Noches de insomnio | Capítulo Final: Noche XXX

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Capítulo Final | NOCHE XXX


 

 

Kiran

 

¿Dónde está Viggo? Lo llevo llamando desde hace horas y no viene.   

¿Y por qué asumes que yo lo sé? — explico sin despegar mi mirada del cielo nocturno humano.

Me gusta venir a este edificio y sentarme en el borde; la paz es infinita.

Raven me observa con gesto de pocos amigos en su pequeño rostro. El cabello rojizo ensortijado y el vestido le dan la apariencia de una niña, pero posee el maldito humor de una víbora.

Tranquila, ya vendrá. Probablemente está por ahí, cogiéndose a otra mujer humana, o a lo mejor esta vez a un hombre, quién sabe.

¡Cierra la boca, bastardo! — me espeta enfurecida.

¿Qué pasa, Raven? ¿Crees que estoy mintiendo? — replico con burla. Sus ojos felinos me observan con rencor—. Por si no lo recuerdas, los que son como yo no podemos mentir: Viggo debe estar por ahí, divirtiéndose de lo lindo con algún humano. Es viernes, sabes que le gustan mucho los fines de semana.

¡Maldito errante! — vocifera.

Estúpida calehim, ¿en realidad crees que Viggo va a dejar atrás sus placeres carnales por ti?

Me revienta que crea que siempre sé en dónde está su asqueroso novio, o bueno, si es que puede llamársele novio, cuando realidad vive buscando a otros para conseguir el placer que no consigue con ella.

La escucho apretar los dientes con fuerza, y después los tacones de sus zapatitos con correa.

Quiere golpearme.

¡Alto, muñeca! — La tomo por el brazo y aprovecho el momento para aspirar el aroma de su cabello: maligna calehim, huele a fresas y podría tener a cualquier ser que deseara a sus pies. Pero la idiota quiere al único errante que se despojó de su naturaleza demoníaca solo para evitar firmar contratos, y tener tropas a su mando porque le parecía “demasiado trabajo”.

Viggo ni siquiera se ha molestado en adquirir un nombre humano. Mantiene su nombre como duque demonio y con ello una especie de inestabilidad emocional con respecto a lo que desea.

Suéltame, Kiran, o te juro que te arranco lo que traes entre las piernas — advierte con voz chillona.

Suelto una carcajada: niña idiota. Si supiera…

Eh, eh, ¿qué está pasando aquí? — oímos. Suelto a Raven y al girar nos topamos con Viggo: qué sorpresa, no está ebrio.

Mmm, ¿y ahora qué ha pasado? Para que haya cambiado de apariencia es porque algo nuevo ha sucedido.

Me voy por unos instantes ¿y ya estás coqueteando con mi mujer, Kiran? — me pregunta. Trae la cabeza rapada al completo y algo de barba.

No gracias, no como las sobras de otros — respondo. Raven me observa indignada, solo para después correr a los brazos del imbécil de Viggo, y exigirle un beso con los ademanes de una niña caprichosa y melindrosa.

Él pone los ojos en blanco y se inclina para entregarle el roce más indiferente de la historia, pero ella parece no notarlo. Los ojos le brillan y con esa mísera caricia va a ser feliz por lo menos hasta el próximo mes.

Aun no comprendo cómo es que ella, un antiguo arcángel, haya caído en los brazos de un errante como él.

¿En dónde estabas? — le pregunta ella con curiosidad.

Escuché un par de rumores y me entretuve buscando mayor información al respecto — nos explicó mientras bajábamos al bar de Ulises. Entre las calles repletas de publicidad humana reconocí el rostro de JOBEY. A veces me pregunto por qué demonios un ángel como Nanael tiene la condición de calehim. Decían que sería la cabeza de los Phaxsi en un futuro; no sé qué demonios pasó con él que terminó siendo castigado.

Aunque para ahora ya nada me sorprende. Por aquí tengo a una estúpida ex arcángel que fue sentenciada por enamorarse y proteger a un errante, y a ese mismo errante viviendo como humano para evadir las pocas responsabilidades que uno tiene como demonio.

Y bueno, aquí estoy yo, que renuncié a mi existencia original por motivos que prefiero no recordar.

¿Rumores, amor? — preguntó ella mientras tomábamos asiento en el bar. Ulises sabe de nosotros; no es necesario ya manipular su mente para que nos sirva todo lo que queremos—. ¿Rumores sobre qué?

Dicen que Jilawi ha anunciado algo fantástico para cualquier criatura — nos dice mientras abre la botella de vodka. Me sirve un vaso enorme que termino de buena gana: benditos los humanos que lo crearon.

¿Jilawi? — pregunté confundido.

¿Jilawi es ese marqués demonio que otorga la velocidad a quien lo pida? — pregunta Raven.

Ese mismo, mi vida — le responde Viggo observando de reojo a la humana de cabello oscuro que pasa junto a nosotros. Veo que le sonríe seductoramente, y le indica que estará en la mesa del fondo: Raven no se da ni cuenta de que el imbécil acaba de encontrar a su diversión de esta noche—. Jilawi tiene la capacidad de acelerar lo que sea; puede quebrar muchos protocolos que Drol Kohn ha estipulado para el tiempo después de un buen pago, claro — añade bebiéndose su vaso—.  Dicen que ha ofrecido, a quien quiera que lo invoque, lo que desee mientras le diga cómo romper un Sello de sueño.

¿Y por qué están tan seguros de que no es un plan para matarnos ni bien lo invoquemos? Los demonios nos odian, Viggo. Para ellos los errantes somos los seres más repugnantes que pueden existir. Aún me pone algo nervioso encontrarme con Esquiz.

Había sido el magistrado de mi anunciación y había jurado matarme la próxima vez que me viera.

Para mi buena suerte no he tenido el placer de encontrarme con él nuevamente.

No es un rumor a todas voces, Kiran: está circulando de manera discreta. Muchos desertores y errantes arrepentidos por su decisión están tomando interés con respecto al asunto. Además, aseguran que en realidad Jilawi no está trabajando solo; dicen que hay ocho más con él. Que hubo una batalla hace unos días, que Andrax perdió el brazo en ella.

Eso sí lo sabía.

Todo el mundo estaba preguntándose por qué el demonio encargado de la discordia había perdido un miembro si ahora ya casi ni había trifulcas. Viggo observó a todos lados y se inclinó sobre la mesa para verme a los ojos—: Dicen que la lucha fue con algunos Phaxsi— me confesó.

¿Los Phaxsi? — le pregunté confundido. ¿Por qué sucedería algo así?

Es decir, los Phaxsi solo atacan a los ángeles que han perdido la cordura, no tendrían por qué atacar a demonios.

Kiran, algo muy extraño está sucediendo. Eso sin contar la enorme energía que se sintió por el otro lado del planeta hace unos días. Algo me hace pensar que fue el mismo día que Andrax perdió el brazo. — Raven parpadeaba, como buscando el momento adecuado para ingresar a la conversación—. Dicen que Naberius también está involucrado en el asunto. Nadie desconfía de Naberius; es uno de los más nobles entre los nuestros.

Espera, ¿dijiste que están buscando cómo romper un Sello de sueño? — Viggo asintió—. ¿Y de cuándo aquí los sellos de sueño son difíciles de romper?

Yo qué sé, Kiran, eso es lo que he oído. Inclusive dicen que si les das información que valga la pena pueden hasta otorgarte el beneficio del perdón. Seas el ser que seas y hayas sido exiliado de tu lugar de origen.

¿Beneficio del perdón? — pregunta Raven confundida—. ¿A qué te refieres con eso?

Pues por lo poco que pude averiguar, dicen que Jilawi ha jurado que aquel que le proporcione la información necesaria para romper un Sello de sueño, tendrá un pase directo a dónde sea que pertenezca y sin ningún tipo de obstáculo. Por ejemplo, tú, Raven querida: a lo mejor si brindaras información importante para quebrar ese sello, podrías retornar con los tuyos y tu sentencia como calehim en este mundo estaría saldada.

¿Mi…mi sentencia saldada? — balbuceó sorprendida.

La sentencia de Raven dictaminaba 300 vidas vividas como humano.

Apenas iba en la 90 así que sería ahorrarse 210 vidas.

Tenías ciertos poderes ligados al sueño, ¿o no, amor? Inclusive mantenías cierta comunicación con Qinaya. — Raven frunció los labios, no muy convencida—. No sé, podrías intentar hacer algo, ¿no crees? Dejarías de llamarte Raven para volver a ser denominada como Theliel.

Pero yo no quiero volver, Viggo — replicó mirándolo con fervor—. Yo quiero quedarme contigo. Es por eso que planeaba pedir la audiencia para anunciar mi deseo de convertirme en desertor.

¡¿Otra vez con eso?! — exclama él con rudeza. Raven se encoje:

Pe-pero no entiendo por qué siempre te enfadas. — Me sirvo otro vaso y finjo observar a otra parte: Raven es fuerte, pero con este idiota siempre es tan patética —. Creí…creí que ambos no podíamos vivir el uno sin el otro.

Amor, ¡amor, no llores! — Y la tomó por las mejillas. Me bebí el vodka de un tiro: ¿cómo puede creerle? . Escucha, ¿crees que me gusta verte aquí, conviviendo con humanos cuando a ustedes les duele tanto ver las injusticias de este mundo? Preferiría miles de veces verte con tu naturaleza original restablecida que aquí, conmigo, y sufriendo emocionalmente.

¡Pero es que yo no sufr…!

Chsst, basta, vamos a dejar ahí la conversación, ¿sí? — Vaya, nosotros no podemos mentir, pero es increíble cómo él emplea ciertas palabras para ocultar otras—. Es viernes y no quiero pelear por tonterías. En seguida vuelvo.

Viggo se pone de pie; Raven baja la mirada: ya no sé si a propósito, porque justamente el imbécil se larga directamente a la mesa de la humana que lo saludó.

Los veo a ambos perderse por uno de los pasillos que conducen a los sanitarios.

Él tiene razón — digo cuando la banda que va a tocar hoy en el pequeño escenario del bar va encendiendo los instrumentos.

Raven me observa:

¿De qué hablas?

Este mundo no es para ti, Raven.

Pero…pero yo escuché de un calehim que estaba por convertirse en desertor hace poco — me comentó con anhelo—. Dicen que estaba condenado a vivir buscando las letras de su nombre, pero al final decidió presentarse ante la audiencia porque se enamoró de una humana y estaba dispuesto a vivir con ella aquí, en su mundo, y seguirla vida tras vida.

El vocalista saluda al público y después la música inicia.

Raven, la diferencia tal vez radica en que ese calehim y esa humana se amaban.

No veo la diferencia — me dice con serenidad—. Lo que Viggo y yo tenemos…

Lo que Viggo y tú tienen es un amor unilateral, niña. Empieza a meterte eso en la cabeza, por favor.

Me pongo de pie y me voy hasta la zona en la que todos los humanos bailan al ritmo de la música. ¿Por qué demonios uno siempre escoge al compañero equivocado? Esta loca siempre va a amar al idiota de Viggo, así sepa que no es bueno para ella.

Me pregunto qué habrá detrás de todo eso del beneficio del perdón. ¿Para qué querrían quebrar un sello de sueño?

Al diablo, ni siquiera me interesa. Yo no quiero volver a ser demonio completo. Además, mientras Raven permanezca aquí yo estaría tras ella.

Bien, tal vez el imbécil no es Viggo después de todo…

El imbécil soy yo.

 

 

»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«

 

Hethos

 

El cielo sigue con el mismo tono del color de los ojos de la niña. Mientras siga así, no tengo por qué preocuparme.

Hace un par de días Gaap había enviado a una de sus tropas, dispuesto a quebrar el Sello de sueño. No fue demasiado complicado deshacerme de ellos: Uriel ya había previsto todos estos ataques así que estaba preparado para todo.

Aun así, el día que capturaran a Drol Qinaya aún no llegaba y ese era el que me estaba preocupando.

Una enorme pelota amarilla pasó dando tumbos frente a mí sobre los prados extensos de este mundo, y las risas de aquella niña, Naina, acompañaban el movimiento. Alen tiene muchísimos recuerdos que la involucran: podría hasta afirmar que cierto lado paternal se ha empezado a desarrollar por ella.

Es más humano de lo que pensaba.

Elevo la mirada, en alerta, cuando escucho un ulular: lo observo en su forma original, reposando sobre una inmensa nube, y compruebo que solo está hablando entre sueños.

Está llamando a la Origin…a Sisa, a Sisa (debo recordar eso, sí, sí). Mientras piense en ella, la reconfiguración de su identidad va a ser muy complicado. En cierta oportunidad el bosque de allá atrás empezó a secarse, lo que sin duda era un indicio de que algún demonio estaba intentando rediseñar el interior. Pensé que tendría que hacer uso de algún cántico para detener todo el cambio, pero de la nada una melodía en violín resonó con fuerza y milagrosamente empezó a llover. Las hojas volvieron a adquirir sus tonos frescos.

Nunca he visto a alguien aferrarse a memorias tanto como Alen. Él mismo lucha para evitar que su esencia se corrompa, y la defensa más eficaz que ha encontrado son los recuerdos que tiene con la Origin…la niña, la niña.

» Te quiero — oigo de pronto: es la voz de la niña.

» Yo más, amor…yo más. — De acuerdo, esa es la voz de Alen.

Me encrespo tan solo al escuchar las palabras, porque es evidente que el recuerdo es un tanto íntimo. Pasa frente a mis ojos algo de niebla plateada, y en ella veo a la niña y a Alen compartiendo un bes…

Bien, basta por hoy — me digo en voz alta y corro todo lo que puedo en sentido contrario. Alen está descansando sin problemas, y tal vez yo también deba reposar algo.

Me pierdo entre el bosque de pinos que tiene violines y relojes plantados por doquier, y cuando me recuesto bajo un árbol suelto un bostezo que, por mi figura original, suena a rugido. Me estiro un poco y después reclino la cabeza sobre mis extremidades.

» ¡HETHOS! ¡MIRA LO QUE TENGO AQUÍ! alguien grita en medio de otro recuerdo: reconozco la voz de Seir al instante. Abro los ojos y volteo en varias direcciones, buscando de dónde provien… ¡Ah, ya! Viene de allá.

Por el lado derecho hay algo parecido a una pequeña catarata, y en ella veo el reflejo de Seir:

» ¡¿Por qué gritas?! le replico en mi forma humana. Sonrío levemente cuando recuerdo ese momento: es en la octava vida, mi morada solía ser una casa abandonada.

Distingo a Alen en medio del recuerdo proyectado en el agua: está sentado a un lado y observa a Seir con expresión curiosa.

» Encontré este simpático libro y…

» ¿De dónde lo sacaste? — le pregunta; él responde que de una librería—. ¡Tarek, ya te he dicho que robar está mal!

» ¡No lo he robado, solo lo tomé prestado! Además, ni siquiera vamos a dañarlo. Miren, se llama “Nombres de ángeles y demonios” ¡y tiene ilustraciones!

» ¿Y eso qué?  replica él sin comprender.

» Veamos, veamos, veam… ¡aquí está! ¡Miren! Abdiel, o sea tú, Hethos. Suelto una carcajada al recordar aquel día. ¡Por todas las creaciones!, Seir siempre tenía alguna sandez con la que salir—. Dice que se te puede invocar los miércoles, a las cinco de la tarde, y que debemos dejarte una vela con aroma a margaritas para relajarte.

Me veo a mí mismo resoplar aburrido y fingir que no lo escucho.

» Bueno, lo de la vela a lo mejor sea cierto comenta Alen con interés—. Te gusta el aroma de las margaritas, ¿verdad, Hethos?

» Lo extraño es que en la ilustración sales más guapo de lo que en realidad er…

» ¡LARGO!

Suelto algunas carcajadas: ¡vaya par de niños con los que tuve que convivir! Vuelvo a recostarme, dispuesto a descansar, y escucho el ulular nuevamente.

Solo que esta vez me está hablando.

  Hethos, ¡Hethos!

  Te estoy escuchando, Alen — respondo sin abrir los ojos y conteniendo un bostezo.

  ¿Cuánto tiempo ha pasado? — Su voz suena dejando eco. El aire se siente helado: nuevamente está triste, y cada una de sus emociones influyen en el clima.

  No puedo responder esa pregunta con exactitud.

Me acurruco y trato de descansar un poco yo también.

  ¿Cómo estará Sis…?

  ¿Quieres dejarme dormir? ¡Esa es la única pregunta que me has hecho desde que estamos aquí! — replico ligeramente fastidiado. La enorme pelota amarilla cruza el espacio y me golpea con suavidad en la cabeza.

Cielos, voy a volverme loco en este mundo tan extraño.

Nos quedamos en silencio, pero siento el ambiente algo tenso: de acuerdo, de acuerdo, algo lo está agobiando.

  Ya, ¿qué sucede? — le pregunto porque sino no hablará, y todo el clima aquí seguirá siendo una calamidad.

  Está llorando — responde y el cielo se oscurece. Le pregunto que cómo demonios puede saber eso, y me dice que es su custodio: el lazo que los une es increíblemente sensible—. Está muy triste. — Magistral: ahora inclusive caen truenos—. Hethos, Sisa está llorando y yo no estoy con ella.

Una lluvia feroz se desata: tengo que buscar un lugar en el que cobijarme.

  Quisiera sonar más alentador, pero lo único que puedo decirte es que solo nos queda esperar. No podemos hacer nada — le respondo mientras me refugio en una cueva: también hace frío aquí, pero por lo menos no me mojaré.

  ¿No…? ¿No crees que haya algún modo —ya, ya empezamos — de comunicarme con ell…?

