
— Habla, errante: ¿Nanael aún planea
dividir el alma? — me preguntó desde adentro. Me quedé pasmada, sin saber si
responderle o no—. Bien, tendré que averiguarlo por mi propia cuenta.
Se convirtió en una pequeña esfera
violeta, y literalmente se hundió en la frente del cuerpo inerte de Alen.
— ¡HETHOS!
— ¡SAMIN! — grité desesperada—. ¡ABDIEL!
¡ABDIEL VA PARA ALLÁ!
»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«
Sisa
Las olas me llevan de un lado para otro. Trato
de divisar el cielo, pero las imágenes de mi cabeza me aterrorizan.
— ¡SISA! ¡SISA!
Los gritos de Samin me abruman, el
sonido del agua me aturde por completo. Ojalá existiera alguna manera de poner
todo en silencio.
Silencio, silencio.
No…no son sus gritos. Lo que me abruma
es…es…
»
Soy muy hermosa, Nuna… tan hermosa que merezco que los ángeles me amen.
»
Claro que sí, niña.
No…no…
No,
por favor.
— ¡NO! — grito y una enorme cantidad de
agua ingresa por mi boca, ahogándome.
¡NO! ¡NO! ¡NO!
¡No soy Albania! ¡YO NO PUEDO SER
ALBAN…!
— ¡Ah! — Me cuesta trabajo seguir
luchando contra las olas. Elevo la mirada y pataleo todo lo que puedo, tratando
de emerger, tratando de huir de la gran masa de agua, o a lo mejor tratando de
huir de mí misma.
Las piernas empiezan a ponérseme tiesas,
y mi cuerpo entero ya no puede seguir luchando. Me aferro a su corazón, preguntándome cómo pude
hacerle todo lo que le hice.
»—No
hay nada qué arreglar, Sisa. Lo que sucede…es que yo vengo con algunas fallas
y…
Fue mi culpa. Todo ese miedo, esa
inseguridad… Todas esas dudas que agobiaban a Alen las había provocado yo.
La chica de las ondas marrones, la
chica que lo amó y a la vez amó a un humano fui yo. La chica que trató de
suicidarse cuando él amenazó con irse de su lado, la chica que lo obligó a
permanecer junto a ella a pesar de compartir una vida matrimonial con otro
hombre, esa chica…
…esa chica fui yo. Esa chica egoísta,
vanidosa y cruel fui yo.
¿Por
qué…?
Me dejo arrastrar por el agua; me ataca
con más violencia y en medio de todo el espacio brumoso siento que algo
horrible me traspasa el alma cuando las imágenes empiezan a retornar una a una:
abuelo Alcides, abuela Marlene, Aura, David, Joan, Corín, Gisell, inclusive
Loi, Zara…Marcus.
Todos…
Todos
esos rostros ya los había visto antes.
Aprieto el corazón contra mi pecho,
cansada ya de si quiera intentar respirar. Tengo miedo, muchísimo miedo, porque
en este momento estoy viendo cosas que no comprendo. Veo una luz intensa, la
unión de dos esferas increíblemente grandes: una es violeta, la otra, rojo
escarlata. Escucho miles de gritos jubilosos que expresan la enorme felicidad
que ha producido mi creación; también tengo la ligera sensación de que ha sido
gracias al sacrificio de otros. Me sumerjo cada vez en lo más profundo, y la
pregunta más espantosa resuena en mi mente:
¿Quién soy?
Tengo manos y piernas, también ojos,
nariz y boca. Pienso, escucho, hablo, toco, huelo y también contemplo. Todo mi
ser me grita que es “humano” pero a la vez hay algo palpitando, algo que
empieza a golpetear con fuerza desde adentro. Algo que es muy grande, casi inmenso, y me aterroriza pensar en
él porque siento que va a comerme. Me
comerá viva...me devorará... Está aguardando, esperando el momento adecuado
para alimentarse con cada parte y nada habrá quedado de mí. Lo oigo reírse a
carcajadas por dentro, pero a la vez llora desconsolado porque va a comerse a
sí mismo.
¡No!
¡NO, NO!
¿Quién
soy? ¿QUIÉN SOY?
No, no es “quién soy”; la pregunta es
“qué-clase-de-ser-soy”.
¿Qué soy?
Dios…
Dios mío, ¿qué soy? ¡¿QUÉ COSA SOY?!
— ¡SISA, ¿EN DÓNDE ESTÁS?! ¡SISA!
Veo a un titánico ser amorfo, con miles
de brazos, piernas y cabezas, pero solo tiene un par de ojos. Son
inconmensurablemente penetrantes y se parecen muchísimo a los míos. Me mira
fijamente solo para que parpadee con lentitud y transforme su mirada: tiene un
ojo violeta y el otro rojo escarlata.
Ángel. Demonio.
»
¿La ven? ¡Oh, todas las creaciones del Todo son nada a comparación suya! ¡ES
HERMOSA! ¡Y ES NUESTRA!
»
¡ALABADA Y GLORIOSA, MADRE E HIJA! —
profiere alguien.
»
¡ALABADA Y GLORIOSA! — repiten millares.
No, ¡no! ¡Cállense!
»
Creará a más sujetos perfectos como ella, e incluso el Todo tendrá que
postrarse ante su magnificencia.
»
¡EL TODO TENDRÁ QUE POSTRARSE ANTE SU MAGNIFICENCIA!
No…no… ¡NO! ¡NO! ¡CÁLLENSE TODOS!
Mis manos empiezan a aflojar el agarre.
No…no merezco sostener este corazón: mis manos no son lo suficientemente puras
como para si quiera tocarlo. Mis dedos lo profanan, lo mancillan.
Albania.
No, ni siquiera soy Albania. Soy…soy
algo…
Soy
algo mucho peor.
— ¡SISA!
Escucho el ulular del ave; suelto el
corazón, aterrorizada, y lo veo flotar con suavidad frente a mis ojos mientras
despide una luz color violeta. Me cubro el rostro con las manos, completamente
avergonzada: no, ¡no puede verme! ¡No puede verme!
Soy…
Recuerdo al niño gritando, al que
llamaban Khari.
— ¡SISA!
Aberración.
Aberración. Aberración.
¿Por qué…?
No…
»
¡ALABADA Y GLORIOSA! ¡ALABADA Y BENDITA! ¡ÚNICA ENTRE ÚNICAS!
¡No! ¡¿Qué soy?! ¡¿Qué clase
abominación soy?!
— ¡SISA! — Me toman por la cintura.
Pataleo, tratando de zafarme: ¡no me toquen, no me toquen! ¡Nadie puede
tocarme!
¡Nadie
merece tocarme!
— ¡NO! ¡NO!
La barrera de agua se quiebra y
nuevamente veo el cielo del color de mis ojos. Lucho, tratando de soltarme;
siento que los ojos me arden, que todo mi ser está lleno de ira. Me estremezco
cuando intentan tomarme por el rostro, y lo único que logro hacer para
defenderme es morder con fuerza la mano que quiere tocarme.
Hambre.
La sangre…siento la sangre resbalar por
mis labios.
Déjame…déjame…
— ¡Reacciona! ¡Soy yo! ¡No permitas que
te domine!
Lo empujo, pero solo consigo que me
abrace con fuerza. ¡Suéltame! ¡Suéltame!
— ¡DÉJAME! — grito, furiosa. Si no me libera…—. ¡VOY A MATARTE! ¡VOY
A MATART…!
— ¡SOY YO! — brama y cuando me sacude
siento que todo empieza a ponerse en su lugar—. ¡SOY YO, SISA! ¡MALDITA SEA,
SOY YO!
Parpadeo, tratando de refrenar el
enorme calor que siento por dentro, y cuando elevo la mirada me encuentro cara
a cara con el sol.
»
Albania, no tienes por qué temerle a la oscuridad. Yo siempre voy a estar aquí
para encender la luz.
»
¿Siempre?
»
Siempre.
Alen.
El sol…el sol siempre iba a encender la
luz y ahuyentaría a eso que quería comerme. Pero… pero…
¿Cómo le digo que yo misma soy “eso”?
— Sisa. —Trato de encogerme, de ocultarme
de él, pero solo consigo que me tome por el rostro y me observe lleno de
preocupación. Su mano está sangrando: lo mordí, ¡¿cómo pude hacerlo?! —. Sisa,
¡Sisa!
— ¡No me mires! ¡No me mires, Alen! — le
suplico desesperada—. Yo…yo soy…. ¡Yo soy…!
La chica que corría riendo, la chica
que amaba ser idolatrada, la que pensaba solo en su propio bienestar.
La
cosa amorfa, con miles de brazos, piernas y cabezas…
— Sisa, Sisa, ¡cálmate! ¡Mírame!
