Noches de insomnio | Capítulo Final: Noche XXX
Capítulo Final | NOCHE XXX
Kiran
— ¿Dónde está Viggo? Lo llevo llamando desde hace horas y
no viene.
— ¿Y por qué asumes que yo lo sé? —
explico sin despegar mi mirada del cielo nocturno humano.
Me gusta venir a este edificio y
sentarme en el borde; la paz es infinita.
Raven me observa con gesto de pocos
amigos en su pequeño rostro. El cabello rojizo ensortijado y el vestido le dan
la apariencia de una niña, pero posee el maldito humor de una víbora.
— Tranquila, ya vendrá. Probablemente
está por ahí, cogiéndose a otra mujer humana, o a lo mejor esta vez a un
hombre, quién sabe.
— ¡Cierra la boca, bastardo! — me espeta
enfurecida.
— ¿Qué pasa, Raven? ¿Crees que estoy
mintiendo? — replico con burla. Sus ojos felinos me observan con rencor—. Por
si no lo recuerdas, los que son como yo no podemos mentir: Viggo debe estar por
ahí, divirtiéndose de lo lindo con algún humano. Es viernes, sabes que le
gustan mucho los fines de semana.
— ¡Maldito errante! — vocifera.
— Estúpida calehim, ¿en realidad crees que Viggo va a dejar atrás sus placeres
carnales por ti?
Me revienta que crea que siempre sé en
dónde está su asqueroso novio, o bueno, si es que puede llamársele novio, cuando
realidad vive buscando a otros para conseguir el placer que no consigue con
ella.
La escucho apretar los dientes con
fuerza, y después los tacones de sus zapatitos con correa.
Quiere golpearme.
— ¡Alto, muñeca! — La tomo por el brazo y
aprovecho el momento para aspirar el aroma de su cabello: maligna calehim, huele a fresas y podría tener a
cualquier ser que deseara a sus pies. Pero la idiota quiere al único errante
que se despojó de su naturaleza demoníaca solo para evitar firmar contratos, y
tener tropas a su mando porque le parecía “demasiado trabajo”.
Viggo ni siquiera se ha molestado en
adquirir un nombre humano. Mantiene su nombre como duque demonio y con ello una
especie de inestabilidad emocional con respecto a lo que desea.
— Suéltame, Kiran, o te juro que te
arranco lo que traes entre las piernas — advierte con voz chillona.
Suelto una carcajada: niña idiota. Si
supiera…
— Eh, eh, ¿qué está pasando aquí? —
oímos. Suelto a Raven y al girar nos topamos con Viggo: qué sorpresa, no está
ebrio.
Mmm, ¿y ahora qué ha pasado? Para que
haya cambiado de apariencia es porque algo nuevo ha sucedido.
— Me voy por unos instantes ¿y ya estás
coqueteando con mi mujer, Kiran? — me pregunta. Trae la cabeza rapada al
completo y algo de barba.
— No gracias, no como las sobras de otros
— respondo. Raven me observa indignada, solo para después correr a los brazos
del imbécil de Viggo, y exigirle un beso con los ademanes de una niña
caprichosa y melindrosa.
Él pone los ojos en blanco y se inclina
para entregarle el roce más indiferente de la historia, pero ella parece no
notarlo. Los ojos le brillan y con esa mísera caricia va a ser feliz por lo
menos hasta el próximo mes.
Aun no comprendo cómo es que ella, un
antiguo arcángel, haya caído en los brazos de un errante como él.
— ¿En dónde estabas? — le pregunta ella
con curiosidad.
— Escuché un par de rumores y me
entretuve buscando mayor información al respecto — nos explicó mientras
bajábamos al bar de Ulises. Entre las calles repletas de publicidad humana
reconocí el rostro de JOBEY. A veces me pregunto por qué demonios un ángel como
Nanael tiene la condición de calehim. Decían
que sería la cabeza de los Phaxsi en
un futuro; no sé qué demonios pasó con él que terminó siendo castigado.
Aunque para ahora ya nada me sorprende.
Por aquí tengo a una estúpida ex arcángel que fue sentenciada por enamorarse y
proteger a un errante, y a ese mismo errante viviendo como humano para evadir
las pocas responsabilidades que uno tiene como demonio.
Y bueno, aquí estoy yo, que renuncié a
mi existencia original por motivos que prefiero no recordar.
— ¿Rumores, amor? — preguntó ella
mientras tomábamos asiento en el bar. Ulises sabe de nosotros; no es necesario
ya manipular su mente para que nos sirva todo lo que queremos—. ¿Rumores sobre
qué?
— Dicen que Jilawi ha anunciado algo
fantástico para cualquier criatura — nos dice mientras abre la botella de
vodka. Me sirve un vaso enorme que termino de buena gana: benditos los humanos
que lo crearon.
— ¿Jilawi? — pregunté confundido.
— ¿Jilawi es ese marqués demonio que
otorga la velocidad a quien lo pida? — pregunta Raven.
— Ese mismo, mi vida — le responde Viggo
observando de reojo a la humana de cabello oscuro que pasa junto a nosotros.
Veo que le sonríe seductoramente, y le indica que estará en la mesa del fondo:
Raven no se da ni cuenta de que el imbécil acaba de encontrar a su diversión de
esta noche—. Jilawi tiene la capacidad de acelerar lo que sea; puede quebrar
muchos protocolos que Drol Kohn ha estipulado para el tiempo después de un buen
pago, claro — añade bebiéndose su vaso—.
Dicen que ha ofrecido, a quien quiera que lo invoque, lo que desee
mientras le diga cómo romper un Sello de sueño.
— ¿Y por qué están tan seguros de que no
es un plan para matarnos ni bien lo invoquemos? Los demonios nos odian, Viggo.
Para ellos los errantes somos los seres más repugnantes que pueden existir. Aún
me pone algo nervioso encontrarme con Esquiz.
Había sido el magistrado de mi
anunciación y había jurado matarme la próxima vez que me viera.
Para mi buena suerte no he tenido el
placer de encontrarme con él nuevamente.
— No es un rumor a todas voces, Kiran:
está circulando de manera discreta. Muchos desertores y errantes arrepentidos
por su decisión están tomando interés con respecto al asunto. Además, aseguran
que en realidad Jilawi no está trabajando solo; dicen que hay ocho más con él.
Que hubo una batalla hace unos días, que Andrax perdió el brazo en ella.
Eso sí lo sabía.
Todo el mundo estaba preguntándose por
qué el demonio encargado de la discordia había perdido un miembro si ahora ya
casi ni había trifulcas. Viggo observó a todos lados y se inclinó sobre la mesa
para verme a los ojos—: Dicen que la lucha fue con algunos Phaxsi— me confesó.
— ¿Los Phaxsi? — le pregunté confundido. ¿Por qué sucedería algo así?
Es decir, los Phaxsi solo atacan a los ángeles que han perdido la cordura, no
tendrían por qué atacar a demonios.
— Kiran, algo muy extraño está
sucediendo. Eso sin contar la enorme energía que se sintió por el otro lado del
planeta hace unos días. Algo me hace pensar que fue el mismo día que Andrax
perdió el brazo. — Raven parpadeaba, como buscando el momento adecuado para
ingresar a la conversación—. Dicen que Naberius también está involucrado en el
asunto. Nadie desconfía de Naberius; es uno de los más nobles entre los
nuestros.
— Espera, ¿dijiste que están buscando
cómo romper un Sello de sueño? — Viggo asintió—. ¿Y de cuándo aquí los sellos
de sueño son difíciles de romper?
— Yo qué sé, Kiran, eso es lo que he
oído. Inclusive dicen que si les das información que valga la pena pueden hasta
otorgarte el beneficio del perdón. Seas el ser que seas y hayas sido exiliado
de tu lugar de origen.
— ¿Beneficio del perdón? — pregunta Raven
confundida—. ¿A qué te refieres con eso?
— Pues por lo poco que pude averiguar,
dicen que Jilawi ha jurado que aquel que le proporcione la información
necesaria para romper un Sello de sueño, tendrá un pase directo a dónde sea que
pertenezca y sin ningún tipo de obstáculo. Por ejemplo, tú, Raven querida: a lo
mejor si brindaras información importante para quebrar ese sello, podrías
retornar con los tuyos y tu sentencia como calehim
en este mundo estaría saldada.
— ¿Mi…mi sentencia saldada? — balbuceó
sorprendida.
La sentencia de Raven dictaminaba 300
vidas vividas como humano.
Apenas iba en la 90 así que sería
ahorrarse 210 vidas.
— Tenías ciertos poderes ligados al
sueño, ¿o no, amor? Inclusive mantenías cierta comunicación con Qinaya. — Raven
frunció los labios, no muy convencida—. No sé, podrías intentar hacer algo, ¿no
crees? Dejarías de llamarte Raven para volver a ser denominada como Theliel.
— Pero yo no quiero volver, Viggo —
replicó mirándolo con fervor—. Yo quiero quedarme contigo. Es por eso que
planeaba pedir la audiencia para anunciar mi deseo de convertirme en desertor.
— ¡¿Otra vez con eso?! — exclama él con
rudeza. Raven se encoje:
— Pe-pero no entiendo por qué siempre te
enfadas. — Me sirvo otro vaso y finjo observar a otra parte: Raven es fuerte,
pero con este idiota siempre es tan patética —. Creí…creí que ambos no podíamos
vivir el uno sin el otro.
— Amor, ¡amor, no llores! — Y la tomó por
las mejillas. Me bebí el vodka de un tiro:
¿cómo puede creerle? —. Escucha,
¿crees que me gusta verte aquí, conviviendo con humanos cuando a ustedes les
duele tanto ver las injusticias de este mundo? Preferiría miles de veces verte
con tu naturaleza original restablecida que aquí, conmigo, y sufriendo
emocionalmente.
— ¡Pero es que yo no sufr…!
— Chsst, basta, vamos a dejar ahí la
conversación, ¿sí? — Vaya, nosotros no podemos mentir, pero es increíble cómo
él emplea ciertas palabras para ocultar otras—. Es viernes y no quiero pelear
por tonterías. En seguida vuelvo.
Viggo se pone de pie; Raven baja la
mirada: ya no sé si a propósito, porque justamente el imbécil se larga
directamente a la mesa de la humana que lo saludó.
Los veo a ambos perderse por uno de los
pasillos que conducen a los sanitarios.
— Él tiene razón — digo cuando la banda
que va a tocar hoy en el pequeño escenario del bar va encendiendo los
instrumentos.
Raven me observa:
— ¿De qué hablas?
— Este mundo no es para ti, Raven.
— Pero…pero yo escuché de un calehim que estaba por convertirse en
desertor hace poco — me comentó con anhelo—. Dicen que estaba condenado a vivir
buscando las letras de su nombre, pero al final decidió presentarse ante la
audiencia porque se enamoró de una humana y estaba dispuesto a vivir con ella
aquí, en su mundo, y seguirla vida tras vida.
El vocalista saluda al público y
después la música inicia.
— Raven, la diferencia tal vez radica en
que ese calehim y esa humana se
amaban.
— No veo la diferencia — me dice con
serenidad—. Lo que Viggo y yo tenemos…
— Lo que Viggo y tú tienen es un amor
unilateral, niña. Empieza a meterte eso en la cabeza, por favor.
Me pongo de pie y me voy hasta la zona
en la que todos los humanos bailan al ritmo de la música. ¿Por qué demonios uno
siempre escoge al compañero equivocado? Esta loca siempre va a amar al idiota
de Viggo, así sepa que no es bueno para ella.
Me pregunto qué habrá detrás de todo
eso del beneficio del perdón. ¿Para qué querrían quebrar un sello de sueño?
Al diablo, ni siquiera me interesa. Yo
no quiero volver a ser demonio completo. Además, mientras Raven permanezca aquí
yo estaría tras ella.
Bien, tal vez el imbécil no es Viggo
después de todo…
El imbécil soy yo.
»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«
Hethos
El cielo sigue con el mismo tono del
color de los ojos de la niña. Mientras siga así, no tengo por qué preocuparme.
Hace un par de días Gaap había enviado
a una de sus tropas, dispuesto a quebrar el Sello de sueño. No fue demasiado
complicado deshacerme de ellos: Uriel ya había previsto todos estos ataques así
que estaba preparado para todo.
Aun así, el día que capturaran a Drol
Qinaya aún no llegaba y ese era el que me estaba preocupando.
Una enorme pelota amarilla pasó dando
tumbos frente a mí sobre los prados extensos de este mundo, y las risas de
aquella niña, Naina, acompañaban el movimiento. Alen tiene muchísimos recuerdos
que la involucran: podría hasta afirmar que cierto lado paternal se ha empezado
a desarrollar por ella.
Es más humano de lo que pensaba.
Elevo la mirada, en alerta, cuando
escucho un ulular: lo observo en su forma original, reposando sobre una inmensa
nube, y compruebo que solo está hablando entre sueños.
Está llamando a la Origin…a Sisa, a
Sisa (debo recordar eso, sí, sí). Mientras piense en ella, la reconfiguración
de su identidad va a ser muy complicado. En cierta oportunidad el bosque de
allá atrás empezó a secarse, lo que sin duda era un indicio de que algún
demonio estaba intentando rediseñar el interior. Pensé que tendría que hacer
uso de algún cántico para detener todo el cambio, pero de la nada una melodía
en violín resonó con fuerza y milagrosamente empezó a llover. Las hojas
volvieron a adquirir sus tonos frescos.
Nunca he visto a alguien aferrarse a
memorias tanto como Alen. Él mismo lucha para evitar que su esencia se
corrompa, y la defensa más eficaz que ha encontrado son los recuerdos que tiene
con la Origin…la niña, la niña.
» Te quiero — oigo de pronto: es la voz de la niña.
» Yo más, amor…yo más. — De acuerdo, esa es la voz de Alen.
Me encrespo tan solo al escuchar las palabras, porque es evidente
que el recuerdo es un tanto íntimo. Pasa frente a mis ojos algo de niebla
plateada, y en ella veo a la niña y a Alen compartiendo un bes…
—
Bien, basta por hoy — me
digo en voz alta y corro todo lo que puedo en sentido contrario. Alen está
descansando sin problemas, y tal vez yo también deba reposar algo.
Me pierdo entre el bosque de pinos que tiene violines y relojes
plantados por doquier, y cuando me recuesto bajo un árbol suelto un bostezo
que, por mi figura original, suena a rugido. Me estiro un poco y después
reclino la cabeza sobre mis extremidades.
» ¡HETHOS! ¡MIRA LO QUE
TENGO AQUÍ! — alguien
grita en medio de otro recuerdo: reconozco la voz de Seir al instante. Abro los
ojos y volteo en varias direcciones, buscando de dónde provien… ¡Ah, ya! Viene
de allá.
Por el lado derecho hay algo parecido a una pequeña catarata, y en
ella veo el reflejo de Seir:
» ¡¿Por qué gritas?! — le replico en mi forma humana. Sonrío
levemente cuando recuerdo ese momento: es en la octava vida, mi morada solía
ser una casa abandonada.
Distingo a Alen en medio del recuerdo proyectado en el agua: está
sentado a un lado y observa a Seir con expresión curiosa.
» Encontré este simpático
libro y…
» ¿De dónde lo sacaste? — le pregunta; él responde que de una librería—. ¡Tarek, ya te he dicho que robar está mal!
»
¡No lo he robado, solo lo tomé prestado! Además, ni siquiera vamos a dañarlo.
Miren, se llama “Nombres de ángeles y demonios” ¡y tiene ilustraciones!
»
¿Y eso qué? — replica
él sin comprender.
»
Veamos, veamos, veam… ¡aquí está! ¡Miren! Abdiel, o sea tú, Hethos. —
Suelto una carcajada al recordar aquel día. ¡Por todas las creaciones!,
Seir siempre tenía alguna sandez con la que salir—. Dice que se te puede invocar los miércoles, a las cinco de la tarde, y
que debemos dejarte una vela con aroma a margaritas para relajarte.
Me veo a mí mismo resoplar aburrido y
fingir que no lo escucho.
»
Bueno, lo de la vela a lo mejor sea cierto —
comenta Alen con interés—. Te gusta
el aroma de las margaritas, ¿verdad, Hethos?
»
Lo extraño es que en la ilustración sales más guapo de lo que en realidad er…
»
¡LARGO!
Suelto algunas carcajadas: ¡vaya par de
niños con los que tuve que convivir! Vuelvo a recostarme, dispuesto a
descansar, y escucho el ulular nuevamente.
Solo que esta vez me está hablando.
— Hethos,
¡Hethos!
— Te estoy escuchando, Alen — respondo
sin abrir los ojos y conteniendo un bostezo.
— ¿Cuánto
tiempo ha pasado?
— Su voz suena dejando eco. El aire se siente helado: nuevamente está triste, y
cada una de sus emociones influyen en el clima.
— No puedo responder esa pregunta con
exactitud.
Me acurruco y trato de descansar un
poco yo también.
— ¿Cómo
estará Sis…?
— ¿Quieres dejarme dormir? ¡Esa es la
única pregunta que me has hecho desde que estamos aquí! — replico ligeramente
fastidiado. La enorme pelota amarilla cruza el espacio y me golpea con suavidad
en la cabeza.
Cielos, voy a volverme loco en este
mundo tan extraño.
Nos quedamos en silencio, pero siento
el ambiente algo tenso: de acuerdo, de acuerdo, algo lo está agobiando.
— Ya, ¿qué sucede? — le pregunto porque sino
no hablará, y todo el clima aquí seguirá siendo una calamidad.
— Está
llorando —
responde y el cielo se oscurece. Le pregunto que cómo demonios puede saber eso,
y me dice que es su custodio: el lazo que los une es increíblemente sensible—. Está muy triste. — Magistral: ahora
inclusive caen truenos—. Hethos, Sisa
está llorando y yo no estoy con ella.
Una lluvia feroz se desata: tengo que
buscar un lugar en el que cobijarme.
— Quisiera sonar más alentador, pero lo
único que puedo decirte es que solo nos queda esperar. No podemos hacer nada —
le respondo mientras me refugio en una cueva: también hace frío aquí, pero por
lo menos no me mojaré.
— ¿No…?