  ¡Alen! ¡En este momento no podemos hacer nada de eso!  — replico con severidad—. Escucha, Nanael y Seir están con tu niña, así que tranquilízate un poco. Si está triste, pues en algún momento lo superará, y si me dejaras descansar relajándote un poco porque el clima de aquí cada vez es peor, ¡te lo agradecería infinitamente!

Ya, listo, ¡se lo dije! Sé que está preocupado por la niña, pero tiene que asimilar que por ahora nuestro papel se reduce al de esperar.

Aguardo su respuesta por unos segundos que se transforman en minutos, en horas tal vez. No, creo que ya han pasado días…

  ¡Ya! — grito al cuarto o quinto día. He pasado por todos los prados que conozco de este mundo y no ha vuelto a hablar—. Alen, ya, ¿qué demonios quieres que haga? ¿Transmisión onírica? Solo te recuerdo que tu niña no sueña.

El ave cruza el firmamento: ya, por fin se está dejando ver. La canción en violín que escucho por horas resuena en la parte posterior, cerca al bosque de violines y relojes.

  ¿Hay forma alguna de poder decirle algo?

  Mmm, si no es por Transmisión onírica no se me ocurre ninguna otra. — Suelta un suspiro desalentado, y yo un resoplido al confirmar que la única manera de mejorar las cosas por aquí es acceder a su petición—. Escucha, tal vez pueda enviar un mensaje con el viento; pero tengo que pensar cómo pedirle ayuda a Drol Asirb. Estando aquí el comunicarse con el exterior es mucho más complicado.

  ¿Podrás hacerlo? — Suena un tanto ilusionado. Frunzo el ceño cuando veo el sol saliendo por las montañas de allá.

¡Así que por fin voy a tener un día cómodo por aquí!

  No lo sé, voy a intentarlo. Tal vez demore algo, pero eso sí: ¡será la única vez, Alen!

  ¡Te lo juro! ¡No volveré a pedirte nada nunca más, Hethos!

Suena tan animado que ya ni ganas de retarlo tengo.

  Dame tiempo, voy a pensar qué gozos puedo emplear.

Algo de lluvia suave empieza a caer alrededor pero el sol no se oculta. A lo lejos veo un arcoíris formándose e iluminando el bosque de violines: está feliz, pero ligeramente entristecido.

Bueno, acepto de buena gana este clima porque hasta ahora todo lo que he sentido ha sido invierno por estos lares.

Estar en el interior de otro ser es complicado. Pero estar en el interior de un ser que añora estar al lado de alguien más, es aún peor.

No imagino cómo está la niña.

 

 

»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«

 

Sisa

 

El viento sopla con fuerza; me pongo de pie cuando siento algunas gotas de lluvia impactando contra mi cabello. Elevo la mirada: el cielo ya empezó a llorar, el sol está cautivo entre las nubes grises.

Me acomodo la bufanda y le doy un último vistazo a los arreglos florares. Avanzo entre las lápidas de mármol, ataviadas de manera similar, y paso junto a la estatua gris de un ángel con las enormes alas abiertas de par en par. Me detengo unos segundos para contemplarla, como hago todos los días, y después reinicio mi camino mientras tomo una gran bocanada de aire porque ya no quiero llorar.

Por la entrada me encuentro a Cloe sentada sobre una de las bancas blancas que decoran todo el enorme campo abierto. Eleva la mirada, y me saluda en silencio: ella también viene todos los días, justo después de que yo me voy. Hemos establecido una especie de horario de visita para impedir que Joan y el abuelo se sientan solos durante el día.

Aunque a lo mejor en realidad las que no se sienten solas así somos ella y yo.

  Dicen que las almas se le presentan a uno cuando las invocan con fuerza — me comenta después de los quince minutos que permanecimos en silencio—. ¡Y lo he llamado tantas veces, pero el muy malvado no viene! — Suelta una carcajada, dos, tres, y poco a poco el sonido se convierte en sollozos—. Dios, ¿qué voy a hacer? Lo extraño tanto. — Contemplo su mirada y me pregunto si yo tengo el mismo gesto de triste añoranza en los ojos.

Me limito a escucharla porque de hablar terminaré llorando más que ella. La abrazo para calmarla un tanto, y después me despido cuando la tía Ruth aparece en su camioneta roja y me llama, diciendo que ya es hora de que regrese a casa.

  Tranquila, Sisa — me dice Cloe deteniéndome por la muñeca—. Tu tía me ha comentado de los ataques que sueles tener. — ¿Ataques? —. Por favor, sé que es duro…pero no te dejes consumir: el señor Alcides y Joan te quisieron tanto que no aguantarían verte así. — Deposita un beso sobre mi mejilla y se aleja por la hilera de lápidas.

Joan y el abuelo me quisieron muchísimo, lo sé. El asunto es que ahora no hay modo alguno de verlos. Se habían ido y yo no podría volver a hablar con ellos nunca más.

  Ya no, preciosa. Ya no — murmura la tía Ruth cuando cierro la puerta de la camioneta, y las lágrimas vuelven a atacarme—. Tienes los ojitos sumamente lastimados. Ya no llores, Sisa: ellos están en un lugar mejor — me dice y asiento brevemente

Sí, ellos deben estar en un lugar hermoso; viajando entre las estrellas, contemplando el universo.

La cena transcurre de manera silenciosa. La tía Ruth hace demasiado esfuerzos para que todo no parezca tan vacío, pero es imposible. Gisell y Corín no lo aguantaron, y volvieron a Lirau hace tres días; yo preferí quedarme un poco más. No quería dejarlos solos, aquí…bajo tierra.

No…

Apago las luces de mi habitación e intento sumergirme en la oscuridad. Y cuando estoy por lograrlo, el ulular de un ave me traspasa de pies a cabeza.

Me pongo de pie violentamente y corro las cortinas.

Pero no…

  No hay nada, no hay nadie, ¡ya entiende! — murmuro y me recuesto rápidamente. Cierro los ojos con fuerza y ruego a lo que sea que esté allá arriba para que me ayude a conciliar el sueño.

Es más sencillo cuando simplemente caigo dormida y todo se apaga. Y cuando no puedo hacerlo porque las malditas noches de insomnio han vuelto, y las cosas horrendas que viven dentro de mí quieren devorarme, Samin tiene la delicadeza de echar sobre mí un cántico de sueño que me desconecta de toda la realidad.

De sueño…

» Me mudaré a Libiak contigo, boba preciosa.

¡CRASH!

Me pongo de pie bruscamente: algo se ha quebrado, ¿qué es? ¿Una parte de mí misma? ¿Un adorno de mi cómoda? Alen, ¿eres tú? Alen, respóndeme: ¡he vuelto a romper algo y ni siquiera recuerdo cómo!

La respiración se me dispara. Me encojo sobre mí misma y me abrazo con fuerza: no está, él no está. El ave vuela, vuela dormida, y no puedo alcanzarla porque yo no sé volar. ¡No sé volar!

¡NO SÉ VOL…!

  Cachorra, tranquila, tranquila— me pide Amber mientras me da de beber algo de agua. Observo alrededor, con los ojos sumamente hinchados y compruebo que estoy en la sala: ya es de día.

¿En qué momento amaneció?

  Mi…mi tía — logro susurrar, porque siento como si tuviera desgarrada la garganta.

Gritos…he gritado y me he lastimado las cuerdas vocales por la intensidad.

¿Cuándo? ¿Por qué no lo recuerdo?

   Está conversando con Samin en el patio. — Amber me acomoda el cabello y me golpea las mejillas con suavidad—. Está reconfigurando sus recuerdos para lo de…

Ah, sí. Supuestamente es mi primo, hijo del hermano de mi madre.

Mi madre…

Mi mente está tan agotada que ni siquiera quiero pensar en ello. Mi madre, mi padre: todo era un caos de información, de inventos. De por sí toda yo lo era.

Sisa Daquel, Albania Formerio, el ente, la cosa, la Original, cada uno de los nombres que llevo en realidad no son más que denominaciones para intentar definir algo que en realidad era indefinible. ¡Ni siquiera yo misma sé que soy!

Las voces vuelven, resuenan como en un estadio repleto de personas:

   ¡ALABADA Y GLORIOSA, MADRE E HIJA!

Adorada por haber nacido de una fusión extraña; admirada por ser “algo” único. ¿Único en qué forma? ¿Único porque no nació de manera natural? ¿Único porque puede llegar a comerse a todos?

Y lo peor es que nadie lo sabe.

Nuevamente la respiración se me dispara; la sensación de asfixia me aterra. El ente, la cosa; ¡Dios, hasta cuándo!  El ente, la cosa: se comerá a todos, a todos. El ente, la cosa, el ente, la cosa…el ente…la cosa… ¡EL ENTE, LA COSA! ¡MÁTENLA! ¡VA A COMERSE A TODOS! ¡¿ES QUE NADIE SE DA CUENTA?!

¡LA COSA ES MONSTRUOSA! ¡Y VA ANIQUILAR TODO LO QUE VEA! ¡TODO LO QUE VEA!

« ¡Déjame en paz! ¡Déjame en paz! ¡Solo quiero ser humana!»

Algo se clava en mis mejillas y se arrastra hacia abajo con ira. Se lleva piel consigo, piel y sangre. Piel y sangre, piel y sangre.

Piel y sangre de Sisa Daquel. Piel y sangre de Albania Formerio.

   ¿La cosa tiene piel y sangre? — me pregunta alguien desde adentro: observo alrededor, pasmada—. ¿Pero cómo es eso posible? Es amorfa y horrenda, y no tiene una naturaleza definida.

¡Es cierto! ¿Cómo la cosa puede tener piel y sangre? ¿Cómo, si es horrenda? ¡HORRENDA!

«Hubo alguien que se atrevió a decir que en realidad era hermosa», resuena en alguna parte de mi mente, y me quiebro por completo.

Alen, Alen… Alen, ¿en dónde…?

   Cálmate — escucho y me encuentro con los ojos verdes de Samin. El espejo del frente me devuelve la mirada: tengo varios rasguños profundos en el rostro, ¿quién...?

Samin pone las manos sobre mis mejillas, y va curando las heridas abiertas con el resplandor violeta que sale de sus dedos.

   Tranquila, tranquila — me dice. Las heridas me arden, pero a medida que van cerrando el dolor disminuye—. No intentes hacerte daño, Sisa, no es correcto.

¿Qué…?

Observo alrededor: estoy en mi habitación en Asiri, parece que me he atacado a mí misma y no logro ubicar el momento. Me recuesto de costado y prefiero obviar las preguntas: no me importa. Solo quiero dormir.

Alguien tiene la bondad de arroparme con los cobertores, y cuando veo el bordado recuerdo que este es uno de los que hizo la abuela Marlene. El abuelo solía decir que era horrible, pero en el fondo le gustaba.

Siento que nuevamente las lágrimas me atacan. Si el abuelo estuviera aquí ya estaría preguntando “¿por qué lloras, hija?”.

“Por ti”, le respondería, “Porque decidiste dejarme y ya no voy a verte nunca más”.

Cierro los ojos, escucho que alguien pregunta si me encuentro bien. Las horas pasan; todo es extraño: el sueño es ligero, basta que el viento susurre para que vuelva a despertarme, alterada.

  Drol Qinaya, por favor — escucho: es Samin de nuevo. Una voz que me acaricia los oídos resuena:

  Será un placer, Nanael.

Oscuro, todo se pone oscuro…ya no escucho nada.

Nada…nada más.

  Todo ya está arreglado — me dice Amber cuando abro los ojos: trato de ubicarme, pero aún no sé ni cómo me he vestido.

Ah, sí, empiezo a recordar: estamos en un auto, Amber conduce de regreso a Lirau. Quise quedarme más tiempo en Asiri pero la tía Ruth dijo que me estaba consumiendo: esa casa estaba vacía y estar en ella solo me vaciaba el alma a mí también.

  Tu tía ya sabe de mí, Sisa— me explica Samin con amabilidad—. Permanecerás unos días más en la casa de Gisell hasta que la reconfiguración de recuerdos de todos esté acabada. Para evitar inconvenientes, Amber se presentará porque yo como JOBEY soy algo llamativo. Debería haber guardado más las apariencias… — Trato de escuchar sus palabras, pero me pierdo al observar los árboles que se van quedando atrás por la ventana. Pasan suavemente, y después se quedan estáticos en Asiri; no pueden moverse de ahí porque sus raíces están bajo tierra, bajo tierra…

Bajo tierra.

Igual que el abuelo, igual que mi hermano.

No…

Otra vez, otra vez empiezo a asfixiarme. Trato de relajarme, pero entonces las cosas cobran sentido: no, no… ¿qué estoy haciendo? Van a quedarse solos. Es horrible estar solo.

Solos como Alen cuando no podía amar a nadie, ¡solos como yo ahora que ya no tengo a nadie!

Solos…

  ¡NO! — chillo abriendo la puerta. Amber grita y el auto se detiene con brusquedad. Samin me sostiene por la cintura mientras pide que me calme. Me encantaría hacerlo, pero no sé cómo.

¿Cómo se enciende la luz?

  Sisa, ¡SISA!

  ¡¿CÓMO LOS VOY A DEJAR?! ¡ABUELO, ABUELO! — grito y después siento que vuelvo a quedarme sin aire. ¡¿Cómo me voy a ir, dejándolos solos aquí?! Gisell y Corín retornaron a Lirau, la tía Ruth volverá a Marza, ¡¿quién estará con ellos?!

  ¡Sisa!

¡Yo, yo! ¡Por siempre yo! ¡Me quedaría ahí, junto a ellos, por siempre! ¡Por todas mis vidas de ser necesar…!

  No podemos seguir así, preciosa. — Abro los ojos y me encuentro en mi cama. Me reincorporo con la respiración agitada, pero cuando veo los campos de trigo por la ventana me siento más aliviada.

Aún estoy en Asiri con el abuelo, con Joan.

  Sisa — vuelven a llamarme. Enfoco la mirada y me encuentro con los ojos de la tía Ruth: ahora que la veo bien, tiene los ojos de la abuela, pero el gesto de seriedad es el mismo del abuelo. Me muerdo los labios con fuerza y después me encuentro en sus brazos, mientras me susurra que todo estará bien.

  No es cierto — replico, y cuando elevo la mirada me encuentro con Samin y Amber que me observan, entristecidos, desde la esquina de mi habitación.

  Sisa, mi amor, tienes que dejar Asiri. No puedes quedarte aquí, solo empeorarás. Tu primo está muy preocupado. — Sí, sé que Samin está muy preocupado y lo comprendo: que la cosa que llevo dentro se descontrole no era una idea precisamente agradable.

Porque debido a eso soy “muy importante”: por ser una cosa extraña que podría traer desequilibrio en todos los universos.

¿Qué soy?

» Tú, Sisa Daquel, tienes todo el corazón repleto de humanidad.

Alen…Alen, ¿en dónde…?

  ¿Quién es Alen, mi vida? — me pregunta la tía Ruth. Me encojo ante la idea de olvido y lloro más.

Samin ya me lo había dicho: ni Marissa, ni Santiago, ni nadie lo recordaría. Nadie sabía ya del chico de ojos claros y mirada pura que tanto amaba.

Nadie, solo yo.

Los días pasan, ese colibrí llamado Qinaya aparece en mi habitación incontables veces y después me sumerjo en una bonita oscuridad. Día tras día, día tras día: es mejor así. De lo contrario pienso en los tres, en cómo dos de ellos están ya muy lejos de este mundo y el tercero está dormido, bajo las manos de un grupo de demonios que quieren emplearlo para algo terrible.

Nhyna se lo llevó. Nhyna lo tiene con él, y quién sabe cómo lo estén tratando.

  Cuídate mucho, mi vida — me dice la tía Ruth mientras se despide moviendo la mano. El auto, con Samin y Amber adelante, inicia el movimiento.

Han pasado días, Cloe me ha prometido ir a visitar constantemente al abuelo y a mi hermano. Ya estoy algo más tranquila, así que acepté retornar a Lirau para también darle algo de descanso a la tía Ruth. Ayer la vi fijamente a los ojos, y comprobé que no ha dormido en días: le pregunté a Samin si había sido por mí y me respondió con algo de vacilación que sí.

Ha estado cuidándome con muchísimo esmero, y no es justo porque ella está igual de dolida que yo por la pérdida.

Escucho que Amber le pregunta a Samin si me llevarán con ellos a Frantzon; él responde que es demasiado pronto: la toma de recuerdos no es sencilla cuando se aplica a varias personas, y demora un tanto para evitar dañar la mente de los implicados. Tal vez sería una buena idea preguntar de qué hablan, pero casi siento que ni me interesa.

Puedo estar aquí, allá, o en cualquier lado. Eso es irrelevante.

  Además, ya faltan pocas semanas para el día del examen — dice Amber.

 “El día del examen” no me interesa. Me quedo ahí, escuchándolos, pero sin escucharlos realmente, recostada sobre el asiento posterior y deseando dormir más que nunca.

Los ojos se me cerraron, para cuando los volví a abrir ya estábamos en Lirau: Amber charlaba con Gisell. Me limité a asentir a todo lo que dijeron, aunque en realidad no escuché nada. Ojos cerrados, ojos abiertos: mi habitación. Cerrados, abiertos, Gisell y Corín fingen no verme. Cerrados, abiertos, es domingo, parece que han venido a verme pero Gisell echa a mis visitas gritando que aquí no vive nadie llamada Sisa Daquel.

 “Ya no llores más, me duele” dice alguien. Por un momento confundo la voz con un ulular de ave. Me entretengo buscando oírlo nuevamente, y para cuando lo comprendo ya es lunes, martes, miércoles tal vez.