— ¡Yo soy…! ¡Yo no sé lo que…!
— ¡Eres Sisa Daquel! — Siento que
reacciono; sus ojos me observan con firmeza—. ¡No eres Albania, ¿me oyes?! ¡No
eres Albania! — Su voz hace eco dentro de todo mi ser: Sisa, Sisa, Sisa —. ¡Ya
no más! ¡Nunca más!
— Alen… ¡Alen, yo…! ¡Yo…! — Lo observo,
completamente avergonzada, aterrada, confundida, tal vez también algo trastornada…
Y él lo comprende. Los ojos miel
brillan, me dicen que me calme, y después siento sus brazos rodeándome con
fuerza, impidiendo que me derrumbe por completo.
Yo era un ser indefinible, una…una
creación extraña. Y él y Nanael habían nacido para vigilarme: hermanos de
nacimiento, como dos, como uno; con
el único propósito de detener a la cosa que llevaba dentro.
A esa cosa horrible, llena de tanto
desequilibrio.
— No llores más, amor.
— Alen… ¡Alen, no sé lo que soy!
No
sé lo que soy.
No sé qué cosa soy
La cabeza me estallaría; todo estaba
abrumándome y no me daba espacio para respirar: ni siquiera entendía bien en
dónde estábamos. Él había sido lastimado por Durand y todo ese grupo de
demonios; sentí que casi me muero al ver las alas que estallaron desde su
espalda, después Samin apareció y le arrancó el corazón y ahora… ¡Ahora…!
— Tranquila.
— ¡Alen, yo…! ¡Hay algo aquí adentro que
va a comerme! — grito y empiezo a desesperarme otra vez: ¡me falta el aire! ¡Me
comerá! ¡ME COMERÁ!
¿Qué estaba pasando? ¿Por qué no estoy
con Loi en Libiak, simplemente esperando que amanezca para ir a lo del tour por
Gaib Art? ¿Por qué no simplemente estoy esperando que Joan y el abuelo lleguen
de Asiri para pasar la Navidad con todos?
Me va a comer…me comerá. Me comerá viva.
— Sisa, ¡Sisa! ¡Escúcham…! ¡Mírame, por
favor!
— ¡No soy humana, Alen! ¡N-no soy humana!
¡No tengo na-nada de humano! ¡Y adentro hay algo…! ¡Hay algo que quiere
estallar, y si lo hace se llevará consigo a más! ¡Ti-tiene hambre…!
— ¡Sisa, escucha…!
— ¡No soy humana! ¡NO SOY HUMANA! — La
cosa de allá adentro no solo va a comerme viva, también va a comerse a más. Tiene
hambre, sed… ha estado oculta por
muchas eras.
Los ojos miel me observan y siento la
enorme necesidad de huir, de escapar de sus manos. Él es la personificación de
la pureza excelsa y yo soy un ser completamente monstruoso. Un ser que no nació
de manera natural, un ser que no merecía ni siquiera verlo a los ojos.
— ¡Suéltame! ¡SUÉLTAME! — Pataleé,
tratando de escapar, pero me tomó con fuerza por la cintura y me obligó a
mirarlo a los ojos.
— Mírame, ¡MÍRAME, MALDITA SEA! — demandó
con fiereza: no…no me mires—. Mírame
y enfócate, ¡reacciona! ¡Claro que eres humana! — Me quedé con la respiración
agitada, demasiado consternada como para seguir batallando.
— No…no lo soy — respondí en voz bajita.
Se me escapó un sollozo que terminó transformándose en un ataque de llanto—. No
soy un ser humano, Alen, no lo soy… no lo soy…
Aberración,
aberración, aberr…
— ¡Sisa! — La fuerza de su voz me trae de vuelta. Lo
observo, completamente agitada—. Sisa, mírame a los ojos y dime qué significa
ser “humano”. — Recordé las miles de veces que él se encargaba de apaciguar a
Albania…de apaciguarme a mí —. He
pasado vidas en el mundo terrenal, y he visto a sujetos que eran capaces de
matar a niños sin contemplaciones; a sujetos que lastimaban a otros por ideas
estúpidas como dinero o ideologías radicales. He visto a sujetos tomar por la
fuerza a otros porque no “supieron” controlar sus instintos, y aunque nacieron
en este mundo, no estoy tan seguro de poder llamarlos humanos.
Elevé las manos hasta tocar las suyas:
el ulular del ave resonó con fuerza en mi cabeza.
— Los humanos nacieron del torrente de
sentimientos que solo te entrega la contemplación pura: nacieron en un momento
de elevación suprema, es por eso que ustedes son una de las creaciones más
hermosas del Todo. Pero por su mismo origen la
condición de “humano” no se obtiene solo al nacer de un útero materno:
la condición de humano uno se lo gana con las acciones que realiza día a día; y
tú, Sisa Daquel, tienes todo el corazón repleto de humanidad.
De
humanidad.
Adentro, la cosa que trataba de
dominarme bajó la cabeza, intimidada, y se refugió en lo más profundo de su
escondite. Recordé bruscamente que solía tener ataques semejantes en mi primera
existencia, y él siempre estaba ahí, dispuesto a refrenar las explosiones de
locura.
Cerré los ojos y toda la masa negra
deforme, llena de rutas dibujadas en color violeta y escarlata dejó de
palpitar. El aire volvió a ingresar a mis pulmones con suavidad, sin lastimar,
y después poco a poco las voces anteriores fueron silenciándose.
La
única, el ente, la original. Lo veo, veo absolutamente todo y
entiendo cada parte de mi creación y a la vez hay puntos que aún me confunden,
pero este no era el momento para analizar nada. Mientras él estuviera aquí,
conmigo, yo no tenía por qué temerle a nada.
— Y es por toda esa humanidad — oí—, que
terminé enamorándome nuevamente de ti.
Los ojos empezaron a picarme cuando vi
los suyos brillar un tanto: estaba igual de asustado que
yo, pero intentaba mostrarse sereno para darme apoyo.
Asentí con fuerza y me acarició el
cabello con ternura.
— ¿A dónde te fuiste? — le reclamé—. ¡Te dejé en Lirau y de la nada llega Tarek y
me dice que…!
— No llores, amor. Ya no llores — me
susurra y mis lágrimas empapan su mejilla.
Pone una mano sobre mi cabeza y entonces todos
los músculos se me relajan: lo hace, está haciéndolo de nuevo. Tal y como hacía
desde siempre.
» Le tengo miedo a la
noche. Vienen cuando estoy sola y repiten que algún día me llevarán con ellos.
» ¿Ellos?
» Sí, son muy feos. Tienen
la piel muy pálida, y los ojos tan rojos como la sangre de las gallinas que
matan en las cocinas.
» Te prometo que voy a
estar más pendiente.
Cierro los ojos mientras lo oigo recitar esos cánticos que repetía cuando Nuna se iba y yo
no podía dormir:
sentí que la calma ingresaba como una cálida ola de agua tibia que me empapaba
con suavidad.
Tomé una gran bocanada de aire, más
relajada, y en ese momento contemplé su pecho y sus brazos
desnudos: todo su cuerpo estaba repleto de inscripciones extrañas. Pude
reconocer algunas: locura, transformación, velocidad extrema, indiferencia…
¿Qué es todo esto?
En medio del abrazo mis manos se deslizaron por su espalda; noté
las cicatrices en alto relieve: eran las aberturas por las que sus alas habían
estallado.
Lo miré, llena de dolor y me sonrió con tranquilidad:
—
Estoy bien, no te
preocupes. Ya no duelen.
¿Por qué había sucedido todo esto?
¿Cómo llegamos a este punto? ¿Por qué había aceptado que le devolvieran su
nombre?
— ¿En…? ¿En dónde estamos?
— Estamos en el centro mismo del ser — me
respondió una voz desde algún lado. La piel se me erizó:
Samin.
Tomo a Alen por el brazo, desesperada,
y le pido que huyamos pero se queda observando al frente con seriedad, al lobo
de pelaje rojizo.
— ¡Alen, vámonos! ¡Vámonos!
— Nanael — murmura.
— Aniel —. Los ojos verdes le brillan
intensamente y el pelaje se mece como si el viento solo lo rozara a él.
Da un paso con cautela y su figura
cambia en medio de un remolino del mismo tono rojo brillante. Apenas pasan unos
segundos y Samin está en frente, con su figura humana y los piercings
destellando en su rostro.
Retrocedo, asustada, pero Alen se niega
a moverse.
— Aniel, están tomando tu cordura — dijo
sin rodeos. ¿Su cordura? —. Es
evidente que ya sabes para qué.