¿No crees que haya algún modo —ya, ya empezamos — de
comunicarme con ell…?
— ¡Alen! ¡En este momento no podemos
hacer nada de eso! — replico con
severidad—. Escucha, Nanael y Seir están con tu niña, así que tranquilízate un
poco. Si está triste, pues en algún momento lo superará, y si me dejaras
descansar relajándote un poco porque el clima de aquí cada vez es peor, ¡te lo
agradecería infinitamente!
Ya, listo, ¡se lo dije! Sé que está
preocupado por la niña, pero tiene que asimilar que por ahora nuestro papel se
reduce al de esperar.
Aguardo su respuesta por unos segundos
que se transforman en minutos, en horas tal vez. No, creo que ya han pasado
días…
— ¡Ya! — grito al cuarto o quinto día. He
pasado por todos los prados que conozco de este mundo y no ha vuelto a hablar—.
Alen, ya, ¿qué demonios quieres que haga? ¿Transmisión onírica? Solo te
recuerdo que tu niña no sueña.
El ave cruza el firmamento: ya, por fin
se está dejando ver. La canción en violín que escucho por horas resuena en la
parte posterior, cerca al bosque de violines y relojes.
— ¿Hay
forma alguna de poder decirle algo?
— Mmm, si no es por Transmisión onírica no
se me ocurre ninguna otra. — Suelta un suspiro desalentado, y yo un resoplido
al confirmar que la única manera de mejorar las cosas por aquí es acceder a su
petición—. Escucha, tal vez pueda enviar un mensaje con el viento; pero tengo
que pensar cómo pedirle ayuda a Drol Asirb. Estando aquí el comunicarse con el
exterior es mucho más complicado.
— ¿Podrás
hacerlo? — Suena
un tanto ilusionado. Frunzo el ceño cuando veo el sol saliendo por las montañas
de allá.
¡Así que por fin voy a tener un día
cómodo por aquí!
— No lo sé, voy a intentarlo. Tal vez
demore algo, pero eso sí: ¡será la única vez, Alen!
— ¡Te
lo juro! ¡No volveré a pedirte nada nunca más, Hethos!
Suena tan animado que ya ni ganas de
retarlo tengo.
— Dame tiempo, voy a pensar qué gozos
puedo emplear.
Algo de lluvia suave empieza a caer
alrededor pero el sol no se oculta. A lo lejos veo un arcoíris formándose e
iluminando el bosque de violines: está feliz, pero ligeramente entristecido.
Bueno, acepto de buena gana este clima
porque hasta ahora todo lo que he sentido ha sido invierno por estos lares.
Estar en el interior de otro ser es
complicado. Pero estar en el interior de un ser que añora estar al lado de
alguien más, es aún peor.
No imagino cómo está la niña.
»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«
Sisa
El viento sopla con fuerza; me pongo de pie
cuando siento algunas gotas de lluvia impactando contra mi cabello. Elevo la
mirada: el cielo ya empezó a llorar, el
sol está cautivo entre las nubes grises.
Me acomodo la bufanda y le doy un
último vistazo a los arreglos florares. Avanzo entre las lápidas de mármol,
ataviadas de manera similar, y paso junto a la estatua gris de un ángel con las
enormes alas abiertas de par en par. Me detengo unos segundos para
contemplarla, como hago todos los días, y después reinicio mi camino mientras
tomo una gran bocanada de aire porque ya no quiero llorar.
Por la entrada me encuentro a Cloe
sentada sobre una de las bancas blancas que decoran todo el enorme campo
abierto. Eleva la mirada, y me saluda en silencio: ella también viene todos los
días, justo después de que yo me voy. Hemos establecido una especie de horario
de visita para impedir que Joan y el abuelo se sientan solos durante el día.
Aunque a lo mejor en realidad las que
no se sienten solas así somos ella y yo.
— Dicen que las almas se le presentan a
uno cuando las invocan con fuerza — me comenta después de los quince minutos
que permanecimos en silencio—. ¡Y lo he llamado tantas veces, pero el muy
malvado no viene! — Suelta una carcajada, dos, tres, y poco a poco el sonido se
convierte en sollozos—. Dios, ¿qué voy a hacer? Lo extraño tanto. — Contemplo
su mirada y me pregunto si yo tengo el mismo gesto de triste añoranza en los
ojos.
Me limito a escucharla porque de hablar
terminaré llorando más que ella. La abrazo para calmarla un tanto, y después me
despido cuando la tía Ruth aparece en su camioneta roja y me llama, diciendo
que ya es hora de que regrese a casa.
— Tranquila, Sisa — me dice Cloe deteniéndome
por la muñeca—. Tu tía me ha comentado de los ataques que sueles tener. — ¿Ataques? —. Por favor, sé que es
duro…pero no te dejes consumir: el señor Alcides y Joan te quisieron tanto que
no aguantarían verte así. — Deposita un beso sobre mi mejilla y se aleja por la
hilera de lápidas.
Joan y el abuelo me quisieron
muchísimo, lo sé. El asunto es que ahora no hay modo alguno de verlos. Se
habían ido y yo no podría volver a hablar con ellos nunca más.
— Ya no, preciosa. Ya no — murmura la tía
Ruth cuando cierro la puerta de la camioneta, y las lágrimas vuelven a
atacarme—. Tienes los ojitos sumamente lastimados. Ya no llores, Sisa: ellos están
en un lugar mejor — me dice y asiento brevemente
Sí, ellos deben estar en un lugar
hermoso; viajando entre las estrellas, contemplando el universo.
La cena transcurre de manera
silenciosa. La tía Ruth hace demasiado esfuerzos para que todo no parezca tan
vacío, pero es imposible. Gisell y Corín no lo aguantaron, y volvieron a Lirau
hace tres días; yo preferí quedarme un poco más. No quería dejarlos solos,
aquí…bajo tierra.
No…
Apago las luces de mi habitación e
intento sumergirme en la oscuridad. Y cuando estoy por lograrlo, el ulular de
un ave me traspasa de pies a cabeza.
Me pongo de pie violentamente y corro
las cortinas.
Pero
no…
— No hay nada, no hay nadie, ¡ya
entiende! — murmuro y me recuesto rápidamente. Cierro los ojos con fuerza y
ruego a lo que sea que esté allá arriba para que me ayude a conciliar el sueño.
Es más sencillo cuando simplemente
caigo dormida y todo se apaga. Y cuando no puedo hacerlo porque las malditas
noches de insomnio han vuelto, y las cosas horrendas que viven dentro de mí
quieren devorarme, Samin tiene la delicadeza de echar sobre mí un cántico de
sueño que me desconecta de toda la realidad.
De sueño…
» Me mudaré a Libiak
contigo, boba preciosa.
¡CRASH!
Me pongo de pie bruscamente: algo se ha
quebrado, ¿qué es? ¿Una parte de mí misma? ¿Un adorno de mi cómoda? Alen, ¿eres
tú? Alen, respóndeme: ¡he vuelto a romper algo y ni siquiera recuerdo cómo!
La respiración se me dispara. Me encojo
sobre mí misma y me abrazo con fuerza: no está, él no está. El ave vuela, vuela
dormida, y no puedo alcanzarla porque yo no sé volar. ¡No sé volar!
¡NO SÉ VOL…!
— Cachorra, tranquila, tranquila— me pide
Amber mientras me da de beber algo de agua. Observo alrededor, con los ojos
sumamente hinchados y compruebo que estoy en la sala: ya es de día.
¿En
qué momento amaneció?
— Mi…mi tía — logro susurrar, porque
siento como si tuviera desgarrada la garganta.
Gritos…he gritado y me he lastimado las
cuerdas vocales por la intensidad.
¿Cuándo?
¿Por qué no lo recuerdo?
—
Está
conversando con Samin en el patio. — Amber me acomoda el cabello y me golpea
las mejillas con suavidad—. Está reconfigurando sus recuerdos para lo de…
Ah, sí. Supuestamente es mi primo, hijo
del hermano de mi madre.
Mi
madre…
Mi mente está tan agotada que ni
siquiera quiero pensar en ello. Mi madre, mi padre: todo era un caos de
información, de inventos. De por sí toda yo lo era.
Sisa Daquel, Albania Formerio, el ente,
la cosa, la Original, cada uno de los nombres que llevo en realidad no son más
que denominaciones para intentar definir algo que en realidad era indefinible.
¡Ni siquiera yo misma sé que soy!
Las voces vuelven, resuenan como en un
estadio repleto de personas:
—
¡ALABADA Y GLORIOSA, MADRE E HIJA!
Adorada por haber nacido de una fusión
extraña; admirada por ser “algo” único. ¿Único en qué forma? ¿Único porque no
nació de manera natural? ¿Único porque puede llegar a comerse a todos?
Y lo peor es que nadie lo sabe.
Nuevamente la respiración se me
dispara; la sensación de asfixia me aterra. El
ente, la cosa; ¡Dios, hasta cuándo! El ente, la cosa: se comerá a todos, a
todos. El ente, la cosa, el ente, la cosa…el ente…la cosa… ¡EL ENTE, LA COSA! ¡MÁTENLA! ¡VA A COMERSE A TODOS! ¡¿ES QUE
NADIE SE DA CUENTA?!
¡LA COSA ES MONSTRUOSA! ¡Y VA ANIQUILAR
TODO LO QUE VEA! ¡TODO LO QUE VEA!
«
¡Déjame en paz! ¡Déjame en paz! ¡Solo quiero ser humana!»
Algo se clava en mis mejillas y se
arrastra hacia abajo con ira. Se lleva piel consigo, piel y sangre. Piel y
sangre, piel y sangre.
Piel y sangre de Sisa Daquel. Piel y
sangre de Albania Formerio.
—
¿La cosa tiene piel y sangre? — me pregunta alguien desde adentro:
observo alrededor, pasmada—. ¿Pero cómo
es eso posible? Es amorfa y horrenda, y no tiene una naturaleza definida.
¡Es cierto! ¿Cómo la cosa puede tener
piel y sangre? ¿Cómo, si es horrenda? ¡HORRENDA!
«Hubo
alguien que se atrevió a decir que en realidad era hermosa»,
resuena en alguna parte de mi mente, y me quiebro por completo.
Alen,
Alen… Alen, ¿en dónde…?
—
Cálmate
— escucho y me encuentro con los ojos verdes de Samin. El espejo del frente me
devuelve la mirada: tengo varios rasguños profundos en el rostro, ¿quién...?
Samin pone las manos sobre mis mejillas,
y va curando las heridas abiertas con el resplandor violeta que sale de sus
dedos.
—
Tranquila,
tranquila — me dice. Las heridas me arden, pero a medida que van cerrando el
dolor disminuye—. No intentes hacerte daño, Sisa, no es correcto.
¿Qué…?
Observo alrededor: estoy en mi
habitación en Asiri, parece que me he atacado a mí misma y no logro ubicar el
momento. Me recuesto de costado y
prefiero obviar las preguntas: no me importa. Solo quiero dormir.
Alguien tiene la bondad de arroparme con los cobertores, y cuando veo el
bordado recuerdo que este es uno de los que hizo la abuela Marlene. El abuelo
solía decir que era horrible, pero en el fondo le gustaba.
Siento que nuevamente las lágrimas me
atacan. Si el abuelo estuviera aquí ya estaría preguntando “¿por qué lloras, hija?”.
“Por
ti”, le
respondería, “Porque decidiste dejarme y
ya no voy a verte nunca más”.
Cierro los ojos, escucho que alguien
pregunta si me encuentro bien. Las horas pasan; todo es extraño: el sueño es
ligero, basta que el viento susurre para que vuelva a despertarme, alterada.
— Drol Qinaya, por favor — escucho: es
Samin de nuevo. Una voz que me acaricia los oídos resuena:
— Será un placer, Nanael.
Oscuro, todo se pone oscuro…ya no
escucho nada.
Nada…nada más.
— Todo ya está arreglado — me dice Amber
cuando abro los ojos: trato de ubicarme, pero aún no sé ni cómo me he vestido.
Ah, sí, empiezo a recordar: estamos en
un auto, Amber conduce de regreso a Lirau. Quise quedarme más tiempo en Asiri
pero la tía Ruth dijo que me estaba consumiendo: esa casa estaba vacía y estar
en ella solo me vaciaba el alma a mí también.
— Tu tía ya sabe de mí, Sisa— me explica
Samin con amabilidad—. Permanecerás unos días más en la casa de Gisell hasta
que la reconfiguración de recuerdos de todos esté acabada. Para evitar
inconvenientes, Amber se presentará porque yo como JOBEY soy algo llamativo.
Debería haber guardado más las apariencias… — Trato de escuchar sus palabras,
pero me pierdo al observar los árboles que se van quedando atrás por la
ventana. Pasan suavemente, y después se quedan estáticos en Asiri; no pueden
moverse de ahí porque sus raíces están bajo tierra, bajo tierra…
Bajo
tierra.
Igual que el abuelo, igual que mi
hermano.
No…
Otra vez, otra vez empiezo a
asfixiarme. Trato de relajarme, pero entonces las cosas cobran sentido: no, no… ¿qué estoy haciendo? Van a quedarse
solos. Es horrible estar solo.
Solos como Alen cuando no podía amar a
nadie, ¡solos como yo ahora que ya no tengo a nadie!
Solos…
— ¡NO! — chillo abriendo la puerta. Amber
grita y el auto se detiene con brusquedad. Samin me sostiene por la cintura
mientras pide que me calme. Me encantaría hacerlo, pero no sé cómo.
¿Cómo
se enciende la luz?
— Sisa, ¡SISA!
— ¡¿CÓMO LOS VOY A DEJAR?! ¡ABUELO,
ABUELO! — grito y después siento que vuelvo a quedarme sin aire. ¡¿Cómo me voy
a ir, dejándolos solos aquí?! Gisell y Corín retornaron a Lirau, la tía Ruth
volverá a Marza, ¡¿quién estará con ellos?!
— ¡Sisa!
¡Yo, yo! ¡Por siempre yo! ¡Me quedaría
ahí, junto a ellos, por siempre! ¡Por todas mis vidas de ser necesar…!
— No podemos seguir así, preciosa. — Abro
los ojos y me encuentro en mi cama. Me reincorporo con la respiración agitada,
pero cuando veo los campos de trigo por la ventana me siento más aliviada.
Aún estoy en Asiri con el abuelo, con
Joan.
— Sisa — vuelven a llamarme. Enfoco la
mirada y me encuentro con los ojos de la tía Ruth: ahora que la veo bien, tiene
los ojos de la abuela, pero el gesto de seriedad es el mismo del abuelo. Me
muerdo los labios con fuerza y después me encuentro en sus brazos, mientras me
susurra que todo estará bien.
— No es cierto — replico, y cuando elevo
la mirada me encuentro con Samin y Amber que me observan, entristecidos, desde
la esquina de mi habitación.
— Sisa, mi amor, tienes que dejar Asiri.
No puedes quedarte aquí, solo empeorarás. Tu primo está muy preocupado. — Sí,
sé que Samin está muy preocupado y lo comprendo: que la cosa que llevo dentro
se descontrole no era una idea precisamente agradable.
Porque debido a eso soy “muy importante”:
por ser una cosa extraña que podría traer desequilibrio en todos los universos.
¿Qué
soy?
»
Tú, Sisa Daquel, tienes todo el corazón repleto de humanidad.
Alen…Alen, ¿en dónde…?
— ¿Quién es Alen, mi vida? — me pregunta
la tía Ruth. Me encojo ante la idea de olvido y lloro más.
Samin ya me lo había dicho: ni Marissa,
ni Santiago, ni nadie lo recordaría. Nadie sabía ya del chico de ojos claros y
mirada pura que tanto amaba.
Nadie, solo yo.
Los días pasan, ese colibrí llamado
Qinaya aparece en mi habitación incontables veces y después me sumerjo en una
bonita oscuridad. Día tras día, día tras día: es mejor así. De lo contrario
pienso en los tres, en cómo dos de ellos están ya muy lejos de este mundo y el
tercero está dormido, bajo las manos de un grupo de demonios que quieren
emplearlo para algo terrible.
Nhyna se lo llevó. Nhyna lo tiene con
él, y quién sabe cómo lo estén tratando.
— Cuídate mucho, mi vida — me dice la tía
Ruth mientras se despide moviendo la mano. El auto, con Samin y Amber adelante,
inicia el movimiento.
Han pasado días, Cloe me ha prometido
ir a visitar constantemente al abuelo y a mi hermano. Ya estoy algo más
tranquila, así que acepté retornar a Lirau para también darle algo de descanso
a la tía Ruth. Ayer la vi fijamente a los ojos, y comprobé que no ha dormido en
días: le pregunté a Samin si había sido por mí y me respondió con algo de
vacilación que sí.
Ha estado cuidándome con muchísimo
esmero, y no es justo porque ella está igual de dolida que yo por la pérdida.
Escucho que Amber le pregunta a Samin
si me llevarán con ellos a Frantzon; él responde que es demasiado pronto: la
toma de recuerdos no es sencilla cuando se aplica a varias personas, y demora
un tanto para evitar dañar la mente de los implicados. Tal vez sería una buena
idea preguntar de qué hablan, pero casi siento que ni me interesa.
Puedo estar aquí, allá, o en cualquier
lado. Eso es irrelevante.
— Además, ya faltan pocas semanas para el
día del examen — dice Amber.
“El día del examen” no me interesa. Me quedo
ahí, escuchándolos, pero sin escucharlos realmente, recostada sobre el asiento
posterior y deseando dormir más que nunca.
Los ojos se me cerraron, para cuando
los volví a abrir ya estábamos en Lirau: Amber charlaba con Gisell. Me limité a
asentir a todo lo que dijeron, aunque en realidad no escuché nada. Ojos
cerrados, ojos abiertos: mi habitación. Cerrados, abiertos, Gisell y Corín
fingen no verme. Cerrados, abiertos, es domingo, parece que han venido a verme
pero Gisell echa a mis visitas gritando que aquí no vive nadie llamada Sisa
Daquel.
“Ya no llores más, me duele” —
dice alguien. Por un momento confundo la voz con un ulular de ave. Me
entretengo buscando oírlo nuevamente, y para cuando lo comprendo ya es lunes,
martes, miércoles tal vez.