Estoy en mi habitación, con las cortinas abiertas y recostada sobre la cama. Me puse de pie, salí al baño. Corín me observó por el pasillo y su labio inferior empezó a temblar. Me pasó lo mismo a mí: un sentimiento de mutua comprensión me invadió.

Quise acercarme a ella, pero Gisell abrió la puerta de su habitación. Pasé de largo al sanitario: ¿qué estoy haciendo aquí? ¿Dónde está mi casa? En Asiri. No, en Asiri tampoco. En ningún lugar en realidad.

Vuelvo a mi habitación, cierro la puerta y me cubro los oídos cuando los gritos se desatan: —“¡Mi hijo, mi hijo!”. “¡Mamá, cálmate!”. “¡Todo es su culpa!”.

Su culpa…

¿La culpa de quién? ¿De Sisa? ¿De Albania? ¿De la cos…?

  No — murmuro avanzando con algo de dificultad hacia mi escritorio. Trato de pensar en algo, de encender el equipo, pero lo apago rápidamente porque la música me altera.

Últimamente el silencio se ha convertido en mi mejor amigo.

Me enfoco en otras cosas, tal y como me ha sugerido Amber, así que me pongo a ordenar mi habitación sin estar plenamente consciente de mis movimientos. ¿Por qué he dejado todos mis libros esparcidos?

Me encuentro con el dibujo que Etel me obsequió y después veo los míos. Los dos sujetos parados a una misma distancia, uno con rostro, el otro sin él. Saco un lápiz del cajón de mi escritorio y termino la parte incompleta.

Ahora los dos tienen rostro porque ambos saben sus nombres: Nanael, Aniel. Ambos creados al mismo tiempo para custodiar a la aberración que crearon ángeles y demonios en un momento de locura.

«No…no, cálmate. Tienes que aprender a relajarte por ti misma»

Tomo las hojas fotocopiadas que están al costado, y me encuentro con las líneas resaltadas:

“¿Quién es ella, que surge como la aurora…?”, alcanzo a leer antes de que aviente las hojas lejos de mí.

No…

Cierro los ojos con fuerza y me sostengo del respaldar de la silla. No, no…

Alen, Alen…abuelo, Joan…

¿Por qué parece que repentinamente me he quedado sola?

  Sisa. — Elevo la mirada y me encuentro con los ojos de Loi. Veo por la ventana, ¿ya es de día? ¿Pero cómo…? —. Bellota, tienes que hablar, salir de aquí. ¡Etel y Tomas están muy preocupados!

  Loi — digo y me sonríe con amabilidad.

  Bellota, salgamos, ¿sí? ¡Tienes que volver al mundo! Yo…yo sé que es difícil, pero no puedes quedarte estancada. Ni tu abuelo ni Joan ni Alen hubieran querido esto. A-además falta poco para el examen y…

Me recuesto de costado: ¿examen? Yo no quiero saber nada de ningún examen.

  Bellota, ¡Bellota, escúchame!

  Tal vez deberíamos dejarla descansar un poco — escucho a Amber.

  Pero…

  Tranquila. — Ahora es Samin—. Va a recuperarse.

¿Ah sí? ¿Cuándo?

Abro los ojos con brusquedad. Giro, veo las manecillas en el reloj: tres de la mañana. Me pongo de pie, corro las cortinas, alterada: el chico que solía caminar de madrugada ya no está. Está dormido en alguna parte del universo.

La luz de las estrellas se cuela por la ventana: iluminan el violín de al lado. Mis manos rozan las cuerdas; un escalofrío horrible me recorre de pies a cabeza cuando escucho el sonido bajo.

¿Para quién tocaré ahora?

Para nadie…

No quiero volver a hacerlo, me lastima. Suena horrendo.

¡Casi tan horrendo como lo que llevo dentr…!

  No pasa nada. No pasa nada — me dice Amber mientras me acaricia el cabello. Elevo la mirada: estoy en mi cama, ¿cuánto ha pasado?

  Amber…no…no puedo — murmuro y hago un esfuerzo enorme por no llorar, pero mis cuerdas vocales no lo resisten más. ¡Nuevamente lloro! ¡Siempre lloro! —. ¡No puedo, Amber! ¡Me está matando!

  Cachorra, tranquilízat… — Dejo de escucharla y en su lugar los millones de gritos me taladran los oídos. “¡Alabada y bendita, única entre únicas, el Todo tendrá que postrarse...! No, no. ¡NO, NO, NO! ¡Va a comerse a todos! ¡A todos! ¡Y nadie comprende eso!

El sol…el sol. Mi abuelo y mi hermano están cubiertos por una enorme capa de tierra; lejos del día, lejos de mí, y el sol…el sol…

El sol me ha dejado.

  ¡Cachorra! — El sol está dormido y ya no sé si realmente va a despertar. ¡No va a despertar! ¡No despertará y me quedaré aún más sola! —. ¡SAMIN, SISA ESTÁ…!

¡ABUELO, JOAN, ALEN! ¡ALEN! ¡ABUELO! ¡JOAN! ¡ABUELO, ABUELO, ABUELO!

  ¡ALEN! — grito ante la enorme oscuridad, y me encojo porque por dentro algo empieza a quemar. Vuelvo a gritar, y todo empieza a sacudirse con violencia: veo mi reflejo en el espejo, la cosa de un ojo violeta y el otro escarlata me observa con deleite desde allá.

  ¿Tu abuelo? ¿Tu hermano? me pregunta esbozando una sonrisa—. Pero si tú en primer lugar no eres un ser humano.

  ¡BASTA!

¡Mi abuelo y mi hermano corren y no quieren llevarme consigo! ¡El ave vuela y como yo no sé volar no puedo seguirlo!

Escucho el ulular: «tranquila, solo tienes que encender la luz», me dice. Sí, esa es la solución.

El asunto es que no sé cómo.

  Ya está. No pasa nada — me dice Samin con suavidad. Parpadeo y compruebo que estoy en su departamento, en Frantzon, pero todo está hecho un desastre: los muebles volcados, restos del espejo de la pared esparcidos en la alfombra. Las cortinas rasgadas por completo.

  Samin, ¿estoy perdiendo la razón? — balbuceo, angustiada.

  No — me responde con temple—. Nunca, Sisa. Mientras yo esté aquí nunca vas a perder la razón. Ha pasado muy poco tiempo desde que te enteraste de todo: es normal que tu mente esté jugándote en contra, y pierdas la noción de algunas cosas.

Los ojos verdes se encienden, y cuando los veo de color violeta recuerdo los de él.

¿Dónde está el sol?

¿Hasta cuándo voy a llorar?

 

 

»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«

 

Amber

 

Estábamos reunidos aquí, en Frantzon: el clima ya volvió a adoptar su ritmo usual y como era de esperarse por aquí estamos en verano.

Seir está a un lado, preguntando cómo se encuentra la Cachorra porque solo hemos estado viéndola Samin y yo para evitar agobiarla. Loi escucha en silencio, moviendo los dedos con algo de nerviosismo.

De todos los amigos humanos que tiene la pequeña Cachorra, Loi Amira ha sido la única a la que hemos puesto al tanto de ciertas cosas. Samin estaba plenamente seguro de que contar con la ayuda de alguien que había compartido un vínculo estrecho con Sisa en el pasado podría ser muy ventajoso; y por lo visto ella había sido una de sus amigas más cercanas desde su existencia como Albania Formerio.

Fue algo complicado explicar la situación sin brindar mayores detalles sobre el asunto de la Rebelión de los 500 caídos, ya que era un tema que no podía tocarse al completo con humanos. Hasta ahora Loi solo sabía que Sisa guardaba algo dentro de sí que era preferible mantener sellado, y lo que había sucedido hace algunos días con Alen y el Himno de división. Y aunque no pudimos pintarle todo el panorama de la vida pasada que compartió con Albania Formerio por el protocolo de Tiempo y Espacio, igualmente ya estaba al tanto de lo suficiente como para aceptar colaborar con nosotros.

»— Sisa va a pasar por una etapa de adaptación, Loi. Ella no es…bueno, no es humana en el sentido estricto de la palabra, pero queremos que mantenga algunos vínculos fraternos — le había explicado Samin mientras ella trataba de escucharlo atentamente—. Alcides y Joan Maleri hubieran sido los perfectos vínculos que podríamos haber conservado, pero ellos, bueno, ya sabes… — Ella asintió, comprendiendo—. Sería de muchísima ayuda que tú quieras formar parte de su vida aun sabiendo lo que acabamos de contarte. Te aseguro que no estarás en peligro, simplemente queremos contar con tu apoyo.

Me conmovió muchísimo que la niña respondiera con mucha seguridad que la pregunta la ofendía. Dijo que la pequeña Cachorra era su amiga, así que el preguntarle si quería ayudarla estaba de más. Humano, ángel, demonio, a ella eso no le importaba.

  ¿Entonces está mejor? — insiste Seir trayéndome al presente. Samin asiente algo dubitativo: tal vez porque que Sisa llore menos pero aún no hable mucho no es un gran paso después de todo —. ¿Cómo ha tomado lo de la toma de recuerdos?

  Ya la puse al tanto pero no creo que realmente me haya prestado atención — le explicó Samin contrariado—. Amber y yo la dejamos descansando hace un par de horas, en Lirau. Tuvo un ataque y solo me quedó llamar a Drol Qinaya para que la durmiera. Ya es la décima vez que lo llamo y está algo preocupado: inducirle el sueño de manera muy seguida no es apropiado.

Iba a ser complicado: la pequeña Cachorra estaba muy deprimida por lo de su abuelo, su hermano y lo de Alen; y a eso sumémosle toda la confusión que debe haber en su mente por lo de los recientes ataques que le producían todo lo que llevaba sellado dentro.

Loi baja la mirada, tal vez recordando la última visita que le hizo: aprovechando que la mujer, Gisell, y su hija salieron, la llevamos con nosotros y tratamos de que conversara algo con ella. El encuentro no fue demasiado elocuente porque la mayor parte del tiempo Loi habló y Sisa solo escuchó.

  ¿Es…? ¿En serio va a ser necesario la toma de recuerdos? — pregunta Loi —. Digo, Etel…Etel ya está al tanto de lo de ángeles y demonios y…

  Loi, es preferible que menos sepan de la situación— le explica Samin con amabilidad. Ella se ruboriza un tanto: sonrío levemente porque sé cuánto admira a JOBEY, y ver ese tipo de reacción tan humana es lindo en medio de todo lo triste que está todo—. Esto es más delicado de lo que parece: mientras haya menos involucrados será mejor.

  ¡Pero…! Pero Etel…— insiste. Seir le soba la espalda y le dice que no es algo que esté en manos de Samin—. ¿Cómo que no? Tarek, Alen una vez le borró los recuerdos a Sisa para que no sospechara de él y…

  La situación es diferente, Loi — aclara Samin con suavidad—. Esta vez la toma de recuerdos la van a hacer los altos mandos. Está oficialmente decidido.

  Pero en serio juras que yo no voy a olvidarla, ¿verdad? — exclamó afligida—. ¡Vamos a ir juntas a Gaib Art! ¡No quiero olvidarme de Sisa!

  Tranquila, no sucederá.

Uriel se había presentado ante Samin para decirle todo acerca de lo que sucedería a partir de ahora: en vista de que el Himno de división había funcionado y Sisa seguía conteniendo dentro de sí a la Original, ahora empezaba la tarea de enseñarle a controlarse por sí misma.

También nos dijo que algunas de las cabezas de los Tronos consideraban que sería mejor mantenerla aislada, pero Samin fue muy claro con ello: como uno de sus custodios él sabía lo que era mejor para ella, y sin duda alguna ahora lo ideal era que permaneciera en contacto con todo lo que la hiciera humana. Amigos, escuela, actividades cotidianas: en sí lo que significara una vida normal para una chica de 18 años.

Uriel dijo que lo comentaría con los altos mandos. Unas horas más tarde, Gabriel vino con él para responder que la postura de Samin era perfectamente entendible, pero que para evitar complicaciones con los humanos y darle más trabajo a Drol Odrucer, que era el encargado de los recuerdos, solo los humanos con los que Albania había compartido lazos estrechos podrían conservar sus recuerdos relacionados con Sisa Daquel.

  Y pensar que hace poco estábamos en Libiak, emocionadas por ingresar a Gaib Art — comentó Loi abatida—. Todo sucedió demasiado rápido: el señor Maleri, Joan, Alen…

  Es cierto, ahora que mencionas a Alen —inició Samin—. Seir, ¿me dijiste que habías escuchado algo respecto al Sello de sueño?

  Sí, es justamente de lo quería hablar — respondió con seriedad—. Están circulando un par de rumores sobre algo llamado “beneficio del perdón”, y me ha parecido algo de cuidado.

  ¿Beneficio del perdón? — pregunté yo confundida. Seir asintió:

  Conozco a un par de errantes más, Gremory. Uno de ellos me comentó que todos estaban preguntándose por qué Andrax había perdido un brazo, lo que como sabemos es cierto, y que también Jilawi había anunciado que aquellos errantes, caídos y desertores que quisieran recuperar su naturaleza completa de demonio o ángel, obtendrían el perdón de manera inmediata si encontraban maneras de quebrar un Sello de sueño.

  ¡¿Qué?! — proferí—. ¿Pero acaso ellos pueden ofrecer el perdón a caídos y desertores? Digo, con errantes es posible ya que a fin de cuentas son ellos mismos los que nos persiguen, pero si hablamos de los otros se tendría que contar con la aprobación de los altos mandos angelicales.

  Es evidente que se están ofreciendo cosas que implícitamente incentivan a ir en contra del sistema —dijo Samin con tranquilidad—. Era de esperarse; van a buscar miles de formas para quebrar el Sello de sueño que mantiene dormido a Alen, e impide su transformación completa. Abdiel ya me había advertido que empezarían un montón de movimientos con relación a todo esto. Lo bueno es que si Seir solo ha escuchado que se está ofreciendo el beneficio del perdón, pero sin dar detalles sobre La rebelión de los 500 caídos, eso significa que aún pocos saben que la Original está sellada en el cuerpo de un humano.

  Eso quiere decir que si se enteran— preguntó Loi con temor—, ¿podrían querer atacar a Sisa o llevársela?

  Me temo que sí — respondió Samin—. Pero aún no tenemos que enfocarnos en eso. Nosotros no somos los únicos que quieren mantener a Sisa protegida, así que no estamos solos en esa parte. Por ahora, solo debemos enfocarnos en que ella se recupere e inicie su entrenamiento para controlarse y pueda recolectar las partes que dividimos del interior de Alen.

  A mí me parece que en cualquier momento los primeros humanos también van a entrar a escena, Nanael — comentó Seir, preocupado.

  ¿Los…? ¿Los primeros humanos? — preguntó Loi confundida.

  Son los primeros hijos humanos del Todo, y por ser el inicio de toda la raza humana podrían poseer ciertas capacidades superiores a las de los humanos convencionales — le respondí. Nunca he visto a ninguno en persona, pero decían que inclusive solían comprender la lengua Delnial—. Pero ¿por qué crees que a ellos les interesaría esto, Seir?

  Bueno, uno porque el tema de algo tan poderoso como la Original en manos de demonios con deseos de poder es ya de cuidado. — Asentí, comprendiendo ese punto—. Y otro porque Sisa, al poseer cuerpo humano, probablemente sea de interés para ellos. No sé…a lo mejor…

  ¿De interés? — repetí sin comprender.

  Creo que estoy entendiéndote — añadió Samin pensativamente—. Desde la perspectiva de ángeles y demonios, el cuerpo humano de Sisa es un límite para su potencial; pero si lo vemos desde la perspectiva de los primeros humanos, Sisa es algo así como un humano supremo. Es evidente que sería de interés contactarla en un futuro.

  ¿Qué? — repliqué desconcertada—. ¿Me estás diciendo que otros seres también van a querer apoderarse de la pequeña Cachorra?

  Tal vez no apoderarse, pero sí les va a resultar curioso. Supongo que no deberíamos sorprendernos si en un futuro vienen a nosotros solo para conocerla — me respondió, encogiéndose de hombros.

  Como si se tratara de una especie exótica en exhibición — murmuró Loi afligida.

  Tranquila, princesa. Para eso estaremos nosotros — le dice Seir con amabilidad—. A lo mejor resulta más llamativo ver a un errante medio ciego y con un brazo inmóvil que es amigo de un calehim y tiene de novia a una humana. — Loi lo mira, como procesando la información y después suelta algunas carcajadas, más relajada.

Ahora entiendo por qué Alen y él son tan buenos amigos: Seir es realmente reconfortante.

Loi se pone de pie, le besa el párpado adormilado y después se dirige a la cocina. Antes me pregunta si puede beber algo de agua; le respondo que no hay problema.

  Solo nos queda esperar que Sisa supere el duelo y podamos explicarle a ella todos los detalles — comenta Samin.

  Sería más sencillo si Alen estuviera aquí, ¿verdad? — digo. Él asiente y antes de que añada algo más, Loi suelta un grito y escuchamos la jarra estrellarse contra las losetas.

¡CRASH!

  ¡Princesa! — Seir se pone de pie y corre a la cocina. Samin y yo le seguimos los pasos y encontramos a Loi encogida a un lado del lavadero—. ¿Qué pasó? — le pregunta levantándola con cuidado.

  Yo…yo… ¡yo vi un par de ojos violeta en el reflejo! — dice asustada.

Me acerco a la alacena con puertas de cristal y no veo más que las tazas de adentro.

  Pues yo no veo na…

  Caila — me interrumpe Samin con sorpresa: ¿qué ha dicho?

Seir y yo lo observamos con curiosidad, pero repentinamente las ventanas se abren con violencia y una fuerte ráfaga de viento nos obliga a cerrar los ojos.