— ¿Estás aquí para matarme? — Elevo la
mirada, llena de espanto ante el tono parsimonioso —. Porque si es así,
adelante, Nanael.
¿Qué…?
— A-Alen. — Trato de ver sus ojos, pero
él sigue enfocado en Samin—. ¡Alen!
— Mátame, Nanael — repite con
tranquilidad—. Mátame ahora mismo.
¡¿Qué?!
Tiro de su brazo exigiendo que me mire
a los ojos, pero no me hace caso. Volteo a ver a Samin, consternada, y entonces
da un paso hacia adelante y mi cuerpo vuelve a sentir que se incendia.
— ¡NO! — grito y alrededor todo empieza a
temblar con violencia. Alen me toma por los brazos, me pide que me calme, pero
vuelvo a estallar: la superficie del acantilado empieza a resquebrajarse—. ¡NO!
¡No lo tocará! ¡Nadie lo tocaría!
¡No
va a dejarme!
— ¡Sisa, escucha…!
Las olas del mar chocan embravecidas,
varios relámpagos lastiman el cielo. No puedo evitarlo: mi cuerpo entero se
lanza hacia adelante, dispuesto a eliminar a aquel que intente amenazarlo.
Así sea el propio Samin.
— Sisa, escucha…
— ¡NO QUIERO!
— ¡Sisa, Sisa…!
— ¡Suéltame! — chillo cuando Alen me detiene
con fuerza por la cintura. Los ojos me arden, la cosa adentro ronronea llena de
placer ante la idea de lastimar a un ángel: presa
fresca —. ¡SUÉLTAME, ALEN!
El sol me abraza, me suplica que me
controle. Samin me observa, los ojos verdes cambian a violeta.
— Sisa, ¡Sisa, cálmate!
— ¡¿Cómo quieres que me calme?! ¡¿Estás
pidiéndole que te mate y quieres que yo esté calmada?!
¡¿Por qué pedía que lo mataran?! ¡Era
absurdo!
— ¡Entiende! — ¿Que “entienda”? ¡Quiero
golpearlo por sugerir semejante estupidez! —. ¡Hay algo detrás de todo esto!
¡Berith y todo el grupo de demonios que viste…!
— ¡No! ¡¿Estás demente?! ¡Cómo se te
ocurre pedirle algo así!
— Los contratos con demonios jamás se
anulan — pataleo llena de impotencia—, ¡y ellos van a tomar mi cordura!
— ¡¿Por qué quieres hacerme esto?! — reclamo
al borde del llanto—. ¡¿POR QUÉ QUIERES DEJARME?!
— ¡PORQUE SI NO LO HACE SERÉ YO EL QUE
TERMINE ASESINÁNDOTE! — bramó.
Lo observé, con los ojos abiertos de
par en par y el corazón latiéndome con fuerza:
— No…no es cierto.
— Sí lo es, Sisa. Si Nanael no se deshace
de mí en este momento — sentí que me oprimieron el corazón—, yo mismo seré el encargado de asesinarte.
Estoy tan cansada de llorar…
…pero es todo lo que puedo hacer en
este momento.
»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«
Samin
La vi explotar como solía suceder con
Albania: cuando se enfadaba o se sentía amenazada estallaba furiosa, y toda la
esencia que guardaba en sí afectaba a todo lo que la rodeaba.
El cielo de aquí empezó a lanzar
descargas eléctricas; el mar se agitó. Alen trató de calmarla y en medio de la
pequeña discusión que tuvieron le gritó parte de los planes de Berith.
Que si no hacíamos algo pronto, él sería
el encargado de asesinarla.
— ¿Qué…?
Noté que respiraba con dificultad y
después rompió a llorar desconsolada. Traté de acercarme, pero solo recibí un
“¡No me toques, Nanael!” de su parte. Alen la abrazó mientras le decía que sin
cordura ningún ser era nada; que no quería lastimarla, pero el grupo de Berith
planeaba usarlo en su contra. Y después le explicó brevemente todo el asunto
que ella probablemente ya había visionado antes.
Que era Albania, que guardaba algo
dentro de sí y que solo él y yo podíamos encargarnos de aquello.
Y ella volvió a entrar en pánico:
gritó, pataleó e inclusive volvió a amenazar con matarme si intentaba hacer
algo. Recordé todas las veces en las que Albania terminaba igual, presa de la
enorme cantidad de poder que guardaba en su interior. Ella, la Original, había
sido sellada en un cuerpo humano, y por ende muchas veces había momentos de
desequilibrio entre sus pensamientos y todas las sensaciones que produce
guardar algo que no es común dentro de sí.
Crocell planteó que la unión entre
ángeles y demonios crearía a un sujeto casi perfecto, y en cierto modo tuvo
razón; el asunto era que al no ser una creación del Todo, el nuevo ser no
contaba con el equilibrio natural que poseemos todos. Albania solía tener
ataques de locura de vez en cuando, y por lo visto Sisa empezaba a tenerlos
también. Sobre todo, cuando sus reacciones iban relacionadas con la ira o la
tristeza.
El único capaz de calmarla era Aniel,
tal y como estaba sucediendo ahora.
— No llores, no llores — le repetía al
oído. Solté un suspiro desalentado.
Era mi culpa. Yo debí poner un freno
cuando Aniel y Albania empezaron a crear sentimientos mutuos el uno por el
otro. De ese modo todo hubiera marchado en un perfecto ritmo armonioso: a lo
mejor ella habría terminado enamorándose de un humano, teniendo una vida
convencional, y después recibiendo la muerte a la edad de 99 años. Y así
cíclicamente, hasta que toda la esencia de ángel y demonio terminara
acoplándose a la conciencia de humano.
Pero ya era demasiado tarde: Aniel…no,
Alen la quería, Sisa lo quería, y yo los estimaba demasiado a ambos como para
permitir que simplemente fueran usados por fuerzas mayores y después eliminados
por las fuerzas contrarias.
— Es verdad que el asunto se ve algo
complicado, y que la solución más rápida sería matarlo — dije cuando ella
estuvo más calmada. Ambos voltearon a mirarme: Alen muy tranquilo como siempre,
tan dispuesto a colaborar con lo que fuera si eso significaba protegerla.
Ella, por otro lado, me lanzó una
mirada llena de advertencia.
— Ni se te ocurra acercart…
— Es la solución más rápida, sí, pero no
planeo ejecutarla — la interrumpo y me gano un par de miradas sorprendidas—. Mi
plan desde un inicio requería de mi presencia aquí; pero cuando me arrebataste
su corazón tú también ingresaste conmigo, Sisa.
Escucho la voz de Amber a lo lejos: me
está pidiendo que me dé prisa.
— Estamos en el mismo centro del ser —
expliqué; debía apresurarme—, o en otras palabras estamos en el interior de
Alen. Todo lo que vemos alrededor es parte de lo que lo convierte en Alen
Forgeso, y si todo se ve algo caótico es porque estamos en pleno proceso de
recuerdo: la parte de Aniel, esa que ha olvidado, está reintroduciéndose en él.
— ¿A-Aniel? — balbuceó desconcertada.
— Es mi nombre original — dijo él con
calma. Ella lo miró sorprendida, y después asintió con una leve sonrisa, como recordando.
Cielos, todo aquí dentro es un caos
completo: supongo que es porque todo el interior de Alen está perdiendo
equilibrio, ante los martirios que Berith y todo su grupo han empleado para
quebrar el Sello de olvido. He visto violines, relojes y algunas otras cosas
más recreando una especie de bosque surrealista. Supongo que todos los
sentimientos, recuerdos y pensamientos estaban reconfigurándose.
Es la primera vez que estoy dentro de
alguien. Los que saben inducir Li-kay son
muy buenos para esto, pero yo nunca creí que ingresar al mismo centro del ser
pudiera sentirse tan real.
— ¿Dijiste que parte de Aniel está
“reintroduciéndose”? — me pregunta Sisa desconcertada.
— La identidad que te produce un nombre
es más compleja de lo que se cree. Para algunos seres, como ángeles y demonios,
el nombre te da un cierto sentido de existencia porque naces ya con uno y en
cada letra se asientan todos tus poderes. Y aprovechando esto quiero decirte
que sé que has visto cosas que te han aturdido demasiado, Sisa, pero debes
comprender algo: tú ya no eres Albania Formerio. — Me miró sorprendida. No fue
necesario que lo pusiera en palabras, porque era evidente que en este momento ese
era su principal conflicto —. En otra vida lo fuiste, sí, pero en esta ya no:
solo eres Sisa Daquel, y eso es lo único que importa.
Alen asintió cuando ella elevó la
mirada, como preguntándole si estaba en lo cierto.