Estoy en mi habitación, con las
cortinas abiertas y recostada sobre la cama. Me puse de pie, salí al baño.
Corín me observó por el pasillo y su labio inferior empezó a temblar. Me pasó
lo mismo a mí: un sentimiento de mutua comprensión me invadió.
Quise acercarme a ella, pero Gisell
abrió la puerta de su habitación. Pasé de largo al sanitario: ¿qué estoy
haciendo aquí? ¿Dónde está mi casa? En
Asiri. No, en Asiri tampoco. En ningún lugar en realidad.
Vuelvo a mi habitación, cierro la
puerta y me cubro los oídos cuando los gritos se desatan: —“¡Mi hijo, mi hijo!”—.
“¡Mamá, cálmate!”—. “¡Todo es su
culpa!”.
Su
culpa…
¿La culpa de quién? ¿De Sisa? ¿De
Albania? ¿De la cos…?
— No — murmuro avanzando con algo de
dificultad hacia mi escritorio. Trato de pensar en algo, de encender el equipo,
pero lo apago rápidamente porque la música me altera.
Últimamente el silencio se ha
convertido en mi mejor amigo.
Me enfoco en otras cosas, tal y como me
ha sugerido Amber, así que me pongo a ordenar mi habitación sin estar
plenamente consciente de mis movimientos. ¿Por qué he dejado todos mis libros
esparcidos?
Me encuentro con el dibujo que Etel me
obsequió y después veo los míos. Los dos sujetos parados a una misma distancia,
uno con rostro, el otro sin él. Saco un lápiz del cajón de mi escritorio y
termino la parte incompleta.
Ahora los dos tienen rostro porque
ambos saben sus nombres: Nanael, Aniel. Ambos creados al mismo tiempo para
custodiar a la aberración que crearon ángeles y demonios en un momento de
locura.
«No…no,
cálmate. Tienes que aprender a relajarte por ti misma»
Tomo las hojas fotocopiadas que están
al costado, y me encuentro con las líneas resaltadas:
“¿Quién
es ella, que surge como la aurora…?”, alcanzo a leer antes de que aviente las
hojas lejos de mí.
No…
Cierro los ojos con fuerza y me
sostengo del respaldar de la silla. No, no…
Alen, Alen…abuelo, Joan…
¿Por
qué parece que repentinamente me he quedado sola?
— Sisa. — Elevo la mirada y me encuentro
con los ojos de Loi. Veo por la ventana, ¿ya es de día? ¿Pero cómo…? —.
Bellota, tienes que hablar, salir de aquí. ¡Etel y Tomas están muy preocupados!
— Loi — digo y me sonríe con amabilidad.
— Bellota, salgamos, ¿sí? ¡Tienes que
volver al mundo! Yo…yo sé que es difícil, pero no puedes quedarte estancada. Ni
tu abuelo ni Joan ni Alen hubieran querido esto. A-además falta poco para el
examen y…
Me recuesto de costado: ¿examen? Yo no
quiero saber nada de ningún examen.
— Bellota, ¡Bellota, escúchame!
— Tal vez deberíamos dejarla descansar un
poco — escucho a Amber.
— Pero…
— Tranquila. — Ahora es Samin—. Va a
recuperarse.
¿Ah sí? ¿Cuándo?
Abro los ojos con brusquedad. Giro, veo
las manecillas en el reloj: tres de la mañana. Me pongo de pie, corro las
cortinas, alterada: el chico que solía caminar de madrugada ya no está. Está
dormido en alguna parte del universo.
La luz de las estrellas se cuela por la
ventana: iluminan el violín de al lado. Mis manos rozan las cuerdas; un
escalofrío horrible me recorre de pies a cabeza cuando escucho el sonido bajo.
¿Para quién tocaré ahora?
Para
nadie…
No quiero volver a hacerlo, me lastima.
Suena horrendo.
¡Casi tan horrendo como lo que llevo
dentr…!
— No pasa nada. No pasa nada — me dice
Amber mientras me acaricia el cabello. Elevo la mirada: estoy en mi cama,
¿cuánto ha pasado?
— Amber…no…no puedo — murmuro y hago un
esfuerzo enorme por no llorar, pero mis cuerdas vocales no lo resisten más.
¡Nuevamente lloro! ¡Siempre lloro! —. ¡No puedo, Amber! ¡Me está matando!
— Cachorra, tranquilízat… — Dejo de
escucharla y en su lugar los millones de gritos me taladran los oídos. “¡Alabada y bendita, única entre únicas, el
Todo tendrá que postrarse...! No, no. ¡NO, NO, NO! ¡Va a comerse a todos!
¡A todos! ¡Y nadie comprende eso!
El sol…el sol. Mi abuelo y mi hermano
están cubiertos por una enorme capa de tierra; lejos del día, lejos de mí, y el
sol…el sol…
El
sol me ha dejado.
— ¡Cachorra! — El sol está dormido y ya
no sé si realmente va a despertar. ¡No va a despertar! ¡No despertará y me
quedaré aún más sola! —. ¡SAMIN, SISA ESTÁ…!
¡ABUELO, JOAN, ALEN! ¡ALEN! ¡ABUELO!
¡JOAN! ¡ABUELO, ABUELO, ABUELO!
— ¡ALEN! — grito ante la enorme
oscuridad, y me encojo porque por dentro algo empieza a quemar. Vuelvo a gritar,
y todo empieza a sacudirse con violencia: veo mi reflejo en el espejo, la cosa
de un ojo violeta y el otro escarlata me observa con deleite desde allá.
— ¿Tu
abuelo? ¿Tu hermano? — me pregunta esbozando una sonrisa—. Pero si tú en primer lugar no eres un ser
humano.
— ¡BASTA!
¡Mi abuelo y mi hermano corren y no
quieren llevarme consigo! ¡El ave vuela y como yo no sé volar no puedo
seguirlo!
Escucho el ulular: «tranquila, solo tienes que encender la luz»,
me dice. Sí, esa es la solución.
El asunto es que no sé cómo.
— Ya está. No pasa nada — me dice Samin
con suavidad. Parpadeo y compruebo que estoy en su departamento, en Frantzon,
pero todo está hecho un desastre: los muebles volcados, restos del espejo de la
pared esparcidos en la alfombra. Las cortinas rasgadas por completo.
— Samin, ¿estoy perdiendo la razón? —
balbuceo, angustiada.
— No — me responde con temple—. Nunca,
Sisa. Mientras yo esté aquí nunca vas a perder la razón. Ha pasado muy poco
tiempo desde que te enteraste de todo: es normal que tu mente esté jugándote en
contra, y pierdas la noción de algunas cosas.
Los ojos verdes se encienden, y cuando
los veo de color violeta recuerdo los de él.
¿Dónde
está el sol?
¿Hasta cuándo voy a llorar?
»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«
Amber
Estábamos reunidos aquí, en Frantzon: el clima ya volvió a adoptar su ritmo
usual y como era de esperarse por aquí estamos en verano.
Seir está a un lado, preguntando cómo
se encuentra la Cachorra porque solo hemos estado viéndola Samin y yo para
evitar agobiarla. Loi escucha en silencio, moviendo los dedos con algo de
nerviosismo.
De todos los amigos humanos que tiene
la pequeña Cachorra, Loi Amira ha sido la única a la que hemos puesto al tanto
de ciertas cosas. Samin estaba plenamente seguro de que contar con la ayuda de
alguien que había compartido un vínculo estrecho con Sisa en el pasado podría
ser muy ventajoso; y por lo visto ella había sido una de sus amigas más
cercanas desde su existencia como Albania Formerio.
Fue algo complicado explicar la
situación sin brindar mayores detalles sobre el asunto de la Rebelión de los
500 caídos, ya que era un tema que no podía tocarse al completo con humanos.
Hasta ahora Loi solo sabía que Sisa guardaba algo dentro de sí que era
preferible mantener sellado, y lo que había sucedido hace algunos días con Alen
y el Himno de división. Y aunque no pudimos pintarle todo el panorama de la
vida pasada que compartió con Albania Formerio por el protocolo de Tiempo y
Espacio, igualmente ya estaba al tanto de lo suficiente como para aceptar
colaborar con nosotros.
»— Sisa va a pasar por una etapa de
adaptación, Loi. Ella no es…bueno, no es humana en el sentido estricto de la
palabra, pero queremos que mantenga algunos vínculos fraternos — le había
explicado Samin mientras ella trataba de escucharlo atentamente—. Alcides y
Joan Maleri hubieran sido los perfectos vínculos que podríamos haber conservado,
pero ellos, bueno, ya sabes… — Ella asintió, comprendiendo—. Sería de muchísima
ayuda que tú quieras formar parte de su vida aun sabiendo lo que acabamos de
contarte. Te aseguro que no estarás en peligro, simplemente queremos contar con
tu apoyo.
Me conmovió muchísimo que la niña
respondiera con mucha seguridad que la pregunta la ofendía. Dijo que la pequeña
Cachorra era su amiga, así que el preguntarle si quería ayudarla estaba de más.
Humano, ángel, demonio, a ella eso no le importaba.
— ¿Entonces está mejor? — insiste Seir
trayéndome al presente. Samin asiente algo dubitativo: tal vez porque que Sisa
llore menos pero aún no hable mucho no es un gran paso después de todo —. ¿Cómo
ha tomado lo de la toma de recuerdos?
— Ya la puse al tanto pero no creo que
realmente me haya prestado atención — le explicó Samin contrariado—. Amber y yo
la dejamos descansando hace un par de horas, en Lirau. Tuvo un ataque y solo me
quedó llamar a Drol Qinaya para que la durmiera. Ya es la décima vez que lo
llamo y está algo preocupado: inducirle el sueño de manera muy seguida no es
apropiado.
Iba a ser complicado: la pequeña Cachorra
estaba muy deprimida por lo de su abuelo, su hermano y lo de Alen; y a eso
sumémosle toda la confusión que debe haber en su mente por lo de los recientes
ataques que le producían todo lo que llevaba sellado dentro.
Loi baja la mirada, tal vez recordando
la última visita que le hizo: aprovechando que la mujer, Gisell, y su hija
salieron, la llevamos con nosotros y tratamos de que conversara algo con ella.
El encuentro no fue demasiado elocuente porque la mayor parte del tiempo Loi
habló y Sisa solo escuchó.
— ¿Es…? ¿En serio va a ser necesario la
toma de recuerdos? — pregunta Loi —. Digo, Etel…Etel ya está al tanto de lo de
ángeles y demonios y…
— Loi, es preferible que menos sepan de
la situación— le explica Samin con amabilidad. Ella se ruboriza un tanto:
sonrío levemente porque sé cuánto admira a JOBEY, y ver ese tipo de reacción
tan humana es lindo en medio de todo lo triste que está todo—. Esto es más
delicado de lo que parece: mientras haya menos involucrados será mejor.
— ¡Pero…! Pero Etel…— insiste. Seir le
soba la espalda y le dice que no es algo que esté en manos de Samin—. ¿Cómo que
no? Tarek, Alen una vez le borró los recuerdos a Sisa para que no sospechara de
él y…
— La situación es diferente, Loi — aclara
Samin con suavidad—. Esta vez la toma de recuerdos la van a hacer los altos
mandos. Está oficialmente decidido.
— Pero en serio juras que yo no voy a
olvidarla, ¿verdad? — exclamó afligida—. ¡Vamos a ir juntas a Gaib Art! ¡No
quiero olvidarme de Sisa!
— Tranquila, no sucederá.
Uriel se había presentado ante Samin
para decirle todo acerca de lo que sucedería a partir de ahora: en vista de que
el Himno de división había funcionado y Sisa seguía conteniendo dentro de sí a
la Original, ahora empezaba la tarea de enseñarle a controlarse por sí misma.
También nos dijo que algunas de las cabezas de los Tronos consideraban que sería
mejor mantenerla aislada, pero Samin fue muy claro con ello: como uno de sus
custodios él sabía lo que era mejor para ella, y sin duda alguna ahora lo ideal
era que permaneciera en contacto con todo lo que la hiciera humana. Amigos,
escuela, actividades cotidianas: en sí lo que significara una vida normal para
una chica de 18 años.
Uriel dijo que lo comentaría con los
altos mandos. Unas horas más tarde, Gabriel vino con él para responder que la
postura de Samin era perfectamente entendible, pero que para evitar
complicaciones con los humanos y darle más trabajo a Drol Odrucer, que era el
encargado de los recuerdos, solo los humanos con los que Albania había
compartido lazos estrechos podrían conservar sus recuerdos relacionados con
Sisa Daquel.
— Y pensar que hace poco estábamos en
Libiak, emocionadas por ingresar a Gaib Art — comentó Loi abatida—. Todo
sucedió demasiado rápido: el señor Maleri, Joan, Alen…
— Es cierto, ahora que mencionas a Alen
—inició Samin—. Seir, ¿me dijiste que habías escuchado algo respecto al Sello
de sueño?
— Sí, es justamente de lo quería hablar —
respondió con seriedad—. Están circulando un par de rumores sobre algo llamado
“beneficio del perdón”, y me ha parecido algo de cuidado.
— ¿Beneficio del perdón? — pregunté yo
confundida. Seir asintió:
— Conozco a un par de errantes más,
Gremory. Uno de ellos me comentó que todos estaban preguntándose por qué Andrax
había perdido un brazo, lo que como sabemos es cierto, y que también Jilawi
había anunciado que aquellos errantes, caídos y desertores que quisieran
recuperar su naturaleza completa de demonio o ángel, obtendrían el perdón de
manera inmediata si encontraban maneras de quebrar un Sello de sueño.
— ¡¿Qué?! — proferí—. ¿Pero acaso ellos
pueden ofrecer el perdón a caídos y
desertores? Digo, con errantes es posible ya que a fin de cuentas son ellos
mismos los que nos persiguen, pero si hablamos de los otros se tendría que
contar con la aprobación de los altos mandos angelicales.
— Es evidente que se están ofreciendo
cosas que implícitamente incentivan a ir en contra del sistema —dijo Samin con
tranquilidad—. Era de esperarse; van a buscar miles de formas para quebrar el
Sello de sueño que mantiene dormido a Alen, e impide su transformación
completa. Abdiel ya me había advertido que empezarían un montón de movimientos con
relación a todo esto. Lo bueno es que si Seir solo ha escuchado que se está
ofreciendo el beneficio del perdón, pero sin dar detalles sobre La rebelión de
los 500 caídos, eso significa que aún pocos saben que la Original está sellada
en el cuerpo de un humano.
— Eso quiere decir que si se enteran—
preguntó Loi con temor—, ¿podrían querer atacar a Sisa o llevársela?
— Me temo que sí — respondió Samin—. Pero
aún no tenemos que enfocarnos en eso. Nosotros no somos los únicos que quieren
mantener a Sisa protegida, así que no estamos solos en esa parte. Por ahora,
solo debemos enfocarnos en que ella se recupere e inicie su entrenamiento para
controlarse y pueda recolectar las partes que dividimos del interior de Alen.
— A mí me parece que en cualquier momento
los primeros humanos también van a entrar a escena, Nanael — comentó Seir,
preocupado.
— ¿Los…? ¿Los primeros humanos? —
preguntó Loi confundida.
— Son los primeros hijos humanos del
Todo, y por ser el inicio de toda la raza humana podrían poseer ciertas
capacidades superiores a las de los humanos convencionales — le respondí. Nunca
he visto a ninguno en persona, pero decían que inclusive solían comprender la
lengua Delnial—. Pero ¿por qué crees
que a ellos les interesaría esto, Seir?
— Bueno, uno porque el tema de algo tan
poderoso como la Original en manos de demonios con deseos de poder es ya de
cuidado. — Asentí, comprendiendo ese punto—. Y otro porque Sisa, al poseer
cuerpo humano, probablemente sea de interés para ellos. No sé…a lo mejor…
— ¿De interés? — repetí sin comprender.
— Creo que estoy entendiéndote — añadió
Samin pensativamente—. Desde la perspectiva de ángeles y demonios, el cuerpo
humano de Sisa es un límite para su potencial; pero si lo vemos desde la
perspectiva de los primeros humanos, Sisa es algo así como un humano supremo.
Es evidente que sería de interés contactarla en un futuro.
— ¿Qué? — repliqué desconcertada—. ¿Me
estás diciendo que otros seres también van a querer apoderarse de la pequeña Cachorra?
— Tal vez no apoderarse, pero sí les va a
resultar curioso. Supongo que no deberíamos sorprendernos si en un futuro
vienen a nosotros solo para conocerla — me respondió, encogiéndose de hombros.
— Como si se tratara de una especie exótica
en exhibición — murmuró Loi afligida.
— Tranquila, princesa. Para eso estaremos
nosotros — le dice Seir con amabilidad—. A lo mejor resulta más llamativo ver a
un errante medio ciego y con un brazo inmóvil que es amigo de un calehim y tiene de novia a una humana. —
Loi lo mira, como procesando la información y después suelta algunas carcajadas,
más relajada.
Ahora entiendo por qué Alen y él son
tan buenos amigos: Seir es realmente reconfortante.
Loi se pone de pie, le besa el párpado
adormilado y después se dirige a la cocina. Antes me pregunta si puede beber
algo de agua; le respondo que no hay problema.
— Solo nos queda esperar que Sisa supere
el duelo y podamos explicarle a ella todos los detalles — comenta Samin.
— Sería más sencillo si Alen estuviera
aquí, ¿verdad? — digo. Él asiente y antes de que añada algo más, Loi suelta un
grito y escuchamos la jarra estrellarse contra las losetas.
¡CRASH!
— ¡Princesa! — Seir se pone de pie y
corre a la cocina. Samin y yo le seguimos los pasos y encontramos a Loi
encogida a un lado del lavadero—. ¿Qué pasó? — le pregunta levantándola con
cuidado.
— Yo…yo… ¡yo vi un par de ojos violeta en
el reflejo! — dice asustada.
Me acerco a la alacena con puertas de
cristal y no veo más que las tazas de adentro.
— Pues yo no veo na…
— Caila — me interrumpe Samin con
sorpresa: ¿qué ha dicho?
Seir y yo lo observamos con curiosidad,
pero repentinamente las ventanas se abren con violencia y una fuerte ráfaga de
viento nos obliga a cerrar los ojos.