  ¡¿Y ahora qué?! — replico fastidiada, porque ya estoy harta de que todos se presenten así, sin previo aviso.

El viento se disipa y nos encontramos con una nueva visita. ¿Y ahora quién es esta mujer? Cabello cortísimo, ojos rasgados, porte elegante.

  Nanael, así que así te ves con las típicas ropas humanas — dice la recién llegada y tiene una voz excesivamente seductora para mi gusto. Frunzo el ceño cuando la veo acercarse, y a Samin esbozar una ligera sonrisa.

¡Pero qué rayos está pasando aquí!

  Caila, hace tanto… — dice él casi maravillado. Ella le responde que sigue tal y como lo recordaba, igual de luminoso, y ya no lo aguanto:

  ¡Alto! — exclamo antes de que siga acercándose con sus andares delicados. La tal Caila eleva una ceja —. Ya, genial, ¡¿así que más amigos, Samin?! — Primero Drol Qinaya, después Drol Kohn, ¿qué más? ¿Va a decirme que también conoce al Todo en persona?

  Tranquilízate, Amber, ella es…

  ¡Estoy tranquila! — replico, pero la voz me suena más a chillido. Tomo una bocanada de aire de manera discreta y trato de sonreír—: Solo…solo creo que Seir, Loi y yo merecemos saber quién es…—esta tipaella.

  Mi nombre es Caila, errante — me dice. La ronquera de su voz me irrita—. Y vengo de parte del hermano gobernador del futuro: Uriel.

  ¿Y de dónde se conocen? No puedes aparecer así, enfocándote solo en él e ignorándonos a todos los demás — ataco. Sé que he sonado estúpida pero ya ni al caso.

Loi me eleva el pulgar discretamente, como diciendo “bien dicho”. Seir eleva una ceja y oculta una risita.

Lo golpearé más tarde.

  Caila pertenece a la jerarquía de las Virtudes: es un ángel, Amber — me explica Samin con tranquilidad y con una estúpida sonrisita en los labios.

  Ah, ya veo. ¿Quieres algo de comer, Seir?

  ¿Ah? ¿Y ahora por qué me preguntas eso? ¿Quieres usarme de excusa para enfocarte en otra co…? — Le hundí las uñas en la cadera a ver si así se quedaba callado pero el muy niño empezó a quejarse—. ¡Ayayayayayayay!

  Tú eres Seir, antiguo príncipe regente — dice la tal Caila ligeramente sorprendida—. Poseedor de la cura para cualquier enfermedad, con 26 legiones de demonios a tu mando y 320 tropas. — Seir le dice en tono divertido que no lo diga de esa manera porque va a avergonzarlo—. No, realmente eras uno de los más poderosos entre los tuyos. Me alegra tenerte de nuestro lado.

Loi frunce el ceño y me lanza una mirada que entiendo a la perfección: “¿qué se trae esta tipa?”.

  Aún se habla de tu anunciación— continúa la tal Caila—. Es increíble ver cómo un demonio de tu rango haya optado por la sencilla vida humana.

  ¿Sabes? No es tan sencilla — profiere Loi de mal humor y Seir suelta una carcajada:

  La princesa tiene razón; no es tan sencilla. — Y la besa en la mejilla.

La tal Caila se muestra desconcertada:

  Un momento: ella es humana.

  Sí y también “su novia” — aclara Loi con muchísima seguridad.

Casi pude distinguir el tono de “no lo mires, perra, es mío”.

  ¿Es la humana que escogieron de todos los vínculos de la Original? — le pregunta a Samin.

  Así es: fue y es su mejor amiga — le responde. La tal Caila observa a Loi de pies a cabeza, y después a Seir que sonríe de manera risueña.

  Vaya, una humana y un errante compartiendo un vínculo amoroso — comenta aún sin creerlo—. Por no decir una humana y un antiguo demonio de rango muy elevado. —Lo pensó un tanto solo para sonreír odiosamente —. Es un mundo sumamente extraño este, el de los terrenales.

  Es un mundo más interesante de lo que parece — añade Samin con tranquilidad.

Suelto un resoplido, fastidiada: ya, sí, digámonos cumplidos y sonemos muy interesantes.

  Bien, no es por ser aguafiestas, pero planeábamos ver a Sisa, Samin. ¿Vamos o me voy sola?

  ¿Qué te pasa, Amber? — me pregunta desconcertado.

Tengo unas ganas tremendas de golpearlo porque él sabe perfectamente lo que me pasa: la tal Caila lo mira como si fuera la más hermosa de las creaciones, y el muy imbécil se hace al que no se da cuenta.

  Quiero ver a la pequeña Cachorra — le respondo con el cuerpo rígido.

  Espera, Nanael — le dice la horrible Caila y su voz estúpidamente sensual —. He venido porque quiero que tengamos una charla sobre el futuro de la Original.

  ¡Se llama Sisa! — replicamos Loi y yo al mismo tiempo.

Caila voltea a mirarnos, indiferente:

  Sisa es su nombre humano, y la excelsitud que guarda dentro de sí es demasiado para ser designada con él.

  No, Caila, ellas tienen razón — la corrige Samin. ¡Por fin!  —. Queremos enfocarnos en recalcarle que tiene de humano más de lo que cree. Por cierto, ¿dijiste que vienes de parte de Uriel?

  Así es. Tu condición de calehim impide que tengas el potencial máximo de tus capacidades, así que me enviaron para decirte que cuentas con la ayuda que requieras para llevar a cabo tu plan de mantener controlada a tu custodiada.

  Si es tan importante que Samin tenga sus poderes completos, ¿por qué simplemente no le devuelven toda su naturaleza de ángel? — pregunta Loi con curiosidad.

La pregunta me abrumó un tanto, porque aún no estaba tan segura de si realmente me gustaría que Samin recuperara su naturaleza original.

»— ¡No me toques, demonio!

¿Qué pasaría si recuperara su naturaleza original completa? Si volviera a ser solo Nanael, ¿volvería a despreciarme?

No, no lo aguantaría.

  Yo estoy cumpliendo un castigo en este mundo, Loi — le explica Samin con amabilidad —. Y los castigos son ejecutados de manera mecánica. No existe un portavoz con el que hablar para solicitar que se quite alguna sentencia: son fuerzas superiores las que regulan eso. Mi condición de calehim seguirá así hasta que mi deuda haya sido saldada.

  ¿Fuerzas superiores? — pregunta desconcertada.

  Hay cosas que no pueden cambiarse, princesa, ya están dictaminadas así — agrega Seir—. En realidad, nosotros solo somos una parte de toda la creación del Todo. Hay cosas contra las que nosotros mismos no podemos luchar.

  Así es; de ser así ya todo estaría arreglado — dice Samin, algo desilusionado.

  Nos convendría muchísimo tenerte como ángel completo, Nanael — puntualiza la tal Caila —. Pero como ya te dije, me han enviado a comunicarte que cuentas con todo lo que requieras y claro, que no vaya en contra de nuestras reglas. Por lo que he escuchado, si las cosas se complican en algún momento se optará por llamar a un grupo de Abdals.

  ¿Abdals? — pregunté.

¿Que esos no eran los únicos seres que podían contemplar cara a cara parte del Todo?

  Les daría más explicaciones, pero la presencia de la niña humana me impide dar detalles. —Loi entrecerró la mirada, ligeramente ofendida—. En fin, estoy aquí para que charlemos sobre los planes que tenemos para la niña, “Sisa”— subraya claramente para Loi y para mí—.Y por eso he decidido traer a un invitado conmigo.

  ¿Un invitado?

La tal Caila trona los dedos y en ese momento un pequeño portal se abre en medio de la sala. Avanza hacia él; Loi hace una imitación burlona de su caminata que aplaudo con una risa muda, y después la vemos meter la cabeza, como para llamar a alguien adentro.

  Ya es momento, ven aquí por favor— dice, claramente llamando al que está al otro lado. Volteo a ver a Samin y compruebo que trae el ceño fruncido, extrañado.

Caila saca la cabeza solo para que un chico alto, de cabello negro y ojos grises salga por el portal.

Un momento, ¿dónde he visto a este chi…?

  Marcus — susurra Loi sorprendida. A su lado, Seir frunce el ceño.

¡Claro! ¡Pero si es el mismo niño que acompañó a la pequeña Cachorra a la fiesta de disfraces!

  Hola, Loi — le responde más tranquilo de lo que pensé, tomando en cuenta que un ángel acababa de llamarlo, y por lo que yo sabía el chico no tenía ningún tipo de relación con las cosas extra normales de alrededor.

Samin parpadeó, confundido:

  ¿Caila, qué…?

  No te preocupes, ya está al tanto de todo — explica ella y Marcus asiente, como para confirmar su respuesta.

  ¿De todo?—  inquirió Seir con seriedad.

  No es posible revelarle toda su vida pasada porque sería ir en contra del protocolo de Tiempo y Espacio; pero le hemos proporcionado la información necesaria, porque se ha llegado a la conclusión de que es una ficha clave para mantener en calma a la niña.

  ¿Sabe que fue su esposo? ¿Que compartieron una vida matrimonial? — inquirió Samin pero en lengua Delnial para guardar discreción. Loi y Marcus lo observaron confundidos: evidentemente sin entender nada.

Caila negó con la cabeza:

  No sabe detalles de su vida pasada, pero en vista de que Aniel, tu hermano de nacimiento, era el único capaz de calmarla, se ha pensado que a lo mejor el chico humano pueda ejercer cierta influencia en ella para controlar sus emociones.

  ¿Cierta influencia?

  Todos están al tanto del vínculo amoroso que la Original tenía con el portador de la pureza excelsa, Nanael. Si se trata de eso, entonces el vínculo que compartió con el hombre que fue su esposo, a pedido de ella, probablemente también sea igual de fuerte, ¿no te parece?

Samin frunció los labios, no muy convencido. Al lado, Seir entrecerró la mirada.

  Solo le he proporcionado la información necesaria — agregó Caila nuevamente en el idioma convencional humano.

  ¿Información necesaria? — repitió Seir con hosquedad—. ¿A qué te refieres con “necesaria”?

  Sé del vínculo estrecho que Sisa y yo compartimos alguna vez — respondió el chico, Marcus, con seguridad: supuse que todo lo que le dijeron fue que solía ser muy cercano a la pequeña Cachorra en su vida como Albania —. Y si realmente puedo colaborar con su tranquilidad, estoy dispuesto a ayudar

  Sabes que Alen solo está dormido, ¿verdad? — lanzó Seir con frialdad—. Que se sacrificó por el bienestar de Bellota.

  Por supuesto — respondió Marcus sin inmutarse—. Y también sé que en este momento no está por aquí para ayudarla.

Bien, empezamos mal.

  ¡¿Qué has dich…?!

  Tarek, ¡Tarek! — lo detuvo Loi por el pecho—. Tarek, ¿por qué te pones así? Marcus también es amigo de Sisa y en este momento…

  ¡Este chico no solo quiere una amistad, princesa!

  ¿Y eso por qué te afecta tanto a ti?

  ¡Por Alen, evidentemente! — responde Seir.

Loi se ve algo inquieta: cielos, lo último que queremos aquí son absurdas peleas por celos.

Marcus da un paso hacia nosotros: noto que va a responderle así que me pongo en medio.

  ¡Chicos, chicos! Vamos a relajarnos. No es momento para ponernos a pelear porque hay cosas más importantes, ¿de acuerdo?

  Aquí nadie está peleando, Gremory — me respondió Seir. Loi le reprochó su tono rudo—. Solo estoy poniendo el panorama de manera clara: Sisa está mal, sí, pero una parte de su malestar es debido a la “ausencia” de Alen.

  Ha perdido a su abuelo y a su hermano. Puedo asegurar que esa parte pesa muchísimo más — lo desafió Marcus con indiferencia.

  ¡Ya, basta! ¡Ambos! ¡O sino tendré que pedirles que se retiren! — advertí.

Samin los observó a ambos, y después me lanzó una mirada que entendí sin mucho esfuerzo: “Amber, ¿qué vamos a hacer con estos dos?”.

Caila pidió que tomáramos asiento. Intercambiamos algunos puntos con respecto a qué sucedería con la pequeña Cachorra a partir de aquí. Samin comentó que por ahora lo único que importaba era que Sisa se recuperara de la pérdida de sus familiares y pensara en su prueba de enero. Caila sugirió que tal vez solo debería enfocarse en aprender a controlarse y a manejar todo lo que llevaba dentro, pero Samin estuvo de acuerdo conmigo cuando dije que lo ideal era que ella asistiera a la escuela de música a la que quería ir.

  Amber tiene razón — me apoyó—. Es mejor que Sisa mantenga su vida de manera normal. Que acuda a la escuela y haga nuevos amigos; y a su vez yo me encargaré de su formación en paralelo.

  No estoy muy segura, Nanael — rebatió ella—. Sigo pensando que va a ser una pérdida de tiempo el que aún piense en tener una vida normal, cuando es bien sabido que ella no es un ser humano convencional. Sé que ya tienes la aprobación de los Tronos, pero si cambiaras de opinión tendríamos mayor ventaja.

  Creo que…ellos tienen razón — añadió Marcus de manera muy respetuosa, aludiéndonos a Samin y a mí —. Desde que conozco a Sisa no la he visto más feliz que cuando toca el violín. Me parece que hacer lo que más le gusta podría contribuir a que…bu-bueno, lo que sea que quiera apoderarse de ella se mantenga controlada.

  Alen habría querido eso — dijo Seir con hosquedad—. Él estaba muy empeñado en que ella practicara para que ingresara a Gaib Art.

  No lo estamos haciendo por él — replicó Marcus algo irritado—. Lo estamos haciendo por ella.

  Por ambos — rebatió Seir y en ese momento lo comprendí:

Hace unos minutos estaba preocupada por Caila y Samin.

Creo que ahora me preocupan más Seir y el chico Leda.

  Es cierto, había olvidado decírtelo, Nanael — dijo Caila cuando nos pusimos de pie. Seir acababa de llevarse a Loi y Marcus había vuelto a su casa a través del portal de antes—. Sabes qué sucederá si la niña aprende a controlarse, ¿verdad?

Traté de fingir que no estaba prestando atención cuando me alejé hacia la cocina porque Caila bajó la voz.

De reojo vi que Samin asintió:

  Ella fue creada para emplearse como instrumento de perpetuación de la nueva especie que ángeles y demonios querían crear. Es evidente que si aprende a controlarse y emplear sus poderes, podría tener la capacidad de “crear”. Sería la vida misma.

¿De crear?

Abrí el refrigerador; escuché claramente que Samin suspiró:

  Aún no estoy muy seguro de eso, Caila. Recuerda que Sisa no es el Todo, así que empezar a lanzar conjeturas de esa magnitud es algo de cuidado.

  Solo te aviso que los altos mandos consideran que, si al final no es posible mantenerla bajo control, me temo que tendrá que destruírsele.

Abrí los ojos con fuerza, pero me mantuve en mi posición, sin mostrar la más mínima reacción.

  Es por ese motivo que enviaron a Abdiel a cuidar a Alen, ¿verdad? — le preguntó—. También lo quieren a él vivo.

  Es de vital importancia mantenerlos vivos y “cuerdos” a ambos, Nanael. Tú y Aniel son los únicos capaces de ponerle un pare a todo, esto si termina escapándose de nuestras manos.

  No sucederá — le respondió con seguridad. Sentí que el corazón se me infló de orgullo—. Sisa va a mantenerse bajo control y vivirá sus vidas cíclicamente, tal y como el Todo lo estipuló desde un principio. Mi hermano de nacimiento volverá con nosotros, y ambos estaremos a su lado, como si se tratara de un humano más.

  Eso espero.

  Tranquila, será así. Ambos son importantes para mí así que aunque te suene egoísta, más que por el equilibrio de los universos lo hago por ellos.

Volteé y lo vi sonriendo con calma. Si la tal Caila se hubiera largado y yo hubiera tenido el valor suficiente, lo habría besado.

Cada día que paso a su lado vuelvo a confirmarme por qué renuncié a todo por él.

 

 

»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«

 

Sisa

 

» Sisa, me has escuchado, ¿verdad? Me temo que en algunas semanas tendremos que empezar de nuevo, y algunas de las personas que te conocían van a ser despojadas de sus recuerdos. El proceso está demorando un tanto porque no se puede influir por completo en el Mundo terrenal, pero acabará pronto.

“Algunas personas”.

Así que “algunas personas” ahora son Etel, Tomas, la tía Ruth, Gisell, Corín, y todos aquellos que había conocido hasta ahora.

Samin me había dicho aquello hace dos noches. ¿Cuándo fue? ¿Navidad? No, Navidad fue hace dos semanas. Yo en mi habitación: Gisell y Corín en la sala. No bajé a cenar, no tenía hambre ni me llamaron. Fue bueno en cierto modo: compartir la mesa con dos asientos vacíos al costado hubiera sido demasiado.

Hace dos días salí a caminar por el vecindario: regresé casi corriendo después de encontrarme con Marissa, Santiago y Naina. Los primeros me saludaron con muchísima cortesía, el típico sentimiento con el que le dices hola a un vecino no muy cercano; y la segunda se aferró a mis piernas mientras sollozaba pidiéndome que le devolviera a su hermano.

»— ¿Dónde está Aly, Sisy? ¡¿En dónde está?! era todo lo que escuchaba en su mente. Hay cosas que empiezan a hacerse comunes, pero aún no me acostumbro a ellas.

Escuchar la mente de Naina resultó sumamente violento para mí.

»— Lo siento, querida — se disculpó Marissa ligeramente avergonzada—. Mi pequeña tiene algunas dificultades y…

El único problema que tiene Naina es que su proceso de olvido se está llevando a cabo con más lentitud porque es una niña, y los niños son más sensibles con estos temas.