— Tiene razón. Sucede lo mismo conmigo:
ahora yo solo soy Alen Forgeso, mi nombre original no me interesa — aclaró y
ella asintió, más confiada.
— Así es, Alen es ahora solo Alen
Forgeso. Su existencia como Aniel es cosa del pasado, pero Berith quiere no
solo devolverle su nombre, sino también rediseñar toda su identidad.
— ¿Qué?
— Sí, y de hacerlo no habrá modo alguno
de salvarlo. Si rediseña todo su interior no hay modo de revertir la
transformación.
— Alen… eso, ¿eso es…? — Volteó a verlo,
conmocionada. Él asintió con tristeza:
— Así es, lo lamento. No pensé que habría
un pago, confié demasiado.
— Samin, entonces, ¿por qué lo hiciste? —
Sisa volteó a mirarme desesperada—. ¿Para qué querías su corazón? ¡¿Acaso hay
alguna manera de revertir el contrato…?!
— No hay modo alguno de anular el contrato
con un demonio — declaré. Como estuvo a punto de volver a impacientarse me
apresuré—: Yo ya había visto todo esto desde hace mucho, y la única manera que
encontré para evitar lo que sucedería más adelante, era invocando un Himno de
división.
— ¿Himno de división? — me preguntó Alen desconcertado—.
¿Hablas de llevarte una parte de mí para ocultarla y después reinsertarla?
Asentí.
Yo había visto con lujo de detalles
absolutamente toda la escena: Berith quebraría el Sello de olvido, Alen
recuperaría sus recuerdos como Aniel pero toda la información volvería
completamente deformada, y cuando Tarek llegara con Sisa, dispuesto a buscar
una manera de ayudarlo, él la mataría.
Lo vi absolutamente todo: asesinaría su
cuerpo humano y posteriormente la esencia de la Original se liberaría. Los Phaxsi se desharían del portador de la Pureza
excelsa que había retornado como un caído, y los Khari aparecerían para eliminar a la Original, pero ella escaparía
victoriosa, dispuesta a destruir todo lo que se le pusiera en frente.
Hasta ahí llegaba mi visión; y si bien
en un inicio quería detener todo el asunto para evitar futuros conflictos entre
las creaciones del Todo, ahora también lo hacía por ellos.
Ambos no merecían pasar por todo eso,
ni Alen, mi hermano de nacimiento, ni Sisa, mi custodiada. Debo admitir que
como Albania solía colmarme la paciencia, pero Sisa era otra, tal y como Alen
acababa de decirle. Sisa Daquel era otra, y toda la esencia destructora que
guardaba dentro de ella podría seguir ahí, sin molestar, si sabíamos cómo
refrenarla y le enseñábamos a controlarla.
— Me he estado encargando de llevar a
cabo todo el plan desde hace mucho. Sisa, ¿recuerdas el supuesto video promocional
del nuevo disco de JOBEY? — Ella asintió—. Bien, esa vez si mis cálculos no
fallaron, debiste activar una parte del Himno; dijiste algo en nuestra lengua y
con eso iniciaste el proceso.
— ¿Qué?
— Sí lo hizo — dijo Alen sorprendido—:
“Nadie reta a la muerte, de hacerlo recolectaré tus recuerdos”.
— Sí, ahí se activó parte de un gozo de
exclusividad.
— Nanael, ¿ya sabías que yo intentaría…?
— Sí, Alen, ya lo sabía. Pero no había
modo de decírtelo porque parte de mi castigo es no poder hablar. Intenté
revelarte en sueños lo que sucedería, pero Berith me descubrió y empezó a
tergiversar mis mensajes — admití con culpabilidad.
Yo había visto absolutamente todo: la
carretera de madrugada, Alcides y Joan Maleri en el auto siendo sorprendidos
por Nhyna y su imitación de Sisa, y después el horrible accidente.
Como era evidente no podía hacer nada
para evitarlo: ni hablar y mucho menos intentar cambiar el rumbo de las cosas,
o podrían trasladarme a otra vida sin peros que valieran la pena.
— La muerte y la resignación…
— …es parte de “ser” humano — concluyó
Alen. Asentí y solo conseguí que soltara una carcajada baja—. Soy un imbécil,
todo es mi culpa.
Sisa nos observó confundida; recordé
que ella aún no sabía lo de su abuelo y su hermano.
— No es así, Alen; no es tu culpa. Hay
una gran cantidad de intereses de por medio, no solo Berith y su grupo desean
que liberes a la Original — Sisa se estremeció a un lado. Traté de no volver a
repetir el apelativo—; de algún modo u otro iban a intentar hacer que aceptaras
el trato.
»
¡SAMIN! — oí. Elevé la mirada, preocupado:
Amber—. ¡ABDIEL, ABDIEL VA PARA ALLÁ!
¿Qué? ¡No!
— Debemos darnos prisa — pedí
impaciente—. Amber está sola y…
— ¿Qué planeabas, Nanael?— me preguntó
Alen—. ¿Llevarte una parte de mí…?
— …para reinsertarla en cuanto se pudiera
y purificar toda la esencia que se corrompió con el contrato que firmaste con
Berith — lancé rápidamente—. De esa forma tampoco tendrás la fuerza suficiente
para lanzar el ataque que asesinaría a Sisa, porque no estarías completo.
— Samin, Samin, ¿qué…? — me enfoqué en
Sisa que estaba exigiendo explicaciones más concisas, pero en ese momento
escuché un rugido lejano.
No lo pensé ni dos veces y adquirí mi
forma original.
— ¡Hethos! — gritó Alen pero antes de que
se acercara me puse delante de ellos.
¡BROM!
— ¡Lárgate, Abdiel! — grité cuando la
pantera negra de ojos violeta cayó frente a nosotros—. ¡No voy a dejar que los
toques!
Me agazapé, dispuesto a atacar al menor
movimiento. Es la primera vez que lo veo en su forma original: parece algo
poderoso.
— Hethos — murmuró Alen desencajado.
Probablemente al ver las inscripciones rojas sobre el pelaje negro del cuello.
El símbolo del pacto con Balam.
— ¿Qué haces aquí? — exigí.
— Hethos, ¿por qué tienes inscripciones
de Balam sobre tu cuerpo? — inquirió Alen.
— Porque pedí que me entregara
información sobre el futuro — respondió sin rodeos. Seguí cada uno de sus
movimientos—. Mi forma humana fue el pago.
— ¿Por…? ¿Por qué? — insistió Alen.
Me puse en completa alerta cuando vi
las garras de Abdiel tanteando la superficie, preparándose para saltar.
— Porque debía saber cómo acababa todo
esto — respondió.
Nuevamente escuché la voz de Amber
exigiendo que me apresurara; perdí la concentración al oírla tan débil, y esos
segundos bastaron para que Abdiel soltara un rugido y su enorme cuerpo se abalanzara
sobre Sisa y Alen.
— ¡NO, ALEN! — oí. Giré todo lo rápido
que pude: Alen había empujado a Sisa a un par de metros, poniéndola a la salvo,
y los enormes colmillos se aferraron a su brazo desnudo.
Se encogió, lleno de dolor.
— Sueño — murmuró Abdiel y el cielo
empezó a tornarse opaco.
¿Qué…?
»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«
Alen
Hethos en su figura original se veía
enorme. Las inscripciones en su cuello me asustaron: ¿Balam? ¿Que había pagado
para ver el futuro? ¡¿Pero qué estaba sucediendo?!
No tuve tiempo ni para preguntar nada
porque dio un salto temerario y antes de que cayera sobre ambos, empujé a Sisa
para quitarla de su camino y traté de detenerlo.
— ¡NO, ALEN! — gritó ella y en ese
momento sentí los incisivos traspasándome la piel del brazo. Caí de rodillas
ante la presión de su mandíbula.
— Sueño — escuché que dijo sin mover los
labios y de repente todo el dolor se esfumó, pero sentí el inicio de un gozo
inscribiéndose en mi piel.
— ¡Suéltalo! ¡SUÉLTALO! — gritó Sisa.
Nanael hizo lo mismo:
— ¡ABDIEL, SUÉLTAL…!
— ¡DEJEN DE GRITAR!— vociferó sin soltar
mi brazo, pero ya no me hacía daño—. ¡No hay tiempo para explicaciones! ¡Allá
afuera Seir y la errante están dando todo de sí pero en cualquier momento los
matarán!
¿Tarek?
— ¿Qué quieres aquí, Abdiel? ¡¿Vas a
asesinarlo?! — exclamó Nanael erizándose, listo para atacar; Sisa me observó
aterrorizada. ¿Qué? ¿Hethos? ¿Matarme?—.