— ¡¿Y ahora qué?! — replico fastidiada,
porque ya estoy harta de que todos se presenten así, sin previo aviso.
El viento se disipa y nos encontramos
con una nueva visita. ¿Y ahora quién es esta mujer? Cabello cortísimo, ojos
rasgados, porte elegante.
— Nanael, así que así te ves con las típicas ropas humanas — dice la recién
llegada y tiene una voz excesivamente seductora para mi gusto. Frunzo el ceño
cuando la veo acercarse, y a Samin esbozar una ligera sonrisa.
¡Pero qué rayos está pasando aquí!
— Caila, hace tanto… — dice él casi
maravillado. Ella le responde que sigue tal y como lo recordaba, igual de
luminoso, y ya no lo aguanto:
— ¡Alto! — exclamo antes de que siga
acercándose con sus andares delicados. La tal Caila eleva una ceja —. Ya,
genial, ¡¿así que más amigos, Samin?! — Primero Drol Qinaya, después Drol Kohn,
¿qué más? ¿Va a decirme que también conoce al Todo en persona?
— Tranquilízate, Amber, ella es…
— ¡Estoy tranquila! — replico, pero la
voz me suena más a chillido. Tomo una bocanada de aire de manera discreta y
trato de sonreír—: Solo…solo creo que Seir, Loi y yo merecemos saber quién es…—esta tipa—…ella.
— Mi nombre es Caila, errante — me dice.
La ronquera de su voz me irrita—. Y vengo de parte del hermano gobernador del
futuro: Uriel.
— ¿Y de dónde se conocen? No puedes
aparecer así, enfocándote solo en él e ignorándonos a todos los demás — ataco.
Sé que he sonado estúpida pero ya ni al caso.
Loi me eleva el pulgar discretamente,
como diciendo “bien dicho”. Seir eleva una ceja y oculta una risita.
Lo golpearé más tarde.
— Caila pertenece a la jerarquía de las
Virtudes: es un ángel, Amber — me explica Samin con tranquilidad y con una
estúpida sonrisita en los labios.
— Ah, ya veo. ¿Quieres algo de comer,
Seir?
— ¿Ah? ¿Y ahora por qué me preguntas eso?
¿Quieres usarme de excusa para enfocarte en otra co…? — Le hundí las uñas en la
cadera a ver si así se quedaba callado pero el muy niño empezó a quejarse—.
¡Ayayayayayayay!
— Tú eres Seir, antiguo príncipe regente
— dice la tal Caila ligeramente sorprendida—. Poseedor de la cura para
cualquier enfermedad, con 26 legiones de demonios a tu mando y 320 tropas. — Seir
le dice en tono divertido que no lo diga de esa manera porque va a
avergonzarlo—. No, realmente eras uno de los más poderosos entre los tuyos. Me
alegra tenerte de nuestro lado.
Loi frunce el ceño y me lanza una
mirada que entiendo a la perfección: “¿qué se trae esta tipa?”.
— Aún se habla de tu anunciación—
continúa la tal Caila—. Es increíble ver cómo un demonio de tu rango haya
optado por la sencilla vida humana.
— ¿Sabes? No es tan sencilla — profiere
Loi de mal humor y Seir suelta una carcajada:
— La princesa tiene razón; no es tan
sencilla. — Y la besa en la mejilla.
La tal Caila se muestra desconcertada:
— Un momento: ella es humana.
— Sí y también “su novia” — aclara Loi
con muchísima seguridad.
Casi pude distinguir el tono de “no lo
mires, perra, es mío”.
— ¿Es la humana que escogieron de todos
los vínculos de la Original? — le pregunta a Samin.
— Así es: fue y es su mejor amiga — le
responde. La tal Caila observa a Loi de pies a cabeza, y después a Seir que
sonríe de manera risueña.
— Vaya, una humana y un errante
compartiendo un vínculo amoroso — comenta aún sin creerlo—. Por no decir una
humana y un antiguo demonio de rango muy elevado. —Lo pensó un tanto solo para
sonreír odiosamente —. Es un mundo sumamente extraño este, el de los
terrenales.
— Es un mundo más interesante de lo que
parece — añade Samin con tranquilidad.
Suelto un resoplido, fastidiada: ya,
sí, digámonos cumplidos y sonemos muy interesantes.
— Bien, no es por ser aguafiestas, pero
planeábamos ver a Sisa, Samin. ¿Vamos o me voy sola?
— ¿Qué te pasa, Amber? — me pregunta
desconcertado.
Tengo unas ganas tremendas de golpearlo
porque él sabe perfectamente lo que me pasa: la tal Caila lo mira como si fuera
la más hermosa de las creaciones, y el muy imbécil se hace al que no se da
cuenta.
— Quiero ver a la pequeña Cachorra — le
respondo con el cuerpo rígido.
— Espera, Nanael — le dice la horrible
Caila y su voz estúpidamente sensual —. He venido porque quiero que tengamos
una charla sobre el futuro de la Original.
— ¡Se llama Sisa! — replicamos Loi y yo
al mismo tiempo.
Caila voltea a mirarnos, indiferente:
— Sisa es su nombre humano, y la
excelsitud que guarda dentro de sí es demasiado para ser designada con él.
— No, Caila, ellas tienen razón — la
corrige Samin. ¡Por fin! —. Queremos enfocarnos en recalcarle que tiene
de humano más de lo que cree. Por cierto, ¿dijiste que vienes de parte de
Uriel?
— Así es. Tu condición de calehim impide que tengas el potencial
máximo de tus capacidades, así que me enviaron para decirte que cuentas con la
ayuda que requieras para llevar a cabo tu plan de mantener controlada a tu
custodiada.
— Si es tan importante que Samin tenga
sus poderes completos, ¿por qué simplemente no le devuelven toda su naturaleza
de ángel? — pregunta Loi con curiosidad.
La pregunta me abrumó un tanto, porque
aún no estaba tan segura de si realmente me gustaría que Samin recuperara su
naturaleza original.
»—
¡No me toques, demonio!
¿Qué pasaría si recuperara su
naturaleza original completa? Si volviera a ser solo Nanael, ¿volvería a
despreciarme?
No, no lo aguantaría.
— Yo estoy cumpliendo un castigo en este
mundo, Loi — le explica Samin con amabilidad —. Y los castigos son ejecutados
de manera mecánica. No existe un portavoz con el que hablar para solicitar que
se quite alguna sentencia: son fuerzas superiores las que regulan eso. Mi
condición de calehim seguirá así
hasta que mi deuda haya sido saldada.
— ¿Fuerzas superiores? — pregunta
desconcertada.
— Hay cosas que no pueden cambiarse,
princesa, ya están dictaminadas así — agrega Seir—. En realidad, nosotros solo
somos una parte de toda la creación del Todo. Hay cosas contra las que nosotros
mismos no podemos luchar.
— Así es; de ser así ya todo estaría
arreglado — dice Samin, algo desilusionado.
— Nos convendría muchísimo tenerte como
ángel completo, Nanael — puntualiza la tal Caila —. Pero como ya te dije, me
han enviado a comunicarte que cuentas con todo lo que requieras y claro, que no
vaya en contra de nuestras reglas. Por lo que he escuchado, si las cosas se
complican en algún momento se optará por llamar a un grupo de Abdals.
— ¿Abdals? — pregunté.
¿Que esos no eran los únicos seres que
podían contemplar cara a cara parte del Todo?
— Les daría más explicaciones, pero la
presencia de la niña humana me impide dar detalles. —Loi entrecerró la mirada,
ligeramente ofendida—. En fin, estoy aquí para que charlemos sobre los planes
que tenemos para la niña, “Sisa”— subraya claramente para Loi y para mí—.Y por
eso he decidido traer a un invitado conmigo.
— ¿Un invitado?
La tal Caila trona los dedos y en ese
momento un pequeño portal se abre en medio de la sala. Avanza hacia él; Loi
hace una imitación burlona de su caminata que aplaudo con una risa muda, y
después la vemos meter la cabeza, como para llamar a alguien adentro.
— Ya es momento, ven aquí por favor—
dice, claramente llamando al que está al otro lado. Volteo a ver a Samin y
compruebo que trae el ceño fruncido, extrañado.
Caila saca la cabeza solo para que un
chico alto, de cabello negro y ojos grises salga por el portal.
Un momento, ¿dónde he visto a este
chi…?
— Marcus — susurra Loi sorprendida. A su
lado, Seir frunce el ceño.
¡Claro! ¡Pero si es el mismo niño que
acompañó a la pequeña Cachorra a la fiesta de disfraces!
— Hola, Loi — le responde más tranquilo
de lo que pensé, tomando en cuenta que un ángel acababa de llamarlo, y por lo
que yo sabía el chico no tenía ningún tipo de relación con las cosas extra
normales de alrededor.
Samin parpadeó, confundido:
— ¿Caila, qué…?
— No te preocupes, ya está al tanto de
todo — explica ella y Marcus asiente, como para confirmar su respuesta.
— ¿De todo?— inquirió Seir con seriedad.
— No es posible revelarle toda su vida
pasada porque sería ir en contra del protocolo de Tiempo y Espacio; pero le
hemos proporcionado la información necesaria, porque se ha llegado a la
conclusión de que es una ficha clave para mantener en calma a la niña.
— ¿Sabe que fue su esposo? ¿Que
compartieron una vida matrimonial? — inquirió Samin pero en lengua Delnial para guardar discreción. Loi y
Marcus lo observaron confundidos: evidentemente sin entender nada.
Caila negó con la cabeza:
— No sabe detalles de su vida pasada,
pero en vista de que Aniel, tu hermano de nacimiento, era el único capaz de
calmarla, se ha pensado que a lo mejor el chico humano pueda ejercer cierta
influencia en ella para controlar sus emociones.
— ¿Cierta influencia?
— Todos están al tanto del vínculo
amoroso que la Original tenía con el portador de la pureza excelsa, Nanael. Si
se trata de eso, entonces el vínculo que compartió con el hombre que fue su
esposo, a pedido de ella, probablemente también sea igual de fuerte, ¿no te
parece?
Samin frunció los labios, no muy
convencido. Al lado, Seir entrecerró la mirada.
— Solo le he proporcionado la información
necesaria — agregó Caila nuevamente en el idioma convencional humano.
— ¿Información necesaria? — repitió Seir
con hosquedad—. ¿A qué te refieres con “necesaria”?
— Sé del vínculo estrecho que Sisa y yo
compartimos alguna vez — respondió el chico, Marcus, con seguridad: supuse que
todo lo que le dijeron fue que solía ser muy cercano a la pequeña Cachorra en
su vida como Albania —. Y si realmente puedo colaborar con su tranquilidad,
estoy dispuesto a ayudar
— Sabes que Alen solo está dormido,
¿verdad? — lanzó Seir con frialdad—. Que se sacrificó por el bienestar de
Bellota.
— Por supuesto — respondió Marcus sin
inmutarse—. Y también sé que en este momento no está por aquí para ayudarla.
Bien, empezamos mal.
— ¡¿Qué has dich…?!
— Tarek, ¡Tarek! — lo detuvo Loi por el
pecho—. Tarek, ¿por qué te pones así? Marcus también es amigo de Sisa y en este
momento…
— ¡Este chico no solo quiere una amistad,
princesa!
— ¿Y eso por qué te afecta tanto a ti?
— ¡Por Alen, evidentemente! — responde
Seir.
Loi se ve algo inquieta: cielos, lo
último que queremos aquí son absurdas peleas por celos.
Marcus da un paso hacia nosotros: noto
que va a responderle así que me pongo en medio.
— ¡Chicos, chicos! Vamos a relajarnos. No
es momento para ponernos a pelear porque hay cosas más importantes, ¿de
acuerdo?
— Aquí nadie está peleando, Gremory — me
respondió Seir. Loi le reprochó su tono rudo—. Solo estoy poniendo el panorama
de manera clara: Sisa está mal, sí, pero una parte de su malestar es debido a
la “ausencia” de Alen.
— Ha perdido a su abuelo y a su hermano.
Puedo asegurar que esa parte pesa muchísimo más — lo desafió Marcus con
indiferencia.
— ¡Ya, basta! ¡Ambos! ¡O sino tendré que
pedirles que se retiren! — advertí.
Samin los observó a ambos, y después me
lanzó una mirada que entendí sin mucho esfuerzo: “Amber, ¿qué vamos a hacer con estos dos?”.
Caila pidió que tomáramos asiento.
Intercambiamos algunos puntos con respecto a qué sucedería con la pequeña Cachorra
a partir de aquí. Samin comentó que por ahora lo único que importaba era que
Sisa se recuperara de la pérdida de sus familiares y pensara en su prueba de
enero. Caila sugirió que tal vez solo debería enfocarse en aprender a
controlarse y a manejar todo lo que llevaba dentro, pero Samin estuvo de
acuerdo conmigo cuando dije que lo ideal era que ella asistiera a la escuela de
música a la que quería ir.
— Amber tiene razón — me apoyó—. Es mejor
que Sisa mantenga su vida de manera normal. Que acuda a la escuela y haga
nuevos amigos; y a su vez yo me encargaré de su formación en paralelo.
— No estoy muy segura, Nanael — rebatió
ella—. Sigo pensando que va a ser una pérdida de tiempo el que aún piense en
tener una vida normal, cuando es bien sabido que ella no es un ser humano
convencional. Sé que ya tienes la aprobación de los Tronos, pero si cambiaras
de opinión tendríamos mayor ventaja.
— Creo que…ellos tienen razón — añadió
Marcus de manera muy respetuosa, aludiéndonos a Samin y a mí —. Desde que
conozco a Sisa no la he visto más feliz que cuando toca el violín. Me parece
que hacer lo que más le gusta podría contribuir a que…bu-bueno, lo que sea que
quiera apoderarse de ella se mantenga controlada.
— Alen habría querido eso — dijo Seir con
hosquedad—. Él estaba muy empeñado en que ella practicara para que ingresara a
Gaib Art.
— No lo estamos haciendo por él — replicó
Marcus algo irritado—. Lo estamos haciendo por ella.
— Por ambos — rebatió Seir y en ese
momento lo comprendí:
Hace unos minutos estaba preocupada por
Caila y Samin.
Creo que ahora me preocupan más Seir y
el chico Leda.
— Es cierto, había olvidado decírtelo,
Nanael — dijo Caila cuando nos pusimos de pie. Seir acababa de llevarse a Loi y
Marcus había vuelto a su casa a través del portal de antes—. Sabes qué sucederá
si la niña aprende a controlarse, ¿verdad?
Traté de fingir que no estaba prestando
atención cuando me alejé hacia la cocina porque Caila bajó la voz.
De reojo vi que Samin asintió:
— Ella fue creada para emplearse como
instrumento de perpetuación de la nueva especie que ángeles y demonios querían
crear. Es evidente que si aprende a controlarse y emplear sus poderes, podría
tener la capacidad de “crear”. Sería la vida misma.
¿De
crear?
Abrí el refrigerador; escuché
claramente que Samin suspiró:
— Aún no estoy muy seguro de eso, Caila.
Recuerda que Sisa no es el Todo, así que empezar a lanzar conjeturas de esa
magnitud es algo de cuidado.
— Solo te aviso que los altos mandos
consideran que, si al final no es posible mantenerla bajo control, me temo que
tendrá que destruírsele.
Abrí los ojos con fuerza, pero me
mantuve en mi posición, sin mostrar la más mínima reacción.
— Es por ese motivo que enviaron a Abdiel
a cuidar a Alen, ¿verdad? — le preguntó—. También lo quieren a él vivo.
— Es de vital importancia mantenerlos
vivos y “cuerdos” a ambos, Nanael. Tú y Aniel son los únicos capaces de ponerle
un pare a todo, esto si termina escapándose de nuestras manos.
— No sucederá — le respondió con
seguridad. Sentí que el corazón se me infló de orgullo—. Sisa va a mantenerse
bajo control y vivirá sus vidas cíclicamente, tal y como el Todo lo estipuló
desde un principio. Mi hermano de nacimiento volverá con nosotros, y ambos
estaremos a su lado, como si se tratara de un humano más.
— Eso espero.
— Tranquila, será así. Ambos son
importantes para mí así que aunque te suene egoísta, más que por el equilibrio
de los universos lo hago por ellos.
Volteé y lo vi sonriendo con calma. Si
la tal Caila se hubiera largado y yo hubiera tenido el valor suficiente, lo
habría besado.
Cada día que paso a su lado vuelvo a
confirmarme por qué renuncié a todo por él.
»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«
Sisa
»
Sisa, me has escuchado, ¿verdad? Me temo que en algunas semanas tendremos que
empezar de nuevo, y algunas de las personas que te conocían van a ser
despojadas de sus recuerdos. El proceso está demorando un tanto porque no se
puede influir por completo en el Mundo terrenal, pero acabará pronto.
“Algunas personas”.
Así que “algunas personas” ahora son
Etel, Tomas, la tía Ruth, Gisell, Corín, y todos aquellos que había conocido
hasta ahora.
Samin me había dicho aquello hace dos
noches. ¿Cuándo fue? ¿Navidad? No, Navidad fue hace dos semanas. Yo en mi
habitación: Gisell y Corín en la sala. No bajé a cenar, no tenía hambre ni me
llamaron. Fue bueno en cierto modo: compartir la mesa con dos asientos vacíos
al costado hubiera sido demasiado.
Hace dos días salí a caminar por el
vecindario: regresé casi corriendo después de encontrarme con Marissa, Santiago
y Naina. Los primeros me saludaron con muchísima cortesía, el típico
sentimiento con el que le dices hola a un vecino no muy cercano; y la segunda
se aferró a mis piernas mientras sollozaba pidiéndome que le devolviera a su
hermano.
»—
¿Dónde está Aly, Sisy? ¡¿En dónde está?! —
era todo lo que escuchaba en su mente. Hay cosas que empiezan a hacerse
comunes, pero aún no me acostumbro a ellas.
Escuchar la mente de Naina resultó
sumamente violento para mí.
»— Lo siento, querida — se disculpó
Marissa ligeramente avergonzada—. Mi pequeña tiene algunas dificultades y…
El único problema que tiene Naina es
que su proceso de olvido se está llevando a cabo con más lentitud porque es una
niña, y los niños son más sensibles con estos temas.