“¿En dónde está Aly?”

Yo también quisiera saberlo.

Ayer Samin y Amber vinieron por mí: extrañamente me llevaron a ver a Marcus. No entendí nada, pero cuando aparecimos frente a él y no se sorprendió, supuse que algo debía saber de todo esto. Se puso de pie, me dijo que sentía lo de mi abuelo y mi hermano, y me estrechó entre sus brazos, diciendo que todo estaría mejor.

Se lo agradecí enormemente pero después retrocedí, temiendo lastimarlo. Últimamente parece que todo lo que está relacionado con Sisa Daquel y Albania Formerio hace demasiado daño. Y en este momento tengo tantos recuerdos que lo tienen a él y a Alen de protagonista, que me cuesta muchísimo actuar como si nada pasara.

También vi a Loi: ha vuelto a mencionar lo de Gaib Art. No he dicho nada al respecto.

Empujo las ventanas y cuando el viento me roza los brazos siento que la piel se me eriza violentamente. Hace frío, mucho frío, pero por primera vez he vuelto a sentir con el cuerpo. La sensación ha sido sumamente desconcertante porque durante todo este tiempo me he sentido como anestesiada. Ayer ya no necesité que Samin y aquella criatura llamada Qinaya vinieran a ayudarme a descansar, y realmente mi mente me lo ha agradecido: mis pensamientos ahora resultan un poco más coherentes.

Hace algunas horas solo contemplaba el techo, y por un momento me sentí como lejos de mí misma. Estaba aquí, en mi habitación, pero a la vez no; mi mente estaba flotando por ahí, en algún lado. Tal vez buscando al hombre de contextura robusta y bigote poblado que amaba tocar el violín, tal vez buscando al chico de sonrisa jovial y postura relajada que quería ser pediatra. O a lo mejor al ave preciosa, que surcaba los cielos ululando y diciendo que me ama.

Busco entre los cajoncitos de mi velador el cofre que me regaló Amber. Lo tomo entre los dedos, y recuerdo las dos veces que empleé los cánticos de aquí dentro.

Una fue para hacer una carrera con él, y la otra fue cuando llegué a la puerta de su departamento, dispuesta a expresarle de una manera más física lo mucho que lo quería, que lo amaba.

» Te amo, amor.

Me deslizo hasta el suelo: escucho el timbre de la puerta principal. Me entretengo observando las texturas de la alfombra. Raya, raya, curva, raya, raya, curva, raya, raya, curv...

Escucho la voz de Corín, la de Gisell: están discutiendo de nuevo. Tranquilas, dentro de poco se olvidarán de mí.

Cierro los ojos, escucho algo estrellarse contra el piso: es un vaso, no, un jarrón. Alguien ha pasado corriendo de manera arrebatada y se ha llevado consigo la porcelana. Parece ser el que está sobre el mueble del teléfono, junto a las escaleras.

Petardo suelta un ladrido, más gritos: “¡No, no, no voy a tolerarlo!”— repite Gisell; más ruidos, más golpes secos—. “¡Fuera de mi vista!”. Petardo suelta un aullido, adolorido.

Me reincorporo rápidamente, dispuesta a bajar para traerlo conmigo, pero escucho pasos violentos: están subiendo.

Giro y en ese momento la puerta se abre con violencia. Gisell me observa llena de frustración con una caja larga y grande en las manos, y el papel de regalo hecho trizas. Veo los surcos de las lágrimas secas sobre sus mejillas, y nuevamente siento que se me encoje el pecho.

  ¡Mamá! — dice Corín apareciendo agitada por la puerta—. ¡Mamá, ya…!

  ¡ESTOY HARTA DE ELLA! — grita y avienta el paquete a mis pies.

Cae con un estruendoso golpe.

¿Qué…? ¿Qué es esto?

  ¡Sabes que desde que llegaste a nuestras vidas toda la familia se desmoronó, ¿verdad?! ¡¿Lo sabes, no es así?!

Los brazos me dolieron muchísimo cuando me tomó por ellos y me samaqueó con rabia.  Pero me dolió aún más ver a Corín llorando, y pidiéndole a su madre que se relajara mientras intentaba deshacer el agarre.

  ¡Desde que cruzaste la puerta se iniciaron los problemas! ¡Mi esposo y mi suegra muertos! ¡Ahora Alcides y mi hijo…! ¡Mi hijo…! — Me quedé ahí, completamente pálida por sus gritos—. ¡¿Es una especie de maldición?! ¡Tu madre muerta y ahora casi toda mi familia igual!

La observé, llena de pavor: ¿entonces era así? ¿Todo había sido mi culpa?

  ¿Qué sigue? ¡¿MI CORÍN?! ¡¿TAMBIÉN TE LA LLEVARÁS A ELLA?! — me gritó, y sentí que las lágrimas volvían a atacarme.

No, yo no quería… nunca quise hacer esto.

La sensación de asfixia. No, no de nuevo.

Gisell me observa: sus ojos están desorbitados, casi puedo sentir el dolor que la aflige desde adentro. Corín le pide que se detenga, también llora: Dios, ¿qué es todo esto?

  ¡Mi Joan cumpliría veinte en dos meses y me lo quitaste! — Trato de disculparme, pero las palabras no acuden a mi boca.

Lo siento, ¡lo siento mucho!

Yo, en primer lugar, nunca quise nacer.

  ¡Basta, mamá! ¡No digas eso! — gritó Corín desesperada—. ¡Joan y el abuelo estarían tristes!

  ¡¿TRISTES?! — vociferó—. ¡La querían más a ella! ¡Su último recuerdo es esto! ¡Y es para ella!

  ¡No seas así! ¡No digas eso! ¡El abuelo estaría triste! — replica Corín. Ojalá tuviera el valor de pedirle a Gisell que no se desmoronara así frente a ella: tenía quince años, necesitaba más apoyo que ninguna.

  ¡Tu abuelo me tiene sin cuidado! ¡Nunca pensó realmente en nosotras!

  ¡Basta! ¡NO HABLES ASÍ DE ÉL! ¡NO HABLES ASÍ DE ÉL! — grita y en ese momento recordé a la niña que solía jugar conmigo en el patio trasero, en Asiri.

Ambas íbamos por la misma ruta, pero en algún momento nos separamos.

  Él sabe que lo queríamos. — Y alcancé a tomar su muñeca. Me miró sorprendida y entonces traté de secar sus lágrimas a pesar de que Gisell me jaloneara, exigiendo que no tocara a su hija—. Él sabe que lo queríamos, Corín. ¡Nos quería a ambas! A Joan también: el corazón del abuelo era enorme. Había espacio suficiente para todos.

  ¡BASTA! ¡A ella no! — me gritó y después sentí la bofetada en mi mejilla.

Elevé la mirada sin sentir dolor realmente, y me encontré con una mujer completamente destrozada por haber perdido a su hijo mayor.

Quise decir algo más, pero las cosas sucedieron demasiado rápido: vi a Gisell avanzando furiosa hasta mi escritorio, y después mi precioso violín siendo violentado por sus manos llenas de tristeza y rabia.

  ¡Mamá, no! — exclamó Corín pero fue demasiado tarde.

¡PRAM!

Mis ojos observaron con pasmo cómo el cuerpo de caoba impactó contra la pared de atrás. Las cuerdas vibraron, como dando un grito de despedida…

No.

y después quedó partido en dos.

Abuelo.

Gisell parpadeó, como volviendo en sí, y vio con horror lo que quedaba de mi recuerdo más preciado. Se cubrió el rostro con las manos; antes sus ojos se cruzaron con los míos y en ese momento lo comprendí.

Mi abuelo y mi hermano no van a volver. Y yo en realidad ya no tengo nada que hacer con esta familia. Todos van a olvidarme, así que es en vano seguir viviendo una vida que no me corresponde.

  Siempre sacas lo peor de mí— susurró y después salió alterada.

  ¡Mamá! ¡MAMÁ! — gritó Corín detrás de ella. Tomé una chaqueta, recogí algunos pedazos de la víctima y bajé corriendo. Traté de limpiarme las lágrimas; Petardo salió a mi encuentro.

  Mi mundo, ¡llévame contigo! ¡Llévame contigo! Me arrodillé a su lado y asentí junto a su lomo. Mi violín era lo único que me quedaba del abuelo, y estaba completamente destruido; no permitiría que hicieran lo mismo con lo único que me quedaba de Joan.

Salí, tratando de ahogar los sollozos, pero no podía controlarme. Pasé junto a la casa de rejas de negras: por un momento imaginé al chico de cabello desordenado saliendo a mi encuentro y diciéndome que todo estaría bien…

Pero no, no apareció. No llegó a encender la luz.

Tomé el autobús; en el asiento de adelante iba una chica rubia de cabello cortísimo junto a un chico de cabello oscuro. Quise llamarlos, pero de repente recordé lo de la toma de recuerdos.

Me quedé observándolos en silencio y cuando voltearon, tal vez sintiendo mi escrutinio, me miraron con la misma curiosidad que uno tiene por un extraño.

Ahí estaban Etel Franco y Tomas Gerdau, sin saber absolutamente nada de mí.

Me puse de pie y bajé del autobús sin poder aguantarlo. Aceleré el paso, queriendo escapar de todo lo que dejaba atrás. Muertos, violines rotos, miradas de niño, gritos desconsolados. Los seres que más amaba me habían abandonado, y el único que podía ser mi consuelo estaba muy lejos, en manos de Nhyna y otros demonios, esperando despertar para acabar conmigo.

Y yo…y yo estoy aquí, aún sin comprender exactamente cómo saldré de todo esto y tratando de repetirme que no soy un monstruo antinatural.

Llegué a Izhi, no escuché ningún grito. Todo estaba completamente calmado, y creo que fue aún peor porque por un momento guardé la secreta esperanza de escuchar la voz de aquel ángel que cayó a este mundo, por enamorarse de quien no debía.

Quise avanzar hacia los arbustos, pero Petardo tiraba de mí, mordiéndome con suavidad la mano.

  Por ahí no, ¡por ahí no! Hay un precipicio; mi mundo podría hacerse daño.

Sonreí levemente: resultaba acogedor escucharlo.

  Petardo, tú ya lo sabías, ¿verdad? Alen solía decir que estabas muy inquieto y no sabía cómo calmarte.

Las noches que se quedaba aullando en la puerta, sus tristes lamentos: todo eso era porque él ya sabía que mi abuelo y mi hermano me dejarían en cualquier momento.

  Por eso quisiste venir con nosotros a Asiri — le dije abrazándolo—. Para despedirte de ellos.

  ¡Están en un lugar mejor, mi mundo! ¡En un lugar mejor! ¡Se muere solo para volver a nacer! ¡A nacer y vivir otra vez! ¡Y otra vez, y otra vez! ¡Y ahí todos nos reencontraremos!

Vivir otra vez…

Caminé, siguiendo las señales en los árboles que Loi una vez me enseñó. Salí por la playa, avancé con mis zapatillas hundiéndose en la arena y la brisa despeinándome por completo.

Me quedé un buen rato sentada al final del muelle, con los restos de mi violín en las manos; solo oyendo las olas del mar y observando al sol más pálido que nunca. Cerré los ojos porque me ardían demasiado y el viento solo los lastimaba más.

¿En qué momento deja de doler? ¿En qué momento uno vuelve a sentirse como antes?

«Nunca», me responde algo, alguien, no sé. «Nunca se vuelve a ser como antes después de algo así».

Todo cambia, inclusive el sentido de las cosas. En este momento me siento completamente ajena a este mundo: veo a algunas personas caminar por el muelle, riendo, y después retirándose. Vienen, observan, se van; vienen, observan, se van.

Todos parecen tener un lugar al que retornar.

¿Y ahora qué sigue? ¿Qué hago? El sol empieza a irse y yo no tengo fuerzas ni para pensar.

  Estoy sola — murmuro, apretando los restos de mi violín; Petardo me lame la mejilla.

  No es así, Bellota — escucho y me encuentro con los ojos celestes que no veo desde la vez que pasó todo esto—. No estás sola.

  Tarek… — Me pide que le haga un espacio y después se sienta junto a mí, observando el atardecer opaco.

Petardo se encoje levemente, pero cuando le soba la cabeza con afecto siento que empieza a confiar en él.

  Lo arreglaría, Bellota — me dice señalando los restos de mi violín—. Pero ya debes saber que objetos con carga emocional no pueden repararse.

Asiento y los ojos me arden un poco: recuerdo a Alen explicándome aquello.

Alen…

  No he podido pasar a verte porque he estado haciendo un par de averiguaciones y…

  ¿Averiguaciones?

El corazón me palpita con fuerza; él comprende mi reacción y sonríe:

  Está bien, sigue dormido. Hethos está haciendo bien su trabajo.

  Tarek…

  Escucha, Bellota, la princesa me ha dicho algo: ¿cómo es eso de que ya no quieres postular a Gaib Art?

Frunzo los labios y me entretengo acariciando el lomo de Petardo.

  Tarek, yo…yo no me siento con ánimos para…

  Sisa, ¿quieres que te diga algo? Sé que es difícil esto de seguir adelante, pero créeme cuando te digo que te entiendo mejor de lo que crees. — La sonrisa débil me confundió: ¿a qué se refiere? —. Escúchame, ser alguien que te aterra o consideras un monstruo ya lo he sentido: he vivido escuchando los gritos de todas las almas que accedieron a tener un contrato conmigo, y era horrible. Me he odiado por décadas, pensando si realmente era justo haber nacido. Yo no escogí ser demonio.

Abrí los ojos, ligeramente sorprendida: es cierto, Tarek era un demonio.

Yo no escogí nacer así.

  Y de la misma manera que yo tuve la oportunidad de renunciar a mi naturaleza, tú también puedes hacerlo. Mira, Nanael está buscando maneras para que te adaptes y puedas seguir con una vida normal, como cualquier chica de 18 años.

Asentí levemente, con un ligero cosquilleo de ánimo en el pecho, y después me preguntó por qué no estaba en casa.

  Acabo de dejarla — le respondí encogiéndome de hombros. Solté un suspiro y después sonreí, realmente perdida—. Y ahora no sé qué haré.

  Simplemente nos iremos a una nueva — oí desde atrás. Giré, y me encontré con Samin camuflado bajo un par de lentes oscuros y una gorra—. Con tu familia. — Las cuerdas vocales se me cerraron ante su sonrisa—. Con Amber y conmigo.

Petardo soltó un ladrido:

  Y conmigo.

Cierro los ojos y aparecemos en el departamento de Samin, en Frantzon. Observo alrededor, recordando las veces que venía a ensayar aquí para lo de Gaib Art, y Amber aparece y me abraza con fuerza.

  Tus cosas ya están en tu habitación nueva, pequeña Cachorra — me dice con muchísimo afecto—. No sabía cuál era tu color favorito, así que aún no la he pintado, pero después podremos ponerla de todos los colores que tú quieras.

Suelto una risa…

Sí, suelto una risa y realmente me maravilla el saber que aún puedo sentir algo más que tristeza. Abro la puerta y me encuentro con una bonita habitación amoblada, con el equipo para el violín eléctrico que Samin me obsequió y varias de mis cosas ya en ella.

Mis libros, fotografías, inclusive parte de mi ropa.

Volteo desconcertada y Samin me dice que Amber no pudo resistirse e instantáneamente fue a recoger todo.

  La niña, Corín, me pidió que te entregara esto — me dice pasándome la caja que Gisell lanzó a mis pies—. Dijeron que los del correo se demoraron un poco, pero pidieron las disculpas del caso. Tenía tu nombre.

  ¿Para mí?

Así que eso era lo que Gisell había tirado a mis pies: un paquete para mí.

  Tal vez deberías echarle un vistazo; el examen será en dos semanas, Cachorra.

  Yo…yo no sé si…

  ¿Por qué no, Sisa? —me preguntó Tarek con amabilidad—. Lo único que recuerdo de ti cuando se hablaba de Gaib Art, era la inmensa emoción que desprendían tus ojos al imaginar tu vida el próximo año.

Bajé la mirada: antes las cosas eran diferentes. Pensar en Gaib Art, Libiak y mi vida el próximo año tenía muchísimos matices. Mudarme implicaba trazar mi propio camino, implicaba iniciar en algo que me fascinaba. El violín lo era todo porque en cierto modo me unía a todo lo que más amaba.

El abuelo amaba el violín, Joan fue mi primer compañero si hablamos de aprendizaje musical, y Alen…

Alen era mi público más adorado. Sus ojos mirándome deslumbrados me encandilaban; a veces tocaba solo para ver su sonrisa.

Pero ahora…

  ¿Y bien?

  Yo…sinceramente no creo que sea bueno intentar aferrarme a…

Traté de enfocarme en otra cosa, esperando que pudiera relajarme y ningún vestigio de llanto acudiera.

  ¿Aferrarte a qué, Sisa?

Tomé una gran bocanada de aire y después me sequé rápidamente los ojos:

  Aferrarme a una vida humana — respondí, encogiéndome de hombros.

Postular a Gaib Art era un sueño que Loi hizo mío, y si antes era casi la puerta para iniciar una nueva etapa, ahora las cosas eran diferentes.

  Samin, dijiste que me enseñarías a…— Amber notó que, inconscientemente, me había clavado las uñas en las muñecas, y me obligó a aflojar el agarre. Asentí cuando me suplicó que no me hiciera daño—. Dijiste que me enseñarías a controlar lo que llevo dentro para después iniciar con la recolección y…y…

  ¿Qué sucede? — me preguntó con suavidad.

  Y creo que deberíamos enfocarnos solo en eso — respondí.