Porque ya debes saber a estas alturas que no hay manera de que mates a Sisa.
¡¿Qué?!
— Claro que hay manera de matar a la
niña, Nanael. Ustedes dos tienen el poder de hacerlo.
— ¡Hethos, ¿de qué estás hablando?!—
exigí sin creerlo. Sisa intentó acercarse a mí —. ¡No! ¡Vete! ¡Vete, Sisa!
— ¡Alen!
El enorme lobo rojizo se lanzó sobre
nosotros; Hethos soltó mi brazo y lanzó un rugido potente.
Sisa corrió hacia mí y me abrazó con
fuerza: estaba temblando. Le repetí que todo estaba bien, que no me dolía nada,
pero volvió a entrar en shock, preguntando incesantemente por qué todos querían
lastimarme.
Observé al frente: Nanael y Hethos
caminaban en círculos. El enorme lobo rojizo y la pantera negra enseñaban los
dientes, desafiándose.
— ¿Tú también crees que voy a matarte,
Alen? — me preguntó con hosquedad, sin voltear a verme.
Hethos. Hethos…
— Las inscripciones de tu cuerpo me
asustan — admití. Me puse de pie, con Sisa aún muy asustada—, pero sé que nunca
harías algo en mi contra, a menos que supieras que voy a terminar peor.
Habían sido vidas a su lado: Hethos
nunca me traicionaría.
— ¿Sabes qué he visto, Alen? —me preguntó
sin dejar de observar a Nanael—. Vi parte de tu existencia original: permíteme
decir que como ángel eres una vergüenza completa. — Soltó una carcajada. Nanael
mostró los dientes con rabia—. Tomando forma material para sentir la lluvia,
para sentir el sol; sucumbiendo a los caprichos de una niña egoísta. — Sisa
apretó mi brazo. Le susurré que eso ya no importaba—. No sirves como ángel,
Alen, como Aniel dejas mucho que desear; no sé si es a propósito, o es que
cuando se trata de la niña te conviertes en un perfecto inútil.
— ¡No es cierto! — gritó Sisa y después
me abrazó con fuerza—. No es cierto, no es cierto, no es cierto…
— Tranquila — le repetí.
Sí, a lo mejor Hethos tenía razón,
porque en este momento también me sentía así: completamente inútil, sin poder
hacer nada más que contemplar a la chica que tanto quería a punto de
desmoronarse. Intenté salvar a su abuelo y a su hermano ¿y para qué? Solo para
terminar en medio de una estúpida trampa para asesinarla.
— Y es por todo lo inútil que eres…que
también confías demasiado en los demás; tal vez es por tu misma naturaleza.
Como portador de la Pureza excelsa no hay modo de que desconfíes de nadie: era
evidente que Berith iba a cobrarte el trato de algún modo, y ahora yo estoy
aquí, con todos los indicios de querer asesinarte, pero aun así piensas que por
todas las vidas que hemos pasado juntos, no tocaría ni un pelo de tu cabeza.
Hethos cambió de posición rápidamente;
Nanael se puso delante de nosotros. Los ojos violeta me observaron fijamente:
— Y me alegra muchísimo haberte escuchado
decir algo así. — En medio de los rasgos felinos distinguí una sonrisa
sincera—. Te lo agradezco, Alen. Gracias por confiar en mí.
— ¿Hethos?
Relajó el cuerpo y se sentó en frente
de nosotros, con tranquilidad.
— ¡No se muevan! — exclamó Nanael. Sisa
me abrazó con más fuerza, aún temerosa—. ¿Por qué deberíamos confiar en ti?
Cuando fui a pedir tu ayuda me espetaste en la cara que cumplirías con la orden
de matarlos.
— ¿Qué? — exclamé—. Hethos, ¿pero qué…?
— Uriel vino a darme un mensaje hace un tiempo,
pero no podía hablar de ello — me respondió con sinceridad—. Por otro lado:
Nanael, si te decía que iba a estar de parte de ustedes, Berith podría haber
adivinado parte de mis planes. Mira cómo acabó tu plan de transmisión onírica,
¡todo lo que querías decirle a Alen fue distorsionado!
— ¡No te creo!
— ¡Escucha, por el mismo hecho de
mantenerme alejado, Berith no sospechaba de mí! Estuve encerrado,
perfeccionando ciertos gozos y martirios que hoy van a ser de gran ayuda. Observa
el brazo de Alen: acabo de morderlo para iniciar el proceso y ahorrar tiempo.
— Hethos, ¿de qué hablas? — exigí sin
comprender nada.
Nanael me observó de reojo: la
inscripción de sueño empezaba a expandirse.
— ¿Qué estás tratando de decir? — le inquirió,
agazapándose aún más, a punto de atacar—. ¿Entonces Uriel no te dio la orden de
matarlos?
— ¿Crees que eres el único tratando de
cambiar el rumbo de las cosas, Nanael? Hay otros seres detrás tratando de
evitar que se desate una catástrofe: ángeles, aliters, inclusive los primeros humanos ya están al tanto de todo
lo que podría suceder esta noche.
— ¿Y entonces por qué tienes el sello de
Balam en el cuello? ¿Pactos con demonios? ¿Y cómo debería tomar eso, Abdiel?
Los nuestros jamás aceptarían tratados con demonios: ¡está prohibido! — lanzó
Nanael con ironía. Traté de encontrarle sentido a la conversación pero no podía
hacerlo. A mi lado, Sisa temblaba cada vez más conmocionada.
— Esta situación es muy delicada, Nanael.
Balam es conocido como el rey ausente porque es de los pocos demonios que no se
inmiscuyen en asuntos que no le conciernen, pero esta vez ha accedido a brindar
parte de su ayuda porque la situación involucra a muchos. Dime, ¿crees que
todos los demonios están encantados con la idea de liberar a la Original? —Sisa
se encogió bruscamente. La abracé con fuerza: ¡por qué no dejan de llamarla
así! —. Hay algunos que saben lo que sucedería si se le libera: podría
descontrolarse; devoraría todos los universos. Y a lo mejor intentaría hasta
apoderarse del Todo. Nadie en realidad tiene conocimientos realmente fidedignos
de qué cosa es la Origin…
— ¡BASTA! — bramé. Hethos y Nanael
voltearon a mirarme, sorprendidos—: ¡Dejen de llamarla “la Original”! ¡Su
nombre es Sisa, ¿entendido?! ¡Y no es una cosa!
Hethos me observo ligeramente
disgustado, pero asintió:
— Sí, tienes razón. Lo siento, niña.
— ¿En dónde estuviste todo este tiempo? —
le espeté, aún enfadado por su poca delicadeza—. Tarek y yo estábamos muy
preocupados.
— Estuve averiguando un par de cosas
porque aquí, tu hermano de nacimiento, cree que tiene todo bajo control pero se
le están escapando algunas cosas.
Nanael se agazapó, receloso:
— ¿A qué te refieres? — preguntó aún
contrariado.
— Planeas sacar una parte de Alen tomando
su corazón humano, ¿no es así? Para que de esa manera parte de él no sea
corrompida, y a la vez no haya forma de realizar el ataque que libere al ente. —
Sisa volvió a encogerse: ¿por qué mierda nadie comprende el significado de
“delicadeza”? —. Es bien sabido que un
Himno de división, por obviedad, “divide” la parte que se extirpa y la oculta
en diferentes lugares. Si no recuerdo
mal, la vez que viniste a verme me comentaste que planeabas dividir el corazón
en nueve partes, y ocultarlas en cada una de las vidas pasadas de Alen, para
que así Berith y compañía no las encontraran antes que ustedes.
— Así es — aceptó Nanael. Sisa me
preguntó de qué hablaban; no pude responderle porque estaba en las mismas
condiciones de aturdimiento que ella.
— Incluiste un gozo de exclusividad para
que solo la niña pudiera tocar por primera vez las partes que irían
recolectando, y de esa forma nadie más que ustedes tuviera ventaja en la
búsqueda. Y, a la vez, incluiste un Sello de sueño para mantener dormido a Alen
en lo que van recolectando las partes que han extirpado de él, para que así no
se vean obligados a enfrentarse a él, ¿verdad?
— Efectivamente — aceptó Nanael.
¿División, ocultamiento y sueño? ¿En
qué momento todo esto se había planeado?
— Es estupendo, emplear un Himno de
división para impedir la transformación completa es brillante— dijo Hethos algo
maravillado: yo mismo quedé sorprendido, ¿cómo Nanael había pensado en todo
eso? Recordé fugazmente que él solía ser muy bueno con los gozos en nuestra
existencia original, pero no creí que tanto.
— ¿Entonces cuál es el problema?