“¿En
dónde está Aly?”
Yo también quisiera saberlo.
Ayer Samin y Amber vinieron por mí:
extrañamente me llevaron a ver a Marcus. No entendí nada, pero cuando
aparecimos frente a él y no se sorprendió, supuse que algo debía saber de todo
esto. Se puso de pie, me dijo que sentía lo de mi abuelo y mi hermano, y me
estrechó entre sus brazos, diciendo que todo estaría mejor.
Se lo agradecí enormemente pero después
retrocedí, temiendo lastimarlo. Últimamente parece que todo lo que está
relacionado con Sisa Daquel y Albania Formerio hace demasiado daño. Y en este
momento tengo tantos recuerdos que lo tienen a él y a Alen de protagonista, que
me cuesta muchísimo actuar como si nada pasara.
También vi a Loi: ha vuelto a mencionar
lo de Gaib Art. No he dicho nada al respecto.
Empujo las ventanas y cuando el viento
me roza los brazos siento que la piel se me eriza violentamente. Hace frío,
mucho frío, pero por primera vez he vuelto a sentir con el cuerpo. La sensación
ha sido sumamente desconcertante porque durante todo este tiempo me he sentido
como anestesiada. Ayer ya no necesité que Samin y aquella criatura llamada
Qinaya vinieran a ayudarme a descansar, y realmente mi mente me lo ha
agradecido: mis pensamientos ahora resultan un poco más coherentes.
Hace algunas horas solo contemplaba el
techo, y por un momento me sentí como lejos de mí misma. Estaba aquí, en mi
habitación, pero a la vez no; mi mente estaba flotando por ahí, en algún lado.
Tal vez buscando al hombre de contextura robusta y bigote poblado que amaba
tocar el violín, tal vez buscando al chico de sonrisa jovial y postura relajada
que quería ser pediatra. O a lo mejor al ave preciosa, que surcaba los cielos
ululando y diciendo que me ama.
Busco entre los cajoncitos de mi
velador el cofre que me regaló Amber. Lo tomo entre los dedos, y recuerdo las
dos veces que empleé los cánticos de aquí dentro.
Una fue para hacer una carrera con él, y la otra fue cuando llegué a la
puerta de su departamento, dispuesta a expresarle de una manera más física lo
mucho que lo quería, que lo amaba.
»
Te amo, amor.
Me deslizo hasta el suelo: escucho el timbre de la puerta principal. Me entretengo
observando las texturas de la alfombra. Raya, raya, curva, raya, raya, curva,
raya, raya, curv...
Escucho la voz de Corín, la de Gisell:
están discutiendo de nuevo. Tranquilas,
dentro de poco se olvidarán de mí.
Cierro los ojos, escucho algo
estrellarse contra el piso: es un vaso, no, un jarrón. Alguien ha pasado
corriendo de manera arrebatada y se ha llevado consigo la porcelana. Parece ser
el que está sobre el mueble del teléfono, junto a las escaleras.
Petardo suelta un ladrido, más gritos: “¡No, no, no voy a tolerarlo!”— repite
Gisell; más ruidos, más golpes secos—.
“¡Fuera de mi vista!”. Petardo suelta un aullido, adolorido.
Me reincorporo rápidamente, dispuesta a
bajar para traerlo conmigo, pero escucho pasos violentos: están subiendo.
Giro y en ese momento la puerta se abre
con violencia. Gisell me observa llena de frustración con una caja larga y
grande en las manos, y el papel de regalo hecho trizas. Veo los surcos de las
lágrimas secas sobre sus mejillas, y nuevamente siento que se me encoje el
pecho.
— ¡Mamá! — dice Corín apareciendo agitada
por la puerta—. ¡Mamá, ya…!
— ¡ESTOY HARTA DE ELLA! — grita y avienta
el paquete a mis pies.
Cae con un estruendoso golpe.
¿Qué…? ¿Qué es esto?
— ¡Sabes que desde que llegaste a
nuestras vidas toda la familia se desmoronó, ¿verdad?! ¡¿Lo sabes, no es así?!
Los brazos me dolieron muchísimo cuando
me tomó por ellos y me samaqueó con rabia.
Pero me dolió aún más ver a Corín llorando, y pidiéndole a su madre que
se relajara mientras intentaba deshacer el agarre.
— ¡Desde que cruzaste la puerta se
iniciaron los problemas! ¡Mi esposo y mi suegra muertos! ¡Ahora Alcides y mi
hijo…! ¡Mi hijo…! — Me quedé ahí, completamente pálida por sus gritos—. ¡¿Es
una especie de maldición?! ¡Tu madre muerta y ahora casi toda mi familia igual!
La observé, llena de pavor: ¿entonces
era así? ¿Todo había sido mi culpa?
— ¿Qué sigue? ¡¿MI CORÍN?! ¡¿TAMBIÉN TE
LA LLEVARÁS A ELLA?! — me gritó, y sentí que las lágrimas volvían a atacarme.
No, yo no quería… nunca quise hacer
esto.
La sensación de asfixia. No, no de nuevo.
Gisell me observa: sus ojos están
desorbitados, casi puedo sentir el dolor que la aflige desde adentro. Corín le
pide que se detenga, también llora: Dios, ¿qué es todo esto?
— ¡Mi Joan cumpliría veinte en dos meses
y me lo quitaste! — Trato de disculparme, pero las palabras no acuden a mi
boca.
Lo siento, ¡lo siento mucho!
Yo, en primer lugar, nunca quise nacer.
— ¡Basta, mamá! ¡No digas eso! — gritó
Corín desesperada—. ¡Joan y el abuelo estarían tristes!
— ¡¿TRISTES?! — vociferó—. ¡La querían
más a ella! ¡Su último recuerdo es esto! ¡Y es para ella!
— ¡No seas así! ¡No digas eso! ¡El abuelo
estaría triste! — replica Corín. Ojalá tuviera el valor de pedirle a Gisell que
no se desmoronara así frente a ella: tenía quince años, necesitaba más apoyo
que ninguna.
— ¡Tu abuelo me tiene sin cuidado! ¡Nunca
pensó realmente en nosotras!
— ¡Basta! ¡NO HABLES ASÍ DE ÉL! ¡NO
HABLES ASÍ DE ÉL! — grita y en ese momento recordé a la niña que solía jugar
conmigo en el patio trasero, en Asiri.
Ambas íbamos por la misma ruta, pero en
algún momento nos separamos.
— Él sabe que lo queríamos. — Y alcancé a
tomar su muñeca. Me miró sorprendida y entonces traté de secar sus lágrimas a
pesar de que Gisell me jaloneara, exigiendo que no tocara a su hija—. Él sabe
que lo queríamos, Corín. ¡Nos quería a ambas! A Joan también: el corazón del
abuelo era enorme. Había espacio suficiente para todos.
— ¡BASTA! ¡A ella no! — me gritó y
después sentí la bofetada en mi mejilla.
Elevé la mirada sin sentir dolor
realmente, y me encontré con una mujer completamente destrozada por haber
perdido a su hijo mayor.
Quise decir algo más, pero las cosas
sucedieron demasiado rápido: vi a Gisell avanzando furiosa hasta mi escritorio,
y después mi precioso violín siendo violentado por sus manos llenas de tristeza
y rabia.
— ¡Mamá, no! — exclamó Corín pero fue
demasiado tarde.
¡PRAM!
Mis ojos observaron con pasmo cómo el
cuerpo de caoba impactó contra la pared de atrás. Las cuerdas vibraron, como
dando un grito de despedida…
No.
…y después quedó partido en dos.
Abuelo.
Gisell parpadeó, como volviendo en sí,
y vio con horror lo que quedaba de mi recuerdo más preciado. Se cubrió el
rostro con las manos; antes sus ojos se cruzaron con los míos y en ese momento
lo comprendí.
Mi abuelo y mi hermano no van a volver.
Y yo en realidad ya no tengo nada que hacer con esta familia. Todos van a
olvidarme, así que es en vano seguir viviendo una vida que no me corresponde.
— Siempre sacas lo peor de mí— susurró y
después salió alterada.
— ¡Mamá! ¡MAMÁ! — gritó Corín detrás de
ella. Tomé una chaqueta, recogí algunos pedazos de la víctima y bajé corriendo.
Traté de limpiarme las lágrimas; Petardo salió a mi encuentro.
— Mi
mundo, ¡llévame contigo! ¡Llévame contigo! —
Me arrodillé a su lado y asentí junto a su lomo. Mi violín era lo único que
me quedaba del abuelo, y estaba completamente destruido; no permitiría que
hicieran lo mismo con lo único que me quedaba de Joan.
Salí, tratando de ahogar los sollozos,
pero no podía controlarme. Pasé junto a la casa de rejas de negras: por un
momento imaginé al chico de cabello desordenado saliendo a mi encuentro y diciéndome
que todo estaría bien…
Pero no, no apareció. No llegó a encender la luz.
Tomé el autobús; en el asiento de
adelante iba una chica rubia de cabello cortísimo junto a un chico de cabello
oscuro. Quise llamarlos, pero de repente recordé lo de la toma de recuerdos.
Me quedé observándolos en silencio y
cuando voltearon, tal vez sintiendo mi escrutinio, me miraron con la misma
curiosidad que uno tiene por un extraño.
Ahí estaban Etel Franco y Tomas Gerdau,
sin saber absolutamente nada de mí.
Me puse de pie y bajé del autobús sin
poder aguantarlo. Aceleré el paso, queriendo escapar de todo lo que dejaba
atrás. Muertos, violines rotos, miradas de niño, gritos desconsolados. Los
seres que más amaba me habían abandonado, y el único que podía ser mi consuelo
estaba muy lejos, en manos de Nhyna y otros demonios, esperando despertar para
acabar conmigo.
Y yo…y yo estoy aquí, aún sin
comprender exactamente cómo saldré de todo esto y tratando de repetirme que no
soy un monstruo antinatural.
Llegué a Izhi, no escuché ningún grito.
Todo estaba completamente calmado, y creo que fue aún peor porque por un
momento guardé la secreta esperanza de escuchar la voz de aquel ángel que cayó
a este mundo, por enamorarse de quien no debía.
Quise avanzar hacia los arbustos, pero
Petardo tiraba de mí, mordiéndome con suavidad la mano.
— Por
ahí no, ¡por ahí no! Hay un precipicio; mi mundo podría hacerse daño.
Sonreí levemente: resultaba acogedor
escucharlo.
— Petardo, tú ya lo sabías, ¿verdad? Alen
solía decir que estabas muy inquieto y no sabía cómo calmarte.
Las noches que se quedaba aullando en
la puerta, sus tristes lamentos: todo eso era porque él ya sabía que mi abuelo
y mi hermano me dejarían en cualquier momento.
— Por eso quisiste venir con nosotros a
Asiri — le dije abrazándolo—. Para despedirte de ellos.
— ¡Están
en un lugar mejor, mi mundo! ¡En un lugar mejor! ¡Se muere solo para volver a
nacer! ¡A nacer y vivir otra vez! ¡Y otra vez, y otra vez! ¡Y ahí todos nos
reencontraremos!
Vivir otra vez…
Caminé, siguiendo las señales en los
árboles que Loi una vez me enseñó. Salí por la playa, avancé con mis zapatillas
hundiéndose en la arena y la brisa despeinándome por completo.
Me quedé un buen rato sentada al final
del muelle, con los restos de mi violín en las manos; solo oyendo las olas del
mar y observando al sol más pálido que nunca. Cerré los ojos porque me ardían
demasiado y el viento solo los lastimaba más.
¿En qué momento deja de doler? ¿En qué
momento uno vuelve a sentirse como antes?
«Nunca»,
me
responde algo, alguien, no sé. «Nunca se
vuelve a ser como antes después de algo así».
Todo cambia, inclusive el sentido de
las cosas. En este momento me siento completamente ajena a este mundo: veo a
algunas personas caminar por el muelle, riendo, y después retirándose. Vienen,
observan, se van; vienen, observan, se van.
Todos parecen tener un lugar al que
retornar.
¿Y ahora qué sigue? ¿Qué hago? El sol
empieza a irse y yo no tengo fuerzas ni para pensar.
— Estoy sola — murmuro, apretando los
restos de mi violín; Petardo me lame la mejilla.
— No es así, Bellota — escucho y me
encuentro con los ojos celestes que no veo desde la vez que pasó todo esto—. No
estás sola.
— Tarek… — Me pide que le haga un espacio
y después se sienta junto a mí, observando el atardecer opaco.
Petardo se encoje levemente, pero
cuando le soba la cabeza con afecto siento que empieza a confiar en él.
— Lo arreglaría, Bellota — me dice
señalando los restos de mi violín—. Pero ya debes saber que objetos con carga
emocional no pueden repararse.
Asiento y los ojos me arden un poco:
recuerdo a Alen explicándome aquello.
Alen…
— No he podido pasar a verte porque he
estado haciendo un par de averiguaciones y…
— ¿Averiguaciones?
El corazón me palpita con fuerza; él
comprende mi reacción y sonríe:
— Está bien, sigue dormido. Hethos está
haciendo bien su trabajo.
— Tarek…
— Escucha, Bellota, la princesa me ha
dicho algo: ¿cómo es eso de que ya no quieres postular a Gaib Art?
Frunzo los labios y me entretengo
acariciando el lomo de Petardo.
— Tarek, yo…yo no me siento con ánimos
para…
— Sisa, ¿quieres que te diga algo? Sé que
es difícil esto de seguir adelante, pero créeme cuando te digo que te entiendo
mejor de lo que crees. — La sonrisa débil me confundió: ¿a qué se refiere? —.
Escúchame, ser alguien que te aterra o consideras un monstruo ya lo he sentido:
he vivido escuchando los gritos de todas las almas que accedieron a tener un
contrato conmigo, y era horrible. Me he odiado por décadas, pensando si
realmente era justo haber nacido. Yo no escogí ser demonio.
Abrí los ojos, ligeramente sorprendida:
es cierto, Tarek era un demonio.
Yo
no escogí nacer así.
— Y de la misma manera que yo tuve la
oportunidad de renunciar a mi naturaleza, tú también puedes hacerlo. Mira,
Nanael está buscando maneras para que te adaptes y puedas seguir con una vida
normal, como cualquier chica de 18 años.
Asentí levemente, con un ligero
cosquilleo de ánimo en el pecho, y después me preguntó por qué no estaba en
casa.
— Acabo de dejarla — le respondí
encogiéndome de hombros. Solté un suspiro y después sonreí, realmente perdida—.
Y ahora no sé qué haré.
— Simplemente nos iremos a una nueva — oí
desde atrás. Giré, y me encontré con Samin camuflado bajo un par de lentes
oscuros y una gorra—. Con tu familia. — Las cuerdas vocales se me cerraron ante
su sonrisa—. Con Amber y conmigo.
Petardo soltó un ladrido:
— Y
conmigo.
Cierro los ojos y aparecemos en el
departamento de Samin, en Frantzon. Observo alrededor, recordando las veces que
venía a ensayar aquí para lo de Gaib Art, y Amber aparece y me abraza con
fuerza.
— Tus cosas ya están en tu habitación
nueva, pequeña Cachorra — me dice con muchísimo afecto—. No sabía cuál era tu
color favorito, así que aún no la he pintado, pero después podremos ponerla de
todos los colores que tú quieras.
Suelto una risa…
Sí, suelto una risa y realmente me
maravilla el saber que aún puedo sentir algo más que tristeza. Abro la puerta y
me encuentro con una bonita habitación amoblada, con el equipo para el violín
eléctrico que Samin me obsequió y varias de mis cosas ya en ella.
Mis libros, fotografías, inclusive
parte de mi ropa.
Volteo desconcertada y Samin me dice
que Amber no pudo resistirse e instantáneamente fue a recoger todo.
— La niña, Corín, me pidió que te
entregara esto — me dice pasándome la caja que Gisell lanzó a mis pies—.
Dijeron que los del correo se demoraron un poco, pero pidieron las disculpas
del caso. Tenía tu nombre.
— ¿Para mí?
Así que eso era lo que Gisell había
tirado a mis pies: un paquete para mí.
— Tal vez deberías echarle un vistazo; el
examen será en dos semanas, Cachorra.
— Yo…yo no sé si…
— ¿Por qué no, Sisa? —me preguntó Tarek
con amabilidad—. Lo único que recuerdo de ti cuando se hablaba de Gaib Art, era
la inmensa emoción que desprendían tus ojos al imaginar tu vida el próximo año.
Bajé la mirada: antes las cosas eran
diferentes. Pensar en Gaib Art, Libiak y mi vida el próximo año tenía
muchísimos matices. Mudarme implicaba trazar mi propio camino, implicaba
iniciar en algo que me fascinaba. El violín lo era todo porque en cierto modo
me unía a todo lo que más amaba.
El abuelo amaba el violín, Joan fue mi
primer compañero si hablamos de aprendizaje musical, y Alen…
Alen era mi público más adorado. Sus
ojos mirándome deslumbrados me encandilaban; a veces tocaba solo para ver su
sonrisa.
Pero
ahora…
— ¿Y bien?
— Yo…sinceramente no creo que sea bueno
intentar aferrarme a…
Traté de enfocarme en otra cosa,
esperando que pudiera relajarme y ningún vestigio de llanto acudiera.
— ¿Aferrarte a qué, Sisa?
Tomé una gran bocanada de aire y
después me sequé rápidamente los ojos:
— Aferrarme a una vida humana — respondí,
encogiéndome de hombros.
Postular a Gaib Art era un sueño que
Loi hizo mío, y si antes era casi la puerta para iniciar una nueva etapa, ahora
las cosas eran diferentes.
— Samin, dijiste que me enseñarías a…— Amber
notó que, inconscientemente, me había clavado las uñas en las muñecas, y me
obligó a aflojar el agarre. Asentí cuando me suplicó que no me hiciera daño—.
Dijiste que me enseñarías a controlar lo que llevo dentro para después iniciar
con la recolección y…y…
— ¿Qué sucede? — me preguntó con
suavidad.
— Y creo que deberíamos enfocarnos solo
en eso — respondí.