Creí que había sonado muy segura, pero cuando se puso de pie y me tomó por las mejillas, comprendí que la voz me había salido entrecortada.

  Sisa, escucha, conozco muy bien a mi hermano de nacimiento, y puedo jurarte que él no hubiera querido que lo usaras de excusa para huir de todo el miedo que te agobia.

¿Qué…?

  Tal vez no ha habido tiempo para explicarte con cuidado el asunto, así que voy a plantearte las cosas con sencillez. Eres más humana de lo que crees; dime, ¿acaso no quisiste a tu abuelo y a tu hermano?

  ¡Claro que sí!

  ¿Quisiste a Alen? ¿Lo amaste si quiera un poc…?

  ¡Lo amo! ¡Siempre voy a amarlo! — lo interrumpí, sin comprender por qué me decía esas cosas.

Samin me sonrió:

  Sisa, no hay prueba más fuerte que esa para demostrarte a ti misma que tienes de humano mucho más de lo que crees. Llorar por la pérdida de seres queridos, sufrir por la ausencia de alguien importante: tener vínculos te hace más humana de lo que crees. Es por eso que, desde un inicio, se pensó en un cuerpo humano para controlar el enorme poder que llevas dentro: porque sintiendo amor, odio, enojo, felicidad, te conviertes en un ser vulnerable y por ende más fácil de dominar. Mira, hasta ahora has llevado una vida común y corriente y ni siquiera has tenido problema alguno: todo puede continuar así si simplemente pones de tu parte.

  Samin…

  Las cosas van a ponerse algo complicadas a partir de ahora, sí, pero lo único que te pido es que dejes de pensar tanto en Albania Formerio, o en lo que llevas dentro de ti, y nos enfoquemos solo en Sisa Daquel, ¡en ti! Y en tratar de llevar la vida que querías llevar antes de enterarte de todo esto.

Tarek y Amber asintieron, como apoyando las palabras de Samin.

  Mira lo que hay dentro de la caja, Sisa — me dice Samin—. Y si eso no te basta y realmente quieres que dejemos de insistir, te prometo de corazón que no volverá a tocarse el tema de Gaib Art.

Los tres salen de la habitación y me dejan sola, con la enorme caja reposando sobre la cama. La observo por minutos, horas, pero no tengo intención de abrirla.

La noche llega, no pruebo nada de la cena que Amber ha preparado con tanto esmero para mí, porque mi cuerpo aún no se siente el mismo de antes y creo que podría devolverlo todo.

Estar en esta habitación nueva, con todas mis cosas en cajas de mudanza, me recuerda un poco a la vez que llegué a Lirau. Cuando venía dispuesta a terminar la escuela solo para retornar a Asiri y reunirme nuevamente con el abuelo.

Al día siguiente me quedo sentada, observando la ciudad por las ventanas. Frantzon está tan lejos de Asiri… me pregunto si Cloe estará cumpliendo su promesa de visitarlos continuamente.

Y si no, puedo ir yo misma.

Me pongo de pie, dispuesta a buscar el cofre que me obsequió Amber. La enorme caja que Corín ha enviado para mí sigue ahí, sobre el sofá de al lado.

¿Qué cosa es eso?

Me acerco, cautelosa, y cuando quito la cubierta me encuentro con un estuche de cuero negro.

No…

Entonces corro el cierre y un nudo enorme se me forma en la garganta.

Ahí, reposando sobre el fondo acolchado, estaba un hermoso violín eléctrico de color blanco.

  ¿Pero qué…? — Lo tomo con delicadeza; siento el cuerpo consistente. Reluce, destellando de blanco puro, y de repente recuerdo las plumas de Alen en su forma original.

En el fondo de la caja hay algo más. Tomo la pequeña tarjeta escrita a computadora, y siento que el corazón se me encoje.

  ¿Qué es esto?

Joan.

La primera parte era sin duda una dedicatoria hecha por él; y lo demás le pertenecía al abuelo. Me limpio las lágrimas con insistencia y después vuelvo a sentir que todo me abruma.

¿Por qué pasó todo esto? ¿Por qué todo sucedió de manera tan brusca? En una noche perdí a mi abuelo, a mi hermano y al chico que amaba; y aún no logro asimilar bien el asunto.

Dicen que cuando pierdes a un ser querido todo se acaba. El sufrimiento es a tal extremo que no hay manera de continuar: toda tú te consumes por completo.

Pero no, no es así…

Cuando pierdes a un ser querido, en realidad la peor parte es saber que no todo se acaba. El mundo sigue girando, la vida continúa y aunque quieres quedarte atrás, aferrándote a un recuerdo, el tiempo sigue avanzando y el sufrimiento termina transformándose en uno aún peor. El golpe ya no es inmediato, el dolor ya no es intenso: se transforma en uno más suave, pero a la vez se hace más prolongado. Es ese tipo de dolor que transforma los suspiros en nostalgia, y rellena cada minuto de los días con añoranza.

Quiero verlos de nuevo: a Joan, al abuelo, pero, aunque me duela repetírmelo ya no habrá modo de hacerlo. Lo más duro no es el tema de la muerte en sí…lo más duro es el tema de la ausencia.

Entonces lo comprendo, por fin lo comprendo: sí, mi abuelo y mi hermano no van a regresar; y Alen en este momento está dormido, evitando asesinarme. Todo es un completo desastre y realmente no sé cómo empezar de nuevo.

Retrocedo hasta caer sentada sobre la cama y aprieto el mango con fuerza, recordando todo lo que tenía y repentinamente perdí.

Amaba tocar el violín, amaba hacer música, pero no sé si aún quiera hacerlo.

Tomo nuevamente la tarjeta impresa, y aunque trato de evitarlo los recuerdos empiezan a atacarme. Me veo a mí misma, de rodillas junto a las macetas de la puerta de la escuela: algunos chicos se habían burlado de mí repitiendo que yo no tenía familia, que habían oído a Corín decir eso en otra clase.

»— ¿Bellota? ¿Qué haces en el suelo? — Elevo la mirada y me encuentro con los ojos amables de Joan—. Qué suerte la de Corín de irse de paseo con su clase, ¿no?... ¿Eh? ¿Y ahora qué pasó? me pregunta con curiosidad.

Aprietos los labios con fuerza, intentando controlarme, pero la boca me tiembla y los ojos me arden demasiado.

»— ¿Bellota? ¡Abuelo! ¡ABUELO! — empieza a gritar en medio de la calle, a unos pasos de la entrada de la escuela. Volteo, y veo al abuelo acercarse sonriente a recogerme, pero nota mi estado y frunce el ceño. Trato de calmarme, pero es demasiado tarde: ya estoy llorando mientras me aferro a su cintura, y no puedo responder ninguna de las preguntas que me hace.

»— ¿Cachorra? ¿Cachorra, qué pasó?

»— ¡Fueron otra vez los de sexto grado, ¿verdad?! — me pregunta Joan. Asiento y lanza furioso su mochila. El abuelo lo mira con incredulidad —. ¡Pero qué se han creído! ¡Meterse con mi hermana! ¡Hoy tienen actividades extra en el gimnasio así que no la van a contar!

»— Hijo, esper… Joan… ¡JOAN! — grita el abuelo, pero ya es demasiado tarde: mi hermano está corriendo rumbo a la escuela casi a la velocidad del rayo—. Santo Dios, ese chico parece una bala comenta sorprendido.

»— A-abuelo, tal vez deberíamos ir… — sugiero porque no quiero que se meta en problemas por mi culpa.

»— ¡Bah! Porque golpee a esos mocosos una vez no pasará nada — resopla restándole importancia. Mi hermano es fuerte, tal vez es por eso que el abuelo prefiere dejarlo pasar por esta vez. Me acaricia el cabello con ternura: siempre me pregunté cómo hacía para que sus manos, a pesar de ser inmensas, siempre tuvieran la delicadeza de una mariposa —. ¿Qué pasó, Cachorra? — me pregunta, tomando mi mochila.

Trato de decirle que no ha sido nada, pero siempre que me mira fijamente yo no puedo ocultarle nada. Termino mi breve relato y él suelta un bufido:

»— Pero qué chiquillos tan molestos — resopla con mala cara—. Hija, en el mundo hay cada tontuelo que se divierte con sandeces como burlarse de otros… y me temo que no puedo decirte que en algún momento esto parará. Como bien dijo el gran Einstein, la estupidez humana es una de las pocas cosas que realmente son infinitas en el universo. Pero ante esos ataques ¿sabes qué nos queda,  cachorra? Negué con la cabeza; me sonrió—: ¡Ser fuertes! Plantar cara y salir adelante, ¡sin dejarse amilanar!

»— No sé si yo… — murmuro con algo de vacilación.

»— ¿Qué sucede? — me dice.

Le respondo con algo de inseguridad que no creo tener la fuerza que tiene él, y solo obtengo una mirada llena de severidad:

»— Las personas más cercanas a mí suelen conocerme como el león Maleri, hija. — Suelto una leve risa al recordar su rostro satisfecho. La tía Ruth siempre repetía que para presumidos y orgullosos, el abuelo se llevaba el premio sin mucho esfuerzo—. Y como mi nieta, ¡como mi cachorra!, tienes que aprender a luchar tus propias batallas. La nieta del león Maleri no es una princesa — me dice con convicción—. Las princesas a llorar; a esperar que sus caballeros vengan a luchar por ellas y les pongan las cosas en bandeja de plata con rosas y claveles. ¡Mi nieta al campo de batalla! ¿Entendido? Como una guerrera: buscando convertirse en una heroína que libra sus propias batallas.

El abuelo no quería princesas…quería heroínas.

»— ¿Me he dejado entender?

»— ¡Sí, abuelo! Y asentí con fuerza, con mis once años a cuestas. El tono de su voz me llenó de energía, de confianza en mí misma.

Joan volvió, pero con la señorita Mary, que lo traía agarrado de una oreja mientras exclamaba que estaba de peleonero con los chicos de sexto. Mi abuelo se disculpó y lo regañó con mucha seriedad, pero cuando nos quedamos nuevamente a solas, soltó una breve carcajada, orgulloso; y le dijo que fuera la última vez que arreglara las cosas a golpes.

»— Los que van a molestarte por última vez van a ser ellos, Bellota. Ya les advertí que si vuelvo a encontrarte llorando traeré conmigo a mi enorme fiera para que les dé una lección.

»— ¿Y qué fiera vas a traer tú, muchachito? — le preguntó el abuelo dándole un leve empujón. Joan le respondió que su perro—. ¡Pero si ni siquiera tienes un perro!

»— Bueno, es un pequeño detalle que ya arreglaré más adelante, abuelo.

Veo las sonrisas de mi abuelo y mi hermano de trece años. Ambos me toman de la mano y me llevan a casa. Sonrío cuando proponen comer un helado y después estamos en uno de los parques cerca a la escuela, charlando sobre la posibilidad de comprar un perro o adoptar uno.

Nunca les dije que eran mi todo; que eran la mejor familia que alguien pudo desear.

Tomo el violín que el abuelo y Joan han dejado como último recuerdo para mí y me recuesto de costado, sobre la cama. Me aferro a él, buscando el calor que solían transmitirme ellos, pero aún siento demasiado frío.

¿Qué estoy esperando? ¿Que alguien venga a solucionar todo el caos que habita dentro de mí? ¿Estoy aquí, sencillamente resignándome a dejar que las cosas caigan por sí solas? ¿Simplemente estoy resignándome a esperar?

Releo la tarjeta: “Yo no quiero princesa, Cachorra. Yo quiero heroínas”, y entonces siento que el pecho se me encoje con brusquedad.

Quiero pararme, abuelo, de verdad quiero avanzar...

…pero aún hay demasiadas cosas, y no sé cómo enfrentarlas todas.

Me quedo ahí, abrazando el violín blanco, cuando de pronto las ventanas de la habitación se abren de par en par.

¡BROM!

Me reincorporo algo aturdida al percibir un soplo de viento:

  Saludos, estimada señora escucho. No comprendo: es una voz que jamás he escuchado —. Vengo de parte de Drol Asirb y traigo un mensaje conmigo.

Por algún extraño motivo sabía que Drol Asirb era el custodio del viento.

  ¿Qué? — balbuceé sin comprender, pero antes de que dijera algo un soplido más fuerte se presentó, solo que esta vez impactó directamente contra mi rostro. Cerré los ojos con fuerza, solo para sentir un delicado roce en los labios.

Un beso…

Y después una voz suave se dejó oír:

  Bellota.   Mi corazón dio un brinco violento: casi juraría que me dolió el pecho.

¿Qué…? ¿Acaso…?

  Sisa — oí de nuevo y abrí los ojos de par en par. Me puse de pie, observando a todos lados: ¿es mi imaginación? —. Sisa, ¿qué está pasando? ¿Por qué estás llorando?

  ¿Alen? — exclamé exaltada. Corrí desesperada hacia la ventana, pero no hallé nada —. ¡Alen!

  ¡Apresúrate! demandó una nueva voz, la reconocí al instante: Hethos—. No tenemos mucho tiempo, Alen.

Sí, era él. ¡Era él!

Las puertas se abrieron: Samin, Amber y Tarek observaron alrededor igual de impactados que yo. El corazón me latía desbocado: casi por instinto me aferré con más fuerza al violín.

  Sisa, es difícil, pero tienes que salir adelante. Por favor, hazlo por ellos, por mí y, sobre todo, hazlo por ti misma. Imaginé los ojos miel observándome con seriedad—. Enciende la luz, boba preciosa.

  Alen, ¡Alen, ¿me escuchas?! — exclamó Tarek.

  Parte de mi naturaleza me permite oír vínculos continuó la hermosa voz, y me encontré asintiendo, completamente deslumbrada—, y créeme: tu abuelo y tu hermano habrían querido que sigas luchando por lo que querías conseguir. Tal vez pienses que tratar de vivir una vida normal es inútil…

  Sí, eso es lo que creo — susurré, limpiándome las lágrimas.

Él me entendía, siempre iba a entenderme.

  …pero no reniegues de los deseos que tenías como humana. Y en caso de que ya no quieras intentarlo en Gaib Art, por lo menos júrame que no renunciarás al violín.

  Parece ser un mensaje grabado — comentó Samin; Tarek seguía exigiendo una respuesta—. Abdiel está loco, ¿cómo logró hacerlo?

  Me temo que será el único mensaje que pueda enviarte, Así que voy a pedirte que no olvides mis palabras y sigas adelante. Por ti, ¡solo por ti!

Por mí…por mí.

  Tarek, si estás ahí, cuídala. Sé que Nanael y Gremory lo harán, pero contar con tu ayuda sería muy importante para mí. Y si puedes, pasa a ver a Naina.

  ¡Claro que sí, hermano! — prorrumpió Tarek emocionado, aun sabiendo que no podía escucharnos.

El mensaje volvió a repetirse y después se fue perdiendo, y el mismo soplo de viento que sentí antes retornó, pero esta vez como escapando de la habitación.

Tarek se paró junto a las ventanas y empezó a reír, muy animado:

  ¡Están locos, par de idiotas! ¡¿Me escuchan?! — gritó: entristecido y alegre a la vez—. ¡Están locos! ¡Y claro que voy a cuidarla! ¡Y veré a Naina!

  Abdiel está loco— declaró Samin muy sorprendido—. Pero por lo menos sabemos que ambos aún están bien.

Amber me observó con cariño; se inclinó y me acomodó el cabello.

  Ambos están luchando, pequeña cachorra — oí de sus labios el apodo con el que solía llamarme el abuelo y asentí fuertemente—. Tal vez nosotros también deberíamos luchar, ¿no crees?

Luchar…luchar…

Tal y como Alen me había pedido.

Tal y como Joan hubiera hecho.

Tal y como el abuelo hubiera querido.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Para Bellota”

¡Feliz Navidad!

De parte de su apuesto y muy carismático hermano,

futuro médico pediatra y SU manager;

y de su muy, muy, muuuuuy viejo abuelo.

 

Haznos sentir orgullosos, hija,

y conviértete en una estupenda violinista.

Los obstáculos que se nos presentan en la vida son para eso: para hacernos madurar.

Recuerda que yo no quiero princesas, cachorra.

Yo quiero heroínas.

 

 


 

»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«

 

Sisa

 

Lo único que escucho es el deslizar de los neumáticos del auto que conduce Amber. Samin está junto a ella, camuflado bajo los enormes lentes oscuros y la gorra que cubre su cabello ahora color violeta intenso. Fui testigo del proceso de cambio de look: «ella siempre se pone muy contenta cuando se trata de juguetear con el cabello de los demás», me dijo con una sonrisa.

Solo por eso dejé que hiciera lo que quisiera con el mío, porque verla animada es una de las cosas que me animan a mí también. Ahora lo traigo completamente liso, sin ningún vestigio de ondas. Así también evitaba verme al espejo y reencontrarme con Albania Formerio.

Repentinamente me ataca la ligera sensación de que en algún lugar de Libiak, a algunos kilómetros casi por las afueras, un diente de león acaba de ser arrancado por un niño que sopla con suavidad sus pétalos. Tomé algo del aire que ingresaba por la ventana abierta: casi pude sentir el aroma traído por el viento, de la existencia de ese diente de león transformada en una fugaz obra de arte.

Solo el niño vio la hermosura de su acción; nadie más en el mundo lo notó.

Solo yo.

  Samin, haznos el favor de inclinarte, ¿quieres? — pide Amber fastidiada; mi mente retorna al auto, junto a ellos—. Todas las niñas de allá afuera van a ponerse a chillar si te ven.

  ¿Por qué últimamente suenas tan gruñona? — reclama él.

Suelto una leve carcajada porque yo sé quién es la causante.