— Hay un pequeño detalle, Nanael; cuando
Balam me permitió ver parte del futuro visioné lo que sucedería con tu plan: es
cierto, funcionará en cuanto a dividir parte de la esencia de Alen y ocultarla;
pero tu Sello de sueño va a ser quebrado sin problemas en algunas semanas, y no
habrás logrado ni siquiera empezar con la recolección porque la niña aún no
habrá aprendido ni siquiera a viajar entre vidas.
— ¿Qué? — exclamó desconcertado.
— Nanael, van a atrapar a Drol Qinaya y
emplearán sus poderes para quebrar el Sello de sueño — concluyó Hethos sombrío.
— Espera, ¡¿qué?! — lancé confundido.
¿Atrapar a un Drol? Ningún demonio o ángel podía siquiera pensar en mantener
cautivo a ninguna de las creaciones con naturaleza elevada. ¡Eso solo
significaba que todo estaría en un caos completo!
— ¡¿A Drol Qinaya?! — preguntó Nanael
igual de pasmado que yo—. ¿Estás seguro?
— Completamente: lo capturarán y lograrán
tenerlo con ellos solo por el espacio de cinco horas, pero habrá sido
suficiente para que quiebren tu Sello de sueño.
— ¿Viste todo eso? — Hethos asintió:
— Drol Qinaya escapará, pero para eso ya
habrán despertado a Alen. — Nanael lanzó una maldición, diciendo que cómo era
posible que no hubiera previsto aquello—. Después de esta noche miles de
demonios se unirán a la causa, Nanael. Y otros seres, al darse cuenta de la
presencia de algo tan supremo como la Origin… bueno, de lo que la niña lleva
dentro, también querrán apoderarse de ella. A partir de hoy empiezan los
conflictos, y realmente van a ser de cuidado.
— Esperen, ¿y por qué es tan importante
mantenerme dormido? — pregunté confundido—. Si igual estoy incompleto, no habrá
modo de que pueda lastimar a Sisa. Mi ataque para…para destruirla— añadí
rápidamente para no conmocionarla más—, no funcionaría si no estoy completo.
— Es cierto, pero si estás despierto
pelear contra ti nos pondría en desventaja— me respondió Hethos con seriedad—.
Tú y Nanael son únicos en su clase, y están por encima de los rangos más altos.
Tenerte de enemigo con todas las letras de tu nombre de vuelta, mientras
tratamos de purificar tu interior, sería como tener a millones de ángeles a
favor de Berith y toda su comitiva. Inclusive tú mismo podrías iniciar con la
búsqueda de las partes que te han sido arrebatadas, y reinsertarlas pero sin
los gozos de inmunidad que cada parte debería tener para purificarte. Finalmente
terminarías asesinando a la niña tal y como se quería desde un inicio.
— ¿Qué? — ¡No, no iba a arriesgarme! Al
diablo el Himno de división y todo eso—. ¡Mátenme! ¡Mátame, Nanael, y llévatela
lejos o algo! ¡No dejes que la toquen!
— ¡No! — me gritó ella. Traté de
explicarle que las cosas no pintaban bien, pero solo conseguí que volviera a
desesperarse.
— Sisa, Sisa, escucha, ¡despertaré loco y
con ganas de matarte! ¡¿De qué me sirve seguir vivo así?!
— ¡No! ¡No, no! — negó ella
testarudamente.
— ¡Alen…!
— ¡No, Nanael! — repuse—. ¡No voy a
aceptar cosas como “a lo mejor”! ¡Si no estás seguro no se hará nada de es…!
— ¡¿Quieren callarse?! — explotó Hethos
dando un rugido. Volteamos a verlo—. Estoy aquí por eso; tengo información útil
y con eso puedo llegar a perfeccionar los puntos débiles de tu plan. ¡Pero
debemos darnos prisa!
— ¿De qué hablas, Abdiel?
— Hablo de que tu Sello de sueño será
muchísimo más efectivo si cuentas con un vigía interior.
— ¿Vigía? — preguntó Nanael; los ojos de
Hethos se enfocaron en los míos. ¿Vigía?
— Escucha, si asumo el rol de vigía,
cuando tengan los poderes de Drol Qinaya y quiebren el sello yo crearé otro, y
otro, y así cuantas veces sean necesarias durante las cinco horas: no será nada
para mí, tranquilo, tengo la suficiente capacidad para hacerlo. Y después
evitaré por todos los medios que algún demonio intente despertarlo: puedo
asegurarte que te daré un intervalo prolongado, porque Uriel se ha encargado de
brindarme toda la energía necesaria para hacerlo.
Nanael parpadeó, como sopesando
posibilidades.
— Y en ese lapsus de tiempo tú podrás
enseñarle a la niña cómo controlar sus poderes para que no sea una amenaza, y
también el arte de trasladarse a otras vidas sin alterar su cuerpo humano para
recolectar cada una de las partes inmunes. También he mezclado algunos gozos de
sueño con otros de muerte para que ningún Khari
intente matar a Alen mientras esté dormido: creerán que está muerto así que no
serán ninguna molestia. Ya sabes que ellos son muy poco dados a analizar las
cosas.
Dormir por un intervalo de tiempo…tal y
como sucedió cuando nací.
»
¡SAMIN! — Elevé la mirada. Escuché la voz de
Gremory sumamente desesperada, llamando a Nanael—. ¡SAMIN, APRESÚRATE! ¡VAN A MATARNOS!
— Van a matar a la errante si no nos
damos prisa — advierte Hethos—. Les estoy poniendo el plan en términos breves:
Alen, sacamos una parte de ti para evitar que se corrompa por el contrato con
Berith, a su vez esa parte se divide y enviamos cada retazo a diferentes
escondites que Nanael ya ha previsto. El Sello de sueño me incluye como vigía
por un intervalo de tiempo, en lo que la niña aprende a controlar todo lo que
lleva dentro para que así en un futuro tampoco sea considerada peligrosa. Y
después, ella se encargará de recolectar cada parte fragmentada, para
reinsertarla en el cuerpo que mantendrán Berith y su grupo, y purificar por
completo todo el ser: el contrato se verá anulado, tendrás tu cordura otra vez.
Sisa elevó la mirada, sus ojos me
preguntaban si realmente podía confiar en Hethos.
Asentí: después de todo, él y Tarek me
habían demostrado por vidas que harían lo que fuera para ayudarme.
Pero yo aún no estaba tan seguro de si
todo esto sería lo correcto.
— ¡Háganlo! — pidió ella—. Si con eso
pueden salvarlo, háganlo. Yo voy a recolectar todo lo que quieran si con eso
Alen no pierde su identidad.
— Sisa, espera. Yo…yo no estoy tan seguro
de si…
— ¡No voy a aceptar que te maten! ¡¿Por
qué eres así?! — exclamó enfadada.
— Fue mi error, ¡no tienes por qué pagar
por esto! — Me miró, completamente exaltada, pero Hethos se adelantó:
— No es así, Alen. No es solo tu error.
Esto ya estaba planeado desde hace mucho, y si hoy no aceptabas el trato con
Berith, de igual manera se hallaría una manera para que tú la asesinaras.
— ¡Pero…!
»
¡SAMIN! ¡SAMIN! — oímos de nuevo y después un chillido
agudo.
— ¡Amber! — exclamó Nanael, empezando a
exasperarse—. ¡AMBER, YA VOY!
— ¡Alen, no hay tiempo! ¡Y en este
momento no estás como para ponerte exigente! — me espetó Hethos con rudeza—.
Iré asentando las bases para el Sello de sueño; tú empieza con el Himno de
división, Nanael. Hay que darnos prisa. Niña, quisiera pedir parte de tu ayuda.
— ¿Mi-mi ayuda? — le pregunta Sisa.
— Sí, si Alen tiene imágenes tuyas en
medio del período de sueño, a lo mejor rediseñar su identidad va a ser mucho
más difícil.
— ¿Imágenes mías?
— Así es; todo lo que verá mientras
duerme será a ti— le responde.
Sonrío un tanto entristecido: así que ahora solo voy a verla entre sueños…
— Hazlo — le pido.
Los ojos preciosos brillan: va a
llorar, otra vez va a llorar. Y lo peor es que yo estoy por dejarla quien sabe
por cuánto tiempo.
— Ven, niña, cálmate. Él va a estar bien;
solo va a descansar por un tiempo — le dice Hethos y empieza a correr alrededor
de ella. Miles de imágenes que la tienen de protagonista salen al aire, como
fotografías en movimiento.
— Nanael,
espera — le
digo aprovechando que Sisa está ocupada con Hethos, y él y yo podemos volver a
comunicarnos en silencio: solo ambos, como hermanos de nacimiento. Me observa y
asiente, dándome a entender que me escucha—. ¿Funcionará? Porque si no…te suplico que me mates.