Creí que había sonado muy segura, pero
cuando se puso de pie y me tomó por las mejillas, comprendí que la voz me había
salido entrecortada.
— Sisa, escucha, conozco muy bien a mi
hermano de nacimiento, y puedo jurarte que él no hubiera querido que lo usaras
de excusa para huir de todo el miedo que te agobia.
¿Qué…?
— Tal vez no ha habido tiempo para
explicarte con cuidado el asunto, así que voy a plantearte las cosas con
sencillez. Eres más humana de lo que crees; dime, ¿acaso no quisiste a tu
abuelo y a tu hermano?
— ¡Claro que sí!
— ¿Quisiste a Alen? ¿Lo amaste si quiera
un poc…?
— ¡Lo amo! ¡Siempre voy a amarlo! — lo
interrumpí, sin comprender por qué me decía esas cosas.
Samin me sonrió:
— Sisa, no hay prueba más fuerte que esa
para demostrarte a ti misma que tienes de humano mucho más de lo que crees.
Llorar por la pérdida de seres queridos, sufrir por la ausencia de alguien
importante: tener vínculos te hace más humana de lo que crees. Es por eso que,
desde un inicio, se pensó en un cuerpo humano para controlar el enorme poder
que llevas dentro: porque sintiendo amor, odio, enojo, felicidad, te conviertes
en un ser vulnerable y por ende más fácil de dominar. Mira, hasta ahora has
llevado una vida común y corriente y ni siquiera has tenido problema alguno:
todo puede continuar así si simplemente pones de tu parte.
— Samin…
— Las cosas van a ponerse algo
complicadas a partir de ahora, sí, pero lo único que te pido es que dejes de
pensar tanto en Albania Formerio, o en lo que llevas dentro de ti, y nos
enfoquemos solo en Sisa Daquel, ¡en ti! Y en tratar de llevar la vida que
querías llevar antes de enterarte de todo esto.
Tarek y Amber asintieron, como apoyando
las palabras de Samin.
— Mira lo que hay dentro de la caja, Sisa
— me dice Samin—. Y si eso no te basta y realmente quieres que dejemos de
insistir, te prometo de corazón que no volverá a tocarse el tema de Gaib Art.
Los tres salen de la habitación y me
dejan sola, con la enorme caja reposando sobre la cama. La observo por minutos,
horas, pero no tengo intención de abrirla.
La noche llega, no pruebo nada de la
cena que Amber ha preparado con tanto esmero para mí, porque mi cuerpo aún no
se siente el mismo de antes y creo que podría devolverlo todo.
Estar en esta habitación nueva, con
todas mis cosas en cajas de mudanza, me recuerda un poco a la vez que llegué a
Lirau. Cuando venía dispuesta a terminar la escuela solo para retornar a Asiri
y reunirme nuevamente con el abuelo.
Al día siguiente me quedo sentada,
observando la ciudad por las ventanas. Frantzon está tan lejos de Asiri… me
pregunto si Cloe estará cumpliendo su promesa de visitarlos continuamente.
Y si no, puedo ir yo misma.
Me pongo de pie, dispuesta a buscar el
cofre que me obsequió Amber. La enorme caja que Corín ha enviado para mí sigue
ahí, sobre el sofá de al lado.
¿Qué cosa es eso?
Me acerco, cautelosa, y cuando quito la
cubierta me encuentro con un estuche de cuero negro.
No…
Entonces corro el cierre y un nudo
enorme se me forma en la garganta.
Ahí, reposando sobre el fondo
acolchado, estaba un hermoso violín eléctrico de color blanco.
— ¿Pero qué…? — Lo tomo con delicadeza;
siento el cuerpo consistente. Reluce, destellando de blanco puro, y de repente
recuerdo las plumas de Alen en su forma original.
En el fondo de la caja hay algo más.
Tomo la pequeña tarjeta escrita a computadora, y siento que el corazón se me encoje.
— ¿Qué es esto?
Joan.
La primera parte era sin duda una
dedicatoria hecha por él; y lo demás le pertenecía al abuelo. Me limpio las
lágrimas con insistencia y después vuelvo a sentir que todo me abruma.
¿Por qué pasó todo esto? ¿Por qué todo
sucedió de manera tan brusca? En una noche perdí a mi abuelo, a mi hermano y al
chico que amaba; y aún no logro asimilar bien el asunto.
Dicen que cuando pierdes a un ser
querido todo se acaba. El sufrimiento es a tal extremo que no hay manera de
continuar: toda tú te consumes por completo.
Pero no, no es así…
Cuando pierdes a un ser querido, en
realidad la peor parte es saber que no todo se
acaba. El mundo sigue girando, la vida continúa y aunque quieres quedarte
atrás, aferrándote a un recuerdo, el tiempo sigue avanzando y el sufrimiento
termina transformándose en uno aún peor. El golpe ya no es inmediato, el dolor
ya no es intenso: se transforma en uno más suave, pero a la vez se hace más
prolongado. Es ese tipo de dolor que transforma los suspiros en nostalgia, y
rellena cada minuto de los días con añoranza.
Quiero verlos de nuevo: a Joan, al
abuelo, pero, aunque me duela repetírmelo ya no habrá modo de hacerlo. Lo más
duro no es el tema de la muerte en sí…lo más duro es el tema de la ausencia.
Entonces lo comprendo, por fin lo comprendo: sí, mi abuelo y mi
hermano no van a regresar; y Alen en este momento está dormido, evitando
asesinarme. Todo es un completo desastre y realmente no sé cómo empezar de
nuevo.
Retrocedo hasta caer sentada sobre la
cama y aprieto el mango con fuerza, recordando todo lo que tenía y
repentinamente perdí.
Amaba tocar el violín, amaba hacer
música, pero no sé si aún quiera hacerlo.
Tomo nuevamente la tarjeta impresa, y
aunque trato de evitarlo los recuerdos empiezan a atacarme. Me veo a mí misma,
de rodillas junto a las macetas de la puerta de la escuela: algunos chicos se
habían burlado de mí repitiendo que yo no tenía familia, que habían oído a
Corín decir eso en otra clase.
»—
¿Bellota? ¿Qué haces en el suelo? — Elevo la mirada y me encuentro con los ojos amables de
Joan—. Qué suerte la de Corín de irse de
paseo con su clase, ¿no?... ¿Eh? ¿Y ahora qué pasó? — me pregunta con curiosidad.
Aprietos los labios con fuerza,
intentando controlarme, pero la boca me tiembla y los ojos me arden demasiado.
»—
¿Bellota? ¡Abuelo! ¡ABUELO! —
empieza a gritar en medio de la calle, a unos pasos de la entrada de la
escuela. Volteo, y veo al abuelo acercarse sonriente a recogerme, pero nota mi
estado y frunce el ceño. Trato de calmarme, pero es demasiado tarde: ya estoy
llorando mientras me aferro a su cintura, y no puedo responder ninguna de las
preguntas que me hace.
»—
¿Cachorra? ¿Cachorra, qué pasó?
»—
¡Fueron otra vez los de sexto grado, ¿verdad?! — me pregunta Joan. Asiento y lanza
furioso su mochila. El abuelo lo mira con incredulidad —. ¡Pero qué se han creído! ¡Meterse con mi hermana! ¡Hoy tienen
actividades extra en el gimnasio así que no la van a contar!
»—
Hijo, esper… Joan… ¡JOAN! —
grita el abuelo, pero ya es demasiado tarde: mi hermano está corriendo rumbo a
la escuela casi a la velocidad del rayo—. Santo
Dios, ese chico parece una bala — comenta
sorprendido.
»—
A-abuelo, tal vez deberíamos ir… — sugiero porque no quiero que se meta en problemas por mi
culpa.
»—
¡Bah! Porque golpee a esos mocosos una vez no pasará nada — resopla restándole importancia. Mi
hermano es fuerte, tal vez es por eso que el abuelo prefiere dejarlo pasar por
esta vez. Me acaricia el cabello con ternura: siempre me pregunté cómo hacía
para que sus manos, a pesar de ser inmensas, siempre tuvieran la delicadeza de
una mariposa —. ¿Qué pasó, Cachorra? —
me pregunta, tomando mi mochila.
Trato de decirle que no ha sido nada,
pero siempre que me mira fijamente yo no puedo ocultarle nada. Termino mi breve
relato y él suelta un bufido:
»—
Pero qué chiquillos tan molestos — resopla con mala cara—. Hija, en el mundo hay cada tontuelo que se divierte con sandeces como
burlarse de otros… y me temo que no puedo decirte que en algún momento esto
parará. Como bien dijo el gran Einstein, la estupidez humana es una de las
pocas cosas que realmente son infinitas en el universo. Pero ante esos ataques
¿sabes qué nos queda, cachorra? — Negué con la cabeza; me sonrió—: ¡Ser fuertes! Plantar cara y salir adelante,
¡sin dejarse amilanar!
»—
No sé si yo… — murmuro
con algo de vacilación.
»—
¿Qué sucede? —
me dice.
Le respondo con algo de inseguridad que
no creo tener la fuerza que tiene él, y solo obtengo una mirada llena de
severidad:
»—
Las personas más cercanas a mí suelen conocerme como el león Maleri, hija. — Suelto una leve risa al recordar su
rostro satisfecho. La tía Ruth siempre repetía que para presumidos y
orgullosos, el abuelo se llevaba el premio sin mucho esfuerzo—. Y como mi nieta, ¡como mi cachorra!, tienes
que aprender a luchar tus propias batallas. La nieta del león Maleri no es una
princesa — me dice con convicción—. Las
princesas a llorar; a esperar que sus caballeros vengan a luchar por ellas y
les pongan las cosas en bandeja de plata con rosas y claveles. ¡Mi nieta al
campo de batalla! ¿Entendido? Como una guerrera: buscando convertirse en una
heroína que libra sus propias batallas.
El abuelo no quería princesas…quería
heroínas.
»—
¿Me he dejado entender?
»—
¡Sí, abuelo! — Y asentí con fuerza, con mis once años
a cuestas. El tono de su voz me llenó de energía, de confianza en mí misma.
Joan volvió, pero con la señorita Mary,
que lo traía agarrado de una oreja mientras exclamaba que estaba de peleonero
con los chicos de sexto. Mi abuelo se disculpó y lo regañó con mucha seriedad,
pero cuando nos quedamos nuevamente a solas, soltó una breve carcajada,
orgulloso; y le dijo que fuera la última vez que arreglara las cosas a golpes.
»—
Los que van a molestarte por última vez van a ser ellos, Bellota. Ya les
advertí que si vuelvo a encontrarte llorando traeré conmigo a mi enorme fiera
para que les dé una lección.
»—
¿Y qué fiera vas a traer tú, muchachito? — le preguntó el abuelo dándole un leve
empujón. Joan le respondió que su perro—. ¡Pero
si ni siquiera tienes un perro!
»—
Bueno, es un pequeño detalle que ya arreglaré más adelante, abuelo.
Veo las sonrisas de mi abuelo y mi
hermano de trece años. Ambos me toman de la mano y me llevan a casa. Sonrío
cuando proponen comer un helado y después estamos en uno de los parques cerca a
la escuela, charlando sobre la posibilidad de comprar un perro o adoptar uno.
Nunca les dije que eran mi todo; que
eran la mejor familia que alguien pudo desear.
Tomo el violín que el abuelo y Joan han
dejado como último recuerdo para mí y me recuesto de costado, sobre la cama. Me
aferro a él, buscando el calor que solían transmitirme ellos, pero aún siento
demasiado frío.
¿Qué estoy esperando? ¿Que alguien
venga a solucionar todo el caos que habita dentro de mí? ¿Estoy aquí,
sencillamente resignándome a dejar que las cosas caigan por sí solas?
¿Simplemente estoy resignándome a esperar?
Releo la tarjeta: “Yo no quiero princesa, Cachorra. Yo quiero heroínas”, y entonces
siento que el pecho se me encoje con brusquedad.
Quiero pararme, abuelo, de verdad
quiero avanzar...
…pero aún hay demasiadas cosas, y no sé
cómo enfrentarlas todas.
Me quedo ahí, abrazando el violín
blanco, cuando de pronto las ventanas de la habitación se abren de par en par.
¡BROM!
Me reincorporo algo aturdida al
percibir un soplo de viento:
— Saludos,
estimada señora — escucho. No comprendo: es una voz que
jamás he escuchado —. Vengo de parte de
Drol Asirb y traigo un mensaje conmigo.
Por algún extraño motivo sabía que Drol
Asirb era el custodio del viento.
— ¿Qué? — balbuceé sin comprender, pero
antes de que dijera algo un soplido más fuerte se presentó, solo que esta vez
impactó directamente contra mi rostro. Cerré los ojos con fuerza, solo para
sentir un delicado roce en los labios.
Un
beso…
Y después una voz suave se dejó oír:
— Bellota.
— Mi corazón dio un brinco violento:
casi juraría que me dolió el pecho.
¿Qué…? ¿Acaso…?
— Sisa
— oí de
nuevo y abrí los ojos de par en par. Me puse de pie, observando a todos lados:
¿es mi imaginación? —. Sisa, ¿qué está
pasando? ¿Por qué estás llorando?
— ¿Alen? — exclamé exaltada. Corrí desesperada
hacia la ventana, pero no hallé nada —. ¡Alen!
— ¡Apresúrate!
— demandó una nueva voz, la reconocí al
instante: Hethos—. No tenemos mucho
tiempo, Alen.
Sí, era él. ¡Era él!
Las puertas se abrieron: Samin, Amber y
Tarek observaron alrededor igual de impactados que yo. El corazón me latía
desbocado: casi por instinto me aferré con más fuerza al violín.
— Sisa,
es difícil, pero tienes que salir adelante. Por favor, hazlo por ellos, por mí y,
sobre todo, hazlo por ti misma. — Imaginé los ojos miel observándome con
seriedad—. Enciende la luz, boba
preciosa.
— Alen, ¡Alen, ¿me escuchas?! — exclamó
Tarek.
— Parte
de mi naturaleza me permite oír vínculos —
continuó
la hermosa voz, y me encontré asintiendo, completamente deslumbrada—, y créeme: tu abuelo y tu hermano habrían
querido que sigas luchando por lo que querías conseguir. Tal vez pienses que
tratar de vivir una vida normal es inútil…
— Sí, eso es lo que creo — susurré,
limpiándome las lágrimas.
Él me entendía, siempre iba a
entenderme.
— …pero
no reniegues de los deseos que tenías como humana. Y en caso de que ya no
quieras intentarlo en Gaib Art, por lo menos júrame que no renunciarás al violín.
— Parece ser un mensaje grabado — comentó
Samin; Tarek seguía exigiendo una respuesta—. Abdiel está loco, ¿cómo logró
hacerlo?
— Me
temo que será el único mensaje que pueda enviarte, Así que voy a pedirte que no
olvides mis palabras y sigas adelante. Por ti, ¡solo por ti!
Por mí…por mí.
— Tarek,
si estás ahí, cuídala. Sé que Nanael y Gremory lo harán, pero contar con tu
ayuda sería muy importante para mí. Y si puedes, pasa a ver a Naina.
— ¡Claro que sí, hermano! — prorrumpió
Tarek emocionado, aun sabiendo que no podía escucharnos.
El mensaje volvió a repetirse y después
se fue perdiendo, y el mismo soplo de viento que sentí antes retornó, pero esta
vez como escapando de la habitación.
Tarek se paró junto a las ventanas y
empezó a reír, muy animado:
— ¡Están locos, par de idiotas! ¡¿Me
escuchan?! — gritó: entristecido y alegre a la vez—. ¡Están locos! ¡Y claro que
voy a cuidarla! ¡Y veré a Naina!
— Abdiel está loco— declaró Samin muy
sorprendido—. Pero por lo menos sabemos que ambos aún están bien.
Amber me observó con cariño; se inclinó
y me acomodó el cabello.
— Ambos están luchando, pequeña cachorra
— oí de sus labios el apodo con el que solía llamarme el abuelo y asentí
fuertemente—. Tal vez nosotros también deberíamos luchar, ¿no crees?
Luchar…luchar…
Tal y como Alen me había pedido.
Tal y como Joan hubiera hecho.
Tal y como el abuelo hubiera querido.
“Para Bellota”
¡Feliz
Navidad!
De
parte de su apuesto y muy carismático hermano,
futuro
médico pediatra y SU manager;
y
de su muy, muy, muuuuuy viejo abuelo.
Haznos
sentir orgullosos, hija,
y
conviértete en una estupenda violinista.
Los
obstáculos que se nos presentan en la vida son para eso: para hacernos madurar.
Recuerda
que yo no quiero princesas, cachorra.
Yo
quiero heroínas.
»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«
Sisa
Lo único que escucho es el deslizar de los neumáticos del auto que conduce
Amber. Samin está junto a ella, camuflado bajo los enormes lentes oscuros y la
gorra que cubre su cabello ahora color violeta intenso. Fui testigo del proceso
de cambio de look: «ella siempre se pone muy contenta cuando se trata de
juguetear con el cabello de los demás», me dijo con una sonrisa.
Solo por eso dejé que hiciera lo que
quisiera con el mío, porque verla animada es una de las cosas que me animan a
mí también. Ahora lo traigo completamente liso, sin ningún vestigio de ondas.
Así también evitaba verme al espejo y reencontrarme con Albania Formerio.
Repentinamente me ataca la ligera
sensación de que en algún lugar de Libiak, a algunos kilómetros casi por las
afueras, un diente de león acaba de ser arrancado por un niño que sopla con
suavidad sus pétalos. Tomé algo del aire que ingresaba por la ventana abierta:
casi pude sentir el aroma traído por el viento, de la existencia de ese diente
de león transformada en una fugaz obra de arte.
Solo el niño vio la hermosura de su
acción; nadie más en el mundo lo notó.
Solo
yo.
— Samin, haznos el favor de inclinarte,
¿quieres? — pide Amber fastidiada; mi mente retorna al auto, junto a ellos—.
Todas las niñas de allá afuera van a ponerse a chillar si te ven.
— ¿Por qué últimamente suenas tan
gruñona? — reclama él.
Suelto una leve carcajada porque yo sé
quién es la causante.