Caila aparece todos los días, y Amber definitivamente no le tiene nada de simpatía. Marcus dice que ella es muy amable; opino lo mismo, excepto por el hecho de que no deja de llamarme la Original.

Ingresamos con todo y auto al campus. Veo a un montón de chicos sumamente nerviosos, corriendo porque van a llegar tarde a las audiciones o porque aún no ubican su auditorio.

  Te veremos allá — me dice Amber y deposita un beso afectuoso en mi mejilla. Asiento y tomo mi estuche.

Cada postulante puede ingresar máximo con dos familiares o personas cercanas a rendir el examen. La tía Ruth hubiera venido, pero para ahora ya ni sabe quién soy.

Trato de relajarme, porque no es momento para ningún ataque.

Loi quería ingresar conmigo, pero por azares del destino su examen es a la misma hora: Tarek debe estar con ella en este momento; camuflado bajo un salmo de invisibilidad porque Janna y el señor Gustav Amira iban a tomar los pases de acompañantes.

Avanzo entre las personas y finalmente llego a las puertas de Trópico de Capricornio; he llegado veinte minutos antes.

Diez minutos más tarde sale el postulante número 33; yo soy la número 34.

  ¿Sisa Daquel? — Asiento ante el hombre con un par de hojas perfectamente organizadas en un archivero, y me pregunta si quiero ir ingresando para instalar mi violín.

  Muchas gracias.

Paso a la parte del escenario, y me encuentro cara a cara con los quince miembros del jurado que ya están sentados detrás de la larga mesa color gris, instalada a un lado.

  Buenas noches, señorita… ¿Daquel? — se cercioran y me señalan que aún faltan diez minutos para iniciar mi prueba, así que puedo ir instalando el violín que emplearé para la pista de estilo libre.

  Aquí tienes — me dice una chica con amabilidad, y me pasa el violín clásico que emplearé para la pista obligatoria. Aprovecho que aún hay tiempo para familiarizarme con las cuerdas porque al ser de la escuela, es la primera vez que tocaré con él.

Escucho que me llaman: ya es hora.

Avanzo hasta la mitad del escenario, y en las butacas del medio veo a Samin y a Amber.

  Bien, son las seis y media en punto: iniciamos con el postulante número 34 — anuncia una de las mujeres del jurado. Asiento, y los pocos nervios que sentía se dispersan —. Nombre completo, por favor.

  Sisa Aura Daquel Nerses.

 

 

»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«

 

Samin

 

Avanzamos detrás del sujeto que acaba de preguntarnos si éramos los acompañantes de la postulante, y después nos sentamos en las butacas de en medio. Trópico de Capricornio no es muy grande, pero en este momento hay tanta tensión en el ambiente por todo el asunto del examen, que me siento como en un enorme estadio.

Sisa está de pie frente al jurado: va a usar un violín clásico para el primer tema, y después tomará el blanco que tanto pesar provocó en mí al verlo en mis visiones.

Cada rasgo del presente está compuesto por el pasado y, a la vez, influye hasta en los más mínimos detalles del futuro. Si al final yo hubiera podido compartir la información que poseía sobre los planes de Berith y compañía, todo habría cambiado por completo: ella estaría aquí, con Alcides y Joan Maleri en el lugar que ocupábamos Amber y yo, con el violín azul que le obsequié y con Alen esperándola afuera, ya con la condición de desertor.

Pero todos mis esfuerzos habían sido en vano: los Aliters que podrían haberme ayudado cayeron en manos equivocadas, y mi plan de Transmisión onírica fue un fracaso.

Supongo que Seir tiene razón: hay cosas contra las que no podemos luchar.

Siento los dedos de Amber clavándose en mi brazo; vuelvo a enfocarme.

  Bien, son las seis y media en punto: iniciamos con el postulante número 34— pronuncia una mujer—. Nombre completo, por favor.

Sonrío levemente ante la mención de mi apellido humano.

  ¿Edad?

  18 años.

  ¿Instrumento? — pregunta otro.

  Violín.

Amber murmura que no deberían sonar tan intimidantes. Le respondo que es normal para ver si los postulantes resisten la presión.

  Pero qué desgraciados — comenta malhumorada. Suelto una leve carcajada.

La breve entrevista de la que ya había oído inició. Los jurados preguntan acerca de su rutina de ensayo, cuántos días a la semana toca el violín, por qué había decidido estudiar música; y cuando preguntaron si había artistas en la familia noté que se aturdió un poco.

  Mi…mi abuelo — respondió. Amber susurraba a mi lado “tranquila, tranquila”—. Era violinista.

  ¿La única referencia musical cercana la ha obtenido de él? — Sisa asintió.

Otro de los jurados tomó la palabra:

  ¿Estudios previos de música? — Ella respondió que solo aprendió con la batuta de su abuelo. El hombre se inclinó al oído de la mujer del costado. Claramente oí que le dijo “pasatiempo”.

Sonreí levemente: no, ellos no sabían la clase de maestro que había sido Alcides Maleri.

  Iniciaremos con El Nocturno para violín de Chopin, ¿de acuerdo? — anunció el jurado de mayor edad. Sisa asintió—. Por cierto — añadió, revisando los papeles que tenía en la mesa—, no recibimos el título de la pista libre con la que se presentará. ¿El motivo fue…?

  No tiene nombre. Es mía — respondió sin muchas vueltas. Varios miembros se mostraron ligeramente sorprendidos, pero después negaron sutilmente con la cabeza.

Sé lo que están pensando: solo ha practicado en casa, encima viene con una composición propia. Están subestimándola antes de haberla escuchado.

  Señorita Daquel, ¿está usted completamente segura de querer presentarse con una pista que le pertenece? — preguntó uno de los jurados, el que parecía el más joven—. No es como si a estas alturas pudiera cambiar de tema, pero aun así quisiéramos saber ¿qué la impulsó a decidir presentarse ante un examen tan difícil como el de Gaib Art, con una composición suya? Sabe que eso puede jugarle en contra, ¿verdad?

  Creo…— Se tomó unos segundos, tal vez pensando qué responder. Amber empezó a lastimarme el brazo de tanto que lo apretaba—. Es una canción que significa mucho para mí y…y creo que es apropiada para la ocasión.

  ¿La compuso usted por completo?

  Sí, con…con algunos arreglos de…de mi abuelo.

Escuché a algunos de los jurados comentar entre ellos que el asunto pintaba interesante.

  Bien, sin más que decir, iniciemos con su evaluación, señorita Daquel — dijo una de las mujeres, con una leve sonrisa—. Contará con el acompañamiento del maestro Holmes en el piano. Usted puede iniciar en el momento que mejor crea conveniente.

Un hombre de traje pasó a sentarse junto al piano de la esquina e inició sin siquiera decir nada. Definitivamente el movimiento era para comprobar si Sisa sabía exactamente en qué nota ingresar.

  Vamos, Sisa — murmuré. Ella tomó una discreta bocanada de aire e inició.

Vi los rostros de cada uno de los jurados analizando cuidadosamente los movimientos musicales. Escuché algo de vacilación en las notas: estaba temblando un poco.

  Es buena — oí que murmuró el hombre en el piano sin despegar la mirada de las teclas. Las notas en el violín empezaron a salir con mayor fluidez, ya sin los nervios del inicio. Recordé fugazmente las tardes que solíamos pasar Aniel y yo recostados sobre la alfombra, solo escuchando el violín de Albania cantar como si fuera el alma de la música misma.

Uno de los jurados se recostó sobre el respaldar de su asiento y se concentró solo en escuchar. Los puntos altos eran los más complicados por la precisión con la que debían ser ejecutados. El hombre en el piano elevó la mirada al escuchar los últimos movimientos en el violín. Se enfocó en Sisa, y casi pude sentir el leve interés que su técnica acababa de despertar en él.

  De acuerdo, señorita Daquel. Concluimos con la pista obligatoria y procederemos a iniciar con la de estilo libre. — Sisa asintió. La noté muy calmada—. ¿Quiere tomarse unos cuantos minutos? Según su cartilla de postulante, va a emplear un violín eléctrico para interpretarla, ¿verdad?

  Sí — respondió. Le pidieron que fuera por él, e iniciara cuando se sintiera lista.

  Es en estos momentos en los que quisiera tener mis antiguos poderes — me susurra Amber impaciente. Le pido que se relaje, pero solo consigo que empeore—. Samin, ¡¿y si no entra?! ¿No podríamos tratar de cambiar los resultados?

  Confía un poco más en ella — le respondo divertido—. Y a lo otro: no. Además, Sisa no estaría en paz consigo misma si alteramos los resultados.

  Pero ella no se enteraría.

  Eres la peor madre de la historia — murmuro mientras veo que Sisa hace una breve prueba con el violín blanco para comprobar si está afinado.

  ¿Madre? — me pregunta sorprendida. Pongo los ojos en blanco:

  Amber, sé perfectamente que la quieres como si fuera tu hija.

  ¿Pero una madre no busca siempre la felicidad de sus hijos?

  No, una madre busca que sus hijos obtengan su felicidad por sus “propios” medios — declaro en plan de molestar, y me gano un manotazo.

  De acuerdo, señorita Daquel, ¿está lista? — Volvemos la vista al frente ante la voz. Ella asiente—. ¿Nos dice que tiene una pista base?

  Es solo de acompañamiento — responde con tranquilidad.

«Hemos ensayado antes, Sisa, esto va a ser pan comido»

Sisa es buena en lo que hace y es evidente que va a obtener una vacante, pero aun así los nervios de Amber, (que está más loca que de costumbre) también me están afectando a mí.

  Bien, entonces iniciemos — le piden.

Casi por instinto busco la mano de Amber, la sujeto con fuerza y por un instante me siento extraño: hay temas mucho más importantes que un examen de ingreso, pero en este momento toda mi atención está al frente.

En esa chica de 18 años a la que voy a cuidar como si fuera mi vida.

  Adelante — susurro y la melodía inicia. La pista con efectos que he preparado resuena y entonces ella, sin vacilar, ingresa con suavidad.

Siento que la piel se me eriza cuando el violín resuena. La he escuchado millones de veces ensayar, pero ya de por sí el inicio es la clara muestra de que esta interpretación va a ser memorable.

Las notas explotan y el violín delicado se transforma en uno lleno de potencia. Veo su rostro concentrado en la melodía, observando al frente con seguridad, mientras sus dedos se mueven sin vacilar.

Los jurados la observan en completo silencio, pero desde aquí puedo ver los gestos sorprendidos de algunos. El estribillo inicia, las voces que he grabado acompañan a su violín y después el coro estalla casi con la fuerza del mar. Y a pesar de que ya no tengo la capacidad de alimentarme al contemplar expresiones artísticas, puedo sentirme colmado de energía.

La melodía sigue su curso. El hombre que la acompañó con el piano está ahí, a un lado, mientras mueve discretamente la punta de su zapato. Juraría que si pudiera sentarse en el piano a acompañarla lo haría sin dudarlo.

  Es muy buena — escucho un susurro: es el jurado de mayor edad. La mujer que está sentada a su lado asiente levemente mientras escribe algunas anotaciones en los papeles que trae consigo.

Cuento los segundos y espero el momento: los cambios veloces que tanto hemos ensayado están por llegar. Sisa baja el arco mientras los efectos sonoros que he agregado a la pista resuenan, y aprovecha para mover los dedos rápidamente, tratando de quitarles la tensión y darles un breve descanso.

Los segundos de respiro se evaporan; y Sisa Daquel ha decidido ausentarse para darle paso a toda la fuerza de Alcides Maleri. La parte más intensa de la canción es interpretada de manera magistral porque sé que ella, en este momento, está rindiéndole tributo a su abuelo.

Ya no queda nada del violín frágil y delicado: ahora es un violín rudo, desafiante y un tanto altanero. Algunos de los jurados sonríen levemente, porque es evidente que han encontrado a una estudiante de esas que aparecen cada dos décadas por lo menos.

  Por todas las creaciones hermosas del Todo, ¿qué es esto? — susurra Amber y escucho su voz entrecortada—. Samin, ¡es como si conversara con su abuelo! ¡Es ella de nuevo!

Entrelaza sus dedos con los míos, y me los aprieta con fuerza: comparto su emoción, porque yo estoy sintiendo exactamente lo mismo.

Esa chica que hace algunos días estaba sobre la cama, llorando, sin tener las fuerzas suficientes para salir adelante, ahora estaba ahí, volviendo a tocar el violín. Sisa ha decidido reconciliarse consigo misma, y no ha elegido mejor oportunidad que la prueba de ingreso para Gaib Art.

« Ya está mejor, Alen», pienso con orgullo.

 

 

»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«

 

Sisa

 

Yo no quiero princesas. Yo quiero heroínas.

 

La voz del abuelo resuena como si lo escuchara a través de parlantes. Recuerdo su voz, la voz de Joan, la de Alen, y comprendo que lo único que necesito para seguir adelante es saber que tuve la suerte de ser amada por ellos. Ya no estaban conmigo, pero me dejaban algo llamado recuerdos, y cada sonrisa, cada palabra de aliento, sería el mejor soporte para seguir adelante.

Los segundos que Samin me había otorgado en la pista para relajar los dedos aparecieron; recordé al abuelo diciendo cuán buena le parecía esa parte: su emoción, su orgullo.

» ¡Hija, esta canción es la prueba rotunda de que debes hacer música por todo lo que te resta de vida!

Lo haré.

De reojo veo a Amber sonriéndome, llena de alegría, y comprendo que no estoy sola. Nunca voy a estar sola, nunca.

Los tres minutos pasaron de manera lenta y veloz a la vez. Para cuando volví en mí, estaba ahí, parada frente a los quince miembros del jurado, con la respiración agitada y los ojos brillosos.

Me incliné levemente y salí del auditorio, conteniendo demasiadas emociones.

Loi aparece resplandeciente, con el atuendo que empleó para su rutina de estilo libre y prácticamente se lanza sobre mí. Tarek aparece detrás y después me toma por la cintura para hacerme girar con facilidad a pesar de su brazo inmóvil. Marcus se acerca sonriente, y me dice que no es necesario preguntar cómo me fue porque es evidente que muy bien.

  Gracias — le respondo más tranquila, porque después de las charlas que tuvimos con todos los implicados, comprendo que él solo va a ayudarme a mantenerme controlada en caso de que en algún momento no pueda hacerlo por mí misma.

Una chica de cabello rubio aparece junto a otro muchacho; Loi me los presenta con algo de vacilación, ocultando una juguetona sonrisa:

  Bellota, ellos son mis amigos de la escuela: Etel Franco y Tomas Gerdau. Vinieron desde Lirau a apoyarme. — Asiento y los dos me sonríen. Sé que es imposible, pero quiero creer que me recuerdan un poco—. Estábamos en otro salón, pero si hubiéramos estado juntos habríamos sido muy buenos amigos.

  Muy buenos — respondo con sinceridad. Etel me felicita, diciéndome que Loi no deja de repetir lo buena que soy en el violín y que debió presentarnos mucho antes si estábamos en la misma escuela. Tomas, por otro lado, menciona que tengo los ojos muy bonitos y se sorprende muchísimo al ver a Marcus porque son amigos desde hace un tiempo, y comenta que “el mundo es bastante pequeño”.

Si supiera que yo los presenté.

  ¡Vamos a cenar a un bonito lugar! — exclama Amber, llegando con Samin al lado que acaba de quitarse los lentes. Tomas y Etel lanzan un grito atroz, pasmados, al comprobar que se trata de JOBEY.

  Es complicado esto de iniciar de nuevo — me comenta Marcus divertido, mientras vamos rumbo al estacionamiento.

Suelto una leve carcajada. Hace muchísimo que no me río como ahora. Y cuando estoy ahí, escuchándolos hablar a todos, siento un extraño latido desde lo más profundo de mi cuerpo.

Hace un tiempo Loi vino a visitarme y me pidió que hablara. Quise responderle, pero el estado caótico de mis emociones me impedía hasta mover los labios.

El estado caótico…

Es eso: cuando guardas algo que no sabes cómo quitar de ti, de alguna forma u otra empieza a hacerse notar. El miedo, la angustia, la tristeza…

  ¿Sisa? — me preguntó Marcus. Me puse de pie, salí del restaurante y saqué el cofre que siempre traía en el bolsillo: cuando quería visitar a Joan y al abuelo desde aquí, Libiak, resultaba muy ventajoso tenerlo a la mano.

  Transporte — susurré mientras doblaba por una calle poco concurrida.

Lirau, Lirau, Lirau.

Abrí los ojos y me encontré nuevamente en aquel vecindario. A lo lejos veía la casa de Gisell: si no me equivoco la tía Ruth ha venido de visita. Ahora las cosas parecen marchar bien: tal vez la que no encajaba ahí era yo.

Giro y camino de frente. Distingo a la personita por la que he venido hasta aquí con su enorme pelota amarilla. Volteé de reojo: Marissa estaba en el umbral de la casa, charlando por celular.

Me acerqué; me miró con sus enormes ojos color avellana.

  ¿Mmm? ¿Sisy? oí. Sonreí, ligeramente sorprendida:

  ¿Aún me recuerdas, Naina?

  Mmm, me parece que nos hemos visto antes. Asentí brevemente: Samin ya me lo había dicho. La mente de los niños es la que más difícil resulta reconfigurar.

Supongo que en unas pocas semanas me olvidará definitivamente.

  ¿Sabes en dónde está Aly? Tragué despacio, algo alterada por su pregunta. Me arrodillé junto a ella—. Mami dice que no lo conoce, pero era mi hermanito. No regresó a casa.

Me quedé perpleja, oyendo su tonito lleno de dulzura.

  Yo…lo siento, no…

Me quedé muda, sin saber si era bueno o no seguir tocando el tema de Alen con ella.