— Alen,
una vez viste a una chica igual a Sisa, ¿verdad? — ¡Claro que sí! ¡Lo recuerdo muy
bien! —. Tenía el cabello más largo y
usaba una ballesta.
— Sí,
¡claro que sí! ¿Acaso tiene algo que…?
— Era
ella — declara
sin titubeos. Volteo a verla: está ahí, con la mirada perdida, mientras Hethos
corre alrededor de ella—. Es por eso que
estaba seguro de que la recolección definitivamente se haría.
— ¿Ella?
— Es
ella, Alen; es ella recolectando las partes que saqué de ti.
Parpadeo, tratando de asimilar la
información, y entonces lo comprendo:
— Es
ella…pero del futuro.
Recuerdo fugazmente el momento: el ser
hecho a base de alambres que intentó atacarme, ella destruyéndolo con un solo
disparo; después sacando una pequeña esfera de mi pecho.
La chica del cabello largo y la
ballesta era ella. La notaba más segura, más fuerte…
...pero también más triste.
— Cuídala,
no la dejes sola —
le pido. Él asiente justo cuando Hethos dice que ya terminó.
Nanael adquiere su forma original y lo
vemos correr en círculos, a saltos veloces: suelta un aullido prolongado, y
algo por dentro me oprime el pecho.
— Mi parte será elaborada cuando Nanael
concluya con la suya; supongo que puedo ir ayudando a la errante y a Seir —
dice Hethos. Suelta un rugido, se pierde por el otro lado; da un salto y
desaparece.
Nanael sigue corriendo en círculos y
por cada aullido una inscripción en el aire aparece. Comprendo algunas, otras
no, y cuando desvío mi atención de las letras, me encuentro cara a cara con los
ojos preciosos llenos de lágrimas.
— No llores — le digo atrayéndola hacia
mí. Siento su corazón palpitar con fuerza y sus brazos aferrarse a los míos
casi como si yo fuera el oxígeno, el
aire.
Entonces se pone de puntillas y murmura
a mi oído:
— Lo siento. Yo…yo era muy caprichosa,
muy egoísta, y…y…
— Y nada. — Le sonrío y baja la mirada,
apenada. Nanael suelta un aullido que me traspasa porque me han dado la
oportunidad de decirle adiós, pero resulta que duele más—. Tú no eres Albania,
Bellota. No olvides eso.
Escucho las voces de los demonios que
me atacaron antes, inclusive la voz de Tarek. El lugar que supuestamente era mi
interior empezó a transparentarse.
— Si por algún motivo despierto antes de
que logren reinsertar lo que quitaron de mi esencia, solo te pido que no escuches
nada de lo que diga, ¿sí? — Asiente afligida—. Y si intento matarte…
— No…
— No, sí. Escucha, Bellota — niega con la
cabeza. Samin aúlla con más fuerza; siento que mi pecho empieza a llenarse de
un calor abrasador—, si…si intento hacerlo…pide que me maten; por favor.
— ¡Alen, no!
— Sisa…
— ¡No!
— Ponte en mi lugar, Bellota. — Me mira
pasmada, asimilando mis palabras —. Ponte en mi lugar, como siempre has hecho,
y pide que me maten si al final todo sale mal.
— ¡NANAEL, ¿QUÉ PLANEAS?!
Es la voz de Andrax: estamos volviendo
al Recinto de los Ahogados.
— Alen — me llama y acaricia mi rostro.
Pego su frente a la mía y la beso en las mejillas y los párpados, tratando de
llevarme cada gesto suyo. Veo los rostros de su abuelo y su hermano en medio de
los cánticos que recita Nanael, porque son parte de mis recuerdos, y entonces
ella lo comprende—. A-Alen… ¿mi…mi abuelo y mi hermano…?
— Lo intenté. ¡Te juro que lo intenté! —
explico lleno de culpa; sus ojos brillan de tristeza. Nanael está culminando el
Himno… ya es hora —. Te amo, amor —
le susurro y me regala un esbozo de sonrisa.
Me inclino y la beso de lleno,
intentando transmitirle todo lo que siento: ¿cómo se le dice a alguien que no
quisieras tener que irte? ¿Cómo le digo a la chica de los ojos preciosos que,
aunque esté dormido, voy a pensar solo en ella?
Y podré vivir con eso…con la esperanza
de volver a verla algún día.
— ¡Alen, Alen! — me dice y noto que
vuelve a desesperarse—. Yo… Yo… ¡lo lamento tanto! Yo…yo no sé por qué lo hice,
¡no sé por qué te hice eso! ¡Ni siquiera recuerdo bien qué sentía por…! ¡Por…!
Ella no lo dice, pero lo entiendo.
— Sisa…
— ¡Nunca quise hacerte daño! — La abrazo
con fuerza porque está volviendo a entrar en pánico. Escucho los aullidos de
Samin: ya va a acabar y ella está tan desconsolada —. ¡Siempre te quise a ti,
solo a ti, y no sé por qué fui tan malditamente egoíst…!
La beso, ahogando sus palabras y
tratando de calmarla: ¿qué haré? Ya no voy a estar aquí para calmarla.
— Vas a estar bien, ¿verdad? — le digo y ya
no sé si ella llora o el que llora soy yo —. Vas a aprender a controlarte, ¡a
dejar de llorar! — Asiente con fuerza, pero aun así me abraza, buscando no
soltarme —. Vas a aprender a encender la luz por ti misma, Sisa, ¡porque a lo
mejor yo no llegue a tiempo para hacerlo!
— La encenderé, ¡la encenderé!
“La
niña se suicidará”
No, no lo haría. No lo haría…
— Vas a ser fuerte, ¡júramelo, Sisa! — Escuché
los gritos, sentí la presencia de los Phaxsi;
mis alas exigiendo salir nuevamente —. Alcides Maleri ha criado a una chica
fuerte, capaz de salir adelante por sí misma. Joan Maleri ha cuidado a su
hermana con toda la protección del mundo, así que se los debes. ¡Hazlo por
ellos! Hazlo por mí, amor.
— Te lo juro, ¡te lo juro!
Me besó en los párpados; la melodía de
un hermoso violín estalló. Las notas fueron tan increíblemente hermosas que las
grabé en lo más profundo de mi ser.
La
amo…
Las alas estallaron, lo último que vi
fueron los ojos preciosos.
— Te amo, Alen Forgeso — me dijo al oído,
repleta de amor. Entendí el empleo de mi nombre al completo.
Sonreí…
“Él es mi felicidad, pero tú el aire que respiro”
…y todo se oscureció.
¡PAM!
Una luz roja llenó todo el espacio,
sentí que las cuerdas vocales se me desgarraron.
— ¡LIBERACIÓN!
Rutas violeta, rutas escarlata, la
chica del violín se transforma en una mancha indefinible. Su sonrisa me aturde,
el sonido de su voz me enamora…pero
también me lastima.
La amo, la amo, la amo, la
amo tanto que podría morir por ella.
Por ella, por ella, por-ella…por-ella… por…
¿Por
quién?
» ¡No vas a dejarme…! No
vas a dejarme porque soy lo que más amas en la vida.
Sí, así es, eres lo que más amo en la vida. En esta vida y en las
que vendrán.
» Si sabes eso, ¡¿entonces
por qué vas a casarte?!
» ¡Porque lo amo! — No, no, no lo amas…
» ¡¿Y a mí?!
» ¡A ti te amo más! Pero a
él también lo amo. ¿Qué es una boda sino un mero ritual de compromiso entre
humanos?
Humanos-humanos-humanos-humanos.
Claro, yo no lo soy.
Yo no soy humano
— ¡NO! — escucho que alguien grita y al
segundo algo semejante a una cuchilla me traspasa. Quiero gritar, pero algo al
frente reprime mi alarido.
Ahí…ahí está: las ondas marrones, la
figura frágil, los ojos…los ojos precios…
Él es mi felicidad
Él es mi felicidad
Él es mi felicidad
Me lleno de rabia, de frustración, de
odio.
Maldita…maldita…
¡MALDITA!
— ¡TE MATARÉ, ALBANIA!
Intento llegar a ella, pero algo cae
sobre mí. Una fuerte cantidad de energía me rodea: ¡estaba ahí! ¡En frente de
mí! ¡SUÉLTENME!
Trato de escapar, pero un aroma
embriagador me llena los sentidos. La visión empieza a tornárseme borrosa, los
músculos ya no me responden.
Ahí…ahí estaba ella, ¡fingiendo verse
tan jodidamente inocente…! ¡Tal y como siempre hacía!