Caila aparece todos los días, y Amber
definitivamente no le tiene nada de simpatía. Marcus dice que ella es muy
amable; opino lo mismo, excepto por el hecho de que no deja de llamarme la
Original.
Ingresamos con todo y auto al campus.
Veo a un montón de chicos sumamente nerviosos, corriendo porque van a llegar
tarde a las audiciones o porque aún no ubican su auditorio.
— Te veremos allá — me dice Amber y
deposita un beso afectuoso en mi mejilla. Asiento y tomo mi estuche.
Cada postulante puede ingresar máximo
con dos familiares o personas cercanas a rendir el examen. La tía Ruth hubiera
venido, pero para ahora ya ni sabe quién soy.
Trato de relajarme, porque no es
momento para ningún ataque.
Loi quería ingresar conmigo, pero por
azares del destino su examen es a la misma hora: Tarek debe estar con ella en
este momento; camuflado bajo un salmo de invisibilidad porque Janna y el señor
Gustav Amira iban a tomar los pases de acompañantes.
Avanzo entre las personas y finalmente
llego a las puertas de Trópico de Capricornio; he llegado veinte minutos antes.
Diez minutos más tarde sale el
postulante número 33; yo soy la número 34.
— ¿Sisa Daquel? — Asiento ante el hombre
con un par de hojas perfectamente organizadas en un archivero, y me pregunta si
quiero ir ingresando para instalar mi violín.
— Muchas gracias.
Paso a la parte del escenario, y me
encuentro cara a cara con los quince miembros del jurado que ya están sentados
detrás de la larga mesa color gris, instalada a un lado.
— Buenas noches, señorita… ¿Daquel? — se
cercioran y me señalan que aún faltan diez minutos para iniciar mi prueba, así
que puedo ir instalando el violín que emplearé para la pista de estilo libre.
— Aquí tienes — me dice una chica con
amabilidad, y me pasa el violín clásico que emplearé para la pista obligatoria.
Aprovecho que aún hay tiempo para familiarizarme con las cuerdas porque al ser
de la escuela, es la primera vez que tocaré con él.
Escucho que me llaman: ya es hora.
Avanzo hasta la mitad del escenario, y
en las butacas del medio veo a Samin y a Amber.
— Bien, son las seis y media en punto:
iniciamos con el postulante número 34 — anuncia una de las mujeres del jurado.
Asiento, y los pocos nervios que sentía se dispersan —. Nombre completo, por
favor.
— Sisa Aura Daquel Nerses.
»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«
Samin
Avanzamos detrás del sujeto que acaba
de preguntarnos si éramos los acompañantes de la postulante, y después nos
sentamos en las butacas de en medio. Trópico de Capricornio no es muy grande,
pero en este momento hay tanta tensión en el ambiente por todo el asunto del
examen, que me siento como en un enorme estadio.
Sisa está de pie frente al jurado: va a
usar un violín clásico para el primer tema, y después tomará el blanco que
tanto pesar provocó en mí al verlo en mis visiones.
Cada rasgo del presente está compuesto
por el pasado y, a la vez, influye hasta en los más mínimos detalles del
futuro. Si al final yo hubiera podido compartir la información que poseía sobre
los planes de Berith y compañía, todo habría cambiado por completo: ella
estaría aquí, con Alcides y Joan Maleri en el lugar que ocupábamos Amber y yo,
con el violín azul que le obsequié y con Alen esperándola afuera, ya con la
condición de desertor.
Pero todos mis esfuerzos habían sido en
vano: los Aliters que podrían haberme
ayudado cayeron en manos equivocadas, y mi plan de Transmisión onírica fue un
fracaso.
Supongo que Seir tiene razón: hay cosas
contra las que no podemos luchar.
Siento los dedos de Amber clavándose en
mi brazo; vuelvo a enfocarme.
— Bien, son las seis y media en punto:
iniciamos con el postulante número 34— pronuncia una mujer—. Nombre completo,
por favor.
Sonrío levemente ante la mención de mi apellido humano.
— ¿Edad?
— 18 años.
— ¿Instrumento? — pregunta otro.
— Violín.
Amber murmura que no deberían sonar tan
intimidantes. Le respondo que es normal para ver si los postulantes resisten la
presión.
— Pero qué desgraciados — comenta
malhumorada. Suelto una leve carcajada.
La breve entrevista de la que ya había
oído inició. Los jurados preguntan acerca de su rutina de ensayo, cuántos días
a la semana toca el violín, por qué había decidido estudiar música; y cuando
preguntaron si había artistas en la familia noté que se aturdió un poco.
— Mi…mi abuelo — respondió. Amber
susurraba a mi lado “tranquila, tranquila”—. Era violinista.
— ¿La única referencia musical cercana la
ha obtenido de él? — Sisa asintió.
Otro de los jurados tomó la palabra:
— ¿Estudios previos de música? — Ella
respondió que solo aprendió con la batuta de su abuelo. El hombre se inclinó al
oído de la mujer del costado. Claramente oí que le dijo “pasatiempo”.
Sonreí levemente: no, ellos no sabían la
clase de maestro que había sido Alcides Maleri.
— Iniciaremos con El
Nocturno para violín de Chopin, ¿de acuerdo? —
anunció el jurado de mayor edad. Sisa asintió—. Por cierto — añadió, revisando
los papeles que tenía en la mesa—, no recibimos el título de la pista libre con la que se
presentará. ¿El motivo fue…?
— No tiene nombre. Es mía — respondió sin
muchas vueltas. Varios miembros se mostraron ligeramente sorprendidos, pero
después negaron sutilmente con la cabeza.
Sé lo que están pensando: solo ha
practicado en casa, encima viene con una composición propia. Están
subestimándola antes de haberla escuchado.
— Señorita Daquel, ¿está usted
completamente segura de querer presentarse con una pista que le pertenece? —
preguntó uno de los jurados, el que parecía el más joven—. No es como si a
estas alturas pudiera cambiar de tema, pero aun así quisiéramos saber ¿qué la
impulsó a decidir presentarse ante un examen tan difícil como el de Gaib Art,
con una composición suya? Sabe que eso puede jugarle en contra, ¿verdad?
— Creo…— Se tomó unos segundos, tal vez
pensando qué responder. Amber empezó a lastimarme el brazo de tanto que lo
apretaba—. Es una canción que significa mucho para mí y…y creo que es apropiada
para la ocasión.
— ¿La compuso usted por completo?
— Sí, con…con algunos arreglos de…de mi
abuelo.
Escuché a algunos de los jurados
comentar entre ellos que el asunto pintaba interesante.
— Bien, sin más que decir, iniciemos con su
evaluación, señorita Daquel — dijo una de las mujeres, con una leve sonrisa—.
Contará con el acompañamiento del maestro Holmes en el piano. Usted puede
iniciar en el momento que mejor crea conveniente.
Un hombre de traje pasó a sentarse
junto al piano de la esquina e inició sin siquiera decir nada. Definitivamente
el movimiento era para comprobar si Sisa sabía exactamente en qué nota
ingresar.
— Vamos, Sisa — murmuré. Ella tomó una
discreta bocanada de aire e inició.
Vi los rostros de cada uno de los
jurados analizando cuidadosamente los movimientos musicales. Escuché algo de
vacilación en las notas: estaba temblando un poco.
— Es buena — oí que murmuró el hombre en
el piano sin despegar la mirada de las teclas. Las notas en el violín empezaron
a salir con mayor fluidez, ya sin los nervios del inicio. Recordé fugazmente
las tardes que solíamos pasar Aniel y yo recostados sobre la alfombra, solo
escuchando el violín de Albania cantar como si fuera el alma de la música
misma.
Uno de los jurados se recostó sobre el
respaldar de su asiento y se concentró solo en escuchar. Los puntos altos eran
los más complicados por la precisión con la que debían ser ejecutados. El
hombre en el piano elevó la mirada al escuchar los últimos movimientos en el
violín. Se enfocó en Sisa, y casi pude sentir el leve interés que su técnica acababa
de despertar en él.
— De acuerdo, señorita Daquel. Concluimos
con la pista obligatoria y procederemos a iniciar con la de estilo libre. — Sisa
asintió. La noté muy calmada—. ¿Quiere tomarse unos cuantos minutos? Según su
cartilla de postulante, va a emplear un violín eléctrico para interpretarla,
¿verdad?
— Sí — respondió. Le pidieron que fuera
por él, e iniciara cuando se sintiera lista.
— Es en estos momentos en los que
quisiera tener mis antiguos poderes — me susurra Amber impaciente. Le pido que
se relaje, pero solo consigo que empeore—. Samin, ¡¿y si no entra?! ¿No
podríamos tratar de cambiar los resultados?
— Confía un poco más en ella — le
respondo divertido—. Y a lo otro: no. Además, Sisa no estaría en paz consigo
misma si alteramos los resultados.
— Pero ella no se enteraría.
— Eres la peor madre de la historia —
murmuro mientras veo que Sisa hace una breve prueba con el violín blanco para
comprobar si está afinado.
— ¿Madre? — me pregunta sorprendida.
Pongo los ojos en blanco:
— Amber, sé perfectamente que la quieres
como si fuera tu hija.
— ¿Pero una madre no busca siempre la
felicidad de sus hijos?
— No, una madre busca que sus hijos
obtengan su felicidad por sus “propios” medios — declaro en plan de molestar, y
me gano un manotazo.
— De acuerdo, señorita Daquel, ¿está lista?
— Volvemos la vista al frente ante la voz. Ella asiente—. ¿Nos dice que tiene
una pista base?
— Es solo de acompañamiento — responde
con tranquilidad.
«Hemos ensayado
antes, Sisa, esto va a ser pan comido»
Sisa es buena en lo que hace y es
evidente que va a obtener una vacante, pero aun así los nervios de Amber, (que
está más loca que de costumbre) también me están afectando a mí.
— Bien, entonces iniciemos — le piden.
Casi por instinto busco la mano de
Amber, la sujeto con fuerza y por un instante me siento extraño: hay temas
mucho más importantes que un examen de ingreso, pero en este momento toda mi
atención está al frente.
En esa chica de 18 años a la que voy a
cuidar como si fuera mi vida.
— Adelante — susurro y la melodía inicia. La pista con efectos que he preparado
resuena y entonces ella, sin vacilar, ingresa con suavidad.
Siento que la piel se me eriza cuando
el violín resuena. La he escuchado millones de veces ensayar, pero ya de por sí
el inicio es la clara muestra de que esta interpretación va a ser memorable.
Las notas explotan y el violín delicado
se transforma en uno lleno de potencia. Veo su rostro concentrado en la
melodía, observando al frente con seguridad, mientras sus dedos se mueven sin
vacilar.
Los jurados la observan en completo
silencio, pero desde aquí puedo ver los gestos sorprendidos de algunos. El
estribillo inicia, las voces que he grabado acompañan a su violín y después el
coro estalla casi con la fuerza del mar. Y a pesar de que ya no tengo la
capacidad de alimentarme al contemplar expresiones artísticas, puedo sentirme
colmado de energía.
La melodía sigue su curso. El hombre
que la acompañó con el piano está ahí, a un lado, mientras mueve discretamente
la punta de su zapato. Juraría que si pudiera sentarse en el piano a
acompañarla lo haría sin dudarlo.
— Es muy buena — escucho un susurro: es
el jurado de mayor edad. La mujer que está sentada a su lado asiente levemente
mientras escribe algunas anotaciones en los papeles que trae consigo.
Cuento los segundos y espero el
momento: los cambios veloces que tanto hemos ensayado están por llegar. Sisa
baja el arco mientras los efectos sonoros que he agregado a la pista resuenan,
y aprovecha para mover los dedos rápidamente, tratando de quitarles la tensión
y darles un breve descanso.
Los segundos de respiro se evaporan; y
Sisa Daquel ha decidido ausentarse para darle paso a toda la fuerza de Alcides
Maleri. La parte más intensa de la canción es interpretada de manera magistral
porque sé que ella, en este momento, está rindiéndole tributo a su abuelo.
Ya no queda nada del violín frágil y
delicado: ahora es un violín rudo, desafiante y un tanto altanero. Algunos de
los jurados sonríen levemente, porque es evidente que han encontrado a una
estudiante de esas que aparecen cada dos décadas por lo menos.
— Por todas las creaciones hermosas del
Todo, ¿qué es esto? — susurra Amber y escucho su voz entrecortada—. Samin, ¡es
como si conversara con su abuelo! ¡Es ella de nuevo!
Entrelaza sus dedos con los míos, y me
los aprieta con fuerza: comparto su emoción, porque yo estoy sintiendo
exactamente lo mismo.
Esa chica que hace algunos días estaba
sobre la cama, llorando, sin tener las fuerzas suficientes para salir adelante,
ahora estaba ahí, volviendo a tocar el violín. Sisa ha decidido reconciliarse
consigo misma, y no ha elegido mejor oportunidad que la prueba de ingreso para
Gaib Art.
« Ya está mejor,
Alen», pienso
con orgullo.
»ɜ~ɛ~ɜ~ɛ«
Sisa
Yo
no quiero princesas. Yo quiero heroínas.
La voz del abuelo resuena como si lo
escuchara a través de parlantes. Recuerdo su voz, la voz de Joan, la de Alen, y
comprendo que lo único que necesito para seguir adelante es saber que tuve la
suerte de ser amada por ellos. Ya no estaban conmigo, pero me dejaban algo
llamado recuerdos, y cada sonrisa, cada palabra de aliento, sería el mejor
soporte para seguir adelante.
Los segundos que Samin me había
otorgado en la pista para relajar los dedos aparecieron; recordé al abuelo
diciendo cuán buena le parecía esa parte: su emoción, su orgullo.
»
¡Hija, esta canción es la prueba rotunda de que debes hacer música por todo lo
que te resta de vida!
Lo haré.
De reojo veo a Amber sonriéndome, llena
de alegría, y comprendo que no estoy sola. Nunca voy a estar sola, nunca.
Los tres minutos pasaron de manera
lenta y veloz a la vez. Para cuando volví en mí, estaba ahí, parada frente a
los quince miembros del jurado, con la respiración agitada y los ojos
brillosos.
Me incliné levemente y salí del
auditorio, conteniendo demasiadas emociones.
Loi aparece resplandeciente, con el
atuendo que empleó para su rutina de estilo libre y prácticamente se lanza
sobre mí. Tarek aparece detrás y después me toma por la cintura para hacerme
girar con facilidad a pesar de su brazo inmóvil. Marcus se acerca sonriente, y
me dice que no es necesario preguntar cómo me fue porque es evidente que muy
bien.
— Gracias — le respondo más tranquila,
porque después de las charlas que tuvimos con todos los implicados, comprendo
que él solo va a ayudarme a mantenerme controlada en caso de que en algún
momento no pueda hacerlo por mí misma.
Una chica de cabello rubio aparece
junto a otro muchacho; Loi me los presenta con algo de vacilación, ocultando
una juguetona sonrisa:
— Bellota, ellos son mis amigos de la
escuela: Etel Franco y Tomas Gerdau. Vinieron desde Lirau a apoyarme. — Asiento
y los dos me sonríen. Sé que es imposible, pero quiero creer que me recuerdan
un poco—. Estábamos en otro salón, pero si hubiéramos estado juntos habríamos
sido muy buenos amigos.
— Muy buenos — respondo con sinceridad.
Etel me felicita, diciéndome que Loi no deja de repetir lo buena que soy en el
violín y que debió presentarnos mucho antes si estábamos en la misma escuela.
Tomas, por otro lado, menciona que tengo los ojos muy bonitos y se sorprende
muchísimo al ver a Marcus porque son amigos desde hace un tiempo, y comenta que
“el mundo es bastante pequeño”.
Si supiera que yo los presenté.
— ¡Vamos a cenar a un bonito lugar! —
exclama Amber, llegando con Samin al lado que acaba de quitarse los lentes.
Tomas y Etel lanzan un grito atroz, pasmados, al comprobar que se trata de
JOBEY.
— Es complicado esto de iniciar de nuevo
— me comenta Marcus divertido, mientras vamos rumbo al estacionamiento.
Suelto una leve carcajada. Hace
muchísimo que no me río como ahora. Y cuando estoy ahí, escuchándolos hablar a
todos, siento un extraño latido desde lo más profundo de mi cuerpo.
Hace un tiempo Loi vino a visitarme y
me pidió que hablara. Quise responderle, pero el estado caótico de mis
emociones me impedía hasta mover los labios.
El
estado caótico…
Es eso: cuando guardas algo que no
sabes cómo quitar de ti, de alguna forma u otra empieza a hacerse notar. El
miedo, la angustia, la tristeza…
— ¿Sisa? — me preguntó Marcus. Me puse de
pie, salí del restaurante y saqué el cofre que siempre traía en el bolsillo:
cuando quería visitar a Joan y al abuelo desde aquí, Libiak, resultaba muy
ventajoso tenerlo a la mano.
— Transporte — susurré mientras doblaba
por una calle poco concurrida.
Lirau, Lirau, Lirau.
Abrí los ojos y me encontré nuevamente
en aquel vecindario. A lo lejos veía la casa de Gisell: si no me equivoco la
tía Ruth ha venido de visita. Ahora las cosas parecen marchar bien: tal vez la
que no encajaba ahí era yo.
Giro y camino de frente. Distingo a la
personita por la que he venido hasta aquí con su enorme pelota amarilla. Volteé
de reojo: Marissa estaba en el umbral de la casa, charlando por celular.
Me acerqué; me miró con sus enormes
ojos color avellana.
— ¿Mmm?
¿Sisy? — oí. Sonreí, ligeramente sorprendida:
— ¿Aún me recuerdas, Naina?
— Mmm,
me parece que nos hemos visto antes. —
Asentí
brevemente: Samin ya me lo había dicho. La mente de los niños es la que más
difícil resulta reconfigurar.
Supongo que en unas pocas semanas me
olvidará definitivamente.
— ¿Sabes
en dónde está Aly? — Tragué despacio, algo alterada por su
pregunta. Me arrodillé junto a ella—. Mami
dice que no lo conoce, pero era mi hermanito. No regresó a casa.
Me quedé perpleja, oyendo su tonito
lleno de dulzura.
—
Yo…lo siento, no…
Me quedé muda, sin saber si era bueno o no seguir tocando
el tema de Alen con ella.