  ¿Y por qué puedes escucharme? Aly podía hacerlo porque él era "especial"; casi como Abu.

  ¿Como Abu? ¿El conejo rumbero? — pregunté divertida.

  Abu era un conejo diferente a los otros conejos porque nació una tarde en la que el sol bailaba; es por eso que le gusta tanto hacerlo. Me sonrió enormemente—. Además, Aly tenía un secreto que ni mami ni papi sabían. Aunque ahora ellos dicen que no lo recuerdan.

  ¿Un secreto? — La miré con curiosidad.

Naina observó a todos lados, como para asegurarse de que nadie nos oyera:

  No se lo digas a nadie, ¿de acuerdo? — Lo prometí de corazón—. Aly tenía alas; y también el poder de sanar y revivir animalitos. Creo que era un ángel.

  ¿Él te lo dijo?

  No, pero a veces sueño que hay mucho fuego y entonces él aparece y me rescata. Me abraza y después saca sus alas, y nos vamos volando a ver las nubes.

Amali.

Naina tenía sueños en los que mezclaba algunas escenas de su vida anterior; y esta influía en su vida actual.

Es por eso que no hablaba.

  ¿Sabes? Yo también lo creo. Yo también creo que es un ángel.

  Tengo muchísima suerte, ¿verdad?Oí su voz rebosante de alegría. No todos tienen de hermanito a un ángel.

  Tienes razón concedí. Mencionó que yo también tenía muchísima suerte porque ser novia de uno sonaba a cuento de hadas—. ¿Novia? — repetí, tratando de no ponerme a llorar en frente de ella.

  Ustedes eran novios, ¿o no? Recuerdo que él sonreía siempre que hablaba de ti.

Corrió a recoger la pelota amarilla. En medio de sus pasitos gráciles, vi algo semejante a una esfera negra posada sobre su cuello, por la altura de la garganta.

Ahí está.

  Naina, ven aquí.

Se acercó con curiosidad. Le pregunté qué era lo que traía en el cuello, y me respondió con una risita que no había nada.

Traté de tocar la esfera, pero la atravesé: parecía estar hecha de humo concentrado.

  ¿Sisy?

  Naina. — Elevé la mirada: ¿Por qué no dejas que escuchemos tu voz?

Los ojos avellana me observaron un tanto sorprendidos.

  Es que...

  ¿Sí?

  ...no puedo.

Me puse de pie; sentí que los dedos me quemaron.

  ¿Sisy?

Apoyé una mano sobre su cabeza, casi por impulso, y después llevé los dedos que me quemaban hacia la esfera incorpórea. Desvanecer.

Hay que desvanecer el seguro que ha capturado su voz. Con terapias podría recobrarla, pero si puedo acelerar el proceso entonces bienvenido sea.

Tuve una visión mientras los ojos de Naina me observaban: la vi, algo más grande, viviendo en una casita rústica por las afueras de un pueblo. Retuve la respiración cuando la encontré sentada frente a un enorme lago, solo para ponerse de pie y correr cuando algo parecido a un ave inmensa cayó en picado hasta el agua, y levantó grandes oleajes por la fuerza del impacto.

Alen...

» ¿Qué es eso enorme de allá arriba?

» Es la luna

» ¿Es un agujero?

» ¿Un agujero? Mmm, no lo sé. Mi abuelita dice que es una roca enorme que papá Dios puso en el cielo para que nos ilumine por la noche.

Volví al presente de manera brusca, y cerré los dedos en torno a la esfera oscura hasta sentir que el humo se disolvía por completo. Naina abrió los ojos con fuerza. Por un momento se quedó con la mirada perdida, pero no me alarmé. Sabía que eso era normal.

Y ahora...           

  Déjala salir — le pedí.

  ¿Sisy? — me dijo, y admití que por lo menos para algo había servido lo que guardaba aquí dentro.

Escuché a Marissa percatándose de mi charla con Naina y se acercó, tal vez asustada al ver a su hija en compañía de una “extraña. Antes de que preguntara algo, avancé sin decir nada cuando me miró a los ojos desconcertada, y después la escuché gritar, conmocionada, cuando Naina le dijo “mami” en voz alta.

  Niña, ¡niña! — me llamó, pero avancé y aceleré el paso, evitando ver atrás—. ¡ESPERA, NIÑA!

Corrí con fuerza y me perdí por la esquina de la calle. Saqué el cofre de Amber y retorné a Libiak.

  Naina…Naina ya recobró el habla, Alen — le murmuré al cielo. Casi pude escuchar el ulular lejano, lleno de alegría.

Y en dos días estuve de regreso nuevamente, solo para darme el obsequio que me merecía después de recibir el e-mail que Loi también recibió.

Me transporté y aparecí sobre el último piso metálico de aquella antena de telecomunicaciones. Aspiré el aire puro y sonreí, observando al sol ocultarse al frente, en la inmensidad del mar.

Ya se va a dormir.

» Escúchame, Bellota — recordé al cerrar los ojos con fuerza—.  Voy a echarte un poco de “polvo de hadas” …

Veo a la chica mirar con sorpresa al chico que tiene al sol en los ojos; y es que, que te obsequien un paseo por el cielo, no es algo que se vea todos los días.

¿Cómo no me di cuenta? Para ese entonces yo ya lo quería.

Desde siempre, en realidad.

El atardecer de color naranja intenso iba cubriendo todo el firmamento. Allá abajo todos parecían pequeños puntitos de colores.

  ¿Por qué aún lo intentas? escucho. Es otra vez la voz: veo el ojo violeta y el otro escarlata. La cosa me sonríe con malicia—: Tú no eres humana, deja de intentar serlo.

» Enciende la luz, boba preciosa.

Me enfoco en la luz del sol que ya se va, y veo la sonrisa quebrarse, incluso los ojos mirarme asustados. La cosa amorfa retrocede, vuelve a esconderse, y entonces la que sonríe ahora soy yo.

Voy a encender la luz así que deja de intentar amedrentarme. Y cuando entiendas que no puedes utilizarme, vamos a recolectar cada una de las piezas que componen su alma. Vamos a buscarlo por las nueve vidas en las que fue esparcido, y me encargaré de encender la luz de manera definitiva.

Porque el sol era mío, y solo yo podía salvarlo.

» Confía en mí…Sisa Daquel me dice el viento, y asiento. Lloro una vez más, al recordarlo, pero ya no es solo de tristeza, ahora también es de felicidad…

…porque acabo de reencontrarme conmigo misma.

  Vuelo — susurro.

Y me dejo caer al vacío.


 


 

Naberius

 

 

 

  No puedo creer que hayamos tenido a Qinaya en nuestras manos ¡y no hayamos conseguido absolutamente nada! — gritó Esquiz. Le pedí que se relajara un poco porque me estresaba de sobremanera tenerlo de aquí para allá, gritando como un loco—. ¡DEBIMOS MATARLO!

Suelto una leve carcajada. Berith, al lado, eleva una ceja igual de divertido que yo.

  ¿Matar a un Drol? — replica con mofa—. ¿Es que la locura como tu especialidad ya te está afectando, Esquiz? ¡Mata a un Drol y grítale a los Kharis todos nuestros planes de una buena vez! Eso sin contar todo el desequilibrio que produciríamos y que tal vez no sabríamos manejar. ¡No seas tan imbécil, por favor! En este momento nos conviene ser discretos; tener una lucha nuevamente con los Phaxsi nos dejaría en desventaja.

  Por ahora no quiero volver a encontrarme con ninguno de ellos — añade Andrax. Nosotros, demonios, tenemos el poder de restablecer nuestros miembros y curarnos por nosotros mismos; pero si la espada de un Phaxsi te ataca, la herida nunca cierra y en este caso el brazo de Andrax jamás volvería.

Voso aparece en su forma original. Niega con la cabeza y anuncia que Drol Qinaya acaba de retornar a sus aposentos y está más protegido que nunca.

  Iré a ver cómo están las cosas por allá — anuncio y me pongo de pie porque no veo a Nhyna desde hace un buen rato, y aunque sé que no haría nada en nuestra contra me preocupa que pase demasiado tiempo a solas con él —. Por cierto, estaba pensando que a lo mejor podríamos intentar contactarnos con alguien que sepa emplear Li-kay.

  ¿Li-kay? ¿Y eso por qué, Naberius? — me pregunta Voso.

  Abdiel era uno de los mejores empleándolo. A lo mejor todo esto del Sello de Sueño tiene algo que ver con ello.

  Los conocimientos de Li-kay suelen ser poco comunes entre los nuestros, Naberius—me dice Berith fastidiado—. Lo único que quedaría es secuestrar a algún ángel que sepa hacerlo.

  Olvida mi sugerencia — rebato con serenidad. Aún no estábamos lo suficientemente preparados como para seguir los pasos de los primeros hermanos rebeldes al completo.

El secuestro de ángeles para intentar hacer el prototipo ideal de nuestra Madre e Hija fue una idea brillante, y con el sacrificio de algunos hermanos nuestros que se entregaron voluntariamente, dispuestos a formar parte de los ensayos, es que se logró llegar al objetivo; pero habían sido décadas de planeamientos. Había sido un trabajo magistral, colaboración pura, y de eso había brotado la más hermosa de las creaciones.

Ah, en este momento ella debe estar con Nanael; en su forma humana pero aun así ella.

Cómo lo envidio.

Toc toc

  ¿Nhyna? — llamo a la puerta; no obtengo respuesta—. Nhyna.

Empujo las puertas de roble; la habitación que ha acondicionado para Aniel aún me parece una pérdida de espacio, tiempo y esfuerzo. Posee un estilo exquisito de suntuosidad que cualquiera apreciaría; pero él, en su estado actual, no puede hacerlo.

Recorro con la mirada la enorme estancia adornada casi para ser la morada de un príncipe, y cuando llego a posar mis ojos al frente, la encuentro.

  ¿Por qué no contestas? — le pregunto.

Hay un enorme lecho en el centro de la habitación y sobre él reposa el cuerpo de Aniel. Está igual que ayer, antes de ayer, y hace varias semanas. Trae el gesto relajado y respira tan silenciosamente que uno podría pensar que está muerto.

Nhyna está al lado, recostada a su lado mientras lo contempla como si fuera el Todo mismo. La llamo nuevamente pero como permanece en silencio, compruebo que está en otro de sus momentos de éxtasis: aún no cree que lo tenga a su lado, es casi un sueño para ella. Me parece sumamente curioso que solo teniéndolo al lado, dormido como un muerto, ella ya sea feliz.

La he visto hablándole al oído, acariciando su cabello e inclusive besándolo a pesar de saber que no va a obtener respuesta.

Todo lo que hace es quedarse a su lado, observándolo maravillada.

  Mi señor — oigo. Giro y me encuentro a uno de los miembros de las tropas de Gaap. Los vestigios de su antigua alma humana resultan grotescos inclusive para mí que soy un demonio. Los humanos que llegan a formar parte de nuestras tropas son horrendos: sus cuerpos se consumen a medida que pasan los años y terminan adquiriendo formas un tanto repulsivas.

  ¿Qué sucede? — le pregunto.

  Los señores requieren de su presencia en el vestíbulo. Hay…— Toma una gran bocanada de aire. Me pregunto para qué si igual no respira—. Hay un invitado que parece ser…importante.

  De acuerdo, gracias. — Se va. Giro y llamo a Nhyna; sigo sin obtener respuesta alguna.

  Naberius, tenemos un invitado — dice Berith ingresando a la estancia—. ¿Qué mierda...? ¡Nhyna, ¿otra vez aquí?!

  Déjame en paz, Berith. Y no grites tanto, está descansando — profiere disgustada.

  Aniel está prácticamente muerto, estúpida. Deja de cuidarlo como si...

  ¡Cállate, imbécil! — exclama y el espejo del techo se hace trizas ante su grito. Los pedazos están por caer sobre el lecho, pero Nhyna lo cubre con su cuerpo y automáticamente una capa rojiza aparece y los restos rebotan solo para volver a unirse y retornar.

Aquí no pasó nada.

  Está loca — me dice Berith cuando ella se reincorpora y besa los labios dormidos. Sonríe y después le susurra: “Dulces sueños, amor”; tal y como hace siempre que va a dejarlo solo.

¿Acaso ese no fue el último mensaje que nuestra Madre e Hija le dedicó?

En fin, nadie entiende a Nhyna.

  ¿Qué pasa? — indago mientras nos dirigimos hacia el vestíbulo.

  Hay un errante que ha venido a vernos. Le ha costado trabajo contactarse con nosotros, pero parece que tiene información útil.

  ¿Podrá despertar a Forgeso? — inquiere Nhyna ansiosa.

Los ojos le brillan, los labios le tiemblan de emoción. Berith resopla:

  En primer lugar, cariño, lo que tenemos ahí ya no es Forgeso, ¿entendido? Tenemos a un caído que respondía al nombre de Aniel, así que empieza a comprender las cosas. Por otro lado, no lo sé, llegó con parte de las tropas de Esquiz y dice que tiene información que podría sernos de utilidad.

Cruzamos el último pasillo e ingresamos al vestíbulo. En medio veo la figura de un hombre con la cabeza rapada y algo de barba.

Ha cambiado de apariencia, pero no es difícil reconocerlo.

  Viggo — pronuncio acercándome. Él eleva la mirada porque está sentado algo temeroso bajo las miradas de Esquiz y Andrax, y después se pone de pie con algo de temor.

  Na-Naberius.

  Vaya, vaya, ¡a quién tenemos por aquí! — comenta Berith soltando una carcajada. Viggo se encoje y observa discretamente alrededor: probablemente buscando una salida en caso de emergencia—. Uno de los pocos errantes que no ha escogido un nombre humano. ¿Qué haces aquí?

  Buscaste ponerte en contacto con parte de mis tropas — agregó Esquiz —. Espero que sea por una buena causa o si no nos encargaremos de llamar en este momento a Somak.

  ¡No! ¡Un momento! — exclamó y retrocedió, asustado—. Me…me dijeron que estaban buscando información y yo…yo…

  Tranquilo, nadie va a llamar al magistrado de tu anunciación — añado yo para tranquilizarlo un poco—. Ha venido por sus propios medios así que no tenemos por qué resultar tan poco amables.

Viggo me mira, pidiéndome que mantenga mi palabra y asiento.

Hasta ahora no me ha tocado ser magistrado de ninguna anunciación, pero dicen que cuando sucede las ansias por matar al nuevo errante son casi instintivas.

  ¿Y bien? ¿Qué sucede, Viggo? — preguntó Esquiz—. Sé veloz porque la presencia de un errante siempre me provoca náuseas.

  Yo…yo he escuchado algunos…algunos rumores… ¿Es cierto que si les proporciono información útil sobre cómo quebrar un Sello de sueño puedo pedir lo que quiera?

  ¡Por el Todo, ¿has venido solo a preguntar eso?! — profirió Andrax aburrido.

Me puse en medio cuando noté sus planes de lanzarse contra él.

Es por todo esto que dicen que los demonios somos poco civilizados.

  Así es, Viggo. Los rumores son ciertos, pero queremos que por ahora circulen con la mayor discreción posible — expliqué con tranquilidad—. Contamos con el poder de nueve demonios así que lo que pidas, mientras esté al alcance de nuestras manos, se te será concedido.

  ¿Al…al alcance? — Asentí—. ¿Y…? ¿Y si pidiera que el magistrado de mi anunciación dejara de… perseguirme?

  ¡Pero qué tenemos aquí! ¡A un maldito cobarde que quiere pedir…!

  Silencio, Berith — ordeno —. Si eso es lo que pides podría serte cumplido si realmente nos das información valiosa, Viggo.

A mi lado Nhyna no deja de golpetear el suelo con la punta de sus tacones. Está ansiosa; a decir verdad todos lo están. Aún sigo preguntándome qué rayos pudo haber hecho Abdiel para lograr dormir de manera tan profunda a Aniel, que ni siquiera contando con los poderes de Drol Qinaya pudimos despertarlo.

  Yo…yo tengo…tengo contactos…—inició Viggo.

  ¿Contactos? — ladró Andrax con fiereza—. ¿Qué clase de contactos?

  Tengo…tengo conmigo a un calehim…

  ¿A un calehim? preguntó Nhyna desconcertada.

Berith soltó un bufido: dijo que Viggo estaba aquí por las puras. Le pedí que aguardara.

  ¿Qué clase de calehim?

Viggo tragó despacio y después se irguió, con más seguridad.

  Es un antiguo arcángel. Y su especialidad era el sueño. — Un arcángel —. Hablé con ella acerca de esto, y mencionó que a lo mejor el Sello de sueño no podía quebrarse porque tenía un vigía interior.

  ¿Cómo? — exclamaron todos sorprendidos.

¿Un vigía? ¿Un vigía interior?

  ¿Ella podría quebrarlo? — le preguntó Nhyna; pude sentir su emoción—. ¿Crees que podría…?

  Yo…yo no lo sé. Pero si con eso me juran que Somak va a dejar de perseguirme puedo pedírselo. Ella… ¡ella haría lo que sea por mí! — exclamó casi eufórico.

  Tráela — ordenó Andrax—. Tráela ahora mismo.

Viggo desapareció. Nhyna volteó a verme, esperanzada:

  Naberius, ¿crees que…?

  No lo sé, pero por lo menos ya tenemos un primer paso.

Un Sello de sueño con vigía: nadie sabía el paradero de Abdiel…

Tal vez la solución sencillamente recaía en ingresar a la mente de Aniel, y matar al que estaba custodiando su sueño que, por todas las luces, parecía ser Abdiel.

Claro, ¡cómo no se me ocurrió!

Sello de sueño con vigía…

Listo, ya estaba casi arreglado.



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