— ¡SUÉLTENME!
¡La
odio!
Los párpados me pesaron, los dejé
cerrarse poco a poco. Vi los labios mortales moverse y formar unas cuantas
palabras: “Dulces sueños, amor”.
Irónico: ¿amor?
Mentirosa, yo no soy Marcus Leda.
Todo se apagó.
»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«
Sisa
Pegó su frente a la mía y mientras sus
labios surcaban mi mejilla lo vi absolutamente todo: él corriendo desesperado
por un camino empinado, a lo lejos un auto volcado. Vi el rostro del abuelo y
el de Joan, y entonces se me escapó un sollozo.
Ellos…
— A-Alen… — balbuceé. Los ojos miel me
observaron llenos de dolor—. ¿Mi…mi abuelo y mi hermano…?
Asintió afligido y entonces todo cobró
sentido: él había intentado salvarlos y la única manera que halló fue aceptar
el contrato que le ofrecía Durand.
No…
ellos no…
— Lo intenté. ¡Te juro que lo intenté! —
me dijo y todo dolió muchísimo más. Me abrazó con fuerza, sentí que el pecho se
me encogió.
Mi abuelo, mi hermano, ahora él…
¿Por
qué?
— Te amo, amor — me dice y el corazón se
me encoje lleno de tantas cosas.
— ¡Alen, Alen! — Los ojos miel me
observaron, exigiendo que me tranquilice—. Yo…yo… ¡lo lamento tanto! Yo…yo no
sé por qué lo hice, ¡no sé por qué te hice eso! ¡Ni siquiera recuerdo bien qué
sentía por…! ¡Por…!
¿Por qué deseé tanto casarme con el
nieto de los Leda si yo realmente no lo amaba? ¡Solo lo quería a él! ¡Siempre
iba a ser él!
Mi Alen… Mi Aniel.
— Sisa…
— ¡Nunca quise hacerte daño! — Me
estrecha con fuerza, ¡y yo siento que tengo tanto por decirle! ¡Fui una
completa estúpida, ¿amándolo a él y ambicionando al nieto de los Leda sin
amarlo en realidad?! ¡¿Por qué?! ¡¿Por
qué lo hice?!—. ¡Siempre te quise a ti, solo a ti, y no sé por qué fui tan
malditamente egoíst…!
Y me calla con un beso.
— Vas a estar bien, ¿verdad? — Los ojos
miel me observan repletos de lágrimas. En realidad no estoy preparada para que
se vaya. Mi abuelo, mi hermano…ahora él. No…—.
Vas a aprender a controlarte, ¡a dejar de llorar! — me exige. Asiento ante el
estruendo de su voz—. Vas a aprender a encender la luz por ti misma, Sisa, ¡porque
a lo mejor yo no llegue a tiempo para hacerlo!
La luz…la luz.
El
sol se va, pero
me está pidiendo que no me quede en la oscuridad.
— La encenderé… ¡la encenderé! — repito.
Escucho los aullidos de Samin: división,
división.
División
y posterior reinserción.
Escucho gritos, y el viento frío que me
roza los brazos me da a entender que estamos por volver al lugar en el que
dejamos a Tarek y a Amber. Observo al sol, casi por última vez, y me pongo de
puntillas para depositar un beso sobre sus párpados.
— Te amo, Alen Forgeso — le digo pegando
mi mejilla a la suya. No como ángel, no como calehim ni como desertor, solo como Alen Forgeso. Él entiende, me
regala una última sonrisa, y en ese momento su figura se disuelve y se
transforma en el corazón que llevaba antes en las manos. Samin lo toma, lo
aprieta entre sus dedos y este explota, esparciéndose por todo el firmamento
del color de mis ojos. Casi puedo contar los fragmentos: nueve…su corazón ha
sido dividido en nueve partes.
Nueve
vidas vividas.
Escucho el ulular del pájaro: vuelve a
pedir que me cuide, que salga adelante.
Que
no me derrumbe…
Todo vuelve a retomar la velocidad
normal. Escucho los gritos y después siento que Samin me toma por la cintura y
me lleva hacia atrás consigo.
— ¡SAMIN! — grita Amber y cuando sigo su
voz la encuentro golpeada, en el piso y sangrando por la cabeza. Elevo la
mirada y visualizo a Tarek luchando contra un oso enorme.
Hay animales y figuras amorfas por
doquier, y algunos sujetos alados que si no me equivoco son los Phaxsi. El niño de la cuchilla en el
brazo ha desaparecido, pero en su lugar ha aparecido un halcón que chilla en
medio de su vuelo mientras picotea los ojos de algunos desprevenidos.
— ¡LIBERACIÓN! — gritan al unísono y
entonces escucho un ulular.
Elevo la mirada, aterrada ante el
chillido de dolor, y encuentro a Alen en su forma original: el ave de plumaje
brillante da un último giro sobre sí mismo e instantáneamente adquiere su forma
humana. Las enormes alas sobresalen de su espalda desnuda, y tiene los brazos y
el pecho repletos de inscripciones. Abre los ojos con violencia, y entonces ya
no veo más ni el violeta luminoso ni lo miel cálido.
No…
Su mirada es rojiza: tal y como la de
Berith, tal y como la de Nhyna.
Me quedo ahí, completamente ida, y
entonces el halcón se transforma en niño nuevamente y lanza un ataque sin
fallas. La cuchilla de su brazo traspasa una de las alas, y la separa por
completo de su cuerpo.
Suelto un grito, conmocionada, pero
antes de que diga algo más él eleva la mirada como si no hubiera sentido el
ataque y se lanza hacia adelante.
Específicamente hacia mí.
Un ángel de una sola ala y con los ojos
rojos brillándole llenos de ira.
— ¡TE MATARÉ, ALBANIA! — bramó con rabia
y en ese momento sentí que todo se quedó como congelado.
No retrocedí, ni siquiera grité. Solo
me quedé ahí, pasmada. Viendo al chico que amaba gritar que me asesinaría, que
no merecía ni respirar el mismo aire que él respiraba.
Alen…
— ¡SISA! — Tarek me toma por la cintura,
pero no es necesario que me quite de su camino. Hethos, en forma de pantera, de
un salto lo inmoviliza, y rápidamente recita algunos cánticos.
Duerme, pureza excelsa
Descansa en paz
Así sea
Berith, Nhyna, Voso, Andrax, Gaap,
Naberius, Somak, Esquiz, Jilawi: los reconozco a todos y casi puedo hasta saber
con seguridad sus especialidades. Todos gritan furiosos al escuchar el Sello de
sueño; entonces Hethos, en forma de pantera, se empequeñece hasta convertirse
en una pequeña esfera que se hunde entre el cabello desordenado.
Alen…
Los párpados se le cierran poco a poco,
está a punto de caer dormido. Me lanzó una última mirada llena de
resentimiento; el corazón me dolió.
No lo escuches, no llores. Se ve como
él, se oye como él….pero no es él.
— Dulces sueños, amor — susurro a pesar
de que ya no va a entenderme.
Cierra los ojos por completo. Escucho
que alguien dice que llamarán a Rumilat, así que sin perder tiempo los nueve
demonios lo rodean hasta que lo pierdo de vista. Nhyna me lanza una última
mirada: casi puedo sentir que me grita “ahora es mío”.
Desaparecen y Samin me toma por la
cintura. No digo nada, ni siquiera cuando nos transportamos hasta la habitación
de hotel en Libiak: aún es de madrugada.
“¡TE
MATARÉ, ALBANIA!” resuena
en mi mente.
Loi me mira, completamente pasmada. Ya
no sé si por mi repentina aparición, o porque Tarek, Amber y Samin vienen
conmigo: todos algo ensangrentados.
— Si-Sisa, tu…tu celular no deja de sonar.
Es…es… — me dice angustiada y sin comprender nada.
El timbre resuena; me siento tan
perdida que lo tomo sin tener real conciencia de mis acciones.
— ¡¿Por
qué no contestas?! — grita Corín al otro lado. Trato de
reaccionar, pero sigo en otro lado; mi cuerpo no siente, no piensa—. ¡Mamá! ¡Mamá está como loca…!
Siento que el cuerpo me tiembla con
violencia; las lágrimas empiezan a retornar.
— ¡JOAN
Y EL ABUELO…! ¡JOAN Y EL ABUELO…! — grita y después
solo escucho sollozos cargados de dolor.
El corazón se me oprime, me falta el
aire. Escucho que alguien dice “¡Sisa!”, solo para que segundos después me
encuentre sobre la alfombra, llorando completamente descontrolada.
Alen, Joan…abuelo…
Que alguien encienda la luz.
Ojalá
me hubiera muerto también yo.
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