—
¿Y por qué puedes
escucharme? Aly podía hacerlo porque él era "especial"; casi como
Abu.
—
¿Como Abu? ¿El conejo rumbero? — pregunté divertida.
—
Abu era un conejo
diferente a los otros conejos porque nació una tarde en la que el sol bailaba;
es por eso que le gusta tanto hacerlo. — Me sonrió enormemente—. Además, Aly tenía un secreto que ni mami ni papi sabían. Aunque ahora ellos
dicen que no lo recuerdan.
—
¿Un secreto? — La miré con curiosidad.
Naina observó a todos lados, como para asegurarse de que
nadie nos oyera:
—
No se lo digas a
nadie, ¿de acuerdo? —
Lo prometí de corazón—.
Aly tenía alas; y también el poder de
sanar y revivir animalitos. Creo que era un ángel.
—
¿Él te lo dijo?
—
No, pero a veces
sueño que hay mucho fuego y entonces él aparece y me rescata. Me abraza y
después saca sus alas, y nos vamos volando a ver las nubes.
Amali.
Naina tenía sueños en los que mezclaba
algunas escenas de su vida anterior; y esta influía en su vida actual.
Es por eso que no hablaba.
—
¿Sabes? Yo también lo creo. Yo también creo que es un
ángel.
—
Tengo muchísima
suerte, ¿verdad? — Oí su voz
rebosante de alegría—. No todos tienen de hermanito a un ángel.
—
Tienes razón — concedí. Mencionó que yo también tenía muchísima suerte
porque ser novia de uno sonaba a cuento de hadas—. ¿Novia? — repetí, tratando
de no ponerme a llorar en frente de ella.
—
Ustedes eran
novios, ¿o no? Recuerdo que él sonreía siempre que hablaba de ti.
Corrió a recoger la pelota amarilla. En
medio de sus pasitos gráciles, vi algo semejante a una esfera negra posada
sobre su cuello, por la altura de la garganta.
Ahí está.
—
Naina, ven aquí.
Se acercó con curiosidad. Le pregunté
qué era lo que traía en el cuello, y me respondió con una risita que no había
nada.
Traté de tocar la esfera, pero la
atravesé: parecía estar hecha de humo concentrado.
—
¿Sisy?
—
Naina. —
Elevé la mirada—: ¿Por qué no
dejas que escuchemos tu voz?
Los ojos avellana me observaron un
tanto sorprendidos.
—
Es que...
—
¿Sí?
—
...no puedo.
Me puse de pie; sentí que los dedos me
quemaron.
—
¿Sisy?
Apoyé una mano sobre su cabeza, casi
por impulso, y después llevé los dedos que me quemaban hacia la esfera
incorpórea. Desvanecer.
Hay que desvanecer el seguro que ha
capturado su voz. Con terapias podría recobrarla, pero si puedo acelerar el
proceso entonces bienvenido sea.
Tuve una visión mientras los ojos de
Naina me observaban: la vi, algo más grande, viviendo en una casita rústica por
las afueras de un pueblo. Retuve la respiración cuando la encontré sentada
frente a un enorme lago, solo para ponerse de pie y correr cuando algo parecido
a un ave inmensa cayó en picado hasta el agua, y levantó grandes oleajes por la
fuerza del impacto.
Alen...
» ¿Qué es eso enorme de allá arriba?
» Es la luna
» ¿Es un agujero?
» ¿Un agujero? Mmm, no lo sé.
Mi abuelita dice que es una roca enorme que papá Dios puso en el cielo para que
nos ilumine por la noche.
Volví al presente de manera brusca, y
cerré los dedos en torno a la esfera oscura hasta sentir que el humo se disolvía
por completo. Naina abrió los ojos con fuerza. Por un momento se quedó con la
mirada perdida, pero no me alarmé. Sabía que eso era normal.
Y ahora...
—
Déjala salir — le pedí.
—
¿Sisy? — me dijo, y admití que por lo menos para algo
había servido lo que guardaba aquí dentro.
Escuché a Marissa percatándose de mi
charla con Naina y se acercó, tal vez asustada al ver a su hija en compañía de
una “extraña. Antes de que preguntara algo, avancé sin decir nada cuando me
miró a los ojos desconcertada, y después la escuché gritar, conmocionada,
cuando Naina le dijo “mami” en voz alta.
—
Niña, ¡niña! — me llamó, pero avancé y aceleré el paso,
evitando ver atrás—. ¡ESPERA, NIÑA!
Corrí con fuerza y me perdí por la
esquina de la calle. Saqué el cofre de Amber y retorné a Libiak.
—
Naina…Naina ya recobró el habla, Alen — le murmuré al
cielo. Casi pude escuchar el ulular lejano, lleno de alegría.
Y en dos días estuve de regreso
nuevamente, solo para darme el obsequio que me merecía después de recibir el
e-mail que Loi también recibió.
Me transporté y aparecí sobre el último piso metálico de aquella antena de telecomunicaciones. Aspiré el aire puro y sonreí,
observando al sol ocultarse al frente, en la inmensidad del mar.
Ya se va a dormir.
» Escúchame, Bellota — recordé al cerrar los ojos con fuerza—. Voy a
echarte un poco de “polvo de hadas” …
Veo a la chica mirar con sorpresa al chico que tiene al sol en los
ojos; y es que, que te obsequien un paseo por el cielo, no es algo que se vea
todos los días.
¿Cómo no me di cuenta? Para ese entonces yo ya lo quería.
Desde siempre, en realidad.
El atardecer de color naranja intenso iba cubriendo todo el
firmamento. Allá abajo todos parecían pequeños puntitos de colores.
— ¿Por
qué aún lo intentas? —
escucho.
Es otra vez la voz: veo el ojo
violeta y el otro escarlata. La cosa me sonríe con malicia—: Tú no eres humana, deja de intentar serlo.
» Enciende la luz,
boba preciosa.
Me enfoco en la luz del sol que ya se
va, y veo la sonrisa quebrarse, incluso los ojos mirarme asustados. La cosa
amorfa retrocede, vuelve a esconderse, y entonces la que sonríe ahora soy yo.
Voy a encender la luz así que deja de
intentar amedrentarme. Y cuando
entiendas que no puedes utilizarme, vamos a recolectar cada una de las piezas
que componen su alma. Vamos a
buscarlo por las nueve vidas en las que fue esparcido, y me encargaré de
encender la luz de manera definitiva.
Porque el sol era mío, y solo yo podía
salvarlo.
» Confía en mí…Sisa Daquel — me dice el viento, y asiento. Lloro una vez más,
al recordarlo, pero ya no es solo de tristeza, ahora también es de felicidad…
…porque acabo de reencontrarme conmigo
misma.
— Vuelo — susurro.
Y me dejo caer al vacío.
Naberius
— No puedo creer que hayamos tenido a
Qinaya en nuestras manos ¡y no hayamos conseguido absolutamente nada! — gritó
Esquiz. Le pedí que se relajara un poco porque me estresaba de sobremanera
tenerlo de aquí para allá, gritando como un loco—. ¡DEBIMOS MATARLO!
Suelto una leve carcajada. Berith, al
lado, eleva una ceja igual de divertido que yo.
— ¿Matar a un Drol? — replica con mofa—.
¿Es que la locura como tu especialidad ya te está afectando, Esquiz? ¡Mata a un
Drol y grítale a los Kharis todos
nuestros planes de una buena vez! Eso sin contar todo el desequilibrio que
produciríamos y que tal vez no sabríamos manejar. ¡No seas tan imbécil, por
favor! En este momento nos conviene ser discretos; tener una lucha nuevamente
con los Phaxsi nos dejaría en
desventaja.
— Por ahora no quiero volver a
encontrarme con ninguno de ellos — añade Andrax. Nosotros, demonios, tenemos el
poder de restablecer nuestros miembros y curarnos por nosotros mismos; pero si
la espada de un Phaxsi te ataca, la
herida nunca cierra y en este caso el brazo de Andrax jamás volvería.
Voso aparece en su forma original.
Niega con la cabeza y anuncia que Drol Qinaya acaba de retornar a sus aposentos
y está más protegido que nunca.
— Iré a ver cómo están las cosas por allá
— anuncio y me pongo de pie porque no veo a Nhyna desde hace un buen rato, y
aunque sé que no haría nada en nuestra contra me preocupa que pase demasiado
tiempo a solas con él —. Por cierto,
estaba pensando que a lo mejor podríamos intentar contactarnos con alguien que
sepa emplear Li-kay.
— ¿Li-kay?
¿Y eso por qué, Naberius? — me pregunta Voso.
— Abdiel era uno de los mejores
empleándolo. A lo mejor todo esto del Sello de Sueño tiene algo que ver con
ello.
— Los conocimientos de Li-kay suelen ser poco comunes entre los
nuestros, Naberius—me dice Berith fastidiado—. Lo único que quedaría es
secuestrar a algún ángel que sepa hacerlo.
— Olvida mi sugerencia — rebato con
serenidad. Aún no estábamos lo suficientemente preparados como para seguir los
pasos de los primeros hermanos rebeldes al completo.
El secuestro de ángeles para intentar
hacer el prototipo ideal de nuestra Madre e Hija fue una idea brillante, y con
el sacrificio de algunos hermanos nuestros que se entregaron voluntariamente,
dispuestos a formar parte de los ensayos, es que se logró llegar al objetivo;
pero habían sido décadas de planeamientos. Había sido un trabajo magistral,
colaboración pura, y de eso había brotado la más hermosa de las creaciones.
Ah, en este momento ella debe estar con Nanael; en su forma
humana pero aun así ella.
Cómo lo envidio.
Toc
toc
— ¿Nhyna? — llamo a la puerta; no obtengo
respuesta—. Nhyna.
Empujo las puertas de roble; la
habitación que ha acondicionado para Aniel aún me parece una pérdida de
espacio, tiempo y esfuerzo. Posee un estilo exquisito de suntuosidad que
cualquiera apreciaría; pero él, en su estado actual, no puede hacerlo.
Recorro con la mirada la enorme
estancia adornada casi para ser la morada de un príncipe, y cuando llego a
posar mis ojos al frente, la encuentro.
— ¿Por qué no contestas? — le pregunto.
Hay un enorme lecho en el centro de la
habitación y sobre él reposa el cuerpo de Aniel. Está igual que ayer, antes de
ayer, y hace varias semanas. Trae el gesto relajado y respira tan
silenciosamente que uno podría pensar que está muerto.
Nhyna está al lado, recostada a su lado
mientras lo contempla como si fuera el Todo mismo. La llamo nuevamente pero
como permanece en silencio, compruebo que está en otro de sus momentos de
éxtasis: aún no cree que lo tenga a su lado, es casi un sueño para ella. Me
parece sumamente curioso que solo teniéndolo al lado, dormido como un muerto,
ella ya sea feliz.
La he visto hablándole al oído,
acariciando su cabello e inclusive besándolo a pesar de saber que no va a
obtener respuesta.
Todo lo que hace es quedarse a su lado,
observándolo maravillada.
— Mi señor — oigo. Giro y me encuentro a
uno de los miembros de las tropas de Gaap. Los vestigios de su antigua alma
humana resultan grotescos inclusive para mí que soy un demonio. Los humanos que
llegan a formar parte de nuestras tropas son horrendos: sus cuerpos se consumen
a medida que pasan los años y terminan adquiriendo formas un tanto repulsivas.
— ¿Qué sucede? — le pregunto.
— Los señores requieren de su presencia
en el vestíbulo. Hay…— Toma una gran bocanada de aire. Me pregunto para qué si
igual no respira—. Hay un invitado que parece ser…importante.
— De acuerdo, gracias. — Se va. Giro y
llamo a Nhyna; sigo sin obtener respuesta alguna.
— Naberius, tenemos un invitado — dice
Berith ingresando a la estancia—. ¿Qué mierda...? ¡Nhyna, ¿otra vez aquí?!
— Déjame en paz, Berith. Y no grites
tanto, está descansando — profiere disgustada.
— Aniel está prácticamente muerto,
estúpida. Deja de cuidarlo como si...
— ¡Cállate, imbécil! — exclama y el
espejo del techo se hace trizas ante su grito. Los pedazos están por caer sobre
el lecho, pero Nhyna lo cubre con su cuerpo y automáticamente una capa rojiza
aparece y los restos rebotan solo para volver a unirse y retornar.
Aquí no pasó nada.
— Está loca — me dice Berith cuando ella
se reincorpora y besa los labios dormidos. Sonríe y después le susurra: “Dulces
sueños, amor”; tal y como hace siempre que va a dejarlo solo.
¿Acaso ese no fue el último mensaje que
nuestra Madre e Hija le dedicó?
En fin, nadie entiende a Nhyna.
— ¿Qué pasa? — indago mientras nos
dirigimos hacia el vestíbulo.
— Hay un errante que ha venido a vernos.
Le ha costado trabajo contactarse con nosotros, pero parece que tiene
información útil.
— ¿Podrá despertar a Forgeso? — inquiere
Nhyna ansiosa.
Los ojos le brillan, los labios le
tiemblan de emoción. Berith resopla:
— En primer lugar, cariño, lo que tenemos
ahí ya no es Forgeso, ¿entendido? Tenemos a un caído que respondía al nombre de
Aniel, así que empieza a comprender las cosas. Por otro lado, no lo sé, llegó
con parte de las tropas de Esquiz y dice que tiene información que podría
sernos de utilidad.
Cruzamos el último pasillo e ingresamos
al vestíbulo. En medio veo la figura de un hombre con la cabeza rapada y algo
de barba.
Ha cambiado de apariencia, pero no es
difícil reconocerlo.
— Viggo — pronuncio acercándome. Él eleva
la mirada porque está sentado algo temeroso bajo las miradas de Esquiz y
Andrax, y después se pone de pie con algo de temor.
— Na-Naberius.
— Vaya, vaya, ¡a quién tenemos por aquí! —
comenta Berith soltando una carcajada. Viggo se encoje y observa discretamente
alrededor: probablemente buscando una salida en caso de emergencia—. Uno de los
pocos errantes que no ha escogido un nombre humano. ¿Qué haces aquí?
— Buscaste ponerte en contacto con parte
de mis tropas — agregó Esquiz —. Espero que sea por una buena causa o si no nos
encargaremos de llamar en este momento a Somak.
— ¡No! ¡Un momento! — exclamó y
retrocedió, asustado—. Me…me dijeron que estaban buscando información y yo…yo…
— Tranquilo, nadie va a llamar al
magistrado de tu anunciación — añado yo para tranquilizarlo un poco—. Ha venido
por sus propios medios así que no tenemos por qué resultar tan poco amables.
Viggo me mira, pidiéndome que mantenga
mi palabra y asiento.
Hasta ahora no me ha tocado ser
magistrado de ninguna anunciación, pero dicen que cuando sucede las ansias por
matar al nuevo errante son casi instintivas.
— ¿Y bien? ¿Qué sucede, Viggo? — preguntó
Esquiz—. Sé veloz porque la presencia de un errante siempre me provoca náuseas.
— Yo…yo he escuchado algunos…algunos
rumores… ¿Es cierto que si les proporciono información útil sobre cómo quebrar
un Sello de sueño puedo pedir lo que quiera?
— ¡Por el Todo, ¿has venido solo a
preguntar eso?! — profirió Andrax aburrido.
Me puse en medio cuando noté sus planes
de lanzarse contra él.
Es por todo esto que dicen que los
demonios somos poco civilizados.
— Así es, Viggo. Los rumores son ciertos,
pero queremos que por ahora circulen con la mayor discreción posible — expliqué
con tranquilidad—. Contamos con el poder de nueve demonios así que lo que
pidas, mientras esté al alcance de nuestras manos, se te será concedido.
— ¿Al…al alcance? — Asentí—. ¿Y…? ¿Y si
pidiera que el magistrado de mi anunciación dejara de… perseguirme?
— ¡Pero qué tenemos aquí! ¡A un maldito
cobarde que quiere pedir…!
— Silencio, Berith — ordeno —. Si eso es
lo que pides podría serte cumplido si realmente nos das información valiosa,
Viggo.
A mi lado Nhyna no deja de golpetear el
suelo con la punta de sus tacones. Está ansiosa; a decir verdad todos lo están.
Aún sigo preguntándome qué rayos pudo haber hecho Abdiel para lograr dormir de
manera tan profunda a Aniel, que ni siquiera contando con los poderes de Drol
Qinaya pudimos despertarlo.
— Yo…yo tengo…tengo contactos…—inició
Viggo.
— ¿Contactos? — ladró Andrax con
fiereza—. ¿Qué clase de contactos?
— Tengo…tengo conmigo a un calehim…
— ¿A un calehim? —
preguntó Nhyna desconcertada.
Berith soltó un bufido: dijo que Viggo
estaba aquí por las puras. Le pedí que aguardara.
— ¿Qué clase de calehim?
Viggo tragó despacio y después se
irguió, con más seguridad.
— Es un antiguo arcángel. Y su
especialidad era el sueño. — Un arcángel —. Hablé con ella acerca de esto, y
mencionó que a lo mejor el Sello de sueño no podía quebrarse porque tenía un
vigía interior.
— ¿Cómo? — exclamaron todos sorprendidos.
¿Un vigía? ¿Un vigía interior?
— ¿Ella podría quebrarlo? — le preguntó
Nhyna; pude sentir su emoción—. ¿Crees que podría…?
— Yo…yo no lo sé. Pero si con eso me
juran que Somak va a dejar de perseguirme puedo pedírselo. Ella… ¡ella haría lo
que sea por mí! — exclamó casi eufórico.
— Tráela — ordenó Andrax—. Tráela ahora
mismo.
Viggo desapareció. Nhyna volteó a
verme, esperanzada:
— Naberius, ¿crees que…?
— No lo sé, pero por lo menos ya tenemos
un primer paso.
Un Sello de sueño con vigía: nadie
sabía el paradero de Abdiel…
Tal vez la solución sencillamente
recaía en ingresar a la mente de Aniel, y matar al que estaba custodiando su
sueño que, por todas las luces, parecía ser Abdiel.
Claro, ¡cómo no se me ocurrió!
Sello de sueño con vigía…
Listo, ya estaba casi arreglado.

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